Etiqueta: opinión

  • Estado de confusión – Por Miguel Velarde

    Estado de confusión – Por Miguel Velarde

    Estamos a poco de cerrar otro año. Aunque parezca mentira, peor que el anterior. Terminaremos el 2017 con males ya conocidos: niveles de escasez de hambre, el salario mínimo más bajo de la región, el valor de la moneda por los suelos y una inflación de más de 1.200%, preludio de una hiperinflación que traería consecuencias devastadoras para la economía.

    A una realidad económica muy compleja se suma una situación financiera aún más. Por primera vez una nación petrolera anuncia su quiebra. La noticia de “reestructuración de la deuda total” dada por el gobierno venezolano hace algunos días conmocionó al mundo financiero que, aunque ya advertía que el caso venezolano era inmanejable, recibió con sorpresa la poca seriedad con la que el chavismo está enfrentando este tema, indicador de que vienen tiempos tormentosos para las finanzas del país.

    Entre todo lo malo, quizá lo más dramático tiene que ver con la salud del venezolano. El hambre con el que muchos se acuestan y las graves consecuencias a futuro de la mala alimentación con la que tantos niños están creciendo son alarmantes. Expertos advierten que las consecuencias físicas y cognitivas para toda una generación serán terribles. La desnutrición es una condena de por vida.

    Pero incluso a corto plazo ya somos testigos de los resultados del colapso de un modelo fracasado: expertos de la Universidad de Carabobo afirman que las numerosas fallas en el sistema de salud público originaron que enfermedades como la malaria, la difteria y el sarampión reemergieran en el país. Esto, en un país que además enfrenta una crítica situación de escasez de medicinas, es la tormenta perfecta para el desastre.  

    Mientras el país se cae a pedazos a nuestro alrededor, nuestras élites siguen mirándose el ombligo. Gran parte de la dirigencia opositora pasa su tiempo pensando en cómo vender un “diálogo” que solo le da tiempo y oxígeno al gobierno y unas elecciones municipales que no son mucho más que un circo. En el que, dicho seo de paso, los candidatos de oposición están haciendo el rol de unos tristes payasos.

    No terminan de entender que si no se cambia el rumbo, en el mejor escenario recibirán ruinas de lo que en algún momento fue un país; junto al repudio y a la condena de millones de personas que no solo la están pasando muy mal, sino que también están cansados de tanto engaño, de lado y lado.

    Los venezolanos están claros, más claros que nunca. Son algunos políticos y sus círculos de influencia los que siguen en un permanente estado de confusión.

  • La implosión social y el fin del populismo en Venezuela – Por Julio Pérez

    La implosión social y el fin del populismo en Venezuela – Por Julio Pérez

    Cada vez que escucho a alguien defender tanto a los gobiernos representados por AD y por COPEI porque repartieron comida, juguetes, ropa, becas, dinero, para contrarrestar el argumento de los defensores del régimen Chavista quienes también esgrimen los mismos argumentos, me convenzo más de lo mal que estamos culturalmente. Es impensable que en pleno siglo XXI todavía las personas piensen que esas limosnas sean positivas para la sociedad. Realmente la plaga del populismo es y será difícil de erradicar.

    Es difícil convencer a una persona que tenga cierta simpatía y dependencia del estado, pero debemos explicarles la farsa del populismo, tenemos la obligación de decirles que nada es gratis, que alguien paga lo que el régimen regala o redistribuye. Estoy convencido que el venezolano tiene poca cultura política y económica. No puede ser que muchos piensen que la bolsa de CLAP es una bendición, que es algo positivo. Es imperativo hacerlas entender que un país no se desarrolla, no prospera de esa manera. Lógicamente no es necesario explicarles las ideas de Adán Smith, Ludwig von Mises Friedrich Hayek, Ayn Rand, pero podemos explicarles que un país crece en base al trabajo, en el apoyo a la propiedad privada, a la invención del hombre, educación, emprendimiento, libertad individual y la libertad económica. Venezuela ha tenido la mala experiencia de ser gobernada por políticos mediocres, populistas y demagogos, sueño con un gobierno donde se premie el mérito, la educación y las capacidades de las personas.

    La historia demuestra que aquellos gobiernos personalistas basados en el socialismo han fracasado, pero hay que reconocer que el discurso de los defensores del socialismo ha tenido impacto en la gente. Como dijo una diputada española “ustedes los socialistas son muy buenos para hablar y debatir, pero para trabajar y producir no sirven” y es así porque ellos apelan al bendito cuento de la desigualdad, la solidaridad con los pobres, el capitalismo explotador, y como los gobiernos reparten limosnas se venden como los buenos y los demás son los demonios.

