Etiqueta: Vente Venezuela

  • La usurpación del Estado criminal – Por Carlos Benucci

    La usurpación del Estado criminal – Por Carlos Benucci

    Si de avances en el proceso de la transición hablamos, creo que debemos acelerar el paso. El lunes 4 de Marzo, Juan Guaidó regresó al país luego de múltiples amenazas en su contra por parte del régimen de Maduro.

    La entrada de Guaidó, indudablemente fue una realidad gracias a los resultados obtenidos en su gira internacional, el presidente (E) de la República, demostró que el apoyo de los países de la región no es mera retórica sino es un respaldo político sólido, para muestra de ello, la caravana presidencial acompañada de algunos de los cuerpos diplomáticos de las democracias latinoamericanas.

    Sin embargo, hay que decir que aún existe una suerte de efecto tardío que para algunos se nos es difícil entender, es decir, el día de su retorno, el presidente le ordenaba a la FAN apresar a los colectivos que dispararon a las personas que se encontraban en la frontera y asistían como voluntarios al pase de la ayuda humanitaria. Así mismo, también se refirió a los presos que Iris Varela dejó salir de las cárceles. Mi pregunta es, ¿por qué no tomar acciones directas con los que le dan direccionalidad al crimen organizado como a la ciudadana antes mencionada? ¿Por qué no vamos más allá y desmontamos toda la estructura mafiosa que convive con el chavismo? la forma más efectiva de derrumbar un edificio es destruyendo las columnas que lo sostienen, en este caso, la convivencia de los carteles de la droga, el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado dependen de algunos de estos sujetos. Ahí está el verdadero cese de la usurpación.

    Creo de esta manera, que para darle un poco más de forma al “Vamos Bien” este mismo debe ir acompañado de contenido y de acciones directas que logren desequilibrar al régimen que se cae a pedazos. Estos últimos buscan desesperadamente bocanadas de oxígeno que logren mantener la cohesión interna y retomar la agenda pública, la única forma de que esto ocurra es que nosotros permitamos que en efecto suceda. Sun Tzu dice en el Arte de la Guerra que cuando tu enemigo está agonizando, no debes darle tregua, no debemos dar tregua a quienes han hecho sufrir a más de 30 millones de venezolanos. En Venezuela no va a haber vuelta atrás, dicho por María Corina Machado en la autopista Francisco Fajardo a cientos de venezolanos y dicho por Donald Trump en su declaración sobre Venezuela el 19 de Febrero, no haber vuelta atrás quiere decir desmontar al chavismo y sus esferas criminales que lo rodean y atentan contra la región.

    Por otra parte, Juan Guaidó y la Asamblea Nacional han declarado públicamente que no van a descartar ninguna opción para la salida de Maduro y su régimen, eso quiere decir que todos los argumentos jurídicos y constitucionales deben ser activados en favor de que cualquier acción que sea ejecutada se haga en el marco de la ley, ergo, la activación del 187 numeral 11 constitucional que autoriza el ingreso de una coalición multinacional para hacer alguna incursión en nuestro territorio

    Avanzar es necesario, pero en una dirección, la del desconocimiento y la fuerza. El reconocimiento y la legitimidad del gobierno de Guaidó es una realidad nacional e internacional, valerse de esos esfuerzos es fundamental para nombramientos de próximos cargos como un nuevo CNE que empiece por hacer una depuración de todo el aparataje mafioso que el chavismo se encargó de edificar en dicha institución.

    Mientras tanto, el presidente lo ha dicho, debemos estar en la calle, sí, pero mientras la ciudadanía se moviliza, entonces se debe avanzar. Sólo así será posible forzar el escenario que genere el quiebre y el cese de la usurpación.

     

  • El venezolano no es socialista – Por Fabio Valentini

    El venezolano no es socialista – Por Fabio Valentini

    Durante este cruel sistema nos han encerrado en dos paradigmas: que los venezolanos somos existencialmente socialistas y que el chavismo no es comunismo, sino una “cosa rara”.

    En uno de sus libros más destacados, Ayn Rand, nos dejaba abierta la pregunta sobre ¿quién necesita la filosofía? En pocos párrafos la autora de origen ruso, sobreviviente del perverso totalitarismo soviético, sintetiza que sin saber de filosofía no pudiésemos tener los pies sobre la tierra.

    Esencialmente, la filosofía estudia la naturaleza de la existencia del hombre y su relación con esa existencia. Tal como Rand lo describe: “La filosofía es el suelo que hace posible el bosque”. Cada una de nuestras acciones está ligada a una filosofía.

