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  • #MaduroRenunciaYa – Por Jose A. Vega

    #MaduroRenunciaYa – Por Jose A. Vega

    En el marco de la denominada HOJA DE RUTA DEL CAMBIO 2016, planteada por la mesa de la unidad democrática, y que contempla la aplicación de los diversos dispositivos constitucionales que permitan, de forma pacífica, poner fin este año a este régimen, se ha llamado a una gran movilización nacional de cara a solicitar la renuncia de Nicolás Maduro.

    Ante la solicitud de la renuncia a Nicolás Maduro algunos personeros del régimen han manifestado que la renuncia es un acto voluntario y que si es bajo presión se convierte en un acto hostil, un hecho desafiante al Estado y de violación de la Constitución.

    También  hay voces que sostienen que es de ingenuos solicitar y esperar que Maduro renuncie.

    Pues bien, en mi condición de ciudadano considero que la solicitud de renuncia a un gobernante no puede considerarse un acto hostil ni mucho menos anti-constitucional, sino que por el contrario constituye un ejercicio directo de la soberanía.

    El art. 5 de la CRBV dice:”La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”.

    Es decir, que al elegir  a un gobernante se le delega la responsabilidad de gobernar pero no se le transfiere la soberanía y es el gobernante como representante de un órgano del Estado quien está sometido a la soberanía popular y no al revés.

    Y es también como ciudadano, que interpreto como el ejercicio directo de la soberanía el desconocimiento a   la “autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos” tal como lo establece el art. 350 de la Constitución.

    En razón de ello la renuncia no depende solo de un acto voluntario de un gobernante, se trata también de someter al máximo mandatario a la soberanía popular tal como lo establece la constitución.

    Pedir la renuncia a Maduro, no esuna cuestión de ingenuidad, es cuestión de asumir el compromiso histórico de decir ya basta  a un régimen que evidentemente menoscaba los derechos humanos al reprimir, encarcelar sin delito y torturar a quien lo adversa, un régimen que  no ha sido capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y con ello enlutado a más de 200.000 hogares en los últimos 17 años, que ha condenado a un pueblo a morir de mengua por falta de medicamentos y adecuados centros de salud, que como toda dictadura comunista se sirve de la escasez como instrumento de sumisión y control ciudadano, que ha forzado a más 1.400.000 venezolanos a buscarse la vida en otras latitudes porque ha destruido, como parte de su proyecto político, la generación de empleo. Un régimen que dilapidó la mayor renta petrolera que ha tenido gobierno alguno en la historia, que destruyó PDVSA y dejado como parte del legado una inflación de más del 3.000 % y vacías las arcas de la nación. Un régimen que en su afán de expansión de su trasnochado y fracasado proyecto político, hipoteco a la Nación en beneficio de sus aliados ideológicos y en perjuicio de quienes nacimos, crecimos y construimos este hermoso país.

    Cabe entonces preguntarse si es de ingenuos ante tan sombrío escenario solicitar la renuncia de la cabeza de todo este entramado de corrupción, ineficiencia y perversión. Ingenuos seremos si enmarcamos nuestra lucha por el rescate de la República, exclusivamente en el ámbito y bajo las condiciones que al régimen le conviene y nos inhibimos del legítimo derecho a ejercer la protesta.

    Si en una democracia es un legítimo derecho exigir la renuncia a un Presidente, en una dictadura tal derecho se convierte en un deber ciudadano, en un acto de dignidad y de responsabilidad.

    En la historia abundan casos de dictadores, que aún el día anterior a su renuncia o huida negaban tal posibilidad.

    Aquí no sólo se trata de lo quiera Nicolás Maduro. Los ciudadanos no podemos condicionarnos a exigir lo que por derecho nosestá consagrado, en función de si seremos o no atendidos en nuestra exigencia, porque quien clama por la libertad no condiciona su grito a ser escuchado.

    Twitter: @JoseAVega

     

     

  • Sangre en el Capitolio – Por Luis Barragán

    Sangre en el Capitolio – Por Luis Barragán

    Cada semana, grupetes oficialistas, evidentemente tarifados, intentan infructuosamente ocupar todo el perímetro del Palacio Legislativo o Capitolio Federal, en Caracas. No lucen suficientes o el dinero se queda a medio camino, pero  logran colocarse en sitios claves para atropellar a los parlamentarios de la oposición en tránsito, o a quienes suponen tales, hasta por la vestimenta o cualesquiera otros indicios que el ciego sectarismo autorice.

