Categoría: Opinión

  • Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Así son las crisis
    Desde esta esquina se ha sostenido que la transición comenzó hace un buen rato y que se está en camino a un cambio de régimen, deseablemente en forma pacífica y constitucional. Ésa parece ser la ruta en la cual se transita si se le mira a distancia; pero, cuando se ve de cerca y se está en esa trocha, se observa que está llena de obstáculos, zigzags, subidas y bajadas, así como multitud de viandantes que van de un lado a otro, mismamente lagartijas, cascabeles, bichajos de un solo ojo, sin faltar turpiales y flores, y gente bella sentada a la vera de las tortuosidades, zagaletones fumándose una lumpia, y, desde luego, analistas políticos, vendedores de lotería, y académicos de la legua, que no de la lengua. «Gris es la teoría y verde el árbol de la vida» decía el genio. Sí; la realidad-real es irreductible al análisis racional, no acepta meterse en las ecuaciones de quienes lo saben todo y nada entienden. El galimatías venezolano pareciera estar dirigido hacia el cambio, aunque envuelto en el ambiente tóxico de las lacrimógenas y la ruindad de la represión oficial en contra de los jóvenes; aderezada con las luchas por el poder que tienen lugar en todos los ámbitos.

    Las crisis son así. Si está en crisis la economía, las instituciones públicas y privadas, los gremios, la sociedad, el abastecimiento, la seguridad, el PSUV, la energía eléctrica, el suministro de gasolina, la cordura de los próceres, los medios, y mi compadre Ambrosio Plaza, nada más natural que también la oposición también lo esté. Son procesos inevitables de descomposición y recomposición engendrados al calor de las nuevas situaciones. ¡Quien esté libre de locura que lance la primera sensatez!

    EL CREPÚSCULO DEL MADURAMEN. Nicolás Maduro sobrevive políticamente pero no gobierna en el sentido de formular, decidir, ejecutar, evaluar, rectificar, políticas públicas. Habla y habla sin parar, día tras día, para ganar una esquiva legitimidad que cada minuto parece perder. No es la legitimidad frente a los opositores quienes no se la han otorgado desde que Henrique Capriles denunció el fraude el 14 de abril, sino dentro de sus propias filas, ante las que es tenido como desmañado e incongruente heredero.

    A la falta de liderazgo de Maduro se añade que le ha tocado recoger el legado del difunto, en la forma de un desastre económico de proporciones siderales. Tiene que moverse y no sabe ni cómo ni adónde. Por trascorrales llegan a acuerdos con las empresas petroleras extranjeras, para que manejen el negocio con el que ya no puede Rafael Ramírez; algunos fundos expropiados, confiscados, robados, los devuelven de hecho, pero no de derecho; aceptan elevar precios de productos de consumo final pero no publican los decretos sino que son «partos de caballeros»; hacen el ajuste cambiario más brutal del que se tenga memoria en Venezuela, con esta especie de trencito que va de Cadivi a Cencoex, de Cencoex a Sicad I, de Sicad I al II, y como diría Dolores, la Segunda Combatiente, así sucesivamente; masajean la opinión pública con el aumento del precio de la gasolina para ver si tal vez, en algún momento, quizás y quién sabe, se toma la decisión. Por su parte, los ministros Rafael Ramírez y Nelson Merentes, y el Zar General García Plaza, dejan saber que es conveniente un nuevo Gran Viraje por aquello de haber mantenencia. Sin embargo, cuando se asoman esos extravíos respecto a la ortodoxia, vienen los fieles guardianes de revolución y le encajan a Maduro el reclamo: «¿es que te atreverás a traicionar el legado de nuestro Eterno? ¿Es que vas a devolver las tierras y los dólares que con tanto esfuerzo Él repartió?» Entonces el advenedizo se paraliza, a pesar de que los cubanos -ahora en plan de permitir que la pasta de dientes sea propiedad privada- lo estimulan.

    Sus pares no quieren tumbarlo porque prefieren que esté en control del botín antes de que otros lo administren, pero sí tienen el propósito de impedirle movimientos independientes. La motricidad fina de Nicolás está, entonces, averiada. Mientras tanto, el ministro general Rodríguez Torres ha asumido la represión como su diversión particular, lo que parece combinar con una hemorragia de declaraciones que si no es una precampaña electoral tiene el tufillo de ansias precipitadas de poder; y Diosdado Cabello marca la línea estratégica, no tanto por el carácter propositivo de sus planteamientos sino por el poder de veto a las decisiones de Nicolás, el sobrevenido. Así no parece que el régimen pueda mantenerse debido a que los cambios de ruta parecen impedidos. La represión es la última ratio de un régimen que agotó la magia, los argumentos, el pudor y los dólares.

    LA OPOSICIÓN. También las fuerzas democráticas viven sus tempestades. La actual Mesa de la Unidad Democrática representó una forma de organización de los partidos para enfrentar con corrección y a veces con éxito las demandas electorales; no tuvo capacidad de asumir las recomendaciones que le encargó al equipo dirigido por Arístides Hospedales y engavetó el Informe que le habría permitido una adaptación a las nuevas realidades; no renovó su dirección y no parece estar en capacidad, tal como está, de enfrentar los desafíos de la hora. La protesta nacional en marcha no fue adecuadamente interpretada por sus más conspicuos representantes, lo que ha carburado el debate que atraviesa el campo opositor.

