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  • Mafia y vivienda – Por Juan Pablo García

    Mafia y vivienda – Por Juan Pablo García

    (Bogotá. 22/07/2020) Hay un poderoso mito sobre la construcción y adjudicación de viviendas en Venezuela. La usurpación le jura al mundo haber resuelto el problema. Pero eso es falso. Son millones los venezolanos los que no tienen techo. ¿Quién puede creer en las estadísticas oficiales de las cuales no puede dar fe ninguna respetable instancia internacional?

    No quisiera que en mi país hubiere el menor movimiento sísmico de significación, ya que podrían desmoronarse como barajitas los edificios de muy dudosa calidad y materiales de construcción que forman parte de la llamada Misión Vivienda, levantados en terrenos difíciles, adjudicados arbitrariamente, y construidos con sobreprecio. En el parlamento quisimos que las personas que habitan esos apartamentos fuesen sus propietarios, pero Maduro nunca lo quiso. No quiere que nadie sea dueño de su techo en Venezuela. Por ello, estimuló hasta el cansancio las invasiones de casas edificios, fábricas o lo que estuviera a la mano: nadie puede decir que eso es suyo y, a la vez, el mismo Maduro asegura en sus estadísticas que los invasores ya tienen su techo.  Consintió y los entregó a las estructuras delincuenciales que, bajo el pretexto de las necesidades ajenas, invadieron, se adueñaron de lo ajeno y cobran esos miserables hasta por los “favores” hechos.  Por no hablar de la ampliación cada vez más dramática de los cinturones de miseria en ciudades y pueblos. El rancho se ha multiplicado exponencialmente en el país.

    Por cierto, tuvimos a la mano un libro de Jorge Ossona de título elocuente: “Punteros, malandras y porongas. Ocupación de tierras y usos políticos de la pobreza” (Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2014). Se refiere a la época del kirchnerismo. Y miren que el texto y la editorial misma es de izquierda. Quisiera ver yo en Venezuela, un ensayo semejante. Es necesario. Es urgente. Necesitamos saber cuán profunda es la estructura mafiosa del socialismo que impide que cada venezolano tenga vivienda propia. Y cómo desmontarla.

    Juan Pablo García

  • ¡Vaya cura, caray! – Por Juan Pablo García

    ¡Vaya cura, caray! – Por Juan Pablo García

    La Compañía de Jesús, a través de su Provincial, el padre Rafael Garrido, cumplió con su responsabilidad de aclarar las cosas: simplemente no está de acuerdo con la criminalización de los venezolanos que tratan de reingresar a su país desde Colombia, como lo hizo el padre Numa Molina. Esto de tratar de “bioterroristas” e inculpar, pues. El comentario no ha sido aislado al gobierno colombiano de urdir una conspiración de tamañas dimensiones y no es propio de un cristiano, y menos de un sacerdote.

    Que sea partidario el merideño de la anacrónica teología de la liberación, por ejemplo, es o puede ser natural en el seno de la comunidad católica, pero no lo es el fanatismo político que llega hasta sus últimas consecuencias del madurismo, insensato, atorrante, y que clama a los cielos en el contexto de la Venezuela que Chávez y Maduro hundieron en la catástrofe humanitaria.

    Cierto, es difícil comprometerse con la verdad por los riesgos que acarrea, pero es necesario hacerlo aún más cuando se trata de un sacerdote. Y ¡vaya cura, caray! Indolente ante el hambre, las enfermedades y miserias de casi todo el país, pero muy bien cortejado por el mafioso mayor y las mafias que pretenden sepultarnos vivos. Que no simpatice con la oposición, está  en su derecho, pero no sólo fue indiferente ante la muerte de centenares de jóvenes en la calle por la evidente y morbosa represión del régimen, pero Molina todavía va a Venezolana de Televisión (el canal robado a todos los venezolanos), a decir que vivimos en democracia. Hay de quienes en medio de un apremio se le acerquen a pedir ayuda porque Numa lo delata. ¡Es un agente de la usurpación clavado en el seno de la Iglesia! Entonces,  ¿basta con una amonestación?