    Un camión de estridentes, repetidas y absurdas consignas, pretendiendo como territorio propio el área de acceso hacia el este de la histórica edificación, orienta el tumulto, dejando para una fatal adivinanza la existencia de armas de fuego. A los ataques generalizados ya se suman otros individuales, además, en el interior del país, apuntando a los diputados, concejales o – sencillamente – dirigentes populares que disientan del régimen.

    Las autoridades públicas exponen una cómplice pasividad y existen testimonios de la contribución que hacen para la agresión física, la que va más allá de la verbal que inicia con una mentada de madre, carente de inspiración, aliento e imaginación.  De distintos matices, del ataque sistemático sabemos y muy bien, por desgracia, los que también ocupamos las curules como minoría en el hemiciclo, sabiéndonos mayoría en el país, durante el quinquenio legislativo pasado.

    El oficialismo desea lavar en sangre la osadía del pueblo venezolano que lo rechazó inequívocamente en los últimos comicios y, en lugar de atajar la locura capaz de meternos en una espiral de violencia que puede dar a traste con el propio gobierno, la estimulan, aplauden y festejan con las ganas de un temerario apostador  y  el morbo de la radical pobreza moral e ideológica que ostentan. La reciente golpiza del diputado Carlos Paparoni, apenas ejemplifica una situación vergonzosa.

    Le corresponde a la Guardia Nacional la custodia del inmueble y la seguridad de quienes – representándolos – sintetizan la voluntad de millones de compatriotas, pero – he acá el problema –  dependen de un Comandante en Jefe, el de la Fuerza Armada, en última instancia responsable de lo que pueda ocurrir. Poco o nada hacen ante la muchedumbre agresiva, aunque – no lo olvidamos – amurallaron el palacio y los entornos mediatos e inmediatos, cuando una sola persona trató de acceder a su natural lugar de trabajo: María Corina Machado.

    Twitter: @LuisBarraganJ

     

  • ¿Los corruptos son más que los correctos? – Daniel Merchán

    ¿Los corruptos son más que los correctos? – Daniel Merchán

    Hace poco en una de esas tantas conversaciones diarias e inevitables sobre la situación crítica del país, me encontré con un viejo amigo quien me refirió una anécdota sucedida hace unos cuantos años en una elección presidencial, en efecto, mi amigo fue abordado por un férreo seguidor de uno de los candidatos, y refiriéndose al contendor de su simpatía, señaló, mi candidato va a perder las elecciones contra este rival; aseveración que a mi amigo le sorprendió, y le pregunto a aquel señor en un pueblo olvidado por la memoria venezolana, por que opinaba eso, si ambos compartían sus esperanzas de mejora en la victoria del candidato en cuestión, a lo cual el señor ya entrado en años respondió soltando una frase lapidaria y fulminante, muy sencillo, los corruptos son más que los correctos.

    Muchas veces en la practica política nos encontramos con ese constante dilema, valores y anti valores conviviendo en una sociedad, en un gobierno, en un partido político, en una empresa, en las escuelas y universidades, en los hogares, planteando una lucha ético – moral que no parece terminar nunca, si nos detuviéramos a revisar los índices de percepción de la corrupción emitidos por la ONG transparencia internacional, inmediatamente brincaríamos del susto frente a un mapamundi tomado casi en su totalidad por las conductas que corrompen la ley, básicamente comenzando con casos macro como la penetración de instituciones en México involucradas con la desaparición de los 43 estudiantes de Iguala, el saqueo de Petrobras en Brasil, o de las 49 obras fantasma del fondo indígena en Bolivia, hasta cosas más comunes pero igualmente preocupantes en la evasión de impuestos por parte de empresas, el financiamiento y perdida de dinero en campañas electorales, los sobornos en la FIFA, la proliferación de la piratería y la falsificación frente a las violaciones de los derechos de autor de múltiples obras del intelecto humano, o el de los persistentes hechos de copiar o plagiar meritos académicos, y  no obedecer las normas y señales de transito sabiéndose impunes ante la posibilidad de un arreglo rápido con la autoridad de turno.

