Categoría: Opinión

  • No fue un accidente – Por Víctor Vega

    No fue un accidente – Por Víctor Vega

    Venezuela pasa, de nuevo, por uno de sus momentos más complicados, tenemos una situación de desabastecimiento impropia para el siglo en el que vivimos, donde no conseguimos desde medicinas, cabilla o repuestos hasta necesidades básicas como leche o papel higiénico. Nos encontramos con una economía devastada, donde la inflación es la pauta. Vemos como los índices de violencia y criminalidad suben día a día. Todo esto lleva a una profunda degeneración de nuestra sociedad, donde los valores y la moral se han perdido y es necesario referentes éticos para rescatarlos.

    Esta Venezuela en la que nos encontramos tiene un responsable y es directamente el Gobierno Nacional pero todo esto no es un accidente, responde a una estrategia de los gobernantes para destruir a Venezuela y con esto quiero poner unos ejemplos.

    La economía: el Gobierno sabía las consecuencias de sus medidas populistas y pese a ello las aplicaron, en la medida que tengamos una economía doméstica, débil más fácil es comprar y controlar a los ciudadanos.

    Fábrica expropiada, fábrica que fracasa: el objetivo de la expropiación es sencillo, destruir la productividad y con ello destruir la fuente digna de trabajo.

    Falta de vivienda: hoy seguimos con refugios, esas personas están ahí no por error, están en los refugios para jugar con su esperanza de adquirir una casa y así poder chantajearlos.

    Control de Divisas: cuando le colocas impedimentos a los ciudadanos para poder viajar libremente no es una política pública fracasada, es que no les interesa que viajes, que veas lo grande que puede ser una nación con otro modelo,

    Inseguridad: no es otro fracaso, es una Política de Estado, la violencia es la manera más efectiva de infundir miedo, que los venezolanos nos aislemos del mundo en nuestras casas mientras ellos avanzan en la destrucción del país.

    Dicho esto me sorprende cuando veo a dirigentes opositores cuando plantean (con toda la buena intención) que debemos dialogar para hallar la solución a la crisis que vivimos.Ojalá el diálogo lograse solventar la crisis pero lo cierto es que al gobierno no le interesa, al contrario, lo favorece. Una muestra de que el acuerdo entre Gobierno Municipal, Regional y Nacional no soluciona la violencia son las zonas donde todos los gobernantes obedecen al mismo partido, si fuese el dialogo la solución ahí simplemente no habría estos problemas porque hay entendimiento entre las autoridades oficialistas, lo cual no es el caso

    Para acabar con todos estos males debemos empezar por sacar a Nicolás Maduro de la Presidencia y la constitución plantea mecanismos para hacerlo.Luego de hacer eso sí es posible empezar políticas públicas eficientes que nos devuelvan el país que merecemos

    Víctor Vega

    @victorvega92

  • Cuba y la devaluación – Por Ángel García Banchs

    Cuba y la devaluación – Por Ángel García Banchs

    Cuando venga la devaluación, opositores y oficialistas, civiles y militares, todos, pensemos en el subsidio a Cuba, y en lo necesario de revisar las relaciones con ese país. Son 12 mil millones de dólares que les regalamos al año, que de liberarse podrían haber evitado tener que devaluar.Para el momento de escribir este artículo, aún no han devaluado el tipo de cambio oficial. Pero, deben estar por hacerlo muy, muy, pronto. El paquetazo cubano le restará aproximadamente un 50% de poder de compra al bolívar versus el dólar estadounidense; es decir, la primera devaluación del tipo de cambio oficial en 2014 podría llegar al 100%; la primera, porque habrán más (el dólar Sicad debería subir en la misma proporción).Hasta que no devalúen, no podrá contenerse (más que reducirse) la alarmante escasez. Aunque un grupo del Gobierno (los comunistas) buscan la escasez para poder meter la libreta de racionamiento (la militarización plena y el comunismo), otro (pragmáticos y mafiosos) sugiere devaluar para contenerla, por miedo a una insurrección (digamos, el cálculo político es que la devaluación y la inflación causaría enorme descontento, pero, mucho menor al que causaría un aumento de la ya alarmante escasez).

    La devaluación contiene la escasez por al menos dos razones fundamentales. Primero, al ser una suerte de decreto de incremento generalizado de precios reduce el salario real (el poder de compra del salario), lo que hace disminuir el consumo por hogar y rendir un poco más el producto escaso. Y, segundo, al servir de justificación razonable para el incremento de costos y precios, facilita la reposición de los inventarios de bienes escasos, ya a que los nuevos precios sí tiene incentivos el mayorista para transferir productos al detallista, quien vende al consumidor final (únicamente a los nuevos precios en bolívares más altos los importadores podrán hacerse de suficientes dólares en el mercado paralelo y oficial para volver a importar).

    Tal y como hemos sostenido reiteradas veces, dada la escasez de bienes y divisas, los desórdenes salariales, fiscales, monetarios y cambiarios, y la costosa relación con Cuba, falta mucho más por devaluar.

    @garciabanchs

    www.econometrica.com.ve

  • Para vivir muriendo – Por Miguel Velarde

    Para vivir muriendo – Por Miguel Velarde

    Mónica Spear no “murió”, “falleció” ni “nos dejó”, como reflejaron varios medios de comunicación la semana pasada. La asesinaron como a 24.763 venezolanos el 2013 y a más de 155.000 en los últimos 15 años.  Su asesinato, junto al de su ex esposo, el irlándes Thomas Henry Berry, en un intento de robo en el que también resultó herida de bala su pequeña hija de 5 años, conmocionó a todo el país.

