Categoría: Opinión

  • Redes Sociales, expresión de las Naciones – Por Daniel Merchán

    Redes Sociales, expresión de las Naciones – Por Daniel Merchán

    Las redes sociales han supuesto una integración evidente de internautas de todo el mundo, la unión de personas cuya interacción por otros medios habría resultado bastante improbable. Son ya una clara expresión de la globalización, pero por otra parte han cedido a la tendencia humana de sectorizar y segregarse, y así han evolucionado hasta las de territorialidad o temática muy marcada. Existen, redes sociales propias de cada país o región, donde apenas operan personas ajenas a las mismas, y en las que los usuarios parecen sentirse más cómodos o resguardados toda vez que navegan de mano de la familiaridad que da la propia idiosincrasia.

    Algunos ejemplos de éxito en algunas localidades lo representan: Skyrock (Francia), Orkut (Brasil), Duepuntozero (Italia), StudiVZ (Alemania), Hyves (Holanda), Vkontakte (Rusia), Cyworld (Corea), Hatena (Japón), Sibir (Bulgaria), Dubaibuddies (Emiratos Árabes), Fungu (República Checa) Iwiw (Hungría), y  Playahead (Suecia).

    Sin embargo, las emblemáticas: Facebook, Twitter, Youtube, Linkedin, Instagram, etc siguen marcando la pauta en los primeros lugares de interacción global para distintos fines, de hecho, los últimos acontecimientos mundiales han hecho replantearse además de un nuevo orden mundial, la relevancia de las redes sociales. En unos regímenes donde la libertad se veía mermada, la red ha sido la ventana de apertura para muchos.

    Las redes sociales han tenido un papel importantísimo en las revueltas de Túnez y Egipto. Los últimos datos recopilados determinan que las redes sociales han superado a los periódicos en número de usuarios en los países árabes. Por ejemplo, actualmente Facebook tiene 17 millones de usuarios en los países árabes mientras que 14 millones de copias de periódicos se venden a diario en estos países.

    El caso de algunos países de Medio Oriente ha resultado especialmente revelador. ¿Quién podría haber imaginado hace tan sólo un año que gobiernos como el de Túnez, Egipto, o Libia podían tambalearse o derrumbarse gracias al poder de comunicación con el que ciertas plataformas sociales han dotado a poblaciones descontentas o sometidas?. Sorprendente o no, es un hecho que los social media han llegado para quedarse, y no sólo en nuestra sociedad sino en todas aquéllas donde un ordenador o un teléfono móvil pueda poner en contacto a una persona con la red, en la nueva Sociedad 2.0.

    Cabe resaltar que tales acciones han motivado a distintas naciones en el intento de censurar estos espacios informativos, Turquía no es el primero ni el último en restringir el uso de las redes sociales y las plataformas de internet. El primer ministro turco, Recep Tayipp Erdogan, bloqueó Twitter y YouTube para impedir que se difundieran los casos de corrupción que salpicaban a su gestión. Si bien la Justicia determinó que debía levantar la restricción, se vivieron días de censura en Turquía, una democracia parlamentarista. Hay otros países del globo que acostumbran a las prohibiciones de internet y de las redes sociales China, Cuba, Irán, Vietnam y Corea del Norte integran el triste listado.

    La redes hoy condicionan el ejercicio de los gobiernos, vale recordar de igual modo la ola de protestas anti-copa que sacudió a Brasil en 2013 durante la copa confederaciones de fútbol y de cara a la realización del mundial en 2014, exigiendo mejoras en el nivel de vida de los brasileños, al punto de ser tomadas por completo las instituciones gubernamentales en Sao Paulo bajo manifestaciones convocadas por  internet, lo cual es evidencia para que tanto en gobierno como en campañas institucionales o electorales, se tome como clave escuchar a la gente, conocer sus necesidades, y tener un plan estratégico integral de comunicación capaz de responder de manera eficaz las interacciones que se generan diariamente.

    Las nuevas tecnologías de la información ejecutadas de manera estratégica, permiten construir la base de un universo de seguidores que servirán a los gobiernos para comunicar y posicionar temas de interés y lograr una comunicación bidireccional que sea más eficiente, transparente y participativa para atender las necesidades de los ciudadanos convirtiéndolos en multiplicadores de la gestión de gobierno. Sin duda, hay que reconocer la importancia que han adquirido las redes sociales, las cuales ocupan un espacio privilegiado en la vida moderna que dinamiza y modifica los métodos mediante los cuales la sociedad se relaciona y comunica.

