Categoría: Opinión

  • De aquella y esta guerra civil – Por Luis Barragán

    De aquella y esta guerra civil – Por Luis Barragán

    Entre el 17 y 18 de julio de 1936, Francisco Franco iniciaba el alzamiento desde Melilla que, pocos años más tarde, daba al traste con la república peninsular que transitó una pavorosa y confusa guerra entre hermanos. Un saldo dramático de muertos y familias transterradas, explicó la radical pugna de los extremos, liquidando un proyecto reformista harto comprobado (por ejemplo, véase el lúcido trabajo de Josep Fontana, “La II República: un proyecto reformista para España”, en Sistema. Revista de Ciencias Sociales, nr. 154 de 01/2000, Madrid).

    De una abundante historiografía que no cesa, pueden abonarse numerosas interpretaciones e impresiones en este lado del mundo. Por lo pronto, invocaremos tres que conciernen a la Venezuela de estos tiempos.

    De un lado, la banalización de la guerra civil, pues, haciéndola, los ibéricos la creyeron al principio de una brevedad que autorizó la apuesta. Maduro Moros, como su antecesor, nos ha amenazado con ella, aunque la creemos en pleno desarrollo, sometidos a una diaria e  intensa violencia callejera y al hambre que ha generado, en la que es el gobierno el único sector armado para librarla contra el resto de los venezolanos.

    Del otro,   los integrantes y promotores de la Junta de Burgos, nunca se imaginaron en el cadalzo de un golpe de Estado por etapas, como lo fraguó y logró el gallego para quedarse en el poder hasta la muerte, legando un país atrasado. Acá no estamos exentos de aquella sentencia popular que versa sobre la ganancia de pescadores en ríos revueltos, sobrando los comentarios.

    Finalmente, el fanatismo pasó factura en ambos bandos peninsulares.  Sin embargo, insistimos que casos como los de Manuel Azaña o Andreu Nin,  pueden ser todavía útiles para algún dirigente venezolano que nos crea en una divertida etapa de nuestra historia.

    @LuisBarraganJ

  • Estos no son juegos, Maduro – Por María Corina Machado

    Estos no son juegos, Maduro – Por María Corina Machado

    Si algo me quedó claro esta semana, particularmente durante mi recorrido por Guatire, en el estado Miranda, es que hemos pasado un umbral, un límite: La indignación superó a la paciencia. Es algo notable considerando que durante todos estos años los venezolanos hemos demostrado que somos un pueblo pacífico y democrático, aún a pesar de que la violencia, la pobreza y la degradación moral han sido política de Estado durante 17 años. Sin embargo, hay algo frente a lo cual el ser humano no puede resistirse, y eso es el hambre; y ni siquiera hablo del hambre propia, sino del hambre de un hijo. Ese es un límite frente al cual no es posible someter a un ser humano. Y este régimen nos ha empujado hasta allí. Por eso, cada día que pasa se nota el cambio en el ánimo, la actitud y en el discurso de la gente. Se ha producido un quiebre, aunque algunos no quieran verlo.

    Frente al Hiperplaza de Guatire estaba un enorme grupo de personas, mujeres en su gran mayoría, que a esa hora, pleno mediodía, llevaban hasta 36 horas esperando en una cola para comprar comida, “lo que haya”. Durante esas horas les llovió cuatro veces encima, y lo más duro es que regresaban a sus casas sin nada en las manos, porque simplemente no hay comida que comprar. “Meses sin darle leche a mis muchachos”, me dijo una madre de 3 varones, “a veces una logra conseguirla bachaqueada, pero ya a 5.000 bolívares. Cuando hay, no la puedo pagar… Nos estamos muriendo de hambre”, decía indignada.

