Categoría: Opinión

  • ¿Es María Corina la líder político del momento? – Por Lcdo. Humberto J. Saras G.

    ¿Es María Corina la líder político del momento? – Por Lcdo. Humberto J. Saras G.

    Los principios de libertad, solidaridad e igualdad de todas las personas, constituyen los grandes valores de las democracias modernas. Es un hecho bien sabido que quien predicacon un discurso pausado, profundo y acertado, orientado a la defensa de los grandes intereses de una nación, las garantías públicas, los derechos humanos y manifiesta un enorme respeto a sus contrincantes, muestra ser un verdadero ciudadano y un auténtico líder. Si nosotros, no proponemos cambios, si no sabemos hablar ante los gobernantes ineficientes y corruptos, que en campaña electoral mienten y no cumplen sus promesas, es difícil cambiar el rumbo de un país. Si creemos que sin grandes esfuerzos y sacrificios lograremos preservar la libertad y la democracia, estaremos demostrando poco amor por nuestra querida patria para confrontar los grandes problemas que aminoran nuestra calidad de vida, y las deviaciones de quienes ejercen el poder pólítico. Pensar que todo lo fácil es bueno, es una falacia inconcebible en un ser inteligente. En muchos países de la América Latina y del Caribe, para corregir los vicios políticos existentes, han surgido en el presente siglo líderes con un gran poder de convocatoria, como la dirigente María Corina Machado, considerada como la figura política más brillante y excepcional de esta última década, por su innumerables propuestas viables y necesarias para canalizar y resolver de manera eficaz la más apremiantes demandas colectivas, en especial, la de los sectores y grupos más deprimidos de la sociedad. Un verdadero sistema democrático, con gobernantes honestos y emprenderores, como expresa María Corina, si aporta soluciones concretas y tangibles a las inquietudes, reclamos y exigencias populares. Ella afirma, como sus miles de seguidores, que la democracia sigue contando con un amplio respaldo en la región y los ciudadanos todavía confían en su capacidad de lograr mejoras para su subsistencia. Cree, además, que en nuestro país no hay voluntad política para atender los grandes problemas nacionales, como la inseguridad, el desabastecimiento, la inflación, la impunidad, el desempleo y la corrupción, ni tampoco existe absoluta libertad de expresión ni pleno derecho a manifestar públicamente. También ha denunciado en otras regiones del mundo la grave crisis política, social y económica que se vive en Venezuela, producto de la pésima gestión gubernamental y de la violación permanente de los derechos humanos. Ha dicho, «que lo que buscan las autoridades del alto gobierno es hacer creer a la comunidad internacional que aquí hay un régimen dispuesto a escuchar y a corregir, cuando todos sabemos que lo que hay es un régimen que lo único que hace es reprimir cada vez con más fuerza las protestas pacíficas, utilizando armas y medios no permitidos por el orden jurídico interno». Corresponde al lector, calificarla o no de ser el fenómeno político del momento, a sabiendas que millones de venezolanos, creen en sus discursos y planteamientos por su notoria inteligencia, coraje y valentía para actuar y hablar, sin dejarse intimidar por nadie ni por nada.

    Lcdo. Humberto J. Saras G.

  • Estuve en Caracas – Por Claudio Zin

    Estuve en Caracas – Por Claudio Zin

    Estar en Caracas es acercarse al infierno del Dante por la puerta de los peores pecadores que, por cierto, no son sus habitantes, que padecen y mucho, sino sus dirigentes, pertenecientes a los últimos círculos que describe en su primer cantata el poeta florentino. Venezuela, un país que prometía convertirse en el Qatar de Sudamérica, hoy se acerca cada vez mas a Haití. ¿Culpables de hacer sufrir a la población miedo e incertidumbres? Toda la clase política venezolana y, en particular, el chavismo, que tiene el rol protagónico en esta tragedia.

    Luego de doce años de gobierno, logró dividir, partir a la sociedad en dos: los fanáticos ideologizados por la mística chavista ( llamados “los colectivos”) y los que sufren un régimen autoritario, sordo e incompetente que los oprime y los persigue, llamados por mí “las verdaderas víctimas” . Pero claro, cuando se somete a mucha gente a sufrimientos inexplicables, aparecen los que gritan, los portavoces, la voz de aquellos que reclaman justicia y equidad. En general son los jóvenes, en particular estudiantes (no vale aquí que cite ejemplos por demás conocidos por todo el mundo ). Hablé casi dos horas con una de ellas, de las líderes del movimiento de barricadas (guarimbas, las llaman por allí ) que cada día, bloquea medio Caracas y medio país.

