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  • El gran viraje hacia la nueva derecha y la vieja izquierda – Por Daniel Di Martino

    El gran viraje hacia la nueva derecha y la vieja izquierda – Por Daniel Di Martino

    El panorama político mundial siempre ha estado en constante evolución, pero con la llegada del nuevo milenio y en especial luego de la Gran Recesión, la derecha y la izquierda tradicional comenzaron un gran viraje a nivel mundial.

    En Latinoamérica, el Socialismo del Siglo XXI marcó la llegada del comunismo con un nuevo nombre, mientras en Europa luego de la crisis económica, partidos nacionalistas y comunistas surgieron alrededor del continente. Por otra parte, en los Estados Unidos, el movimiento hacia el centro que el Partido Demócrata emprendió bajo la presidencia de Bill Clinton, fue revertido con la candidatura más radical de su propia esposa, Hillary Clinton, y la del socialista de Bernie Sanders. Asimismo, la tradición de libre comercio y apoyo a la inmigración establecida por Ronald Reagan en el Partido Republicano fue descartada con la victoria de Donald Trump. Este nuevo panorama político lo conozco como el gran viraje, donde la derecha, conservadora en lo social y liberal en lo económico, opta por aislarse del mundo, y la izquierda, socialdemócrata desde finales del siglo XX, comienza un retroceso hacia el socialismo utópico.

    La llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela fue el suceso político más importante en nuestro país desde la caída de Marcos Pérez Jiménez. La elección de Chávez fue el inicio del movimiento del Socialismo del Siglo XXI en toda Suramérica. Para el año 2010, siete de los doce países de Suramérica estaban en manos de gobiernos socialistas o comunistas. Más adelante, fueron los años 2015 y 2016 los que vieron como algunas de las naciones más importantes de la región empezaron a retornar del oscuro viaje a la planificación centralizada que habían emprendido. Y aunque la victoria de Mauricio Macri en Argentina y la salida del poder de Dilma Rouseff en Brasil son una señal de alivio, estos no han tomado pasos diplomáticos para rescatar a sus naciones vecinas que siguen en el camino del socialismo.

    Por otra parte, el continente europeo, más que virar a la izquierda o derecha, está dividiéndose profundamente. En España, aunque el Partido Popular salió victorioso en las elecciones del 2015 y su repetición en 2016, fue una victoria parcial. Esta victoria parcial, es tal porque PODEMOS es un partido que tiene el potencial, no solo de sacar a España de la Unión Europea, sino de convertirla en un desastre modelado a partir de Venezuela. Por otra parte, en Alemania, Francia, Italia, y los Países Bajos surgieron partidos populistas que apoyan parcialmente el libre mercado, pero que son proteccionistas, aislacionistas, y lo más importante, en contra de la inmigración masiva de refugiados.

    Por último, en los Estados Unidos, Donald Trump sorprendió al mundo con su victoria en las elecciones del 8 de noviembre. Trump cambió al partido de Reagan al alejarlo de su posición favorable al libre comercio con otros países, y cementó la tendencia en contra de la inmigración que había comenzado en el partido con el Tea Party. De no haber cambiado hacia el aislacionismo, el partido Republicano no hubiera apelado a otros grupos en estados cruciales en la elección (el Medio Oeste) y la victoria de Hillary Clinton era asegurada. Una presidencia de Clinton hubiera continuado el progresivo camino en dirección al socialismo del que Hayek nos advirtió en Camino de Servidumbre. Por otro lado, el partido Demócrata también cambió, radicalizándose al dejar atrás su apoyo por el libre comercio como los republicanos hicieron. Además, los demócratas profundizaron la idea de regalar servicios a la gente y financiarlos con el trabajo de los ricos.

    Asimismo, Bernie Sanders se convirtió en el primer candidato en la historia que se identifica como socialista en participar en unas primarias demócratas. Pero lo preocupante no es la victoria de Trump, ni la participación de Sanders, sino el creciente grupo de personas, en especial profesores y estudiantes universitarios, que en los Estados Unidos apoyan una sociedad basada en la “justicia social” y la “equidad”.

    La justicia y equidad a la que este grupo se refiere significan quitarle a los que ellos denominan como los opresores económicos, raciales, y sexuales (el demonizado hombre blanco de clase media), para darle a las oprimidas, desvalidas, y pobres minorías étnicas. Las ideas repugnantes de la izquierda son simplemente otro intento de división, esta vez no basado en clase, sino en etnia y sexo también. Extraer el fruto de trabajo a los blancos y a los hombres para darle a las minorías étnicas y a las mujeres es denigrante para estos últimos, que no necesitan quitarle nada a nadie para ser exitosos y salir adelante. Otra gran preocupación es el grupo de personas que anhelan volver al pasado, uno donde los Estados Unidos eran la gran potencia manufacturera, y los trabajos de “Blue collar” (de fábrica) eran abundantes y bien pagados. Este segundo grupo cree que acabando con la inmigración al país y aplicando aranceles de importación “salvarán trabajos” y volverán al pasado glorioso. Trump provee de una oportunidad al Congreso, en manos de los republicanos, de eliminar regulaciones y disminuir el gasto y los impuestos. Sin embargo, hay que entender que su victoria no fue de la libertad, sino una derrota de la izquierda a manos del aislacionismo y el anti gobierno, la cual nos beneficia por los momentos.

    La nueva derecha global se dedica a aislar naciones unas de otras para preservar tradiciones y costumbres, pero mantiene las promesas de libre mercado en lo interno. Por otra parte, la vieja izquierda, socialista pero reinventada, está más ávida que nunca por expropiarle su propiedad a unos para dársela a los otros (a ellos). Nosotros podemos celebrar la derrota de la izquierda en Estados Unidos y las que vendrán en muchos países europeos. Sin embargo, debemos prevalecer ante los aislacionistas y proteccionistas, o de lo contrario los amantes de la libertad seremos extintos del espectro político por el ánimo de derrotar a nuestro oponente a todo costo.