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    Una madre que enfrenta la mirada de hambre de su hijo es capaz de todo. Quien lo dude, que se lo pregunte a las guerreras de Ureña… Y a eso es lo que nos ha llevado este régimen, y lo ha hecho conscientemente. Cuando Maduro rechaza la ayuda humanitaria que nos ha ofrecido la Iglesia Católica y otros organismos internacionales —miles y miles de kilos de alimentos y medicinas que estarían ya hoy repartiéndose en el país—, no es solo es la demostración de su indolencia y maldad, sino que refleja la perversidad de un sistema que prefiere ver a un país arrasado antes de perder el poder.

    Guatire es una comunidad hastiada y dispuesta a todo por conseguir comida. Y de una vez.

    La sociedad venezolana en su desesperación deja de escuchar razones, y de esperar soluciones de un acuerdo político cuyos plazos no entienden del hambre ajena. Este es un sentimiento muy, muy peligroso, que si se desborda llegará a desconocer a quien sea, al régimen y sus cuerpos de seguridad o incluso a quienes pretendan, en una negociación de espaldas al pueblo, darle oxígeno al sistema que provocó todo esto.

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    Las guerreras de Ureña nos demuestran de lo que es capaz un pueblo cuando se organiza para hacer valer sus derechos. Esa es la rebeldía que surge de la indignación frente al descaro del régimen, cuya única respuesta al hambre ha sido negarla, reprimirla o burlarse. La gente no acepta más burlas. No más cinismo y crueldad del estilo “cuando se acabe el mango, coman mamón”. ¡¿Cómo se les ocurre?! Me lo decía Yadira, una joven madre guatireña, con indignación: “Yo estoy desde las 5 de la mañana de ayer aquí. Ya voy para día y medio esperando. ¿Cómo es posible que nos digan que comamos mango?”

    A estas alturas, no hay lugar posible para el chiste o el sarcasmo; nuestra gente muere de hambre. Y el hambre no espera. Estos no son juegos, Maduro.

    @MariaCorinaYa

  • Militarización fatal – Por Luis Barragán

    Militarización fatal – Por Luis Barragán

    “El pretorianismo venezolano no es solamente militar,
    presenta un componente civil pero no civilista que
    se aprecia como una constante histórica desde el
    siglo XIX y sus caudillos hasta los inicios mismos
    del siglo XXI”
    (Domingo Irwin)

    Ganando la batalla el olvido, muchas de las evidencias del intenso y libérrimo debate que facilitó el triunfo de Chávez Frías finalizando el siglo XX, fruto de unas elecciones pulcras, transparentes y –es necesario decirlo– luego irrepetibles, han desaparecido o tienden a desaparecer. Sobre todo en lo que concierne a la corporación castrense que hoy está optando por un tránsito inconstitucional, dada la abusiva jefatura suprema que,  aun siendo de Estado, ejerce el revocable Nicolás Maduro.

    Por entonces –reconozcamos- hubo la numerosa variedad de programas radiotelevisivos de información y opinión, empresas de transcripción y de transmisión e, incluso, apenas conocida por las grandes mayorías, la red de redes se hizo eco del libre debate. Una breve muestra ejemplifica el tono y hasta la hondura que contrastan con el presente, administrados con escasa habilidad la (auto) censura y el bloque informativo por un gobierno que reclama  los consabidos y ya remotos hechos del 4-F, como fuente de  legitimidad.

    Todavía inadvertido por importantes sectores de opinión, por ejemplo,  el insigne académico, ya desaparecido, Domingo Irwin llamó la atención en 1999 sobre el “aspecto neurálgico, básico del problema, que son [las] relaciones civiles [-] militares”, resquebrajado  el control del sector civil sobre el militar en 1992 y, faltando poco,  observaba “una resistencia a estudiar y sobre todo en medios académicos, el tema de las relaciones civiles [-] militares”, para reclamar la necesidad de formar especialistas en la materia, porque –además–  “no se le puede dejar al sector militar el monopolio del tema de la seguridad nacional, el monopolio del tema militar”. Difiriendo de Agustín Blanco Muñoz sobre la conexión entre los sucesos de 1989 y 1992,  Irwin consideraba que la otrora situación política signada por el llamado a una Constituyente, era “una cortina de humo que esconde lo que son los problemas reales del país, que son de carácter económico y social y hay que esperar a ver la implantación de una política económica…”  (cita extraída de la emisión del 4 de febrero de 1999 del programa “Triángulo”, emitido por Televen)