    En Venezuela frente a esas mismas valoraciones nos ubicamos en el puesto 160 de países con mayor corrupción, entre 177 países evaluados, esto seria positivo de no ser porque la cuenta se lleva de atrás hacia adelante, es decir estamos en el grupo de los rezagados, y en el caso de América solo somos superados por Haití, lo que claramente nos hace pensar que poseemos como cultura una gran tolerancia a la corrupción, o peor aun, el sentimiento de impunidad es tan alto, que muy poca gente se siente cohibida al cometer un acto de corrupción penado por el ordenamiento jurídico, escándalo tras escándalo, de modo que vivimos en medio de culturas audaces para la trampa, el engaño, la estafa, o como nos gusta llamarle “viveza criolla”, un artilugio eufemístico que nos sirve como consuelo para no generar culpabilidades, sino para aupar aquello de lograr el fin sin importar los medios.

    Me gusta pensar que hay más correctos que corruptos, pero no han encontrado la vitrina para mostrar otro modelo de convivencia, uno ejemplarizante, coherente y respetuoso de los derechos y deberes de todos, simplemente no han tenido la oportunidad, tal vez porque los corruptos siempre consiguen el modo de convencer con los caminos más cortos, con la manipulación de la opinión publica, y porque son capaces de cosas que otros jamás harían, esa es una realidad, avasallante por cierto en nuestro continente, donde una buena parte de los políticos de oficio aunque cabe mejor el apelativo de politiqueros, se dedican a la compra y venta de conciencias, a los fraudes de las promesas, el pensamiento y la acción, al compadrazgo y el nepotismo como método de repartición de beneficios, o a la extorsión y uso de influencias para cometer en nombre de otro la obtención de favores consistentes o no, con la institución o persona que afirma representar.

    El reto es más grande hoy frente a esa abrumadora realidad, no hay manera de decirle a cada uno cuantos grados de corrupto o de correcto tiene, esa determinación pertenece a cada quien, es producto de su educación, su crianza, y sus circunstancias, aunque la condición humana también posee una antigua vocación por la búsqueda de justicia, como decía Confucio “ver una injusticia y no hacer nada es no tener valor”, pues  nunca debe cesar la aspiración de los correctos a cambiar el modelo falso y de artimañas que tanto han defendido los corruptos, que los vuelve la manzana aparentemente sana y reluciente, pero por completo podrida en su interior descompuesto, ante lo cual solo existe un antídoto posible para un veneno que recorre las venas de nuestro entramado social, la transparencia, la claridad y luminosidad del hacer a prueba de cuestionamientos e interpelaciones, la senda del obrar en base a la prudencia, la pertinencia y la congruencia,  pues solo así se gesta la realización del sueño permanente e infinito que tienen las nuevas generaciones creyentes y demandantes de un mundo mejor.

    Twitter@Daniel_Merchán 

     

  • Fuerza Armada, acto administrativo y acto de comercio – Por Luis Barragán

    Fuerza Armada, acto administrativo y acto de comercio – Por Luis Barragán

    En distintas ocasiones, a propósito de sendas solicitudes de crédito adicional en el pasado período, ventilamos nuestra discrepancia en la Asamblea Nacional. Marcando una distancia entre el acto administrativo y el acto de comercio, intentamos la contra-argumentación de la bancada oficialista que nunca se produjo, por lo menos, de manera convincente, sobria y coherente, como lo ameritaba la materia, respecto a las numerosas firmas mercantiles adscritas a la Fuerza Armada.

    Ahora, de conformidad con el decreto nr. 2231, publicado en Gaceta Oficial nr. 40845 del 10/02/2016, ha sido creada la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg), adscrita al ministerio de la Defensa. De acuerdo con su motivación, la empresa del Estado se ajusta al nuevo (sic) modelo de gestión inspirado en las directrices y políticas esenciales de la Revolución Bolivariana (sic); bajo las premisas de un modelo económico productivo ecosocialista (sic) que, al generalizar sus orientaciones, tiene por finalidad asegurar la defensa y soberanía de la Nación; decretándose la empresa con un amplísimo objeto social que, en principio, la hace competidora de PDVSA, otras empresas del sector público y del privado, dando pie a las más legítimas suspicacias.

    Evidentemente, la iniciativa afecta la naturaleza y fines específicos de la entidad castrense, inequívocamente establecidos en la vigente Constitución de la República, y – además – la circunscribe a una parcialidad política que ya es, en sí misma, un dramático problema para el país. Desde 2013, incorporadas a la llamada Zona Económica Militar Socialista,  con personalidad jurídica y patrimonio propio, sabemos de numerosas firmas que, por supuesto, tienen su asiento en el Código de Comercio, capaces de incursionar en los más variados ámbitos, incluyendo el radio-televisivo y bancario, interrogándonos respecto a los particulares objetivos de seguridad y defensa o, mejor, de defensa que atienden.

