Categoría: Opinión

  • ¿Revocatorio?… ¡Sí, Luis! (II Parte) – Por Luis Lovera

    ¿Revocatorio?… ¡Sí, Luis! (II Parte) – Por Luis Lovera

    Tuve un profesor de lenguaje y estilo que en alguna oportunidad me dijo, que a menos que escribiera una saga mejor que la de Harry Potter y me llevara a convertirme en rico y famoso, jamás repitiera títulos de nada y para nada. Hoy decidí desobedecer ese consejo.

    Y no solamente en estas líneas repito título, sino que además tengo la desfachatez y poca humildad de citar parte del último párrafo escrito en el primer artículo de lo que parece va a convertirse en un libro de cuentos cortos “Se cuentan por miles las irregularidades dentro del proceso de recolección y validación del bendito 1% porque dependía de ellos. El tan anhelado 20% también depende de ellos, en lo que respecta a la parte técnica y reglamentaria. ¿De verdad  estamos convencidos de que nos permitirán salir airosos de esas jornadas? Y si lo hacemos, ¿tenemos la certeza de que los resultados del referendo serán el reflejo del voto de los ciudadanos, cuando sobradas son las pruebas de que ellos son capaces, y pueden, amañar los resultados de un proceso electoral?”.

    Ayer, 09 de agosto, Doña Lucena ante la mirada complaciente de los sinvergüenzas de siempre le anunció al país en una exposición de tesis de quinto año, que con el favor de Dios (…dado, me imagino) la recolección del 20% de las firmas necesarias, ahora sí, para activar el referendo revocatorio contra Nicolás Maduro, sería para finales de octubre. Oradores de orden de la MUD, por su parte, han dicho que incluso siendo a finales de octubre la recolección del 20% el referendo sería este año, y además le han pedido a los venezolanos que no se hagan eco de la “campaña de desesperanza” del gobierno en contra de la voluntad de cambio ¡Qué voluntad la de esta gente!

    Los más de 86 niños muertos en el Hospital Luis Ortega de Porlamar en lo que va de año, se desesperanzaron antes de comenzar este camino tortuoso que no ha traído sino alegría de tísico y frustración en los ciudadanos. Los abuelitos que hoy no se van a tomar su pastilla de la tensión con el riesgo implícito de quedarse para siempre en sus camas, perdieron la esperanza desde hace rato. A las madres, vale, que dejan que sus hijos duerman hasta el mediodía para saltarse el desayuno y les dan de cenar un tetero de agua tibia para que los llene, lo único que les queda es dolor.

    Quienes han querido asumir la responsabilidad de llevar las riendas de la oposición, con beneplácito de los ciudadanos o no, no pueden seguir jugando a cazar pokemones con la vida de los venezolanos. Esta es una lucha histórica que se cuenta en muertos, y algunos siguen decidiendo por nosotros que es mejor morirnos de a decenas por día, que rebelarnos contra la tiranía y tomar la libertad que nos pertenece.

    ¿Será que hay intereses ocultos detrás de la esperadera? ¿Será que hay rabos de paja que se intentan poner en remojo? ¿será que no hay dos dedos de frente y un corazón para entender que no se puede seguir esperando?

    @LuisLoveraP

  • De la oquedad ideológica – Por Luis Barragán

    De la oquedad ideológica – Por Luis Barragán

    Subestimada o despreciada cualquier consideración o discusión ideológica,  fue posible que se introdujera e impusiese el marxismo más anacrónico en la Venezuela que abrió sus puertas al siglo XXI.  El rechazo casi supersticioso de una mayor hondura en el debate, a favor de los propósitos que se presumían suficientemente claros, sensatos y consensuados, trastocada la política en un espectáculo banal, facilitó el contrabando.

    Transcurrida más de una larga década y media, decimos sorprendernos porque Maduro Moros corre a celebrar en La Habana al nonagenario Fidel Castro, aunque cueste la gracia más de $ USA 200 mil de acuerdo con el cálculo de Carlos Berrizbeitia. Dentro de algunos años, habrá quien le alarme que nuestro país haya subsidiado a la dictadura caribeña con una generosidad tal que pisa francamente el terreno del delito de traición a la patria,  creados los intereses del caso.

