Categoría: Opinión

  • VENEZUELA; ENTRE OBSESOS Y RADICALES – Por Leonel Colina

    VENEZUELA; ENTRE OBSESOS Y RADICALES – Por Leonel Colina

    Mientras algunos actores políticos condenan la violencia «venga de donde venga», y otros acusan de «obsesos» a quienes continuamos en pie de lucha en las calles; otros, un tanto más modestos, se desmarcan de la protesta tildando a quienes la apoyan, de «radicales».

    Conviene entonces contextualizar, partiendo de la propia naturaleza del régimen que hoy gobierna nuestro país; con rasgos completamente totalitarios y enmarcados en un sistema dictatorial, dispuesto a dar pequeñas concesiones a sus colaboradores, los cuales insisten en definirlo como una Democracia con imperfecciones. Para asumir esta lucha entonces, es necesario entender las razones que nos llevan a las calles, esas razones que nos motivan a continuar, entender asimismo los riesgos que esto implica pero teniendo siempre claro cual es el objetivo; la Libertad. Luego de saber a que se refieren con la palabra Radical: Perteneciente o relativo a la raíz / Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático. (D.R.A.E.), debemos estar en la capacidad de fijar una postura clara; no se puede ser menos que Radical frente a una Dictadura.

    Ante el indiscutible fracaso de este modelo, resulta interesante conocer la realidad de otros estados del país -territorios incluso declarados por el régimen como suyos- , que no escapan de los problemas como la inseguridad o la escasez y que hoy reconocen el carácter totalitario de quienes gobiernan; y descubrir que a pesar de la censura y los mecanismos de amedrentar con el mied impuestos por el régimen, allí también están en las calles, valientes y decididos, sin retroceder.

    El mundo entero reconoce la lucha que hoy se libra en nuestro país, y condena el saldo que se desprende de la exagerada represión por parte del Gobierno de Nicolás Maduro a manifestantes pacíficos que exigen justicia y paz, y que procuran una transición democrática. Pasearse por las abrumadoras cifras de fallecidos, detenidos, privados de libertad, menores de edad procesados, allanamientos, persecuciones y torturas, que han registrado y puesto a disposición los miembros de Foro Penal; debe llamarnos a la reflexión, entender que no vivimos una situación habitual, que tenemos un país en crisis y unos ciudadanos dispuestos a luchar, a conquistar la Democracia y a recuperar esa, nuestra mayor obsesión; la Libertad de Venezuela.

    Twitter: @LeonelColina

  • La única vía al progreso – Por Anderson Riverol

    La única vía al progreso – Por Anderson Riverol

    Venezuela ha pasado mucho tiempo bajo una economía planificada, para ser más sinceros terriblemente planificada, esto solo ha limitado la posibilidad de progreso en la Nación quitándoles a los individuos libertad y posibilidad de que exista una mejora real en su calidad de vida pero esto no es nada nuevo, solo es la radicalización de un modelo rentista soportado en las bases teóricas de la redistribución. Redistribución quizás de las riquezas que los conquistadores se llevaron. Poco a poco ha venido mutando el concepto de redistribución bajo el verbo demagógico de la izquierda y ya no es la redistribución de las riquezas que los conquistadores se llevaron sino la redistribución de la riqueza que los dueños de los medios de producción se apropian, usando la resentida lógica socialista que cuando algo no funciona lo mejor es acusar a quien es eficiente.

    La economía planificada en Venezuela funciona igual al sistema de planificación económica que se opuso F. A. Hayek y que como expone Bruce Caldwell bajo la economía planificada, a menos algunas elecciones deben estar sujetas a la voluntad general. Al hacer estas elecciones los planificadores (en nuestro caso funcionarios del gobierno Venezolano) impondrían inevitablemente un código de valores al resto del pueblo. Cuales quiera que sean las opciones que al final se hagan, algunos miembros de la sociedad se beneficiarían y otros saldrán perjudicados. Dado que los planificadores son políticos que desean conservar el poder, siempre trataran de justificar sus decisiones. Quienes las apoyen serán premiados, en tanto quienes se opongan a ella serán sancionados. Por lo que la planificación se convierte necesariamente en una planificación en favor de unos y en contra de otros. De esta forma, el gobierno autoritario tiende inevitablemente a trascender la economía y a adentrarse en el dominio de la política. La libertad termina por ser sacrificada, incluso bajo aquellas formas de socialismo que puedan haber empezado como democracia.

    La verdad es que para que los venezolanos progresemos es necesario que en nuestro país se instaure una economía de libre mercado, porque como empíricamente esta demostrados esta ayuda al crecimiento personal del individuo al incentivar su creatividad y le da la libertad de escoger lo que desea, y de crecimiento económico el cual es el que causa que la pobreza caiga. En la libertad económica existe un intercambio voluntario y este está coordinado por un mercado, cualquier persona es libre de competir y entrar en dicho mercado y existe protección de las personas y sus propiedades a través del reconocimiento de la propiedad privada y estado de derecho.