    Los paradigmas que el sistema se ha encargado de realizar me atemorizan en el presente, pero, aún más en el mañana en libertad por el cual luchamos. Creer que el chavismo es una “cosa rara” que no tiene fundamentación filosófica y que los “venezolanos somos socialistas”, y, por ende, el chavismo no es socialista, nos debe de alarmar tanto o más, de lo que día a día nos alarma lo criminal de este sistema.

    La raíz última del chavismo es marxista y el sistema bien ha funcionado dentro de la normativa de esta filosofía: destrucción, miseria, pobreza, hambre, muertes, entre otras. El chavismo ha seguido perfectamente el guion elaborado por Karl Marx en 1867. Instaló una primera fase socialista para destruir todas las instituciones de orden social, político, económico y a la familia como base de la sociedad. El ciclo finaliza con la segunda fase, el comunismo, que busca crear un nuevo orden social, donde no existan individuos sino colectivos, donde no haya un orden normativo sino un orden natural; es decir, lo que estamos empezando a evidenciar los venezolanos.

    El marxismo tiene abierta una cuenta con más de 100 millones de muertos, de forma directa o indirecta, a manos de los sistemas que lo pusieron en práctica. El chavismo ha anexado por lo menos unas 450.000 más, si tomamos como referencia que cada año mueren entre 22.000 a 25.000 personas por asesinatos o hampa. Aun así hay personas pensando que ellos deberían participar en unas elecciones libres y competitivas.

    La socialdemocracia y el socialcristianismo no se quedan atrás, son sistemas que si bien respetan ciertas libertades o guardan un orden institucional medianamente estable, sirven de telón para que filosofías como la marxista o la fascista se impongan, posteriormente.

    Decir que los “venezolanos somos socialistas” es aseverar que deseamos vivir en este mundo perverso sea bajo el chavismo o bajo cualquier sistema o gobierno liderado por personas que siguen el socialismo como su filosofía de vida.

    Si algo bien describe al venezolano es su ímpetu por superarse, crecer y emprender. Palabras que solo en sistemas liberales tiene cabida y es respetado en sociedades libres, esas que colocan siempre al individuo en el centro de sus acciones.

    La filosofía de la sociedad libre es individualista dentro de la naturaleza humana, sigue y respeta el interés de cada individuo en su concepción ética, limita al gobierno en la esfera política, promueve el capitalismo dentro del plano económico y permite configurar una sociedad basada en la familia y las libertades individuales.

    Las ideas tienen consecuencias y de no creer en ello, analicemos nuevamente al comunismo, que nació con la idea de un individuo y cobra la vida de más de cien millones. Venezuela tiene la oportunidad de superar estos paradigmas y enrumbarse a ser una nación libre y próspera.

     

  • Sin impunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Sin impunidad – Por Pedro Urruchurtu

    No podemos pensar en un nuevo país si no hay justicia. Lo que ahora nos proponen algunos que, pareciera, nos creen tontos o padecen de memoria, es que obviemos la justicia y pretendamos aceptar la impunidad como manera de asumir una transición.

    Eso hacen quienes, ignorando la naturaleza criminal del régimen, quieren convencernos de que un Maduro como candidato es la mejor opción para derrotar al chavismo en las urnas, “de la misma forma como llegó”. Lo más grave de ese vergonzoso planteamiento es que se deja de lado la responsabilidad del régimen sobre asesinatos, violación a los derechos humanos y crisis humanitaria, cuando es precisamente ese régimen el que tiene sus manos manchadas de sangre.

    Antes de pensar en el chavismo como fuerza política, hay que pensar en el chavismo como responsable de la tragedia venezolana. Sólo con justicia, sólo con auténtico reconocimiento de responsabilidad, sólo con eso, es que verdaderamente habrá una transición sensata, sin impunidad. El chavismo deberá entender que la democracia tiene reglas, que los delitos deben pagarse y que el país nunca olvidará lo que le hicieron.

    Ni hablar de una elección convocada por el régimen, con el mismo Consejo Nacional Electoral (CNE) y con las condiciones habituales. Tampoco de una elección libre y transparente con el chavismo como protagonista. Deben darse pasos muy firmes que envíen el mensaje correcto: primero debe llegar la justicia y los culpables deben asumir el daño hecho a los venezolanos.