    Dos rápidas circunstancias facilitaron tamaño contrabando: por una parte, este proceso dizque revolucionario no provocó la correspondiente polémica teórica, porque – simplemente – nada semejante podía pedírsele a los nuevos elencos en el poder. Convengamos que el par de mandatarios nacionales y el mejor de los ministros que se ha tenido, ni siquiera se acercan a las inquietudes,  honestidad  y  talento que, mal que bien, equivocadamente o no,  caracterizaron a los remotos dirigentes del PCV o el MIR.

    Fenómeno derivado, sintonizó muy bien el desinterés y la franca ignorancia ideológica del gobierno con el desinterés y la franca ignorancia ideológica de no pocos sectores de la oposición. Uno y otro coincidieron en la ligereza de los planteamientos, muy a tono con los espacios mediáticos disponibles.

    Y, por otra parte, la evidente cautela y renuncia a escudriñar más allá de lo debido, en relación al marxismo proclamado,  porque – ortodoxamente,  si de lucha de clases, teoría del valor o imperialismo se trata – no será difícil descubrir cuál sector social ha emergido como el victorioso y decisivo, cuán lejos se ha llegado con la masiva marginalización de la población y de las importaciones,  hasta dónde arriba la impudicia del entreguismo o la franqueza de incurrir en un vasto ecocidio, con el Arco Minero. Por supuesto, de esto se puede saber si – por lo menos – nos acercamos un poco al estudio del marxismo, pues, diciéndose feligreses de la capilla, también por esta vara deben medirse.

    @LuisBarraganJ

  • Hambre de libertad – Por Williams Caballero López

    Hambre de libertad – Por Williams Caballero López

    El hambre de libertad no se siente en el estómago como en otras clases de hambre.

    El hambre de la libertad palpita en nuestros corazones, en nuestra alma, en nuestros anhelos de ciudadanos y de hombres libres.

    La libertad que añoramos radica en el libre y llano ejercicio de nuestros sueños, en la satisfacción de nuestras necesidades, asumiendo a cabalidad los retos, responsabilidades y deberes que la libertad conlleva intrínseca.

    La libertad, de la cual tenemos hambre, radica en el ejercicio amplio y sincero de nuestras capacidades, donde el limitante sea la fuerza, el ímpetu y las ganas de cada quien le ponga en la persecución de las metas individuales.

    La libertad que la ciudadanía venezolana  desea, es aquella que fue arrebatada por un régimen que a través de controles, disposiciones y ataduras seudo-legales han interpuesto para el estancamiento social, político, económico y personal de los venezolanos.

    Hoy carecemos de la libertad de comer lo que queremos. Carecemos de la libertad de opinar o de estar bien informados, sufrimos del desabastecimiento de seguridad, tranquilidad y desarrollo individual y como nación.

    Por esta causa es que tenemos hambre de libertad.

    Esa hambre libertaria sólo se calma con  un cambio pacífico, democrático, constitucional, pero a la vez firme, decidido y en la calle.

    Tenemos que librar, todos aquellos que amamos la democracia liberal, la batalla por la liberación nacional, por ende, la calle debe ser vista como instrumento único para la consolidación de una sociedad realmente plural, dinámica y de verdadero progreso.

    El hambre de libertad se siente en los cerros de Caracas, en la zona Alta de Puerto La Cruz, en los campos merideños, en las llanuras de Apure. Se palpa en los sectores medios de nuestra sociedad, se evidencia entre los ancianos, adultos contemporáneos y sobre todo, de esto no me cabe la menor duda, se vive intensamente entre la juventud venezolana.

    Esta hambre que lacera el alma de los hombres libres tiene un único camino para ser satisfecha, y esa vía es la presión ciudadana, es la manifestación clara y diáfana de la expresión de cada uno de nosotros ejerciendo el derecho que nos da la Constitución y nuestra simple concepción de ciudadanos de la república.

    Así como los “padres fundadores” de la nación salieron lanzas al ristre a defender el sueño de libertad que latía en su pecho, ahora los venezolanos de hoy saldremos con nuestras banderas con un grito de: ¡Libertad! en la punta de los labios para reconquistar los derechos que nos ha arrebatado un régimen de oprobio e indignidad.

    Es el momento de evidenciar cívicamente que somos libres y que ninguna rectora de un organismo electoral, ni mucho menos un magistrado de nombramiento dudoso, nos puede quitar o podrá usurpar el derecho que solamente asiste a todos los venezolanos.