    La protesta, con un altísimo y doloroso costo en vidas -responsabilidad intransferible del régimen- ha generado una situación inédita en la búsqueda de una salida hacia la democracia. Nuevos liderazgos han emergido. El gobierno ha tenido que sentarse a aparentar que dialoga. La comunidad internacional ya percibe que la imperfecta democracia venezolana, como la concebían, en realidad es una nueva forma de dictadura. Y las fuerzas se van articulando de manera de crear las condiciones para la transición. Nadie sobra y todos hacen falta para lograrlo, ¿puede la MUD readaptarse? ¿Puede aceptar incluir los liderazgos que no están representados o va a prevalecer lo que el gobierno procura, «el deslinde» en su seno? ¿Pueden crearse mecanismos de diálogo entre las diferentes formas de entender las tareas que la disidencia tiene por delante? Tal vez sería admirable que los entusiastas del diálogo dediquen algunos de sus fervores a promoverlo dentro de las filas democráticas.

    De modo inexorable se producirá una convergencia entre opositores de diferentes texturas; también entre chavistas que procuran un cambio y la oposición; entre cívicos y militares; entre atrasados, modernos y posmodernos; y vendrán renuncias, nuevo CNE, nuevas elecciones y un nuevo país. La transición está en marcha, sólo demorada por la brutal represión de la Guardia Nacional, la Policía y los paramilitares. La democracia se conquistará sobre los escombros de un proyecto ruinoso y homicida.

    www.tiempodepalabra.com

    Twitter @carlosblancog

  • Delirio – Por Miguel Velarde

    Delirio – Por Miguel Velarde

    Delirio: Una creencia que es falsa, extravagante o derivada de un engaño

    La profundización de la crisis en el país dependerá principalmente de dos variables: el fracaso del diálogo iniciado hace más de un mes entre un sector de la oposición y el gobierno y el agravamiento de la crisis económica. Hoy todo parece indicar que es inevitable que ambas cosas ocurran.

    Incluso quienes hasta ahora han sido aliados del gobierno venezolano han empezado a mandar señales ambiguas en relación a su apoyo. El primero fue Luis Ignacio “Lula” Da Silva, expresidente de Brasil, quien sugirió a Maduro “formar un gobierno de coalición”. La semana pasada, Rafael Correa, presidente de Ecuador, realizó criticas inéditas a la política económica del gobierno afirmado que se habían cometido “graves errores”. Un día después, José “Pepe” Mujica, presidente de Uruguay, afirmaba que “nadie va a poder gobernar en Venezuela con ese clima de confrontación”.

    Mientras tanto, en Venezuela es cada vez es más evidente que el “diálogo” no es la salida a esta crisis que hoy atravesamos ni tampoco busca lograr acuerdos que solucionen los problemas. Como advirtieron quienes en su momento fueron calificados de “radicales”, fue más bien una estrategia del oficialismo para ganar tiempo en medio de días convulsionados que le permitiera estabilizarse y apaciguar la protesta.

    Llama mucho la atención el rápido fracaso de las negociaciones, incluso en temas que hasta los más pesimistas creían que podían tener éxito, como la libertad del comisario Iván Simonovis. Ceder en aspectos como éste podría haber servido como muestra de buena voluntad por parte del gobierno para llegar a acuerdos sin un gran costo político. Sin embargo, ante el ingenuo optimismo del secretario de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, quien hace una semana afirmó que esa liberación “debería darse pronto”, el gobierno respondió de manera inmediata que eso no era más que una “fantasía”, derrumbando así no solamente la esperanza de todo un país en torno a este tema, sino también las posibilidades de éxito en todo el proceso.

    Hay temas que, aún siendo urgentes, como la economía, pueden incluso tomar un tiempo para ser resueltos. Sin embargo, existen otros que no pueden esperar un día más, como la liberación de los presos políticos, incluidas las decenas de estudiantes que por protestar de manera pacífica están hoy encerrados causando un gran dolor a tantas familias. Prestarse a un juego dilatorio que, además, muy probablemente no obtendrá resultados satisfactorios al final, es imperdonable.

    Hoy, un sector de la oposición sigue en la calle al lado de los estudiantes en una lucha sin tregua que busca recuperar la libertad y la democracia para todos. Mientras tanto, otro apuesta al éxito de un diálogo que se parece más a dos monólogos de sordos.

    Creer que esto último puede ser la solución para esta crisis histórica que atraviesa Venezuela es poco menos que un delirio.

    Miguel Velarde

  • La MUD vs. la Unidad – Por Miguel Velarde

    La MUD vs. la Unidad – Por Miguel Velarde

    Por culpa de la MUD y sus errores, el concepto de la Unidad está sufriendo profundos daños

    Desde el inicio de las protestas el 12 de febrero, quedó en evidencia que en la oposición venezolana existen dos visiones muy diferentes. Una, la liderada por los estudiantes, Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, fue justamente la que encabezó estas protestas y la que hoy, con cientos de estudiantes torturados, detenidos y perseguidos, López preso y Machado ilegalmente expulsada de la Asamblea Nacional, sigue en la calle al lado de la gente.