    En su momento, de una mayor difusión que los reportajes, testimonios y ensayos históricos  posteriores tuvieron, el propio Chávez Frías enfatizaba a Napoleón Bravo, hoy desterrado de los medios venezolanos: “El Pacto de Punto Fijo ideado por Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, les quitó a los militares incluso el derecho a expresarse, el derecho a participar, el derecho a emitir opiniones, con eso de que las Fuerzas Armadas son obedientes y no deliberantes […] les puso una mordaza a los militares y trató además de manipularlos, metió a mano y tuvo injerencia profunda en los cuarteles, incluso, para ascender a un grado de Coronel y de General […] El papel de los militares tenemos que reincorporar a los militares a las labores de desarrollo nacional”. Y agregó que deben incorporarse a las labores de investigación científica y tecnológica, construir carreteras, vías férreas y viviendas, porque “hay una gran capacidad instalada en las Fuerzas Armadas, hay hasta ingenieros nucleares en las Fuerzas Armadas, una gran cantidad de ingenieros electrónicos, ingenieros de sistema, ingenieros de construcción, hay batallones completos de ingenieros de construcción que están aquí en Fuerte Tiuna, cuando necesitamos que vayan hacia el Sur […] hay militares formados para la ciencia médica, que están allí en los cuarteles” (cita extraída de la emisión del 5 de febrero de 1999 del programa “24 horas”, emitido por Venevisión).

    A juzgar por las viejas propuestas, casi dos décadas después, es evidente el fracaso y válida la pregunta respecto a la ya aludida capacidad instalada, como a la peor y nada disimulada mordaza que tienen los integrantes de la Fuerza Armada. No obstante, huérfano de una vocación y destreza para el ejercicio del poder y, muchísimo menos del poder democrático, así lo percibimos, a Maduro Moros le ha sido más cómodo y expedito alentar y permitir la militarización de los problemas de la sociedad, al no comprender  – experimentándolos  – los que propiamente derivan de las relaciones civiles-miliares, como también ocurre en algunos sectores de la oposición. Finalmente, acotemos: militarización de la sociedad que, a la postre, será fatal para la institución castrense.

    @LuisBarraganJ

  • Más dudas que certezas – Por Miguel Velarde

    Más dudas que certezas – Por Miguel Velarde

    Comienza el segundo semestre del año. No podemos dejar de realizar un balance honesto de lo que fue el primero.

    Después de la contundente victoria de la oposición el 6 de diciembre en las elecciones parlamentarias, muchos esperaban que las cosas comenzarían a mejorar. La misma oposición se había encargado de alimentar esa esperanza en su campaña electoral. Sin embargo, la realidad fue diferente.

    No solamente la crisis humanitaria se aceleró rápidamente, sino que incluso a nivel político la dirigencia opositora dejó mucho que desear. Desde la Asamblea Nacional se pudo haber hecho mucho más. Fueron seis meses que podían haber sido el punto de quiebre en una coyuntura política en la que el gobierno está más débil que nunca: sin apoyo popular, sin recursos y con menor complicidad de la comunidad internacional.

    Pero no se logró prácticamente nada: hoy, los tres diputados injustamente destituidos de Amazonas aún no han recuperado sus curules, los magistrados “express” ilegalmente juramentados siguen ejerciendo –¡y de qué manera!- en el Tribunal Supremo de Justicia, los presos político siguen presos, la crisis está peor que nunca y los venezolanos aún sin fecha para un derecho constitucional que les asiste: el referéndum revocatorio.

    Si bien el referéndum se ha convertido en la bandera de lucha principal de toda la oposición, parece más una pose pública que una verdadera intención. Ahora, comenzando el segundo semestre de un año que puede ser decisivo en la historia del país, tenemos más dudas que certezas.