    No basta con decir que queremos la libertad, tenemos la obligación moral, republicana, civil e histórica de luchar por esa libertad que nos urge reconquistar como nación.

    @wcaballerolopez

  • Nuestra última oportunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Nuestra última oportunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Tal vez suene trillado y ya lo hayamos escuchado antes, pero sí, estoy convencido de que estamos frente a la última –y más sensata– oportunidad de derrotar al régimen. Pero esa derrota pasa necesariamente porque el cambio político se genere en 2016; he allí nuestro mayor desafío.

    Y digo última oportunidad por varios elementos que pretendo enunciar y cuya reflexión corresponde a lo que cada uno de nosotros, como ciudadanos, debe sumarle. El primero y más sabido por todos es que aceptar el referéndum revocatorio el año que viene es solucionarle un problema al gobierno, pero no el de todo un país que está clamando cambiar su tragedia. Y sí, soluciona un problema al gobierno porque es la excusa para que Maduro, poco querido en las filas rojas, deje el poder de una forma elegante, dando paso a una transición gatopardiana, llena de transacciones, que mantendrían el estado actual de cosas y, principalmente, a las mafias del poder.

    Una segunda razón, y que se conecta con la primera, es que precisamente el régimen se está preparando para un escenario de ese estilo y darle tiempo es lo peor que podemos hacer: si dejamos que ganen tiempo y se recuperen, se estabilizan. Lo hemos visto con la reciente aprobación de la explotación del Arco Minero, posiblemente el último gran saqueo a nuestra nación pero que, junto a oxígeno de aquí y de allá, permitirían que el régimen calme un poco las aguas, abasteciendo en lo mínimo al país, dando una sensación de alivio que les permitiría alcanzar una elección presidencial en 2018 (si les conviene), a costa de vidas y sufrimiento como una especie de “daño colateral” que los termina convirtiendo en responsables, aunque lo nieguen. Dejarlos pasar esta cuesta, podría significar irnos nosotros al abismo mientras ellos se aferran.

    Y eso precisamente me permite llegar al tercer elemento: es nuestra última oportunidad de salvar a Venezuela y, con ello, salvar vidas que hoy están condenadas al hambre, a la enfermedad, a la agonía y a la miseria. Tan sólo el hecho de considerar el revocatorio para el año próximo (suponiendo que no haya más opción y que sea parte de una negociación), es automáticamente poner en duda nuestra propia existencia. Sería una especie de condena, lenta y dolorosa, mientras arrasan lo que queda de país.

    Pero además, la última razón –y quizá la más importante– es que es nuestra última oportunidad de demostrarle a la gente que lo estamos haciendo bien; que sus expectativas, hoy venidas a menos después de un boom electoral que no trajo los mejores resultados, sí serán cumplidas y que, sobre todo, haremos respetar su voluntad; la que claramente dio un mandato el pasado 6 de diciembre y que es desconocido por Maduro. ¿Y si el revocatorio no va? ¿Qué haremos?

    Para ello se requieren muchas cosas, pero la principal: sensatez. Sólo así podremos enfrentar asertivamente el reto a cuestas, comprendiendo no solamente la naturaleza de quienes nos gobiernan,  sino también siendo coherentes y, sobre todo, mostrándonos como una firme, responsable y oportuna oferta política para Venezuela. De nada sirve hablar de diálogo si no asumimos nuestra posición de mayoría que representamos al país; actuar como minoría frente a los verdaderamente débiles es darles demasiado mérito cuando saben que tienen que irse lo antes posible, además de hablar muy mal de nosotros como fuerza.

    El tiempo juega en contra y la paciencia también. Ser predecibles y poco audaces en nuestros planteamientos frente a un gobierno que ha demostrado no importarle nada a cambio de preservar el poder no sólo es irresponsable sino hasta ingenuo.

    Toda la presión posible y toda la energía acumulada por millones de venezolanos que desean cambiar de rumbo y ver mejorar su país, debe estar encaminada y enfocada a generar un cambio político este mismo año, considerando todas las alternativas posibles y no casándonos sólo con una, que al régimen le convenga. Nuestra tarea es simple: hacer que se vayan y organizarnos para que eso ocurra.

    La gente tiene depositada su última esperanza en lo que tiene que ocurrir este año: lograr salir de Maduro y cambiar al régimen. De no lograrse, no sólo estaríamos frente a  la mayor decepción que un país podría sentir, sino que también significaría el final de muchas cosas, la multiplicación de las despedidas y las lágrimas, y la profundización de la muerte y la miseria. Significaría todo mientras la nada arrasa.