    Gaby Arellano afirma que están en la calle protestando y aguantando gases, golpes y tiros ( 39 muertos hasta hoy) y arrestos, claro, simplemente para “despertar” a la clase política de la oposición venezolana para que actúe y reclame justicia para Venezuela, que hoy no la tiene. Un estudiante de historia de la Universidad de los Andes, cuando le pregunto si tiene miedo, me contesta: “Claro que sí, pero que hoy en Venezuela se tienen las mismas chances de ser lastimado en una barricada que muerto en la calle por la violencia criminal, por la inseguridad”. En Venezuela en el año 2013 hubo 24.000 muertos por la inseguridad. La población total no supera los 30 millones.

    Continúa contando que la oposición política que hoy se siente a conversar con el presidente Nicolás Maduro, porque solo pueden hacer eso, conversar, y lograr muy poco en cuanto a hechos, no representan a quienes protestan, por eso es que tampoco ellos pueden prometer el cese de las barricadas, ya que los estudiantes que la protagonizan no les responden. Por ende en la mesa de dialogo se sientan a “charlar” Maduro y los suyos, Capriles y otros opositores reunidos en la MUD (mesa con solo dos patas más parecida a una silla, en verdad, de la unidad democrática ) y la Iglesia Católica, el Vaticano a través del Nuncio en Caracas (solo Dios sabe que hace allí) y la “inefable” UNASUR inventada tiempo atrás por Chavez y compuesta por los clientes del petróleo venezolano. Todos ellos despegados de la gente de a pie, viviendo una fantasía que solo lograra perder mas tiempo.

    En esa mesa no están, y aquí esta el problema: los estudiantes, Leopoldo Lopez, líder opositor y preso incomunicado, Vicente Scarano, intendente de San Diego preso por las dudas, el jefe de policía de San Diego, Salvatore Luchesse, y tantos otros presos del régimen. Tampoco Corina Machado, diputada, echada a empujones de la Asamblea Nacional para la que fue elegida por el voto popular, por traición a la Patria, por atreverse a hablar mal del régimen ante la OEA. La violación de los derechos humanos en Cuba, perdón por el lapsus, en Venezuela, es cosa de todos los días y todo el tiempo. Muertes por tiros en la cabeza disparados por francotiradores (el gobierno tiene todas las llaves de las terrazas de Caracas por “cuestiones de seguridad” ), golpes y otras lesiones causados por las bombas de gases lacrimógenos (¿fabricadas en Brasil?) , cárcel por las dudas, expropiaciones de propiedades, empresas, e industrias pagadas a precio vil, la obligación de hacer colas para comprar lo más elemental durante horas y, por último, el fanatismo de una gran parte de la población por el chavismo, que también es violencia, ya que para ellos todos los demás son sucios fascistas a servicio del Imperio.

    Caminé por las calles de Caracas, y por sus plazas, hice una cola de hora y media para comprar papel higiénico, aceite y azúcar, junto a doña Rosalia, en la cuadra de un lúgubre supermercado, a cuya puerta había un “miliciano” cuidando la poca mercadería que había dentro en la Avenida Francisco de Miranda en pleno centro de la ciudad. A poco me encontré en un bar de las cercanías con un amigo para tomar un cafe, Giuseppe Celeste, dueño de una empresa de gas domiciliario llamada Tauro, en Caracas, empresa familiar creada por su padre, que me contó mientras lloraba como un niño que seria expropiada en poco tiempo, ya le llegó el aviso, y que según cálculos optimistas del gobierno le pagarían en cuotas unos 400 mil dólares por ella, cuando en verdad vale 10 millones de dólares. ¡Exprópiese!

    Después del amargo café con Giuseppe, fui a la plaza de Altamira y me puse a leer el epígrafe con la historia de cada uno de las fotografías de los 39 muertos (hasta ese momento y desde el 10 de febrero) en las barricadas. Fotografías puestas en el piso al pie de un monumento al Sr. Koch, uno de los próceres de la Patria. Luego estuve en la plaza Simon Bolívar escuchando a un señor que arengaba a unas veinte personas que lo escuchaban debajo de un gazebo en plena tarde, a continuar con la Revolución Bolivariana, en un español extraño. Al preguntar quién era, el sorprendido espectador me contestó: ” Hombre, ¿no lo conoce? Es el embajador de Irán en Venezuela. Me fui espantado, antes que la inteligencia venezolana, en manos de asesores cubanos, se diera cuenta de mi presencia.

    A pocos metros está la casa natal de Simon Bolivar, padre de la Patria que, si despertara, seguramente no daría crédito a tanta propaganda política generada por gente extraña, en lugar de hechos para la gente. Ah, y además estuve en el Parlamento, llamado Asamblea Nacional. Trabaja cuando la convoca el presidente Maduro y esos días, habitualmente los martes, los diputados opositores, solo ellos, deben entrar sin armas. Un cartel allí reza “espacio libre de armas de fuego”. Hablé con políticos del oficialismo y de la oposición, y escuché discursos irreconciliables, unos por negadores de la realidad (por ejemplo de la inflación anual del 60%) y otros con algunas ganas que este gobierno termine cuanto antes. Ambos opuestos a la realidad posible.