    La exitosa actriz venezolana, de 29 años, ex Miss Venezuela en 2004, ya triunfaba en las pantallas internacionales y vivía en el exterior. Pero decidió pasar las fiestas en su tierra junto a sus seres queridos sin imaginar que en ella encontraría la muerte dejando huérfana a su pequeña hija y destrozada a toda su familia.

    La inseguridad no es un mal incurable que le ha tocado padecer al país, pero sí es un problema estructural consecuencia de la ineficiencia de las autoridades y de la casi inexistencia de la ley. Ser delincuente en Venezuela es el mejor “negocio” que existe: los beneficios son altos, los costos mínimos y la impunidad casi absoluta.

    Desde 1998, la tasa de homicidios se ha cuadruplicado al pasar de 19 a 79 fallecidos por cada 100.000 habitantes, de acuerdo con estadísticas del Observatorio Venezolano de Violencia. Más de 20 planes de seguridad se han implementado durante el mismo periodo, pero ninguno ha reflejado logros concretos. Hoy las calles son más inseguras que nunca antes en la historia de este país.

    Es imprescindible comprender que lo que está matando a los venezolanos no son las balas, es la ineficiencia de un gobierno y la indiferencia de la gente. Venezuela se desangra cada día un poco más y esta realidad no va a cambiar si nosotros no la cambiamos.

    No es cierto que ya tocamos fondo ni que ya vivimos lo peor. Por muy doloroso que sea, debemos reconocer que las cosas pueden empeorar aún más y que no dejarán de recorrer su oscura marcha si no son los ciudadanos decentes los que la impiden. El miedo es el mejor aliado de quienes buscan destruir la República, sus libertades y sus derechos, como lo es el más fundamental de ellos, el derecho a la vida.

    A alguien, hace no mucho, se le ocurrió que la frase “Para vivir viviendo” podía sonar bien. Como eslogan, puede que haya tenido razón, pero la realidad es una muy diferente: en Venezuela hoy se vive muriendo. (Guayoyoenletras.com)

    Miguel Velarde

    @MiguelVelarde

     

  • Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco

    Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco

    Presos necesarios, crímenes inevitables

    Los presos políticos, los exiliados, los asesinados y los excluidos son parte de un mismo y único crimen cometido por el Estado en el marco de la regencia que Raúl Castro ejerce en Venezuela. La racionalidad más profunda que envuelve esos hechos es la necesidad de conservar el poder que tiene la camarilla gobernante.

    PRISIONEROS DE GUERRA. Ciudadanos de dentro y fuera del país han solicitado, exigido o implorado por la libertad de los presos políticos con la esperanza de tocar alguna sensibilidad sobreviviente en los corazones de cuero seco de quienes gobiernan. Se ha recurrido a recordar fechas de perdón y los derechos humanos se han invocado. Posiblemente haya sido una estrategia descaminada aunque realizada con la mejor buena fe.

    Los presos políticos y los exiliados, civiles, militares y esa franja heroica de la Gente del Petróleo, especialmente los vinculados a las luchas que van desde 2001 a 2007, son necesarísimos para la estabilidad de un régimen que por muchas razones y frentes se tambalea. El comisario Iván Simonovis ha llegado a simbolizar a los presos y, al mismo tiempo, el ensañamiento brutal de los dueños del país. ¿Por qué esta miseria moral que impide un gesto como el que la democracia tuvo con Chávez?

    La razón es una sola: esos presos y exiliados son necesarios para mostrar que en abril de 2002, así como en otros momentos, la oposición intentó un “golpe de estado”. Los prisioneros y perseguidos son “la prueba” viviente de que lo que ocurrió en 2002 no fue que Chávez renunció y se entregó, ni tampoco que la sociedad civil logró su salida, ni que los militares de entonces -en perfecto apego a la Constitución- se negaron a masacrar a los manifestantes. Los necesitan para mostrar que los golpistas no son los de 1992 y que los asesinos no son los que dispararon en vivo y directo desde Puente Llaguno, sino que son otros: los demócratas. Esos prisioneros y exiliados son indispensables para que quienes mataron en 1992 y en 2002 puedan culpabilizar a los demócratas de lo que los golpistas hicieron a sangre fría en Miraflores y La Casona. De acuerdo a los rojos, los golpeados se habrían convertido en golpistas, los asesinos en héroes, las víctimas en culpables, los déspotas en demócratas y los demócratas en facciosos.

    Ese requisito les impide ceder a la demanda de libertad para los presos. Esta lucha por los derechos humanos ha creado tensiones severas en el seno del gobierno. Hubo una maniobra que se expresó en el planteamiento de José V. Rangel, luego acompañado por Luisa Ortega -del mismo grupo de Rangel-, quien requirió la libertad de Simonovis con argumentos humanitarios. La idea de Maduro y su sector fue la de responder a la presión nacional e internacional como si fuese mas bien una respuesta positiva a su propia gente. Eso sin embargo se frenó porque otros sectores, especialmente el encabezado por Cabello y en coincidencia con los cubanos, se opusieron a la propuesta. Habría sido -según estos- la admisión de alguna inocencia del comisario, de los demás prisioneros y exiliados. El exdirector de la Disip, Eliécer Otaiza, fue bestialmente preciso: “Por mí que se pudra Simonovis, que se muera en la cárcel por irresponsable y asesino. Él es el responsable del plan del 11A. Mientras fui director de la Disip les advertí que no conspiraran contra la Patria y si se les ocurría los íbamos a buscar”.

