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  • Amnistía y paz – Por Juan Marcos Colmenares

    Amnistía y paz – Por Juan Marcos Colmenares

    “La amnistía es el primer paso para la paz y la reconciliación de todo el pueblo de Venezuela” (Tomás Guanipa).

    La amnistía es un acto político y jurídico emanado del poder legislativo por el cual se elimina la responsabilidad penal de un delito, se extingue la acción penal y el estado renuncia al ejercicio del ius puniendi o derecho de castigo, cesando las responsabilidades de las personas involucradas. La Constitución Bolivariana de 1999 (Artículo 187.5 CN) otorga a la Asamblea Nacional la facultad de decretar amnistías como un privilegio exclusivo, con la única limitación de que no puede decretarse ni concederse respecto de delitos de lesa humanidad, violaciones graves de derechos humanos y crímenes de guerra (Artículo 29 CN).

    Al referirse la amnistía a hechos considerados como punibles y despenalizarlos, no solo alude a delitos de tipo penal, sino también a ilícitos administrativos y a inhabilitaciones políticas acordadas por la Contraloría General de la República. De manera que si el hecho queda despenalizado y borrado o extinguido como hecho punible, opera para todas las personas que pudieran haber sido investigadas, imputadas, acusadas o condenadas por los mismos hechos, sin excepción alguna.

    Fue un compromiso primordial de la MUD la aprobación de una ley de amnistía general para liberar a los presos políticos, estudiantes, periodistas y líderes sindicales y que permitiría el retorno de los exiliados y perseguidos. Ese fue un mandato del pueblo en las elecciones parlamentarias el 6D. Ya se dio el primer paso al consignar en la AN el proyecto de ley y ahora viene la etapa de discusión y aprobación. Es allí donde será necesario andar con pies de plomo, para no cometer errores y darle argumentos al oficialismo.

    Pero ¿debe el Decreto de Amnistía revestir forma de ley y remitirse para su ejecútese a la presidencia de la República? ¿Puede ser un decreto legislativo, un acto parlamentario, que no tenga forma de ley? ¿Podrá la AN lograr el cumplimiento de la Ley o del Decreto de Amnistía luego de su aprobación? ¿Qué sucedería si el régimen se niega a su cumplimiento y no pone en libertad a los presos políticos después de aprobada la norma? ¿Cuál será la posición del TSJ y su Sala Constitucional? ¿Puede la Sala Constitucional vetar la ley o el decreto de amnistía? Estas y muchas otras interrogantes deben ser consideradas y analizadas con frialdad.

    Compartiendo la opinión del Dr. Brewer Carías, consideramos que la AN debería emitir el Decreto de Amnistía mediante un acto parlamentario sin forma de ley, que no necesitaría ser enviado al poder ejecutivo y que, por ser perfectamente constitucional, no podría ser vetado por la Sala Constitucional del TSJ. Pero antes o paralelamente debe actuarse en otro frente; el del nombramiento írrito de los magistrados del TSJ, anular su designación bajo el principio de la auto-tutela de los actos y convocar a un nuevo proceso de postulaciones. Esto derrumbaría el muro de contención en el cual se ha convertido el TSJ, para impedir los cambios exigidos mayoritariamente por los venezolanos el 6D. Para todas estas acciones la AN necesita del apoyo firme y paciente, de una sociedad civil consciente de los difíciles momentos que transitamos.

    Mención aparte merece la Gente del Petróleo. La Ley de Amnistía debe ser considerada como un tributo para esos más de 18.000 trabajadores de la industria petrolera, que fueron despedidos y perseguidos injustamente, a quienes les fueron robadas sus prestaciones sociales y que el tiempo y la destrucción de nuestra principal industria les ha dado la razón.

    La ley de Amnistía será un importante paso para superar la venganza y el odio, crear condiciones para el entendimiento y lograr reconciliación, justicia y paz social.

  • Tonos indignantes – Por Miguel Velarde

    Tonos indignantes – Por Miguel Velarde

    Hace mucho que las notas de Dudamel desentonan

    Un hecho que en condiciones normales hubiera generado solo orgullo entre sus compatriotas, esta semana se convirtió en polémica.

    Gustavo Dudamel, el talentoso músico y director de orquesta venezolano, participó en el show del evento deportivo más importante de los Estados Unidos, el Super Bowl, dirigiendo a la Orquesta Juvenil de Los Angeles.

    Ver a Dudamel, en el evento más «gringo», rodeado de imperio, capitalismo y abundancia, mientras en Venezuela se abraza con un régimen que ha llevado a millones de sus compatriotas a pasar sus vidas en colas del hambre y la miseria, indispone.