    No desperdiciemos ésta, nuestra última oportunidad.

    @Urruchurtu 

  • El fin del chavismo llegó – Por Eduardo Díaz

    El fin del chavismo llegó – Por Eduardo Díaz

    El pasado 28 de julio, el hijo de Freddy Bernal resultó herido al ser atacado por dos presuntos delincuentes, quienes fueron abatidos en el sitio. Bernal atribuyó este suceso a una «acción de carácter paramilitar que busca atacar a dirigentes de la Revolución Bolivariana».

    El mismo cuento de siempre. Cuando ocurre algún ataque, asalto o agresión a algún funcionario público o simpatizante del oficialismo, de inmediato y sin averiguación profunda el hecho se atribuye a la acción de paramilitares o bien a la oposición.

    Pareciera que Bernal también sufre de esa miopía oficialista que padecen casi todos los personeros del régimen, dejando como excepción a una minoría que si bien de la boca para afuera repite como un títere lo que les obligan a decir una y mil veces, de esa boca para adentro, en su yo más íntimo y humano, viven asqueados de la realidad que vive día a día el ciudadano de a pie. Por temor a perder su trabajo o prerrogativa derivada de su condición de oficialista patria o muerte, deben soportar semejante peso de conciencia.

    En largos, repetitivos y vacíos discursos en cadenas presidenciales de radio y tv o en declaraciones de ministros que son invitados al espectáculo y permanecen sentados luchando por no caer adormecidos por el trillado discurso que deben escuchar como las cobras a su encantador, está ausente el tema de la inseguridad. El hampa es invitada de honor en nuestras casas, negocios y en las calles, mas no en reuniones y alocuciones presidenciales u oficialistas donde su mención es casi nula. Más de veinte planes de seguridad desde 1999 se han implementado pero los resultados no se ven. La verdad verdadera está allí, afectando a todos, rojos o no, reflejada en cifras de ONG nacionales o por organismos internacionales que por supuesto son descalificadas, desconocidas y atacadas por personeros del gobierno.

    Según información del Observatorio Venezolano de la Violencia, en 2015 murieron de manera violenta 27.875 personas, cifra superior a la registrada en 2014, de 24.980. Durante 16 años de revolución han muerto a manos del hampa 252.073 venezolanos. Venezuela es considerada el país más peligroso de América. Según la Organización de Naciones Unidas para el Desarme y como si no fuera suficiente nuestro flamante y nada envidiable record, Venezuela es la nación con más muertos por explosiones de granadas y el segundo en número de heridos por ello, a pesar de ser la granada un artefacto de uso exclusivo de la FAN y considerada como arma de guerra. Sin embargo, la granada se ha hecho parte del equipo de bandas de delincuentes que operan en el país.

    Sr. Bernal, el ciudadano común no tiene escolta ni carro blindado, está desarmado y no capacitado en defensa personal como un súper policía. El régimen no puede seguir ciego e indiferente ante una realidad que está acabando con muchísimos venezolanos, sí, con nosotros, con nuestros hijos, con ustedes también y el régimen no ha podido combatirla real y efectivamente, demostrando una tremenda incapacidad e incompetencia. Usted desde hace tiempo tiene su cuota de protagonismo y responsabilidad en ello y ahora también al frente de los CLAP, programa que evidencia un tercermundismo brutal y degradación del ser humano que coloca al ciudadano a mendigar al régimen por una bolsa de comida. Por ello, el pueblo los ha fustigado con su voto y temen cualquier consulta popular, ergo, el revocatorio. El fin del chavismo llegó.

    Eduardo Díaz

    [email protected]

     

  • De la antipolítica enmudecida – Por Luis Barragán

    De la antipolítica enmudecida – Por Luis Barragán

    Digamos, obrero calificado de un estable, suficiente y también creciente ingreso real, bien cumplimentada la seguridad social.  Vehículo y casa propia, pagada en veinte años; hijos mayores en la universidad, uno de ellos becado en la privada; incluso, regular vacacionista en el exterior. Consecuente con sus viejas convicciones, contribuía con los esfuerzos sindicales, aunque – a veces dudaba – sobre la oferta que aceptaron otros de sus compañeros al fundar una empresa propia e independiente que contrató por un tiempo determinado con el viejo patrono que los alentó.