    La otra, donde confluyen el excandidato Henrique Capriles y la dirigencia de la Mesa de la Unidad, nunca apoyó las protestas hasta que vio que el costo político de no hacerlo era demasiado grande. Luego buscó una manera de convertirse en el interlocutor válido al participar en el diálogo convocado por el gobierno.

    Hoy, a tres meses del inicio del conflicto y a uno de que un sector de la oposición se sentara con el gobierno, la crisis en Venezuela solamente parece agravarse y los avances de la negociación entre un sector de la oposición y el gobierno son mínimos. Mientras tanto, la semana pasada pudimos apreciar una intensificación en la represión contra los estudiantes, reflejada principalmente en el desmonte de los campamentos donde muchos protestaban pacíficamente y la detención y encarcelamiento de cientos de ellos.

    Pero a pesar de esto, la noticia que causó mayor estupor fueron las declaraciones de la subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Roberta Jacobson, quien ante el Senado de ese país afirmó que miembros de la MUD les solicitaron que no se apliquen las sanciones que tenían listas contra varios funcionarios del gobierno venezolano por violaciones a los Derechos Humanos. La respuesta de la MUD fue poco clara, afirmando que “si algún miembro de esa organización hizo tal solicitud fue a título personal y que ellos no pidieron ni que se sancione ni que no se lo haga”.

    Hace varias semanas existe la creciente percepción de que la MUD busca darle oxígeno al gobierno en un momento en el que éste atraviesa una de sus peores crisis. Esa sensación se incrementó con un diálogo que muchos denuncian como una farsa montada por el oficialismo para ganar tiempo, pero en estos días las alertas se encendieron aún con mayor intensidad con las declaraciones de Jacobson, ya que de ser ciertas, las maniobras de un sector opositor a favor del oficialismo no se habrían quedado solo en lo local, sino que incluso habrían alcanzado un nivel internacional.

    Uno de los problemas de la oposición fue que nunca ninguno de sus líderes asumió la responsabilidad por sus varios fracasos. El 7 de octubre de 2012 se perdió la elección presidencial por una importante diferencia, el 14 de abril de 2013 se dijo que se defendería la victoria y no se cumplió, el 8 de diciembre del año pasado se convirtieron las elecciones municipales en un plebiscito y también se fracasó, y en ninguno de los casos anteriores ni el candidato ni la dirigencia de la MUD dio un paso al costado.

    En lo relacionado a las sanciones, un caso por demás grave, no hay excusa para que no se informe quién o quiénes fueron los que hicieron tal solicitud ante el gobierno de los Estados Unidos y se den las explicaciones y castigos correspondientes.

    El problema no es uno puntual, va más allá. Por culpa de la MUD y sus errores, el concepto de la Unidad está sufriendo profundos daños y, una vez más, nadie se hace responsable.

    Hoy, urge más que en ningún otro momento una renovación y legitimación de sus dirigentes, algo que está pendiente desde hace varios meses. Es hora de que la MUD deje de dañar a la Unidad. (Guayoyoenletras.com)

    Miguel Velarde

  • Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Golpes de pecho y de estado
    La conspiración de cuando en cuando aparece como La Llorona en los pueblos, precedida por los fuegos fatuos que se desplazan en la sabana. Los mozalbetes cuentan que en las noches oscuras, si se va hacia los confines del caserío, más allaíta de las zonas de tolerancia, se oye el llanto gemebundo de ese espanto y un celaje se pierde en la oscurana.

    En estos días, los próceres rojos andan de a toque. Cada vez que una neurona se les activa, denuncian golpe de estado. Lo último ha sido la performance del general Miguel Rodríguez Torres, quien sin rubor ha denunciado un complot de tal extensión, variedad y naturaleza en cuanto a sus integrantes, que mas bien semeja el hit parade de la política chic. Hasta se encuentran ciudadanos adoloridos por su precaria importancia al no aparecer en el directorio de enemigos consagrados del régimen.

    De tanto hablar de golpe de estado el gobierno ha convertido el concepto en cualquier cosa y su contenido tan gelatinoso se ha vuelto que es igual conspirar con generales para alzar las unidades comprometidas en la revuelta, que hablar bullicioso en una esquina, darle agua y comida a los muchachos en las barricadas o sostener que Nicolás ejerce un cargo en forma ilegítima. Como todo es lo mismo, lo grave y lo leve, lo serio y la chacota, lo denso y lo fluido, se hace difícil atender a la moralina que se desliza en los pliegues de los discursos del poder. El día en que la Iglesia tome los pecados veniales por mortales y se confunda la gravedad de la falta de ayuno con el asesinato, entonces cualquier asunto grave podrá ser banalizado. Tirarle palabras al azar al micrófono como lo hace Maduro en sus atolondramientos puede llegar a ser considerado como un discurso de Churchill.

    La confusión es interesada. Verdaderos golpes de estado fueron los de Chávez y compañía en 1992: vastas unidades comprometidas; centenas de muertos; ejecuciones de soldados, policías y civiles por parte de los insurrectos; toma de lugares estratégicos; desconocimiento de los deberes constitucionales por parte de los alzados; intento de asesinato del Presidente de la República y su familia. Pero como la verdad es un efecto de poder, esa matazón la ha convertido la narrativa roja en una rebelión purificadora ejecutada por románticos incurables; una especie de acto poético, como los del Che, con tableteo de ametralladoras.

