Etiqueta: opinión

  • Hambre de libertad – Por Williams Caballero López

    Hambre de libertad – Por Williams Caballero López

    El hambre de libertad no se siente en el estómago como en otras clases de hambre.

    El hambre de la libertad palpita en nuestros corazones, en nuestra alma, en nuestros anhelos de ciudadanos y de hombres libres.

    La libertad que añoramos radica en el libre y llano ejercicio de nuestros sueños, en la satisfacción de nuestras necesidades, asumiendo a cabalidad los retos, responsabilidades y deberes que la libertad conlleva intrínseca.

    La libertad, de la cual tenemos hambre, radica en el ejercicio amplio y sincero de nuestras capacidades, donde el limitante sea la fuerza, el ímpetu y las ganas de cada quien le ponga en la persecución de las metas individuales.

    La libertad que la ciudadanía venezolana  desea, es aquella que fue arrebatada por un régimen que a través de controles, disposiciones y ataduras seudo-legales han interpuesto para el estancamiento social, político, económico y personal de los venezolanos.

    Hoy carecemos de la libertad de comer lo que queremos. Carecemos de la libertad de opinar o de estar bien informados, sufrimos del desabastecimiento de seguridad, tranquilidad y desarrollo individual y como nación.

    Por esta causa es que tenemos hambre de libertad.

    Esa hambre libertaria sólo se calma con  un cambio pacífico, democrático, constitucional, pero a la vez firme, decidido y en la calle.

    Tenemos que librar, todos aquellos que amamos la democracia liberal, la batalla por la liberación nacional, por ende, la calle debe ser vista como instrumento único para la consolidación de una sociedad realmente plural, dinámica y de verdadero progreso.

    El hambre de libertad se siente en los cerros de Caracas, en la zona Alta de Puerto La Cruz, en los campos merideños, en las llanuras de Apure. Se palpa en los sectores medios de nuestra sociedad, se evidencia entre los ancianos, adultos contemporáneos y sobre todo, de esto no me cabe la menor duda, se vive intensamente entre la juventud venezolana.

    Esta hambre que lacera el alma de los hombres libres tiene un único camino para ser satisfecha, y esa vía es la presión ciudadana, es la manifestación clara y diáfana de la expresión de cada uno de nosotros ejerciendo el derecho que nos da la Constitución y nuestra simple concepción de ciudadanos de la república.

    Así como los “padres fundadores” de la nación salieron lanzas al ristre a defender el sueño de libertad que latía en su pecho, ahora los venezolanos de hoy saldremos con nuestras banderas con un grito de: ¡Libertad! en la punta de los labios para reconquistar los derechos que nos ha arrebatado un régimen de oprobio e indignidad.

    Es el momento de evidenciar cívicamente que somos libres y que ninguna rectora de un organismo electoral, ni mucho menos un magistrado de nombramiento dudoso, nos puede quitar o podrá usurpar el derecho que solamente asiste a todos los venezolanos.

    No basta con decir que queremos la libertad, tenemos la obligación moral, republicana, civil e histórica de luchar por esa libertad que nos urge reconquistar como nación.

    @wcaballerolopez

  • Nuestra última oportunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Nuestra última oportunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Tal vez suene trillado y ya lo hayamos escuchado antes, pero sí, estoy convencido de que estamos frente a la última –y más sensata– oportunidad de derrotar al régimen. Pero esa derrota pasa necesariamente porque el cambio político se genere en 2016; he allí nuestro mayor desafío.

    Y digo última oportunidad por varios elementos que pretendo enunciar y cuya reflexión corresponde a lo que cada uno de nosotros, como ciudadanos, debe sumarle. El primero y más sabido por todos es que aceptar el referéndum revocatorio el año que viene es solucionarle un problema al gobierno, pero no el de todo un país que está clamando cambiar su tragedia. Y sí, soluciona un problema al gobierno porque es la excusa para que Maduro, poco querido en las filas rojas, deje el poder de una forma elegante, dando paso a una transición gatopardiana, llena de transacciones, que mantendrían el estado actual de cosas y, principalmente, a las mafias del poder.

    Una segunda razón, y que se conecta con la primera, es que precisamente el régimen se está preparando para un escenario de ese estilo y darle tiempo es lo peor que podemos hacer: si dejamos que ganen tiempo y se recuperen, se estabilizan. Lo hemos visto con la reciente aprobación de la explotación del Arco Minero, posiblemente el último gran saqueo a nuestra nación pero que, junto a oxígeno de aquí y de allá, permitirían que el régimen calme un poco las aguas, abasteciendo en lo mínimo al país, dando una sensación de alivio que les permitiría alcanzar una elección presidencial en 2018 (si les conviene), a costa de vidas y sufrimiento como una especie de “daño colateral” que los termina convirtiendo en responsables, aunque lo nieguen. Dejarlos pasar esta cuesta, podría significar irnos nosotros al abismo mientras ellos se aferran.