  • Un nuevo mundo – Por Miguel Velarde

    Un nuevo mundo – Por Miguel Velarde

    El viernes dos personas que no podían ser más contrapuestas centraron la atención del mundo. El ahora ex presidente  Barack Obama le entregó el poder a quien asumió como el 45to Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En esa imagen, no solamente estaban dos personajes con procedencias totalmente diferentes, sino también dos líderes con visiones de su país y del mundo completamente opuestas.

    Si bien el resultado de las elecciones estadounidenses refleja claramente el descontento de la clase trabajadora de ese país, también vale la pena analizar que Trump no ganó en ninguna ciudad que tenga más de un millón de habitantes. En todas los grandes centros económicos, financieros y académicos –Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Chicago, Boston, etc.- salió derrotado. Ese es un hecho que debe ser estudiado, no solamente en el país del norte, sino también en otros países en el que ese fenómeno puede también estar presente y, en algunos casos, oculto. ¿Qué tipo de descontento se está cultivando en los lugares más alejados? ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias? ¿Cómo podemos enfrentarlo?

    Existen otras latitudes en las que esto ya se está manifestando. En un libro que acaba de ser publicado en Francia, el presidente François Hollande alerta sobre lo que pasa en el mundo y lo califica como una “Desviación populista” que debe preocuparnos. En los últimos meses lo vimos también en Gran Bretaña con el Brexit, en Italia con la derrota de Matteo Renzi en el referendo por su plan para reformar la Constitución y  que significó su salida del poder, en Alemania con la contundente derrota de Angela Merkel en las últimas elecciones locales y en otros países donde el discurso populista ha ganado fuerza.

    Además, la tensión mundial no solamente se centra en lo político o en lo comercial, sino también en lo militar. Cada vez son más fuertes las versiones de que los rusos buscan invadir los países bálticos, mientras la crisis entre Estados Unidos y China también tiene una creciente tensión debido a que los chinos pretenden lograr soberanía en el Mar de China, algo a lo que los estadounidenses se oponen de manera tajante. Por razones obvias, esto mantiene alerta no solamente a los países involucrados, sino a toda el mundo.

    Mientras tanto, las tensiones en el plano económico pudieran significar el fin de una época. Quizá es muy temprano para afirmar que la globalización y la integración mundial han llegado a su final, sin embargo, podemos estar seguros de que su auge se acabó. Los ejemplos más recientes de esto son el Brexit, la llegada al poder de Trump y el fortalecimiento del dólar, que tiene y tendrá como consecuencia más inmediata el retroceso en el comercio libre mundial.

    A lo largo del mundo estamos viendo expresiones de la misma tendencia: nacionalismo en lo político, proteccionismo en lo económico y anti inmigración en lo social. Ha llegado el momento de preguntarnos si lo que está en crisis es la manera en la que el mundo se organizó después de la caída del comunismo o, incluso, el orden establecido después de la Segunda Guerra Mundial, incluidos los roles del Fondo Monetario Internacional, el del Banco Mundial e, inclusive, el de la Unión Europea.

    Nadie puede estar seguro de lo que el futuro nos depara para los próximos años, pero sí podemos afirmar con suficiente certeza que estamos comenzando a vivir una época diferente a la de las últimas décadas.

    Estamos comenzando a vivir en un nuevo mundo.

    @MiguelVelarde

  • De la ciudadanía improvisada: Pérez Jiménez, el remodelador – Por Luis Barragán

    De la ciudadanía improvisada: Pérez Jiménez, el remodelador – Por Luis Barragán

    Largado del país Pérez Jiménez, los sucesivos mensajes presidenciales abundaron sobre la herencia faraónica de la dictadura. Caracas, la principal vitrina para un imaginario social que quizá perdura, impresas las dactilares del auge petrolero de entonces, exhibió formidables obras de ingeniería que reafirmaron su importancia en relación al resto del país, por cierto, caracterizado por Rodolfo Quintero como “un puñado de aldeas regadas en un amplio territorio” al principiar el siglo XX  [1].

    Sostenemos, la ciudad capital que conoció nuestra generación jamás fue la de finales de los años ’50, por ejemplo, con el desarrollo de una infraestructura sanitaria y vial, suministro de agua y electricidad que llegó con la democracia representativa.  Inimaginable, hemos recibido el comentario y testimonio de una urbe de dramáticos contrastes, pues, el complejo comercial y de oficinas del Centro Simón Bolívar poco abonaba a una gigantesca urdimbre de angostas calles y callejuelas despavimentadas, escasos sistemas de drenaje u otros servicios básicos  por no citar algunos de los casos que todavía despiertan alguna polémica como el de la vivienda.

    Otro comentario, frecuente en las redes sociales especializadas en la nostalgia de la ciudad que se fue, obedece a la demolición de viejos referentes arquitectónicos que le permitió a la dictadura militar desarrollar libremente sus proyectos, siendo tan de antigua data y significación histórica como la casa natal de Francisco de Miranda o el Colegio Chávez (o Cháves).  Y, aunque no fijase criterio estético alguno, el “sabor de modernidad, de cosmopolitismo (…) sin lugar a dudas se correspondía con el discurso del régimen” [2], cuyos propósitos más audaces de transformación urbana – creemos – eran irrealizables aun a mediano plazo.