    Por tal motivo, desde las revoluciones árabes hasta Turquía, pasando por Cuba y tantos otros sitios, las redes sociales se han convertido en un instrumento para la lucha ciudadana. No solo es una herramienta para informar en tiempo real de lo que está ocurriendo, para que el resto del planeta se entere, sino que además sirve para hacer presión nacional e internacional, y en ciertos casos, como ya hemos visto, llegan hasta a cambiar sistemas políticos.

    Twitter: @Daniel_Merchan 

  • Prioridades nacionales: cuando la mentira nos impone dilemas de vida – Por Daniel Álvarez

    Prioridades nacionales: cuando la mentira nos impone dilemas de vida – Por Daniel Álvarez

    Uno de los grandes paradigmas que Carlos Rangel siempre planteó a lo largo de su nada corta trayectoria pública fue la llamada mentira constitucional, idea bajo la cual amparaba todos esos engaños –grandes y pequeños por igual- que los hispanoamericanos teníamos por costumbre crear para combatir los sentimientos de inferioridad que de vez en mes nos asechaban. Por lo general, estas mentiras permitían justificar sofismas centrales para nuestras sociedades, dando un alivio temporal ante nuestras fallas pero haciendo de estas más y más insuperables, hasta que la crisis inevitable hacía del engaño un constructo inviable.

    Viendo las discusiones, conversaciones y críticas que han ido apareciendo y profundizándose a lo largo de la larga crisis económica que estamos viviendo, no puedo evitar pensar que nuestra sociedad se ha vuelto víctima de su propia mentira, o más acertadamente, su propio engaño. Al ver cómo ha colapsado el modelo de repartición de renta arbitrario y demagógico construido bajo el epitome de socialismo del siglo XXI, gran parte de nuestra sociedad ha alzado la voz en defensa de lo que considera su derecho, entendiéndose esto como su beneficio correspondiente a aquel sistema.

    Siguiendo esta lógica, hemos visto un desfile interminable de personas de los más amplios espectros e intereses sociales desfilar por todos cada uno de los espacios de opinión que aún quedan en el país –que es preciso recordar, no son muchos. Desde viajeros que reclaman por sus dólares preferenciales hasta burócratas que luchan por evitar a toda costa el fin de sus privilegios, asumiendo todos y explicando y defendiendo porque su interés es más importante que los demás para la patria, o el país, o cualquier epítome similar.

    A la sombra de estos reclamos, ciertamente carnavalescos y superficiales, han ido surgiendo dramas más elementales y terribles para quienes son sus protagonistas. Comenzando por los miles de pacientes oncológicos condenados a una agonía cruel e inhumana por la inexistencia de los suplementos básicos para sus tratamientos, pasando por los niños que nacen condenados a un crecimiento malsano por la imposibilidad de acceder a los nutrientes más básicos y llegando a quienes deben dedicar su existencia buscando esa pastilla que les dará un día más de vida para buscar la siguiente, muchos pagan con su muerte el descalabro de un esquema que los ha condenado al ostracismo.

    Ante tal realidad, dramática y dolorosa para quien sienta este país, no hemos sabido responder con las verdades que en muchos casos sabemos ciertas. Una de las respuestas más comunes es el cínico debate sobre que debe tener más ‘prioridad’ en la crisis, siendo el control de cambio la principal arma para asignar tal importancia. Tal planteamiento nos ha llevado a discutir elecciones tan draconianas como el tipo de vidas que debemos salvar, la clase de estudios que deberíamos financiar o la comida que tenemos que importar.

    Esta discusión sin sentido – una más de nuestras mentiras- nos ha llevado a evitar asumir la realidad palpable a la vista: no tenemos la capacidad real de elegir ninguna prioridad. Viendo la destrucción de todos los sistemas fundamentales para una economía normal, en especial el sistema de precios y de asignación de capital, el colapso de la administración pública y la caída de los ingresos reales a niveles ínfimos, no tenemos los mecanismos para sostener siquiera una versión ínfima de un sistema que al final solo logró repartir miseria para todos por igual.

