Categoría: Opinión

  • La sombra de los socialistas – Por Anderson Riverol

    La sombra de los socialistas – Por Anderson Riverol

    “Ser Socialista, inteligente y bueno es imposible, esto porque si eres socialista y bueno significa que no eres inteligente, si eres socialista e inteligente no es posible que seas bueno, pero sí en cambio eres inteligente y bueno jamás serás socialista”. Anónimo

    Esa frase relata es la descripción más fiel de lo que es un socialista, aquel que saquea no solo la riqueza de los países, sino el talento de sus hermanos colectivizándolos en la miseria.

    El socialista es aquel que cuenta con varias armas en su discurso, el cual puede usar según las circunstancias como:

    La justicia social: cuando el socialista nombra lo que denomina la “justicia social” trata de movilizar el resentimiento de los ciudadanos que tienen necesidades, convenciéndolos de que ellos (los socialistas) en el Estado podrán resolver todos sus problemas y que no hará falta más que su voto para que este súper héroe izquierdista pueda darle a las familias lo que necesitan.

    Claramente, esto llamado “justicia social” no existe, lo que sí existe es la justicia sin adjetivos, donde cada persona como individuo es reconocido y donde los políticos legislan en pro de otorgar oportunidades a través del mérito y reconocen que las sociedades abiertas y globalizadas son donde los que menos tienen de forma más rápida y eficiente pueden surgir y mejorar su calidad de vida.

    El bien común: Cuando se habla del “bien común” el socialista se inspira, pone su mente a trabajar e inmediatamente surge un discurso llenos de falacias para que den sustento a su abstracción y pueden surgir cosas como “El bien común es donde hay seguridad”, “En los países nórdicos hay socialismo, eso es bien común”, “El bien común es donde existen todos los derechos para todas las personas”. Pero este término el “bien común” al final queda vacío de contenido y lo único que queda es adornarlos con globos y guirnaldas.

    Realmente el “bien común” es algo que tampoco existe, aunque si existiese el “bien común”, en una sociedad de 30 millones de personas sería imposible calcular el bien exacto que satisfaga y beneficie a toda la población, pero aun peor,  el “bien común” es usado para atacar a la propiedad privada y la ética del saqueo es impuesta por el socialista a través de este término donde puede expropiar terrenos productivos, empresas exitosas y propiedades, levantando la bandera miserable de la ocupación por la fuerza y candando el himno que reza “el bienestar de muchos es más importante que el bienestar de pocos y por ende aquellos pocos serán sacrificados”.

    Lo que realmente existe es el interés general, donde nadie es agredido ni tratado por la fuerza que la izquierda impone y sus derechos son respetados, pero más allá, ese interés general es el que permitirá que la integridad del individuo sea resguardada por un Estado limitado donde pueda buscar y conseguir su propia felicidad.

    En sí, el mejor aliado de un socialista es el resentimiento, ese sentimiento en impotencia que reacciona al ver el éxito de los demás y que ve como enemigo a todo lo que surja inspirando envidia y odio.

    Seamos individuos buenos e inteligentes, esos que con su trabajo y el sudor de su frente o su ingenio pueden progresar y ayudar a la sociedad a que progrese de la mano con la empresa privada, el Estado que no se entromete en la economía y la cooperación voluntaria.

    Ya la izquierda ha destruido todo lo que ha podido y es hora de detener a estos planificadores arrogantes antes que nuestra república y las repúblicas hermanas sean destruidas nuevamente por ese encantador de serpiente y vendedor de humo que dice: “Yo soy de izquierda, yo soy socialista”.

    «Los cristianos decían ‘Todo lo mío es tuyo»; los socialistas dicen ‘todo lo tuyo es mío». Winston Churchill

     @Riverols

  • ¿Qué es eso de la calidad de vida? – Por Daniel Merchán

    ¿Qué es eso de la calidad de vida? – Por Daniel Merchán

    Una pregunta que se hace mucha gente en el mundo es de qué va el concepto de la calidad de vida, donde comienza, donde termina, cual es el parámetro para medirla, que características tiene en cada sociedad, por que  la mayoría de los pueblos no la conoce a plenitud, y en virtud  de que algunos gobernantes se reservan estipular dicha condición según parcialidades políticas y no en base a las necesidades humanas.

    La calidad de vida hoy esta extraviada en casi todo el planeta, en cada continente, con mayor acentuación en algunos lugares más que otros, y todos pensarían en África, Asia y ciertos espacios de Latinoamérica, pues bien, es un estado que esta arraigado de raíz al respeto de los derechos humanos y al cumplimiento efectivo de las políticas publicas gubernamentales atadas a la participación ciudadana en cada uno de sus sectores para generar inclusión y respuesta a las demandas y deberes de la población.