    Finalizando el siglo XX, aturdido por una crisis que creyó toda una barbaridad tan insoportable como inmerecida, hizo de la política y de los políticos los culpables por excelencia de la quiebra del país, de la inflación, de la inseguridad personal, del desempleo. ¡Imagínense!,  Caldera entrega el poder con una  deuda externa de  $ USA 15 mil millones, con una inflación en las vecindades del 80%, petróleo a $ USA 7,  y cerca de cinco mil muertes violentas al año, con cuatro décadas de dictadura puntofijista.

    Nuestro amigo se ufanaba de no depender en nada de los demás, de los políticos, del Estado, porque él única y exclusivamente dependía de sus propios  esfuerzos: una cosa era su vida privada y muy otra, la del país, ilustrando una de las claves esenciales de la antipolítica. ¿Para qué tanta habladera de paja en ese Congreso, si lo que se necesita es un carajo fuerte que le ponga orden a Venezuela, permitiéndole a los demás trabajar en paz?

    Comenzó a galopar la nueva centuria y a ponerse cada vez más difícil la cosa en casa, finalmente cerrando la empresa que no soportó más la situación, faltándole los dólares para importar las materias primas que requería y,  creyéndola una situación provisional que ya lleva años,  nuestro personaje, egresado del antiguo y meritorio INCE, no consiguió un buen empleo como siempre creyó, se le hicieron sal y agua sus prestaciones sociales, ya no recibe nada de las misiones en las que se anotó y menos la pensión del Seguro, tiene un grave problema con el inquilino de una habitación que se vio forzado a alquilar en la casa ya en ruinas, no ha podido vender el apartamentico de La Guaira rodeado de delincuentes y por el cual un pran quiso vacunarlo y lo vacunó, diez años con un automóvil que no tiene reparación por falta de dinero, la misma vestimenta remendada de cinco o más años ha.  El antiguo y orgulloso proletario, obrero calificado y sindicalizado, se quedó atrás y debe buscar la harina precocida a como dé lugar, porque él y su mujer viven de vender café y empanadas en el centro madrugador de la ciudad, esperando hallar algo decente en alguna barriada para mudarse con lo que quede de la que fue una festejadísima y emblemática casa, ya que deben rematarla para pagarle el abogado al hijo mayor  que enredaron en una estafa que le hizo maldecir  la contaduría pública como profesión – por cierto – desdeñada por un juez, cuya mejor especialidad o maestría es su condición provisoria, porque no tiene ninguna de orden académico.

    Ha reingresado a la vida marginal de sus padres, llegados a Maracay desde un remoto pueblo sur-oriental,  por la ruta de un país con una deuda externa que va por $ USA 150 mil millones luego de disfrutar el petróleo a $ USA 100, con una inflación que cerrará el año entre 500 y 700%, 25 mil muertes violentas anuales y, lo que es peor, censurado, bloqueado informativamente, atropellada la Asamblea Nacional. Además, ya sabe nuestro amigo que su mundo feliz no era sin el de los demás y viceversa, por el cual debía preocuparse y eligir bien a sus representantes, pero hasta aquí llegamos: la antipolítica lo metió en el problema, sin decirle cómo salir de él.

    @LuisBarragánJ

  • Rebelión de la libertad – Por Williams Caballero López

    Rebelión de la libertad – Por Williams Caballero López

    “La rebelión y solo la rebelión es creadora de luz y esa luz no puede tomar más que tres caminos: la poesía, la libertad y el amor”. André Breton.

    Sí, toda rebelión nos lleva, como nos lo dice Breton, a tres caminos.

    El primer camino es el sublime arte de la escritura liberadora, poética, que extiende la mente hacia horizontes, le da alas a quien no vuela y claridad a aquel que viva en la penumbra.

    Y luego -el tema de esta columna- está el camino de la libertad.

    La rebelión ciudadana, personal, íntima, social y humana, siempre nos llevará por los derroteros de la libertad.

    La libertad como individuos, como sociedad; la libertad como seres vivos y pensantes.

    Esta libertad es la que millones de venezolanos estamos exigiendo, esta libertad es la que millones de ciudadanos de esta tierra estamos anhelando y por la cual estamos luchando.

    Permítanme hacer otra cita, esta vez de Albert Camus, que dice: “No es noble la rebelión por sí misma, sino por lo que exige”.