    Y eso precisamente me permite llegar al tercer elemento: es nuestra última oportunidad de salvar a Venezuela y, con ello, salvar vidas que hoy están condenadas al hambre, a la enfermedad, a la agonía y a la miseria. Tan sólo el hecho de considerar el revocatorio para el año próximo (suponiendo que no haya más opción y que sea parte de una negociación), es automáticamente poner en duda nuestra propia existencia. Sería una especie de condena, lenta y dolorosa, mientras arrasan lo que queda de país.

    Pero además, la última razón –y quizá la más importante– es que es nuestra última oportunidad de demostrarle a la gente que lo estamos haciendo bien; que sus expectativas, hoy venidas a menos después de un boom electoral que no trajo los mejores resultados, sí serán cumplidas y que, sobre todo, haremos respetar su voluntad; la que claramente dio un mandato el pasado 6 de diciembre y que es desconocido por Maduro. ¿Y si el revocatorio no va? ¿Qué haremos?

    Para ello se requieren muchas cosas, pero la principal: sensatez. Sólo así podremos enfrentar asertivamente el reto a cuestas, comprendiendo no solamente la naturaleza de quienes nos gobiernan,  sino también siendo coherentes y, sobre todo, mostrándonos como una firme, responsable y oportuna oferta política para Venezuela. De nada sirve hablar de diálogo si no asumimos nuestra posición de mayoría que representamos al país; actuar como minoría frente a los verdaderamente débiles es darles demasiado mérito cuando saben que tienen que irse lo antes posible, además de hablar muy mal de nosotros como fuerza.

    El tiempo juega en contra y la paciencia también. Ser predecibles y poco audaces en nuestros planteamientos frente a un gobierno que ha demostrado no importarle nada a cambio de preservar el poder no sólo es irresponsable sino hasta ingenuo.

    Toda la presión posible y toda la energía acumulada por millones de venezolanos que desean cambiar de rumbo y ver mejorar su país, debe estar encaminada y enfocada a generar un cambio político este mismo año, considerando todas las alternativas posibles y no casándonos sólo con una, que al régimen le convenga. Nuestra tarea es simple: hacer que se vayan y organizarnos para que eso ocurra.

    La gente tiene depositada su última esperanza en lo que tiene que ocurrir este año: lograr salir de Maduro y cambiar al régimen. De no lograrse, no sólo estaríamos frente a  la mayor decepción que un país podría sentir, sino que también significaría el final de muchas cosas, la multiplicación de las despedidas y las lágrimas, y la profundización de la muerte y la miseria. Significaría todo mientras la nada arrasa.

    No desperdiciemos ésta, nuestra última oportunidad.

    @Urruchurtu 

  • El fin del chavismo llegó – Por Eduardo Díaz

    El fin del chavismo llegó – Por Eduardo Díaz

    El pasado 28 de julio, el hijo de Freddy Bernal resultó herido al ser atacado por dos presuntos delincuentes, quienes fueron abatidos en el sitio. Bernal atribuyó este suceso a una «acción de carácter paramilitar que busca atacar a dirigentes de la Revolución Bolivariana».

    El mismo cuento de siempre. Cuando ocurre algún ataque, asalto o agresión a algún funcionario público o simpatizante del oficialismo, de inmediato y sin averiguación profunda el hecho se atribuye a la acción de paramilitares o bien a la oposición.

    Pareciera que Bernal también sufre de esa miopía oficialista que padecen casi todos los personeros del régimen, dejando como excepción a una minoría que si bien de la boca para afuera repite como un títere lo que les obligan a decir una y mil veces, de esa boca para adentro, en su yo más íntimo y humano, viven asqueados de la realidad que vive día a día el ciudadano de a pie. Por temor a perder su trabajo o prerrogativa derivada de su condición de oficialista patria o muerte, deben soportar semejante peso de conciencia.

    En largos, repetitivos y vacíos discursos en cadenas presidenciales de radio y tv o en declaraciones de ministros que son invitados al espectáculo y permanecen sentados luchando por no caer adormecidos por el trillado discurso que deben escuchar como las cobras a su encantador, está ausente el tema de la inseguridad. El hampa es invitada de honor en nuestras casas, negocios y en las calles, mas no en reuniones y alocuciones presidenciales u oficialistas donde su mención es casi nula. Más de veinte planes de seguridad desde 1999 se han implementado pero los resultados no se ven. La verdad verdadera está allí, afectando a todos, rojos o no, reflejada en cifras de ONG nacionales o por organismos internacionales que por supuesto son descalificadas, desconocidas y atacadas por personeros del gobierno.