    Venezuela por ejemplo es el país con el peor índice de calidad de vida en una lista comprendida por 57 naciones, según informó en una oportunidad la encuestadora Numbeo. También un estudio de la consultora Mercer, titulado “Ránking de Calidad de Vida”, que evaluó a 230 ciudades del mundo, ubicó a Caracas en el puesto N° 179, posicionándola como la urbe con peor calidad de vida de América Latina.

    Cuando hablamos de calidad de vida nos referimos a todos aquellos elementos que hacen que la vida sea digna, cómoda, agradable y satisfactoria. En el caso venezolano, sería muy oportuno comenzar hablando de la inflación que, según los economistas más eruditos del globo terráqueo, se ubica desde hace buen tiempo como la más alta del mundo, calculando proyecciones del 700% y rompiendo todo precedente histórico en la economía nacional.

    Cinco años atrás era posible comprar un modesto vehículo del año con Bs 130.000, actualmente dicho monto es el valor de un teléfono celular. Diez años atrás, una cómoda casa en un circuito cerrado podía ser adquirida, a través de créditos, en Bs. 140.000 mil, pero el mismo monto actualmente no permite comprar ni una moto. Actualmente la banca pública y privada, apenas asignan a través de créditos, menos de 5% del costo de un apartamento. El kilogramo de queso blanco duro supera en el mercado los Bs. 1.000, y mayor valor tiene un cartón de huevos. Si a ese monto se suman los tres ceros suprimidos en 2007, se haría entonces referencia a cifras millonarias, que actualmente se pagan por productos básicos y de primera necesidad.

    Una prueba evidente de ello es que, según el más reciente informe del Centro de Documentación y Análisis Social (Cendas), la canasta alimentaria tuvo un costo de Bs. 180.000, Eso quiere decir que una familia con un sueldo mínimo como ingreso solo podrá adquirir  menos de un cuarto de los alimentos básicos. Lo peor del caso es que nadie escapa de la escasez, ni siquiera la red gubernamental: Mercado de Alimentos (Mercal) ha reflejado niveles de desabastecimiento superiores al 80%, según Datanálisis, encuestadora que además reporta que bachaqueros y revendedores de alimentos ocupan 65% de las colas en los mercados del gobierno.

    Adicionalmente, el dólar paralelo superó los 1000 bolívares y sigue creciendo, prácticamente a diario. Lo que no crece, y por el contrario va en picada, son los precios del petróleo, cuyo escenario es crítico. Lo peor es que esta caída de los precios del crudo impacta de forma negativa en la economía nacional. ¿Por qué?, porque de cada 100 dólares que entran al país, 96 provienen únicamente del ingreso petrolero. Asimismo, al caer los precios de la cesta petrolera, la cantidad de divisas que entran al país es menor, situación que continuará promoviendo el alza del dólar y esto a su vez afectará a las reservas internacionales.

    Lo cierto es que, de acuerdo con las estimaciones realizadas por los investigadores económicos de varias universidades del país, la proporción de pobreza para el año 2016 es de 65%, es decir, más de 20 millones de venezolanos estarán en situación de pobreza al finalizar este año debido a todo lo antes expuesto. ¿Podrá tener calidad de vida el venezolano con semejante situación financiera?

    Pero las malas noticias continúan, pues los males de esta nación petrolera no son únicamente económicos. El tema del crimen y la violencia ha ubicado a Venezuela en sitiales muy negativos, posicionándose como el segundo país más violento del mundo, al tener una tasa de homicidios de 53,7 por cada 100.000 habitantes, según un informe elaborado por la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Y es que, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), desde 1999 hasta 2015 se registraron casi 300 mil muertes violentas. Esto sin ahondar en temas como el secuestro, el tráfico ilegal de drogas y la corrupción, que también son parte del día a día.

    De esta forma podría aseverarse que las cifras sobre cómo vive el venezolano hoy en día no son nada alentadoras. Por eso, desde el punto de vista objetivo y estadístico, la calidad de vida en Venezuela ha decaído a niveles sin precedentes. Incluso, desde el punto de vista subjetivo (que es otra manera de medirla) el panorama es desastroso.

    En las mas recientes encuestas se determinó que 9 de cada 10 personas considera que Venezuela no podrá recuperar su calidad de vida si no se estabiliza la economía, si no se le pone un stop a la inseguridad y si no se acaba con la escasez, la corrupción, las fallas en los servicios, el bachaqueo y las colas, para lo cual solo hay un escenario posible, el cambio de modelo económico y político de forma inmediata, en esta antigua “tierra de gracia”, lo urgente y lo importante se han combinado en formula para declarar una emergencia humanitaria de una calamidad demencial y colosal, de la patria de Bolívar solo queda el nombre, hoy requiere con urgencia de la asistencia internacional y de la voluntad nacional para no acabar de consumarse en un estado fallido.