    Es deber de todos los que queremos rescatar nuestra nación no solo advertir, sino desafiar tal realidad, por más impopular que sea. Es momento de hacerle ver a nuestra sociedad que debemos conjurar todos nuestros esfuerzos en asumir los costos del único ajuste que puede rescatar nuestra nación,  el desmantelamiento sin paliativos de los controles económicos y sociales, protegiendo exclusivamente a aquellos que no tienen el tiempo ni la fuerza para sobrevivir tal transición. Necesitamos el liderazgo político que asuma el peso y el costo de guiarnos ante los tiempos más oscuros de nuestra historia republicana, de manera tal que podamos retomar la marcha hacia el futuro sin engaños ni mentiras, asumiendo un camino donde la verdad nos garantice nunca más tener que escoger el tipo de vida, o muerte, que deben sufrir nuestros ciudadanos.

    Twitter: @Dabiel_Jose 

  • La locura absoluta – Por Miguel Velarde

    La locura absoluta – Por Miguel Velarde

    El país fue víctima de un saqueo sin precedentes

    Finalmente, todo el mundo parece haber comprendido la gravedad del problema en el que estamos metidos. Todos, menos quienes nos gobiernan.

    No existe sector del país que no viva en carne propia las consecuencias de la crisis más profunda que haya conocido Venezuela. La “fiesta electoral” pasó rápidamente, el optimismo que generó una contundente victoria opositora en las elecciones parlamentarias también y la realidad no necesitó muchos días de enero para asentarse una vez más en el día a día del venezolano.

    Lo más preocupante es lo relacionado a medicinas y alimentos. Los anaqueles están cada día más vacíos, los precios inalcanzables, las colas más largas y los ciudadanos hartos. El jueves, el presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, Freddy Ceballos, consideró como “crítica” la situación de ese sector debido a que la carencia de medicamentos supera el 80%. Ceballos llegó incluso a calificar como una “crisis humanitaria” lo que se está viviendo y a pedir que se busque ayuda internacional.

    El desastre es tan evidente que se ve desde cualquier parte del planeta. Tanto organismos internacionales como agencias de análisis y la banca de inversión muestran su preocupación por el año que Venezuela tiene por delante.

    La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional anunció que prevé que la inflación en el país para el 2016 llegue a 720%, mucho mayor incluso al 275% de 2015. Así mismo, la revista Forbes afirmó, en un artículo publicado el pasado miércoles, que Venezuela caerá en un default inminente, debido a una grave recesión aunada a una contracción acumulada de aproximadamente 16%. “Ya no se trata de sí lo hará, sino de cuándo”, sentenció la revista especializada en economía.

    Como si no fuera suficiente, el petróleo se desploma. El precio promedio de la semana pasada fue de 21,63 dólares por barril, un nivel casi igual al costo de producirlo. Debe quedar claro que esta nueva realidad no es coyuntural, lo que nos obliga a enfrentar una dura realidad: es hora de replantearnos nuestra relación con el petróleo. Se acabó el mito del “país rico”.

    Nada de esto que vivimos es culpa de una “guerra económica” ni del “imperio”. El país fue víctima de un saqueo sin precedentes, la causa real por la que nos enfrentamos a una crisis económica, política, social y hasta moral de esta magnitud.

    Mientras tanto, el Ejecutivo tiene un único objetivo: el choque de poderes. Quienes hoy tienen la responsabilidad de asumir las consecuencias de su fracaso, solamente buscan profundizar el conflicto, para lograr quién sabe qué.

    En términos simples, esto que vivimos es la locura absoluta.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Es la Asamblea Nacional quien podía aprobar o no el decreto de emergencia económica – Por Jose A. Vega

    Es la Asamblea Nacional quien podía aprobar o no el decreto de emergencia económica – Por Jose A. Vega

    Ante declaraciones de dirigentes del PSUV como el diputado Pedro Carreño quien dice  «que como la Sala Constitucional se pronuncio antes que la AN el decreto es constitucional y adquirió firmeza aun siendo negado por la AN»,  es importante dejar claro ante el país que semejantes opiniones emitidas por el diputado Carreño,  buscan manipular y confundir a la población.

    El estado de emergencia económica es uno de los cuatro estados de excepción descritos en en el art. 338 de laCRBV y si bien es una atribución del Presidente de la República declarar dichos estados de excepción, el artículo 339 de la Constitucion establece que es la Asamblea Nacional quien tiene la potestad de aprobar el decreto y por su parte la Sala Constitucional del TSJ pronunciarse sobre la constitucionalidad del mismo y eso fue lo que aconteció. Por su parte la sala Constitucional opinó en el sentido de la constitucionalidad del decreto pero la mayoría de los diputados voto en contra de su aprobación y en consecuencia el decreto de estado de emergencia no tiene validez alguna.