    El alumno más aventajado de José Antonio Abreu es sin duda un gigante como músico y director de orquesta, pero es solo un enano como venezolano. Y uno debe ser, antes que nada, venezolano. Hoy más que nunca.

    En realidad, no se trata de Dudamel. Él es uno más. Quizás, por su fama, una de las caras más visibles de esa doble moral que acompaña a tantos cuyo discurso no puede estar más alejado de sus acciones. Nos hemos cansado escuchar frases demagógicas repetidas por obligación pero sin convicción. Suenan huecas, porque están vacías de verdad.

    Son muchos los que se llenan la boca de “patria”, “socialismo” y “pueblo”, mientras disfrutan los placeres del dinero y el derroche. Es incomprensible cómo en el país con la capital más peligrosa del mundo y la economía más miserable del planeta, existan algunos que se hayan hecho multimillonarios en la misma década en la que quebraron al país.

    Pocas horas antes de su presentación, Dudamel dijo que tocarían «para la juventud del mundo, para que pueda inspirarse en crear tanto una vida mejor como un futuro mejor». Lamentablemente, de esa juventud del mundo, no participan los venezolanos. A ellos, les han robado tanto que se han llevado hasta su futuro.

    Las verdades incómodas pueden ser antipáticas, sobre todo cuando se trata de personas que han logrado mucho en su campo. Sin embargo, es mucho lo que hoy está en juego en el país, y cada uno de los ciudadanos tiene la responsabilidad de decir la verdad desde su posición.

    La realidad es que desde hace mucho que las notas de Dudamel desentonan. Llegan, incluso, a tonos indignantes.

    Twitter: @MiguelVelarde 

  • La lucha de clases en Miraflores – Por Luis Barragán

    La lucha de clases en Miraflores – Por Luis Barragán

    Consabido, partiendo de una consideración estrictamente económica, la lucha de clases es una de las nociones fundamentales del marxismo clásico. Según la escuela, ella hace la historia de acuerdo al desarrollo de las fuerzas productivas y modos de producción.

    Además de las reservas que podamos abrigar al respecto, por lo menos, en su perspectiva de corto y mediano plazos, es demasiado obvio, por una parte, que la nuestra es una economía (y una sociedad) rentista; y, por la otra, a pesar de sus invocaciones, el actual régimen venezolano se explica más por las consignas guevaristas que por un intento, por modesto que sea, de aplicar el propio marxismo que francamente desconoce.

    La más elemental aproximación que haga sobre sí, dibujaría una dramática pugna de supervivencia y ramificación de los núcleos privilegiados que ha parido, tras los fabulosos ingresos petroleros del período. Bastará con citar la lumpeburguesía, exportadora insigne de capitales, en la era del control de cambio, y el lumpemproletariado, cuya conducción tiene por paradójico epicentro las cárceles: la una, goza de extraordinarias cuentas bancarias e invierte en complejos inmobiliarios del exterior, mientras que la otra, acuartelados sus contingentes en las impenetrables zonas marginales, tampoco queda atrás en sus extravagancias.

    Harto peligroso es el análisis  de lo que ha ocurrido en más de década y media, a la luz de la lucha de clases, reducida a la sistemática y violenta escaramuza de supervivencia que, no por azar, siendo un dato lamentablemente constante y creciente, representa muy bien las casi treinta mil muertes anuales que ha afectado principalmente a los sectores más jóvenes y empobrecidos de la población. Boliburgueses y pranes aparte, con los matices de rigor, queda una suerte de reducido ejército de desamparados que claman por un favor de la burocracia y, al movilizarse para hostigar a la oposición, de vez en cuando sirve de espuela la alusión a banderas que algún avisado llama … lucha de clases.

    Descontextualicemos por un momento al propio Marx, quien – referido a los republicanos burgueses por 1849 – aseguró que pasaron del “nivel de un partido al nivel de una pandilla”, manejando “la Constitución como una intriga” (“Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1980: 78).  En un estilo que muy bien tuvo ocasión de estudiar Ludovico Silva, tomamos sus expresiones para retratar a un partido de gobierno que, al pretender monopolizar toda interpretación de la Constitución, no logra ocultar las condiciones que ha consumado. Sin embargo,  reparemos en un dato esencial: la lucha de las clases generadas por el régimen, tiene por escenario Miraflores, pero el asiento principal está en las agencias bancarias, los registros y las notarías que cuidan – por ahora – muy bien el secreto.