    ¿Está en verdad toda la oposición comprometida con que el referéndum se haga en el 2016? ¿Hay interesados en que se realice el próximo año? ¿Cuál es el objetivo de un diálogo con mediadores parcializados, condiciones injustas y poca transparencia?

    Sin embargo, cuando todo luce aún muy confuso, hay momentos que nos inspiran a no rendirnos. Como las imágenes de unas madres traspasando la frontera para conseguir comida para sus hijos hambrientos, rompiendo la barrera de la Guardia Nacional, o el recuerdo de Brenda Briceño, la joven activista y madre carabobeña que luchó contra la opresión incluso mientras también lo hacía contra un terrible cáncer, hasta su último día de vida el pasado jueves.

    Ellos, los que no se rinden, son los que nos convencen todos los días de que la lucha vale la pena. Son los que demuestran que, mientras algunos están preocupados por sacar pequeñas ventajas en el presente, hay otros que ya están escribiendo el futuro.

    Sobre todo los jóvenes, porque ha quedado demostrado que quienes nacen en opresión, no tienen más opción que vivir por la libertad.

    Incluso a pesar de que ese camino que transitamos está hecho con más dudas que certezas.

    @MiguelVelarde

  • La agonía y el éxtasis – Por María Corina Machado

    La agonía y el éxtasis – Por María Corina Machado

    Esta semana, antes de salir rumbo al estado Anzoátegui, recibí las cifras de la más reciente encuesta de Venebarómetro, con un dato alarmante, inaceptable, desgarrador: el 49% de los habitantes del oriente venezolano come solo una vez al día… y solo tres de cada 100 orientales pueden hacer diariamente sus tres comidas. La estadística, fría, es aterradora; pero la vivencia personal desgarra el alma. Ya de regreso, siento que este ha sido el recorrido más intenso, emocionalmente, que he hecho en toda mi vida a Anzoátegui, un estado al que quiero y admiro profundamente.

    https://www.youtube.com/watch?v=ZnSSP_TZZjE

    Por una parte, la agonía: he constatado la dimensión más cruel del hambre y la desesperación, como jamás pensamos que íbamos a ver en nuestro país. Por la otra, el éxtasis: lo más elevado del ser humano que se crece en la adversidad y brota indetenible las ganas de luchar; en especial la de las madres venezolanas. Hoy Venezuela, no solo no está derrotada, sino que moralmente, nunca ha estado tan sólida y dispuesta a enfrentar los atropellos del régimen y a derrotarlo.

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    En Guanta, en el sector El Chorrerón, conocí a Carolina, una joven madre de cuatro varones; quien lleva dos de los tres años de vida de su hijo Gabriel, sin darle un vaso de leche. Pocas horas después, en Puerto La Cruz, mientras realizábamos una caminata por la Av. 5 de Julio, María Teresa Aguilarte me decía, desgarrada por el llanto: “Seis horas haciendo una cola y no pudimos comprar nada. Nada. Lo único que tengo en mi nevera es agua. ¡Nos estamos muriendo de hambre! Todos los niños lo que comen es mango”.

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    Al día siguiente llegamos a Puerto Píritu, donde los vendedores del mercado sobreviven vendiendo artículos que encuentran en la basura o usados, entre la absoluta miseria y la tristeza que se hace patente en la imagen de un mercado completamente vacío… En el pequeño pueblo de pescadores El Hatillo, José se tragó las lágrimas y me dijo que la hazaña de su comunidad es negarse a morir…de hambre.

    Pero fue en Clarines donde el hambre encontró la furia indomable de las madres que no toleran la mirada de un hijo hambriento. Llegamos en motos y al reconocerme, un nutrido grupo de mujeres me rodeó; venían a pedirme que las ayudara a liberar a 11 mujeres detenidas dos días antes mientras protestaban por comida. No tenían miedo. Están decididas. Nada detiene a una madre cuando se trata del hambre del hijo. Son las presas del hambre. Presas de Maduro. Las que nunca debió detener. Pero ya es demasiado tarde.