    @Daniel_Merchan

  • La balsa – Por Pedro Urruchurtu

    La balsa – Por Pedro Urruchurtu

    Lo que nadie jamás habría podido imaginar: un hombre es hallado sin vida en las costas de Aruba, procedente de Venezuela, luego de huir en balsa. Peor aún, se convierte oficialmente en el primer venezolano en intentarlo, sin éxito. Eso somos hoy y a eso hemos llegado.

    Por muchos años, la balsa significó el único vestigio de libertad para el pueblo cubano. Con cada viaje, se iban sueños, desesperación y necesidad. Independientemente del éxito o no, la miseria no dejaba otra opción que ir a buscar algo más -o sencillamente algo-.

    Muchos, por años, dijimos que Venezuela jamás tendría una situación similar. De hecho, con tan sólo pensar que Cuba es una isla y nuestro país no, bastaba para incluso burlarnos ante semejante posibilidad. La realidad nos estalló en la cara.

     Irónicamente, mientras Cuba entendió que necesitaba abrirse al mundo y cambiar, por mucho o por poco, parte de su situación, nuestra nación retrocede a pasos agigantados hacia lo que los mismos cubanos y su régimen saben que ya no funciona.

    Nada justifica esta situación. Nada justifica que un país como Venezuela (o como Cuba) padezca semejante barbarie. Nada justifica tal desesperación, salvo una cosa: la maldad del poder. Así funcionan estos regímenes, a los cuales no les importa en lo más mínimo sacrificar millones de vidas con tal de mantenerse al mando en nombre de ideologías trasnochadas, inútiles y fracasadas. La historia está llena de ejemplos aunque nos neguemos a aprender la lección.

    ¿Cuántas balas, aviones (y ahora balsas) debemos contar para darnos cuenta de que el país se nos desmorona en frente? ¿Cuánto más vamos a esperar para entender que la intención de este régimen nunca fue la democracia, nunca fue desarrollar a Venezuela sino, por el contrario, destruirla y hundirnos en la más profunda tragedia mientras ellos se aferran al poder? ¿Cuántas más lágrimas de sufrimiento y desesperación por no encontrar medicinas o alimentos deben derramarse para comprender que deben irse ya? ¿Qué más vamos a esperar para llamar a esto y sus artífices por su nombre y actuar en consecuencia para que se vayan?

    Nos han aislado dentro y fuera; nos han colocado las más cruentas barreras que un humano puede enfrentar: hambre, odio, envidia, violencia, reproche, destrucción, miseria y pare usted de contar. Han hecho de la barbarie nuestro día a día, mientras la civilización cada vez parece estar más lejos, como la brecha que hoy nos separa del mundo.

    Me niego a creer que en Venezuela los sueños tienen fecha de vencimiento; me niego a sentir que lo poco que queda huirá en una balsa o en lo que primero que aparezca por el paso. Me rehúso a que la última opción sea esperar y que, mientras tanto, todo valga menos, incluyendo la vida. No es justo que todo lo que pudimos tener aquí, se intente conseguir en un mar lleno de peligros y de esperanza, a cambio de hallar cosas mejores o morir en el intento, aún en nombre de la vida.

    Al final, llegamos a la encrucijada en que tenemos que decidir entre un país agonizante y un régimen que quiere matarnos.

    Es la hora de la libertad. No dejemos que sea una balsa o un avión nuestra única referencia para ser libres. Hagamos todo lo que nos corresponde como sociedad y como ciudadanos para salir de esta tragedia; entendamos que sólo en libertad saldremos adelante. Comencemos por algo muy simple y concreto: Organicémonos y hagámosles saber que tienen que irse… hagamos que se vayan; ¡hagamos que renuncien ya!

    Twitter: @Urruchurtu

  • Una data indispensable – Por Luis Barragán

    Una data indispensable – Por Luis Barragán

    Las academias nacionales de Medicina, Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, responsablemente coinciden en su llamado al gobierno para que publique toda la información necesaria que permita vigilar, prever y enfrentar el zika, chinkungunya y malaria que ha plagado a la población desarmada – por cierto – de los más elementales medicamentos para combatir las infecciones, asediada por los zancudos. Recomendando las acciones del caso, las referidas instituciones ponen en evidencia a las autoridades desinformantes.