    Twitter: @LuisBarraganJ

  • Caldera, política y cristiandad – Por Luis Barragán

    Caldera, política y cristiandad – Por Luis Barragán

    En el marco de la celebración de su centenario, la programación de los foros alusivos comenzó con el realizado – significativamente – en la sede de la CTV, centrado en la perspectiva cristiana de Rafael Caldera. Nos correspondió intervenir como panelistas, complementando la brillante exposición que hizo Abdón Vivas Terán y, como siempre, la muy interesante y sugestiva de Naudy Suárez.

    El tema, nada fácil para cubrirlo en un solo evento, nos permitió constatar y también descubrir algunas facetas del compromiso ético del yaracuyano  que, más allá de la práctica religiosa,   se proyectó al ámbito político concreto de los también difíciles años en los que le tocó emerger, pues, el debate público tenía otros y muy marcados parámetros, como el positivismo y el marxismo. Apareció una opción concreta de inspiración cristiana, a partir de la Unión Nacional Estudiantil (UNE), pero el solo planteamiento y revalidación política de un mensaje fundado en la enseñanza social de la Iglesia, constituyó una hazaña por su contexto e implicaciones.

    Apartados de nuestra modesta exposición en el citado foro, a la espera de la publicación de las extraordinarias que aportaron Abdón y Naudy, deseamos recalcar una circunstancia: la inversión de valores, manipulados y tergiversados hasta el hastío, explica la crisis – por lo demás, prolongada – que hemos experimentado en los últimos años. Años orwellianos que, es necesario reconocer, trastocó y condicionó a la oposición, pues, sin demandar su pureza, su imposible pureza, hubo y hay sectores que reflejan o reproducen las convicciones y los procederes inherentes a un régimen capaz de generar tan perversa pedagogía.

    El culto a la personalidad que ha caracterizado al régimen todos estos años, provoca una cierta religiosidad del poder escondida en el sincretismo de grupos,  incluso,  bien intencionados, que buscan o claman por su reconocimiento y beneficios. Y, con un mayor acento de Chávez Frías, ponderada la herencia por su sucesor, se hizo de la simbología, el lenguaje y determinadas actitudes, confiscándolas, a objeto de legitimar un discurso orientado al sedicente continuismo gubernamental.

    Sectores del pentecostalismo y de la santería en Venezuela, añadidos los católicos (intentado un “cisma” en la Iglesia zuliana o la febril promoción como activista político de un jesuita), compelidos,  ilustran las consecuencias del discurso de confiscación, por no citar el abusivo empleo de sus símbolos y rituales, a veces no tan implícitos. Los especialistas advierten la tendencia de un movimiento mágico-religioso que, agotado, ya comienza a sincerar sus difíciles retos de supervivencia como movimiento político mismo.

    Harto conocida fue, al fundar un partido de inspiración socialcristiana, la precisión que hizo Caldera sobre el carácter no confesional de la organización y, mejor aún, la diferenciación entre los ámbitos sagrado y terrenal. Tratándose de la jefatura del Estado, comprendió muy bien que no debía privilegiar la relación con una determinada creencia organizada, por más que coincidiera con su profesión de fe; y, naturalmente, expresando al país predominantemente católico, como jefe de Gobierno, que esa frecuente relación no fuese para subordinar a la Iglesia que, como acaeció, no pocas veces dejo constancia de su inconformidad con las políticas oficiales.

    Inevitable fue  reflejar la conducta pública de un católico practicante, pero no menos cierto que respetó ritos y símbolos, predicó el pluralismo y procuró un lenguaje republicano, sin caer en la tentación de una obscena y directa manipulación de los elementos, como ha ocurrido hasta en las circunstancias más banales, a juzgar por la última   década y media en Venezuela. La diferenciación entre lo sagrado y lo profano, lo divino y lo terrenal, habla de una definida, cultivada y larga convicción religiosa que también constituyó una ventaja.

    Ventaja como la de acreditar a los actores políticos que no temieron revelar su identidad religiosa, moderando sus opiniones y reclamos respecto a la  conducta ajena en el específico ámbito. Por estos años, el discurso confiscador se ha empinado – moralista – para sentenciar a los demás, como si monopolizara todas las virtudes; consta, por una parte, en la vieja prensa,  las preocupaciones y diligencias de Caldera como laico activo, y, por la otra,  la cuidadosa prudencia para no juzgar  públicamente las otras conductas religiosas, mucho menos, como un aventajado recurso político.