    Según información del Observatorio Venezolano de la Violencia, en 2015 murieron de manera violenta 27.875 personas, cifra superior a la registrada en 2014, de 24.980. Durante 16 años de revolución han muerto a manos del hampa 252.073 venezolanos. Venezuela es considerada el país más peligroso de América. Según la Organización de Naciones Unidas para el Desarme y como si no fuera suficiente nuestro flamante y nada envidiable record, Venezuela es la nación con más muertos por explosiones de granadas y el segundo en número de heridos por ello, a pesar de ser la granada un artefacto de uso exclusivo de la FAN y considerada como arma de guerra. Sin embargo, la granada se ha hecho parte del equipo de bandas de delincuentes que operan en el país.

    Sr. Bernal, el ciudadano común no tiene escolta ni carro blindado, está desarmado y no capacitado en defensa personal como un súper policía. El régimen no puede seguir ciego e indiferente ante una realidad que está acabando con muchísimos venezolanos, sí, con nosotros, con nuestros hijos, con ustedes también y el régimen no ha podido combatirla real y efectivamente, demostrando una tremenda incapacidad e incompetencia. Usted desde hace tiempo tiene su cuota de protagonismo y responsabilidad en ello y ahora también al frente de los CLAP, programa que evidencia un tercermundismo brutal y degradación del ser humano que coloca al ciudadano a mendigar al régimen por una bolsa de comida. Por ello, el pueblo los ha fustigado con su voto y temen cualquier consulta popular, ergo, el revocatorio. El fin del chavismo llegó.

    Eduardo Díaz

    [email protected]

     

  • Sueño con Venezuela – Por Williams Caballero López

    Sueño con Venezuela – Por Williams Caballero López

    Sueño con Venezuela. Sí, sueño con una Venezuela distinta y mejor. Sueño con una Venezuela de oportunidades y libertades.

    Y cómo es ese sueño:

     Es una Venezuela donde los venezolanos nos paramos muy temprano, no para ir a hacer colas en los centros de expendio de comida, sino para trabajar, estudiar, ejercitarnos, para desarrollarnos como individuos.

    Sueño con una Venezuela, donde podamos ir al supermercado y comprar lo que queramos y cuando lo queramos. Qué escojamos lo que nos apetezca y lo que esté a nuestro alcance.

    Que exista trabajo para todos por igual. Donde cada quien según sus competencias, habilidades y destrezas ejerza la profesión, oficio o emprendimiento que mejor la parezca.

    Una Venezuela donde las oportunidades sean la norma y el crecimiento nuestra igualdad.

    Donde la libertad de seleccionar, de vivir, de crecer sea para todos. Que nuestros hijos y nietos puedan decidir por ellos mismos, sin la tutela de nada, ni de nadie.

    Sueño con una Venezuela de campos sembrados, de fábricas produciendo toda clase de productos que lleven el sello que diga “Hecho en Venezuela”.

    Sueño con los anaqueles rebozados de comida. Sueño con alimentos nacionales e importados  pujando por enamorar a sus clientes venezolanos.

    Tengo el sueño de que desde el más humilde de los trabajadores venezolanos hasta aquellos más aventajados vivan bien, con alimentos suficientes, casa, vestimenta y sobre todo la felicidad que nos otorga la libertad.

    Veo, en esos sueños, a una Venezuela que no dependa sólo del petróleo sino que esté desarrollando una potente industria turística, agrícola, pecuaria, una potencia productiva de diferentes áreas de producción.

     Donde aprovechamos nuestra posición estratégica como la puerta del Caribe hacia el Continente, y del Continente hacia el Mar Caribe. Donde nuestros recursos minerales sean explotados con consciencia y sobre todo con inteligencia.
    Donde los venezolanos dejemos de ser una masa deforme y nos convirtamos en un conglomerado de ciudadanos, que individualmente construyamos el futuro que la libertad de pensar y hacer nos permite edificar.  Sueño con esa Venezuela, sueño con un nuevo venezolano: libre y activo.
     Y este sueño claro que es realizable.
     ¿Cómo hacerlo?  Primero luchando por el rescate de nuestra tierra, por el fin del régimen y el renacer de las libertades nacionales.
     Alcanzaremos esta Venezuela soñada en la medida que nos comprometamos en mejorar como ciudadanos, en la magnitud que asumamos la responsabilidad de ser valientes y no temer.
     Construiremos esta Venezuela en la medida que cada uno de nosotros, por separado y posteriormente juntos como individuos, podamos unirnos y trabajar como hijos de una misma nación.
     Este es mi sueño…
    @wcaballerolopez
  • Una sociedad de mendigos – Por Gabriel González