    Quien reconstruya la vida de Molina por estos años, fácilmente deduce que le cayó en gracia a Nicolás y a la mujer, utilizando la Iglesia de San Francisco para oficiarle a ambos la misa que se les antoje. Si es que pretexta un trabajo pastoral en el seno del poder, ha fracasado, porque ni de Cilia ni de su marido puede esperar una conversión. Además, quien debe esperar su propia conversión es Numa Molina, plácido al concurrir a cualquier sarao de Miraflores, a emplear los símbolos religiosos dizque para santificar a la pareja usurpadora y sus compinches, que son el poder mismo en mi sufrida patria.

    Por lo menos, el padre Carlos Borges, adulante de Juan Vicente Gómez, era poeta. Numa, ha de ser un consumado delator de la feligresía que osa o alguna vez osó en confiar en él ¡Vaya cura, caray!

  • Del preso común – Por Juan Pablo García

    Del preso común – Por Juan Pablo García

    Nada extraordinaria fue la declaración de Vladimir Padrino López a favor de la usurpación que ha respaldado, en abierta traición al juramento militar que una lejana vez profirió en defensa de la Constitución. Hubo quienes se rasgaron las vestiduras, como si fuese la primera vez que emite unas palabras tan sacrílegas. Cundió el comentario por todos los resquicios digitales de los militarólogos de ocasión. Pero – fácil – pasaron por alto que Iris Varela esté entrenando (o diga entrenar) a los presos comunes para defender esta gran estafa histórica que mientan revolución, dejando fotografiar y videograbar  a varios de ellos en una faena supuestamente marcial. Jamás la institución castrense hubiese tolerado tamaña osadía de la comandante de los barrotes grises.

    Por ahora, el caso no estriba en la deformación de la vida castrense hasta llegar a la caricatura de Padrino y de Varela, sino en el poder de disposición absoluta sobre el cuerpo y el espíritu de los presos comunes, ahora conocidos por un eufemismo: privados de libertad.  Para los socialistas no existe el derecho ni el régimen penitenciarios, porque ellos pueden hacer (así lo juran) con la persona del preso lo que les venga en gana, cambiarlo de lugar (así quede a miles de kilómetros de la familia que pudiera asistirlo), ponerlo a la orden de los cabecillas de las cárceles o mandarlo de carne de cañón para cualquier pleito, escaramuza o guerra, realizar trabajos domésticos según la destreza y gratuitamente en la casa de habitación u oficinas de algún mafioso del régimen, y hasta amancebarse según el deseo perverso del mediano o alto funcionario que se antoja. Fuere común o, con mayor razón,  político el motivo de aprehensión, hay un perfecto “derecho” a negar el paradero o ni siquiera responder a quien lo  pregunte (¿qué periodista se atreve a formularla?), jamás garantizar la vida del reo (por muy poco que sea el metro cuadrado al que se le reduce), a gasearlo y asesinarlo detrás de barrotes.

    Entonces, viene Padrino López con la sandez de siempre y todos se meten a una discusión a la que novedad alguna aportan, diciendo absolutamente nada en torno a la suerte del preso común que, en contra de su voluntad, lo ponen a hacer todo lo peor que se les ocurra. Recuerdo tanto la frontera tachirense con Colombia, año y tanto atrás, cuando acudimos los parlamentarios para facilitar La entrada de la ayuda humanitaria, y la inmensa represión madurista y del protector (Freddy Bernal) que utilizó a los más agresivos  presos comunes o corrientes para frenar a la dirigencia y a la ciudadanía opositora.  Un caso para la Corte Internacional Penal, sin dudas.

     

  • Microprocesos de descomposición ética – Por Juan Pablo García

    Microprocesos de descomposición ética – Por Juan Pablo García

    Hay que vivir los regímenes socialistas para contarlo. Todo el mundo sabe hasta dónde llegan, lejos, muy lejos, en la violación más brutal de los derechos humanos, pero no es lo mismo que padecerlos en carne propia. La gigantesca verborrea del poder pretende barnizar y embellecer el drama, pero resulta imposible. El proceso de descomposición ética es inevitable y corroe a todo el sistema, pervirtiéndolo cada vez más. Por ello, el Estado fallido. Y es que no puede comprender al Estado Socialista que, precisamente, destruye al Estado para consagrar a las camarillas de las distintas mafias confederadas. Años atrás, lo advirtió Aníbal Romero en un libro premonitorio: “Disolución social y pronóstico político” (1997). El asunto merece de un análisis adecuado al tratarse de la descomposición social.