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    Clarines se rebela. Y Pariaguán, Boca de Uchire, Barcelona. Y allí cerca, a la misma hora, Tucupita, Araya, Cumanacoa. Venezuela entera. Se rebela contra el hambre y por la dignidad, por la libertad.

    Las mujeres de Clarines me acompañaron a pie hasta la casa azul de Vente, que abrimos ese día. Hicimos un pacto, un compromiso. Al día siguiente, las 11 de Clarines fueron liberadas. Pronto, muy pronto, seremos 30 millones en libertad. Las madres lo sabemos.

    #RutasDeLibertad

    En: Caraota Digital.

  • Libertad, sólo libertad – Por Williams Caballero López

    Libertad, sólo libertad – Por Williams Caballero López

    En ocasiones hablamos de libertad, aunque son muy pocas las veces que entendemos la dimensión de esta expresión.

    La libertad es lo más sagrado que tenemos los ciudadanos, es nuestra propia capacidad de hacer, tomar decisiones, avanzar o simplemente vivir en los plenos derechos de nuestra existencia.

    Creo que la libertad es el bien más preciado  de los integrantes de una sociedad. Una nación sin libertad no es una nación en sí, sino una enorme prisión que en vez de barrotes posee fronteras.

    La negación de la libertad del hombre es el principio base del autoritarismo, el cercenamiento de derechos es el método de las dictaduras tanto de aquellas formales como de las otras que barnizan su faz con seudo-libertades, entre ellas: las estafas de elecciones.

    Es también el populismo el veneno de las sociedades libres, porque a través de este mecanismo los autócratas populistas buscan “comprar” la libertad ciudadana con dádivas y regalos, que al final le costarán muy caro a los individuos de tal o cual ciudad o república.

    En Venezuela hemos vivido esta historia en los últimos 17 años. Con discursos populistas y con acciones populista desde 1999 el régimen ha intercambiado las dádivas que ofrece por el arrebato de las libertades públicas e individuales.

    En este momento los venezolanos estamos viviendo en una cárcel de miles de kilómetros y con un carcelero que se llama Nicolás Maduro.

    La violación a la libertad ha llegado a un extremo que en este momento nuestros ciudadanos no tienen la libertad de comprar lo que se venga en gana y cuando quieran, ni siquiera poseemos la libertad de enfermarnos y de curarnos, porque a través de la escasez y el desabastecimiento el régimen también impone su “ley” a estas acciones cotidianas y humanas.

    Como cristiano siempre he sido fiel al criterio de “libre albedrío” que Dios nos otorgó para que cada uno de nosotros, como hijos de Él, tomáramos las decisiones de nuestras vidas aplicando la capacidad de raciocinio que él mismo nos otorgó.

    Por estas razones, la libertad es el bien más querido que poseemos en esta vida. Desde el punto de vista republicano es la condición y el derecho de nuestra ciudadanía, de nuestro Don de nacer y de vivir, y desde la óptima teológica es el Don que Dios nos dio a cada uno de nosotros.

    Lo que hacemos con nuestra libertad tiene que ser producto de nuestros valores, de nuestras creencias, de la capacidad de cada uno de nosotros de sopesar lo bueno y lo malo. Es imposible que sea otro y menos un órgano público o estatal lo que decida lo que es “bueno o malo” para cada uno de nosotros.

    La lucha que estamos llevando adelante en Venezuela es una batalla por la libertad. Es una lucha por principios y visiones de país.

    Por un lado, está el régimen con su concepción totalitaria, soez y antidemocrática de la política  y por el otro estamos los que sí defendemos la libertad como principio, medio y fin para garantizar un claro e individual ejercicio de republicanismos y de cohabitación societaria.

    @wcaballerolopez

  • Con el hambre no se juega – Por Miguel Velarde

    Con el hambre no se juega – Por Miguel Velarde

    Las imágenes a lo largo del país son dramáticas. Niños desnutridos que lloran por hambre, madres desesperadas que claman por ayuda mientras cuentan que sus hijos de desmayan por falta de alimento y ancianos enfermos reprimidos por las fuerzas del orden solo por reclamar medicinas.