    Hubo un respeto por la institucionalidad religiosa de las distintas creencias que hoy valoramos y, más, por los particulares símbolos y rituales de un ecumenismo convencido, contrastante – valga acotar – con el pastiche atribuido a los tiempos de la postmodernidad que se hizo impúdico poder. Coherente formación religiosa que no configuró fenómeno invasivo alguno de la sociedad, sino que la previno – políticamente – frente a los oleajes recurrentes de modas, oportunismos y otras modalidades fraudulentas.

    El compromiso cristiano de Rafael Caldera, en las versiones de Vivas Terán y Suárez, ha suscitado un poco estas notas posteriores al foro en el que pretendimos versar sobre las relaciones del Estado con Roma, el impacto de la guerra civil española y su poder estigmatizador, la etapa pre-conciliar y conciliar, las distintas escuelas teológicas y su proyección política. No obstante, aunque el neotomismo del ex – presidente luzca evidente, queda pendiente explorar sus peculiares acentos teológicos, influyentes en una postura y una realización políticas.

    Twitter: @LuisBarraganJ

  • Redes Sociales, expresión de las Naciones – Por Daniel Merchán

    Redes Sociales, expresión de las Naciones – Por Daniel Merchán

    Las redes sociales han supuesto una integración evidente de internautas de todo el mundo, la unión de personas cuya interacción por otros medios habría resultado bastante improbable. Son ya una clara expresión de la globalización, pero por otra parte han cedido a la tendencia humana de sectorizar y segregarse, y así han evolucionado hasta las de territorialidad o temática muy marcada. Existen, redes sociales propias de cada país o región, donde apenas operan personas ajenas a las mismas, y en las que los usuarios parecen sentirse más cómodos o resguardados toda vez que navegan de mano de la familiaridad que da la propia idiosincrasia.

    Algunos ejemplos de éxito en algunas localidades lo representan: Skyrock (Francia), Orkut (Brasil), Duepuntozero (Italia), StudiVZ (Alemania), Hyves (Holanda), Vkontakte (Rusia), Cyworld (Corea), Hatena (Japón), Sibir (Bulgaria), Dubaibuddies (Emiratos Árabes), Fungu (República Checa) Iwiw (Hungría), y  Playahead (Suecia).

    Sin embargo, las emblemáticas: Facebook, Twitter, Youtube, Linkedin, Instagram, etc siguen marcando la pauta en los primeros lugares de interacción global para distintos fines, de hecho, los últimos acontecimientos mundiales han hecho replantearse además de un nuevo orden mundial, la relevancia de las redes sociales. En unos regímenes donde la libertad se veía mermada, la red ha sido la ventana de apertura para muchos.

    Las redes sociales han tenido un papel importantísimo en las revueltas de Túnez y Egipto. Los últimos datos recopilados determinan que las redes sociales han superado a los periódicos en número de usuarios en los países árabes. Por ejemplo, actualmente Facebook tiene 17 millones de usuarios en los países árabes mientras que 14 millones de copias de periódicos se venden a diario en estos países.

    El caso de algunos países de Medio Oriente ha resultado especialmente revelador. ¿Quién podría haber imaginado hace tan sólo un año que gobiernos como el de Túnez, Egipto, o Libia podían tambalearse o derrumbarse gracias al poder de comunicación con el que ciertas plataformas sociales han dotado a poblaciones descontentas o sometidas?. Sorprendente o no, es un hecho que los social media han llegado para quedarse, y no sólo en nuestra sociedad sino en todas aquéllas donde un ordenador o un teléfono móvil pueda poner en contacto a una persona con la red, en la nueva Sociedad 2.0.

    Cabe resaltar que tales acciones han motivado a distintas naciones en el intento de censurar estos espacios informativos, Turquía no es el primero ni el último en restringir el uso de las redes sociales y las plataformas de internet. El primer ministro turco, Recep Tayipp Erdogan, bloqueó Twitter y YouTube para impedir que se difundieran los casos de corrupción que salpicaban a su gestión. Si bien la Justicia determinó que debía levantar la restricción, se vivieron días de censura en Turquía, una democracia parlamentarista. Hay otros países del globo que acostumbran a las prohibiciones de internet y de las redes sociales China, Cuba, Irán, Vietnam y Corea del Norte integran el triste listado.

    La redes hoy condicionan el ejercicio de los gobiernos, vale recordar de igual modo la ola de protestas anti-copa que sacudió a Brasil en 2013 durante la copa confederaciones de fútbol y de cara a la realización del mundial en 2014, exigiendo mejoras en el nivel de vida de los brasileños, al punto de ser tomadas por completo las instituciones gubernamentales en Sao Paulo bajo manifestaciones convocadas por  internet, lo cual es evidencia para que tanto en gobierno como en campañas institucionales o electorales, se tome como clave escuchar a la gente, conocer sus necesidades, y tener un plan estratégico integral de comunicación capaz de responder de manera eficaz las interacciones que se generan diariamente.