    Son numerosos los casos de putrefacción ética que permean en lo que queda del Estado, bajo el Socialismo del Siglo XXI.  Por lo general, algo obvio, nos referimos a las grandes operaciones del narcotráfico, el terrorismo, el lavado de capitales, la quiebra deliberada de las que antes fueron las grandes empresas, como PDVSA. Pero el análisis de las características del Estado fallido olvida aquellas dinámicas que se dan en los niveles más elementales. Hay micro-procesos significativos e ilustrativos de las tendencias predominantes.

    La extorsión es el elemento primario de los funcionarios que tratan de sobrevivir siguiendo el ejemplo de sus jerarcas. Por ejemplo, alguien que denuncie un hurto o un robo significativo a la policía, pone a muchos capitostes en estado de alerta. El policía corrupto averigua los bienes con los que cuenta el denunciante para enredar el asunto y si da con el victimario también busca chantajearlo. La víctima que acude a las autoridades, corre el riesgo de la más absoluta desprotección ante el denunciado y, a veces, es objeto de un secuestro de los propios agentes policiales. U otro ejemplo, comienza la pesquisa de los muchachos que protestaron o protestan al régimen para detenerlos. Bajo amenaza de muerte: por unos cuantos dólares, le prometen presentarlos a los tribunales y, divisas adicionales, obtener la libertad condicionada. Esto ocurre cada día, cuando el técnico de la CANTV o el de otros servicios, repara la línea telefónica por un bono adicional del usuario impotente. Por supuesto, además de las lluvias, es negocio dañar las líneas disponibles, aún más de los locales comerciales.

  • Carabobo, por siempre – Por Juan Pablo García

    Carabobo, por siempre – Por Juan Pablo García

    Desde el exilio forzado siento cada vez más profundo el sentimiento de la Patria que me vio nacer y a la que amo tan profundamente. El 199ª aniversario de la Batalla de Carabobo que selló la Independencia de Venezuela actualiza esa pasión por  la libertad y explica sobradamente nuestra lucha contra la tiranía socialista. Bolívar se agiganta, despojado de la verborrea chavista que pretende mancharlo, al igual que Páez, Cedeño y Plaza, quienes – juntos – libraron un combate extraordinario contra las fuerzas realistas de La Torre. Por ello, el 24 de junio es una fecha emblemática para nuestras actuales esfuerzos de liberación.

    No podíamos solos, y se hizo presente la Legión Británica. No pudimos solos y fue generosa la gran ayuda de nuestros hermanos neogranadinos para la Campaña Admirable de años atrás. Además del Negro Primero, venerado en representación del pueblo que pugnaba por convertirse en ciudadanía, quedaron en el campo de batalla los británicos Devis, Scott y Farrier. Y hoy tampoco podemos solos ante los mafiosos comunistas y necesitamos del concurso de los hermanos del continente para desalojar de Venezuela a los terroristas d toda índole y tamaño que a saquean bajo la mirada complaciente de Maduro y sus secuaces.

    Atención, a la vez es el Día del Ejército Venezolano. Suficiente motivo para la reflexión y rectificación de quienes tienen la responsabilidad de defender a la Venezuela ahora mancillada. Pero no cabe dudas que el próximo año celebraremos el bicentenario de la Batalla de Carabobo en libertad y democracia, después de la exitosa implementación de la Operación de Paz y Estabilización (OPE) que ha propuesto con tino y coraje María Corina Machado. Por siempre, será Carabobo.

    @juanpablogve

  • Quemaduras – Por Juan Pablo García

    Quemaduras – Por Juan Pablo García

    (Bogotá. 09/06/2020) En los años 80 hubo una película que fue más famosa que el propio libro de Umberto Eco que le sirvió de inspiración. Las escenas finales de «El nombre de la rosa», dramáticas e impactantes,  refirieron al incendio de la magnífica biblioteca de la abadía, provocando inmediatamente la indignación de la audiencia. Ahora mismo, es lo que ocurre con la piromanía del régimen socialista que se ha cebado contra la colección de libros de la Universidad de Oriente (UDO) del estado Sucre, mostrándonos unas fotografías que  provocan un inmenso dolor. La universidad es considerada por la dictadura como una de sus principales enemigas , está devorada por las llamas, provocando además todas estas quemaduras en el corazón de la ciudadanía desesperada.