    Como podemos observar las naciones más prosternas con mayor desarrollo y crecimiento económico son las que aplican el libre mercado, los ejemplos van desde Singapur, Canadá, EEUU y Suiza, en cambio los países donde sus ciudadanos son más miserables en sus condiciones de vida son donde no hay libertad económica como Burundi, República democrática del Congo y en ese camino va nuestra Venezuela, es por esta razón que es tan urgente para el bienestar de todos que el modelo económico sea direccionado al sistema de libre mercado, esa es nuestra única vía al progreso. Para culminar es preciso citar al profesor de Investigación de Economía de la Universidad de Duke cuando dice:

    “Sólo cuando la democracia se alía con la libertad de elección en un sistema de mercado libre habrá alguna esperanza de supervivencia”-Bruce Caldwell”

    Twitter: @Riverols

  • «Una nueva oposición» – Por Miguel Velarde

    «Una nueva oposición» – Por Miguel Velarde

    Nos encaminamos hacia el tercer mes de protestas ininterrumpidas que, con sus altibajos normales, no han cesado a lo largo de toda Venezuela. Como era previsible, tanto a nivel local como internacional, con el anuncio de diálogo entre el gobierno y un sector de la oposición, ciertas tensiones disminuyeron. Ese era, después de todo, el objetivo de quienes hoy están en el poder.

    Es posible que en los próximos días veamos ciertas concesiones de parte del gobierno que buscarán crear una ilusión de éxito en el proceso, incluso en relación a algunos presos políticos y en materia económica. Sin embargo, en términos generales, nada indica que el gobierno esté dispuesto a rectificar de manera sincera. Nadie puede estar en contra de un diálogo honesto, pero es injustificable que quienes se dicen líderes opositores se presten a uno que no presenta condiciones básicas para que sea justo y equilibrado y, peor aún, que tampoco ofrece ninguna garantía para confiar en que cualquier acuerdo que se logre vaya a ser respetado.

    Las encuestas más recientes presentan números realmente preocupantes para el oficialismo. Los niveles de descontento social crecen y las expectativas personales son cada vez peores. Este último dato es interesante, ya que por primera vez en muchos años, la mayoría de los venezolanos no solamente ve con preocupación el futuro del país, sino también el suyo. Si el diálogo no da resultados concretos a corto plazo, lo más probable es que las protestas se intensifiquen nuevamente.

    Ante esta realidad, la oposición tiene la responsabilidad de replantearse muchas cosas. Es un hecho que existen visiones diferentes dentro de sus filas y es sano admitirlo. Solamente así se podrán llegar a acuerdos que permitan mantener la unidad entre la diversidad. Pero también es importante que se trabaje en lograr una coalición política cuyo único objetivo no sea solamente “estar unidos”, sino también desarrollar una estrategia que permita enfrentar con éxito las siguientes fases de esta lucha.

    Este es un requisito fundamental para el éxito de su propuesta y también para la consolidación de esas alianzas internacionales que ya han empezado a tomar forma. Si bien la mayoría de los gobiernos nos han dado la espalda debido a intereses por todos conocidos, no podemos desconocer al apoyo de otros sectores políticos, medios, activistas y, sobre todo, los ciudadanos de esos países.

    Todo parece indicar que la lucha recién comienza y que los días más difíciles están por venir. Quienes creen que los ciudadanos renunciarán a la protesta por pequeñas concesiones, no comprenden las verdaderas razones por las que la gente sigue en la calle: dignidad y libertad. Los valores democráticos están profundamente arraigados en todos los venezolanos, incluso en aquellos que solo conocieron lo que hoy vivimos. Es por eso que es más urgente que nunca una nueva y amplia coalición opositora, que incluya a todos los sectores políticos, estudiantes, trabajadores, empresa privada y sociedad civil.

    Para lograr una nueva Venezuela, urge una nueva oposición. (GuayoyoEnLetras.com)

    Miguel Velarde

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Los 42 Cargos de Conciencia – Por Anderson Riverol

    Los 42 Cargos de Conciencia – Por Anderson Riverol

    En Venezuela llevamos varias semanas en conflicto, el mismo ha tenido como terrible consecuencia 42 muertes, todo esto comenzó el 12 de Febrero con el descenso del estudiante Bassil Da Costa y Robert Redman, desde ese día un gran conjunto de estudiantes y miembros de la sociedad civil se han venido sumando y expresando en las calles de nuestro país su descontento con un modelo de gobierno basado en el comunismo, el cual a sacando en cada protesta sus garras que lo identifican como todo gobierno de izquierda siendo déspota y represor.