    La derrota del chavismo no puede ser electoral en este punto, porque fue el chavismo el que usó la democracia para destruirla. Tampoco lo puede ser porque su naturaleza criminal y sus andanzas sólo revelan un entramado oscuro de fuerzas que ni la elección más limpia es capaz de obviar.

    Lo peor que le puede pasar a un Guaidó que está haciendo uso de los símbolos del poder y que está encabezando un proceso que llevará a la transición, es aceptar la impunidad como regla rectora del juego. La impunidad es una burla directa hacia las víctimas, un reconocimiento a los victimarios y una evidencia de complicidad que con el sistema represor y asesino. No le corresponde al país perdonar; es un acto íntimo, privado, individual, sin chantajes. La justicia sí nos concierne a todos y debemos apostar a ella, pero sin hacer excepciones que terminen por socavar la legalidad y el correcto proceder.

    No se trata de que Maduro pueda o no pueda ser candidato; es un criminal. No se trata de que el chavismo sea parte de la transición; deben enfrentar la justicia.

    Reescribir la historia de Venezuela no puede pasar jamás por pretender borrar u olvidar las del pasado, aún en el peor y más doloroso de los casos. Todo lo contrario: debemos recordar en cada rincón, en cada palabra, en cada homenaje, a cada caído y cada víctima de un régimen que, con la anuencia de algunos “opositores” y como si no hubieran hecho nada, quieren vendernos una careta democrática que se cayó el mismo día que llegaron al poder.

    Es la hora de la justicia y de la firmeza. La tolerancia sólo es exitosa cuando la justicia hace su trabajo. Luchemos por la libertad y por la justicia que ella conlleva. Sólo así recuperaremos a nuestro país. De lo contrario, lo seguiremos entregando a sus destructores, por acción o por omisión.

    Vamos con todo, sin impunidad.

     

  • El eterno carnaval – Por Dignora Hernández

    El eterno carnaval – Por Dignora Hernández

    Esta vez sin papelillos, sin caramelos, sin serpentinas ni carrozas, pero sí con la exigencia de interlocutores sin máscaras: los venezolanos concurrimos en primera fila  a  un nuevo por distinto, carnaval.

    En este baile de disfraces socialistas se han ido veinte años, veinte años de lucha, de calamidades  y de reveses para el pueblo venezolano. Mientras que los avarientos miserables que nos sumergieron en esta emergencia humanitaria, bajo el antifaz del bienestar y  la calidad de vida, continúan apostando a la mentira, al mito de la reconciliación y a la mismísima guerra, para mantener los privilegios que les brinda el poder.

    Luego de dilatados años de comparsas, séquitos y aduladores del poder de turno, los venezolanos seguimos apostando a la libertad, estamos ante la evidencia de un  estado fallido; necesitamos de la comunidad internacional, esa a la que tanto pedimos que nos mirara y que hoy centra su atención en nosotros.

    Hoy, cuando hemos dado todo por nuestra libertad y hemos agotado las vías diplomáticas y democráticas para alcanzarla, hoy cuando el mundo nos respalda, urge trascender del falso dilema de la soberanía vista como privilegio de Estado, para entenderla como responsabilidad de estos con la población.

    El principio de la responsabilidad de proteger ha de ser entendido en su justa dimensión por  los líderes políticos. No podemos dudar ni un solo instante de que nuestro compromiso es con los ciudadanos del país y que es nuestro deber protegerlos y,  de no poder hacerlo, procurar todos los medios necesarios para que así sea, de eso se trata.

    Nicolás Maduro y sus mafias representan la continuidad de la emergencia humanitaria compleja, ellos personifican la miseria que hoy nos mira a los ojos a todos los venezolanos, por ello debemos insistir en su salida.

    Lo que un día fue solo la desventura chavista se ha convertido en una tragedia social sin precedentes, esto avanza y no lo detienen slogans. Cada minuto que pasa cuenta en la humanidad de un pueblo que clama por su derecho a la vida. Nuestra gente muere cada segundo ¿Quién sigue? ¿Cuántos más faltan?

    Hoy nuestro país está decidido a avanzar hacia la libertad y los políticos no podemos permitir que este momento pase sin haberlo intentado. Seguimos esperanzados en que juntos, sin sectarismos, podremos  superar  la crisis venezolana que además es  humana, esa la urgencia que hoy nos precisa.