    La rebelión no nos hace grandes por el simple hecho de rebelarnos, sino por lo que esta persigue, lo que desea encontrar al final de ese “camino”, como lo dijese Breton.

    Y es justamente la libertad el centro de convergencia de los deseos de una nación que se cansó de vivir bajo la bota militar de unos gobernantes que han sumido en el caos a toda la república.

    La libertad es el bien más preciado que como hombres y mujeres tenemos. La libertad es el néctar de nuestra presencia en esta tierra y hoy estamos perdiendo a pasos acelerados este principio básico de la humanidad.

    Entonces, la rebelión en busca de la libertad es legítima; es noble en sí, es necesaria y transcendental. Y obviarla, esquivarla, rehusarse a emplearla consistiría en una profunda traición a nuestra esencia como hombres pensantes.

    Y esa rebelión de libertad siempre será inspirada por el tercer camino de Breton: el amor.

    Porque será el amor a la libertad, el amor a Venezuela, el amor a nuestros hijos y nietos, el más sincero sentimiento que nos mueva a rebelarnos por una Venezuela nueva.

    Concluyo invitándolos a todos a rebelarnos cívica, democrática, constitucionalmente en contra de un modelo económico y político que ha echado por tierra tu libertad, mi libertad, la libertad de todos y cada uno de los venezolanos.

    Es hora de dar un paso al frente, de mostrar nuestro compromiso para con el presente y el porvenir de nuestra nación.

    Rebelémonos en contra del hambre que viola nuestra libertad de vivir, en contra de la dictadura de la escasez que nos obliga a perder nuestra libertad humana. Rebelémonos en contra del mando de la inflación que doblega la libertad de hacer y de vivir.

    Es el momento de la rebelión de la libertad.

    @wcaballerolopez

  • Sueño con Venezuela – Por Williams Caballero López

    Sueño con Venezuela – Por Williams Caballero López

    Sueño con Venezuela. Sí, sueño con una Venezuela distinta y mejor. Sueño con una Venezuela de oportunidades y libertades.

    Y cómo es ese sueño:

     Es una Venezuela donde los venezolanos nos paramos muy temprano, no para ir a hacer colas en los centros de expendio de comida, sino para trabajar, estudiar, ejercitarnos, para desarrollarnos como individuos.

    Sueño con una Venezuela, donde podamos ir al supermercado y comprar lo que queramos y cuando lo queramos. Qué escojamos lo que nos apetezca y lo que esté a nuestro alcance.

    Que exista trabajo para todos por igual. Donde cada quien según sus competencias, habilidades y destrezas ejerza la profesión, oficio o emprendimiento que mejor la parezca.

    Una Venezuela donde las oportunidades sean la norma y el crecimiento nuestra igualdad.

    Donde la libertad de seleccionar, de vivir, de crecer sea para todos. Que nuestros hijos y nietos puedan decidir por ellos mismos, sin la tutela de nada, ni de nadie.

    Sueño con una Venezuela de campos sembrados, de fábricas produciendo toda clase de productos que lleven el sello que diga “Hecho en Venezuela”.

    Sueño con los anaqueles rebozados de comida. Sueño con alimentos nacionales e importados  pujando por enamorar a sus clientes venezolanos.

    Tengo el sueño de que desde el más humilde de los trabajadores venezolanos hasta aquellos más aventajados vivan bien, con alimentos suficientes, casa, vestimenta y sobre todo la felicidad que nos otorga la libertad.

    Veo, en esos sueños, a una Venezuela que no dependa sólo del petróleo sino que esté desarrollando una potente industria turística, agrícola, pecuaria, una potencia productiva de diferentes áreas de producción.

     Donde aprovechamos nuestra posición estratégica como la puerta del Caribe hacia el Continente, y del Continente hacia el Mar Caribe. Donde nuestros recursos minerales sean explotados con consciencia y sobre todo con inteligencia.
    Donde los venezolanos dejemos de ser una masa deforme y nos convirtamos en un conglomerado de ciudadanos, que individualmente construyamos el futuro que la libertad de pensar y hacer nos permite edificar.  Sueño con esa Venezuela, sueño con un nuevo venezolano: libre y activo.
     Y este sueño claro que es realizable.
     ¿Cómo hacerlo?  Primero luchando por el rescate de nuestra tierra, por el fin del régimen y el renacer de las libertades nacionales.
     Alcanzaremos esta Venezuela soñada en la medida que nos comprometamos en mejorar como ciudadanos, en la magnitud que asumamos la responsabilidad de ser valientes y no temer.
     Construiremos esta Venezuela en la medida que cada uno de nosotros, por separado y posteriormente juntos como individuos, podamos unirnos y trabajar como hijos de una misma nación.
     Este es mi sueño…
    @wcaballerolopez
  • Venezuela se rebela, Venezuela se libera – Por María Corina Machado