    Abstenerse de publicar las cifras (macro) económicas que la Constitución y las leyes ordenan, difiriéndolas bajo cualquier o ninguno de los pretextos, de suyo grave, es diferente a la omisión de relacionadas con la salud. Éstas tienen un carácter de urgencia que los intereses gubernamentales no deben aplazar, pues, evidentemente,  está en riesgo la población adicionalmente – repetimos – desarmada.

    Comprometida la integridad física de las personas, el ocultamiento, la manipulación, la adulteración o falsificación de una data indispensable, pisa los terrenos más delicados en el ámbito penal. Incluimos, la omisión – deliberada o no – para recolectar los datos.

    Consabido, el fraude estadístico es una calamidad de todos estos años y, en materia de salubridad, no deseamos siquiera pensar que ocurre algo semejantes al de otros ámbitos, porque – valga la contradicción ya clásica – las cifras de construcción de viviendas que publicita incansablemente el gobierno nacional, no se compadece con las que retratadas por el BCV sobre la contracción de la industria de la construcción. Importa saber si hay más de dos o tres personas afectadas por una enfermedad contagiosa, en un condominio residencial, como también del fenómeno que se extiende en una comunidad más amplia, la disposición médico-asistencial, la posibilidad de medicamentos y el reforzamiento de las precauciones que favorezcan – sobre todo – a la población infantil.

    En las redes sociales, por ejemplo, Guillermo Martín pregunta en torno a la data sobre el VIH, subrayando la del Delta del Orinoco, extendiendo legítimamente su preocupación en torno a los parlamentarios de oposición que tienen por profesión la medicina, olvidando el diagnóstico elaborado por sendos equipos multidisciplinarios en diferentes campañas electorales, circunscritos a casos políticamente muy circunstanciales en detrimento del dramático colapso de alrededor de cinco mil centros de salud. Como vemos, el problema es complejo aún para la refutación opositora.

    @LuisBarraganJ

  • La Venezuela que nos abandonó – Por Pedro Urruchurtu

    La Venezuela que nos abandonó – Por Pedro Urruchurtu

    Siempre es bueno volver al ruedo de la escritura. Después de una pausa necesaria y muy reflexiva, vuelven los análisis de una realidad que, como digo yo, tiene más respuestas que preguntas.

    Hoy, nadie podría dudar que Venezuela es el mejor país del mundo por múltiples razones: paisajes envidiables, comida incomparable, clima cautivador, posición privilegiada, en fin. Todo aquello de lo que estamos seguros no sólo porque lo hemos visto sino porque también nos lo han dicho.

    Pero, ¿y si pensamos por un momento en esa Venezuela que nadie ve? Por un momento podríamos decir que hay muchas cosas de nuestro país que no vemos, pero quiero detenerme quizá en las peores; esas que han hecho de Venezuela todo menos ese paraíso del que aún hablamos con orgullo.

    Nuestra nación es otra. Es totalmente gris, totalmente esquiva, es prácticamente oscura y sin rostros de alegría. Es un país donde la supervivencia se comió la amabilidad, donde la vida próspera se convirtió en la miseria del subsistir. Si alguien me preguntara hoy como siento a Venezuela, le respondería que la siento agonizante, viendo de qué valerse para al menos sostenerse como país.

    No es que la calidad de vida se ha venido a menos; es que sencillamente no hay calidad de vida. Toques de queda voluntarios, horas en colas por el “no sé qué llegue hoy pero algo llegará”, pacas de dinero que son más útiles forrando paredes que comprando algo, crimen desatado y su paranoia desatada. No hay ni el más mínimo indicio de paz, sólo reina el miedo, la incertidumbre permanente, el ruido de los rumores, la desesperanza que se esconde tras el “esto tiene que cambiar”, y, como ya lo he dicho, la bala o el avión que son destinos finales en todo sentido.

    De un lado, tenemos la crisis más terrible que podamos haber vivido. Las vidas se pierden a ritmos acelerados, el hambre llega como el inquilino de turno, el país está paralizado entre la voluntad de destrucción de unos pocos y el deseo de cambio de muchos. La región se tambalea entre la corrupción y los pecados de los sospechosos de siempre, la dirigencia de nuestro país debate cómo salir de la tragedia, pero no pareciera tener apuro, salvo contadas excepciones que entienden la urgencia de cambiar. Suponemos que tenemos una mayoría arrolladora, que en realidad ha sido arrollada desde el primer día, y sólo algunos piensan en la mejor vía para acomodarse en el poder, como si algo de eso fuese a quedad en este país arruinado.

    Ni hablar de la brecha que existe entre nosotros, como intento de país viendo cómo garantizar lo mínimo para la subsistencia, y otras naciones que dan por sentadas cosas que nosotros creíamos superadas y hoy nos hunden. Nos están alejando no sólo en kilómetros, sino en años, personas, desarrollo y oportunidades. Nos están condenando al pasado en un mundo que sólo tiene ojos para el futuro y que hasta países como Cuba lo entendieron.