    Esta es la exigencia  de la Venezuela de estos tiempos: la Venezuela que no se cansa pero que si llora, la Venezuela que no ruega pero que si exige, la Venezuela que está resuelta a ponerle fin a esta  tiranía, pero que también está consciente de que sola no puede más.

    No son tiempos de papelillos, serpentinas, caramelos, carrozas ni de comparsas, tampoco de baile de enmascarados y menos aún de políticos de doble estándar, son tiempos difíciles.

    Los venezolanos estamos conscientes de que solos no podemos. Estos son tiempos distintos y definitorios. Por ello no podemos permitirnos que la política con P mayúscula que tanto exige ahora de nosotros, quede reducida la política del eterno carnaval.

    Se trata de Venezuela y de los venezolanos.

    Por ello, ¡Vamos con todo!

     

  • El socialismo es una estafa – Por María Oropeza

    El socialismo es una estafa – Por María Oropeza

    Recuerdo mi infancia escuchando las cadenas nacionales de Hugo Chávez que parecían interminables. Si no tenías algún “paquete” con medios internacionales para tu televisión, era casi imposible ver algún programa de entretenimiento o comiquitas que no fuese escuchar las anécdotas, falacias y malos chistes del difunto durante largas horas.

    Para los que nacimos en la década de los 90, se nos hacía un tanto difícil poder distinguir entre la educación académica y el adoctrinamiento político, ya que era la misma escuela la que te regalaba una libreta con dibujos para colorear a la familia de Chávez. Ni siquiera te dabas cuenta.

    Pero nací en una familia consciente y pensante, afortunadamente, que pese a todo me dejaron muy claro los valores con los que hoy puedo discernir entre lo bueno y lo malo. Y desde luego, el socialismo con su traje de chavismo nunca ha sido bueno.

    Tanto en el régimen de Chávez, como en el de Maduro, siempre fue usual escuchar los fantasiosos mensajes y analogías que en la realidad solo eran una farsa.

    Nos hablaron en contra los ricos; hoy ellos son ricos y nosotros pobres.

    Nos hablaron de los indígenas; hoy masacran a nuestros pemones.

    Nos hablaron de tomar los medios de producción para el pueblo; expropiaron y quebraron todo.

    Nos hablaron de igualdad; hoy las madres pasan largas horas en colas para adquirir harina.

    Nos hablaron de educación gratuita; hoy la deserción estudiantil supera el 40%.

    Nos hablaron de salud gratuita; hoy la gente muere en los hospitales  por falta de insumos.

    Nos hablaron de ecología; hoy sus mafias han destruido nuestros bosques en busca de oro y coltán.

    Nos hablaron del amor por los niños; hoy más de la mitad se va a la cama sin comer.

    Nos hablaron del amor por los ancianos; hoy hacen interminables filas para cobrar una pensión que no les alcanza para comprar medicamentos para la hipertensión.

    Nos hablaron del poder ciudadano; hoy el que se rebela contra ellos tiene segura la cárcel, el exilio forzado o la tumba.

    Nos hablaron de la clase obrera; hoy los médicos y profesores ganan menos de 6 dólares al mes.

    Nos hablaron de libertad de expresión; ellos han cerrado medios, persiguen y encarcelan y hasta asesinan periodistas por hacer su trabajo.

    Nos hablaron de la autodeterminación de los pueblos; hoy tenemos injerencia de Cuba, China, Rusia.

    Nos hablaron de libertad; hoy más de 4 000 000 de venezolanos han huido de estas fronteras; por avión, por bus, y caminando.

    Defraudaron una y todas las veces que les dio la gana a cada uno de los individuos que les dio su voto, pero también su  confianza. Con la esperanza de que su plan sí funcionaría para sacar adelante a Venezuela, pero el daño ocasionado hoy parece ser irreversible.

    Se comportaron como animales con poder, se burlaron de todos, produjeron intencionalmente el hambre y la muerte de millones de venezolanos. Luego de 20 años, la salida de estas mafias parece no tener vuelta atrás.

    Sin embargo, parece que tanto dolor ha sido necesario para que nuestro país y nuestros conciudadanos entiendan, de una vez por todas, que el socialismo es una estafa y que la libertad es lo que funciona; que la prosperidad va a llegar y que  será gracias al esfuerzo y trabajo honesto que cada uno de nosotros esté dispuesto a dar.

    Una vez que tengamos un país libre, nunca más permitiremos darle poderes y cheques en blancos a hombres que prometen para no cumplir; y nuestro rol será el de ser vigilantes constantes de cada paso que den, no solo a nivel de política interior sino que también estaremos atentos a los acuerdos internacionales y relaciones exteriores.