    Una rápida observación de la prensa escrita de finales del decenio militar, da cuenta de estudios adelantados por el Banco Obrero para sustituir los bloques de la meritorísima urbanización El Silencio, por numerosos y rendidores superbloques; o la circunstancia misma de haber afectado la fachada del Teatro Municipal para edificar el Centro Simón Bolívar, nos avisa de la escasa importancia que le concedió a una obra sobreviviente del período guzmancista y la posibilidad que hubo de proseguir hacia el sur del casco histórico para una desinhibida y completa remodelación.  Luego, caracterizada como una metrópoli en constante mudanza, fuesen o no sus inmuebles de extraordinario valor, la memoria histórica y el sentido identitario resultaron irrelevantes para los gobernantes de turno.

    Nos parece que toda la responsabilidad no ha de recaer en Pérez Jiménez y su equipo gobernante, porque de alguna manera debía legitimar su voluntad remodeladora y, así, hallamos un reportaje de Gilberto Pinto realizado para un popular magazine, cuya edición se inspiró en la celebración del IX Congreso Panamericano de Arquitectura, con sede en Caracas. Al entrevistar a Rafael Seijas Cook, el prestigioso poeta-arquitecto que hemos leído en las entregas más remotas de la revista Élite, éste señaló que “yo creo que Venezuela es una nación en donde la arquitectura colonial dejó muy pocos exponentes de verdadera calidad”, excepto las iglesias, ya que los arquitectos españoles de vanguardia eran destinados a México y Perú; o Víctor Ron Pedrique exaltó el adelanto arquitectónico caraqueño que “ha aprovechado las últimas técnicas y materiales de la post-guerra”, sin equivalente en otras latitudes [3].

    Por consiguiente,  los más respetados arquitectos de la época autorizaron moralmente al régimen en su vasto empeño de remodelación sintetiza la otra cara de la ciudad-petróleo sobre la cual versó el ensayo antropológico de Quintero, aunque es necesario indagar en los supervivientes archivos de notarías y registros mercantiles para saber de una oportunidad irrepetible de negocios, o en la opinión que pudo sostener el profesorado de arquitectura a tiempo completo de nuestras universidades.  González Abreu, asegurándolo como una plataforma de proyección clasista, observa que “el negocio de la construcción era una de las actividades que más estrechamente vinculaba a los hombres de la gran empresa con los uniformados y testaferros civiles en Miraflores” [4].

    Cierto, el nuevo aniversario de la huida de Pérez Jiménez, privilegia naturalmente los aspectos políticos que logran una visible significación actual, relegando los que podríamos denominar metapolíticos, pues, siguiendo a Puerta Bautista, al considerar los procesos de urbanización y las políticas de bienestar social por obra de la directa intervención gubernamental en la vida social, no fue otra que la “finalidad de improvisar ciudadanos que siguieran los lineamientos del régimen” [5].

    Aproximación ésta que puede autorizar a una reflexión en torno a la otra metrópolis petrolera que hoy tenemos, evidentemente regresiva, en la que las misiones oficiales de vivienda la llevan a la extraordinaria afectación de la vida urbana fuera de un legítimo control, escondiendo relaciones de poder e intereses económicos so pretexto de las justificadísimas urgencias de los sectores más vulnerables que muy transitoriamente resuelven o dicen resolver sus problemas.

    @LuisBarraganJ

    [1]    Rodolfo Quintero (1985) “La cultura del petróleo”, UCV, Caracas: 59.

    [2]    Ocarina Castillo D’Imperio (1990) “Los años del buldozer. Ideología y política 1948-1958”, UCV, Caracas: 159.

    [3]    Gilberto Pinto (1955) “Los viejos arquitectos ante la nueva Caracas”, Élite, Caracas, nr. 1564 del 24/09.

    [4]    Manuel González Abreu (1997) “Auge y caída del perezjimenismo (el papel del empresariado)”, UCV, Caracas: 92.

    [5]    Lorena Puerta Bautista (2015) “La batalla contra el rancho: Una ilusión de modernidad urbana en Caracas”, en: AA. VV. “Cuando las bayonetas hablan. Nuevas miradas sobre la dictadura militar”, Universidad Metropolitana, Caracas: 461.

  • De las reglas oficiales del juego – Por Luis Barragán

    De las reglas oficiales del juego – Por Luis Barragán

    La producción normativa del régimen cuenta con ciertas orientaciones y rasgos, cuya única y fortísima ventaja es la de – simplemente – producirla.  Kelseniano al extremo, la generó y consagró a través del aparato legislativo ordinario y extraordinario, aún lo hace mediante el aparato administrativo e, innovando la práctica por la vía de una abusiva interpretación, seguirá haciéndolo con la complicidad del aparato judicial.

    Se dirá, tiene por única filosofía del derecho la posibilidad y certeza de regular absolutamente toda la vida social, minimizando las libertades personales y ciudadanas, reforzando el poder establecido que incluye el estímulo de la anomia negativa que le contribuya o pueda contribuirle.  Sobredimensionada la capacidad del Estado, se dice autorizado para prever la tentativa, frustración, consumación  y consecuencias de los más disímiles, sencillos o complicados, pasajeros o trascendentes actos y relaciones, de toda índole y ámbito que, aun tratándose de los derechos fundamentales, lo lleva a desconocer o denunciar los pactos internacionales suscritos en materia de derechos humanos.

    Un fenómeno constante ha sido la desconstitucionalización (y no deconstitucionalización) de las leyes, procurándolas ajustadas a una exacta coyuntura política. Median obvias diferencias entre la Constitución y leyes como la habilitada Orgánica Sobre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, observándose también distanciada la expresa voluntad del constituyente respecto a la del legislador.

    Las leyes promulgadas tienden a confundir distintas materias, por más que se digan especializadas. Las del llamado poder popular emulan los variados e insólitos contenidos de la Ley Orgánica de Régimen Municipal, un batiburrillo que marcó el precedente para un más “ordenado”, “sistemático” o “sobrio” esfuerzo de legislación ordinaria en los orígenes del actual orden de cosas.