    Mientras tanto, los cinco lustros de marchas agotadoras de la sociedad civil, en todas sus versiones, desde «con mis hijos no te metas», hasta «Maduro, mijito, renuncia», pasando por el «Chávez vete ya», son -según el régimen- ¡intentos de golpes de estado! Está atravesado el 11 de abril cuando los oficiales designados por Chávez, algunos de los cuales no cabían en el tanque de guerra de tanto orgullo chavista, se negaron a disparar a la población civil. Pero el régimen ha convertido estas gestas cívicas en sedición y la de 1992 en infantiles paseos por el prado de unos párvulos perdidos y pasmados. Los golpistas que están en el poder, por una ñinga no aparecen en pantalones cortos, corbata de lacito, mirada estrábica, relamiéndose una chupeta de ajo, con capucha cónica de tontones.

    LA TÁCTICA INFORMATIVA. Estos días, la manera en la que la burocracia roja informa tiene dos componentes importantes. Uno, el de centrarse sistemáticamente en el tema del golpe de estado opositor; y dos, anunciar cada dos o tres días que dentro de otros días más habrá anuncios importantes. El efecto esperado es multipropósito. Por una parte, colocar a los dirigentes opositores a defenderse de la acusación y a que se sientan obligados (algunos les encanta aclararlo sin que se lo pregunten) a decir que no son conspiradores, que no les gustan los golpes, que nunca lo han hecho, que jamás lo harían, que ni les ha pasado por la cabeza; incorporados sin remedio al cuento golpista del gobierno. Estos anuncios repetitivos, con algún «acusado» nuevo cada vez, intentan organizar la opinión pública sobre el tema. Por fortuna, el golpe ha caído en el mismo nivel de credibilidad de los «magnicidios», el «diálogo» y la «recuperación económica».

    ¿Y LOS MILITARES?. Como enseña la sabiduría esotérica, para que haya golpe tiene que haber militares. Dicen los portavoces que hay decenas de oficiales detenidos o investigados. Entonces, el golpe habría sido debelado.

    Los civiles que el Gobierno denuncia tienen una actividad pública, cívica, ciudadana, de oposición, en el marco de la Constitución. Sin embargo, la denuncia casi diaria de que todo el que no esté en el «diálogo» con el Gobierno está en la conspiración es una patraña simple, de efectos potencialmente criminales: todo a quien el Gobierno no reconozca como opositor pacífico y dialogante es golpista, por lo tanto susceptible de ser perseguido y encarcelado. Obsérvese cómo los que protestan en las calles, los partidos y dirigentes que no están representados en las negociaciones con el régimen, los dirigentes independientes que piensan que el régimen debe ser reemplazado, los líderes estudiantiles no asociados a los partidos, son señalados. El objetivo es impulsar «el deslinde» en la oposición, criminalizar a «los radicales» y al hacerlo, debilitar a éstos y también a «los moderados», porque no hay que olvidar que unos y otros forman parte de una misma fuerza aunque con diferentes visiones. Por eso no resulta demasiado comprensible cuando dirigentes políticos opositores enfatizan su condición «no golpista» como instrumento para diferenciarse de otros líderes opositores, lo que en la práctica es lanzarles la jauría roja.

    EL FONDO DEL DEBATE: LOS MILITARES. Hay quienes piensan en la conveniencia de un golpe de estado militar y esa opinión no hace al que la emita un golpista. También hay los que no les gusta, pero lo estiman inevitable o necesario; tampoco son golpistas. Pero además hay quienes piensan -como quien esto escribe- que la salida de la crisis política actual no podrá ser sin los militares ni contra los militares; que será una salida dirigida por civiles, constitucional, y deseablemente como producto de un entendimiento entre el chavismo (que incluye militares) y los sectores democráticos, lo que incluye principalmente a los que protestan. Si los civiles no dirigen la salida a la crisis lo harán los uniformados, a quienes nadie quiere llamar entre otras razones porque ya llegaron, allí están, con sus tanques y aviones en medio de la cristalería. Colocados allí por Chávez que llegó a manejarlos con destreza y encontrados allí por Maduro, que no los entiende, ni ellos lo entienden a él.

    Con la protesta se ha potenciado la necesidad de una salida. Es su motor; la rebelión de los nuevos ángeles se instaló mas como una decisión existencial que política, puede subir o bajar, pero es una inédita forma de relación y afecto entre los ciudadanos de un país roto.

    Twitter @carlosblancog
    www.tiempodepalabra.com

  • Cambio de régimen – Por María Corina Machado

    Cambio de régimen – Por María Corina Machado

    Escuché en estos días a un compañero de la Unidad decir que el objetivo de las protestas debe ser resolver los problemas y no cambiar a Maduro. Si viviéramos en democracia, sería una afirmación sorprendente; la lógica aspiración de una oposición es llegar al poder constitucionalmente cuanto antes. Pero en Venezuela hay una dictadura. Un régimen que para dominar a la sociedad y perpetuarse en el poder, la necesita arruinada, dividida, aterrorizada y dependiente del Estado. Un régimen que no quiere resolver los problemas.