    Como nunca antes uno puede observar en la calle gente tratando alcanzar un mango de las formas más ingeniosas que se puede pensar. No buscan alimentarse, solo engañar al estómago por una horas.

    Los que no lo logran, recurren al desperdicio de otros. Son cada vez más los que buscan en la basura un pedazo de fruta medio podrida que pueda salvarse, o el resto de una empanada que alguien haya desechado.

    Muchas madres les dan leche a sus hijos “cuando consiguen”. Otras cuentan que fue hace tanto tiempo que se la dieron por última vez, que ya no recuerdan el día.

    Cuando estas historias se traducen en estadísticas, se evidencia la tragedia que se vive y también la que deberemos enfrentar en el futuro. En un reciente trabajo del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS), en el que se estudia el cambio de hábito en la alimentación del venezolano, se analizan las graves consecuencias que tendrán que enfrentar especialmente los niños.

    Advierten que debido a la mala alimentación, las anemias aumentarán considerablemente y que la próxima generación será más baja en estatura que sus padres. Hoy, el 75% de la dieta de los venezolanos consiste en carbohidratos y existe un alto porcentaje que ya no come tres veces al día, solo dos o incluso, en algunas regiones del oriente, solo una.

    Todo esto tiene consecuencias irreversibles. Los cerebros de los niños no se desarrollan de manera completa si no se alimentan adecuadamente. Ese niño, según el mismo informe, no tendrá la capacidad de aprender de un niño normal, y eso se traducirá en un incremento en la deserción escolar y en muchas limitaciones a lo largo de su vida.

    La gente hambrienta y desesperada está empezando a perder la paciencia. Como en Tucupita, Delta Amacuro, donde la semana pasada se registraron graves hechos de violencia que se originaron en protestas por comida que terminaron en la detención de 146 personas y un decreto de Toque de Queda en la ciudad.

    Son muchas las consecuencias que ha traído un modelo socialista que no funciona y que ha sido implementado por 17 años en el país. La economía, la seguridad, el desarrollo y hasta la moral han sido destruidos.

    Sin embargo, cuando las consecuencias de un fracaso se reflejan en los ojos de un niño hambriento, es cuando el límite moral de una sociedad se ha cruzado y callar es imperdonable.

    Mientras tanto, el gobierno sigue luchando en una guerra económica imaginaria, buscando culpables donde no existen, tomando más medidas equivocadas –como los CLAPS, que no solucionan nada- y así, profundizando la crisis.

    No se dan cuenta de que lo que estamos viviendo es serio. Con el hambre no se juega.

    @MiguelVelarde

  • Presupuesto 2017: el otro revocatorio – Por Luis Barragán

    Presupuesto 2017: el otro revocatorio – Por Luis Barragán

    Ciertamente, faltan todavía algunos meses para la presentación y discusión del Proyecto de Presupuesto de 2017, pero la nota no luce ociosa a la luz de las circunstancias políticas que se vislumbran.  A la vez, extensos y breves meses,  la consabida y agudizada crisis económica nacional que ya no  admite un muy circunstancial alivio, como es el de contar con recursos sobrevenidos, imprevistos y, por siempre, insuficientes, para un gobierno que urge de una enorme distracción, como acostumbró,  dibujando un escenario en nada favorable a su tozudez continuista.

    El solo planteamiento oficial del proyecto, obligará de nuevo a una sinceración de la que cobardemente no ha sido capaz Maduro Moros, después de incurrir en el monumental fracaso que nos ha llevado a la crisis humanitaria, perfeccionando el legado. Los ministros del ramo, incluyendo el vergonzoso despacho de BCV que se ha esmerado en ocultar o tergiversar las cifras, deberán acudir a la Asamblea Nacional a admitir una situación que, legos y entendidos, comprenden cabalmente.