    Independientemente de la jerarquía acordada, fueren orgánicas u ordinarias, además del lenguaje alambicado que dice velar por una precisión rígida de términos o definiciones previas, sufren de ambigüedades y omisiones que dicen legitimar su posterior reglamentación ejecutiva. Ésta, partiendo de un vocabulario mínimo que dice interpretar, facilita las más arbitrarias, sucesivas y oportunas modificaciones para afianzar la inseguridad jurídica del país, siendo muy numerosos los ejemplos para una calculada incertidumbre política.

    En sí mismas, las leyes aprobadas equivalen a la realización del programa político del régimen, susceptibles de una afiebrada promoción aunque pequen de escaso o nulo realismo, no haya recursos materiales para sustentarlas o contradigan abiertamente las pautas constitucionales. La más llamativa ilustración la tenemos con la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras, o  la Ley de Protección Social al Trabajador y Trabajadora Cultural, sancionada en 2014 y, estrictamente en privado, reconocida como insustentable, demagógica y oportunista por algunos parlamentarios gubernamentales.

    Hubo leyes sancionadas por la Asamblea Nacional bajo predominio oficialista que sobrepasaron el plazo para su promulgación presidencial o nunca fueron promulgadas, ambos casos susceptibles de la correspondiente sanción constitucional. En uno, mediante la habilitación legislativa, fue modificada y tardíamente decretada por Nicolás Maduro, como la Ley Orgánica de Cultura; y el otro, como la Ley que Regula la Compra y Venta de Vehículos Automotores Terrestres, Nuevos y Usados Nacionales o Importados, olvidada o con disposiciones subsumidas en otros instrumentos legales.

    Inutilizadas las leyes dictadas por el actual Poder Legislativo, gracias al Judicial, el Ejecutivo dispone de un extenso repertorio jurídico, por lo demás, ilegítimo, inconexo y temerario que desmiente su carácter. Erró la Asamblea Nacional a principios de 2016, rectificando a mediados o finales de año, cuando pretendió legislar en materia ordinaria a través de sus comisiones permanentes o especiales, en lugar de afectar y corregir las normas de carácter orgánico.

    Hablar de normas jurídicas, derecho, ordenamiento jurídico positivo o Estado de Derecho, evidentemente luce como un fenómeno de mayor calibre y relevancia, complejidad y profundidad cuando se trata del régimen prevaleciente en Venezuela,  insigne manufacturador de reglas. Entendidas éstas como derecho, sólo tienden a regular – dándoles la certeza y seguridad necesaria –  las relaciones, intereses y vicisitudes que confronten los sectores internos del poder establecido, en una permanente e inevitable tensión, restándole su naturaleza, característica y eficacia jurídica al tratarse de opositores, adversarios y disidentes: a lo sumo, cobra la significación de un derecho de guerra.

    @LuisBarraganJ

  • Anhelar algo que nunca tuvimos – Por Daniel Di Martino

    Anhelar algo que nunca tuvimos – Por Daniel Di Martino

    Perverso, cruel, inhumano, diabólico, son algunas de las descripciones dadas por Hugo Chávez y Nicolás Maduro al Capitalismo, el sistema económico que oprime al pobre y enriquece a los que ya son ricos. El capitalismo contrasta con el socialismo, en que el segundo, según los socialistas, permite que todos vivamos en felicidad y no en la búsqueda de lo material; que todos vivamos como monjes en el Himalaya en otras palabras. Lo más preocupante es que la aversión al capitalismo en nuestro país no es esposada sólo por el gobierno, sino también por muchos sectores de la oposición, e incluso por partes de la Iglesia Católica; la prueba de ello es que cuando se le pregunta a los políticos de Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, y Voluntad Popular  sobre si desmontarían el control de cambio y precios, ellos responden al unísono “progresivamente” La razón siempre es la misma “Sería peligroso” o “Generaría una fuga masiva de capitales”.

    En cuanto a los eclesiásticos, solo hace falta escuchar las declaraciones del Papa, en las que nos insta a “reconsiderar el capitalismo”. El gran problema de todas estas críticas yace en que Venezuela y los países en donde se critica al Capitalismo jamás han estado en “Capitalismo”, sino que han vivido en un estado paternalista, y en el caso de Venezuela desde la nacionalización del petróleo y las empresas básicas, en uno cuasi-socialista.

    A continuación, las razones por las que Venezuela nunca ha tenido una economía de Libre Mercado:

    1-      Los venezolanos hemos estado sujetos a un control de cambio durante casi los últimos 50 años, con pocos periodos de libertad.

    2-      Existen empresas estatales, y muchas de estas ejercen el monopolio en sus respectivos sectores, por ejemplo, el sector de minerales, petróleo, gas, cemento, cavillas, etc.

    3-      El gobierno importa comida, vehículos, y otros productos y luego los vende a precios más bajos a la población.

    4-       La mayoría de los empleados trabajan para el gobierno central, administraciones regionales o municipales, o para contratistas del gobierno.

    5-      Finalmente, en nuestro país, la propiedad privada no se respeta. Se usa la expropiación masiva y discrecionalmente para cualquier propósito, pagando al dueño o dueños menos del valor real de la propiedad o no pagando absolutamente nada.

    Venezuela está lejos de ser capitalista, de hecho, es el quinto país menos libre económicamente del Mundo, según el índice de libertad económica de la Heritage Foundation. Son aquellos países en los que verdaderamente existe el libre mercado que tienen prosperidad, una mayor libertad económica está directamente relacionada a una menor inflación, desempleo, corrupción, y pobreza. Si el Libre Mercado no fuera positivo entonces ¿por qué desde que China liberó su economía 500 millones de personas salieron de la pobreza? ¿Por qué cuando Alemania eliminó los controles de precio al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la escasez y la inflación desaparecieron? ¿Y por qué Estados Unidos es el país con mayor seguridad alimentaria del mundo si no hay políticos repartiendo comidas en los barrios?