    Fuera de nuestras fronteras abundan los rostros venezolanos que han tocado el éxito tras mucho sacrificio. La diferencia es que el sacrificio, para ellos, tenía un horizonte vistoso; aquí el sacrificio huele a inmolación. A veces da dolor ver cómo quienes quisieron darlo todo por este país no tuvieron más remedio que darlo afuera, sirviendo a otra nación, encabezando grandes o pequeñas posiciones, pero con el orgullo de decir que son venezolanos.

    Muchos dicen de esos venezolanos que se han ido, desde hace mucho o hace poco, que abandonaron el país. Lo cierto es que muchos concuerdan en que no fueron ellos los que abandonaron Venezuela, sino que fue Venezuela quien los abandonó a ellos. Y pensando detenidamente, ciertamente ese país despampanante y colorido nos ha abandonado a todos, se esfumó, dejando su cara más vil y deprimida, transformando a la gente en lo que no era y haciendo más resistentes que nunca a los que se niegan a cambiar.

    Sí, podríamos decir que Venezuela aún tiene mucho para dar. Emprendedores por doquier, soñadores del día a día, vencedores de barreras, héroes anónimos. El asunto es que cada vez puede resultar cuesta arriba lo bueno, cuando lo malo es lo que acecha y lo que se premia. Quienes se han quedado, en un ejercicio firme de valentía, saben que eso es meritorio y que tiene su recompensa, porque en el fondo añoran una Venezuela que conocieron o que alguna vez quisieran conocer.

    Estemos afuera o adentro, todos sabemos que hay una Venezuela que nos abandonó. Ese país que nos dejó solos ciertamente lo hizo no porque quería sino porque en eso lo convirtieron. El objetivo era ese: hacernos sentir ajenos, distantes, abandonados. Pero a la vez buscaban doblegarnos, hacernos sumisos y obedientes. El punto no es si lo lograron o no; el punto es que discutir eso a esta altura del juego es seguir dándoles la razón.

    El reto supone ser aún mayor que toda esta gris verdad. El reto supone encontrar a esa Venezuela que nos dejó y hacer que la actual se vaya lejos. Para lograr eso, nos necesitamos todos; desde quien vive en el rincón más inhóspito del país hasta quien está en la ciudad más desarrollada del mundo. No es más valioso el que se fue o el que se quedó; no es más cobarde el que prefirió buscar otras oportunidades que el que siguió creyendo que Venezuela era la oportunidad. Todos somos necesarios, todos somos útiles, tarde o temprano. Al final, todos queremos a la Venezuela que nos abandonó.

    @Urruchurtu

  • El cambio en Venezuela también es moral – Por Manuel A. Gómez

    El cambio en Venezuela también es moral – Por Manuel A. Gómez

    En los últimos dos o tres años Venezuela ha estado inmersa en distintas actividades que responden a gran necesidad de los posteriores años, un cambio de modelo, un cambio de gobierno.

    La crisis política que enfrenta el país responde a la mala gestión y políticas ejecutadas de manera ineficiente que ciertamente no han respondido a la necesidad de aumentar la calidad de vida, pero si responde al despilfarro y estancamiento del país. Los venezolanos además, no hemos soportado esta crisis económica, pues hemos ido por inercia estos años soportando este encierro circular que nos mantiene con la soga en el cuello y con el bolsillo sin medio.

    Son múltiples los problemas que enfrentamos como ciudadanos de un país con tantas riquezas, mismos que ya conocemos cada uno. Pero, es innegable que el país urge de un cambio, desde cualquier aspecto, visión y percepción, es urgente.

    Los venezolanos debemos estar preparados para cambiar el país, pero este no será posible sino los ciudadanos no se preparan desde ya, pues también es necesario un cambio social, los venezolanos atravesamos una crisis moral profunda que también necesitamos cambiar, no es posible que un país los ciudadanos sean tan separados de los hechos que les afectan, tal pareciera que el termino humano no conmueve a quienes lo son.

    Los valores forman, construyen y hacen una sociedad, estos demuestran su esencia. La crisis venezolana ha traspasado algo tan esencial, propio de cada ser humano, en lo que se debe comenzar a trabajar, pues hará falta ciudadanos conscientes, arraigados a sus principios para poder reconstruir una nación que se devasta por horas y segundos de cada día.