    Muchas han sido las hipótesis de las causas de las muertes en un auténtico cacareo entre el oficialismo, la oposición oclocrata (algunos factores colaboracionistas de la MUD) y la oposición que de verdad defiende los ideales de libertad (Vente Venezuela, Voluntad Popular, Alianza al Bravo Pueblo). Entre diálogos sin resultados, marchas y culpas, todos los venezolanos hemos vivido el desmoronamiento de nuestra sociedad, en el ojo del huracán entre el conflicto de intereses se encuentra la juventud, esa que es utilizada para el gran show, que los políticos en decadencia llevan en la boca para alimentarse de ellos y los políticos socialistas insultan y ofenden. Esa juventud que es el futuro de Venezuela se encuentra reclamando los derechos individuales que les corresponden legítimamente.

    Ahora bien, un cargo de conciencia es aquello que hace sentir culpable a una persona, que le recuerda una acción o postura reprochable porque va en contra de sus valores y principios, así es como se deberían sentir todos los que se hacen llamar políticos y en nombre de estudiantes que no representan van a una mesa de diálogo a hacer demagogia, pero peor deben sentirse aquellos líderes estudiantiles que siquiera le ha pasado por la cabeza sacar algún beneficio monetario, material o de cualquier otra índole a la coyuntura, sabiendo que dicha “Coyuntura” representan a 42 asesinados.

    Es en este punto donde las ideas liberales deben salir a flote, donde los individuos con sus capacidades individuales favorezcan al colectivo, sin imposición ni ninguna forma de coacción. Como estipula Walter Castro profesor de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala “las ideas liberales son un conjunto de principios bien ensamblados en pro de la defensa de la libertad, la propiedad y la vida. Los liberales buscan más libertad y más tolerancia en el mundo en cooperación. El liberalismo es básicamente humildad y se educa a los demás en valores con el ejemplo”.

    La lucha por la libertad es llevada por todos aquellos que creen en ella, que la honran y defienden con todo su ser, ciertamente en el camino habrá de todo como esos se venden por cargos en las organizaciones políticas, un sueldo o favores íntimos de toda índole, que se arrastran a las órdenes del seudo-lider de turno, llevando a cuestas 42 cargos de conciencia. Estos personajes pueden estar en el oficialismo o en una pequeña parte de la oposición. En consideración son totalmente pertinentes las palabras del antes citado Walter Castro cuando en una conversación dijo que el bien derrota al mal, así ha sido siempre.

    Para terminar estas palabras veo preciso recordar el pensamiento de un ilustre filósofo italiano cuando expresa:

    “Los mayores enemigos de la libertad no son aquellos que la oprimen, sino los que la ensucian”-Vincenzo Gioberti”

    Twitter: @Riverols

  • LA SALIDA, LA UNIDAD Y LA CALLE – Por José Vega

    LA SALIDA, LA UNIDAD Y LA CALLE – Por José Vega

    El 02 de Febrero un grupo de venezolanos atendimos el responsable llamado de María Corina Machado, Leopoldo López, Antonio Ledezma y otros destacados dirigentes a concentrarnos en asambleas populares con el objetivo de debatir las posibles vías constitucionales que permitieran a la brevedad la transición desde la dictadura que hoy impera en Venezuela hacia la democracia. Estos tres líderes asumieron que era su responsabilidad histórica encauzar toda esa indignación, frustración y humillación a que ha sido sometido este pueblo a lo largo de los últimos 15 años, en una acción organizada de cara a construir la salida democrática a la terrible tragedia que hoy padecemos.

    Contraria a la urgencia que demanda la situación del país, otro sector de la dirigencia política considera, aunque nunca lo expuso públicamente, que la irreversible crisis económica aunada al crecimiento electoral sostenido en los últimos procesos electorales de las fuerzas opositoras, nos obligaba a tragar grueso y esperar hasta la culminación del actual período Presidencial. O sea, que a  juzgar por quienes sostienen esta tesis, debemos esperar hasta el 2019 para volver a poner toda la carne en el asador del CNE, y durante ese ínterin y a razón de los 25.000 homicidios del 2013 sumar 225.000 muertos más a la lista de los 200.000 hasta la fecha hechos en socialismo. Debemos esperar a que ideologicen a nuestros niños al mejor estilo cubano o de Korea del Norte. Debemos esperar entonces a que seamos encarcelados o pasemos a la clandestinidad aquellos ciudadanos que no comulguemos con el régimen, debemos esperar a que sea definitivamente abolido el derecho a la propiedad, debemos esperar a no poder entrar y salir libremente de nuestro territorio. En pocas palabras, debemos esperar y  contemplar con indiferencia  la demolición de la República.

    Desde la creación de la MUD, y cuyo principal objetivo fue la conformación de candidaturas unitarias para los diversos procesos electorales, la unidad con esa sana y necesaria diversidad de opiniones fue capaz de trabajar por una unidad de propósitos. Se concretaron candidaturas unitarias, unas por primarias y otras por consenso pero una vez determinado quien o quienes nos representarían en las elecciones, todos con mayor o menor agrado cerramos filas en torno a ellos.