    Venezuela se rebela, Venezuela se libera – Por María Corina Machado

    Visitar el Táchira siempre es una experiencia especial para mí; es un orgullo y un desafío. Es uno de los estados que ha sido más humillado, perseguido y oprimido, y también donde la gente ha sido más rebelde y desafiante frente al régimen. El Táchira ha sido, muchas veces, la conciencia de Venezuela.

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    El 5 de julio, el día de nuestra Independencia, las mujeres de Ureña se plantaron frente a la barricada de la Guardia Nacional que impedía cruzar el puente Internacional hasta Cúcuta. Cientos de ellas llegaron desde las 5 de la mañana, decididas a derribar la barrera entre el hambre de sus hijos y la comida que necesitaban. Y lo lograron.

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    Estas guerreras gochas han inspirado a todas las mujeres de Venezuela. Por eso, fuimos a respaldarlas, allá en la frontera, en San Antonio. Partimos de la plaza Bolívar, más de mil personas con las mujeres al frente, hasta el puente fronterizo y el destacamento No 12 de la Guardia Nacional, donde las madres hicieron escuchar el sonido de los platos vacíos con fuerza. “Abran la frontera, Maduro va pa’ fuera” y “Maduro, renuncia, estás revocado”, eran gritos que salían del alma de una Venezuela desgarrada, apaleada, pero firme, sólida moral y espiritualmente.

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    A los guardias nacionales les dije: “Venezuela tiene hambre de comida y hambre de libertad. Venezuela está en la calle, con rebeldía, en desobediencia cívica. Ustedes, ciudadanos militares, deben impedir ser utilizados como brazo de represión contra un pueblo que está hambriento, exigiendo sus derechos pacíficamente en las calles; y ahora deben impedir que los responsabilicen del hambre en Venezuela”.

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    Conocí a Raiza, Mónica, Estela y muchas otras mujeres de Ureña en San Antonio. Han decidido llevar su energía y convicción a toda Venezuela en persona; y lo haremos juntas.

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    Llegamos a Carabobo tres días más tarde. Junto a las carabobeñas tomamos la calle y llegamos al fuerte Paramacay. Y allí habló la mujer venezolana: La madre de Geraldine, joven asesinada por la Guardia. La joven enferma, sin medicinas. La guerrera de Ureña y la valenciana. Cantamos el himno que nos arrulló en la infancia y que hoy es tanto un lamento por los caídos, como una inyección de fuerza a los que no claudicamos. Sellamos un pacto; lo entendemos sin hacerlo explícito, como entendemos la urgencia de un país que no da más.

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    Se rebelan las mujeres de la frontera y lograrán muy pronto abrirla definitivamente. Se rebelan los empleados públicos que aun perseguidos por firmar por el Revocatorio, dicen que lo volverán a hacer. Se rebelan los trabajadores que no nacieron para ser esclavos y desobedecen la pretensión de imponerles un trabajo forzado. Se rebela Venezuela, Venezuela se libera.

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    @MariaCorinaYA

    #RutasDeLibertad

    En: Caraota Digital.

  • Una sociedad de mendigos – Por Gabriel González

    Una sociedad de mendigos – Por Gabriel González

    En estos 17 años los venezolanos nos hemos adaptado a la eterna diatriba entre chavistas y opositores, no hay calle, transporte público, o lugar de esparcimiento en donde no encuentres una airada discusión política.

    Hace un año atrás seguro te encontrabas con ese fanático de la revolución que defendía el proceso a capa y espada, seguramente apoyado por otros tantos camaradas que justificaban cuanta locura hicieran desde Miraflores. Hoy otro gallo canta, la realidad es otra, Venezuela es otra.