    Recordemos que son veinte años en los que se ha llevado por el medio al libro. Las bibliotecas sobrevivientes sin las del siglo XX, ya muchas de ellas bajo la capa espesa de los ácaros y, ahora, de las cenizas. Mientras que en otros países la pandemia ha sido pretexto para realzar el servicio digital de sus bibliotecas, acá ha sido motivo para el morbo descarado. No olvidamos que la negra pasantía de Diosdado Cabello por la gobernación de Miranda, que se tradujo en la conversión de más de cinco mil libros de las bibliotecas públicas, en una vulgar pulpa destinada para otros fines. Las toneladas de libros se fueron al basurero, sin que jamás respondiera por la atrocidad.

    Lo que quiere la camarilla criminal en el poder, es una sociedad de ágrafos, delatores y sobrevivientes. Fue una gigantesca coba aquella de la superación del analfabetismo en cuyas campañas se fue un chorrero de reales que están hoy en los paraísos fiscales. Y ya sabemos que son capaces de arrasar con lo más preciado a través del fuego. Nada casual, quemaron los depósitos del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Caracas para que no hubiese rastro alguno de las tropelías, diciendo justificar las nuevas compras dizque para el fraude parlamentario en camino.  Así son ellos, le echan más gasolina al fuego.

    Juan Pablo García

  • A Juan Pablo García, un hombre de temple – Por Dignora Hernández

    A Juan Pablo García, un hombre de temple – Por Dignora Hernández

    PORQUE LA FUERZA DE  VENTE VENEZUELA ESTÁ EN SU GENTE.

    Nada más humano y conmovedor que la lucha sincera de un hombre por su libertad. Cuando esta lucha, además, viene inspirada por el deseo de lograr la libertad del país que le vio nacer, la misma adquiere la grandeza y la nobleza que solo un hombre de temple puede imprimirle, un hombre como Juan Pablo García; el  diputado, el político, el padre, el amigo.

    Hablar de Juan Pablo García es decir también el líder de Vente Venezuela, el dirigente que pese a su exilio forzado se encuentra presente en cada acción y en cada inspiración de nuestra lucha; si bien el destierro del hijo siempre es duro para la madre patria; el exilio del hombre, del padre, siempre será duro para la esposa, para los amigos y sobre todo para los hijos. Pero Juan Pablo, aun en circunstancias adversas, sigue siendo ese “tornado”, como diría su esposa Lisbeth, que le imprime ímpetu a la lucha, aunque el dolor sea para él mismo y para Venezuela entera a veces mayor que sus esperanzas. Es un pesar al que se sobrepone, se levanta y continua dando cara, siempre buscando soluciones, así como la inmensa cantidad de venezolanos que hoy, al igual que él, se encuentran resistiendo y trabajando por la libertad en todo el mundo.

    Juan Pablo y otros tantos venezolanos en el país y en el mundo nos hemos comprometidos de corazón en una misma lucha, por eso hemos decidido caminar juntos la misma senda y levantar una sola bandera: la bandera de la libertad de Venezuela. Porque creemos en la fuerza que emerge, en la fuerza que desafía y en la fuerza que se levanta para proponer nuevas formas de vida basadas en el respeto, la solidaridad, los méritos propios y la libertad, por eso hoy, al arribar a nuestro 8° aniversario, desde nuestro joven partido decimos con orgullo que La Fuerza De Vente Venezuela Está En Su Gente.

    Como un fiel defensor de la justicia, el amigo entusiasta, solidario, audaz; el hombre de riesgos que no se amilana, como el líder capaz de fortalecer el espíritu. Así se refiere el diputado monaguense Carlos Bastado a Juan Pablo cuando hablamos de él, quizá sin entrar en cuenta nuestro joven diputado que esas características también le son afines a él, quizá esa sea la razón para la sólida amistad que ambos se profesan y de la que hoy puedo testimoniar: cuanta falta se hacen.