    Si bien hoy no enfrentamos un proceso electoral, igualmente es necesaria la unidad. Pero una unidad que abarque mucho más que una coalición de partidos o grupos de líderes. Requerimos una unidad que incluya a todo los sectores del país y este consustanciada con lo que la calle en estas horas demanda y que no es otra cosa que la libertad y ello pasa por la salida de este régimen.

    En este momento mientras la calle y la protesta no han cedido, se llevan a cabo reuniones entre dirigentes de la unidad y el régimen, y al margen de estar a favor o en contra de ellas lo que si hay que tener claro son los términos, condiciones y objetivos de dichos encuentros, porque quien suscribe estas líneas, por lo menos, considera que si la calle lo que pide es libertad, mal podemos conformarnos que lo que se negocie sea unas mejoras en las condiciones del cautiverio. Y digo cautiverio pues me considero parte de los casi 30 millones de venezolanos que en calidad de rehenes pretenden tenernos quienes despóticamente hoy ocupan el poder.

    Aquí no se trata como infelizmente han expresado ciertos dirigentes que la protesta debe ser un mecanismo de presión para que junto al diálogo el gobierno rectifique. No señores. Es más que evidente que en estos dos meses este pueblo despertó y entiende que el problema va más allá de la rectificación de unas políticas en materia económica o de seguridad. El país está claro que el problema es el modelo y el modelo solo cambia si se cambia el régimen. Y el diálogo como bien lo ha dicho nuestra Diputada María Corina Machado no puede ser para estabilizar la dictadura sino para transitar hacia la democracia.

    De manera pues, que corresponde a toda la dirigencia política del país entender que ahora también toca cerrar filas en torno al clamor ciudadano y poner la unidad al servicio de ese tránsito hacia la democracia y el cual parte por comprender que el objetivo de la protesta no es otro que servir de instrumento de presión social para que a través de los dispositivos constitucionales podamos pacíficamente lograr la salida de este régimen con la inmediatez que como demócratas nos lo demanda la República.

    Cualquiera de estos dispositivos constitucionales nos llevara ineludiblemente a un proceso electoral. Y es entonces el momento de prepararnos y encauzar la fuerza que hoy hemos logrado en la calle para exigir y lograr las condiciones que nos garanticen unas elecciones libres, justas y transparentes que nos permitan a través de la mayoría que somos ganar y cobrar.

    El trabajo por hacer esta de nuestra parte. No esperemos nada de este régimen, porque nada de lo que necesitamos para lograr la libertad nos lo concederá. Es el momento de las conquistas y no de las concesiones.

    Jose Antonio Vega C.  @JoseAVega

  • Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G

    Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G

    Dictadura del siglo XXI
    Ha habido renuencia a denominar el régimen chavista como dictadura. Las razones son varias, pero las más importantes son que, por una parte, el término evoca en América Latina a Rafael Leonidas Trujillo, los Somoza, Pérez Jiménez o Pinochet; en segundo término, al sonar exagerado, dado el reconocimiento internacional que Chávez tuvo con su abundancia de elecciones y su proclamado amor a los pobres, la alegación podía perder credibilidad. Durante años -ya vamos para 16- el experimento venezolano gozó de cierto aprecio internacional o, al menos, el reconocimiento estimulado por lo que parecía un personaje pintoresco, exagerado, capaz de provocar la carcajada universal con su comparecencia en el podio de la ONU y olisquear el azufre dejado por el diablo George W. Bush. La mayor parte de la izquierda internacional se sumó al coro de alabanzas, fuese por la vía de la solidaridad ideológica o del convencimiento a través de la persuasiva chequera bolivariana.

    Con el tiempo la percepción comenzó a cambiar, lo cual se aceleró con este año de Nicolás Maduro, sin el liderazgo de su padrino y con encomiable capacidad para la torpeza. Sin embargo, hay un importante problema conceptual y, para describirlo, muchos términos se han aplicado al régimen actual y a otros parecidos (el fenómeno no es nuevo). Quien esto escribe prefirió por un tiempo la denominación de neoautoritarismo. Por su parte, la academia ha sido muy prolífica en tratar de describir el bichajo, suerte de ornitorrinco politológico: autoritarismo electoral, autoritarismo competitivo, autoritarismo participativo, semi-autoritarismo, régimen híbrido, autoritarismo «suave», semi-democracia, autoritarismo democrático, democracia autoritaria y autoritarismo deliberativo. Seguramente hay muchos más. Han sido los dirigentes políticos más radicales los que se han atrevido a hablar de dictadura, aunque el término no ha gozado de mucha suerte entre expertos y dirigentes. Veamos el fenómeno.

    EL CASO DE FIDEL CASTRO.

    El régimen cubano es una dictadura. No hay dudas en el asunto para los sectores democráticos del mundo; pero para la izquierda, aun la que no está muy de acuerdo con la familia Castro, es como diferente, con matices. Fidel no es Pinochet, parece decirse. No muchos habrían querido retratarse con el chileno, pocos dejaron de hacerlo con el cubano, incluido quien esto escribe.