    La moral ligada al sentimiento fiel como ciudadano es acto propio intangible. No se puede, ni se debe permitir que los valores sean arrebatados por hechos políticos, es allí cuando una sociedad debe responder a estos. Tal como emana la constitución venezolana, debemos ser los ciudadanos fieles a nuestros valores y principios, para mantener nuestra esencia.

    Ante la crisis catastrófica del país, los venezolanos actúan como seres insensibles ante el llanto y drama de sus conciudadanos, pues no bastará con la restructuración política del país, se necesitará la disposición y autenticidad de cada persona para rescatar y refundar los valores, como esencial de la recuperación moral como parte de la transición de una nación que debe levantarse y esgrimirse de la mala imagen que se tiene.

    No solo se necesita millones de ciudadanos dispuestos a cambiar un país, se necesita el doble dispuesto a comenzar el cambio desde ya y desde cada uno aportar el “granito de arena”.

    @ManuelGomezve

  • Dos estados, una realidad – Por Gabriela Ruiz

    Dos estados, una realidad – Por Gabriela Ruiz

    En su afán de controlarlo todo, para así mantener a la ciudadanía de rodillas, el régimen de Nicolás Maduro está empleando los históricos e infaustos mecanismos de represión y de sometimiento que toda la vida la izquierda autoritaria ha utilizado.

    Quisiera, si me lo permiten, mostrarles a continuación una realidad en dos estados diferentes del país, que ejemplarizan el proceso de humillación social y colectiva que lleva adelante Maduro gracias a su sistema arcaico de gobierno.

    Desde la cumbre del poder idearon el método de entrega directa de alimentos “del agricultor al consumidor”, no obstante lo que realmente escode este planteamiento es la centralización aún más aguda de los procesos de comercialización de alimentos, lo que utilizarán para intentar someter, vía estómago, a la población venezolana.

    Veamos un momento, en zonas periféricas o de expansión en el área metropolitana de Anzoátegui, puntualmente el eje San Diego-El Rincón en el municipio Sotillo, y la el área limítrofe entre la Parroquia El Carmen y Naricual: El Eneal, La Pica del Neverí, La Caico, en el municipio Bolívar, observamos cómo se está aplicando la presión por comida.

    A través de listados controlados por personeros locales del partido oficial, el régimen pretende amedrentar o sobornar con bolsas de comida a la ciudadanía. Mediante la implementación de carnet y obligando a los ciudadanos a apoyar a Maduro buscan arrodillar al pueblo usando el hambre como vía.

    Pero, tristemente, esto es parte de una política que no sólo vivimos en Anzoátegui, sino que se extiende por varios rincones del país.

    Por ejemplo, en Chaguaramas,  uno de los 15 municipios que integra el estado Guárico con una población de aproximadamente 15.827 habitantes, se observa cómo se humilla a sus ciudadanos,  en especial a las madres y abuelas chaguarameras,  quienes tienen que someterse a la humillación de una bolsa de comida para conseguir alimentos debido a la escasez que vive nuestro país.

    Este municipio guariqueño históricamente se le reconoce por ser el municipio del estado Guárico que más héroes aportó a la lucha independentista (Manuel Cedeño, Pedro Zaraza, Juana Ramírez, Julián Infante, y Francisco Manuitt), no obstante hoy su gente es subyugada por el hambre y por un régimen que no tiene miramientos de ningún tipo.

    En esta estrategia de “guerra de estómago” vemos como la Guardia Nacional Bolivariana se convierte en otro abasto más, ya que los camiones que ellos decomisan se lo venden a la población, creando en sus instalaciones largas colas, donde los efectivos militares maltratan a los ciudadanos.

    En Chaguaramas se tiene que implorar a la Gobernación que baje los recursos ya que por el alcalde ser de oposición el municipio quedó excluido del mapa y  subsiste de aporte quedan ganaderos de la población.

    Tanto aquí en Anzoátegui como en Guárico podemos vivir en carne propia las políticas ruines de un régimen que emplea, y empleará, cualquier mecanismos paralegal, metalegal o simplemente ilegal e inhumano para mantenerse en el poder.

    @GabrielaRuiz93

  • El voto de los venezolanos en el exterior – Por Luis Barragán

    El voto de los venezolanos en el exterior – Por Luis Barragán

    Recientemente, los parlamentarios adscritos a Vente Venezuela, consignamos por la Secretaría de la Asamblea Nacional el Proyecto de Ley de Reforma Parcial a la Ley Orgánica de Procesos Electorales, en cuya redacción participaron el abogado constitucionalista Tomás Arias y el ingeniero Humberto Villalobos, experto en materia electoral.