    Un trámite natural en un Estado de Derecho que se tenga por tal, lo ha complicado absurdamente el régimen que, desde ya, trabaja por esos escenarios que le permitan descaradamente evadirlo. Lo peor es que, atentando contra la unidad del tesoro, dilapidando los distintos fondos que arbitrariamente creó y cuida de mantener bajo la más interesada confidencialidad, vendiendo el oro que repatrió estridentemente (sabemos ya cuál fue el motivopropósito), la situación luce evidentemente insostenible.

    Luego, el proceso de discusión del presupuesto adquirirá una importancia política semejante al del revocatorio planteado, forzando al gobierno a un indispensable entendimiento con la oposición para detener el hambre que literalmente padecemos o a la aceptación de una reconducción del presupuesto de 2015. Acá no hay posibilidad alguna para una omisión legislativa u otro ardid que intente el TSJ, porque la Constitución de la República es clara e inequívoca en la materia.

    Planteamos esta preocupación en el marco de la jornada de reflexión que convocó CEDICE recientemente sobre la realidad económica nacional, hallando una respuesta firme y decidida del colega parlamentario José Guerra, responsable de la subcomisión correspondiente en la Asamblea Nacional,  fielmente apegada a la normativa jurídica. El debate presupuestario será determinante para el revocatorio, desenmascarado el gobierno, y, si por algunos de los innobles motivos que baraja para desconocerlo, efectivamente funcionan,  reconfirmaremos la renuncia presidencial como la solución constitucional más acertada.

    @LuisBarraganJ

  • Se agotan los mangos – Por Williams Caballero López

    Se agotan los mangos – Por Williams Caballero López

    ¿Cómo? Sí, la temporada de mangos está llegando a su fin. En otros tiempos esta información no hubiese causado nerviosismo ni mucho menos preocupación, no obstante en este momento de nuestra historia es una noticia devastadora.

    Son miles los hogares venezolanos que solucionan comiendo mangos, porque la inflación y la escasez de alimentos es increíble.

    El fin de los mangos, es el fin de una forma de sobrellevar el hambre y la necesidad de millones de hombres y mujeres de nuestra amada nación.

    La carencia de los mangos preocupa al padre de familia que resolvía con esta fruta para darle lo poco que puede comprar o conseguir a sus hijos… ¿Y ahora qué?

    Somos la única nación petrolera del mundo que se encuentra en este estado de miseria y hambre colectiva. Somos la única nación Latinoamericana que se hundió en la desventura y la desesperanza.

    Y lo más triste de todo es que una camarilla de bribones malgastó, dilapidó y se llevó miles de millones de dólares.

    Lo más lamentable es que somos un país con muchas posibilidades y pocas realidades. Somos una nación con un potencial gigantesco y sumido en el desdén y el desgobierno.

    Ver como los anaqueles se encuentran huérfanos de comida, y pensar que el régimen persiguió y arruinó a nuestros productores del cambio, causa algo más que molestia e indignación.

    Recordar como los representantes de este sistema hambreador y corruptor chantajeaban a los pequeños productores del campo para la entrega de apoyo para el incentivo de la productividad, genera rabia y frustración.

    Y todo esto fue allanando el camino hacia la hambruna que estamos atravesando en la actualidad. La destrucción del aparato productivo, el hostigamiento a inversores y emprendedores, el acoso a los trabajadores de la industria agropecuaria del país. Todo fue parte de un plan estructurado y materializado por los autores del llamado “socialismo del siglo XXI”.

    Desde Miraflores prefirieron la economía de puertos que al desarrollo de nuestras capacidades de producción interna. Pensaron que el dinero del petróleo iba a ser eterno y hoy vemos las consecuencias.

    Venezuela se encuentra postrada por el hambre, por los golpes del régimen, por el totalitarismo hegemonizado que se instauró hace 17 años.  Pero, soy un firme convencido, que la dignidad de los ciudadanos de nuestra nación se erigirá y con la cabeza en alto logrará el cometido de la edificación de un nuevo país.