    Pero eso debe acabar en Venezuela, es necesario desmontar el engaño populista como lo define Gloria Álvarez. No puede ser que entre Chávez y Maduro dilapidaran aproximadamente 1 billón de dólares y todavía el cucuteño sea quien gobierne. Es cierto que la oposición ha contribuido a eso, pero también la sociedad se ha prestado para que esta reencarnación del castro-comunismo siga en el poder, y esa contribución se debe a que una parte de la sociedad les ha creído a unos mediocres el mensaje de la justicia social, que ellos los aman, que los liberaron de la prisión del capitalismo. Nada más falso. En Venezuela nunca ha gobernado hombres con ideas liberales, todos han sido obnubilados por las ideas de izquierda, quizás Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno quiso implementar un cambio de paradigma en la sociedad venezolana a través del paquete económico liderado por Miguel Rodríguez, pero al hacerlo cometió muchos errores. Uno de ellos fue creer que su carisma bastaba para generar los cambios sin que la sociedad protestara, no entendió que un plan de esa magnitud requiere de una campaña de concientización y concertación. Primero con la gente y segundo con los sectores gremiales, industriales, académicos, periodísticos y sobre todo con un apoyo político de base. CAP no lo hizo así y lo pagó caro, su partido lo traicionó y los militares ideologizados por el castrismo actuaron a través de los intentos de golpes de estados. Y así llegamos a esta situación dramática donde Maduro tal cual el aprendiz de brujo desató la más grande ola populista conocida en nuestro país y, apelando a la idiotez del legado de Chávez, intensificó el derroche y nos trajo a este callejón sin salida.

    Desafortunadamente contamos con una oposición complaciente, ingenua, torpe y mediocre donde se resalta las apetencias personales, y con ideas mayoritariamente populistas. Por tal razón ha sido difícil salir del régimen. Sin duda, María Corina Machado ha sido de las pocas personas que se pueden destacar por su valentía, entereza y transparencia. Soy escéptico con respecto a creer en la integridad de las personas, siempre he sido desconfiado con los demás. Sin embargo debo decir que lo expresado hasta ahora en la conducta y las ideas de MCM ha sido suficiente como para creer que si podemos ser optimistas, he notado que la rodea un equipo de altísimo nivel, que promueve el libre mercado, aborrece el populismo y son libertarios por convicción.

    Me considero libertario, creo firmemente en que el libre mercado y un estado limitado es el mejor sistema creador de riquezas y bienestar en la sociedad, es por ello que pienso que estamos en una etapa cumbre en este momento, Venezuela va cambiar de modelo, solo falta que se les hable a las personas con la verdad.

    Nuestro país no aguanta más populismos, es difícil pero no imposible. Siempre lo he dicho, el gran problema de los que profesan las ideas libertarias es que apelan a un lenguaje técnico muy propio de académicos y de miembros de organizaciones de intelectuales como los famosos Think Tank. Siempre he creído que el problema es que son pocas las personas que se introducen en los barrios a hablar del tema, y no es por discriminación, la cuestión es que no le saben hablar a la gente, se hizo un intento en el 2012 pero eso de capitalismo popular resultó tan ambiguo que a mi entender pareció un chiste. Eso era demagogia pura, inclusive se puede inferir que hasta populista.

    Los términos deben ser claros, nada de ambigüedades y de expresiones pocos convincentes, el deseo de crecer y prosperar es un deseo natural del ser humano, las personas identifican de manera empírica y natural las reglas del mercado. Partiendo de ese criterio podemos utilizar estrategias para convencerlos de que eso que ellos piensan encarna los ideales del libre mercado. Hay que hacerlos ver que el populismo encarna la demagogia, la mediocridad, el atraso, la frustración, la miseria y otros males propios de los modelos socialistas.

    La economía no perdona, al final se impondrán las leyes económicas. Tarde o temprano la implosión llegara en nuestro país, el deber de los que defendemos la libertad es estar preparados para cuando eso pase, estar organizados, no solamente como partidos políticos o sociedades organizadas. También debemos estar preparados intelectualmente, y así enfrentar con mejores herramientas el futuro que se avecina. El fin del populismo no es una utopía, es una realidad. Venezuela lo necesita.

  • Entrevista a Pedro Urruchurtu – Por Chirley Rodríguez

    Entrevista a Pedro Urruchurtu – Por Chirley Rodríguez

    Muchos son los conceptos acuñados para definir el término de libertad, aún así es válido vincular el mismo hacia los fines dirigidos de la voluntad en cada individuo para su libre desarrollo, teniendo presente la responsabilidad que conllevan el uso de sus acciones en el desenvolvimiento de las mismas para evitar alcanzar la vía del libertinaje.