    Adicionalmente el artículo 34 de la ley  orgánica sobre estados de excepción establece que «la sala Constitucional del TSJ omitira todo pronunciamiento si AN desaprobare decreto de estado de excepción, declarando extinguida la instancia».

    Además, nuestros diputados de la unidad democrática actuaron apegados a la voluntad de esa mayoría que los llevó a sus curules, en el sentido de no otorgar más poder a quienes durante 17 años utilizaron ese poder para destruir el aparato productivo con miras a construir un Estado todo poderoso de manera de generar la total dependencia de los ciudadanos hacia esa instancia y teniendo hoy como resultado el habernos llevado a la extrema crisis que padecemos y que de paso pretenden hacernos ver que somos víctimas de una situación sobrevenida producto exclusivamente de la baja de los precios del petróleo y en la que quienes ocupan hoy el poder no tienen mayores responsabilidades.

    Pero este pueblo despertó y está claro quienes son los culpables de todo este estado de destrucción y sabe muy bien que la situación cambiará sólo cuando cambie el gobierno y ello ante el acelerado deterioro se  convertirá muy pronto en un clamor nacional.

    Twitter: @JoseAVega

  • Rechazamos la militarización de la cultura – Por Luis Barragán

    Rechazamos la militarización de la cultura – Por Luis Barragán

    Con sobrada razón, los sectores culturales manifiestan su perplejidad y rechazo, con el cual nos solidarizamos, ante el anuncio de la constitución de un tal Estado Mayor de la Cultura Venezolana por el ministerio del ramo, formalizando la absurda militarización del pensamiento y del quehacer cultural incompatible con las libertades creadoras afianzadas por los valores de la democracia, el pluralismo y, sobre todo, el respecto a la dignidad humana imposible de reducir y manipular.

    Voces autorizadas, como la del profesor Carlos Guzmán, director del ININCO y coordinador de la Maestría en Gestión y Políticas Cultuales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), alertan sobre la conformación de ese Estado Mayor que parte de supuestos anacrónicos para la defensa de un régimen que se siente amenazado, tildándolos de enemigos, por los que promueven la libertad del pensamiento. E, indudable, tal circunstancia, la que, por cierto, tardó en expresarse, la facilita a vigente Ley Orgánica de Cultura.

    Es necesario recordarlo, una ley que combatimos por autoritaria e improvisada, sancionada por la Asamblea Nacional  en dos sesiones por agosto de 2013 y que no fue devuelta ni promulgada en el breve plazo que fija la Constitución, para imponerse por la vía de la habilitante año y medio después. Valga la curiosidad, una ley que originalmente contemplaba un Fondo Cultural, propicio para el despilfarro oficialista, como ha ocurrido con todos, por lo que fuimos estigmatizados quienes nos negamos a votarlo, para que después el propio señor Maduro lo descartara, dejando en ridículo a sus seguidores que apostaron por la fórmula financiera.

    Insisten en regimentar las actividades culturales del país, desconociendo el ejercicio de las libertades que les son indispensables para la creación y renovación plural de una sociedad a la que se le pretende espiritualmente tomar por asalto, socavándola y maniatándola.  La absurda militarización de la cultura, propia de un modelo que confía en la docilidad, la precariedad y el servilismo del pensamiento,  propiciando la resignación, no encuentra cabida en la decidida vocación democrática de la ciudadanía y ni siquiera en los supuestos responsables en materia  de seguridad y de defensa de la nación de la cual es corresponsable el Estado y la sociedad civil.

    Instalada la Comisión Permanente de Cultura de la novísima Asamblea Nacional, todos los sectores culturales podrán acudir a ella no sólo para formalizar la denuncia sobre esta pretendida militarización, como en efecto la llevaremos, sino para la rendición de cuentas que está muy pendiente por el ministerio del ramo, siendo propicia la oportunidad en la que la instancia parlamentaria ejercerá plenamente sus facultades sobre las Memorias y Cuentas de cada uno de los ministerio que conforman una gigantesca, compleja y costosísima burocracia.

    Twitter: @luisbarraganj

  • Acostumbrados a la emergencia – Por Miguel Velarde

    Acostumbrados a la emergencia – Por Miguel Velarde

    La única certeza que tenemos es que nos enfrentamos a la incertidumbre

    El viernes, Nicolás Maduro presentó ante la Asamblea Nacional la Memoria y Cuenta 2015. No hubo sorpresas, desafortunadamente. Porque en una coyuntura como la que vivimos hace 17 años, algo inesperado sería una buena noticia. Cuando ocurre lo previsible, todo sigue igual. Y todo está muy mal.