    Las nuevas tecnologías de la información ejecutadas de manera estratégica, permiten construir la base de un universo de seguidores que servirán a los gobiernos para comunicar y posicionar temas de interés y lograr una comunicación bidireccional que sea más eficiente, transparente y participativa para atender las necesidades de los ciudadanos convirtiéndolos en multiplicadores de la gestión de gobierno. Sin duda, hay que reconocer la importancia que han adquirido las redes sociales, las cuales ocupan un espacio privilegiado en la vida moderna que dinamiza y modifica los métodos mediante los cuales la sociedad se relaciona y comunica.

    Por tal motivo, desde las revoluciones árabes hasta Turquía, pasando por Cuba y tantos otros sitios, las redes sociales se han convertido en un instrumento para la lucha ciudadana. No solo es una herramienta para informar en tiempo real de lo que está ocurriendo, para que el resto del planeta se entere, sino que además sirve para hacer presión nacional e internacional, y en ciertos casos, como ya hemos visto, llegan hasta a cambiar sistemas políticos.

    Twitter: @Daniel_Merchan 

  • Prioridades nacionales: cuando la mentira nos impone dilemas de vida – Por Daniel Álvarez

    Prioridades nacionales: cuando la mentira nos impone dilemas de vida – Por Daniel Álvarez

    Uno de los grandes paradigmas que Carlos Rangel siempre planteó a lo largo de su nada corta trayectoria pública fue la llamada mentira constitucional, idea bajo la cual amparaba todos esos engaños –grandes y pequeños por igual- que los hispanoamericanos teníamos por costumbre crear para combatir los sentimientos de inferioridad que de vez en mes nos asechaban. Por lo general, estas mentiras permitían justificar sofismas centrales para nuestras sociedades, dando un alivio temporal ante nuestras fallas pero haciendo de estas más y más insuperables, hasta que la crisis inevitable hacía del engaño un constructo inviable.

    Viendo las discusiones, conversaciones y críticas que han ido apareciendo y profundizándose a lo largo de la larga crisis económica que estamos viviendo, no puedo evitar pensar que nuestra sociedad se ha vuelto víctima de su propia mentira, o más acertadamente, su propio engaño. Al ver cómo ha colapsado el modelo de repartición de renta arbitrario y demagógico construido bajo el epitome de socialismo del siglo XXI, gran parte de nuestra sociedad ha alzado la voz en defensa de lo que considera su derecho, entendiéndose esto como su beneficio correspondiente a aquel sistema.

    Siguiendo esta lógica, hemos visto un desfile interminable de personas de los más amplios espectros e intereses sociales desfilar por todos cada uno de los espacios de opinión que aún quedan en el país –que es preciso recordar, no son muchos. Desde viajeros que reclaman por sus dólares preferenciales hasta burócratas que luchan por evitar a toda costa el fin de sus privilegios, asumiendo todos y explicando y defendiendo porque su interés es más importante que los demás para la patria, o el país, o cualquier epítome similar.

    A la sombra de estos reclamos, ciertamente carnavalescos y superficiales, han ido surgiendo dramas más elementales y terribles para quienes son sus protagonistas. Comenzando por los miles de pacientes oncológicos condenados a una agonía cruel e inhumana por la inexistencia de los suplementos básicos para sus tratamientos, pasando por los niños que nacen condenados a un crecimiento malsano por la imposibilidad de acceder a los nutrientes más básicos y llegando a quienes deben dedicar su existencia buscando esa pastilla que les dará un día más de vida para buscar la siguiente, muchos pagan con su muerte el descalabro de un esquema que los ha condenado al ostracismo.

    Ante tal realidad, dramática y dolorosa para quien sienta este país, no hemos sabido responder con las verdades que en muchos casos sabemos ciertas. Una de las respuestas más comunes es el cínico debate sobre que debe tener más ‘prioridad’ en la crisis, siendo el control de cambio la principal arma para asignar tal importancia. Tal planteamiento nos ha llevado a discutir elecciones tan draconianas como el tipo de vidas que debemos salvar, la clase de estudios que deberíamos financiar o la comida que tenemos que importar.