    ¿Será fácil? No.

    ¿Será pronto? Quizás.

    ¿Funcionará? Sí.

    ¿Lo vamos a lograr? ¡Por supuesto que lo vamos a lograr!

     

  • Cuartel y Estado – Por Luis Barragán

    Cuartel y Estado – Por Luis Barragán

    Sempiterno  problema venezolano, parecía  y sólo parecía definitivamente resuelto con el artículo 132 de la Constitución de 1961, además de la insurrección literalmente armada que hubo que derrotar en la década para estabilizar la democracia representativa, abriendo el camino hacia una no menos definitiva pacificación.

    La distinción entre civilismo y militarismo cobró nuevos bríos en el siglo presente, burlado el artículo 328 de la Constitución  de 1999, pretendidamente resuelta la contradicción a través de la yunta cívico-militar a la que apeló el socialismo incapaz de invocar y menos, explicar la alianza obrero y campesina de acuerdo al consabido libreto.

    Indócil y soterrada, la generalizada mentalidad militarista transmutó en un proyecto corporativo que adquirió consistencia con el Plan Andrés Bello, a partir de los años setenta, según los expertos, ganando el asunto otra perspectiva.

    Ya no versamos sobre el recurrente alzamiento en armas para que una afortunada individualidad se prolongue en el poder, sino del predominio permanente de las bayonetas que lo deciden y administran para salvaguardar y perfeccionar sus particulares intereses, hallando en el socialismo la inmejorable fórmula para realizarlos al conquistar los espacios económicos que escapan de la especialidad.

    Todavía en maceración, las ciencias sociales en torno a la específica materia, hubo el intento de conjugar ambos términos e, ingenuamente, un líder de opinión (ahora tildado de “influencer”), como  Ángel Mancera Galletti, al abrir una compilación de sus artículos, aseguraba que “el militarismo constituye un cuerpo de profesionales dentro de la órbita constitucional, para la defensa de sus instituciones” y “el civilismo recuerda siempre los deberes y derechos de la Nación”. Siendo el militarismo  “una consecuencia de esas directrices”, distanciándose del personalismo (“Civilismo y militarismo”: Imprenta López, Caracas – Buenos Aires, 1960: 11 s.). Ahora, en el terreno de las relaciones civiles y militares, el tema cobra otras y más decididas significaciones con la tesis laswelliana del Estado Cuartel, como las de  la civilidad y la militaridad.

    El importante esfuerzo teórico que nos ha servido de soporte para las posturas parlamentarias esgrimidas en los últimos años, siendo necesario afrontar una realidad completamente inédita, tiene un hito con la interpretación hecha por José Alberto Olivar respecto al discurso pronunciado el 5 de julio de 2014 por Vladimir Padrino, quien – nada casual – aún ejerce el ministerio de la Defensa, en un texto incorporado a “El Estado Cuartel en Venezuela: Radiografía de un proyecto totalitario”, con dos ediciones a cuestas (Negro Sobre Blanco, en 2016, y Universidad Metropolitana, 2018). Por entonces, teniendo por marco el uso desmedido de la fuerza en un año de enlutamiento del país,  quedó sellado el nuevo pacto de distribución interna del poder, redoblados los esfuerzos de una auto-legitimación que vaciaba a la entidad castrense de todo sentido institucional.

    Valga la paradoja, el gomecismo – surgido de las montoneras – echó las bases de la institucionalización de las Fuerzas Armadas Nacionales que luego sobrevivieron a quienes también gobernaron en su nombre, pero el Estado Cuartel – hipótesis en plena comprobación – ha de disolverlas en la dramática tarea de su propia subsistencia, ligando su suerte a la del socialismo que lo levantó y convirtió en una suerte de póliza de seguro.

    De convenirlo como un proyecto corporativo que sólo podría comprometer a los altos mandos militares, por razones enteramente generacionales, es demasiado evidente el fracaso,  y únicamente – escenarios complementarios – queda rectificar, reivindicando el carácter institucional, el de la especialidad y profesión, forzada una transición; o, desaparecer, bajo el peso de los comisarios políticos que explotarán unas siglas, comprometiendo  lo quede del país con los intereses geopolíticos y geoestratégicos que, allende los mares, hallaron en Venezuela una formidable palanca.