    En su Mensaje Anual a la Nación, Maduro confirmó la preocupante tesis que algunos mantienen hace tiempo: no comprende la gravedad de la crisis que enfrentamos. Estamos enfilados hacia un abismo cuya profundidad nadie puede predecir, y en cada oportunidad que se presenta para la reflexión y rectificación, se decide acelerar en la misma dirección.

    Sin embargo, ese mismo día, la noticia más importante no fue la rendición de cuentas presentada por Maduro, sino el decreto de emergencia económica solicitado solo horas antes por el ministro de Economía, Luis Salas. Con éste, el gobierno impone un estado de excepción que pone en emergencia a la gente, cuando los que deberían asumir esa emergencia son quienes gobiernan, por una razón muy simple: son los que la crearon.

    ¿Qué pretende el ejecutivo con la implementación de esta medida? Primero, evitar cualquier control que la Asamblea Nacional pueda hacer sobre las próximas decisiones en materia económica. Además, le da más poder al gobierno para intervenir empresas privadas, poniendo a este sector ya golpeado en una situación aún más precaria. El decreto también podría permitir al gobierno restricciones sobre el sistema monetario, algo así como un “corralito criollo”.

    El decreto le da un mayor margen de maniobra al gobierno, pero no presenta acciones concretas. Queda claro que para ellos los culpables de la grave crisis siguen siendo la “especulación”, la “guerra económica” y la “burguesía” y no se atacan las verdaderas causas del problema.

    Queda claro que la “emergencia económica” será utilizada por el oficialismo para profundizar su modelo y no para solucionar los problemas. Ahora, el Tribunal Supremo de Justicia debe pronunciarse sobre la constitucionalidad del decreto y la Asamblea Nacional debe decidir si lo aprueba o no. Una vez más, será una decisión más política que económica, porque una propuesta como esta tiene todos los incentivos para que la oposición la rechace y le dé al gobierno la oportunidad de culparla por la profundización de una crisis económica inevitable. Quizás, en el fondo, lo que buscan no es solucionar la crisis, sino tener a quien culpar.

    La única certeza que tenemos es que nos enfrentamos a la incertidumbre. El oficialismo no quiere y no puede cambiar. Un modelo que no funciona y que solo ha servido para el auge de la corrupción y la ineficiencia es la verdadera causa de lo que hoy vivimos y no existe la voluntad política para cambiarlo.

    Mientras tanto, nosotros seguimos viviendo en emergencia, algo a lo que ya estamos acostumbrados.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Ahora la transición, ruta impostergable – Por Daniel Merchán

    Ahora la transición, ruta impostergable – Por Daniel Merchán

    El reto que tiene la democracia venezolana en tiempos como este es de dimensiones existenciales, pues no hay posibilidad ni salida a la crisis sin el cese inmediato de un gobierno que ya no responde a las necesidades de la gente, de libertad, bienestar social, calidad de vida, salud, empleo, seguridad y especialmente tolerancia a la pluralidad del pensamiento, al disenso de las ideas y aportes para construir un verdadero concepto institucional de la república.

    Ahora bien, ciertamente la expresión ciudadana de las elecciones parlamentarias trajo consigo una mayoría abrumadora de 112 diputados, que en la mejor de las encuestas o en el más optimista de los pronósticos no estaban en el imaginario publico, pero así sucedió, eso dibujo la gente con su voto, un clamor absoluto de encontrarle buen puerto a sus esperanzas de cambio, al anhelo reprimido durante casi dos décadas de tener voces que hagan valer sus reclamos de un país mejor, aunque voces nunca faltaron, pero fueron perseguidas, apresadas, exiliadas o aisladas en su incesante intento de mostrarle al mundo el rostro de la dictadura, y es allí donde debemos detenernos, y pensar un momento en el donde estamos y hacia donde vamos, pues el totalitarismo en sus diversas facetas no se detiene tan fácilmente.

    El caso venezolano es uno de los epitomes del despotismo moderno, cubierto de una fachada democrática pero dispuesto a barrer con todo a su paso al mejor estilo de la impronta socialista del siglo XXI, el llamado chavismo, aunque contradictorio y confuso ideológicamente, si algo demostró es su conducta tendenciosa a la tiranía, en cualquiera de sus presentaciones, política, jurídica, económica, mediática y hasta reverencial, es que un depredador no puede ocultar su naturaleza, es por ello que la sociedad civilista, profundamente democrática y los factores políticos que la representan, no pueden ser la gacela rauda y veloz, dueña campante de la pradera, pero que espera confiada que la jauría de hienas dejen de acecharle si encuentran la oportunidad de herirle.