    Por la noche, intenté comer algo en un muy lindo restaurante de pescados y mariscos cercano a la embajada de Italia, en la zona residencial del Chacao. Afortunadamente pude pagar en euros, a un cambio diez veces superior al oficial. Para tener una idea de lo que digo, el dólar oficial se cotiza a 6.40 y en el mercado negro a 64 bolívares. Mientras comía a solas repasando lo vivido en esos días, escuchaba los estruendos de las bombas de estruendo de las barricadas y veía las columnas de humo de los neumáticos quemados, mas allá del ruido de la represión. ¿Este es el gobierno que creo el ministerio de la suprema felicidad? (Infobae)

  • El pecado de omisión

    El pecado de omisión

    Todos dicen estar de acuerdo con los derechos humanos: derecho a la vida, derecho a la libertad, derecho a la información, entre muchos otros no menos importantes. Todos los miembros de UNASUR están en la obligación de defenderlos, así como el poder ejecutivo, legislativo y judicial de cada uno de sus estados debe defenderlos en su nación.

    Es un hecho para todos conocido, que en Venezuela los derechos humanos son violados diariamente y de forma sistemática. Ya alcanzamos la cifra atroz del 97% del IMPUNIDAD en los crímenes de asesinatos. Son más de 12 años de control absoluto del poder judicial, el cual actúa de manera parcializada y desmedida en contra de cualquier opositor que al gobierno se le antoje. Los hechos demuestran fehacientemente que la impunidad en Venezuela es sin duda una “POLÍTICA DE ESTADO”, ya que el sistema judicial acata de manera inmediata las órdenes y lineamientos del ejecutivo, réplica del régimen Cubano. Todo este sistema es utilizado como mecanismo vital para el control INDEFINIDO Y ABSOLUTO DEL PODER, todo esto en violación flagrante y grotesca de nuestra constitución. Son MÁS DE 200.000 ASESINADOS en 14 años de socialismo del siglo XXI. Ante esta atrocidad y muchas otras, el movimiento estudiantil ha alzado su voz de manera firme y estoica. En respuesta, el régimen temeroso y cobarde ya lleva más de 40 jóvenes asesinados por ejercer su derecho a la protesta. Miembros de UNASUR, no se hagan cómplices ni por acción ni por OMISIÓN de estas atrocidades, ya que no sólo serán culpables, sino que estarán destruyendo las bases fundamentales del futuro de la paz, la estabilidad y prosperidad de nuestros pueblos.

    No incurran pues en el gravísimo pecado de omisión.

  • Irreversible – Por Miguel Velarde

    Irreversible – Por Miguel Velarde

    Ser libre es un arte. Lo es porque, a pesar de que nuestra generación creyó que era una condición heredada al nacer, serlo demanda un gran esfuerzo y mucha valentía. Hoy, cuando tantas garantías y derechos ciudadanos nos han sido arrebatados, recién nos percatamos de que no debimos nunca asumir que los teníamos asegurados. La libertad se gana día a día y se cuida con la vida.

    La Unidad es también un arte. Es, además, un valor indispensable no solamente para la salida de la crisis que hoy vivimos, sino también para la posterior reconstrucción del país. Sin embargo, es fundamental darnos cuenta que la Unidad no le pertenece a nadie más que a cada uno de los venezolanos honestos y luchadores que están en las calles del país buscando rescatar su futuro.

    Por eso, es inaceptable que a casi dos meses de iniciadas las protestas, mientras los estudiantes son brutalmente reprimidos, la Iglesia asume posiciones firmes, Leopoldo López está preso y María Corina Machado es perseguida, otros liderazgos políticos todavía estén leyendo encuestas y un sector de la MUD esté negociando migajas con el gobierno.

    Resulta imposible comprender como algunos actores políticos y sus partidos pueden dedicar su tiempo a hacer cálculos electorales para mantenerse vigentes en lugar de apoyar a esos venezolanos que están apostando todo por el país. Los estudiantes están demostrando lo que en verdad significa “dejar el pellejo” por Venezuela y ante una represión como la que enfrentamos, la indiferencia no es más que complicidad.

    En su momento, debido a su clara victoria en las elecciones primarias de 2012, todos apoyamos al candidato elegido sin titubeos. Hoy, la Unidad está en la calle, y es responsabilidad de todos apoyarla ahí y a quienes la lideran: los estudiantes y la sociedad civil.

    Vivimos tiempos tan difíciles que demandan mucho coraje. El que priorice sus proyectos personales sobre los intereses nacionales, no solamente pone a la Unidad en riesgo, sino también a la libertad de millones de venezolanos que dijeron basta y decidieron luchar por su futuro.

    La fuerza de la razón le pasará por encima a cualquiera que no esté del lado correcto de la historia. El destino de Venezuela ya está escrito con letras de dignidad y Unidad.