    Pedro Urruchurtu, politólogo UCV y Coordinador de (@VenteFormación)  expresó: “la libertad es tarea de todos los días y los jóvenes del presente tienen que luchar por ella para las nuevas generaciones”. Día a día en el caso específico de Venezuela, existe una clara evidencia que la generación actual se ha enfrentado al gran reto mediante diversas formas para conseguir de nuevo la libertad y la añorada democracia de la cual los antecesores comentan, pese a que “tenemos los mismos males históricos que se repiten desde hace años en Venezuela” afirmó el politólogo.

    A pesar de que Venezuela hoy en día es terreno fértil para la libertad, se continúan sembrando ideas desde diversos espacios para así alcanzarla y muchos son los líderes que se abocan hacia el camino de la misma, sin embargo no deja de existir un tímido acercamiento de dichos líderes dado los problemas socio políticos existentes y el constante interés por parte del gobierno central en mantener a la ciudadanía sumisa para que así los mismos carezcan de las capacidades para reaccionar de cara a las injusticias.

    Más que establecer un concepto, es preciso crear la concepción de que el ciudadano íntegro conozca sus derechos y los haga valer, por lo cual mucho se cuestiona la aprehensión tal elemento entre la sociedad venezolana, sin embargo el politólogo Pedro Urruchurtu  aseveró “la clase política que viene desde hace años aprendió las políticas de una Venezuela rentista y hoy en día renunciar a esos valores es muy difícil, los venezolanos aprendimos del valor de la libertad de manera muy abrupta, aun así la gente añora el pasado ya que el país se encontraba en una mejor situación” concluyó.

  • La vida empieza por las carreteras – Por Pedro Antonio De Mendonca

    La vida empieza por las carreteras – Por Pedro Antonio De Mendonca

    La inmensidad de la llanura había desaparecido y frente a nosotros todo era denso, invisible. José, el conductor del carrito por puesto en el que íbamos, se afanaba en desempañar su parabrisas con un trapito que había sido una franela. Era una lluvia salvaje, típica de la temporada de lluvias en los llanos centrales venezolanos. El joropito que salía del reproductor del vehículo era nuestra manzanilla.

    Pero una batucada en la rueda posterior derecha nos sacó de la ilusión. Rodamos hasta donde pudimos y José confirmó, ya emparamado de esa lluvia bestial, que con ese caucho no se podía seguir rodando. Habíamos caído en un hueco, esa rara especie que, en pleno siglo XXI, habita y evoluciona en las carreteras de nuestro estado Guárico. No había caucho de repuesto ni gato. Habíamos dejado atrás la ciudad de Valle de La Pascua y estábamos varados en medio del monte puro, sin poder ver ni poder ser vistos, debajo de aquella lluvia borrascosa.

    Nuestra vida corría peligro, como siempre corre cuando uno agarra una carretera por estos lados de la #VenezuelaProfunda. Esa es una realidad que alarma: la vida de la gente aquí es subvalorada, a juzgar por el estado de esas carreteras dieciochescas. Porque un sistema de carreteras es eso: un sensor de cuánto un Estado valora la vida de los ciudadanos. Y, en el caso de Venezuela, esa valoración es muy baja o inexistente.

    Un hueco en una vía es un machete filoso en la garganta de los viajeros. Por intentar esquivarlo, un carro puede volcar o colisionar con otro. Un bache, lo mismo: son incontables (por falta de estadísticas) los accidentes ocasionados porque los choferes pierden el control del volante en los bultos en el asfalto. Igual la falta de rayado y de alumbrado: como en la lluvia, los choferes de las carreteras guariqueñas manejan de noche prácticamente en el aire, sin saber ni siquiera si se aproxima una curva. Y no solo son los choferes los que corren peligro, son sus pasajeros, son las familias las que se ven directamente afectadas.

    Y hay escasez de quien asuma la responsabilidad. Un sistema vial es expresión del valor de la vida de la gente, puesto que carreteras en mal estado representan también un atentado a la propiedad, lo más sagrado que tiene un individuo, puesto que en ella se resume un tiempo, una parte de vida, invertido. Y si no que lo diga José: ahora debía gastar casi 2 millones de bolívares en la compra de un caucho nuevo. El ingreso mínimo mensual no llega a los 500 mil. El pasaje Valle de La Pascua – Calabozo, en 30 mil. Ni para mantener el carro, ni para sacar de él la plata para mantener a la familia. Los números no dan. Carro dañado, negocio parado, deudas astronómicas, vidas atribuladas.

    Dado todo este desastroso panorama, ¿cómo exigirle a José y a los demás choferes que recurrentemente circulan por estas carreteras, por la razón que sea, que tengan sus carros en buenas condiciones, que es por donde comienza un plan genuino de seguridad vial? Porque no es solo la colisión, los posibles muertos y los heridos. Es el peligro de ser robado, despojado, en carreteras absolutamente solitarias y sin ningún plan de vigilancia efectivo.