    En más de una década y media, el gigantismo estatal se ha afianzado en la duplicidad de funciones y, proliferando las instancias, añadida la calculada exclusión del derecho administrativo que ha de explicarlas, existen entidades que hacen de todo y terminan por no hacer nada.  Fenómeno anunciado por las empresas antecedentes,   parece hoy consagrarse con una de superiores, inusuales y múltiples dimensiones que, a la postre, militarizando la vital actividad petrolera, relegará a PDVSA como una curiosidad más legada por el constituyente, reconociendo su fracaso en el contexto de un socialismo demoledor.

    Gigantismo pernicioso que constituye una apuesta del socialismo saliente, el sector militar sabrá de una mayor tergiversación de sus fines y misiones esenciales. A la transición democrática le tocará lidiar con la irresponsable herencia que deja Nicolás Maduro, reivindicando la finalidad constitucional y el desempeño profesional del soldado venezolano que está al servicio de toda la nación.

    Twitter: @LuisBarraganJ

  • Las facturas que caminan por América Latina – Por Daniel Merchán

    Las facturas que caminan por América Latina – Por Daniel Merchán

    Después de casi dos décadas de predominio de la izquierda trasnochada en América latina, promotora del calamitoso socialismo del siglo XXI, los vientos de cambio soplan a favor de una nueva era democrática y de oportunidades para el desarrollo económico y social, cada nación de nuestro cono sur, de Centroamérica y el Caribe comienza a vivir tiempos de reflexión de cara al futuro, especialmente en un mundo con tantas complejidades de orden tecnológico, financiero, innovador, de libertades y emprendimiento que requiere preparación con visiones modernas para la época actual.

    Es por ello, que los pueblos empiezan a pasar facturas a los modelos inviables, fracasados y anacrónicos que no pertenecen al nuevo ciclo del pensamiento para el desarrollo, en sus múltiples facetas, de allí que la otrora emblemática y “revolucionaria” Cuba, tenga que verse a obligada a mirar hacia el norte a la espera de la visita del presidente de EEUU, conjugando sus oxidados ideales en miras al logro de lo más parecido al sueño americano,  en Argentina, los Kirchner abandonaron el poder en medio de una serie de escándalos de corrupción, persecución a los medios de comunicación, un proceso inflacionario creciente, y una incesante polarización política que llevó al modelo K a una guerra sin cuartel con los sectores productivos del país, abriendo la necesidad de un cambio de timón que logro colocar a Mauricio Macri como nuevo presidente de los argentinos, claramente posicionado como el gerente que requerían para el manejo de la crisis.

    En Colombia, la perdida de la alcaldía de Bogotá, que en varios periodos estuvo en manos de las alianzas izquierdistas más radicales de ese estado, y cuyo cargo es el segundo de mayor relevancia en el tablero de influencia política colombiana, demostró que las facturas tarde o temprano llegan, cuando existen deudas pendientes con la ciudadanía, pues las pasadas gestiones tuvieron fuertes retrocesos en frentes como la seguridad y la infraestructura, perdieron el control sobre la corrupción en el periodo de Samuel Moreno, y en definitiva trabajaron con una mediocridad administrativa asociada al clientelismo político durante la convulsionada etapa de Petro, que finalmente produjo el regreso de Enrique Peñalosa como burgomaestre de la ciudad capital, gracias a su pasada experiencia exitosa como referente para los bogotanos.

    Bolivia en reciente referendo acaba de poner freno a la intenciones de Evo Morales de reelegirse para un cuarto mandato, colocando fecha y caducidad a su mandato, para no permitir lo que suele ser una condición megalómana comúnmente presente en estos caudillos, con la fijación absolutista de eternizarse en el poder, Brasil y Ecuador no están lejos de esta realidad, por su parte, Dilma Rousseff está contra la cuerdas en medio de protestas que solicitan su juicio político y una popularidad en picada que salpica a todo el partido de los trabajadores y al ex mandatario Lula Da Silva, con los sacudones de los casos Odebrecht y Petrobras, en Ecuador, pese a que Rafael Correa logró surfear varios enfrentamientos en estos años de gestión, aun subsisten dificultades económicas en base a la revalorización de la renta petrolera y la moneda de cambio luego de la dolarización, pero especialmente la tarea de superar el trance político que le a restado institucionalidad al país con maniobras meramente electorales.