    El proyecto en cuestión prevé la separación temporal del cargo público que ostente un aspirante a la reelección, reduciendo la posibilidad del ventajismo político y del propio empleo de los recursos públicos; la definición anticipada de los centros electorales, evitando la creación sobrevenida e interesada de otros; el impedimento de la extensión artificial del horario de votación, susceptible de manipulaciones; la garantía de la transparencia y apertura del proceso de totalización, permitiéndole al ciudadano la observación en tiempo real; el fortalecimiento de la  participación y verificación de todos los aspirantes involucrados, abriéndoles las comisiones de totalización, y la eliminación de las ambigüedades respecto a la verificación ciudadana, extendiendo la verificación y conteo de todos los comprobantes de votación, transparentando un sistema que no debe quedar bajo la discrecionalidad del Consejo Nacional Electoral (CNE). Empero, no menos importante es la universalización del sufragio en relación a los venezolanos que se encuentran en el exterior.

    En efecto,  fenómeno inédito en toda nuestra historia, quizá dejando atrás proporcionalmente las consecuencias que produjeron las guerras de independencia y de la federación, en el siglo XIX, hoy se habla de aproximadamente dos millones de venezolanos que han cruzado la frontera por incuestionables razones económicas y sociales, además de las políticas. Exilio involuntario que no representa renuncia alguna al sentimiento patrio, tienen los más variados destinos y oficios desempeñados con sacrificio y honestidad.

    El régimen ha intentado estigmatizarlos, evitando responder por una situación que enteramente él ha provocado. Por cierto, parte de sus funcionarios y ex – funcionarios que, por motivos nada plausibles, gozan de los aires extranjeros, amparados por los capitales que lograron sacar del país, no remite precisamente a una galería digna de imitar.

    Lo cierto es que existen venezolanos a los que injustamente se les impide votar en el exterior y, preservando intacta su nacionalidad, tienen derecho a expresarse en todos los eventos comiciales, imposibilitándose el traslado a sus circuitos naturales. Contemplado en la necesarísima reforma legal de marras, la eficaz universalización del sufragio apunta a aquellos que, por muy distantes que se encuentren del suelo patrio, están en el deber y el derecho de opinar en una era de grandes adelantos tecnológicos que así lo facilita, impidiendo – valga acotar, entre otras medidas  – la caprichosa manipulación gubernamental de las sedes consulares y diplomáticas, con sus cierres y mudanzas, síntesis de una injusta e impune agresión.

    @LuisBarraganJ

  • Noche oscura – Por José Dionisio Solórzano

    Noche oscura – Por José Dionisio Solórzano

    Las garras del oficialismo parecieran afilarse cada vez más. Así como la noche se va volviendo más espesa e impenetrable, de esa misma forma el régimen actual venezolano va profundizando su revolución.

    Las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que atentan contra la voluntad mayoritaria de los venezolanos expresada en elecciones el pasado 6 de diciembre, las posiciones económicas y medidas aplicadas por el Ejecutivo Nacional apuntan a que, a pesar de todo lo vivido, en Miraflores no agarran escarmiento.

    La noche se hace más oscura, cuando vamos al mercado y los precios aumentan de forma vertiginosa; vemos con asombro como la inflación se atraganta de un bocado los raquíticos sueldos que ganan nuestros trabajadores.

    Observamos como la escasez aumenta cada vez más, en la medida que el mercado negro, aunque no le guste este calificativo y los personeros del gobierno prefieran la rebuscada y fina expresión de “mercado afro-descendiente”, se expande más allá de los dólares y llega a los cauchos, baterías, repuestos, espagueti, arroz, harina precocida y a cualquier rubro que usted, apreciado lector, se pudiera imaginar.

    Se hace espesa la noche, cuando palpamos que la delincuencia campea por doquier y se institucionaliza el temor en todos los rincones de la nación.

    Se va profundizando la revolución en la obstinada manía de los voceros del régimen en negar la realidad, siendo el caso más patético la infame declaración del gobernador de Bolívar, Rangel Gómez, quien sostuvo y hasta estuvo a punto de jurar en vano, que en Tumeremo no había ningún muerto.

    La noche se hace más oscura en Venezuela, en la medida que avanzan los días y la crisis económica se profundiza hasta el punto que hemos tenido que comprar petróleo a los Estados Unidos porque ya ni siquiera somos capaces de producir, extraer y/o procesar nuestro propio crudo.

    Crece la penumbra cuando vemos con los uruguayos, actuando como dicta la lógica, nos reclama a nosotros la cancelación de una deuda multimillonaria de supuestos alimentos, ¿llegarían  éstos a la mesa de los venezolanos? esta sería la gran interrogante.

    Mientras los cubanos se toman de las manos, cual nuevos enamorados, con los gringos, y los países de Petrocaribe, que se chuparon millones de litros de petróleo a costilla de nuestro patrimonio y gracias  a la visión apátrida de Hugo Chávez, el régimen  de Maduro va quedando solo y aislado.