    Es por esto por lo que uno decide ir a esa zona de Guárico en carrito por puesto y no en carro propio. Aquella vez venía con Henry Montanari, coordinador de Organización de Vente Venezuela en Guárico, de regreso de unas reuniones impresionantes con los equipos del partido en los municipios Leonardo Infante, Pedro Zaraza y El Socorro y llegamos a conversar, precisamente, de la respuesta política y de gestión que nuestra organización debe darle a todo un estado que lo amerita.

    Aunque en aquella ocasión solo me quedó consolar al desdichado José y asegurarle la verdad: que ese futuro de grandeza para nuestro estado, que comienza por las condiciones de las vías de transporte, está bien cerca. Pero -le aclaré- para eso tenemos que sacar a la dictadura y al dictador, que son los únicos que salen ganando con las vías en esas condiciones: son santuarios del narcotráfico, los secuestros, los atracos y la extorsión, delitos que soportan al Estado mafioso.

    Guárico es el cuarto estado más grande del país, es el corazón de Venezuela. Ha sido siempre conocido por ser el de las peores carreteras. Deberá pasar a ser ahora reconocido por ser el primero en el país que entró al siglo XXI por tener las mejores carreteras. Esto, haciendo transparentes los procesos de licitación de compañías para el diseño y mantenimiento de las vías; descentralizando la gestión de carreteras; construyendo autopistas, que son necesarias en esta entidad del país; implementando planes de transportes de carga pesada, que, por la economía regional, es imperativo; llevando a cabo planes de vigilancia policial en las carreteras y futuras autopistas; eliminando las alcabalas como un mecanismo de control ordinario y también -aunque esto es colateral- desarrollando los transportes fluvial, aéreo y ferroviario, para que conecte, nutra y se nutra del transporte terrestre.

    Con un sistema de carreteras desarrollado, una entidad incentiva el turismo, promueve la producción regional y atrae a inversores nacionales y extranjeros para el desenvolvimiento de actividades centrales para nuestra economía. Pero todo eso se logrará cuando haya un régimen al que le convenga un ciudadano seguro, productivo, próspero. Eso será cuando nos abramos al mundo. Lo demás irá viniendo en consecuencia.

    Ese día José tendrá todos los incentivos para tener su carro al día, competirá para ser el mejor en el mercado de transporte y podrá invertir su ganancia en su negocio y en el bienestar de su familia. Por eso la vida empieza por las carreteras.

    @PedroDeMendonca
    Coordinador regional Vente Venezuela en Guárico

  • Petróleo y estigmatización – Por Luis Barragán

    En materia petrolera, el régimen ha hecho el contra-milagro de quebrar la industria, faltándole imaginación para inculpar al tal imperio, a la oposición y a los propios venezolanos sumergidos en la espantosa perplejidad que reporta la noticia, luego de la terca, enfermiza y engañosa publicidad que nos dijo y aseguró, nada más y nada menos, que somos y seremos una potencia. Bastará con constatar la crisis humanitaria que padecemos, ya sin las libertades necesarias para desmentir la prédica obsesiva del socialismo demoledor.

    Lo curioso es que todas las publicaciones oficiales relacionadas con la materia, insisten en el pretendido desenmascaramiento de las políticas entreguistas del pasado, las que precisamente hicieron de PDVSA una de las transnacionales más poderosas, rentables, eficaces y, en definitiva, competitivas del planeta. Y es que, con todas sus fallas y errores, distorsiones y equívocos, nunca supo de la situación en la que hoy se encuentra, prohibida cualquier indagación por más parlamentaria que sea.

    Lejos de descalificar o demeritar al autor, recientemente leímos un par de ensayos de Carlos Mendoza Pottellá que corroboran nuestra convicción: “Vigencia del nacionalismo petrolero” (El Perro y la Rana, Caracas, 2016), pues, parte de una terca premisa moral: la arraigada deshonestidad de los viejos ejecutivos y políticos relacionados con el petróleo que, simplemente, lo subastaron y entregaron a la voracidad de los intereses transnacionales completamente ajenos al país. Por supuesto, acentuando los preceptos políticos, prefería la más completa estatización del negocio y maximización a todo trance de la renta, aportando páginas harto interesantes sobre determinados aspectos técnicos, pero siempre predispuesto frente a la “ideología empresarial”.

    Por casualidad, semanas atrás, descubrimos y registramos un viejo artículo de Gustavo Coronel (http://lbarragan.blogspot.com/2017/10/tinta-petrolera.html), distinguiendo entre los beneficios efectivos que conquistó el país, más allá del Estado-Nacional. Útil y necesaria distinción, importante para una relación de complementariedad, mientras avanza la globalización orientada  a un impredecible reacomodo de los factores, que clama por una modernización del discurso, sentimos, más que las trampas de la post-modernidad, como escribió Mendoza Pottellá en 1998, que somos víctimas de un sorprendente asalto a la premodernidad.