    Al llegar a Venezuela, nos conseguimos con el cumulo de todos los males antes mencionados, la mayor de las oportunidades perdidas y la factura que más acreedores tiene en su propio territorio y en la comunidad internacional, la más grande tasa de inflación del mundo, records de violencia callejera, reservas internacionales extraviadas, escasez de productos básicos, salarios insuficientes, corrupción desbordada, ilimitada deserción escolar y fallas sistemáticas de los servicios públicos, aunado a la llamada fuga de cerebros mediante la migración de talento humano, presentan el corolario de una receta que solo conduce a la quiebra moral, económica y existencial de toda una sociedad, el socialismo del siglo XXI encontró un conejillo de indias en el cual aplicar todo el recetario del desastre, sin embargo, hoy, afortunadamente apunta al cambio, a la transición y a la salida del régimen chavista-madurista que tanto daño ocasionó, Venezuela inició su cambio, dibujó un nuevo parlamento y pronto comenzara a reformar los años perdidos de involución para transformarlos en su reconstrucción, en emprendimiento, en meritocracia, en libertad para los presos de conciencia, en inversión y propiedad, en educación de primer mundo, pero sobretodo en alternancia plural y democrática, pues los integrantes del foro de Sao Paulo no volverán a debilitar las bases institucionales de todo un continente que se abre camino hacia la globalización participativa y dinamizadora del desarrollo responsable, donde América latina abre sus ojos y será protagonista de impacto mundial.

    Twitter: @Daniel_Merchan 

  • Amnistía y paz – Por Juan Marcos Colmenares

    Amnistía y paz – Por Juan Marcos Colmenares

    “La amnistía es el primer paso para la paz y la reconciliación de todo el pueblo de Venezuela” (Tomás Guanipa).

    La amnistía es un acto político y jurídico emanado del poder legislativo por el cual se elimina la responsabilidad penal de un delito, se extingue la acción penal y el estado renuncia al ejercicio del ius puniendi o derecho de castigo, cesando las responsabilidades de las personas involucradas. La Constitución Bolivariana de 1999 (Artículo 187.5 CN) otorga a la Asamblea Nacional la facultad de decretar amnistías como un privilegio exclusivo, con la única limitación de que no puede decretarse ni concederse respecto de delitos de lesa humanidad, violaciones graves de derechos humanos y crímenes de guerra (Artículo 29 CN).

    Al referirse la amnistía a hechos considerados como punibles y despenalizarlos, no solo alude a delitos de tipo penal, sino también a ilícitos administrativos y a inhabilitaciones políticas acordadas por la Contraloría General de la República. De manera que si el hecho queda despenalizado y borrado o extinguido como hecho punible, opera para todas las personas que pudieran haber sido investigadas, imputadas, acusadas o condenadas por los mismos hechos, sin excepción alguna.

    Fue un compromiso primordial de la MUD la aprobación de una ley de amnistía general para liberar a los presos políticos, estudiantes, periodistas y líderes sindicales y que permitiría el retorno de los exiliados y perseguidos. Ese fue un mandato del pueblo en las elecciones parlamentarias el 6D. Ya se dio el primer paso al consignar en la AN el proyecto de ley y ahora viene la etapa de discusión y aprobación. Es allí donde será necesario andar con pies de plomo, para no cometer errores y darle argumentos al oficialismo.

    Pero ¿debe el Decreto de Amnistía revestir forma de ley y remitirse para su ejecútese a la presidencia de la República? ¿Puede ser un decreto legislativo, un acto parlamentario, que no tenga forma de ley? ¿Podrá la AN lograr el cumplimiento de la Ley o del Decreto de Amnistía luego de su aprobación? ¿Qué sucedería si el régimen se niega a su cumplimiento y no pone en libertad a los presos políticos después de aprobada la norma? ¿Cuál será la posición del TSJ y su Sala Constitucional? ¿Puede la Sala Constitucional vetar la ley o el decreto de amnistía? Estas y muchas otras interrogantes deben ser consideradas y analizadas con frialdad.

    Compartiendo la opinión del Dr. Brewer Carías, consideramos que la AN debería emitir el Decreto de Amnistía mediante un acto parlamentario sin forma de ley, que no necesitaría ser enviado al poder ejecutivo y que, por ser perfectamente constitucional, no podría ser vetado por la Sala Constitucional del TSJ. Pero antes o paralelamente debe actuarse en otro frente; el del nombramiento írrito de los magistrados del TSJ, anular su designación bajo el principio de la auto-tutela de los actos y convocar a un nuevo proceso de postulaciones. Esto derrumbaría el muro de contención en el cual se ha convertido el TSJ, para impedir los cambios exigidos mayoritariamente por los venezolanos el 6D. Para todas estas acciones la AN necesita del apoyo firme y paciente, de una sociedad civil consciente de los difíciles momentos que transitamos.