    El camino a la libertad es irreversible. (Guayoyoenletras.com)

    @MiguelVelarde

  • Camino a la reconciliación –  Por Anderson Riverol

    Camino a la reconciliación – Por Anderson Riverol

    Venezuela es uno de esos países que luego de las guerras mundiales fue destino para que muchos extranjeros emprendieran una nueva vida; Judíos, españoles, polacos, argentinos, portugueses, entre otros, vieron en los venezolanos  a personas tan amables que podrían llamar hermanos, ese sentir de fraternidad entre los venezolanos y quien hiciera de este su país ha venido en franco detrimento, por errores de los últimos 56 años que los gobiernos cometieron y comenten hoy.

    En los años de la democracia, la exclusión y medidas poco sensatas fueron detonante para el desprestigio de dichas democracias, aunado a estos eventos terribles y masacres injustificables hicieron que poco a poco esta estructura democrática fuese vencida por el tiempo, donde los Venezolanos clamaban una y otra vez una mano dura y más inclusión. Pasando ya esos 40 años de democracia llega un movimiento nuevo con un político con nuevas ideas “aparentemente”, amparado bajo una mayoría dada por su carisma, una poderosa demagogia y la decepción que los venezolanos tenían, esto trajo como consecuencia que se  efectuarán una serie de cambios constitucionales que nos dio una nueva forma de hacer país, esto bajo una cuestionable transparencia en los porcentajes de  representación en la asamblea constituyente.

    Todo este tiempo se cometieron injusticias que desde el punto de vista de un lado viene dado por la exclusión y del otro lado viene dado por la venganza, la lógica despreocupada hacia esas personas que se sentían excluidas por parte de los gobiernos democratarrentistas dio como consecuencias un gobierno con una visión marxista que trato de sanar con sal las heridas. Como todo planteamiento marxista viene dado por la lucha de clases, combatiendo como expresa esta mal intencionada ideología a la clase dominante que según ellos se apropia de la plusvalía de la clase oprimida  que es mayoría, basado en esto se emprendió una cruzada sumamente populista contra los que llamaron dueños de los medios de producción o  derecha apátrida según el verbo enfocado en incentivar el odio colectivista; en esta cruzada que lleva años solo ha perdido Venezuela porque muchas de esas amables personas sucumbieron bajo el odio que se incentivó por todos los medios posibles, ese mismo odio que hace tan eficiente al marxismo para devastar todas las naciones donde llega, no olvidemos los ejemplos de la historia que tenemos de la  China Comunista de Mao y la extinta Unión Soviética,donde se llevó el odio colectivo a todos los rincones.

    Sobre este tema “el odio colectivo” es imperante citar al expresidente de la República Checa  y protagonista de la transición democrática de Checoslovaquia  Václav Havel cuando expresó que el odio colectivo libera a los hombres de la soledad, del abandono, del sentimiento de debilidad, de la impotencia y del desprecio, y así, evidentemente, les ayuda a hacer frente a su complejo de fracaso y de ser menospreciados. (…) la comunidad de los que odian (…) les permite reafirmarse mutuamente (…) legaliza en cierta forma la agresividad: su manifestación común crea la ilusión de su legitimidad o, al menos, la sensación de una cobertura colectiva (…) al principio del odio tribal facilita sustancialmente la vida de todos los que odian, incapaces de reflexiones independientes, puesto que les ofrece algo simple y reconocible a primera vista como objeto de su odio en tanto que culpable de su propia sensación de injusticia.

    Para vencer este odio la concertación no es suficiente, ya vemos el caso de España luego del gobierno de Francisco Franco, donde a pesar que hubo perdón, no hubo para muchos justicia y eso dio pie a que se creara en la aberturas de la democracia algo de resentimiento, dicho resentimiento hoy se expresa en localismos que mucho más es el daño que hacen que lo que pueden aportar. Para encontrarnos con la Venezuela de Libertad que nos espera hay que reconciliarnos aunque para la reconciliación hace falta el perdón y para el perdón hace falta la justicia; La justicia sin perdón es venganza y el perdón sin justicia es traición a los agraviados, pero el encuentro entre los venezolanos es algo que nada ni nadie podrá evitar eso si queremos desarrollarnos plenamente de forma social, política y económica. Todo esto debe estar dado bajo valores en común como la Libertad, la Honradez, la Responsabilidad, la Valentía, la Coherencia, el Respeto, la Justica, la Igualdad y la Propiedad. Culminando estas palabras es preciso citar al presidente número 44 de la Republica de Guatemala cuando dice:

    “La confrontación debe dejar paso a la reconciliación… por encima de las diferencias particulares deben prevalecer los intereses de la Nación”- Álvaro Arzú”

    Twitter: @Riverols

  • Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco G.

    Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco G.