    La destrucción institucional, económica y moral que sufrimos no es sólo por la incompetencia y corrupción infinitas del régimen, son parte de un plan intencional: acabar con todo aquello que le permite a la sociedad vivir con autonomía, exigir, defenderse. Por eso el ataque implacable a sindicatos, universidades, medios de comunicación, empresas, gremios, asociaciones de vecinos, partidos políticos, ONGs y hasta a las iglesias.

    ¿Nuestro objetivo es que incrementen los dólares preferenciales o tener una economía sin controles? ¿Que permitan importar algo más de papel periódico o que exista plena libertad de expresión y regresen las concesiones arrebatadas de TV y radios? ¿Que aumenten algo más los sueldos o que las empresas públicas y privadas sean competitivas y los salarios sean dignos y suban al ritmo de la productividad?

    ¿Quién puede creer que el régimen de Maduro detendrá las sentencias judiciales hechas en Miraflores? ¿Que respetará el derecho a la propiedad y acabará las expropiaciones? ¿Que desarmará las bandas paramilitares? ¿Que expulsará a los cubanos de las FAN? ¿Que detendrá los regalos a aliados extranjeros? ¿Que los empleados públicos dejarán de ser presos políticos? ¿Que los ciudadanos podremos manifestar pacíficamente sin ser reprimidos?

    Por esto, los venezolanos entendimos que no se trata de pedir que el régimen cambie sus políticas; no lo hará. Nuestra lucha es por cambiar el régimen por una vía constitucional, lo antes posible; y para ello es indispensable mantener la presión ciudadana pacíficamente en la calle.

    Un compañero de Barquisimeto lo expresó impecablemente en estos días: «no se trata de mejorar las condiciones del cautiverio, se trata de vivir en libertad». 

    [email protected]

    @mariacorinaYA

  • Semblanzas de ser Madre en Venezuela – Por Catalina Ramos

    Semblanzas de ser Madre en Venezuela – Por Catalina Ramos

    I

    El martes pasado en la tarde, llovió en Caracas. Como suele suceder, la ciudad se volvió un caos con el tráfico, «no puede caer una gota de agua que todo se tranca», era el comentario más escuchado en las colas.

    Pero yo no pensaba en las trancas. Por el contrario, no podía dejar de pensar en los jóvenes de los campamentos, sus carpas, sus pocas pertenencias alli, el frío, la humedad en la noche…le pregunté por el celular a medianoche a uno de ellos que cómo harían, y su respuesta -siempre esperanzadora- «mi carpa se inundó, pero mañana con el sol se seca rapidito». Quién me iba a decir, que unas horas después, los arrasarían como a una plaga, con una saña y violencia que nunca habíamos visto en Venezuela. No dejo de pensar con angustia en su mamá, que no es de Caracas, sabiendo que su hijo está en el Core 5, esposado como un delincuente, por el solo hecho de querer soñar un país mejor, y no quedarse en su casa esperando a que alguien le convirtiera en realidad su sueño, sino que asumió su responsabilidad, y lo salió a buscar él mismo a la calle.

    II

    Crecí en una familia trabajadora. Hija de inmigrantes, que salieron de su país al nuestro, huyendo de un país devastado por la guerra, buscando oportunidades para fundar su familia, y trabajar en esta tierra con toda su fuerza y su alma, y seguir aquí aún hoy. Pienso en mi madre, que tiene más años aquí en Venezuela que los que vivió en la tierra en que nació, que hace las mejores hallacas del país, y que no se quiere ir de él. Una mujer que a pesar de haber perdido tempranamente a su esposo y a su único hijo varón, nunca ha dejado de trabajar, no se ha rendido ni un día, ni un minuto, nos ayuda a todos, y a los que vengan a casa, y que merece vivir tranquila, a sus casi 80 años. Con ella aprendí el valor del trabajo honesto y de la entrega, y la convicción de que solo con el esfuerzo propio podemos prosperar.

    III

    Me viene a la mente la imagen de Angelly, esposada a su cama en el hospital de San Cristóbal, como delincuente peligrosa, toda destrozada por dentro de la golpiza que le dió la GNB…pienso en el dolor de su madre, pero también pienso en ella como futura madre…¿podrá llegar a serlo después de tanto golpe y tanta brutalidad? Escucho su vocecita con acento gocho hablando en el video rudimentario que grabó, leo su carta…su espíritu no fue golpeado, gracias a Dios!

    IV

    Pienso en Mariana Ceballos, que falleció atropellada en Valencia, que mañana no podrá abrazar a su hijo de 4 años; y en Rosa Orozco, la valiente madre de Geraldine…pienso en Marvinia, que tuvo un poco más de suerte, y que podrá explicarle algún día a su hijo de 7 años, por qué la GNB la golpeaba en la cara con el casco con tanta furia, y sin piedad. Pienso en la mamá de Bassil, de Wilmer, en tantas otras…pienso en Massiel, que lo único que hizo fue dejar por un momento su trabajo para alertar de una situación irregular…que se le devolvió como un bumerang de color rojo, para convertirla ahora en una procesada por terrorismo…