    No se equivoca Lisbeth cuando me dice al referirse a él: “Nuestro Juan Pablo”, y es que una mujer de tal inteligencia sólo puede estar muy clara en la vida y bien sabe ella que Juan Pablo es un sentimiento para Vente Venezuela, y un orgullo para el país. Pero también me habla Lisbeth, en nombre de la familia: “Mira, Juan Pablo es, ante todo, un ser humano de una calidad extraordinaria”,  y yo sólo puedo contestar: «Qué bueno saber que el ser humano que yo vi, entonces sí está ahí; con sus bemoles, con sus fortalezas, siempre allí, nuestro Juan Pablo, y Gracias a Dios, pues debo ser sincera al expresar que no siempre se tiene la fortuna de tener estos encuentros en la práctica política, la que a veces se ha querido vender como territorio de nadie o del más vil de los ejecutantes o estrategas.

    Un hombre noble y carismático al 100%, amigo incondicional, leal, corajudo; un personaje auténtico que muestra lo que es y lo que quiere a corazón abierto. Es familiar en toda su extensión: esposo, hermano, tío, papá por siempre. Un hombre de principios y valores intachables, con una ética y moral inmensa. Es alegre, divertido y sobre todo, un soñador. Su sueño más grande es darnos una Venezuela libre, es triunfador en todo lo que se propone, un profesional sobresaliente, dedicado a la política, donde  brilla también con luz propia sin llevarse a nadie por el medio porque es altruista, justo y ecuánime; es un héroe y un orgullo para su familia, así lo describe Lisbeth, una y otra vez, porque eso ha sembrado. Siempre con el mejor proceder, es incansable; un tornado con su vozarrón, un huracán de alegría. “Es la bulla que falta tanto en nuestro hogar y en toda nuestra familia”, me dicen.

    Con esta breve historia ilustro el talante de los hombres y mujeres que conforman mi organización política, lo hago a través de la mirada generosa del hombre, del político y  del amigo, porque soy una convencida de que es  través de esas miradas francas como podemos entender el significado que adquiere la lucha que a diario libramos millones de venezolanos, dentro y fuera de la patria, por restablecer la República destruida, y lo hago también como un ejercicio ameno para responder a mis propias interrogantes: ¿por qué Vente Venezuela, siendo un partido nacido en dictadura, ha tenido el coraje para desafiar con atinada caracterización y por supuesto con acciones a este sistema criminal al que nos enfrentamos los venezolanos, al igual que a sus oxigenadores?

    Encuentro entonces en nuestra líder María Corina Machado, en mis colegas diputados, en mis compañeros de la Dirección Nacional y en cada uno de nuestros líderes estadales, municipales, locales y juveniles esa misma mirada franca y la ratificación de la lucha sincera, y entonces me reconozco. Es por esas razones que nos mantenemos firmes en nuestra lucha libertaria, levantando siempre en alto nuestros ideales de la política decente, la política con ética y sobre todo, con un profuso, amplísimo y democrático debate interno que nos permite compartir vínculos de hermandad. Y otra vez aparece ante mí una sentencia: estamos juntos, seguimos juntos y alcanzaremos nuestros sueños juntos, porque creemos en el ciudadano comprometido con el desarrollo de su país. Es decir, creemos en los Juan Pablo García, creemos en nuestra gente.

    En ocasión de nuestro aniversario y a pesar de tu forzado destierro, me place decir que tú sigues aquí en el corazón de tu Venezuela, en tu Monagas querida, en tu amada familia y por supuesto, en el corazón de tu familia Vente Venezuela, organización política a la que decidimos pertenecer y que es hoy la razón por la cual te escribo. Lo hago para decirte que éste es uno de muchos  aniversarios que nos esperan, por ello quiero agradecer tu sonrisa sincera, tu palabra amable, tu mano amiga, tu reflexión oportuna, tu esperanza permanente y hasta tu molestia necesaria.

    Quiero agradecerte, Juan Pablo, por estar allí en cada momento en que esta lucha nos ha demandado tomar posiciones que a veces no se entiendan y que sólo hallan respuestas en el tiempo, quiero agradecerte por tomarte el tiempo suficiente para atender nuestras preguntas y también por contener nuestras emociones con un: ¿qué pasa?, ¿qué no entiendes todavía?, para concluir con éstas, tus palabras, que son bálsamo: «son tiempos difíciles, quédate tranquila, esto pasará». Bien sabes, amigo, que en estas circunstancias del país tranquilos no estaremos, ni nos quedaremos nunca, pues somos Vente Venezuela, el partido de la Libertad, pero qué bueno es escucharte decirlo.