    Una sociedad de mendigos – Por Gabriel González

    En estos 17 años los venezolanos nos hemos adaptado a la eterna diatriba entre chavistas y opositores, no hay calle, transporte público, o lugar de esparcimiento en donde no encuentres una airada discusión política.

    Hace un año atrás seguro te encontrabas con ese fanático de la revolución que defendía el proceso a capa y espada, seguramente apoyado por otros tantos camaradas que justificaban cuanta locura hicieran desde Miraflores. Hoy otro gallo canta, la realidad es otra, Venezuela es otra.

    Las calles están llenas de ciudadanos cansados de la agobiante situación; madres desesperadas por encontrar la comida para su familia, abuelos que no encuentran la pastilla de la tensión, y el que tampoco consigue el antibiótico, el antidepresivo, el inhalador para el asma, o el anticonvulsivo. Como este chamo de 25 años que se montó en la estación Colegio de Ingenieros del Metro de Caracas, estaba visiblemente afectado, de su rostro emanaba angustia. Su capacidad motora no estaba en las mejores condiciones, y sus brazos mostraban secuelas de algunas fracturas.

    Entre espasmos corporales y las sacudidas del metro logra estabilizarse, claramente incomodo observa a quienes se encuentran en el tren. Lleva en su brazo una pequeña bolsa negra con algunos billetes, mientras muestra la caja vacía de un medicamento –amigos estoy buscando fenobarbital- dice, con una voz temblante.

    No parece ser uno más de los tantos que se montan a diario en el metro, o en la camionetica pidiendo dinero para “la niña que está en la habitación 10 del piso 3 del Hospital de niños”, ni el que asegura que le faltan 500 bolívares para completar el tratamiento de quién sabe cual enfermedad, y mucho menos al supuesto padre del “niño al que anoche le cayó una bala perdida en Petare”. A este joven  se le nota la desesperación, la vergüenza de la situación en la que se encuentra, y su manera de hablar y desenvolverse dan fe de la condición que señala.

    “No estuviera tan preocupado si me quedara por lo menos la pastilla de las 5, estuviera un poco más tranquilo”, dice con la voz entre quebrada.

    Y ya con un hilo de voz, suelta, “miren, yo no encontré en ningún lado el medicamento genérico, me dicen que está agotado en todo el país, pero conseguí otro, y no tengo los 3900 bolívares, amigos, yo lo que no quiero es convulsionar hoy, no quiero fracturarme de nuevo los brazos”.

    Sé, que como a mí, a muchos ahí se les detuvo el corazón un par de segundos, cosa que no es común en una ciudad en donde cada minuto se te acerca alguien con una historia y una situación diferente. Sin rememorar tanto, dos estaciones anteriores se subió un hombre pidiendo dinero para completar para un antibiótico, tenía dos heridas de bala en su cuerpo; una en el pie y otra en su abdomen, heridas recientes, heridas que estaban infectadas, y nadie en el lugar se impactó.

    Recuerdo como hace un par de semanas mientras esperaba en una parada de autobuses de Caracas, una persona del interior del país que estaba adelante en la fila,  voltea y me dice luego que pasara un señor mayor pidiendo dinero, “¿en esta ciudad todo el mundo es así? Desde que venía en el Metro, hasta aquí ya perdí la cuenta de cuantos me han pedido real. La mayoría en mejores condiciones físicas que yo, que pueden estar trabajando en vez de estar pidiendo”.

    Es así como Venezuela, esa hermosa tierra, rica económicamente, en paisajes, en gastronomía y su gente, pasó a ser un país de personas con las mano extendida, no para ofrecer su ayuda, sino para pedir; unos realmente porque es su única opción, otros por sinvergüenzas, y todos por un gobierno que indujo a la sociedad a eso.  Un régimen populista que acabó con el poder adquisitivo de las personas para que le pidieras la casa y el carro, que expropió las grandes productoras de alimentos y ahora tienes que pedirle la bolsita de comida, que acabó con las farmacéuticas para que le pidas el medicamento. Nos convirtió en una sociedad de mendigos.

    Hemos tenido que pasar por todo esto para que la ciudadanía haya empezado a comprender la realidad de las cosas, la magnitud de sus consecuencias, y quien es el verdadero responsable.