    LOS HIJOS DE LA REVOLUCIÓN, MATAN. Los presos políticos y los perseguidos son víctimas de la necesidad de sobrevivir que tiene el poder rojo, para lo cual se ha suspendido la vigencia de la Constitución y de las leyes. En esta y otras situaciones la ley es una limitación a los propósitos del bochinche bolivariano. Una de las más evidentes demostraciones es el fraude electoral continuado que exige la violación de todo lo que comportaría un proceso electoral creíble y decente, sean leyes o estatutos. Este narrador ya lo ha referido. Alguna vez un prócer chavista le dijo que “si la ley y la justicia entran en contradicción, la justicia debe prevalecer sobre la ley”; es decir, traducido del idioma chavista, si la ley se opone a lo que yo considero que hay que hacer, al demonio con la ley.

    Como es obvio la Constitución no permite la arquitectura de un poder brutal, dictatorial y total, de allí que su violación no solo sea posible o conveniente sino imprescindible. Es lo que permite a su Alto Mando convertir una institución como la militar en una pandilla política y es lo que allana el camino para que no exista sanción de ninguna naturaleza sobre los que violan las leyes, todo recubierto de la retórica según la cual las desviaciones de la ley son el indeseable subproducto de la pobreza, del capitalismo, del imperialismo o del Pacto de Punto Fijo.

    Al desintitucionalizarse el país se ha institucionalizado el delito como acto de justicia -quien no robaría para darle de comer a su hijo, dijo el finado-. A lo cual se puede añadir que dentro de esa lógica es válido preguntar quién no empuñaría armas si hay que defender la revolución o quién no distraería unos reales si hay que acumular para la época de vacas flacas. Sobre esta lógica se ha instalado el crimen, el narcotráfico, la corrupción y el Estado mafioso.

    El asesinato de Spear y de su esposo es cierto que es uno entre decenas de miles, pero tiene un simbolismo particular porque la actriz es reconocida y fue muy apreciada personal y profesionalmente, además de ocurrir el crimen en un momento de indignación social creciente. Pero esas muertes, al lado de tantas otras, expresan la impunidad frente al delito que nace del irrespeto básico a la ley que un régimen como el actual cultiva con deleite. Por cierto, una buena parte de estos que asesinan eran niños que se convirtieron en adolescentes y jóvenes dentro del bochinche bolivariano. Los asesinos de Mónica y de su esposo tenían 1, 2, 6, y 11 años cuando llegó este régimen. Son parte de los resultados de la sociedad que el régimen creó. Es su evidencia y su fracaso.

    PAMPLINAS ADORMECEDORAS. Cada vez que Chávez se encontraba acorralado llamaba al diálogo para desecharlo, una vez que se volvía a fortalecer. No se trata de rechazarlo sino de fijar la agenda y no negociar en el terreno del régimen; de lo contrario es gestualidad complaciente, llena de risitas, que lo que hace es indignar más a la ciudadanía.

    Un régimen fundado en la ilegalidad, con un mandatario ilegítimo, no es más que la expresión de una sociedad en la que han desaparecido las normas reguladoras de la vida social. El crimen cotidiano es la otra cara del crimen de las mafias que controlan el Estado. Una sociedad no puede escoger a dedo los delitos que combate: si no combate todos no combate ninguno. Y hoy no se combate ninguno.

    Twitter @carlosblancog

  • El precio de la libertad – Por María Corina Machado

    El precio de la libertad – Por María Corina Machado

    La información se esparce, cruda y dolorosa por todo el país; desgarra e indigna. Una joven bella y exitosa, y su esposo, son asesinados en presencia de su hija. El país conmociona y recibo por la red social, entre exclamaciones de pesar, una preocupante: “aquí lo que hace falta es un Pérez Jiménez que ponga orden, por las buenas o por las malas”.

    La desesperación por detener esta espiral destructiva puede llevar a algunos a contemplar la renuncia a la libertad, confundiendo el orden con la paz. Por eso alarman reacciones que llaman al “diálogo” con el régimen o al acatamiento de su pedido a no “politizar el hecho”.

    Es hora de asumirlo. El brutal incremento del costo de la vida, la humillante odisea para conseguir comida y medicinas, y la violencia física y verbal, tienen un origen político y deben enfrentarse políticamente. ¿No politizar el crimen? El asunto es que para el régimen la violencia impune es política de Estado.

    El régimen tendrá que adoptar en los próximos días decisiones económicas con alto costo político. Para ello necesita aquietar las fuerzas opositoras. Por eso invita a un “diálogo” que es tan fraudulento como los procesos electorales que ha convocado una y otra vez. El verdadero diálogo democrático exige reconocer la legitimidad del otro, respetando la pluralidad; nociones incompatibles con la conducta totalitaria del régimen. Su objetivo es ganar tiempo, compartir su fracaso y transferir la responsabilidad del drama nacional, que no se intenta corregir. La pulverización de la cohesión social, la destrucción del aparato productivo, el empobrecimiento de la población y la violencia impune, han sido provocados para lograr el control absoluto, físico, social, político, económico y espiritual de los venezolanos.

    Este drama no se resuelve colaborando con el régimen o compartiendo su responsabilidad; sólo enfrentando este modelo y recuperando nuestra vida democrática.

    Queremos paz, orden y seguridad. Anhelamos la convivencia ciudadana. Pero no podemos sacrificar la libertad a “la paz” de los totalitarios. Reconocer esta realidad frente a un régimen despótico, implica asumir que la conquista perdurable de la libertad tiene un precio, y es alto. Nuestra generación está dispuesta a pagarlo.