    Hoy, cuando dentro y fuera de Venezuela tenemos madres heroínas que junto a sus hijos y esposos héroes luchan, resisten y ofrendan su propia vida por la libertad, quiero enviarte a ti, a tu esposa y a tus hijos un mensaje de reconocimiento y gratitud por la ofrenda de tu “ausencia”; a ti, por todo lo ya dicho y a ellos por el acompañamiento en la lucha del padre y su desprendimiento a favor de la libertad de Venezuela.

    Has sabido resistir y ellos han sabido esperar con paciencia mejores tiempos para el reencuentro.

    Vente Venezuela cuenta contigo y con todos los forjadores de la libertad de Venezuela, porque sabemos que nuestra fortaleza está en la gente.

    CON ESPECIAL  AFECTO Y AGRADECIMIENTO:

    A: Lisbeth, tu esposa

    Y a Pablo Jesús García Cedeño, Ender Javier García Hernández,  Juan Eduardo García Hernández,  Pablo Antonio García Perugini y Juan Diego García Perugini.

    Tus hijos, los hijos de Venezuela, los hijos de la libertad.

    Una ciudadana, una amiga.

    @dignoraHernandz


  • De la vocación y perversión policial – Por Juan Pablo García

    De la vocación y perversión policial – Por Juan Pablo García

    Hay quienes, desde muy temprana edad, tienen la curiosidad de que después se convertirá en talento por los asuntos policiales.  Una capacidad de indagación frente a los hechos delictivos y una vocación por hacer valer las leyes que los tipifican y sancionan.  Nos referimos a la legítima función policial que es tan indispensable para garantizar una sana convivencia social que muy bien la explica el Estado de Derecho. Así, tenemos a los agentes que previenen el delito con el concurso de las comunidades y arriesgan su vida misma para capturar, probar y encarcelar al delincuente. A quienes desarrollan una extraordinaria capacidad de investigación, desde el Estado y también desde el sector privado, comprometidos en desenmarañar al hampa de arma en mano o a la que llamamos de “cuello blanco” que, en verdad, hoy, es de “cuello rojo”.  Los que juzgan y también los que defienden a inocentes metidos en un trance inesperado.  Por ello, existen disciplinas nobles como el derecho penal, la criminología y la criminalística, aunque solemos descuidar las ciencias penitenciarias.

    Nunca fuimos un país de óptimo desempeño en la lucha contra el crimen, pero ya nadie duda que la cosa fue mejor antes de que el socialismo se apoderara del país. Hubo malos policías de uniforme, inspectores y comisarios, jueces y penalistas, muy malos. Esto es cierto, pero constituían una excepción a la regla. Porque también los hubo muy probos, honestos, decididos y transparentes que el país, por cierto, conocía por sus actuaciones diligentes. El Cuerpo Técnico de Policía Judicial (la famosa PTJ), sustituyó nada más y nada menos que la temible Seguridad Nacional (SN), y estuvo dirigida por gente seria. Y, ahora, pasado el mes de abril de tan ingratos recuerdos, también se supo de las policías municipales de buen o brillante desempeño. Otro ejemplo, fueron precisamente los agentes de la Policía Metropolitana que defendieron al pueblo en los sucesos de 2002, por los alrededores del Palacio de Miraflores, quienes evitaron más muertes y heridos en el asombroso baño de sangre de los socialistas por entonces enmascarados. Todavía siguen injustamente presos después de casi dos décadas. Algo increíble.