    Después de estos 17 años de opresión por un régimen corrupto, narcotraficante, vende patria, y socialista, el Socialismo del siglo XXI nos ha empobrecido a todos y ha enriquecido a los criminales gobernantes. Si hay algo que podemos saber por seguro después de todo esto, es que todo lo que este gobierno odie, definitivamente tiene que ser muy bueno.

    @DanielDiMartino 

     

  • Songbun, el gran invento del Reino Ermitaño – Por Francisco Finol Balzán

    Songbun, el gran invento del Reino Ermitaño – Por Francisco Finol Balzán

     

    El Songbun, es entre tantos, uno de los más grandes inventos del iluminado régimen de Corea del Norte. Dicha palabra, “Songbun” traduce en español “origen” y es el sistema de castas o estratificación social que creó y aplicó en Corea del Norte desde 1957,  su líder fundador y patriarca Kim Il Sung, quien por otra parte debería ser considerado un genio por semejante aporte a la humanidad.

    Este sistema Songbun, tiene varias peculiaridades, una de ellas, el hecho de que clasifica a las personas según lo “fieles” que pueden ser al régimen norcoreano. Pero lo más espeluznante no es eso, sino que  es hereditario, o sea, si tú no has cometido algún acto que le parezca sospechoso al régimen norcoreano (lo cual puede ser ensuciar la imagen en el periódico de alguno de los líderes),  igual puedes estar sujeto al castigo que significa estar clasificado en alguna de las castas no favorecidas, y tus hijos, que no hayan nacido, también estarán sujetos a dicha clasificación.

    Según lo expuesto en el libro “Marked for life” de Robert Collins, 2012, haré una breve explicación de quiénes integran dichas castas, y sus implicaciones.

    ¿Quiénes integran las castas?

     Leales: son aquellas personas que el régimen considera de fidelidad indiscutible, e inofensivas para sus intereses. Son descendientes de veteranos de la guerra contra Japón (1910-1940) y con Corea del Sur (1950-1953), campesinos, artistas, e intelectuales adeptos al régimen. Representa el 28% de la población.

    Vacilantes: son los familiares de artesanos, pequeños comerciantes, repatriados desde China, e intelectuales formados durante el dominio japonés. No son considerados peligrosos, pero tampoco leales ya que sus antepasados no colaboraron directamente con la causa revolucionaria. Representa el 45% de la población.

    Hostiles: es la casta más baja,  incluyen a los descendientes y familiares de los colaboracionistas con Japón y de los opositores al fundador del régimen, Kim Il Sung. También figuran como «hostiles» los familiares de personas huidas a Corea del Sur, de empresarios, de personalidades religiosas y de otrora aristócratas. Representa el 27% de la población.

    El Songbun, al cual sería un eufemismo llamar inhumano, les es explicado a los niños de la siguiente manera: ”Tomates, los cuales son rojos hasta la pulpa, son considerados “Leales”, comunistas; las manzanas, las cuales solo tienen roja la piel, son “Vacilantes”, y necesitan una mejora ideológica; y las uvas, “Hostiles”, están completamente perdidas”.

    finol

    ¿Qué implica pertenecer a cada una de las castas?

    Exilio interno: el gulag norcoreano. Por años, el régimen ha exiliado sistemáticamente a millones de personas, a zonas montañosas aisladas en el noreste del país. Aquí se han visto obligados a trabajos forzados, sujetos a controles más estrictos, excluidos de los centros de población, y eliminados como una potencial amenaza política. El régimen no solo ha aislado a su población del mundo, convirtiendo al país en el “reino ermitaño”, sino que en sí misma dentro de su territorio ha marginado de Pyonyang a todas las castas de mal Songbun.

    Empleo: en el reino ermitaño, no eliges tu trabajo. El régimen lo hace por ti, y está predispuesto por tu Songbun. Si perteneces a los “hostiles”, tendrás el trabajo manual agotador, mientras que si perteneces a los “Leales”,  podrías esperar una posición relativamente cómoda en  cuadros del partido, o en su hipertrófica burocracia. No hay ningún elemento de meritocracia aquí y la habilidad importa mucho menos.

     Alimento: Corea del Norte, el reino ermitaño, al ser un país aislado, tiene una economía autárquica muy precaria. Los problemas que presenta en con la producción de alimento son enormes. El alimento que se genera en las provincias es enviado a la capital para luego ser repartido, y como has de sospechar el Songbun tiene mucho que ver, ya que se le da mayor cantidad y calidad a los “leales” y a las otras castas quienes normalmente producen, se les da lo que sobra, cuando sobra. En la década de los 90 hubo una crisis alimentaria en el país que terminó generando una hambruna en las provincias del noreste, hay cifras que aseguran que hasta el 30% de la población de dichas provincias murió.

    Educación: no es meritocrática, para qué si alguien más apto que tú lo puede decidir. Si tus padres son “Leales”, entonces se te permite progresar. De lo contrario no importa cuánto estudies, no vas a avanzar.  El sistema también se asegura que «las élites» estén juntas. Los “leales”, irán a las mismas escuelas y universidades que sus pares. A las personas con bajo Songbun, les son denegadas estas oportunidades.

    Atención médica: el sistema de salud pública del reino ermitaño,  en la actualidad es solo para los habitantes élite de Pyongyang, el resto de la población debe acudir a remedios, o al mercado negro para conseguir algún tipo de medicamentos.