    Mención aparte merece la Gente del Petróleo. La Ley de Amnistía debe ser considerada como un tributo para esos más de 18.000 trabajadores de la industria petrolera, que fueron despedidos y perseguidos injustamente, a quienes les fueron robadas sus prestaciones sociales y que el tiempo y la destrucción de nuestra principal industria les ha dado la razón.

    La ley de Amnistía será un importante paso para superar la venganza y el odio, crear condiciones para el entendimiento y lograr reconciliación, justicia y paz social.

  • Prioridades nacionales: cuando la mentira nos impone dilemas de vida – Por Daniel Álvarez

    Prioridades nacionales: cuando la mentira nos impone dilemas de vida – Por Daniel Álvarez

    Uno de los grandes paradigmas que Carlos Rangel siempre planteó a lo largo de su nada corta trayectoria pública fue la llamada mentira constitucional, idea bajo la cual amparaba todos esos engaños –grandes y pequeños por igual- que los hispanoamericanos teníamos por costumbre crear para combatir los sentimientos de inferioridad que de vez en mes nos asechaban. Por lo general, estas mentiras permitían justificar sofismas centrales para nuestras sociedades, dando un alivio temporal ante nuestras fallas pero haciendo de estas más y más insuperables, hasta que la crisis inevitable hacía del engaño un constructo inviable.

    Viendo las discusiones, conversaciones y críticas que han ido apareciendo y profundizándose a lo largo de la larga crisis económica que estamos viviendo, no puedo evitar pensar que nuestra sociedad se ha vuelto víctima de su propia mentira, o más acertadamente, su propio engaño. Al ver cómo ha colapsado el modelo de repartición de renta arbitrario y demagógico construido bajo el epitome de socialismo del siglo XXI, gran parte de nuestra sociedad ha alzado la voz en defensa de lo que considera su derecho, entendiéndose esto como su beneficio correspondiente a aquel sistema.

    Siguiendo esta lógica, hemos visto un desfile interminable de personas de los más amplios espectros e intereses sociales desfilar por todos cada uno de los espacios de opinión que aún quedan en el país –que es preciso recordar, no son muchos. Desde viajeros que reclaman por sus dólares preferenciales hasta burócratas que luchan por evitar a toda costa el fin de sus privilegios, asumiendo todos y explicando y defendiendo porque su interés es más importante que los demás para la patria, o el país, o cualquier epítome similar.

    A la sombra de estos reclamos, ciertamente carnavalescos y superficiales, han ido surgiendo dramas más elementales y terribles para quienes son sus protagonistas. Comenzando por los miles de pacientes oncológicos condenados a una agonía cruel e inhumana por la inexistencia de los suplementos básicos para sus tratamientos, pasando por los niños que nacen condenados a un crecimiento malsano por la imposibilidad de acceder a los nutrientes más básicos y llegando a quienes deben dedicar su existencia buscando esa pastilla que les dará un día más de vida para buscar la siguiente, muchos pagan con su muerte el descalabro de un esquema que los ha condenado al ostracismo.

    Ante tal realidad, dramática y dolorosa para quien sienta este país, no hemos sabido responder con las verdades que en muchos casos sabemos ciertas. Una de las respuestas más comunes es el cínico debate sobre que debe tener más ‘prioridad’ en la crisis, siendo el control de cambio la principal arma para asignar tal importancia. Tal planteamiento nos ha llevado a discutir elecciones tan draconianas como el tipo de vidas que debemos salvar, la clase de estudios que deberíamos financiar o la comida que tenemos que importar.

    Esta discusión sin sentido – una más de nuestras mentiras- nos ha llevado a evitar asumir la realidad palpable a la vista: no tenemos la capacidad real de elegir ninguna prioridad. Viendo la destrucción de todos los sistemas fundamentales para una economía normal, en especial el sistema de precios y de asignación de capital, el colapso de la administración pública y la caída de los ingresos reales a niveles ínfimos, no tenemos los mecanismos para sostener siquiera una versión ínfima de un sistema que al final solo logró repartir miseria para todos por igual.