     Con el socialismo, el crimen no sólo se incrementó (y por algo, como aquellas de la hiperinflación, más nunca los socialistas publicaron las cifras de muertes violentas, robos, secuestros, hurtos, etc.), sino que el problema se agravó, porque los socialistas en sí mismos son los criminales. Tejieron una densa red de mafias, entregaron el territorio que llaman cínicamente de paz al malandraje, hicieron de las cárceles las agencias por excelencia de los pranes, pasamos de un país de tránsito a otro productor de drogas y, encima de todo eso, pervirtieron la función policial. El grueso de quienes ingresan hoy en día a la policía, lo hacen por extrema necesidad de supervivencia, más allá de la vocación y del talento. Aprenden las mañas de los delincuentes que dicen combatir hasta convertirse en cómplices. Ven en un periodista el terrible enemigo que los puede delatar por prácticas que violentan los derechos humanos y, no como antes, un aliado para descubrir el crimen.  Ni qué decir de los investigadores privados que, por último, trabajaban más los casos de infidelidad matrimonial, mientras que en otros países ayudan al propio Estado a desenmascarar a los delincuentes, sobre todo en el campo de la inteligencia financiera.

    Sin embargo, frente a la perversión, con el cese de la usurpación y la transición, arrancará en este país la recuperación de una limpia vocación policial.

  • Primero de mayo: La pulverización del sindicalismo venezolano – Por Juan Pablo García

    Primero de mayo: La pulverización del sindicalismo venezolano – Por Juan Pablo García

    Ya la usurpación está resignada a los anuncios salariales, cada primero de mayo. Le importa un bledo que agrave la realidad social y económica del país, como ha ocurrido por siempre, porque lo que le importa es la demagogia populista de un momento que pagamos cada vez más caro los venezolanos. Momento que se esfuma, dejando un saldo impresionante de hambrientos y enfermos. Faltando poco, pretende regular los precios en dólares.  Contra el más elemental sentido común, el decreto de aumento del salario nominal dispara todos los resortes de la inflación hasta los confines del espacio sideral. Esta bastardía es consciente, deliberada y culpable. El sojuzgamiento tal es el objetivo central. El promedio de los salarios mensuales expresados en dólares, en América Latina, es de tres dígitos; sólo Cuba y Haití, exhibe un bajo promedio de dos dígitos, pero los venezolanos ostentamos la desgracia de rondar entre dos y tres dólares. Los más variados indicadores internacionales, así lo corroboran con algunos matices o diferencias, pero todos coinciden en, apenas, un digito para Venezuela.

    Nicolás Maduro se ha conformado con estos anuncios, vendiéndose con el obrero que llegó a presidente, aunque fue un insigne reposero del metro de Caracas, añales atrás,  porque desde hace un buen rato que  los socialistas perdieron la calle. Desde los mismos inicios de la larga TIRANÍA, ya para mediados de la primera década les fue imposible movilizar a las masas. Y, así, forzaron a todos los empleados de la administración pública para las marchas del Primero de Mayo que también se convirtieron en un modelo de negocios para sus promotores, ya que se hacían del realero sobrefracturado para instalar las tarimas,  los equipos de sonido y utilizar el frijolero de autobuses vacíos que siempre pintaron avenidas y calles desoladas.

    Pero esa resignación a la que aludimos, también esconde otra: la creación de los aparatos sindicales PSUV. Trató de multiplicarlos y de crear una central bolivariana que tuvo un lógico y doble resultado. Por una parte, quedó en manos de los esquiroles, mandaderos, oportunistas que no tenían liderazgo alguno, por más que los promovieran a través de todos los medios del Estado. Y, por otra, por aquello de que parte y reparte se queda con la mejor parte, los reales invertidos fueron a parar al bolsillo de los más avispados de esa burocracia sindical, por lo demás, obesa y ostentosa. De esa burocracia, unos se quedaron para roer hasta el último centavo, bajo el más completo anonimato; y, otros, se hicieron los locos y se largaron, incluyendo a los más abnegados chavistas que intentaron o efectivamente se colaron en algunos partidos de la oposición.  Aunque el peor caso es el de Aristóbulo, quien una pila años atrás perdió las elecciones de la CTV, con todo el peso que ejerció el gobierno, y ha sido el gobernador y el ministro más anti-obrero de otros: a quien no le guste el bonito que dio el ministerio de Educación de cuatro mil bolívares (cuando el dólar superó la barrera de 200 mil por unidad), que se vaya a dar clases a otro lado. Esta sola frase puede servir de emblema para una historia del sindicalismo venezolano del siglo XXI que el socialismo conscientemente ha pulverizado.