    [email protected]
    @mariacorinaYA

  • Yo dialogo, tu no dialogas; soy demócrata, tu no lo eres – Por German Carrera Damas

    Yo dialogo, tu no dialogas; soy demócrata, tu no lo eres – Por German Carrera Damas

    La frecuencia con que se menciona el término diálogo. Las virtudes que se le atribuyen. Las esperanzas que se cree representa y que ciertamente despierta. Los discursos pro diálogo, tan diversos en sus términos como crudamente contrarios entre sí, y en cuyo favor se invoca la realización del diálogo. Todo pareciera indicar que se trata de un concepto diáfanamente percibido, a la par que de una panacea política recién descubierta. No obstante lo fundado que puedan resultar estos motivos y sentimientos, quizás vengan al caso algunas precisiones, tanto conceptuales como históricas.

    Advierto, de inmediato, que como producto intelectual que soy  de la hoy asediada democracia venezolana, sólo alguna vez me he sustraído,-más que negado-, a dialogar. Un elemental respeto por mi oficio de historiador, y un absoluto acatamiento del sentido histórico y del ejercicio del espíritu crítico aplicado al estudio y comprensión de la Historia, me han prevenido, por ejemplo, de dialogar con alguno de los monosabios de la oficina del Ministerio del Poder popular para la policía interior, denominada Centro Nacional de Historia, -encargada de minar la conciencia histórica de los venezolanos-, acerca de los méritos del cacique “Guaicaipuró” como defensor de la nacionalidad venezolana. Respecto de ellos, he defendido y defiendo su derecho a decir torpezas; pero igualmente defiendo mi derecho a calificar de tales sus desatinos ideológicos.

    No es nueva para mí la preocupación sobre el significado del concepto de diálogo, puesto que el ejercicio de la docencia activa, la investigación sobre temas y cuestiones sensibles, y la expresión escrita de mi pensamiento, no han sido tibios en propiciar el diálogo  ni en suscitar  polémica.

    Valgan estas advertencias para ayudar a situar críticamente lo que sigue, sobre mi concepto de diálogo y sobre su papel en la historia contemporánea de Venezuela.

                                                                                                 *     *     *     *     *

    El diálogo ha sido definido como una discusión o trato en busca de una avenencia. De no ser así, en lugar de diálogo se trataría de una conversación, de una confrontación de puntos de vista o de pareceres; o, pura y simplemente, de una controversia sin trascendencia razonable admisible por las partes que la escenifican.

    Por esto los demócratas vivimos el diálogo. Por esto mismo los no demócratas, sean seudo socialistas, sean pura y simplemente militaristas, no practican el diálogo, ni pueden practicarlo sin dejar de ser lo que son.

    Así, mientras el demócrata se realiza en el diálogo, porque éste es consubstancial con la práctica de la democracia, tanto el régimen seudo socialista como el militarista  se escudan tras su adoctrinamiento totalitario para apartar de sí todo contagio de diálogo, por considerarlo propicio al fomento de la disidencia.

    El régimen seudo socialista teme al diálogo porque tiene razones históricas para temer toda fisura del totalitarismo, por la cual pueda colarse la disidencia. Del totalitarismo socialista del siglo pasado han sobrevivido los regímenes que se han resistido a toda modalidad de diálogo con sus respectivas sociedades, como lo han hecho las antediluviana dinastías fidelista y norcoreana.

    El régimen militar-militarista teme al diálogo porque sus jefes  han sido amaestrados en le relación mando-obediencia; y por lo mismo temen, tanto o más,  que los del régimen  seudo socialista, la disidencia delatora del para ellos detestable prejuicio denominado autonomía de pensamiento.

     Como a esas mentalidades abstrusas no les cabría concebir un diálogo sin que éste fuese portador de la justamente temida disidencia,  ahogan la sola posibilidad de ésta última en el pantano de servidumbre del que nutren su prepotencia.

    En consecuencia, visto el diálogo, en Democracia, como un despliegue de razón regido por el propósito de avenencia, ello supone el ejercicio, en primer lugar, de una voluntad de convenio o de transacción; y en segundo lugar de conformidad  y hasta de grados de unión. Por consiguiente, el que sea viable un genuino diálogo depende de que sean satisfechos los siguientes supuestos básicos:

    La identificación de los dialogantes: tanto en su condición de individuos, de grupos o de partidos, como en su representación, individual o colectiva.

    La igualdad de los dialogantes: fundada en un respeto básico, que pone a un lado las respectivamente reconocidas jerarquía y ubicación institucionales.

    La identificación de las cuestiones sobre las cuales dialogar: lo que requiere una agenda establecida; salvo que se convenga en una fase de agenda abierta, generalmente una vez terminado el diálogo, propiamente dicho, y le siga una conversación, eventualmente propiciatoria de un nuevo diálogo.

    La formulación de objetivos: por considerarse que el sólo enunciado de áreas o cuestiones no felicitará la eventual realización del propósito de avenimiento. Los objetivos deben ser reconocidos por los dialogantes como amplios, evidentes y comunes, aun cuando difieran los procedimientos para lograrlos.

    El acuerdo sobre  la necesidad o la urgencia de tomar medidas: democráticamente concebidas y acordadas de manera transparente, y formuladas en términos precisos y accesibles al entendimiento común.

    Es obvio que el cumplimiento de estos requisitos para el diálogo compromete no sólo la  buena disposición  de las partes, sino también la legitimidad de su respectiva actuación, tanto en la concertación del diálogo como en su realización y producto final; y tal legitimidad sólo puede provenir, en la República, del pleno respeto de la soberanía popular.

                                                                                                *     *     *     *     *

    En Venezuela contemporánea la experiencia del diálogo, así concebido, ha sido parte necesaria y fructífera de la transición desde la República liberal autocrática, en su fase degenerativa: la Dictadura liberal regionalista, hacia la República liberal democrática. Ello es prueba de que la noción de diálogo, -así concebida, lo subrayo-, es consubstancial con la vigencia de la Democracia.