    La tarea de hoy es mucho más compleja de lo que se piensa, pues la coexistencia de la nueva asamblea con poderes gubernamentales tan írritos como su clara parcialidad política en favor de las tácticas oficialistas, predispone las condiciones favorables para la gobernabilidad, lo cual luce y se ha probado impracticable frente a un TSJ nombrado bajo intereses del partido de gobierno, un CNE que suele perder frecuentemente su papel de arbitro ante el ventajismo, un poder moral cuya solvencia ética tiene tantas deudas que pagar, y finalmente un poder ejecutivo que solo tiene como capacidad infinita, su vocación destructiva del aparato productivo y la imposición de uniformidad de criterios que giren en torno a el, valiéndose en múltiples ocasiones de las más burdas estrategias que propician la violencia, la anarquía y la incontinencia del odio como sustento de su piso político.

    La convivencia misma de los venezolanos bajo este grado de polarización, hace fundamental, necesaria, pero sobretodo impostergable la llegada de la transición, lo cual no es un proceso fácil, requiere de organización, pero especialmente de disposición, por tal motivo, tanto la asamblea nacional como cualquier espacio ciudadano de articulación de esta lucha, debe estar al servicio de la generación de un nuevo país, lo cual en ningún caso es sencillo, no lo fue para la concertación chilena, ni para la lucha sindical de Walesa en Polonia, o para la España que supero el franquismo, como no lo es para cubanos, sirios o ucranianos bajo la orbita del militarismo y los intereses del poder, cuando lo realmente importante de cada una de esas lecciones, y para el ejemplo venezolano, es el menester en términos de la formación de una fuerza social que pueda enfrentar a la dictadura, o ésta se prolongará mientras cuente con recursos para sus atropellos, por lo que mas vale reflexionar sobre aquella máxima de Thoreau «Las cosas no cambian; cambiamos nosotros», y en Venezuela sin desmeritar cualquier ayuda adicional, solo nosotros podemos tener un compromiso con el cambio, de abajo hacia arriba, y resueltos a refundar nuevamente los cimientos libertarios de la democracia en todo su esplendor, dejando de lado la descomposición actual, que debe ser cercenada de raíz para no dar más respiro a este moribundo estilete de gobernar, que tanta miseria alojó en el alma del pueblo, ya que la transición es ahora, y citando al prócer más deformado por estos tiempos, vacilar es perdernos.

    Twitter: @Daniel_Merchan

     

  • Choque de trenes – Por Miguel Velarde

    Choque de trenes – Por Miguel Velarde

    Parece inevitable un conflicto de poderes

    Después de la aplastante victoria de la oposición el 6 de diciembre, los oficialistas no tienen claro cómo enfrentar un escenario diferente al que se acostumbraron los últimos 17 años, en los que un chavismo todopoderoso solamente reconocía a sus adversarios cuando había que agredirlos o responsabilizarlos de algo.

    La realidad hoy cambió. La incapacidad del gobierno para aplicar cualquier plan que desconozca la mayoría opositora, antes y después de las elecciones parlamentarias, no solamente representó la derrota electoral del chavismo, sino también evidenció su derrota política. Y su desesperación.

    Ante esta nueva situación, la oposición debe dar cada paso con mucho cuidado. El gobierno juega un doble rol que además de irresponsable, es peligroso. Aún desde el poder, pretende ser oposición ante cualquier intento de la Unidad de enderezar el rumbo del país desde la Asamblea Nacional. Para ello, están seguros de contar con un aliado fundamental: el Tribunal Supremo de Justicia, desde donde esperan bloquear cualquier ley que el Parlamento apruebe.

    Además, la creación de cinco nuevos ministerios y el perfil de quienes dirigirán algunos de ellos solamente nos deja más preocupados. En particular el del flamante ministro de Economía y vicepresidente del Área Económica, Luis Salas, un sociólogo de izquierda de 39 años, profesor de la cátedra Economía Política de la Universidad Bolivariana de Venezuela, cuyo nombramiento ha generado preocupación entre los expertos en esta materia.

    ¿Qué piensa Salas? En algunos escritos públicos, afirmó que quiere «profundizar la revolución» y aumentar la intervención del Estado en la economía en lugar de reducirla. El nuevo ministro también cree que una «guerra económica» impulsada por la «burguesía parásita» es el origen de la crisis y que la inflación “no existe en la vida real”. Es decir, insiste en un modelo que claramente ha fracasado y que tiene a los venezolanos sumidos en la miseria.