    “Vamos a ver si tu sabes quién está mandando aquí” – le decía un hombre a otro que le responde decidido, “Maduro”-. “No chico, tu tío Diosdado es el que está mandando, hay que quitarse la ignorancia de que lo que está pasando es culpa de la oposición”, comentaban dos señores bajando la Caracas – La Guaira, ahí llegando al Boquerón 1, en donde “casualmente” se quedó accidentado el 27 de julio un autobús de la Alcaldía de Vargas, de tal forma que obstruyó ambos canales de la vía dirección Caracas. “Eso fue el régimen que trancó la vía para que la gente no pudiera subir a marchar”, dice el chofer.

    Así vamos Venezuela, cada día son más los que abren los ojos, y menos los que podrán ver la nueva Venezuela: porque no consiguieron la medicina, no completaron para comprarla, o porque la inseguridad los cegó.

    @ismaelgabriel22

  • Tu país – Por Eduardo Díaz

    Tu país – Por Eduardo Díaz

    La miopía política que padece la gran mayoría de los dirigentes y voceros del oficialismo pretende hacer ver el terrible desastre que se vive en nuestro país como un paraíso y esperan que los demás se pongan los mismos lentes. En la televisión pude ver una propaganda del gobierno que comienza con “Sabes cuál es el país…” y continúa citando dos o tres ejemplos de supuestos logros del gobierno bolivariano, culminando con algo así: ese país es Venezuela, producto del trabajo y logros del gobierno del presidente Maduro, quien ha continuado la obra del presidente Chávez.

    Con el ánimo de completar esa propaganda con otros logros que tal vez involuntariamente olvidaron, aporto mi granito de arena con algunos casos:

    ¿Sabes cuál es el país en el que el pueblo eligió su AN conformada por una mayoría de 112 diputados de oposición contra 55 del oficialismo, pero este último apoyado en el control que el Ejecutivo ejerce sobre el TSJ y demás poderes ha neutralizado y despojado a la AN de sus atribuciones constitucionales, bloqueando descaradamente el trabajo legislativo?

    ¿Sabes cuál es el país en el que el organismo electoral entorpece frontalmente el ejercicio de un derecho constitucional como lo es el revocatorio?

    ¿Sabes cuál es el país en el que niños mueren diariamente por falta de medicinas a pesar de tener las reservas certificadas de petróleo más grandes del mundo, cercanas a los 300 millones de barriles?

    ¿Sabes cuál es el país en el que en el que solamente en la Maternidad Concepción Palacios han muerto más de 160 niños en 2016 y las madres en espera de parto deben costear los exámenes de laboratorio por falta de reactivos e insumos médicos?

    ¿Sabes cuál es el país en el que muchísimos niños con problemas de salud mueren diariamente por falta de medicinas agravándose esto por falta de alimentos que ha llevado a graves casos de desnutrición infantil?

    ¿Sabes cuál es el país en el que unas 8.000 empresas han cerrado durante los últimos 20 años como consecuencia de las políticas económicas implementadas por el gobierno y cada día éste número aumenta?

    ¿Sabes cuál es el país en el que no se consiguen regularmente alimentos de la cesta básica como harina de maíz, pastas reguladas, leche en polvo, margarina, queso, avena, granos, arroz y aceite, entre otros y tampoco artículos para la higiene personal y el pueblo es obligado a realizar humillantes y denigrantes colas para lograr con suerte algún artículo o producto?

    ¿Sabes cuál es el país en el que muchísimas personas van a la cama en la noche con una o con suerte dos comidas al día?

    ¿Sabes cuál es el país en el que por pensar distinto a los principios del socialismo del siglo XXI eres considerado apátrida y traidor?

    ¿Sabes cuál es el país en el que si sales a protestar y manifestar eres considerado terrorista e incitador a la violencia y odio?

    ¿Sabes cuál es el país en el que una referencia monetaria en una página web es considerada como protagonista de la desestabilización de su economía?

    ¿Sabes cuál es el país en el que una guerra económica que nadie ve y cree es la causante de la grave crisis en que vivimos?

    ¿Sabes cuál es el país que tuvo un 180% inflación durante 2015, la más alta del mundo durante ese año?

    ¿Sabes cuál es el país entre aquellos con más homicidios a nivel mundial y su capital considerada como una de las más peligrosas del mundo?

    ¿Sabes cuál es el país latinoamericano con más corrupción según Transparencia Internacional?

    Así es, estás claro, ese país es tu país, Venezuela.