    En un Mensaje histórico sólo es posible mencionar, muy sucintamente, tres ejemplos de diálogo particularmente significativos: uno de diálogo político circunstancial, otro de diálogo político institucional  y otro de diálogo político global.

    Fue un significativo diálogo político circunstancial el realizado entre el último representante de la Dictadura liberal regionalista, el Presidente General Isaías Medina Angarita, y la surgente oposición democrática, representada por el Partido Acción Democrática y su fundador Rómulo Betancourt. El temor compartido de que pudiese retornar al Poder el ex Presidente General Eleazar López Contreras,-apreciado por ambos como retorno al gomecismo, y por la opinión democrática como una acto del denominado continuismo alternativo-,  propició  un diálogo en el cual los enunciados supuestos esenciales fueron resumidos en la procurada instauración de un gobierno civil comprometido a rescatar la soberanía popular, reconociéndola como el único criterio de legitimidad  en la formación, el ejercicio y la finalidad del Poder público. Este diálogo condujo a la candidatura concertada del Dr. Diógenes Escalante a la Presidencia de la República.

    El más trascendental ejemplo de diálogo político institucional retomó los objetivos del  diálogo político circunstancial frustrado. Corrió en el lapso 1946-1948, y consistió en la participación amplia y diversa, en el proceso de formación del Poder público correspondiente a la instauración de la República liberal democrática. Tanto la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, bajo la conducción de un organismo electoral ampliamente representativo y autónomo, como la ampliación insuperable del universo electoral y el desenvolvimiento mismo de la Asamblea, dieron testimonio de una voluntad de diálogo demostrada por todas las fuerzas civiles.

    El tercer ejemplo, el de diálogo político global, partió de la designación de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), durante la Presidencia de Jaime Lusinchi, por Decreto de 17 de diciembre de 1984. Integrada con la más diversa pluralidad, sin predominio de corriente alguna, política o ideológica, sus treinta y cinco miembros dimos una altísima demostración de capacidad de diálogo al formular el Proyecto de reforma integral del Estado, orientado hacia la modernización del Estado y la profundización de la Democracia; cuyos primeros logros en el fortalecimiento de la soberanía popular padecen hoy vanos intentos de destrucción de parte de un régimen militar-militarista que reúne lo atávico con lo arcaico y que, por lo mismo, subestima el arraigo de lo históricamente adquirido por las sociedades.

                                                                                                     *     *     *     *

    El reclamo de diálogo, actualmente presente y en forma creciente, se corresponde con nuestra experiencia histórica en el rescate de la soberanía popular, y en la garantía de su plena vigencia. Esta legitimidad histórica le da al reclamo de diálogo el respaldo obligante requerido para que sean respetados los requisitos del diálogo, consubstancial con el ejercicio de la Democracia.

     Caracas, 1º de junio de 2009.

    Mensajes precedentes: Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º  Mensaje  histórico: “Recordar la democracia”. 4º  Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º  Mensaje histórico: “El  ‘punto de quiebre’ ”. 6º  Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º  Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º  Mensaje histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes?  O ¿hacia dónde llevan a Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar. 23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: “Las migraciones no controlables”. 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: La Democracia: un asunto de los pueblos. 35º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está amenazada! 36º Mensaje histórico: …”nada pudre más a una nación“… 37º Mensaje histórico: “El conflictive porvenir de la República”. 38º Mensaje histórico: “El peligro de no saber leer la Historia”. 39º Mensaje histórico: Sin título. 40º Mensaje histórico: “En desagravio de la mujer venezolana”.Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala  de Cuervo, 2006.

     

    Germán Carrera Damas

    Escuela de Historia

    Universidad Central de Venezuela

  • La mirada del cameraman – Por Milagros Socorro

    La mirada del cameraman – Por Milagros Socorro

    Como no mirarlos con lástima

    Se detiene en unos pobres muchachos, que emplean un domingo de sus vidas en acudir a la Asamblea Nacional para gritar mientras hablen los diputados de oposición, esto es, para caracterizar la canalla.

    En la primera sesión de 2014, la diputada María Corina Machado hace una intervención muy concisa, muy pertinente y de una valentía verdaderamente asombrosa, dado que allí, muy cerca, en los palcos y galerías se encuentra en gran número lo que el diputado Luis Barragán ha denominado “el relleno parlamentario”: una pobre gente “exclusivamente administrados y manipulados por el oficialismo”, como dice Barragán, que están allí para “gritar, amenazar y vituperar al diputado opositor con la venia y el regocijo de la dirección de debates”.

    La grabación en video de este domingo 5 de enero lo muestra en todo detalle. La diputada Machado afirma: “Estamos constatando cómo se pretende aniquilar la democracia y demoler la república. Hemos visto cómo se está designando esta directiva y esta secretaría, que nos han negado el derecho de palabra, apagando la voz de un pueblo al que quieren callar”.

    El lente capta los palcos y galerías. Los asistentes están tranquilos. Algunos lucen, incluso, absortos en la exposición de la parlamentaria, que exhibe una notable capacidad expresiva y pulcra dicción.

    Machado testifica con voz firme y sin excesos histriónicos los atropellos de la secretaría de la Asamblea contra el derecho de expresión de los diputados democráticos y el derecho a la información de la sociedad, vulnerado por la prohibición de entrada de los medios al hemiciclo, así como el uso del canal de televisión de la AN “para atacar la dignidad humana de los diputados” de oposición.

    La visita sigue callada, expectante. La cámara los recoge con lentitud para mostrarnos su humildad.

    “Esta directiva completamente cómplice del gobierno más corrupto de la historia de Venezuela”, dice Machado. Y entonces empiezan los gritos. Es como si esa gente de tan precaria condición no soportara escuchar la más mínima mención al latrocinio que se produce ante sus ojos y con su venia.