    Esta discusión sin sentido – una más de nuestras mentiras- nos ha llevado a evitar asumir la realidad palpable a la vista: no tenemos la capacidad real de elegir ninguna prioridad. Viendo la destrucción de todos los sistemas fundamentales para una economía normal, en especial el sistema de precios y de asignación de capital, el colapso de la administración pública y la caída de los ingresos reales a niveles ínfimos, no tenemos los mecanismos para sostener siquiera una versión ínfima de un sistema que al final solo logró repartir miseria para todos por igual.

    Es deber de todos los que queremos rescatar nuestra nación no solo advertir, sino desafiar tal realidad, por más impopular que sea. Es momento de hacerle ver a nuestra sociedad que debemos conjurar todos nuestros esfuerzos en asumir los costos del único ajuste que puede rescatar nuestra nación,  el desmantelamiento sin paliativos de los controles económicos y sociales, protegiendo exclusivamente a aquellos que no tienen el tiempo ni la fuerza para sobrevivir tal transición. Necesitamos el liderazgo político que asuma el peso y el costo de guiarnos ante los tiempos más oscuros de nuestra historia republicana, de manera tal que podamos retomar la marcha hacia el futuro sin engaños ni mentiras, asumiendo un camino donde la verdad nos garantice nunca más tener que escoger el tipo de vida, o muerte, que deben sufrir nuestros ciudadanos.

    Twitter: @Dabiel_Jose 

  • La locura absoluta – Por Miguel Velarde

    La locura absoluta – Por Miguel Velarde

    El país fue víctima de un saqueo sin precedentes

    Finalmente, todo el mundo parece haber comprendido la gravedad del problema en el que estamos metidos. Todos, menos quienes nos gobiernan.

    No existe sector del país que no viva en carne propia las consecuencias de la crisis más profunda que haya conocido Venezuela. La “fiesta electoral” pasó rápidamente, el optimismo que generó una contundente victoria opositora en las elecciones parlamentarias también y la realidad no necesitó muchos días de enero para asentarse una vez más en el día a día del venezolano.

    Lo más preocupante es lo relacionado a medicinas y alimentos. Los anaqueles están cada día más vacíos, los precios inalcanzables, las colas más largas y los ciudadanos hartos. El jueves, el presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, Freddy Ceballos, consideró como “crítica” la situación de ese sector debido a que la carencia de medicamentos supera el 80%. Ceballos llegó incluso a calificar como una “crisis humanitaria” lo que se está viviendo y a pedir que se busque ayuda internacional.

    El desastre es tan evidente que se ve desde cualquier parte del planeta. Tanto organismos internacionales como agencias de análisis y la banca de inversión muestran su preocupación por el año que Venezuela tiene por delante.

    La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional anunció que prevé que la inflación en el país para el 2016 llegue a 720%, mucho mayor incluso al 275% de 2015. Así mismo, la revista Forbes afirmó, en un artículo publicado el pasado miércoles, que Venezuela caerá en un default inminente, debido a una grave recesión aunada a una contracción acumulada de aproximadamente 16%. “Ya no se trata de sí lo hará, sino de cuándo”, sentenció la revista especializada en economía.

    Como si no fuera suficiente, el petróleo se desploma. El precio promedio de la semana pasada fue de 21,63 dólares por barril, un nivel casi igual al costo de producirlo. Debe quedar claro que esta nueva realidad no es coyuntural, lo que nos obliga a enfrentar una dura realidad: es hora de replantearnos nuestra relación con el petróleo. Se acabó el mito del “país rico”.

    Nada de esto que vivimos es culpa de una “guerra económica” ni del “imperio”. El país fue víctima de un saqueo sin precedentes, la causa real por la que nos enfrentamos a una crisis económica, política, social y hasta moral de esta magnitud.

    Mientras tanto, el Ejecutivo tiene un único objetivo: el choque de poderes. Quienes hoy tienen la responsabilidad de asumir las consecuencias de su fracaso, solamente buscan profundizar el conflicto, para lograr quién sabe qué.

    En términos simples, esto que vivimos es la locura absoluta.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Es la Asamblea Nacional quien podía aprobar o no el decreto de emergencia económica – Por Jose A. Vega

    Es la Asamblea Nacional quien podía aprobar o no el decreto de emergencia económica – Por Jose A. Vega

    Ante declaraciones de dirigentes del PSUV como el diputado Pedro Carreño quien dice  «que como la Sala Constitucional se pronuncio antes que la AN el decreto es constitucional y adquirió firmeza aun siendo negado por la AN»,  es importante dejar claro ante el país que semejantes opiniones emitidas por el diputado Carreño,  buscan manipular y confundir a la población.