    A través de sus publicaciones oficiales, es nuestro convencimiento, la actual dictadura insiste en los ya remotos enfoques en el campo petrolero, cuestionando la integridad ética de toda la dirigencia que llevó adelante una política exitosa, procurando neutralizar la crítica al monumental fracaso del siglo XXI, e – intimidándolo – estigmatizar a todo crítico que se atreva a la más modesta denuncia y reflexión. Por ello, ni siquiera sabemos de una respuesta sobria, fundada y coherente que se haya dado, por ejemplo, al informe suscrito por el entonces presidente de la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional sobre PDVSA, diputado Freddy Guevara, a finales de 2016, que no la es la ridícula demanda que supuestamente interpuso Rafael Ramírez, como tampoco se dice del actual poder petrolero interno, representado por ejecutivos aventajados por el anonimato, que deja demasiado atrás a la tecnocracia, por lo demás, públicamente conocida, que tanto le satisfizo desterrar Chávez Frías, comprometiendo el futuro mismo de la industria.

     

  • Quebrados – Por Miguel Velarde

    Lo que ocurrió la semana pasada se venía anticipando desde hace mucho tiempo: la admisión de la quiebra financiera de Venezuela, una nación petrolera. En cadena nacional el pasado jueves, Nicolás Maduro anunció que había ordenado que se comience con el proceso de “restructuración” de la deuda total del país.

    Este anuncio fue quizás el más esperado en mucho tiempo en los mercados financieros mundiales. Los actores más importantes de Wall Street y de la banca de inversión internacional coincidían en que la situación venezolana era insostenible y que solo era cuestión de tiempo para que se haga evidente que el país no estaba en la capacidad de cumplir con los pagos de su deuda.

    La economía venezolana se encuentra en una situación deplorable y cada año que pasa es peor que el anterior. En 2016 se contrajo 10%, mientras que se espera que este año lo haga en por lo menos 12%; la inflación de este año superará el 1000% y el próximo año es posible, según proyecciones del Fondo Monetario Internacional, que sobrepase los 2000%; la deuda alcanza los 150.000 millones de dólares mientras que las reservas internacionales son solo 10.000 millones de dólares, el punto más bajo en los últimos 15 años.

    En un contexto como éste, el régimen venezolano buscará reestructurar su deuda. El escenario no puede ser más adverso. No solamente la confianza en la economía y en el régimen venezolano es muy baja, sino que para lograr un canje general se lo debería hacer en una mesa de negociación con actores que están ahora sancionados por el gobierno de los Estados Unidos, lo cual hace cualquier virtual acuerdo mucho más difícil de imaginar.

    Una de las mayores preocupaciones de l dictadura seguramente es PDVSA y sus activos fuera de las fronteras venezolanas. ¿Qué pasaría con ellos en caso de no lograrse un acuerdo de reestructuración? Se abre la posibilidad de un escenario judicial internacional en el que las propiedades de PDVSA –refinerías, por ejemplo- puedan ser sujetas a embargos que no solamente afectarían el funcionamiento de la empresa, sino también las compras de crudo venezolano por parte de clientes que preferirán mirar a otras fuentes de oferta más estables.

    Fue quizá esto último lo que motivó que el régimen, antes de cesar sus pagos, decidiera hacer uno último el viernes por 1.100 millones de dólares correspondientes al bono 2017 de PDVSA. Es lógico pensar que de alguna manera, se buscará dejar fuera a PDVSA del proceso de reestructuración e intentar que no sea objeto de ninguna sanción.

    El caos económico y financiero del país es hoy imposible de ocultar, mientras el régimen sigue buscando culpables imaginarios como, en este caso, un bloqueo financiero internacional “con la complicidad de lacayos locales”.

    La inflación totalmente descontrolada, colas interminables por escasez de comida, medicinas y hasta efectivo, la acelerada pérdida del valor de nuestra moneda y, ahora, la admisión de que el país no está en condiciones de honrar su deuda, son prueba inocultable de una trágica e inédita realidad:

    Estamos quebrados.

     

  • He visto morir a dos personas en calabozos por falta de atención médica – Por Lorent Saleh

    He visto morir a dos personas en calabozos por falta de atención médica – Por Lorent Saleh

    Hoy escribo con tristeza en el corazón, con aquella que te tumba al suelo y se viene sobre toda tu existencia. Hoy escribo avergonzado de mí mismo y de nuestra sociedad. Hoy, esta pena puede más que yo. Hoy soy débil y frágil ante lo que me rodea y no puedo detener.

    Mi última carta fue hace un par de semanas, el 5 de octubre. En ella escribí sobre la negación de atención médica como forma de castigo y tortura aplicada a las personas detenidas por parte de órganos de seguridad del Estado venezolano. Tan solo días después, murió un joven que estaba en un calabozo llamado «tigrito», al final del pasillo azul con blanco. Murió de tuberculosis. Lo asesinaron al negarle deliberadamente el derecho a la salud.