    “Cientos de planteamientos, cientos de denuncias hemos formulado”, sigue la diputada Machado sin alterarse, con el tono de quien está cumpliendo con su deber y no habrá morralla que le impida hacerlo. “Y ni uno solo ha sido investigado ni sancionado”.

    La bulla aumenta. “La indolencia que hemos visto…”.

    El cameraman se demora en unos muchachos de estampa proletaria que sobreactúan su diversión.

    “…ante denuncias como la de la Refinería de Amuay. El horror de las fronteras, donde la guerrilla está asesinando a niños venezolanos y que aquí se han negado a investigar. El año pasado, cada 20 minutos asesinaron a un compatriota venezolano y aquí se han negado a atender los planteamientos que hemos hecho para discutir y corregir esta situación. Lo mismo con la humillación de la escasez y la inflación. Es una Asamblea absolutamente sumisa al poder, que ha entregado una Ley Habilitante…”.

    En este punto, los militantes del alboroto se exacerban. Empiezan a gritar: “Chávez vive…” como si reconocieran que el muerto se prolonga en los crímenes que Machado señala. El cameraman se concentra en ellos, a quienes vemos mientras la diputada persiste en sus graves acusaciones. Los gritones son la ilustración viva de aquella frase de Bolívar: instrumento ciego de su propia destrucción.

    Diosdado Cabello se suma a los chillidos y aplausos. El camarógrafo parece tener presente lo que dijera Hermann Escarrá en 2009: “… las acciones tumultuarias que permanentemente observamos y los atentados contra la libertad de expresión”.

    O lo que pronosticara el mismo Escarrá en 2007, sobre la Reserva: “…al final su movilización será frente a la resistencia, frente a la disidencia ciudadana en Venezuela, frente a la oposición en Venezuela”.

    La intervención de María Corina Machado, lección de responsabilidad y coraje, tuvo lugar menos de 48 horas antes del asesinato de Mónica Spear, que ha conmocionado al país. Y cuando aludió a las muertes por violencia, el relleno parlamentario, con Diosdado Cabello a la cabeza, intentó acallarla.

    Cómo no mirarlos con lástima. Cómo no observarlos con la desolada dilación que les dedicó el anónimo cameraman.

    Por: Milagros Socorro*
    @MilagrosSocorro
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  • El país del sálvese quien pueda. Sobre el asesinato de Mónica Spear y Henry Berry – Por Boris Muñoz

    El país del sálvese quien pueda. Sobre el asesinato de Mónica Spear y Henry Berry – Por Boris Muñoz

    El asesinato a mansalva de la actriz y Miss Venezuela Mónica Spear y su esposo Henry Berry, quienes junto a su hija hacían turismo en su propio país, es un motivo de duelo profundo para sus familias y para todos los venezolanos que, dentro y fuera del territorio nacional, no han perdido la sensibilidad ante la indefensión y los horrores que padecen quienes hoy viven en Venezuela. Estas muertes, gratuitas y desgarradoras, ponen el acento en el fracaso de las políticas de seguridad del gobierno chavista y de su cruzada —cacareada a todo dar por los medios gubernamentales— para relanzar el turismo nacional. Pero son también un síntoma alarmante del fracaso de Venezuela como proyecto nacional.

    A finales de 2013, el ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, sostuvo que el índice de homicidios se había reducido en 17.3% con 39 asesinatos por cada 100 mil habitantes, en contraposición con el índice los 79 por 100 mil ofrecido por el Observatorio Venezolano de la Violencia. Las cifras del ministro, contrastadas con una instancia independiente cuyos números, sin embargo, tampoco son los más confiables, suenan fantasiosas, sobre todo porque él tampoco reveló el número de homicidios. ¿A quién creerle? ¿Al OVV o al ministro? O más bien, ¿cuán relevante puede resultar este dato, cuando lo innegable es el estado de indefensión en que se encuentran los venezolanos y lo incompetente que ha sido el gobierno durante los últimos tres lustros para ejercer el monopolio de la fuerza, contener la epidemia de violencia social y garantizar el derecho a la vida?

    El primer enemigo de este problema es el cinismo oficial a la hora de abordarlo. No hay que ser un memorioso para recordar las patéticas carcajadas de burla de Andrés Izarra, a la sazón ministro de Comunicación e Información, durante un debate televisivo en CNN con Roberto Briceño León. En aquella ocasión Izarra dijo que se moría de la risa con las cifras ofrecidas por Briceño León. Ayer, en televisión, el hoy ministro de Turismo, seguía restándole importancia a la epidemia criminal diciendo que la violencia venezolana era más fácil de resolver que la colombiana. No es extraño que esta misma mañana, después del bofetón de realidad que significa el vil asesinato de esta joven pareja, varios voceros oficiales hayan salido a vociferar vacías condenas a la violencia y prometer castigar “con todo el peso de la ley” —¿cuál ley?, cabe preguntarse— y “mano dura” a los culpables. Este onanismo mediático, sino fatal del fracaso de cualquier aspiración revolucionaria, se expande como un cáncer de arriba abajo del sistema policial y de justicia.

    Hace seis años le hice una larga entrevista a Soraya El-Achkhar, en aquel entonces secretaria de la Comisión Presidencial para la Reforma Policial (Conarepol), luego promotora de la Policía Nacional Bolivariana y hoy rectora de la Universidad de Estudios Policiales. El-Achkhar confesaba con consternación la ausencia de voluntad política dentro del gobierno de Chávez para resolver los enormes déficits en materia policial. En un tono íntimo, casi confesional, pero siempre hablando on the record, me dijo que en materia de seguridad los venezolanos “estábamos en las manos de Dios”. Si esto era así hace cinco años, en el presente, cuando solo Honduras y Jamaica, dos de los países más pobres del continente, nos disputan el primer lugar en homicidios en la región, estamos claramente varios pasos más allá de la muerte de Dios. De hecho, Venezuela es hoy un país del sálvese quien pueda.