  • El desgaste letal – Por Pedro De Mendonca

    El desgaste letal – Por Pedro De Mendonca

    Para el sábado 23 de febrero se generaron altísimas expectativas: se reiteró, de forma irresponsable, que ese día la ayuda humanitaria entraba al país y Maduro se iba “sí o sí”. Ese sábado ocurrió la cuarta movilización de calle del año, convocada en todo el país, con los mismos trayectos; los mismos puntos de concentración y los mismos voceros, muchos de los cuales no representan a sus conciudadanos.

    Ese día, después del crimen de lesa humanidad perpetrado por el tirano en vivo y directo, las declaraciones de nuestro presidente, Juan Guaidó, y de nuestros aliados Iván Duque y Luis Almagro, no se correspondieron con la contundencia de nuestros conciudadanos en las fronteras. Estos fueron los ingredientes de un escenario que ya conocemos, pues ha sido inducido en ocasiones anteriores: el de la frustración y un posible nuevo desgaste de nuestra lucha por la libertad. El desgaste letal.

    En hitos recientes de la lucha, como 2013 (con el robo de las elecciones presidenciales), 2014 (La Salida) y 2017 (el plebiscito del 16 de julio) un sector considerado como opositor, postergó el quiebre de la narcodictadura con diálogos falsos y la participación en elecciones amañadas. Y esos arponazos ocurrieron justo en el momento en que ya la ciudadanía estaba agotada de tanto ir a la calle sin ningún resultado concreto. Ese mismo escenario hoy comienza a prepararse.

    Lo malo del 23 de febrero no fue que el quiebre de la tiranía no haya ocurrido justo ese día. Lo malo fue que se le haya prometido eso a la gente. El 23 de febrero fue un nuevo hito en nuestra lucha. Maduro selló su talante y reafirmó cómo es que quiere salir. Por ende, sí fue un día de avance, a pesar de los muertos y los heridos. Ya no queda duda que para sacarlo necesitamos ayuda de afuera. Para ello, la Asamblea Nacional debe activar el numeral 11 del artículo 187 de la Constitución, que ordena la instalación en el país de misiones militares extranjeras; cuestión que se alinea con el principio de responsabilidad de proteger, aprobado por la Organización de las Naciones Unidas en 2005. Ese es el grito hoy en cada recoveco de este país. No estamos para más marchitas desgastantes ni gritos de consignas vacías. Ahora les toca a ellos demostrar contundencia y también asumir riesgos.

    A Juan Guaidó los venezolanos le dimos total respaldo, pero con carácter limitado. Ya aprendimos que dar cheques en blanco siempre sale mal. También hemos aprendido que las postergaciones son las trochas para que los colaboracionistas lleguen primero. Guaidó es nuestro amigo, así lo ha demostrado este 2019. Confiamos en que seguirá a la altura, pero el tiempo se acabó.

    Este punto estelar de la ruta del coraje lo hemos labrado a punta de mucho sacrificio, de mucho dolor y de profundo amor por nuestro país. Nos hemos caído, nos han traicionado, pero nos hemos levantado. Hoy nuestra tarea es darle la mano al que está por caerse y decirle que aquí nadie se rinde, tenemos toda la fuerza y no tenemos derecho al desaliento. Ya sabemos cómo operan la dictadura y sus aliados para quebrarnos el espíritu. Nuestra tarea es vencer el pretendido desgaste letal e imponernos a punta de fuerza vigorosa indestructible, que la tenemos.

     

  • La desesperanza como arma de exterminio – Por Javier Chirinos

    La desesperanza como arma de exterminio – Por Javier Chirinos

    En los últimos días hemos presenciado el gran viraje que dio el ánimo del venezolano, quien tan solo en el mes de diciembre se sentía desolado y condenado a vivir bajo el régimen del socialismo. En diciembre, parecía que no solo ya no habría hallacas en esa fecha, sino que no había posibilidad alguna de levantarse de esta tragedia.

    Por diferentes razones: operadores, actores y mucha inteligencia en el accionar, se logró articular lo que hoy vivimos y, a tan sólo casi dos meses de iniciar el año, hemos volcado la desesperanza y la hemos convertido en aspiraciones y sueños de desarrollo, pero más aún, en disposición férrea para luchar. No en vano, y porque “los rusos también juegan”, ha sido una montaña rusa de emociones desde el día uno de la juramentación de Juan Guaidó hasta este fin de semana de tragedia en la frontera de nuestra nación.