    ¿Salida militar?
    Para criticar la propuesta de «la salida» hay quienes dicen que implica «la llegada de un Pinochet» a través de inevitable violencia. La opción, frente a la interesada versión que se arguye, habría sido -o es- un proceso de acumulación de fuerzas para uno de dos resultados: una crisis económica tan severa que obligara al régimen a pedir cacao -¿cambiar? ¿Renunciar?- o avanzar hasta las elecciones parlamentarias de 2015, el referéndum revocatorio presidencial o, al final, en las elecciones presidenciales de 2019. Según esa visión las opciones serían «Pinochet» ahora, o elecciones el año 2015, 2016 o 2019.

    Los promotores de «la salida» tendrían dos culpas combinadas. Una, de no haber explicado con qué se come eso; dos, haber promovido la violencia que se extiende ya por más de dos meses en el país. Conviene analizar estos dos elementos, constitutivos ambos de falacias destinadas a corear las acusaciones en contra de Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma, como instigadores de la conmoción que se ha desplegado por más de sesenta imprevisibles días.

    Ya se ha dicho con suficiencia que los planteamientos del 23 de enero y del 2 de febrero formulados por los dirigentes mencionados fueron para iniciar una discusión sobre los mecanismos constitucionales de reemplazo del régimen de Maduro; hay quienes argumentan, sin embargo, que esa fue la fachada, que lo que estaba en el fondo era la provocación del caos, tal como sostiene el Gobierno. Les atribuyen una capacidad de adivinación que cualquier brujo o curioso desearía para sí. La verdad es que nadie sabía, ni ellos ni nadie, el grado de furia y desesperación existente, que emergió no por un llamado que a la luz de hoy parece modesto, sino por la represión y los asesinatos cometidos por las fuerzas policiales, militares y paramilitares del régimen. Hasta el Gobierno tuvo que conceder que los asesinatos del 12 de febrero, con motivo de la inmensa manifestación convocada por los estudiantes, fueron directa responsabilidad de sus fuerzas.

    Resulta extraño que la propuesta de «la salida» (no menos precisa que la de esperar elecciones en las que hipotéticamente se ganaría) reciba los denuestos de quienes la consideran abstracta. Desde luego que hay temas más subalternos, como sobre quiénes son los líderes y cuál es su autonomía de vuelo. Hoy los líderes son los dirigentes de la calle, los estudiantes, los jóvenes, y sin duda los mencionados dirigentes políticos. Expresan el momento, así como Henrique Capriles expresó el momento electoral de 2012 y 2013. Nadie está en un lugar definitivo, porque el liderazgo es líquido y no depende de lo que se ha hecho, sino de lo que se hace. Nadie es jefe definitivo. Desde esta esquina se ha insistido en lo que son los líderes, cómo dejan de serlo, y cómo algunos «caídos» retornan. Nada está escrito y están para testimoniarlo: Carlos Ortega, Pedro Carmona, Enrique Mendoza, Manuel Cova, Julio Borges, Teodoro Petkoff, Carlos Fernández, Juan Fernández, Manuel Rosales, Henrique Capriles, Antonio Ledezma, Leopoldo López, María Corina, para nombrar algunos de los más relevantes. Sólo la interpretación cabal de una situación compleja permite el ejercicio del liderazgo y es lo que ha ocurrido con la multitud de dirigentes estudiantiles y juveniles, así como los portavoces de «la salida». Son dirigentes en la medida en que interpretan y -hasta cierto punto- canalizan la energía inmensa que hoy se despliega, pero no tienen -ni quieren, ni podrían tener- la capacidad de domesticar la calle.

    LOS MILITARES. ¿Qué pueden venir los militares? ¡Por favor! Para quienes no lo hayan advertido, los militares no sólo están acá sino que de la mano de Chávez crearon un régimen militarista, en el cual hay militares en la sopa, debajo de las alfombras, y dentro y fuera de las cajas fuertes. Hay casos históricos en los cuales civiles acompañan e incluso presiden gobiernos militares y militaristas, el civil Juan María Bordaberry en Uruguay presidió uno de los gobiernos militares más represivos de los que se tenga memoria en América Latina.

    La salida del actual régimen no demanda un golpe militar, tal como el de Chávez en 1992, sólo que exitoso. El reemplazo de este bochinche requiere que todos los sectores democráticos cumplan con sus obligaciones y, deseablemente, que la Fuerza Armada cumpla con su deber constitucional, que se concreta en no acatar órdenes inconstitucionales o ilegales, que no se comporte como la guardia pretoriana de un régimen muy debilitado y que no reprima la protesta popular.