    Al menos así lo han constatado los investigadores más serios de la violencia, como la socióloga Verónica Zubillaga, quien en un interesante artículo de hace un año en la revista Nueva Sociedad, abordaba una de las paradojas más inquietantes de nuestra violencia urbana: a pesar de la disminución de la desigualdad, el mejoramiento de los índices de pobreza y la inclusión social en el gobierno chavista, la tasa de homicidios seguía creciendo de modo imparable. Al referirse a Caracas específicamente, Zubillaga era lapidaria: la ciudad había pasado de la “ciudadanía del miedo”, tal como la designara Susana Rotker en 2000, a la “anti-ciudadanía del duelo”. Y concluía que sin una institucionalidad fuerte, políticas policiales efectivas y amplios acuerdos básicos, que abarcan lo social y lo político, la violencia seguiría su curso.

    Pero ninguna de estas apreciaciones técnicas, por sensibles que sean, dan cuenta del miedo, dolor y el desgarro en que viven cientos de miles de familias venezolanas, como las familias de Mónica Spears y Henry Berry.

    Conozco desde hace muchos años a Thomas y Carol Berry, padres de Henry. Su caso es profundamente desolador. Ambos abandonaron su Inglaterra natal hace más de cuarenta años, cuando Venezuela era un país que lo prometía todo a propios y foráneos. Tom, que es un matemático brillante, pasó literalmente toda su vida enseñando a jóvenes venezolanos en la Universidad Simón Bolívar. Carol fue maestra de escuela y, al retirarse de la docencia y siguiendo un fuerte deseo por mejorar la situación del país, se dedicó a la organización vecinal. Ambos son, por hecho y por derecho, tan venezolanos como cualquiera nacido en Apure o en Catia. Tanto así que, a pesar del deterioro inenarrable que en las últimas tres décadas ha sufrido la calidad de vida de muchos venezolanos de clase media como ellos, decidieron permanecer en el país donde habían echado raíces y criado a sus hijos. Ese amor lo transmitieron a sus hijos. No en balde, durante muchos años Henry Berry, un joven muy apuesto, sensible y carismático, se dedicó a promover el turismo de aventuras en Venezuela, cuyo territorio conoció en sus esquinas más remotas. Fue ese amor por el país que se lleva adentro, sin importar donde uno esté, lo que lo hizo a volver desde Miami para, junto a su joven esposa y su hija de cinco años, aventurarse una vez más en esta Venezuela sórdida e indómita, que le pagó a él quitándole la vida y, a sus padres, arrebatándoles lo que más amaban.

    No conocí a Mónica Spear, pero todas las noticias que supe de ella la pintaban no como una diva de telenovela promedio, sino como una mujer sencilla y jovial, dotada con una potente belleza telúrica y con los pies en la tierra. Y eso es precisamente lo poco que se puede ver en sus videos recientes divulgados en las redes sociales, que expresan el apego hacia el terruño y el orgullo del paisaje venezolano.

    Pese a que sus protagonistas tienen un rango excepcional de personajes casi arquetípicos como formas del “sueño venezolano”, el problema de estas muertes es su carácter no excepcional. Fueron Mónica Spears, una Miss Venezuela, es decir, alguien que, en teoría, debe encarnar lo mejor de nuestra idiosincrasia y lo más bello del país, y Henry Berry, quien encarnaba la legendaria hospitalidad que alguna vez hizo a Venezuela una tierra de gracia. Pero su historia es una historia tristemente común: la de una familia —cualquier familia— que toma unas vacaciones en el país que ama porque lo lleva adentro y es vilmente asesinada a sangre fría. Ésta es la historia de las casi 25 mil familias que perdieron algún ser amado en 2013, de las más de 150 mil familias que han perdido a los suyos en los últimos tres lustros. Hoy su hija queda huérfana de padres y sus padres quedan huérfanos de hijos. Y ésa es una desgarradura con la que ningún país puede aspirar seriamente a construir a un futuro mejor.

    Por eso, Mónica y Henry son el emblema de todo lo que anda mal y debe cambiar en Venezuela. Sus muertes representan el fracaso de Venezuela como sociedad. ¿Pero cuántas de ellos hacen falta para producir ese cambio? Que el luto se transforme en indignación, la indignación en organización, la organización en acción, la acción en rebeldía, la rebeldía en fuerza y esa fuerza en cambio. (Prodavinci)

  • La personalización de la institución pública –  Por José Antonio Vega C.

    La personalización de la institución pública – Por José Antonio Vega C.

    Si algo ha caracterizado al régimen que ocupa el poder en Venezuela en estos últimos 15 años, es la personalización de las instituciones por parte del gobernante de turno.

    Si bien esto tuvo su máxima expresión en el ejercicio de la Presidencia por el finado autócrata, y lo cual obedecía al típico culto a la personalidad, propio de caudillos como Hitler, Trujillo, Fidel, Stalin y otros dictadores, este comportamiento fue permeando a otras instancias del poder como gobernaciones y alcaldías.

    La obsesión por la omnipresencia, a través de su imagen y mensajes, de gobernadores, alcaldes y otros funcionarios menores, los ha llevado a costear con dineros públicos e impuestos de los ciudadanos, costosas campañas publicitarias a esta especie de liderazgos narcisistas, que van desde colocar sus rostros en papeleras, camiones de basura, vallas, pantallas electrónicas, autobuses del transporte público, hasta el extremo de promocionarse en las ambulancias de nuestro tan golpeado sistema de salud. Ni que decir del costo de mantener semanalmente programas de radio, TV y cuñas publicitarias para contarnos lo que hacen o dicen que van a hacer.