    V

    Miro la frase en la franela de uno de los jóvenes detenidos en el madrugonazo brutal a los campamentos: «Las madres en Venezuela paren héroes: se llaman estudiantes»…y voy más allá, ellas son las heroínas realmente, porque supieron transmitir a sus muchachos los valores, principios, convicción y determinación para que hoy den la cara por ellas, y por todos nosotros…una amiga angustiada me pregunta: ¿cómo es posible que esos muchachos «los dejen sus madres» dormir en los campamentos? Mi reflexión como respuesta, es que sería una contradicción pedirles que no fueran, cuando les enseñamos a luchar por sus derechos, ¿no? Con el corazón arrugado, nomás nos queda aconsejarlos y rezar por ellos…

    VI

    Quisiera llenar estas líneas de tantos ejemplos de madres cuyo valor, entrega, lucha y amor por nuestro país me llenan el corazón de orgullo. Como madre, siento una mezcla de dolor y de emoción, pero sobretodo, de compromiso, porque cada caso, cada historia, trae consigo un fogonazo de luz en esta oscuridad que nos quieren imponer…Como hija, siento rabia e impotencia de no lograr más pronto que acabe esta pesadilla para mi madre, y todas las demás madres que no duermen con la angustia…hoy, por ejemplo, solamente en este proceso de lucha por la democracia y la libertad, hay casi 3.000 madres cuyas vidas más nunca serán las mismas…

    #LucharHastaVencer

    Por eso, no puedo, no me sale, ni logro imaginarlo, abandonar esta lucha. Es mucho lo que está en juego, nos estamos jugando la República, la Libertad, la Democracia, pero por sobre todas las cosas, es un deber, se lo debo a todos los jóvenes que salieron a las calles a luchar por su futuro, y más aún, se lo debo a sus madres, que les inculcaron esa fuerza, y que en silencio rezan cada segundo, para que sus hijos regresen a salvo con ellas.

    Catalina Ramos

     

  • Pdvsa: «la guerra económica» – Por Eddie A. Ramírez S.

    Pdvsa: «la guerra económica» – Por Eddie A. Ramírez S.

    Según Maduro, el desabastecimiento se debe a que las empresas tienen una «guerra económica» para desestabilizar al gobierno. Si aplicamos este criterio, la empresa estatal Pdvsa es la desestabilizadora más importante, ya que en los últimos años los consumidores no reciben gas, ni lubricantes, cuando lo requieren. Esta escasez es más grave que la de algunos alimentos. La ausencia de gas afecta a los hogares que lo requieren para cocinar y a importantes industrias, incluida la petrolera. La falta  de lubricantes inmoviliza  al transporte, a los tractores  y a determinadas industrias.

    El gas puede llegar a los consumidores por medio de bombonas o por tubería. El de bombonas es una mezcla de gases propano y butano. Se le conoce como gas licuado del petróleo o GLP. Como se obtiene en las refinerías y estas tienen dificultades para operar por falta de mantenimiento y de capacidad gerencial y operativa, es obvio que el suministro sea fallo. A esto hay que agregar que Pdvsa no planifica la adquisición de nuevas bombonas para sustituir a las deterioradas y para satisfacer el aumento de la demanda; además, Pdvsa Gas Comunal tiene dificultades de distribución por insuficientes unidades de transporte, por lo que los  usuarios tienen que hacer largas colas en los centros de despacho y se han visto obligados a adquirir cocinas eléctricas con el inconveniente de los racionamientos.

    El gas que llega a los hogares e industrias por medio de tuberías es metano y se denomina gas natural. A pesar de los anuncios de que somos una potencia gasífera, Venezuela importa de Colombia 201 millones de pies cúbicos por día y según el estudioso Nelson Hernández, tenemos un déficit de 2500 millones de pies cúbicos por día. Ahora, nuestro vecino país anunció que tendrá que interrumpir el suministro, lo cual afectará a hogares en el Zulia, a la  petroquímica y a las plantas termoeléctricas.

    La escasez de aceites lubricantes es consecuencia de falta de mantenimiento de la planta ubicada en la refinería de Cardón, la cual  opera al 50% de su capacidad. La misma  elabora los aceites básicos los cuales son entregados a la planta envasadora de la propia Pdvsa y a empresas privadas para que le añadan aditivos y lo distribuyan. Curiosamente la marca  PDV desapareció del mercado. Al respecto, el señor Asdrúbal Chávez, vicepresidente de Refinación, declaró que no tienen divisas,  tambores,  papel, ni cartón y que hay un déficit de diez millones de litros mensuales. En el mercado a veces se consiguen otras marcas a precios no regulados. Se puede sospechar que como a Pdvsa no le es rentable no se preocupa por elaborarlo. La situación es particularmente grave para los agricultores que tienen sus tractores parados en época de preparación de tierras. ¿Sancionará Maduro a Pdvsa por sumarse a la «guerra económica»?

    Como en botica: La perversidad del régimen mantiene en aislamiento a Leopoldo López e impide la  visita de su esposa por el «delito» de dar declaraciones. Continúan los allanamientos y detenciones arbitrarias. Quien piense que las acciones de los estudiantes son una repetición de lo realizado en el pasado no tiene idea del importante impacto político de este movimiento. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

    [email protected]

  • Alza salarial, gobierno y MUD – Por Ángel García Banchs

    Alza salarial, gobierno y MUD – Por Ángel García Banchs

    El alza del salario mínimo del 30%, a regir a partir de la primera quincena de mayo, contrarrestará el efecto desacelerador del diálogo entre el gobierno y la MUD, al incrementar la ya desbordada escasez, el estancamiento económico y la inflación general (i.e. lo que he denominado como la escastanflación). La razón es sumamente sencilla: existe una estrecha relación entre la protesta y la escasez. No quiero decir con esto que la lucha por recuperar la República, nuestros valores y principios, no sea lo determinante, pero sí que la economía y, en particular, la escasez juega un rol fundamental.