    Eduardo J. Díaz Ayala

    C.I. 4.972.210

    0412-2074064

    [email protected]

  • Patas arriba – Por Eduardo Díaz

    Patas arriba – Por Eduardo Díaz

    Sin lugar a dudas, Venezuela es un país patas arriba. Vivimos una gravísima crisis que para el gobierno es un paraíso. Todo está ordenado dentro del desorden. Todo funciona, pero no funciona. Hay medicinas y comida, pero no hay. Hospitales hay, lo que no hay son equipos e insumos. Todo está mal, pero vamos bien. No volverán, pero volvimos. Ya uno deja de asombrarse ante la miopía política, social y económica imperante en el llamado socialismo del siglo XXI.

    Cada día mueren varias personas en nuestros hospitales por falta de medicinas. Recientemente, falleció en el hospital de San Felipe un niño de 10 añitos que padecía cáncer. Su condición se agravó ante la imposibilidad de tratarlo, ya que no había medicinas para ello. Más grave aún, recomendaron a la madre que lo llevara a casa, ya que no había nada que hacer y la madre rogó que lo dejaran hospitalizado, ya que en la casa no tenían para comer. Dramático. Un caso entre cientos cada día.

    Sin embargo, para el gobierno no hay tal carencia, se niegan a reconocer la existencia de una crisis de salud y menos aún aceptan la apertura de un canal humanitario que permita la entrada de medicinas lo más pronto posible.

    Por otra parte, el Gobierno se ha empeñado en controlar todo. Arropa y acorrala con su ineficiencia e incapacidad a los empresarios, inversionistas y productores. Ha expropiado y confiscado empresas, rige un control de cambio que dificulta la traída de insumos para la producción nacional y con un control de precios que ha  asfixiado y desmotivado a todo aquel que pretenda iniciar o continuar algún negocio. Miles de empresas han cerrado y otras van en esa misma dirección evidenciando que la verdadera intención es destruir y no construir en aras de lograr una dependencia total del colectivo ante el Estado. Cuantos motores, comisiones, mesas de trabajo, planes y pare usted de enumerar los nombres puestos a cuanta iniciativa ponen sobre la mesa cuando la crisis se acentúa y los pone contra la pared. Allí queda todo, en un discurso desgastado, repetitivo y estéril abonado por la incapacidad y mala gerencia que durante tantos años han aplicado los personeros que son rotados de un cargo a otro pretendiendo cambiar algo haciendo siempre lo mismo.

    En lo político, no terminan de aceptar que en democracia a veces se está en la cumbre mientras otros en la sima. Ello puede cambiar cuando el pueblo lo decida. El soberano votó en diciembre de 2015 y eligió sus diputados para la AN quedando configurada por una amplia mayoría de oposición. Ello ha sido desconocido por un gobierno que controla todos los poderes, rompiendo el equilibrio, autonomía y respeto que a ellos se debe. La bancada oficialista, en clara minoría pero con el apoyo de un TSJ sumiso y configurado por magistrados designados en forma exprés y muchos de ellos con claro tinte del partido oficialista y sin las credenciales para ocupar tan dignos cargos, se ha encargado de sabotear cuanta ley es aprobada.

    Adicionalmente, un Presidente que pretende dialogar con el sector opositor pero al mismo tiempo llama a sus representantes con los peores calificativos y epítetos no dignos de quien pretende ejercer un cargo como Jefe de Estado. ¿Cómo se puede ir a un diálogo con aquel que te insulta y agrede públicamente amparado en su investidura?

    Con un diálogo sincero y franco, obviando el radicalismo y pensando en el bien del país, es como se avanzará en su recuperación. Lo contrario es dejar la mesa patas arriba.

     

  • De aquella y esta guerra civil – Por Luis Barragán

    De aquella y esta guerra civil – Por Luis Barragán

    Entre el 17 y 18 de julio de 1936, Francisco Franco iniciaba el alzamiento desde Melilla que, pocos años más tarde, daba al traste con la república peninsular que transitó una pavorosa y confusa guerra entre hermanos. Un saldo dramático de muertos y familias transterradas, explicó la radical pugna de los extremos, liquidando un proyecto reformista harto comprobado (por ejemplo, véase el lúcido trabajo de Josep Fontana, “La II República: un proyecto reformista para España”, en Sistema. Revista de Ciencias Sociales, nr. 154 de 01/2000, Madrid).

    De una abundante historiografía que no cesa, pueden abonarse numerosas interpretaciones e impresiones en este lado del mundo. Por lo pronto, invocaremos tres que conciernen a la Venezuela de estos tiempos.