    El afán de algunos gobernantes de marcar territorio o dejar huella, pintando cada obra o edificación pública con los colores del partido de su militancia, cambiar el escudo de un municipio o añadir frases a este, así como a través de una valla dar la bienvenida a una ciudad colocando al lado del nombre de esta la ideología de quien la gobierna, ralla en lo inmoral y además resulta contradictorio, toda vez que en sus campañas electorales ofrecieron gobernar para todos. En este sentido, las ciudades no son ni socialistas, ni progresistas, ni socialcristianas, ni socialdemócratas. No. Nuestras ciudades agrupan a individuos de todas las corrientes de pensamiento y la mayoría de votos que lleve a alguien al poder no le da el derecho a etiquetar ideológicamente a sus ciudadanos.

    Los gobernantes deben entender que son pasajeros y que han sido elegidos provisionalmente para cumplir una tarea, pero que la institución llámese Presidencia, Gobernación, Alcaldía u otra, son de carácter permanente y que no pueden estar reacomodándose en lo que a símbolos, colores e imagen en general se refiere, a los caprichos e intereses de quienes las ocupan. Hacer esto es desconocer la historia e identidad de nuestras instituciones.

    Pareciera que su carrera por la reelección del cargo que ostentan comenzara desde el mismísimo día de la toma de posesión, sometiéndonos a una constante promoción de su figura y olvidando que la mejor forma de venderse es a través de una eficiente gestión en la administración de la institución que le fue confiada por los electores.

    Lo anterior lamentablemente no es exclusivo de una determinada corriente de pensamiento de quienes administran el poder, y en este sentido la vigilancia y condena por parte de los ciudadanos a las conductas que tienden a esta personalización de la institución publica por el gobernante, debe ser enérgica y contundente. De no ser así corremos el riesgo de convertirnos en una masa que abala ciegamente dichos comportamientos, dejando de ser ciudadanos críticos y con el derecho a exigir a quienes les confiamos nuestro voto, romper con las perversas prácticas utilizadas por aquellos a quienes hoy relevan en sus cargos.

    JOSE ANTONIO VEGA C.
    @JoseAVega

  • 2014: ¿Calle o mensaje? – Por Eddie A. Ramírez S.

    2014: ¿Calle o mensaje? – Por Eddie A. Ramírez S.

    La presencia masiva en la calle es eficaz para detener los abusos de un régimen e incluso para obligarlo a renunciar, pero siempre y cuando la oposición represente una mayoría abrumadora de la población. Cabe preguntarse sobre su efectividad  en un país  dividido en partes más o menos iguales y si más bien lo que se requiere es elaborar un mensaje sencillo y contundente que convenza  a quienes  todavía  simpatizan con el oficialismo.

    Hasta el presente, la alternativa democrática  ha ofrecido respetar la pluralidad de pensamiento, constituir poderes públicos autónomos, no tener presos políticos ni exiliados, una Fuerza Armada no politizada, profundizar la descentralización y combatir la corrupción,  la delincuencia, la  inflación y el  desempleo, así como mejorar los servicios. Todo esto es vital para contar con una verdadera democracia y son evidentes fallas en nuestro medio, pero los rojos han tenido éxito en vender que no hay tales carencias y cuando no les queda otra opción que aceptar algunas  atribuyen la culpa a sabotajes y a guerra económica de la oposición.

    Quizá nuestra oferta debe contemplar un giro de 180 grados. En primer lugar reconocer que en el pasado, especialmente a partir de 1974, cometimos muchos errores y permitimos el crecimiento de la pobreza. Que algunos de nuestros presidentes del período democrático marginaron al Congreso,  establecieron controles de precios, control cambiario, subsidios ineficientes,  endeudaron al  país, no controlaron la inflación,  no devaluaron nuestra moneda cuando  era necesario y basaron  su estrategia en los precios del petróleo. Al respecto invitamos  a leer el libro de Víctor Salmerón  Petróleo y desmadre, en el cual su autor presenta cifras contundentes, testimonios  y análisis que no dejan margen de duda sobre los errores cometidos.

    Los revolucionarios siguieron el mismo patrón, con el agravante de que están hundiendo  al sector privado y violan los derechos humanos. ¿Acaso no es el momento de predicar que el Estado no puede seguir manejando actividades que corresponden al sector privado? ¿Acaso nuestro pueblo no entendería que  para  disponer de una buena educación, de servicios excelentes de salud, de una infraestructura de primera y que la delincuencia esté controlada, el Estado debe dedicar mayores recursos a estas áreas en lugar del barril sin fondo que son las empresas estatizadas del hierro, del aluminio, del cemento, Cantv, Corpoelec, Conviasa, carros,  hoteles e  innumerables compañías del sector agrícola? ¿Acaso es sensato que sea principal inversionista  en empresas mixtas petroleras cuando puede ejercer su control mediante  estatutos apropiados? Ahora pretende ser importador y fabricante de electrodomésticos. La calle es necesaria, pero el mensaje es fundamental.

    Como en botica: Miente Maduro: A los tres Comisarios y efectivos de la Metropolitana no les comprobaron haber disparado. En cambio Chávez amnistió a los pistoleros oficialistas que asesinaron a nueve asistentes a la marcha del  11 de abril.    Bravo por Lumay Barreto, valiente   alcaldesa de Guasdalito. Nuestra solidaridad con El Universal por las injustas sanciones que pretenden imponerle ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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