    Se puede sostener la siguiente hipótesis. La revolución cubana, al comienzo, pareció alcanzar lo que los líderes históricos de la democracia latinoamericana, como Rómulo Betancourt y Víctor Raúl Haya de la Torre, se habían propuesto: una revolución antiimperialista y nacionalista; la afirmación de la nación frente a EEUU y sus políticas intervencionistas, armadas o no. Sin embargo, en el momento en que Fidel alcanza ese ideal compartido, para conservarlo lo traiciona, al entregarse en los brazos peludos y estranguladores del oso soviético. Por un breve período, Fidel es el símbolo del triunfo de la aspiración latinoamericana, que se había jugado o se jugaría sin suerte en países como México, Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Chile y Bolivia. Ese momento es el que le da al líder cubano la marca de fábrica que lo va a «diferenciar» de otros dictadores. Después, ya convertido en un dictador más, ha habido siempre quien lo excluya de la caballeriza de los más oprobiosos sea por la gesta de la Sierra Maestra, sea porque es la última reliquia del sueño devenido en pesadilla.

    Esta dictadura tan homicida como cualquier otra, pero con rostro humanoide de acuerdo a la feligresía latinoamericana que la acompaña, tuvo la capacidad de transmitir su manto de impunidad parcial al régimen de Hugo Chávez. El Comandante venezolano dejó de ser el militarote que intentó un golpe de estado contra CAP -con quien Castro se solidarizó el 4-F- y mediante el agua bautismal meada de tiburones, Fidel lo apadrinó para entrar en el Panteón de los Revolucionarios. Desde entonces, el proceso autoritario venezolano recibió la acogida que reservada a la revolución cubana por parte de la izquierda latinoamericana. En el momento en que varios de sus representantes resultaron electos como presidentes la protección continental estuvo asegurada, siempre lubricada por el petróleo para evitar los chirridos que la conchupancia con Chávez producía en democracias más sólidas.

    LA DICTADURA. Pero no basta la protección cubana para explicar la condescendencia con el régimen ahora en fermentación y decadencia. Una explicación es que la noción de dictadura no ha evolucionado como lo han hecho los dictadores.

    Una dictadura tradicional clausura los partidos políticos. La dictadura del siglo XXI los ahoga: impide el financiamiento estatal y criminaliza el privado, el nacional y el extranjero; sólo les queda la opción de los caminos verdes o la corrupción, que tiene como ejemplo y monumento internacional el caso del PSUV con el uso masivo e indiscriminado de los recursos del Estado.

    Una dictadura tradicional cierra los medios de comunicación que no responden a sus órdenes. La dictadura del siglo XXI usa el cierre en casos extremos (RCTV), pero prefiere la expropiación, la compra a través de algún badulaque afín, la censura y, sobre todo, la autocensura. Favorece el control directo de la televisión y la radio por sus impactos inmediatos; en el caso de la prensa escrita, opta por sofocarla al negarle la obtención de papel, al impedir la publicidad de las empresas privadas y de las instituciones públicas.

    Una dictadura tradicional utiliza el fast-track para allanar, detener, torturar, y mantener en prisión a sus enemigos. La dictadura del siglo XXI no deja de usar este expediente -en Venezuela se ha visto hasta el hartazgo desde el 12 de febrero en adelante-, pero prefiere el uso de los tribunales para idénticos fines. Obsérvese cómo no hay ni un solo caso político en el que «los juristas del horror» no hayan descargado la guillotina sobre los disidentes.

    Una dictadura tradicional no permite a los opositores, salvo por breves períodos, su participación en las instituciones del Estado. Las dictaduras del siglo XXI, con mayor o menor desagrado, tienen que aceptar la participación de los opositores en instituciones como el Parlamento y algunos espacios más o menos controlados, aunque prácticamente inermes.

    Una dictadura tradicional no le importa aparecer como tal, aunque siempre en función de un objetivo superior (anticomunismo o antiimperialismo, según los casos); y por esta razón no le importa suprimir las elecciones. Las dictaduras del siglo XXI necesitan una fachada que pueda vender un aire de democracia «no tradicional» y se esmeran en multiplicar las elecciones controladas.

    Si así evolucionan las dictaduras la pregunta es cómo debe evolucionar la resistencia a éstas.

    www.tiempodepalabra.com 

    Twitter @carlosblancog

  • La salida y el CNE – Por María Corina Machado

    La salida y el CNE – Por María Corina Machado

    Por favor, entiéndannos, en Venezuela los empleados públicos somos en realidad presos políticos». Desgarran el alma estas palabras pronunciadas entre lágrimas y a escondidas. Abordando el avión a Brasil, el joven ingeniero me lleva a un lado para transmitirme su angustia por no atreverse a aportar más a nuestra lucha. Su lucha.