    Familia: en el reino ermitaño, todos los miembros de la familia deben estar bajo la sombra del partido, sin que ninguno de sus miembros se atreva a generar una mancha en su expediente, porque le costaría el estatus a toda la familia. Evidentemente, el Songbun es importante a la hora de conseguir pareja, ya que es como una escalera al infierno, sólo se puede descender, es por ello que nadie en su sano juicio se mezclaría con una casta inferior. Es normal en otras culturas que la gente se case entre su misma clase, la particularidad es, que aquí es un esquema artificial, impuesto por el régimen.

    En resumen, el  Songbun institucionaliza la dominación de la élite gobernante y sus descendientes sobre todos los otros grupos de la sociedad, y como este sistema se ha implementado durante varias décadas, los privilegios de la clase principal han crecido, mientras que los otros han disminuido. Es un razonamiento natural pensar que, el hecho de que tu familia pague por lo que tú haces es un ataque directo, por una parte, a alguien temerario que no le importe poner en riesgo su propia vida, y por otra, a aquellos que ven en huir una solución, como es el caso de Shin Dong-Hyuk, quien está siendo chantajeado con videos de su padre pidiéndole que regrese.

    Resulta muy atemorizante cómo un régimen puede, más que intervenir, dirigir la vida de su población de una manera tan férrea, casi total. La información proporcionada en éste artículo parece sacada de la obra “1984” de George Orwell, donde la organización social es la siguiente; el partido interior, el partido exterior y los proletarios y cuya mecánica social y económica (privilegios, educación, trabajo, alimento, etc) es tan similar que realmente asusta. También llama poderosamente la atención que los regímenes comunistas, sobre todo este norcoreano, quienes son los fundamentalistas del comunismo, dicen propugnar la “igualdad” y vemos los resultados de la imposición por la fuerza de la igualdad: que unos parecen ser más iguales que otros, como señalan los cerdos en “Rebelion en la Granja” de Orwell.

    @ffinolbalzan 

  • Hay hileras en el siglo XXI – Por José Alberto León

    Hay hileras en el siglo XXI – Por José Alberto León

    Hay hileras de desasosiego en la ciudad, de sueños desvelados y estómagos famélicos, de corazones tronchados y noticias infaustas, de ojos trasnochados y manos saciadas de precariedad. Hay hileras que se hallan en toda ubicación, bajo el suplicio y la feroz condena de afrontarse a una tenaz búsqueda de sustento que, debe realizarse sin falta, cada septenario de días, después de la jornada correspondiente. Hay hileras, todas ellas, ávidas de libertad, y taciturnas en el transcurrir de días aciagos sin ella.

    Hay hileras de niños, que nacen en un país que, día tras día, fenece en la miseria. Hay hileras de padres, que padecen una inefable congoja a diario, pues frecuentemente, degustan el acíbar del bajo poder adquisitivo. Hay hileras de madres, que tienen el aflictivo cometido, de dar sepultura a los cadáveres de sus hijos batidos. Hay hileras de juventud que, nostálgicos tienen que partir entre sollozos, pues no saben cuándo han volver, y si han de volver. Hay hileras de abuelos, que viven su senectud, sin el júbilo de aún existir bajo el empíreo de ésta suntuosa tierra.

    Hay hileras que, con su verdor en la indumentaria e insignias que reconocen más la abyección que el mérito, se constituyen firmes en una formación, entre gestos adustos e indolencia patente; hileras que han sido ataviadas con consignas que han hecho gobernar y mantenerse a los déspotas. Hileras en genuflexión ante un mando tiránico, que a diario, amenaza y amordaza. Hileras ciegas y lánguidas, que han enajenado sus ideales por una situación holgada, que les subyuga ante todo.

    Hay hileras de estudiantes hastiados, que han intentado adiestrar y sojuzgar, e hileras de educadores y profesionales fatigados, que no se hartan de doblegar y humillar. Hay hileras de críticos vilipendiados y disidentes secuestrados. Hay hileras de ciudadanos convertidos en masas, aleccionadas y seducidas con las mieles de lo que puede ofrecer la palabra, y ulteriormente, defraudadas ante lo que desnuda la descarnada realidad.

    Hay hileras de mandatos arbitrarios, que quebrantan el libre albedrío; hay hileras de palabras en un discurso, que expolian diseños de futuro, y que arruinan bienes de abolengo despojados. Hay hileras de jueces sin juicio; hay hileras de muertos sin defunción en las celdas. Hay hileras de manos que aplauden el deceso de la democracia.

    Hay hileras de adeudos por saldar. Hay hileras de bajeles en el mar cerúleo, atiborrados del oro negro, aquel que siembra expectativa, pero cosecha vicios en los gobiernos. Hay hileras de monedas que mañana no valdrán, y es que hoy ya no alza el vuelo el Turpial, que cabizbajo vacila, mientras la Orquídea, triste se marchita, observando que el Araguaney no florecerá, pues las hileras no decrecerán, y no han de pronto cesar.

     José Alberto León

    @josealleon

  • Venezuela, después del caos – Por María Corina Machado

    Venezuela, después del caos – Por María Corina Machado

    Decenas de miles de venezolanos huyen del hambre y la violencia por el sur del país a Boa Vista, por el este a Cúcuta, por aire a Centroamérica y Florida, y en lanchas, arriesgando la vida, a Curazao y Trinidad. Nuestros vecinos ahora sienten la magnitud de nuestra catástrofe en carne propia.

    Es comprensible que, dentro y fuera de Venezuela, el panorama del país a finales de este año 2016 luzca desolador. Todos los indicadores sociales, económicos e institucionales presentan niveles de miseria y descomposición sin precedentes. Sin embargo, el próximo año presenta una oportunidad histórica no solo para deslastrarnos de una vez por todas de una dictadura militarista y mafiosa, sino para sentar los pilares de una sociedad libre y productiva que finalmente supere males históricos como el estatismo, el populismo, el clientelismo y, después de 200 años, el militarismo. Dieciocho años de opresión del castro-chavismo-madurismo llegan a un final trágico en vidas y pérdidas materiales, dejando un aprendizaje indeleble para la sociedad venezolana.