    Las calles están llenas de ciudadanos cansados de la agobiante situación; madres desesperadas por encontrar la comida para su familia, abuelos que no encuentran la pastilla de la tensión, y el que tampoco consigue el antibiótico, el antidepresivo, el inhalador para el asma, o el anticonvulsivo. Como este chamo de 25 años que se montó en la estación Colegio de Ingenieros del Metro de Caracas, estaba visiblemente afectado, de su rostro emanaba angustia. Su capacidad motora no estaba en las mejores condiciones, y sus brazos mostraban secuelas de algunas fracturas.

    Entre espasmos corporales y las sacudidas del metro logra estabilizarse, claramente incomodo observa a quienes se encuentran en el tren. Lleva en su brazo una pequeña bolsa negra con algunos billetes, mientras muestra la caja vacía de un medicamento –amigos estoy buscando fenobarbital- dice, con una voz temblante.

    No parece ser uno más de los tantos que se montan a diario en el metro, o en la camionetica pidiendo dinero para “la niña que está en la habitación 10 del piso 3 del Hospital de niños”, ni el que asegura que le faltan 500 bolívares para completar el tratamiento de quién sabe cual enfermedad, y mucho menos al supuesto padre del “niño al que anoche le cayó una bala perdida en Petare”. A este joven  se le nota la desesperación, la vergüenza de la situación en la que se encuentra, y su manera de hablar y desenvolverse dan fe de la condición que señala.

    “No estuviera tan preocupado si me quedara por lo menos la pastilla de las 5, estuviera un poco más tranquilo”, dice con la voz entre quebrada.

    Y ya con un hilo de voz, suelta, “miren, yo no encontré en ningún lado el medicamento genérico, me dicen que está agotado en todo el país, pero conseguí otro, y no tengo los 3900 bolívares, amigos, yo lo que no quiero es convulsionar hoy, no quiero fracturarme de nuevo los brazos”.

    Sé, que como a mí, a muchos ahí se les detuvo el corazón un par de segundos, cosa que no es común en una ciudad en donde cada minuto se te acerca alguien con una historia y una situación diferente. Sin rememorar tanto, dos estaciones anteriores se subió un hombre pidiendo dinero para completar para un antibiótico, tenía dos heridas de bala en su cuerpo; una en el pie y otra en su abdomen, heridas recientes, heridas que estaban infectadas, y nadie en el lugar se impactó.

    Recuerdo como hace un par de semanas mientras esperaba en una parada de autobuses de Caracas, una persona del interior del país que estaba adelante en la fila,  voltea y me dice luego que pasara un señor mayor pidiendo dinero, “¿en esta ciudad todo el mundo es así? Desde que venía en el Metro, hasta aquí ya perdí la cuenta de cuantos me han pedido real. La mayoría en mejores condiciones físicas que yo, que pueden estar trabajando en vez de estar pidiendo”.

    Es así como Venezuela, esa hermosa tierra, rica económicamente, en paisajes, en gastronomía y su gente, pasó a ser un país de personas con las mano extendida, no para ofrecer su ayuda, sino para pedir; unos realmente porque es su única opción, otros por sinvergüenzas, y todos por un gobierno que indujo a la sociedad a eso.  Un régimen populista que acabó con el poder adquisitivo de las personas para que le pidieras la casa y el carro, que expropió las grandes productoras de alimentos y ahora tienes que pedirle la bolsita de comida, que acabó con las farmacéuticas para que le pidas el medicamento. Nos convirtió en una sociedad de mendigos.

    Hemos tenido que pasar por todo esto para que la ciudadanía haya empezado a comprender la realidad de las cosas, la magnitud de sus consecuencias, y quien es el verdadero responsable.

    “Vamos a ver si tu sabes quién está mandando aquí” – le decía un hombre a otro que le responde decidido, “Maduro”-. “No chico, tu tío Diosdado es el que está mandando, hay que quitarse la ignorancia de que lo que está pasando es culpa de la oposición”, comentaban dos señores bajando la Caracas – La Guaira, ahí llegando al Boquerón 1, en donde “casualmente” se quedó accidentado el 27 de julio un autobús de la Alcaldía de Vargas, de tal forma que obstruyó ambos canales de la vía dirección Caracas. “Eso fue el régimen que trancó la vía para que la gente no pudiera subir a marchar”, dice el chofer.

    Así vamos Venezuela, cada día son más los que abren los ojos, y menos los que podrán ver la nueva Venezuela: porque no consiguieron la medicina, no completaron para comprarla, o porque la inseguridad los cegó.

    @ismaelgabriel22