    Es deber de todos los que queremos rescatar nuestra nación no solo advertir, sino desafiar tal realidad, por más impopular que sea. Es momento de hacerle ver a nuestra sociedad que debemos conjurar todos nuestros esfuerzos en asumir los costos del único ajuste que puede rescatar nuestra nación,  el desmantelamiento sin paliativos de los controles económicos y sociales, protegiendo exclusivamente a aquellos que no tienen el tiempo ni la fuerza para sobrevivir tal transición. Necesitamos el liderazgo político que asuma el peso y el costo de guiarnos ante los tiempos más oscuros de nuestra historia republicana, de manera tal que podamos retomar la marcha hacia el futuro sin engaños ni mentiras, asumiendo un camino donde la verdad nos garantice nunca más tener que escoger el tipo de vida, o muerte, que deben sufrir nuestros ciudadanos.

    Twitter: @Dabiel_Jose 

  • La locura absoluta – Por Miguel Velarde

    La locura absoluta – Por Miguel Velarde

    El país fue víctima de un saqueo sin precedentes

    Finalmente, todo el mundo parece haber comprendido la gravedad del problema en el que estamos metidos. Todos, menos quienes nos gobiernan.

    No existe sector del país que no viva en carne propia las consecuencias de la crisis más profunda que haya conocido Venezuela. La “fiesta electoral” pasó rápidamente, el optimismo que generó una contundente victoria opositora en las elecciones parlamentarias también y la realidad no necesitó muchos días de enero para asentarse una vez más en el día a día del venezolano.

    Lo más preocupante es lo relacionado a medicinas y alimentos. Los anaqueles están cada día más vacíos, los precios inalcanzables, las colas más largas y los ciudadanos hartos. El jueves, el presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, Freddy Ceballos, consideró como “crítica” la situación de ese sector debido a que la carencia de medicamentos supera el 80%. Ceballos llegó incluso a calificar como una “crisis humanitaria” lo que se está viviendo y a pedir que se busque ayuda internacional.

    El desastre es tan evidente que se ve desde cualquier parte del planeta. Tanto organismos internacionales como agencias de análisis y la banca de inversión muestran su preocupación por el año que Venezuela tiene por delante.

    La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional anunció que prevé que la inflación en el país para el 2016 llegue a 720%, mucho mayor incluso al 275% de 2015. Así mismo, la revista Forbes afirmó, en un artículo publicado el pasado miércoles, que Venezuela caerá en un default inminente, debido a una grave recesión aunada a una contracción acumulada de aproximadamente 16%. “Ya no se trata de sí lo hará, sino de cuándo”, sentenció la revista especializada en economía.

    Como si no fuera suficiente, el petróleo se desploma. El precio promedio de la semana pasada fue de 21,63 dólares por barril, un nivel casi igual al costo de producirlo. Debe quedar claro que esta nueva realidad no es coyuntural, lo que nos obliga a enfrentar una dura realidad: es hora de replantearnos nuestra relación con el petróleo. Se acabó el mito del “país rico”.

    Nada de esto que vivimos es culpa de una “guerra económica” ni del “imperio”. El país fue víctima de un saqueo sin precedentes, la causa real por la que nos enfrentamos a una crisis económica, política, social y hasta moral de esta magnitud.

    Mientras tanto, el Ejecutivo tiene un único objetivo: el choque de poderes. Quienes hoy tienen la responsabilidad de asumir las consecuencias de su fracaso, solamente buscan profundizar el conflicto, para lograr quién sabe qué.

    En términos simples, esto que vivimos es la locura absoluta.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Es la Asamblea Nacional quien podía aprobar o no el decreto de emergencia económica – Por Jose A. Vega

    Es la Asamblea Nacional quien podía aprobar o no el decreto de emergencia económica – Por Jose A. Vega

    Ante declaraciones de dirigentes del PSUV como el diputado Pedro Carreño quien dice  «que como la Sala Constitucional se pronuncio antes que la AN el decreto es constitucional y adquirió firmeza aun siendo negado por la AN»,  es importante dejar claro ante el país que semejantes opiniones emitidas por el diputado Carreño,  buscan manipular y confundir a la población.