    Mientras tanto, la nueva Asamblea Nacional con mayoría opositora trabaja aceleradamente para comenzar a dar señales de cambio al país. Una de las primeras debería ser la aprobación de una Ley de Amnistía que beneficie a todos los presos y perseguidos políticos. Algo que el gobierno buscará evitar por todas las vías porque sabe que de ocurrir, quedaría claro que perdieron el control sobre el destino del país.

    Por la manera en la que comenzó el año, todo parece indicar que será muy movido. A corto plazo, se dará un conflicto entre poderes con un desenlace difícil de pronosticar pero cuyos costos pueden ser muy altos, en un contexto en el que la crisis económica demanda soluciones urgentes.

    Se avecina un choque de trenes que parece inevitable, y lo peor de todo es que en sus vagones viajamos todos.

    Twitter: @MiguelVerlarde

  • La mayoría que somos – Daniel Merchán

    La mayoría que somos – Daniel Merchán

    A  la luz de los resultados del 6 de diciembre y con la instalación de la nueva asamblea nacional el 5 de enero de 2016, hay muchas reflexiones que surgen en medio de la celebración por tan grata victoria, pues es verdad, muchos siguen intentado asimilar la contundente muestra de apoyo del pueblo venezolano por el cambio, pudiéramos aducirlo a una campaña verdaderamente admirable, a candidatos a la altura de la circunstancias, a la maquinaria electoral, o al descalabro de la gestión gubernamental, y todo sería cierto, pero especialmente habría que recordar las semillas de esperanza que quedaron sembradas en millones de venezolanos que apostaron aun futuro en mejores condiciones, a no tener que dejar el país, a conseguir oportunidades de desarrollo personal, al cese de los odios y la intolerancia, a la liberación de los presos de conciencia, al control de la corrupción y a iniciar una paulatina transición hacia la verdadera democracia y la institucionalización de la república.

    La mayoría que somos, es esa, no es solo de 112 diputados, no se contabiliza nada más en 7 millones de votos, la mayoría que se constituye en Venezuela tiene una gran dosis de sentimiento popular, el dilema de los votos prestados, partidos políticos, “lideres indiscutibles”,  o fraudes imaginarios, se trata de las esperanzas de toda una población de vivir mejor sin importar tendencias y pluralidades de pensamiento, la unidad finalmente significó el anhelo  interno de cada ciudadano por el adecentamiento de la calidad de vida, y frente a ello como si hablásemos en un guión cinematográfico: “todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad”, pues de ahora en adelante se debe cumplir con las metas pautadas, contribuir al caldo de cultivo de una sociedad renaciente desde sus cenizas, pasando por esa limpieza y reconducción interna por la que han transitado tanta naciones,  Sudáfrica después del apartheid, Chile y Argentina luego de las dictaduras,  Corea del Sur al terminar el conflicto armado con su vecino, Alemania al cesar el nazismo, así como buena parte del mundo al culminar la guerra fría.

    Alexis de Tocqueville señalaba: “las naciones democráticas se preocupan poco por lo que han sido, pero les persiguen visiones de lo que serán”, y esa es la impronta que debe marcar a la Venezuela actual, la de la innovación frente a la crisis, para salir del desfase económico y de la polarización política; no hay sociedad viable cuando en la casa impera la división, la imposibilidad de ponerse de acuerdo, y la estrechez mental para comprender que solo unidos y con el aporte de las mejores propuestas, vengan de donde vengan, se puede avanzar hacia la prosperidad, en todos los ámbitos. Esta mayoría que somos, comparte el rechazo a los 28000 mil muertos consecuencia de la violencia, cifras comparables a la de cualquier guerra declarada, comparte las vicisitudes para sobrevivir en el camino a la hiperinflación, esta esperanzada en el regreso de mas un millón seiscientos mil conciudadanos en el exterior, para no ver el pasaporte como una alternativa ineludible, o por el simple hecho de salir a la calle y conversar con el otro sin temor a expresar cualquier idea producto del disenso libre.