    El estado de emergencia económica es uno de los cuatro estados de excepción descritos en en el art. 338 de laCRBV y si bien es una atribución del Presidente de la República declarar dichos estados de excepción, el artículo 339 de la Constitucion establece que es la Asamblea Nacional quien tiene la potestad de aprobar el decreto y por su parte la Sala Constitucional del TSJ pronunciarse sobre la constitucionalidad del mismo y eso fue lo que aconteció. Por su parte la sala Constitucional opinó en el sentido de la constitucionalidad del decreto pero la mayoría de los diputados voto en contra de su aprobación y en consecuencia el decreto de estado de emergencia no tiene validez alguna.

    Adicionalmente el artículo 34 de la ley  orgánica sobre estados de excepción establece que «la sala Constitucional del TSJ omitira todo pronunciamiento si AN desaprobare decreto de estado de excepción, declarando extinguida la instancia».

    Además, nuestros diputados de la unidad democrática actuaron apegados a la voluntad de esa mayoría que los llevó a sus curules, en el sentido de no otorgar más poder a quienes durante 17 años utilizaron ese poder para destruir el aparato productivo con miras a construir un Estado todo poderoso de manera de generar la total dependencia de los ciudadanos hacia esa instancia y teniendo hoy como resultado el habernos llevado a la extrema crisis que padecemos y que de paso pretenden hacernos ver que somos víctimas de una situación sobrevenida producto exclusivamente de la baja de los precios del petróleo y en la que quienes ocupan hoy el poder no tienen mayores responsabilidades.

    Pero este pueblo despertó y está claro quienes son los culpables de todo este estado de destrucción y sabe muy bien que la situación cambiará sólo cuando cambie el gobierno y ello ante el acelerado deterioro se  convertirá muy pronto en un clamor nacional.

    Twitter: @JoseAVega

  • Rechazamos la militarización de la cultura – Por Luis Barragán

    Rechazamos la militarización de la cultura – Por Luis Barragán

    Con sobrada razón, los sectores culturales manifiestan su perplejidad y rechazo, con el cual nos solidarizamos, ante el anuncio de la constitución de un tal Estado Mayor de la Cultura Venezolana por el ministerio del ramo, formalizando la absurda militarización del pensamiento y del quehacer cultural incompatible con las libertades creadoras afianzadas por los valores de la democracia, el pluralismo y, sobre todo, el respecto a la dignidad humana imposible de reducir y manipular.

    Voces autorizadas, como la del profesor Carlos Guzmán, director del ININCO y coordinador de la Maestría en Gestión y Políticas Cultuales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), alertan sobre la conformación de ese Estado Mayor que parte de supuestos anacrónicos para la defensa de un régimen que se siente amenazado, tildándolos de enemigos, por los que promueven la libertad del pensamiento. E, indudable, tal circunstancia, la que, por cierto, tardó en expresarse, la facilita a vigente Ley Orgánica de Cultura.

    Es necesario recordarlo, una ley que combatimos por autoritaria e improvisada, sancionada por la Asamblea Nacional  en dos sesiones por agosto de 2013 y que no fue devuelta ni promulgada en el breve plazo que fija la Constitución, para imponerse por la vía de la habilitante año y medio después. Valga la curiosidad, una ley que originalmente contemplaba un Fondo Cultural, propicio para el despilfarro oficialista, como ha ocurrido con todos, por lo que fuimos estigmatizados quienes nos negamos a votarlo, para que después el propio señor Maduro lo descartara, dejando en ridículo a sus seguidores que apostaron por la fórmula financiera.

    Insisten en regimentar las actividades culturales del país, desconociendo el ejercicio de las libertades que les son indispensables para la creación y renovación plural de una sociedad a la que se le pretende espiritualmente tomar por asalto, socavándola y maniatándola.  La absurda militarización de la cultura, propia de un modelo que confía en la docilidad, la precariedad y el servilismo del pensamiento,  propiciando la resignación, no encuentra cabida en la decidida vocación democrática de la ciudadanía y ni siquiera en los supuestos responsables en materia  de seguridad y de defensa de la nación de la cual es corresponsable el Estado y la sociedad civil.

    Instalada la Comisión Permanente de Cultura de la novísima Asamblea Nacional, todos los sectores culturales podrán acudir a ella no sólo para formalizar la denuncia sobre esta pretendida militarización, como en efecto la llevaremos, sino para la rendición de cuentas que está muy pendiente por el ministerio del ramo, siendo propicia la oportunidad en la que la instancia parlamentaria ejercerá plenamente sus facultades sobre las Memorias y Cuentas de cada uno de los ministerio que conforman una gigantesca, compleja y costosísima burocracia.