    Desde una perspectiva técnica, he sostenido que la implosión del régimen es inevitable; he argumentado que, lo que lo que podría hacer la oposición no es evitar, sino, más bien, desacelerar (Capriles y la MUD) o acelerar (Leopoldo López, María Corina, Ledezma y los estudiantes); pero que, la economía siempre iba a hacer que avanzara el proceso. También he sostenido que, clarividentemente, la implosión la pronosticó Diosdado, al decir: «ya no está el muro de contención», aquel capaz de garantizar la coordinación y, particularmente, el reparto indiscutible del acceso a fuentes de poder económico entre los factores de poder político del chavismo.

    También, he dicho que no se podrá establecer el comunismo (o socialismo del siglo XXI) porque el totalitarismo (la imposición de la libreta de racionamiento para el control político, económico y social) solo es factible administrando altos niveles de represión (y hoy día eso es imposible en este hemisferio, debido a las restricciones tecnológicas e institucionales que implican el Internet, los teléfonos inteligentes que captan y comunican al instante información verificable internacionalmente acerca de los muertos, la tortura y la represión, en el marco de la ratificación por parte de Venezuela del Tratado de Roma vinculado a la Corte Penal Internacional).

    El aumento del salario mínimo a partir del 15 de mayo incrementará la demanda en 30% (al menos, la liquidez en los bolsillos de aquellos trabajadores que ganan salario mínimo), sin que suba en la misma proporción la oferta global de bienes. Por ello, en el corto plazo, la escasez se disparará, por lo menos del 32% actual (el 32% es un estimado propio) a un 35% después del incremento.

    El desborde de la escasez reanimará la protesta y acelerará la implosión, que el perjudicial diálogo gobierno-MUD desaceleró.

    @garciabanchs

  • Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Encalla barco pirata
    La gigantesca carabela, al mando del timonel Nicolás Maduro, ha encallado sin remedio. De tanto meter marcha y sobremarcha, se hunde en la arena: no era su destino pero es su maldición. Como un gigantesco cetáceo, el régimen yace paralizado por su propio peso, sin moverse y sin morirse. Respira, sí; se oye a kilómetros el resoplido, pero es un jadeo exhausto; a ratos estertor y a ratos, suspiro.

    Los veterinarios pueden diferir, unos asegurar que el bichajo está medio muerto y otros que está medio vivo. Alguien diría: si no está muerto es porque está vivo. En realidad, como el gato de Schrödinger, está vivo y muerto al mismo tiempo, sólo se sabrá su estado definitivo al observarlo más de cerca; al saberse más de sus jefes y de los movimientos de la mano larga, diestra y babosa de la familia Castro.

    El régimen no puede moverse hacia ninguna parte. Ha perdido toda legitimidad: la que deriva de proclamaciones de la oposición desde que Capriles afirmó que Maduro había cometido fraude, y la que brota desde las propias entrañas tumefactas del régimen. Opositores y chavistas en su mayoría y aunque no muevan un dedo, han despojado de alma al cachalote encallado. Creen que este bochinche debe cesar, por exhausto, perturbador y agotado. No se trata de análisis político sino de un estado social que envuelve a Maduro, quien despide la sensación de estar allí de manera momentánea y contagia la idea de que no encuentra cómo salirse del brollo.

    Los opositores, salvo un sector, están entre la idea de que debe renunciar o que debe convocarse a algún mecanismo electoral de sustitución, sin dejar de existir los que añoran que alguien como Chávez en 1992 los despierte una madrugada a cañonazos con la noticia de que va a salvarlos. Lo curioso es que dentro del chavismo, salvo un sector, hay un proceso similar. Se piensa que Nicolás es incompetente y debe irse, sea para entregarle el poder a Diosdado Cabello, a Miguel Rodríguez Torres o a Vielma Mora; o sea a José V. Rangel, nombre que aparece dentro del chavismo de orilla cada vez que se habla de transición, porque según sus amigos más cercanos muestra preocupación por el rumbo que lleva el país y admite la necesidad de un cambio que no sea capitalizado por «la ultraderecha» (nombre-código para mencionar a la oposición.) También hay preocupación en el ámbito militar. Oficiales rojos o azules que no saben qué hacer: ni quieren ser golpistas, ni quieren ser cómplices, ni quieren ser represores; buscan un rol que no encuentran. El ánimo nacional en ambas orillas es el de la transición.

    La lucha iniciada el 12 de febrero con la manifestación estudiantil de Caracas es el ambiente lleno de toxicidad lacrimógena, perdigones, enjuiciamientos, cárceles, torturas y balazos francos, que ha acelerado la conciencia de que esto debe cambiar. Ya es común conversar con un chavista, incluidos los de uña en el rabo, que dicen que sí, que lamentablemente Chávez se equivocó, que fulano o mengano lo habría hecho mejor. Ellos también buscan la salida.