  • La CAN o el combate contra las banalizaciones – Por Juan Pablo García

    La CAN o el combate contra las banalizaciones – Por Juan Pablo García

    Existe una angustiosa banalización del debate público en Venezuela. Puede argüirse que el fenómeno es de vieja data, pero también es cierto que sólo en el presente siglo ha adquirido una profundidad tal que avisa de un proceso de descomposición de la política y de los modos de hacerla que tiene por último y único beneficiario al régimen socialista que, además, monopoliza casi todos los medios de comunicación y tiene como prioridad el financiamiento de gigantescas campañas de propaganda y de publicidad, además del gasto militar.  Es escasa la calidad de las discusiones, porque – además – existen sectores nominalmente de oposición, distinguidos por la atención y los favores de Nicolás Maduro, que hacen los aportes correspondientes a esta suerte de “pote” para confundir permanentemente a la opinión pública.  Así, funcionan los laboratorios en las redes sociales que inventan un escándalo que sucede al otro, y los planteamientos y las denuncias más sobrias, añadidas las propuestas más concretas, tienen que competir deslealmente con las mentiras prefabricadas, los famosos “fake news”, los estigmas más obscenos, las invectivas más disparatadas. Por más serios que sean los temas tocados, como ha ocurrido con las firmes posturas de la Fracción 16 de Julio, corren con el riesgo de la tergiversación y de la evasión, aunque también – porque hay ciudadanía en nuestro país – encuentra las certezas, el respeto y la adhesión  de una audiencia atenta, consciente y decidida a  impulsar las transformaciones históricas del momento.

    Cuando Hugo Chávez decidió arbitrariamente la salida de Venezuela de la Comunidad Andina de acciones (CAN), por razones enteramente ideológicas y ajenas al interés nacional, por supuesto, no hubo el debate necesarísimo del parlamento y tampoco el referéndum consultivo al que estaba obligado. La Asamblea Nacional era una obscena oficina subalterna de Miraflores que se limitaba  a darles las habilitaciones presidenciales que les exigía, a cumplir con el ritual de avalar el nombramiento de sus embajadores y cualesquiera funcionarios que ordenaba, y a aprobarle el presupuesto, las leyes de endeudamiento y, faltando poco, a concederle el chorro ilimitado de  las autorizaciones  para los créditos públicos fuer de todo control. Al respecto, valga acotar, esos diputados que alzaron la mano para el saqueo de las finanzas públicas, son o serán también reos por  la comisión de los delitos correspondientes.  Ello incluye a toda la ralea de magistrados del TSJ que le rieron la gracia al barinés y a su sucesor, cuya nacionalidad verdadera nadie conoce, porque  de la Sala Constitucional rebotaron los recursos de amparo interpuestos, en el caso específico de la CAN,  como aquella decisión de julio de 2006 que aseguró temerariamente el carácter potestativo del otrora  presidente, en Consejo de Ministros,  violentando el artículo 153 constitucional (puede verse:  Antonio Canovas y otros, “El TSJ al servicio de la revolución”, Editorial Galipán, Caracas, 2014: pág. 230  s.).

    Reza el dicho popular que hay que hacer de tripas, corazón. Sabemos de la multiplicidad y de la complejidad de los problemas que afrontan las misiones diplomáticas de la encargaduría presidencial de Juan Guidó. La diáspora venezolana es también puntera en una difícil agenda de trabajo, por citar un ejemplo. No obstante, existe asuntos de Estado que están muy pendientes, como el del regreso a la CAN, echándolas bases de una transición convincente y realmente de cambio. No debemos permitir que la deliberada banalidad de la discusión política, la devore o la sepulte. Cuando meses atrás hicimos el planteamiento,  aún antes de que fuese sugerida la materia en una sesión plenaria y presencial de la Asamblea Nacional, esperamos la materialización de la iniciativa en el seno de  la Comisión de Política Exterior del parlamento, el intercambio real de pareceres, la pronta asesoría de los expertos y, para quienes nos encontramos en el exilio forzado, la convocatoria de sendas reuniones de trabajo que vayan más allá de las cumplimentadas o eventuales ruedas de prensa y del selfie de oportunidad. Combatir la superficialidad del debate público, fuerza a la profundidad de una discusión que por siempre esperan los venezolanos.