    Twitter: @luisbarraganj

  • Ahora la transición, ruta impostergable – Por Daniel Merchán

    Ahora la transición, ruta impostergable – Por Daniel Merchán

    El reto que tiene la democracia venezolana en tiempos como este es de dimensiones existenciales, pues no hay posibilidad ni salida a la crisis sin el cese inmediato de un gobierno que ya no responde a las necesidades de la gente, de libertad, bienestar social, calidad de vida, salud, empleo, seguridad y especialmente tolerancia a la pluralidad del pensamiento, al disenso de las ideas y aportes para construir un verdadero concepto institucional de la república.

    Ahora bien, ciertamente la expresión ciudadana de las elecciones parlamentarias trajo consigo una mayoría abrumadora de 112 diputados, que en la mejor de las encuestas o en el más optimista de los pronósticos no estaban en el imaginario publico, pero así sucedió, eso dibujo la gente con su voto, un clamor absoluto de encontrarle buen puerto a sus esperanzas de cambio, al anhelo reprimido durante casi dos décadas de tener voces que hagan valer sus reclamos de un país mejor, aunque voces nunca faltaron, pero fueron perseguidas, apresadas, exiliadas o aisladas en su incesante intento de mostrarle al mundo el rostro de la dictadura, y es allí donde debemos detenernos, y pensar un momento en el donde estamos y hacia donde vamos, pues el totalitarismo en sus diversas facetas no se detiene tan fácilmente.

    El caso venezolano es uno de los epitomes del despotismo moderno, cubierto de una fachada democrática pero dispuesto a barrer con todo a su paso al mejor estilo de la impronta socialista del siglo XXI, el llamado chavismo, aunque contradictorio y confuso ideológicamente, si algo demostró es su conducta tendenciosa a la tiranía, en cualquiera de sus presentaciones, política, jurídica, económica, mediática y hasta reverencial, es que un depredador no puede ocultar su naturaleza, es por ello que la sociedad civilista, profundamente democrática y los factores políticos que la representan, no pueden ser la gacela rauda y veloz, dueña campante de la pradera, pero que espera confiada que la jauría de hienas dejen de acecharle si encuentran la oportunidad de herirle.

    La tarea de hoy es mucho más compleja de lo que se piensa, pues la coexistencia de la nueva asamblea con poderes gubernamentales tan írritos como su clara parcialidad política en favor de las tácticas oficialistas, predispone las condiciones favorables para la gobernabilidad, lo cual luce y se ha probado impracticable frente a un TSJ nombrado bajo intereses del partido de gobierno, un CNE que suele perder frecuentemente su papel de arbitro ante el ventajismo, un poder moral cuya solvencia ética tiene tantas deudas que pagar, y finalmente un poder ejecutivo que solo tiene como capacidad infinita, su vocación destructiva del aparato productivo y la imposición de uniformidad de criterios que giren en torno a el, valiéndose en múltiples ocasiones de las más burdas estrategias que propician la violencia, la anarquía y la incontinencia del odio como sustento de su piso político.

    La convivencia misma de los venezolanos bajo este grado de polarización, hace fundamental, necesaria, pero sobretodo impostergable la llegada de la transición, lo cual no es un proceso fácil, requiere de organización, pero especialmente de disposición, por tal motivo, tanto la asamblea nacional como cualquier espacio ciudadano de articulación de esta lucha, debe estar al servicio de la generación de un nuevo país, lo cual en ningún caso es sencillo, no lo fue para la concertación chilena, ni para la lucha sindical de Walesa en Polonia, o para la España que supero el franquismo, como no lo es para cubanos, sirios o ucranianos bajo la orbita del militarismo y los intereses del poder, cuando lo realmente importante de cada una de esas lecciones, y para el ejemplo venezolano, es el menester en términos de la formación de una fuerza social que pueda enfrentar a la dictadura, o ésta se prolongará mientras cuente con recursos para sus atropellos, por lo que mas vale reflexionar sobre aquella máxima de Thoreau «Las cosas no cambian; cambiamos nosotros», y en Venezuela sin desmeritar cualquier ayuda adicional, solo nosotros podemos tener un compromiso con el cambio, de abajo hacia arriba, y resueltos a refundar nuevamente los cimientos libertarios de la democracia en todo su esplendor, dejando de lado la descomposición actual, que debe ser cercenada de raíz para no dar más respiro a este moribundo estilete de gobernar, que tanta miseria alojó en el alma del pueblo, ya que la transición es ahora, y citando al prócer más deformado por estos tiempos, vacilar es perdernos.

    Twitter: @Daniel_Merchan