    El estado de emergencia económica es uno de los cuatro estados de excepción descritos en en el art. 338 de laCRBV y si bien es una atribución del Presidente de la República declarar dichos estados de excepción, el artículo 339 de la Constitucion establece que es la Asamblea Nacional quien tiene la potestad de aprobar el decreto y por su parte la Sala Constitucional del TSJ pronunciarse sobre la constitucionalidad del mismo y eso fue lo que aconteció. Por su parte la sala Constitucional opinó en el sentido de la constitucionalidad del decreto pero la mayoría de los diputados voto en contra de su aprobación y en consecuencia el decreto de estado de emergencia no tiene validez alguna.

    Adicionalmente el artículo 34 de la ley  orgánica sobre estados de excepción establece que «la sala Constitucional del TSJ omitira todo pronunciamiento si AN desaprobare decreto de estado de excepción, declarando extinguida la instancia».

    Además, nuestros diputados de la unidad democrática actuaron apegados a la voluntad de esa mayoría que los llevó a sus curules, en el sentido de no otorgar más poder a quienes durante 17 años utilizaron ese poder para destruir el aparato productivo con miras a construir un Estado todo poderoso de manera de generar la total dependencia de los ciudadanos hacia esa instancia y teniendo hoy como resultado el habernos llevado a la extrema crisis que padecemos y que de paso pretenden hacernos ver que somos víctimas de una situación sobrevenida producto exclusivamente de la baja de los precios del petróleo y en la que quienes ocupan hoy el poder no tienen mayores responsabilidades.

    Pero este pueblo despertó y está claro quienes son los culpables de todo este estado de destrucción y sabe muy bien que la situación cambiará sólo cuando cambie el gobierno y ello ante el acelerado deterioro se  convertirá muy pronto en un clamor nacional.

    Twitter: @JoseAVega

  • Rechazamos la militarización de la cultura – Por Luis Barragán

    Rechazamos la militarización de la cultura – Por Luis Barragán

    Con sobrada razón, los sectores culturales manifiestan su perplejidad y rechazo, con el cual nos solidarizamos, ante el anuncio de la constitución de un tal Estado Mayor de la Cultura Venezolana por el ministerio del ramo, formalizando la absurda militarización del pensamiento y del quehacer cultural incompatible con las libertades creadoras afianzadas por los valores de la democracia, el pluralismo y, sobre todo, el respecto a la dignidad humana imposible de reducir y manipular.

    Voces autorizadas, como la del profesor Carlos Guzmán, director del ININCO y coordinador de la Maestría en Gestión y Políticas Cultuales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), alertan sobre la conformación de ese Estado Mayor que parte de supuestos anacrónicos para la defensa de un régimen que se siente amenazado, tildándolos de enemigos, por los que promueven la libertad del pensamiento. E, indudable, tal circunstancia, la que, por cierto, tardó en expresarse, la facilita a vigente Ley Orgánica de Cultura.

    Es necesario recordarlo, una ley que combatimos por autoritaria e improvisada, sancionada por la Asamblea Nacional  en dos sesiones por agosto de 2013 y que no fue devuelta ni promulgada en el breve plazo que fija la Constitución, para imponerse por la vía de la habilitante año y medio después. Valga la curiosidad, una ley que originalmente contemplaba un Fondo Cultural, propicio para el despilfarro oficialista, como ha ocurrido con todos, por lo que fuimos estigmatizados quienes nos negamos a votarlo, para que después el propio señor Maduro lo descartara, dejando en ridículo a sus seguidores que apostaron por la fórmula financiera.

    Insisten en regimentar las actividades culturales del país, desconociendo el ejercicio de las libertades que les son indispensables para la creación y renovación plural de una sociedad a la que se le pretende espiritualmente tomar por asalto, socavándola y maniatándola.  La absurda militarización de la cultura, propia de un modelo que confía en la docilidad, la precariedad y el servilismo del pensamiento,  propiciando la resignación, no encuentra cabida en la decidida vocación democrática de la ciudadanía y ni siquiera en los supuestos responsables en materia  de seguridad y de defensa de la nación de la cual es corresponsable el Estado y la sociedad civil.

    Instalada la Comisión Permanente de Cultura de la novísima Asamblea Nacional, todos los sectores culturales podrán acudir a ella no sólo para formalizar la denuncia sobre esta pretendida militarización, como en efecto la llevaremos, sino para la rendición de cuentas que está muy pendiente por el ministerio del ramo, siendo propicia la oportunidad en la que la instancia parlamentaria ejercerá plenamente sus facultades sobre las Memorias y Cuentas de cada uno de los ministerio que conforman una gigantesca, compleja y costosísima burocracia.

    Twitter: @luisbarraganj