    Este régimen asimiló muy temprano la lección cubana del terror colectivo. Con amenazas masivas y castigos selectivos la sociedad «aprendería» también. El uso implacable de la Lista Tascón combinado con las captahuellas neutralizaría el voto castigo. Después de todo, el miedo no deja huella…

    Controlar al «árbitro» electoral fue un objetivo prioritario. Con ello el oficialismo podría legitimarse año tras año y desmoralizar a la fuerza de cambio convenciéndola de ser minoría. Este control no sólo implicó la designación de rectores incondicionales al régimen, también la progresiva sustitución de la burocracia profesional del CNE y el cambio de las normas electorales para asegurar el triunfo.

    Y los venezolanos finalmente aprendimos. En abril de 2013 entendimos que cuando las instituciones están sometidas al régimen en el poder y se enfrenta una dictadura, no basta ser mayoría y ganar la elección para lograr el cambio.

    Hoy, el pueblo en la calle exige un cambio político, no un cambio de políticas. Queremos lograrlo lo antes posible, a través de uno de los mecanismos que contempla nuestra Constitución y que desembocan todos en un proceso electoral. Por ello, tenemos que lograr un sistema electoral confiable que garantice elecciones limpias.

    No se trata de que otorguen 1 o 2 rectores «opositores». De 2000 a 2006, 2 de los 5 rectores fueron afines a la oposición y el régimen impuso un control total del proceso electoral. Es indispensable la designación de 5 rectores que cumplan el mandato constitucional de ser «personas no vinculadas a organizaciones con fines políticos». Esto sólo lo lograremos manteniendo la protesta firme y pacífica en la calle.

    Después de todo, la humillación de vivir con miedo, sí deja huella, en el alma, y es la fuerza que hoy impulsa a nuestros jóvenes, a sus padres y abuelos a luchar, arriesgándolo todo, por conquistar la democracia y la libertad.

    [email protected]

    @mariacorinaYA

  • Pdvsa: la chapucería – Por Eddie A. Ramírez S.

    Pdvsa: la chapucería – Por Eddie A. Ramírez S.

    Según cifras oficiales, Pdvsa está hecha una chapuza. Su presidente, Rafael Ramírez la volvió añicos. Caída de la producción de crudo, refinerías en el suelo, importaciones de gasolina y de diesel, accidentes a granel, nómina hiperinflada, elevadísimo endeudamiento externo e interno e incumplimiento de los planes de negocio son los «logros» revolucionarios. Algunas cifras presentadas por la empresa y por el Ministerio de Energía en su Memoria y Cuenta 2013, evidencian la chapucería. Hoy destacaremos la «experticia» planificadora del equipo rojo de Pdvsa.

    Por no prever nuevas plantas mejoradoras del crudo pesado de la Faja del Orinoco, ahora Rafael Ramírez anunció que tendrán que importar crudo liviano para mezclarlo con el extrapesado y así poder refinarlo. Además declaró que «la falta de infraestructura y la ausencia de instalaciones de transporte del crudo han impedido que los planes de producción cristalicen». Es decir que olvidó el pequeño detalle de la infraestructura necesaria.

    Hace años debíamos tener una capacidad de producción de 6.000.000 barriles por día (b/d); después prometió producir 4.500.000 b/d en el 2008, pero la Memoria 2013 consigna que solo alcanzaron 2.789.000 b/d, mientras que la OPEP solo reconoce menos de 2.400.000 b/d. Por no recibir suministro de Pdvsa, nuestra refinería Citgo tuvo que comprar a otros países  475.000 b/d de crudo. Los planes eran construir tres refinerías en Venezuela, pero solo hay una en construcción de la infraestructura. La refinería de Puerto La Cruz reporta como «logro» una parada de planta para mantenimiento.

    El Plan establecía que en el 2008 estarían  produciendo 10.300 millones de pies cúbicos de gas natural  por día y que en el 2011  exportarían gas a Colombia. Sin embargo la  producción en el 2013 fue 7.407 millones de pies cúbicos por día y se  importaron de  Colombia  más de 201 millones de pies cúbicos por día. El plan contemplaba que en el 2009 debería estar acondicionados 500.000 vehículos a gas, pero la Memoria 2013 solo reconoce 219.062 vehículos.

    La citada Memoria  no menciona los barriles  a Cuba, estimados en 100.000 b/d. Tampoco cita el número de trabajadores, ni los accidentes. En cambio sí reseña que el Fondo Nacional para la Producción Lechera, organismo adscrito al Ministerio de Energía y Minería, no pudo cumplir sus objetivos «por la incertidumbre si permanecía en ese ministerio o pasaba al de Agricultura, por lo que su presupuesto solo alcanzó para pagar al personal y compromisos pendientes». Según otras fuentes, la deuda financiera ronda los 40.000 millones de dólares, la «asistencia» del Banco Central pasa de los 460 millardos de bolívares y la deuda a los proveedores casi llega a los 20.000 millones de dólares. ¿Puede el señor Rafael Ramírez justificar esta chapucería o seguirá insistiendo en su Disneylandia?