    Y es que el régimen es experto en manipulación de las emociones del ciudadano, desde siempre ha sabido cómo jugar con lo que sentimos y convertir esto en una táctica perfecta para su permanencia en el poder.

    En la generación de expectativas, muchos han sido poco responsables ante la gente, lo cual ha llevado al ciudadano a creer que con pocas acciones podremos finalizar este amargo episodio de 20 años, o más aún, con el entramado delincuencial que ellos han generado para su permanencia en el poder. Por esto, hoy vemos muchos ciudadanos cabizbajos, sintiendo que el hecho de que no ingresara la ayuda humanitaria por la frontera significa la derrota total y que no hay salida posible para Venezuela de esta tragedia llamada “Socialismo del Siglo XXI”. Pues, como lo hemos dicho, no se trata del ingreso de la ayuda, se trata de que sumemos todas las energías hacia la salida de Maduro y su régimen, se trata de que el fin de la tiranía es la real solución a cada uno de los problemas que hoy nos aquejan, por lo cual, hoy más que nunca debemos ser claros y concisos al momento de hablarle al ciudadano.

    Estamos hablando de la vida misma de cada quien, estamos hablándole a gente que deposita su sueño de vivir y ser libres en nosotros. Ante esto, debemos ser responsables y explicar que este no será un camino fácil y rápido, que requerirá de mucho esfuerzo y mucho sudor, que va a ser mucho más complejo que hacer cruzar un camión repleto de alimentos por la frontera, que este proceso va a requerir de la unión de las fuerzas internas y externas en una misma estrategia.

    Siendo claros y realistas, disminuimos el impacto de la desesperanza, el ciudadano encontrará reales los escenarios y tendrá certeza de que cada paso que demos será garantía del cambio y la libertad, no un salto al vacío.

    La esperanza es un gran motor de lucha, pero la desesperanza es óxido que corroe las piezas internas de ese motor y si no sabemos cómo administrarla, terminaremos en un letargo que nos sumirá en más miseria y tristeza.

    Sigamos luchando, con pasos firmes y seguros, con pasos sustentados en la realidad y en el análisis sincero y no en las promesas fáciles que nos vienen a dar esas promesas que queremos escuchar, pero que sabemos que no nos llevarán a alcanzar el objetivo.

    La esperanza es solo una ilusión si no está sustentada en la acción.

  • Cuando ya no quede nadie… – Por Pedro Urruchurtu

    Cuando ya no quede nadie… – Por Pedro Urruchurtu

    Aunque el título de este artículo suene duro, pareciera que eso es lo que esperan quienes llaman a una calma imposible y a una solución inexistente: la salida del régimen por las buenas. Si algo demostró el pasado fin de semana, es que ese régimen –asesino y criminal por demás- está dispuesto a llegar hasta sus últimas consecuencias, aferrándose al poder hasta el final.

    Algunos hablan de que hay que evitar una guerra en Venezuela; otros dicen que no hay posibilidad de aplicar el principio de la “Responsabilidad de Proteger” o R2P, porque no hay conflicto armado; otros persuaden de que sólo una solución entre los venezolanos es la que resulta posible; y hasta otros dicen que todo dentro de la diplomacia, porque fuera de ella, nada.

    Todos esos que hoy defienden tales posiciones terminan por enviar un mensaje claro: actuarán cuando ya no quede nadie, ya sea porque se fueron, porque murieron o porque nos mataron. Hemos visto como el régimen acribilla y dispara sin pudor contra los venezolanos; hemos visto que no le importa ni guardar las formas. También sabemos el tipo de fuerzas que operan en Venezuela. Nuevamente hay que decirlo: no, la solución no es posible entre venezolanos, en el mismo momento en que Cuba, Irán, Hezbollah, Hamas, las FARC, el ELN y cualquier cantidad de fuerzas oscuras, adicionales al narcotráfico, tomaron partida y poder de Venezuela.

    Los mismos que dicen que en Venezuela no aplica el R2P porque no hay conflicto armado, prefieren ver cómo el régimen mata a los venezolanos indefensos, convirtiéndose en cifras que alimentan sus informes y preocupaciones, pero que no resuelven nada. Es decir, es válido que nos maten, porque nosotros no tenemos armas. Eso es el colmo de la irresponsabilidad (y muchos de esos dicen ser defensores de derechos humanos).