    A los militares conviene que en Venezuela no exista un régimen militarista; a los militares conviene un fortalecimiento de la institución, bajo la subordinación constitucional al poder civil -no al poder de un civil militarista- , al poder republicano. Los militares pueden contribuir a la consecución de este objetivo y ya lo hicieron en 1958. El 23 de enero se explica porque la lucha ciudadana y civil fue acompañada por el desacato de órdenes inconstitucionales del dictador por parte de la mayoría de los oficiales; surgió una Junta de Gobierno presidida por un militar, Wolfgang Larrazábal, quien cumplió en forma impecable la tarea de conducir a Venezuela hacia unas elecciones libres y limpias. En ese caso, los militares cumplieron la tarea de contribuir a reemplazar un régimen que proclamaba gobernar en nombre de las Fuerzas Armadas, para transitar hacia un régimen civil. ¿Qué obtuvieron los militares? Una institución que fue sólida y confiable por muchos años, pero mucho más importante, el respeto de la República y de sus ciudadanos.

    El papel de las fuerzas armadas en las transiciones es crucial. Pinochet fue derrotado por la unidad política en el referéndum pero intentó desconocer el resultado; entonces el general Fernando Matthei, comandante de la Fuerza Aérea y otros generales se le enfrentaron al dictador. Fue una decisión del generalato chileno, «la cual aceptó» el enfadado Pinochet. Igual ocurrió en Brasil que tuvo 21 años de gobiernos militares de 1964 a 1985, el general Ernesto Geisel uno de los presidentes de la serie, fue el que encabezó la idea de la «apertura» y la «descompresión» que tardó casi cinco años en dar sus frutos, hasta que apareció un poderoso movimiento por elecciones -¡Directas Ya!- que abrió camino, al principio zigzagueante, a la ahora fuerte democracia brasileña.

    Hoy, en un año o en diez, para el retorno a la democracia será indispensable que los militares dejen de reprimir como hoy lo hacen, eso significará una de dos cosas: o que sectores del chavismo comprendan que tienen que abrir camino a una transición que ya va siendo estrepitosa o que los militares dejen de acatar las órdenes de reprimir a los ciudadanos, porque éstos no vencen sin armas a los armados. En todas las crisis políticas de América Latina los militares han dicho su palabra.

    Twitter @carlosblancog

  • Para María Corina de Alberto Quirós Corradi

    Para María Corina de Alberto Quirós Corradi

    Escribo mientras estás en Lima, en ese esfuerzo imprescindible de hacerle conocer a la comunidad internacional la verdadera naturaleza de este régimen. Por supuesto, como comprobaste en la OEA, la chequera bolivariana pesa mucho. Qué pena ajena sentí al presenciar el“debate” sobre si la sesión, donde intervendrías, debería ser pública o privada. El solo hecho de que esta discusión se planteara dice mucho de la inoperancia y la desfachatez de los gobiernos asalariados allí presentes. Por no hablar de la postura del señor Insulza a quien le interesa más el puesto de Secretario General que abrir un debate sobre los gravísimos problemas por los cuales atraviesa la democracia en muchos de los países que conforman esa organización. En una lamentable entrevista con Oppenhaimer dejo ver la flacidez de su esqueleto. Él es de esos hombres de goma que pueden doblarse en la dirección que creen que les conviene. Las declaraciones de Diosdado Cabello destituyéndote de manera cuartelaria son un claro mensaje sobre la intención del régimen que no es solo sacarte de la Asamblea Nacional donde tu voz ha sido de las más claras en denunciar los desmanes del régimen. Despojada de inmunidad tú sabes que el próximo paso será acusarte, entre otras cosas, de traición a la patria para después dictarte auto de detención y encarcelarte. Si ese acto del más puro fascismo, ayudará a incrementar la protesta popular y a obtener resultados concretos para salir de este régimen, tu sacrificio pudiera ser necesario para tu futuro y para el país. Pero, me temo que nadie te puede garantizar una reclusión segura. Acuérdate de la juez Afiuni y de todas las indignidades que ha tenido que soportar. A ti te la tienen jurada y “alguien”, en el sitio de reclusión donde estés, se encargará de cobrarte la factura que ya emitió el régimen. Recuerda que estos que nos gobiernan no tienen escrúpulos y tu eres muy codiciada por ellos para sacarte del juego.

    Otro aspecto que debes sopesar es el hecho de que toda la oposición organizada no va dar la cara por ti. Ya se escuchan voces que cuestionan tu presencia en la OEA y tu búsqueda de apoyo internacional. El argumento es que los venezolanos tenemos que resolver nuestros problemas y cualquier apoyo externo es una intervención inaceptable. Por supuesto, tú no has pedido una invasión a Venezuela para tumbar a este gobierno. Además, ya hemos sido invadidos y ocupados por Cuba sin disparar un tiro. Cuando Fidel intentó tomar a Venezuela por la fuerza salió derrotado. Esperó su momento y lo aprovechó cuando un Teniente Coronel, con carisma, sin cultura y ansioso de poder, se le puso a la orden para que Cuba tomara por las buenas lo que no había podido obtener por las malas.