    Como en botica: El nuevo presidente de Costa Rica designó un gabinete mayoritariamente técnico e integrado por siete damas, entre ellas la destacada médico María Elena López, querida amiga de la familia  a quien deseamos mucho éxito. Mommer y Rodríguez Araque mataron la orimulsión porque era más negocio mezclar el crudo extrapesado con liviano, pero hoy se percatan que el liviano es escaso. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

    [email protected]

  • Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco

    Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco

    Si me tocara elegir…
    Si es entre el diálogo y la guerra. Prefiero el diálogo. Si me ponen a decidir entre un diálogo con el que se logre 70% de aspiraciones que comparto, frente a una guerra en la que podría obtener 100%. Prefiero el diálogo. Si me ponen a escoger entre un diálogo que demore un tiempo pero que prometa resultados, frente a una guerra que me ofrezca gelatinosos desenlaces inmediatos. Prefiero el diálogo. Si mis opciones son resultados sólidos con el diálogo a los disputados en una guerra. Prefiero el diálogo. Si el diálogo ahorra la sangre de un venezolano y la guerra promete su derramamiento. Prefiero el diálogo.

    El asunto es que el diálogo tiene condiciones. No es solo conversar. Tampoco es debatir. El diálogo, aun entre los más enconados enemigos, tiene una lógica: ambos deben saber que, de no sostenerlo, el costo sería mayor al beneficio.

    En Venezuela hay experiencias. En el comienzo de los años 2000, la sociedad democrática logró frenar a Chávez, la inmensa manifestación de 2002 provocó que los civiles y militares le solicitaran la renuncia, la cual aceptó, y luego del regreso al poder y de las turbulencias subsiguientes se conformó la Mesa de Negociación y Acuerdos, con representación paritaria del Gobierno y de la oposición, y la facilitación de César Gaviria, por la OEA. El acuerdo fue firmado el 29 de mayo de 2003, ya encaminados al revocatorio presidencial.

    Algunos de los puntos fueron: «Expresamos nuestra adhesión a los principios consagrados en la Carta Democrática… Todos los sectores, asumiendo lo dispuesto por el artículo 6º de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela… comparten los valores allí consignados… la celebración de elecciones libres, justas y transparentes, y la separación e independencia de los poderes públicos… el estricto respeto a los derechos humanos, a los derechos de los trabajadores, a la libertad de expresión, de información y de prensa, a la eliminación de todas las formas de discriminación e intolerancia… Coincidimos plenamente en que el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado, a través de la FAN, y policías metropolitanas, estadales y municipales, es una prerrogativa fundamental e indeclinable en la lucha contra la violencia y en la de asegurar la esencia de un Estado democrático… Ninguno de estos cuerpos [policiales] deberá utilizarse como instrumento de represión arbitraria o desproporcionada, y tampoco para ejecutar acciones que impliquen intolerancia política. Nos comprometemos a adelantar una vigorosa campaña de desarme efectiva de la población civil… » Más adelante: «Coincidimos en que resulta indispensable contar a la brevedad posible con un árbitro electoral confiable, transparente e imparcial, a ser designado en la forma prevista en la Constitución… » Para concluir: «Finalmente, ambas partes convienen crear el Enlace permanente».

    Letra a letra, todos y cada uno de los puntos anteriores fueron burlados por el régimen de Chávez. La Mesa -¡mesas van y mesas vienen!- se instaló impulsada por el hervor furioso de la calle. El difunto líder, maestro en el tente-allá, retrocedió unos pasos, alzó el Cristo redentor, hizo mea culpa, llamó al diálogo. Luego se instalaron los negociadores y la calle ardía. Al cabo del tiempo, el revocatorio se planteó, el CNE alegó que unas firmas eran «planas», hubo El Reafirmazo y se recogieron más firmas, la oposición se entretuvo en los aspectos electorales, hubo una última gran protesta el 27 de febrero de 2004 que fue apagada por la dirección opositora y la represión brutal, que a los días languideció en urbanizaciones de clase media alta, vino el referéndum ya bastante manoseado y -fraude mediante- ganó el Gobierno.

    LO QUE INDICA LA EXPERIENCIA. La fórmula es simple: el descontento estalla; el Gobierno llama al diálogo; la oposición asiste de buena fe; se apaga la protesta y hay mínimos resultados o, sencillamente, se desconocen los acuerdos.

    ¿Quiere esta experiencia decir que no debe negociarse? No, de ninguna manera, pero es escarmiento a tener en cuenta.