    ENCALLADO Y ENCANALLADO. Este narrador insiste en la idea de que no es un problema de juristas, políticos y analistas lo que determina la temperatura gélida del régimen; no es una opinión del cuello hacia arriba, sino una sensación del estómago hacia abajo: este gobierno, así, no sirve más.

    No es la primera vez que pasa en el mundo. Hay que recordar que ese inmenso demócrata que fue Raúl Alfonsín, presidente de la Argentina después de 7 años de crimen continuo de los militares genocidas, llegó en medio del clamor de las multitudes y tuvo que renunciar a su Presidencia seis meses antes de terminar su período. Acabaron con su gobierno una inflación rampante y dos alzamientos, derrotados sí, pero que terminaron de minar sus bases. También se puede citar el caso de Carlos Andrés Pérez quien después de los golpes, de la conspiración que incluyó a los «notables», del Caracazo antes, y con extenso descontento popular, a pesar de que la economía crecía a ritmos elevados en términos mundiales, vio desinflar todo su capital político, aunque siguió en el cargo hasta que la Corte Suprema de Justicia hizo caer la guillotina.

    Estos personajes continuaron en la Presidencia por un tiempo que fue más allá de agotado su poder, pero la historia lo que hizo fue tramitar su salida, a través de mecanismos siempre inéditos y siempre traumáticos. ¿Quieren más casos? Allí están Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia; Jamil Mahuad, Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez en Ecuador; Alberto Fujimori en Perú; Jorge Serrano Elías en Guatemala; maratonistas que se agotaron antes de la meta.

    En varios de esos casos se apeló inicialmente a la represión para contener a los descontentos, con frecuencia los jóvenes y «los radicales», pero cuando la fatiga de un régimen es estructural la represión, como una droga poderosa, prolonga y hasta aguijonea el cuerpo desfallecido y mórbido pero contribuye a debilitar aún más sus fuerzas vitales.

    YERROS DE DIAGNÓSTICO. El Gobierno anda en un juego político. Su propósito tiene dos objetivos: acabar con la protesta y debilitar a la oposición. Lo primero a punta de fusil y de tribunales; lo segundo, con dos elementos: aislar a «los radicales» y entenderse con «los moderados». Lo que se sabe de los «operadores» rojos es que quieren seducir a los segundos con varias ofertas (¡ojo! lo que no indica que haya disposición de aceptarlas por parte de este sector opositor; es lo que el gobierno piensa): un rector y su suplente en el CNE, varios magistrados del TSJ, libertad de algunos presos políticos humillados hasta la exasperación y regreso selectivo de exiliados, participación en comisiones de negociación, y apartamiento de «radicales», mediante la tesis del necesario deslinde.

    El propósito de aislar a Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma, así como a los dirigentes estudiantiles no vinculados a «los moderados», tiene como eje la acusación de que ellos serían los responsables de las muertes desde el 12 de febrero. Tesis miserable que algunos repiten sobre la base de que «la salida» habría sido la promotora de esos crímenes; por cierto, el mismo tipo de acusación que el Gobierno le ha hecho a Henrique Capriles por las muertes ocurridas del 14 al 16 de abril de 2013, al haber denunciado el fraude electoral. Obviamente, Capriles no fue responsable de esas muertes, como «la salida» no lo es de las de estos meses; pero resulta curioso que la oposición unida defienda a Capriles de esta perversa acusación -como es su deber-, mientras ahora algunos opositores se hacen eco de las acusaciones que los voceros rojos hacen en contra de López y Machado.

    La transición que viene tendrá de todo un poco: habrá una mezcla para todos los gustos y todos los disgustos. La realidad irreductible a meterse en el cajón de un análisis.

    Twitter @carlosblancog

  • ¡Mi querida Venezuela! – Humberto J. Saras G.

    ¡Mi querida Venezuela! – Humberto J. Saras G.

    Durante mi infancia y juventud, mis padres y profesores sembraron en mi conciencia y corazón la obligación de amar a la patria y respetar a sus autoridades. Me enseñaron, además, que la obediencia leal a las autoridades, legítimamente constituidas, implica el derecho de ejercer la justa crítica de todo lo que no se ajusta al orden legal ni ético, y de lo que parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien común. Comprendí, que no es faltar a la obediencia, el discrepar de las autoridades ni acatar políticas y decisiones gubernamentales, cuando no son justas o se aplican de manera indebida. Ciertamente, es deber de todo ciudadano respetar el orden jurídico establecido y actuar con espíritu de verdad, justicia y libertad, sólo cuando las autoridades, que rigen los destinos de una sociedad, actúan en el marco de la Constitución y la ley. Entendí, también, que podemos actuar por cualquier medio pacífico, incluyendo la protesta pública y civilizada, cuando las autoridades violan las convicciones democráticas, ideológicas y morales de los ciudadanos o pretenden desconocer los más elementales derechos políticos y civiles de la gente. Y aprendí que en estas situaciones, el pueblo de manera organizada puede salir a las calles a protestar, en actitud serena y no violenta, y las autoridades no deben recurrir a la represión, para tratar de silenciar a quienes, como reacción natural ante la ineficiencia y desviaciones de quienes desde la cima del poder, actúan contra el bienestar colectivo y el interés nacional.

    Lcdo. Humberto J. Saras G.