    Antes de decidir si regresas a Venezuela recuerda que vas a ir presa. De eso no debe quedarte la menor duda. Luego analiza si el sacrificio, en una sociedad con gran capacidad de olvido, servirá de algo. En la prensa ha aparecido una reseña en la cual se informa que el juez que lleva la causa de Leopoldo López ha desechado los argumentos y las pruebas que establecen su inocencia.

    Mi recomendación, por lo que valga, es que vayas por el mundo y hables cara a cara con los gobiernos sobre lo que sucede en Venezuela. Ya has demostrado que tienes credibilidad aquí y afuera. No te preocupes de que te acusen de cobarde por no presentarte en el país. La valentía debe tener un alto ingrediente de prudencia. De no ser así, la valentía es suicidio. A este régimen no se le puede dar la mínima posibilidad de encarcelar a los líderes de la oposición. Si para evitar eso se requiere quedarse afuera o pasar a la clandestinidad que así sea. Tú eres demasiado importante para este país para entregarte en las manos de un régimen autoritario y déspota.

    Tú sabes lo mucho que te aprecio a ti y a tus padres. Me angustiaría mucho que un acto de valentía innecesaria e inconveniente resultara en dolor para muchos y en alegría para los cancerberos del régimen.
    Decidas lo que decidas tendrás mi apoyo incondicional.

    [email protected]

  • El Tribunal de la calle – Por Héctor José Turuhpial Cariello

    El Tribunal de la calle – Por Héctor José Turuhpial Cariello

    Luego de la orgía y la bacanal de torturas, violaciones, mutilaciones, vejaciones físicas y perversiones psicológicas, morales y jurídicas que el Régimen viene cometiendo por intermedio de sus apéndices institucionales y paramilitares, no desde el 12 de febrero de este año sino desde hace 15 años sin pausa, sufro aún mayor extrañeza que la extrañeza por los extrañados frente a la afirmación de que este Régimen es de estricta, clásica y criminal naturaleza totalitaria, cuando escucho o leo que, en coincidencia con el Régimen, un sector de la oposición sigue calificando de “radicales” a aquellos que creemos en la calle como la institución del Poder Público representativa del sagrado derecho a la protesta e, inclusive, a la defensa legítima del derecho a la democracia, cuando la democracia ha sido emboscada desde ella misma y pervertidas y degeneradas sus instituciones por la esclavitud ideológica totalitaria. A que se refieren el Régimen y éste sector de la oposición cuando endilgan el mote de “radicales”, como si de trasnochados jacobinos se tratara y no sin un tufillo a amenazante chantaje político?.
    Estarán confundiendo el Régimen y esa “oposición” la no violencia con la no acción, y con esta confusión sofística pretendiendo una nueva desmovilización de la sociedad civil ?. Se refieren acaso a aquellos que no creemos en una democracia reducida y rebajada al arreo de un rebaño hacia el corralón electoral, a una democracia plebiscitaria?; Se refieren, tal vez, a los que nos negamos a convertirnos en Sísifo, condenado mitológico por toda la eternidad, a subir una cuesta empujando una enorme piedra que al llegar a la cima caía de nuevo , como se derrumban las esperanzas democráticas de la sociedad civil cada vez que nos han convencido para que seamos cómplices de un nuevo fraude electoral, que luego pretende justificarse por la “oposición anti-radical” con la “sorpresa” del ventajismo y la falta de escrúpulos del Régimen, o la obtención nominal de algunos espacios políticos particulares a cambio del sacrificio ético y existencial de la democracia misma?.Luego de cada proceso electoral, que no elección, somos cada vez más como los presos que sueñan por unos minutos que son libres, con los ojos entrecerrados por el sol que cae en el patio de la cárcel, hasta que los abren y ven los muros, las alambradas y las atalayas: hemos venido ocupando sólo patios cercados de la prisión; o aluden a aquellos que sin ser cultores de la violencia ni del terror en ninguna de sus formas, sin embargo, no estamos dispuestos a sufrirlos ni a tolerarlos más?; o pretenden calificar la negativa rotunda a dejarnos transformar nosotros y nuestro hijos, de ciudadanos a milicianos, al servicio de los esclavistas feudales de este narco- totalitarismo?.
    La calle es la única tribuna real para el ejercicio efectivo de los artículos 333 y 350 constitucionales por la ciudadanía, y la protesta el único predicado posible para ese mandato constitucional insurreccional que se volvió imperativo, indeclinable e insoslayable frente a este Régimen de criminalidad totalitaria. Todo lo demás, sigue siendo coqueteo frente a la banalidad del mismísimo mal.
    O es que son ciertos y no sólo bellos aquellos dos versos de Neruda: “No es mejor nunca que tarde?”; “ Es malo vivir sin infierno: no podemos reconstruirlo?”. Me quedo más bien con aquel que parece profético en su Libro de las Preguntas: “ Y cuando se fundó la luz esto sucedió en Venezuela? ”.
  • Renuncia – Por María Corina Machado

    Renuncia – Por María Corina Machado

    Salgo del Congreso de Brasil, emocionada por ejercer el deber y el honor de hablar, como diputada, en nombre de todos los venezolanos. Coincidía con un homenaje a parlamentarios que hace 50 años la dictadura había expulsado del Congreso, acusados de «traición a la patria por haber criticado a su país en el exterior». Esto pudo influir en el entusiasmo con que los diputados, de pie, gritaban: «Venezuela», «democracia», «valientes» y «libertad», al retirarme de la plenaria.