    Durante años alertamos sobre el inevitable desenlace de un régimen que para asegurar su permanencia en el poder se propuso, intencionalmente, destruir todo lo que representase una amenaza: un sindicato, la universidad, una finca productiva, una empresa generadora de empleo, un periodista, la Fuerza Armada profesional, un púlpito, un estudiante rebelde.

    Y en el 2016, los mecanismos de control y corrupción explotaron. La Venezuela que viene de 12 años de bonanza petrolera termina este año con una inflación cercana al 1.000%, un sueldo mínimo de US$1 por día y con niños que mueren en epidemias de enfermedades erradicadas hace más de 20 años. Entre el hambre, la miseria y la violencia, nadie se explica cómo es posible que Maduro siga ahí.

    Éticamente es inconcebible aceptar la permanencia de un régimen que niega la ayuda humanitaria internacional y con ello ocasiona muertes de bebes y ancianos diariamente; un régimen que hace tiempo dejó de ser un proyecto político para convertirse en una organización criminal, con vínculos –en sus más altos niveles– con el crimen organizado y el narcotráfico y que, además, ha bloqueado todas las vías institucionales para una transición democrática.

    Frente a esto, los venezolanos, valiente y organizadamente, este año reaccionamos. A pesar de las amenazas directas –hasta del propio ministro de la Defensa–, de los miles de empleados públicos despedidos, de los medios de comunicación cerrados, negocios “expropiados” y comerciantes detenidos, casi el 90% de la sociedad venezolana se volcó a las calles para reafirmar la determinación de desalojar la dictadura y reconstruir la nación. Entre la espada y la pared, Maduro y su régimen apelaron a la vieja fórmula chavista: convocaron un falso “diálogo” con el fin de ganar tiempo y oxígeno, desmovilizar la protesta cívica y paralizar la presión internacional. En cuestión de horas se desarticuló el trabajo de meses para llevar a Maduro a una posición en la cual la negociación real y dura era inevitable.

    El fracaso de este “diálogo” es demoledor; no han cumplido una sola de sus promesas, pero arreciaron los insultos, hasta para el propio Vaticano. Ganaron tiempo valioso; pero ya no más. Sabemos cuál es la vía para enfrentar y derrotar a esta tiranía: una decidida ofensiva institucional desde la Asamblea Nacional, una sostenida y creciente movilización popular y una firme posición de la comunidad internacional aplicando las sanciones merecidas. Tenemos la fuerza, pero hay que saber ejercerla.

    Estas tres presiones, coordinadas, obligarán a Maduro a aceptar los términos, garantías y plazos para su inmediata salida del poder. Por su propio bien y el de todos los venezolanos.

    Este proceso dará lugar a un gobierno de transición de amplia unidad nacional. En este deben participar los sectores productivos y laborales, la academia y la sociedad civil, y desde luego, todo el espectro político que abarca incluso al chavismo democrático. Sin embargo, la monumental crisis financiera, tanto como la crisis humanitaria y de seguridad interna, requieren la agilidad y la claridad para actuar con determinación y rapidez. Los venezolanos reclaman resultados inmediatos. Anhelamos ver a los presos políticos y exiliados en nuestras calles, tanto como ver los anaqueles con alimentos a precios accesibles para nuestras familias.

    Y por supuesto, la clave es la confianza. Confianza en que habrá justicia para abordar y resolver los crímenes cometidos; confianza en que estableceremos reglas de juego democráticas y que se reinstalará el Estado de derecho. Confianza en que se eliminarán los controles, se abrirán los mercados y se estimularán sin privilegios las inversiones en una economía competitiva. Confianza en que Venezuela honrará sus compromisos financieros, siempre que estos cumplan con nuestras leyes. Confianza en que Venezuela volverá a ser un aliado seguro en el plano internacional. Confianza en que las prioridades están claras: la educación, la innovación y la generación de empleo productivo, como herramientas para la definitiva superación de la pobreza.

    El gobierno de transición requerirá un masivo respaldo financiero y técnico de la comunidad internacional. La ruina de las finanzas públicas, incluyendo la de Petróleos de Venezuela, nos obliga a asumir que nuestro país también inicia otra etapa, de la Venezuela petrolera, a la energética. No es poca cosa.

    Paradójicamente, la magnitud del destrozo asegura que el gobierno de transición no se saldrá de esta ruta democratizadora. También, que la fuerza de los hechos obligará a superar cualquier prejuicio ideológico. No hay opción, la ruta es clara: democracia, justicia, solidaridad y trabajo. Todo en el inigualable campo fértil de la libertad. Nace la nueva Venezuela.

    @Mariacorinaya

  • Venezuelan human rights activist: Time for action, not talk, as our citizens continue to starve

    Venezuelan human rights activist: Time for action, not talk, as our citizens continue to starve

    Dialogue in life should be a good thing.  Dialogue should lead to compromise.  Dialogue should be an equalizer; a moderator.  So why is the current dialogue between the Venezuelan dictator Maduro and the democratically elected opposition right now so cynical and dangerous?

    If the core tenet of the dialogue were the replacement of the illegitimate dictatorial Maduro regime and the peaceful transition to democracy, then we would of course concur. Anything else, however, is nothing short of a farce.

    Let us not forget that a constitutionally legal petition – with over two million signatures –demanding a referendum on the president’s rule has been stymied by the regime and its cronies.

    We jumped though all the legal hoops only to have the path to freedom brutally blocked.  It is important to understand that if the required referendum is held after 10 January 2017, then even if Maduro loses, he will be replaced by his deputy, and the regime will have won.

    The current dialogue is mere filibustering, but without the democracy!