    Es hora de encontrarnos en la sensatez, la justicia, la cooperación, la tolerancia, la libertad, la reconciliación, el trabajo, la paz, y la reconstrucción de la república como ocupación compartida, el esfuerzo vale la pena, merece la oportunidad de redefinirnos de cara al futuro, con sentido plural y democrático, dejando atrás lo que hemos sido en los años más oscuros de la patria como les gusta llamarla a algunos, pero empeñados en ocupar los asientos mas elevados del mundo como nación y como ejemplo para el resto de la humanidad, la capacidad existe, laboral, industrial, académica, gremial, política, cultural, deportiva, tecnológica, etc, es infinita, es meritoria, es indomable, esta resuelta a darnos buenos resultados, es creciente, no solo simple o calificada, es absoluta e irreversiblemente mayoritaria, de todos, por todos y para todos los venezolanos.

    Twitter: https://twitter.com/Daniel_Merchan

     

  • Gracias María Corina – Por José A. Vega

    Gracias María Corina – Por José A. Vega

    Este cinco de Enero cesan en sus funciones los diputados a la Asamblea Nacional electos en el año 2010 para el periodo 2011 – 2015 y asumen los recién elegidos a esta instancia del poder nacional, para los próximos cinco años.

    Unos se van, algunos repiten y otros se inician en estas lides. Pero está el caso particular de aquellos que a través de una sentencia sin juicio previo, la dictadura los despojó de su investidura, no permitiéndoles  terminar el período para el cual el soberano los escogió y que luego, aún no bastando con el primer atropello, se les cercenó el legítimo derecho a postular sus nombres para un nuevo período, esta vez por irritas inhabilitaciones, como es el  caso de María Corina Machado.

    La lista de agresiones que ha sufrido esta valiente  venezolana es larga y bien conocida, entre las que sin duda destaca quizás como la más vil y salvaje la golpiza que le propinara una colega parlamentaria del PSUV, teniendo como testigo la sonrisa y mirada complaciente del perverso Capitán que indignamente ocupara por años la presidencia del parlamento nacional.

    Ciertamente, la voz de María Corina ha incomodado al régimen en el sentido de que ella  representa a esa Venezuela que ya no solo se conforma con la denuncia de los problemas del día a día, sino que señala a los responsables políticos de los males que aquejan a la república y que llamando a las cosas por su nombre desafió a estos victimarios de la libertad, en términos tales, que al finado dictador le reclamó en su propia cara que cuando se expropia al margen de lo establecido en la constitución, se roba.

    Sus valientes y responsables denuncias sobre la precaria defensa de nuestra soberanía nacional por parte del régimen, en lo que al territorio Esequibo se refiere, la tragedia de Amuay, la crisis eléctrica nacional, las alarmantes cifras de muertes de recién nacidos en nuestros hospitales, la injerencia de cubanos en nuestras Fuerzas Armadas, entre otras, sin duda fueron abriendo el camino para que la revolución enfilara sus baterías contra la digna diputada.

    Sin embargo, el despojo de su investidura como diputada, resulto inútil y tardío, porque el mensaje de María Corina ya había traspasado las paredes del Palacio Federal Legislativo y estaba sembrado en la conciencia y el corazón de millones de venezolanos y además trascendido nuestras fronteras a través de la más noble de todas las  investiduras que pueda recibir ciudadano alguno, como el de ser nuestra embajadora de la libertad, desnudando al régimen de Nicolás Maduro ante diversos parlamentos e importantes instancias internacionales, misión esta que contribuyó en buena parte a contar, hoy en día,  con claves apoyos de demócratas de gran talla y referencia mundial.

    Más tarde al impedírsele inscribirse como candidata a diputada en las pasadas elecciones del 6 de Diciembre, la dictadura pensó que inhabilitarla era inmovilizarla y se volvió a equivocar. Esta vez María Corina, calzó una vez más sus zapatos de faena, colgó de los hombros su mochila y ligera de equipaje, pero con el peso que reviste la responsabilidad llevar un mensaje de lucha y esperanza a un país al borde de una crisis humanitaria, salió a recorrer el país, de este a oeste y de norte a sur, apoyando las candidaturas que harían frente al régimen el 6D, organizando a los ciudadanos en torno a la defensa del voto, así como enviando claros mensajes a nuestras Fuerzas Armadas recordándoles su deber de cumplir cívica y profesionalmente sus responsabilidades establecidas en nuestra constitución.

    Es por ello que hoy lo menos que corresponde es dar las gracias a esta gran mujer que ha sabido combinar la elegancia, la nobleza, el respeto  y la inteligencia, con dos imprescindibles ingredientes que requiere un político para enfrentar a este régimen totalitario: la valentía y un gran amor por Venezuela.