    La noticia corrió como murmullo entre rejas y barrotes, pero no fue importante, las elecciones de los políticos colmaban nuevamente la atención. Y, lo que es peor, se sintió ese aroma de no merecer dolientes porque era un «delincuente común» y «mala suerte que muriera».

    En Venezuela a los presos, políticos o no, se les debe respetar la dignidad por igual; es decir, se les debe garantizar su derecho a la vida y la salud. Ya hace menos de un año había muerto una mujer aquí en el SEBIN por la misma razón, por no brindarle la oportuna atención médica. Lo recuerdo claramente. Tocó mi fibra. No puedo olvidarlo, estoy obligado a no olvidarlo, para no perder consciencia del momento que atravesamos. No podemos aceptar esto como algo normal.

    Yo no quiero con esto culpar ni señalar a funcionarios, cada hombre aquí sabe de de qué es o no partícipe. Hoy la culpa la asumo yo, hoy la culpa también es de todos, que miramos selectivamente la tragedia ajena y olvidamos el sentido de piedad. Nuestra sociedad se deshumaniza, se consume a sí misma, se autodestruye. Y todos somos parte de ello.

    Tengo miedo a terminar teniendo «piel de cocodrilo» como consecuencia de vivir por tanto tiempo tanta cosas terribles. Tengo miedo de dejar de sentir dolor. Es la única forma de muerte a la que temo, a la muerte del sentimiento.

    Lorent Saleh

    Prisión Política SEBIN

  • La dictadura prodigiosa – Por Antonio Sánchez García

    La dictadura prodigiosa – Por Antonio Sánchez García

    Son los ejes de la supervivencia de la más repudiable y devastadora dictadura de la historia venezolana: su supuesta naturaleza socialista y de izquierdas, que encuentra el respaldo y beneplácito de todas las izquierdas y el llamado progresismo del mundo, por una parte.  Y el colaboracionismo culposo de una dirigencia opositora acordada con el régimen para preservar sus propios espacios de supervivencia. En el medio, huérfano, un pueblo y una nación a la deriva. Es la tragedia de Venezuela.

     

    A María Corina Machado y Antonio Ledezma

               Patricia Janiot, la gran reportera colombiana de CNN se preguntaba asombrada, cómo era posible que una dictadura que tiene los más altos índices de inflación, de miseria, de violencia y criminalidad del mundo, que ha despilfarrado trillones de dólares y cuya cúpula cívico militar se ha robado cientos de miles de millones de dólares – la inmensa mayoría de ellos aún a resguardo en serios establecimientos bancarios del mundo de los negocios -, es el primer cartel narcotraficante del planeta, sirve de base al terrorismo del Estado Islámico en Occidente y puede llegar al extremo de asesinar un manifestante por día, entre muchos otros récords Guinness sólo posibles en un país mutilado por la barbarie castro comunista, podía arrasar en un proceso electoral como lo hiciera supuestamente este domingo 15 de Octubre de 2017, fecha que debe quedar consignada para la historia de los fraudes más descomunales habidos en la historia de las dictaduras de América Latina y, posiblemente, del Tercer Mundo.

               Es obvio que Patricia Janiot y todos los periodistas dotados de una mínima objetividad y capacidad de análisis saben que la respuesta está implícita en la pregunta. Se trata, en efecto,  de una dictadura dotada de tres características únicas y difícilmente repetibles en otro lugar de América Latina: tiene lugar en un país petrolero que cuenta con las mayores reservas petrolíferas del mundo y, por lo tanto, potencialmente rico; es la única satrapía colonizada en sus sesenta años de existencia por la tiranía castro comunista cubana, que la posee y domina con toda su ingeniería político militar totalitaria por lo menos desde mediados del año 2002; ha logrado implementar un sistema de dominación mixto, demócrata-dictatorial, con la importante colaboración de una élite política opositora partidista, corrupta y dispuesta a participar en su cortejo legitimador a cambio de canonjías y prebendas económicas inconfesables.

               Esa dictadura, que ha logrado un primer prodigio: arruinar en pocos años al país más rico y próspero de la región, devastar su poderosa y ejemplar industria petrolera y sumir a su joven, semi educada y pujante población, en una estremecedora crisis humanitaria, llevó a su máxima perversión la mascarada de elecciones periódicas que han servido a dos propósitos: aparentar el funcionamiento de una democracia plebiscitaria, directa y general, y confundir a la opinión pública mundial que observa, desconcertada, sus prodigios electorales. Es el caso del proceso electoral de este 15 de octubre último.