    Dialogue for the sake of dialogue is bad enough.  But what is happening now is actually weaponized dialogue.

    Every day the dialogue goes on, heels are dragged and the average Venezuelan continues to starve.

    Procrastination through conversations will not solve food and medicine shortages, nor will it remedy the street violence, nor will Venezuelans wake up suddenly enjoying their constitutional and human rights.

    Free and fair democratic elections are pushed further and further away.

    While we appreciate the positive intentions of the Vatican, one must never equate a dictatorial regime and a democratically elected opposition. This moral equivalence cannot be the basis of productive talks.

    The government, through its totalitarian rule, must bear full responsibility for the crisis due to its crude combination of alarming corruption, mismanagement of the nation’s wealth and natural resources, and complete abandonment of the Venezuelan people and their basic rights. With the support of the Vatican, these talks are unwittingly legitimizing the regime and ignoring their systematic human right violations.

    The few members of the opposition that concurred to these talks have therefore been naively duped by a dangerous dialogue in which they are forced to accept the fictitious claims of the regime that the country’s woes are due to international menacing, “economic boycott and sabotage”.  We refuse to share the blame for the greatest embezzlement of our public finances and destruction of our economy, and so should them.

    Political prisoners, Venezuela’s very own prisoners of conscience, our brothers and sisters, rot in cells while the cynical regime uses them as negotiating chips. These are young, innocent people in some of the worst conditions on the planet, whose only crime was to stand up and speak out for a better future. This sort of dialogue only incentivizes further hostage-taking, a sorry fact supported by yet even more arbitrary arrests in the last few weeks.

    Let’s not forget the urgency of the situation.  Caracas now has more monthly homicides than both Kabul and Baghdad. Our health system is disintegrating. Our justice system is non-existent. As for the economy, the International Monetary Fund predicts that inflation will rise to nearly 500 percent this year and potentially by 2,200 percent in 2017.

    When time is of the essence, engaging in these talks is both a strategic mirage and a tactical mistake.

    It is a mistake to confuse peace with submission and surrender.

    And it is a mistake to confuse dialogue with justice.

    Millions of brave citizens have taken to the streets peacefully to demand a way out of this crisis that is ending lives, dreams and financial savings with every day that passes.

    All freedom loving Venezuelans must continue to stand united to defeat the dictatorship and rebuild Venezuela. Through international pressure and the implementation of the Democratic Charter of the OAS, and of course firm, sustained, civic citizen pressure in the streets of our country, Maduro can and will be defeated; and Venezuela can be saved.

    So it is time for Venezuelans to stand up and be counted because as dialogue continues, time (as well as food, medicine and toilet paper) is running out.

    @Mariacorinaya

    Sitio original (Fox News): http://fxn.ws/2ijQNkc

  • La dirigencia que no dirige – Por Fernando Marcano

    La dirigencia que no dirige – Por Fernando Marcano

    Afirmar que Venezuela sigue en crisis, que los venezolanos a diario la padecemos a través de la descontrolada violencia e interminables colas por alimentos, medicinas, y ahora por billetes, suena distante y poco atractivo a los oídos de muchos venezolanos, pues consideran repetitivo y bastante cansón seguir escuchado el mismo discurso de la oposición.

    Del otro lado de la moneda, los tristes intentos del régimen militar que nos controla, para seguir socavando lo que queda de institucionalidad, en nombre de la suprema felicidad del pueblo, reciben incluso peores elogios que el de sus pares opositores. No es indolencia este comportamiento del ciudadano, es una ya visible y generalizada desconexión de la dirigencia política nacional de los venezolanos.

    En Venezuela se sigue consolidando un “status quo” en el cual reinan las prácticas corruptas, populistas y “chovinistas”, que aderezan el juego político de un cogollo que está claramente desvinculado con lo que pregonan en sus intentos por mercadear esperanza. Precisamente, por eso la credibilidad de la dirigencia nacional en el país es repudiada, porque no hay un elemento diferenciador claro entre los modos de hacer política. Para muestra un botón, usted puede meter en el mismo saco a Timoteo Zambrano y William Ojeda, sin temor a recibir algún castigo o costo en su conciencia, pues ideológicamente no existe ninguna diferencia, como tampoco de doctrina política y de credibilidad ante los ciudadanos.

    En Venezuela tenemos una dirigencia que no dirige. Puede comprar, manipular, engañar o utilizar cualquier otro tipo de forma para moldear y articular, pero no dirige realmente, porque ninguno de esos esfuerzos conduce a un norte claro, y esto es el mayor alimento para aquellos que si pretenden utilizar la desconexión, la ausencia de conducción y de norte, para plasmar su criterio de forma abrupta, sea porque los ciudadanos lo decidan en las urnas o por intermedio de ciudadanos metidos en unas urnas. Y esto no es culpa ni del Imperio ni del Vaticano, y mucho menos del ciudadano, que si tiene su cuota de responsabilidad bastante alta por su falta de madurez política y ciudadana.

    Los pocos liderazgos que intentan diferenciarse de esta clase política, son inmediatamente castigados con cárcel, aislamiento o son chantajeados, apartados de las instancias reales de definición y negociación, sencillamente no entran en la macolla que intenta negociar el país. En Venezuela debe producirse un movimiento contrapolitico, que no puede ser confundido ni conceptual, ni en la praxis con un movimiento revolucionario, y no hago esta afirmación  a modo de reflexión o de llamado de atención. Hablamos de acciones que estén destinadas a enmendar el actual régimen político venezolano y consecuencias, la reconstrucción de un sistema político viable y estable, donde se erijan dirigentes que dirijan, ciudadanos que decidan, partidos que acompañen, formen y se generen políticas responsables.

    El tiempo político se complica y el de los ciudadanos se agota.

    @FSMarcano