    Pretenden, además, vender como guerra e intervención militar, lo que es la intervención humanitaria que, logísticamente, requiere de despliegue militar, pero que no representa conflicto alguno. Con eso, se lavan las manos, dicen que hay que atender la crisis humanitaria, pero esperan que el régimen que provocó esa crisis, reciba los alimentos y medicinas. Eso es tan humillante como irrespetuoso con quienes hoy claman justicia y poder vivir.

    La diplomacia y sus tiempos, aunque recientemente han sido efectivos, ya no responden a lo que la gente necesita. Los países parecieran querer lavarse las manos y seguir reuniéndose para emitir comunicados que son impecables en esencia, pero inútiles en acción.

    ¿La huida de militares ayuda? Pues sí, pero ¿es ese el objetivo?, ¿tener una diáspora militar o que desde adentro restituyan el orden?, ¿será que entienden que todos somos rehenes y que lo único que puede salvar nuestros destinos es una liberación real? Este es uno de tantos ejemplos.

    Somos rehenes condenados a muerte y enfrentando a criminales. No podemos solos. No se nos puede pedir más como sociedad y como individuos. Ya no es un tema de expectativa o de triunfalismo; es un asunto de fuerza que nos trasciende. Es hora de entenderlo.

    Mientras exista una hipócrita comunidad internacional, consciente de lo que el régimen es, pero incapaz o indispuesta a combatirlos como debe ser, tendremos a un país desangrándose y muriéndose. Si ese el rol que jugará la comunidad internacional, pues se darán cuenta de su error, cuando ya no quede nadie.

  • Psicópatas con poder – Por Dignora Hernández

    Psicópatas con poder – Por Dignora Hernández

    Cada minuto cuenta, no podemos esperar más tiempo, no debemos pasar por alto las tropelías de un régimen que aun en su agonía no da descanso a su brazo ejecutor. Hace mucho ya que Nicolás Maduro y sus mafias pasaron de la amenaza al cumplimiento de estas. Son psicópatas con poder.

    Consentir ante un  régimen que hostiga y destruye la vida es también un riesgo, se trata de un riesgo para las democracias del mundo, se trata incluso de un riesgo para la propia noción de república. A este sistema de mafias  hay que ponerle fin o ellos nos pondrán fin a nosotros.  No podemos darle más tiempo para su reacomodo, ya no, ahora no, ¡ya basta, es suficiente!

    Este 23 de Febrero  el mundo comprobó lo que desde  Venezuela llevamos tiempo denunciando, conoció el régimen del terror que hoy oprime a Venezuela, conoció al demonio socialista en plena acción. Diversos líderes políticos del mundo han expresado su condena pública a lo que ha significado la  violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela, ya no dudan, Venezuela vive una emergencia humanitaria compleja que requiere del apoyo internacional para ser superada.

    El país se movilizó a favor de la ayuda humanitaria por  los 24 estados y  en los pueblos fronterizos libró no solo las más intrépida de sus luchas por la entrada de esta sino también por su dignidad y por su libertad, pero se trata de civiles contra paramilitares, mercenarios dispuestos a matar, ya no podemos pedirles más a nuestro pueblo.

    Estamos ante la  evidencia de un régimen dispuesto a acabar con todo lo que signifique oposición, con todo lo que amenace su permanencia en el poder, con todo lo que implique salvar la vida de los ciudadanos venezolanos, la mejor demostración de esto lo constituye la quema de los camiones con la ayuda humanitaria, una acción abominable que el mundo habrá de recordar.

    Ante esta situación debemos invocar una vez más el principio de responsabilidad de proteger de la comunidad internacional que se fundamenta en la resolución A/RES/60/1 fechada el 16 de septiembre del 2005 y suscrita por el estado venezolano, en el que se señala la responsabilidad que tienen los estados miembros de naciones unidas de proteger a las poblaciones ante amenazas de genocidio, crímenes de lesa humanidad, entre otros.

    Lo sucedido este 23 de Febrero nos precisa como políticos a dar pasos diligentes para lograr un cambio de régimen que devuelva la libertad arrebatada a nuestros ciudadanos, NO podemos esperar más, no podemos ofrecer corazones contra balas. La asamblea nacional tiene la facultad de autorizar mediante la activación del articulo 187 ordinal 11 de la constitución nacional la entrada al país de una coalición internacional de paz que en misión humanitaria ayude al pueblo venezolano en estas horas aciagas a recuperar su libertad para enrumbarse nuevamente hacia la democracia, darles más tiempo es perderse, qué esperamos entonces: ¿cuánto más tiene que pasar? Son psicópatas con poder.