    De un lado, la banalización de la guerra civil, pues, haciéndola, los ibéricos la creyeron al principio de una brevedad que autorizó la apuesta. Maduro Moros, como su antecesor, nos ha amenazado con ella, aunque la creemos en pleno desarrollo, sometidos a una diaria e  intensa violencia callejera y al hambre que ha generado, en la que es el gobierno el único sector armado para librarla contra el resto de los venezolanos.

    Del otro,   los integrantes y promotores de la Junta de Burgos, nunca se imaginaron en el cadalzo de un golpe de Estado por etapas, como lo fraguó y logró el gallego para quedarse en el poder hasta la muerte, legando un país atrasado. Acá no estamos exentos de aquella sentencia popular que versa sobre la ganancia de pescadores en ríos revueltos, sobrando los comentarios.

    Finalmente, el fanatismo pasó factura en ambos bandos peninsulares.  Sin embargo, insistimos que casos como los de Manuel Azaña o Andreu Nin,  pueden ser todavía útiles para algún dirigente venezolano que nos crea en una divertida etapa de nuestra historia.

    @LuisBarraganJ

  • Militarización fatal – Por Luis Barragán

    Militarización fatal – Por Luis Barragán

    “El pretorianismo venezolano no es solamente militar,
    presenta un componente civil pero no civilista que
    se aprecia como una constante histórica desde el
    siglo XIX y sus caudillos hasta los inicios mismos
    del siglo XXI”
    (Domingo Irwin)

    Ganando la batalla el olvido, muchas de las evidencias del intenso y libérrimo debate que facilitó el triunfo de Chávez Frías finalizando el siglo XX, fruto de unas elecciones pulcras, transparentes y –es necesario decirlo– luego irrepetibles, han desaparecido o tienden a desaparecer. Sobre todo en lo que concierne a la corporación castrense que hoy está optando por un tránsito inconstitucional, dada la abusiva jefatura suprema que,  aun siendo de Estado, ejerce el revocable Nicolás Maduro.

    Por entonces –reconozcamos- hubo la numerosa variedad de programas radiotelevisivos de información y opinión, empresas de transcripción y de transmisión e, incluso, apenas conocida por las grandes mayorías, la red de redes se hizo eco del libre debate. Una breve muestra ejemplifica el tono y hasta la hondura que contrastan con el presente, administrados con escasa habilidad la (auto) censura y el bloque informativo por un gobierno que reclama  los consabidos y ya remotos hechos del 4-F, como fuente de  legitimidad.

    Todavía inadvertido por importantes sectores de opinión, por ejemplo,  el insigne académico, ya desaparecido, Domingo Irwin llamó la atención en 1999 sobre el “aspecto neurálgico, básico del problema, que son [las] relaciones civiles [-] militares”, resquebrajado  el control del sector civil sobre el militar en 1992 y, faltando poco,  observaba “una resistencia a estudiar y sobre todo en medios académicos, el tema de las relaciones civiles [-] militares”, para reclamar la necesidad de formar especialistas en la materia, porque –además–  “no se le puede dejar al sector militar el monopolio del tema de la seguridad nacional, el monopolio del tema militar”. Difiriendo de Agustín Blanco Muñoz sobre la conexión entre los sucesos de 1989 y 1992,  Irwin consideraba que la otrora situación política signada por el llamado a una Constituyente, era “una cortina de humo que esconde lo que son los problemas reales del país, que son de carácter económico y social y hay que esperar a ver la implantación de una política económica…”  (cita extraída de la emisión del 4 de febrero de 1999 del programa “Triángulo”, emitido por Televen)

    En su momento, de una mayor difusión que los reportajes, testimonios y ensayos históricos  posteriores tuvieron, el propio Chávez Frías enfatizaba a Napoleón Bravo, hoy desterrado de los medios venezolanos: “El Pacto de Punto Fijo ideado por Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, les quitó a los militares incluso el derecho a expresarse, el derecho a participar, el derecho a emitir opiniones, con eso de que las Fuerzas Armadas son obedientes y no deliberantes […] les puso una mordaza a los militares y trató además de manipularlos, metió a mano y tuvo injerencia profunda en los cuarteles, incluso, para ascender a un grado de Coronel y de General […] El papel de los militares tenemos que reincorporar a los militares a las labores de desarrollo nacional”. Y agregó que deben incorporarse a las labores de investigación científica y tecnológica, construir carreteras, vías férreas y viviendas, porque “hay una gran capacidad instalada en las Fuerzas Armadas, hay hasta ingenieros nucleares en las Fuerzas Armadas, una gran cantidad de ingenieros electrónicos, ingenieros de sistema, ingenieros de construcción, hay batallones completos de ingenieros de construcción que están aquí en Fuerte Tiuna, cuando necesitamos que vayan hacia el Sur […] hay militares formados para la ciencia médica, que están allí en los cuarteles” (cita extraída de la emisión del 5 de febrero de 1999 del programa “24 horas”, emitido por Venevisión).