               Pero no el único. El 30 de julio escenificó otro aún más asombroso: violando sus propias disposiciones constitucionales celebró un falso plebiscito en medio del más desértico y despoblado de los comicios habidos en la historia de la República, con el insólito resultado de haber contado con más de ocho millones de votantes. Fueron nuestros walkings deads: nadie los vio, nadie pudo certificarlos, la empresa desalojada de la responsabilidad de velar por su funcionamiento electrónico lo declaró desde Londres explícitamente fraudulento,  aunque sirviera para dotar de existencia a un fantasmagórico instrumento de legislación, legitimación y aplicación de justicia único en el planeta: la llamada Asamblea Nacional Constituyente, un funambulesco organismo supra constitucional dotado del poder de vida o muerte de la ciudadanía. No lo aceptó nadie en el mundo. Salvo, implícitamente,  la propia oposición venezolana.

                En efecto, lo asombroso no fue ese fraude histórico y su dimensión esperpéntica. Lo asombroso es que fue precedido de otro ejercicio electoral plebiscitario organizado directamente por la oposición que contó, verdadera, visible, inobjetablemente con la asistencia comprobada de más de siete millones setecientos mil ciudadanos. Que calculados sobre la base del potencial electoral real y la cifra de abstención orgánica, no le dejan al régimen más que dos millones quinientos mil o tres millones de votantes eventuales. Una cifra que se corresponde a los datos de todas las encuestas, según la cual el gobierno de Nicolás Maduro cuenta con un rechazo explícito del 85% de la población votante. De dieciocho millones de electores, dos millones setecientos mil votantes.

                Detrás de estos arcanos aparentemente indescifrables hay hechos que deben confundir a Patricia Janiot y en general a la comunidad internacional que se solidariza con la oposición venezolana en su desesperada, pero espasmódica, heterogénea y contradictoria lucha por la Libertad. Nos referimos a los gobiernos democráticos del mundo, a la Organización de Estados Americanos y su Secretario General, Luis Almagro, a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a la Comunidad Europea. ¿Por qué esa misma oposición que convoca a ese plebiscito, una de cuyas preguntas, respondidas unánimemente por los consultados, y que llamaba a desconocer a dicha Asamblea Nacional Constituyente por inconstitucional, fue flagrantemente desconocida por la misma oposición al aceptar ser convocada por ella a unas elecciones regionales pendientes de realización, en otro flagrante desconocimiento de las normas constitucionales? ¿Cómo se llama a desconocerla el 30 de Julio y días después se la legitima aceptando su convocatoria a unas elecciones regionales, quebrando así los dramáticos meses de enfrentamientos que también ella convocara y dirigiera, aplicando dos artículos definitorios y terminantes de la misma Constitución – los artículos 333 y 350 que llaman a desconocer un régimen dictatorial y obliga y legitima el combatirlo por todos los medios – y que se saldaran con el asesinato de más de ciento sesenta jóvenes manifestantes, a razón de un asesinato promedio por días de luchas?

                Mayor confusión causa saber que esa misma oposición, mayoritaria en el principal cuerpo legislativo de la Nación, declaró ilegítimo al presidente de la República, aplicándole una cláusula que lo separa del cargo por ausencia. ¿Cómo lo separa de su cargo y, al mismo tiempo, obedece sus decisiones? ¿Cómo puede desconocerlo y simultáneamente aceptar su convocatoria a elecciones regionales, sin dar la impresión de estar coludida con la dictadura y aceptar jugar con ella en un tira y encoge que no hace más que vitalizar al régimen, garantizar su sobrevivencia y quebrantar las fuerzas populares?

                No existe otra respuesta explicatoria a las aparentemente inexplicables preguntas de la periodista Patricia Janiot que ésta:  el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, abiertamente al servicio de la tiranía cubana a la que sirve para asegurarle su frágil sobrevivencia, sobrevive ella misma, se mantiene y legitima por una dirigencia político partidista colaboracionista que no quiere, no desea ni termina de entender el juego siniestro del que forma parte. Y una ciudadanía fracturada entre quienes aceptan seguir el maquiavélico juego al que una parte dominante y hegemónica de su dirigencia la compele, y otra, aparentemente ya mayoritaria, que se niega a seguir el pérfido juego de mezquinos intereses del colaboracionismo cogobernante. Esa parte colaboracionista ha llegado al extremo de culpar por el monumental fraude de este 15 de octubre al propio pueblo venezolano y a quienes denunciaron la naturaleza perversa y corrompida del proceso electoral, previendo con una dolorosa exactitud lo que, en efecto ocurrió: este régimen no será desalojado pacífica y electoralmente.

               Son los ejes de la supervivencia de la más repudiable y devastadora dictadura de la historia venezolana: su supuesta naturaleza socialista y de izquierdas, que encuentra el respaldo y beneplácito de todas las izquierdas y el progresismo del mundo, por una parte.  Y el colaboracionismo culposo de una dirigencia opositora acordada con el régimen para preservar sus propios espacios de supervivencia. En el medio, huérfano, un pueblo y una nación a la deriva. Es la tragedia de Venezuela.