    Y prosigue la noche su transitar trayendo más oscuridad a todos los venezolanos.

    Pero, por muy oscura y larga que sea la noche, siempre al final vencerá la claridad. Mientras más oscura parece la noche, más cerca estamos del amanecer.

    Mientras el régimen pretende profundizar su revolución, con cada paso que da en esa dirección el país entero se aproxima a un desenlace democrático, constitución y pacífico de esta historia. Mientras los días avancen estaremos más cerca del fin del modelo socialista y del renacer de la Venezuela libre.

    El alba se acerca y con ella la Venezuela que soñamos. ¡Amén!

    Twitter: @jdsolorzano

  • #MaduroRenunciaYa – Por Jose A. Vega

    #MaduroRenunciaYa – Por Jose A. Vega

    En el marco de la denominada HOJA DE RUTA DEL CAMBIO 2016, planteada por la mesa de la unidad democrática, y que contempla la aplicación de los diversos dispositivos constitucionales que permitan, de forma pacífica, poner fin este año a este régimen, se ha llamado a una gran movilización nacional de cara a solicitar la renuncia de Nicolás Maduro.

    Ante la solicitud de la renuncia a Nicolás Maduro algunos personeros del régimen han manifestado que la renuncia es un acto voluntario y que si es bajo presión se convierte en un acto hostil, un hecho desafiante al Estado y de violación de la Constitución.

    También  hay voces que sostienen que es de ingenuos solicitar y esperar que Maduro renuncie.

    Pues bien, en mi condición de ciudadano considero que la solicitud de renuncia a un gobernante no puede considerarse un acto hostil ni mucho menos anti-constitucional, sino que por el contrario constituye un ejercicio directo de la soberanía.

    El art. 5 de la CRBV dice:”La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”.

    Es decir, que al elegir  a un gobernante se le delega la responsabilidad de gobernar pero no se le transfiere la soberanía y es el gobernante como representante de un órgano del Estado quien está sometido a la soberanía popular y no al revés.

    Y es también como ciudadano, que interpreto como el ejercicio directo de la soberanía el desconocimiento a   la “autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos” tal como lo establece el art. 350 de la Constitución.

    En razón de ello la renuncia no depende solo de un acto voluntario de un gobernante, se trata también de someter al máximo mandatario a la soberanía popular tal como lo establece la constitución.

    Pedir la renuncia a Maduro, no esuna cuestión de ingenuidad, es cuestión de asumir el compromiso histórico de decir ya basta  a un régimen que evidentemente menoscaba los derechos humanos al reprimir, encarcelar sin delito y torturar a quien lo adversa, un régimen que  no ha sido capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y con ello enlutado a más de 200.000 hogares en los últimos 17 años, que ha condenado a un pueblo a morir de mengua por falta de medicamentos y adecuados centros de salud, que como toda dictadura comunista se sirve de la escasez como instrumento de sumisión y control ciudadano, que ha forzado a más 1.400.000 venezolanos a buscarse la vida en otras latitudes porque ha destruido, como parte de su proyecto político, la generación de empleo. Un régimen que dilapidó la mayor renta petrolera que ha tenido gobierno alguno en la historia, que destruyó PDVSA y dejado como parte del legado una inflación de más del 3.000 % y vacías las arcas de la nación. Un régimen que en su afán de expansión de su trasnochado y fracasado proyecto político, hipoteco a la Nación en beneficio de sus aliados ideológicos y en perjuicio de quienes nacimos, crecimos y construimos este hermoso país.

    Cabe entonces preguntarse si es de ingenuos ante tan sombrío escenario solicitar la renuncia de la cabeza de todo este entramado de corrupción, ineficiencia y perversión. Ingenuos seremos si enmarcamos nuestra lucha por el rescate de la República, exclusivamente en el ámbito y bajo las condiciones que al régimen le conviene y nos inhibimos del legítimo derecho a ejercer la protesta.

    Si en una democracia es un legítimo derecho exigir la renuncia a un Presidente, en una dictadura tal derecho se convierte en un deber ciudadano, en un acto de dignidad y de responsabilidad.

    En la historia abundan casos de dictadores, que aún el día anterior a su renuncia o huida negaban tal posibilidad.

    Aquí no sólo se trata de lo quiera Nicolás Maduro. Los ciudadanos no podemos condicionarnos a exigir lo que por derecho nosestá consagrado, en función de si seremos o no atendidos en nuestra exigencia, porque quien clama por la libertad no condiciona su grito a ser escuchado.

    Twitter: @JoseAVega