    A juzgar por las viejas propuestas, casi dos décadas después, es evidente el fracaso y válida la pregunta respecto a la ya aludida capacidad instalada, como a la peor y nada disimulada mordaza que tienen los integrantes de la Fuerza Armada. No obstante, huérfano de una vocación y destreza para el ejercicio del poder y, muchísimo menos del poder democrático, así lo percibimos, a Maduro Moros le ha sido más cómodo y expedito alentar y permitir la militarización de los problemas de la sociedad, al no comprender  – experimentándolos  – los que propiamente derivan de las relaciones civiles-miliares, como también ocurre en algunos sectores de la oposición. Finalmente, acotemos: militarización de la sociedad que, a la postre, será fatal para la institución castrense.

    @LuisBarraganJ

  • La agonía y el éxtasis – Por María Corina Machado

    La agonía y el éxtasis – Por María Corina Machado

    Esta semana, antes de salir rumbo al estado Anzoátegui, recibí las cifras de la más reciente encuesta de Venebarómetro, con un dato alarmante, inaceptable, desgarrador: el 49% de los habitantes del oriente venezolano come solo una vez al día… y solo tres de cada 100 orientales pueden hacer diariamente sus tres comidas. La estadística, fría, es aterradora; pero la vivencia personal desgarra el alma. Ya de regreso, siento que este ha sido el recorrido más intenso, emocionalmente, que he hecho en toda mi vida a Anzoátegui, un estado al que quiero y admiro profundamente.

    https://www.youtube.com/watch?v=ZnSSP_TZZjE

    Por una parte, la agonía: he constatado la dimensión más cruel del hambre y la desesperación, como jamás pensamos que íbamos a ver en nuestro país. Por la otra, el éxtasis: lo más elevado del ser humano que se crece en la adversidad y brota indetenible las ganas de luchar; en especial la de las madres venezolanas. Hoy Venezuela, no solo no está derrotada, sino que moralmente, nunca ha estado tan sólida y dispuesta a enfrentar los atropellos del régimen y a derrotarlo.

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    En Guanta, en el sector El Chorrerón, conocí a Carolina, una joven madre de cuatro varones; quien lleva dos de los tres años de vida de su hijo Gabriel, sin darle un vaso de leche. Pocas horas después, en Puerto La Cruz, mientras realizábamos una caminata por la Av. 5 de Julio, María Teresa Aguilarte me decía, desgarrada por el llanto: “Seis horas haciendo una cola y no pudimos comprar nada. Nada. Lo único que tengo en mi nevera es agua. ¡Nos estamos muriendo de hambre! Todos los niños lo que comen es mango”.

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    Al día siguiente llegamos a Puerto Píritu, donde los vendedores del mercado sobreviven vendiendo artículos que encuentran en la basura o usados, entre la absoluta miseria y la tristeza que se hace patente en la imagen de un mercado completamente vacío… En el pequeño pueblo de pescadores El Hatillo, José se tragó las lágrimas y me dijo que la hazaña de su comunidad es negarse a morir…de hambre.

    Pero fue en Clarines donde el hambre encontró la furia indomable de las madres que no toleran la mirada de un hijo hambriento. Llegamos en motos y al reconocerme, un nutrido grupo de mujeres me rodeó; venían a pedirme que las ayudara a liberar a 11 mujeres detenidas dos días antes mientras protestaban por comida. No tenían miedo. Están decididas. Nada detiene a una madre cuando se trata del hambre del hijo. Son las presas del hambre. Presas de Maduro. Las que nunca debió detener. Pero ya es demasiado tarde.

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    Clarines se rebela. Y Pariaguán, Boca de Uchire, Barcelona. Y allí cerca, a la misma hora, Tucupita, Araya, Cumanacoa. Venezuela entera. Se rebela contra el hambre y por la dignidad, por la libertad.

    Las mujeres de Clarines me acompañaron a pie hasta la casa azul de Vente, que abrimos ese día. Hicimos un pacto, un compromiso. Al día siguiente, las 11 de Clarines fueron liberadas. Pronto, muy pronto, seremos 30 millones en libertad. Las madres lo sabemos.

    #RutasDeLibertad

    En: Caraota Digital.