    En la situación actual hay diferencias esenciales. En 2002 y 2003 la Coordinadora Democrática era la dirección en la calle y también la representación en la Mesa de Negociación y Acuerdos. En este caso no es así. Por razones que sus voceros han expresado, la mayor parte de los que asisten a las conversaciones no están de acuerdo con las protestas que atribuyen a «los radicales», siendo que esas protestas son las que han obligado al Gobierno a buscar lo que denominan el diálogo. Luego, en los pasitos iniciales los opositores hablaron de condiciones previas para sentarse y más adelante se dijo que no era posible poner como requisito lo que debería ser resultado. Posteriormente, no se aceptó o no se requirió la representación del sector tenido como radical al que se le atribuye la autoría de las protestas.

    EL ENREDO DE AHORA. El problema se ha complicado porque en la reunión «preparatoria» -la de esta semana- que no era «diálogo» pero que fue «diálogo» dado que se aprobaron (des) acuerdos, se evidenció la debilidad de la estrategia adoptada. La postura opositora salió bastante deslucida cuando al concluir la reunión se condenó la violencia «venga de donde venga», como si la ejercida por los protestantes -aunque sea juzgada inconveniente- fuese equivalente a la del Sebin, la GN y paramilitares. Igual resulta sorprendente aceptar que se «amplía la Comisión de la Verdad», lo cual significa reconocer la de Diosdado Cabello, cuando una Comisión así solo podría funcionar integrada por ciudadanos imparciales.

    Las demandas nacionales e internacionales por la liberación de Simonovis han tenido eco hasta en el seno de los rojos, por eso resulta en demora aceptar una junta médica y la opinión de víctimas del 11 de abril para un caso que está más que documentado desde el punto de vista médico y político. Esto para humillarlo de nuevo aunque luego lo liberen.

    Destaca la incorporación de la MUD al «Plan de Pacificación» del gobierno que, como se sabe, plantea «el desarme de organizaciones delictivas» por los mismos que tienen entre sus voceros en «el diálogo» a los Tupamaros.

    Lo que queda claro es que no hay diálogo real sin la movilización ciudadana, en los términos masivos y no violentos que le dieron origen en febrero, sin olvidar nunca que la violencia asesina partió del régimen. Tal vez sea momento de replantear la unidad democrática más inclusiva, con los nuevos actores, sin el monopolio -aunque con la participación- de quienes tenían la encomienda de dirigir la acción electoral de la oposición; es de lamentar que las recomendaciones de la Comisión Hospedales designada por la MUD no fuesen atendidas por sus jefes, para una necesaria y hasta ahora ignorada enmienda.

    Esta rectificación podría abrir el camino a una unidad necesaria y superior.

    Twitter @carlosblancog

  • Un momento diferente – Por Miguel Velarde

    Un momento diferente – Por Miguel Velarde

    La realidad venezolana es tan dinámica que mientras hacemos el esfuerzo por comprenderla, cambió nuevamente. En los últimos años, hemos sido testigos de procesos que nos tomaron por sorpresa y sobre los que nos percatamos solamente cuando empezamos a vivir sus consecuencias.

    Los acontecimientos de las últimas semanas no son la excepción. Son más de dos meses que vivimos en un permanente estado de crisis que no solo afecta lo económico, lo político y lo social, sino también lo espiritual. Han sido días que nos han obligado a reflexionar sobre el cómo pudimos llegar a esto y, principalmente, sobre qué es lo que debemos hacer para nunca más repetir esos errores.

    Venezuela cambió el 12 de febrero cuando, después de muchos años de aletargamiento, la sociedad civil dijo basta y se volcó a las calles para reclamar por sus derechos básicos liderada por sus estudiantes. Comprendió que las reivindicaciones de los jóvenes a lo largo de toda Venezuela no eran solamente asunto de ellos, sino también responsabilidad de toda una nación que había cometido uno de los peores errores que una sociedad puede cometer: resignarse.

    Este movimiento inédito -que aún muchos no comprenden- tiene aspiraciones superiores a cualquier necesidad básica y legítima de los ciudadanos. Esta vez, sus protestas van más allá de temas cotidianos como la escasez, la inflación o la inseguridad. Esos jóvenes que hoy se aferran a la calle como la última esperanza para rescatar su futuro están dispuestos a arriesgarlo todo por aspectos esenciales como la libertad, la democracia y la dignidad.

    Son esos valores los que no se negocian y los que unen no solo a una nación, sino también a sus generaciones y a su historia. Es por eso que no debe sorprender ver a mujeres que se enfrentan sin miedo a guardias armados hasta los dientes, a muchachos que no llegan a los 20 años arriesgando toda la vida que tienen por delante en una lucha desigual, o a abuelos que, incluso cargando con el peso de los años, salen a la calle y dan la pelea por el futuro.

    Hoy, el mundo entero ve al país con otros ojos. Venezuela nunca más será la misma, nosotros tampoco.

    Este es un momento diferente a cualquier otro que hayamos vivido. Lo comprendemos o lo perdemos.

    Miguel Velarde