     

    Antonio Sánchez García @sangarccs

  • ¿Y ahora qué? – Por Eduardo Díaz Ayala

    ¿Y ahora qué? – Por Eduardo Díaz Ayala

    Lo sucedido antes, durante y después del pasado 15 de octubre puso al descubierto una vez más las características de un régimen que se publicita y jacta de ser excesivamente democrático pero en su proceder y actuar no hay costura que aguante o disfrace su talante dictatorial y abusivo.

    Una vez más se pusieron al descubierto los desaciertos, incongruencias, inocentadas y estupideces de una oposición que a pesar de ser una mayoría abrumadora, deambula ante la ausencia de un liderazgo serio, responsable, coherente en sus principios, valores, discurso y su curso de acción.

    Creo en el voto como el mecanismo constitucional para elegir autoridades de elección popular. Creo en la separación, autonomía y sistema de contrapeso de los poderes públicos. Creo en un CNE, TSJ, Defensor del Pueblo, Fiscal General y Contralor General elegidos y renovados como lo prevé la ley. Sin embargo, si es el gobierno de turno el que a su conveniencia designa, controla y maneja esas autoridades y constantemente viola, pisotea y desprecia los derechos de los ciudadanos, es ilusorio actuar como corderitos para hacer valer nuestros derechos democráticos ante un régimen autoritario y dictatorial.

    El voto es nuestra arma democrática y eso no se discute. Pero también son nuestras armas democráticas y constitucionalmente previstas, la desobediencia civil, la protesta y manifestación pública, el desconocimiento de autoridades o régimen que actúe o funcione en violación de preceptos constitucionales, más aún si están involucrados derechos humanos. Ello debe ser bajo parámetros pacíficos y racionales tanto del lado del gobierno como del lado del ciudadano que ejerce y reclama sus derechos. Si del lado del gobierno se pretende acallar o impedir ese ejercicio, sobra el derecho de mostrar los dientes y protestar enérgicamente aún ante la desproporción por parte del gobierno que cuenta con la fuerza pública y las armas y de ello ha hecho un uso desmedido.

    El ciudadano harto de tanto abuso salió a la calle a protestar y hacer valer sus derechos y ello se prolongó por varios meses. Resultado: cientos de muertos, heridos y detenidos. Ello importa poco o nada a un régimen de este tipo ya que para ellos la prioridad es mantenerse en el poder sin importar el costo humano o material. Fallando los llamados a diálogo de parte del gobierno, lanzaron el anzuelo de elección de gobernadores, santo remedio. Los representantes de los partidos políticos decidieron contarse a sabiendas del politizado, sesgado, sumiso y parcializado CNE a “lo que usted diga mi comandante en jefe”. La dictadura una vez más logró su objetivo: terminar las protestas y enviar un mensaje a la comunidad internacional de que aquí sí hay democracia. El llamado a elecciones fue lo que el diálogo fue a finales del 2016.

    Primarias en la oposición para seleccionar mayoría de candidatos. Algunos diputados de la AN se postulan en lugar de luchar desde la trinchera en la que el pueblo los puso. Entre gritos de fraude, trampa y violencia seleccionaron a esos “valientes salvadores” que irían a la contienda. Ya contaban a futuro cómo se repartirán esas 15 o más gobernaciones entre adecos, justicieros, VP, AP, Causa R. Balde de agua fría cayó. Qué vergüenza. Escasamente 5 gobernaciones se lograron y deberán arrodillarse ante la ANC para poder encargarse, caso contrario harán nuevas elecciones en esas regiones. ¿Qué tal?.

    Se repitieron los gritos de fraude, trampa, manejos oscuros de actas y votos. Se culpan unos a otros del descalabro, a la abstención.  ¿Es que esperaban menos de parte del gobierno y del CNE? ¿Y del mensaje diario de Maduro repitiendo que oposición decidió ir a elecciones y con ello reconocían a la espuria ANC y a la “pujante” democracia venezolana? ¿Es que pensaban que el gobierno dejaría que nuevamente la oposición ganara? Ni pensarlo, sería el acabose de la revolución. Con esa ANC ellos pueden actuar como quieren, cuando quieren y contra cualquiera que se les interponga en su camino.

    ¿Y ahora qué? El país se ha teñido de rojo y ya no existe una oposición sólida, más sí debilitada y desanimada. Es el momento de una nueva alianza nacional en la que participemos todos los que queremos restituir la República, la libertad, la paz y la vigencia de la constitución, sin protagonismos, en el que prive el interés nacional sobre intereses personales y partidistas.

    Eduardo J. Díaz Ayala