    Sí, estimado amigo, se agotan los mangos, no obstante a la par están floreciendo los árboles de la esperanza y están dando los frutos los esfuerzos cívicos.

    Más temprano que tarde materializaremos la Venezuela de libertad y desarrollo que necesitamos como sociedad.

    El hambre del cuerpo será satisfecha y aún más importante el hambre de progreso será saciedad en esa nación de paz, prosperidad y porvenir que lograremos a raíz de la salida del régimen de Maduro.

    ¡Así de claro! ¡Así de sencillo!

    @wcaballerolopez

  • Menos solos – Por Miguel Velarde

    Menos solos – Por Miguel Velarde

    Por primera vez en 17 años, el mundo pudo ver la realidad venezolana sin disfraces; el chavismo al desnudo. De manera inédita, en la Organización de Estados Americanos (OEA), se presentó un informe detallado con datos estadísticos que preocupan a cualquiera.

    Solo eso, ya fue una derrota para el gobierno de Venezuela y una victoria del secretario general de esa organización, Luis Almagro, quien impulsó esta posibilidad.

    Consciente del impacto que tendría el informe de Almagro si se hacía público, la canciller venezolana Delcy Rodríguez hizo un intento desesperado por impedir que se presente y pidió a los países que voten por no aprobar la sesión aludiendo que significaría un “funesto precedente” y una “intromisión” de esa organización. Grave error.

    Venezuela fue derrotada por donde se mire. Entre los 34 países miembros de la OEA, el gobierno perdió la votación 20 a 12 –con 2 abstenciones-. Entre los países de Unasur, la votación quedó 9 a 3 contra Venezuela. Entre las naciones que componen el Mercosur, también perdió 4 a 1. Si tomamos en cuenta la población de los países que votaron, 900 millones de personas estuvieron a favor de conocer la verdad sobre Venezuela; 67 millones en contra.

    Atrás quedaron los tiempos en los que el gobierno venezolano era protegido por sus cómplices en la región, comenzando por el exsecretario general de esa organización, José Miguel Insulza, quien durante años operó para desactivar cualquier iniciativa que buscaba rescatar las libertades y el respeto por los derechos humanos en el país.

    A pesar del intenso lobbying diplomático del gobierno venezolano y la infaltable propaganda local e internacional, la semana pasada el mundo escuchó de boca de Almagro la trágica realidad sobre la grave crisis económica, financiera, de seguridad, institucional y en materia de derechos humanos que atraviesa el país.

    La presentación del informe inició el mecanismo de activación de la Carta Democrática para Venezuela, un hecho inédito desde su firma en 2001. Queda por ver cómo se van desarrollando las siguientes etapas, entre las que se encuentran la toma de decisiones “conjuntas” entre los países miembros, la creación de un “grupo de países amigos” que acompañe el proceso de diálogo en el país y cualquier otra herramienta que contemple la OEA. No es verdad que la Carta Democrática obstaculiza el diálogo; todo lo contrario, podría ser lo único que lo haga viable.

    Ahora ningún país puede alegar no estar al tanto de la realidad venezolana. Quedó claro que atravesamos la peor crisis de nuestra historia republicana. Los gobiernos vecinos saben muy bien que si aquí ocurre un estallido social, inevitablemente puede desestabilizarlos a ellos.

    También quedó claro que en el país no existe un diálogo. Es imposible que se lleve a cabo mientras el mediador sea alguien como el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien es un emisario del gobierno y no goza de la confianza de la oposición.

    Además, para que el diálogo sea viable, debe incluir la liberación de los presos políticos, la realización del referéndum revocatorio este año y el irrestricto respeto a la Constitución. Cualquier otra cosa sería un fraude.

    Mientras tanto, en el país, los venezolanos continúan pasando sus días intentando sobrevivir la desgracia que les ha tocado vivir. Cada vez más cansados, pero también conscientes de que una vez más, los ojos del mundo están sobre Venezuela.

    Hoy, el gobierno venezolano está más aislado que nunca. Y nosotros, menos solos.

    @MiguelVelarde