    La operación del régimen para impedir que el mundo conozca sus crueles violaciones a los DDHH, a la soberanía popular y a la libertad de expresión, ha sido costosa e inútil. Parlamentos, periódicos y hogares de todos los continentes llaman al régimen venezolano como lo que es: una dictadura.

    Hasta hace dos meses, el régimen hizo creer que nos habíamos resignado. Venezuela despertó. Las órdenes cubanas de reprimir toda «candelita», con la furia criminal de bandas paramilitares, la PNB y la GNB, provocaron mayor indignación y energía para el movimiento cívico más amplio y profundo de nuestra historia. El régimen cruzó una línea roja y ahora, para los actores extranjeros, la indiferencia es complicidad.

    Un pueblo está en la calle decidido a avanzar, irreversiblemente y sin demora, en la transición hasta la democracia. Un país que exige un cambio, no sólo de políticas o de gobernantes, sino en los valores, en el modelo de sociedad y que está decidido a hacerlo por las vías democráticas que contempla la Constitución. Por ello, no admitiremos un nuevo engaño con un llamado a diálogo que pretenda desmovilizar la protesta o aparentar legitimidad. En cuanto a los poderes públicos, rechazamos la oferta de cuotas para maquillarlos. Se impone la recomposición total del CNE, la Fiscalía General, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría, sólo para empezar.

    Hace dos años, en carta pública a Fidel Castro, le dije: «Cdte. Castro, deje de intervenir en los asuntos internos de Venezuela. Hágalo de buen grado o las fuerzas democráticas de Venezuela se lo haremos entender como hace 50 años». Los Castro ya entendieron que los venezolanos lucharemos hasta conquistar la democracia, la soberanía nacional y la libertad. Como diputada y ciudadana, le digo, Sr. Maduro: ha llegado la hora de que Ud. también lo entienda: Renuncie

    @mariacorinaYA

  • La fortaleza de María Corina – Por José Antonio Vega

    La fortaleza de María Corina – Por José Antonio Vega

    La sentencia sin juicio previo que determinó inconstitucionalmente la perdida de la investidura como Diputada de María Corina Machado, dictada por un TSJ que tiene a su cabeza a una de las cinco verdugas de la democracia de nuestro país, se suma a una larga lista de agresiones que ha sufrido esta valiente mujer venezolana, siendo quizás la más notoria la golpiza que le propinara en abril del año pasado una  de sus colegas parlamentarias bajo la sonrisa y mirada complaciente del Capitán que indignamente ocupa la presidencia del parlamento nacional.

     Si a ese episodio de violencia le sumamos la brutal represión que de manos de la Guardia Nacional se cobro la vida de Geraldine, que causo estragos en la humanidad de Marvinia así como las vejaciones y torturas ocasionadas a varias de las jóvenes detenidas en los últimos días, podemos concluir que todo ello  está enmarcado en lo que parece ser  una máxima de este régimen: humillar y agredir a la mujer venezolana.

    Ciertamente, la voz de María Corina incomoda al régimen en el sentido de que ella  representa a esa Venezuela que ya no solo se conforma con la denuncia de los problemas del día a día, sino que señala a los responsables políticos de los males que aquejan a la republica y que llamando a las cosas por su nombre ha desafiado a estos victimarios de la libertad, en términos tales, que al finado dictador le espetara en su cara que cuando se expropia al margen de lo establecido en la constitución, se roba, ó como más recientemente  ha dejado bien claro que si la protesta en democracia es un derecho, en una dictadura ese derecho se transforma en un deber.

    De ahí el gran empeño en silenciarla. Pero ya es tarde para el régimen de los Castro acometer esa tarea, porque el mensaje de María Corina traspasó las paredes del Palacio Federal y está sembrado en la conciencia y el corazón de millones de venezolanos y además ya ha trascendido nuestras fronteras a través de la más noble de todas las  investiduras que pueda recibir ciudadano alguno, como el de ser nuestra embajadora de la libertad.

    Quienes ocupan, y esperamos ya sea por poco tiempo, el poder en Venezuela, dada su debilidad interior se han visto obligados a compensar esta a través de esa coraza exterior que da la fuerza a través del uso de la ofensa, los golpes, las tanquetas, las balas y en fin de la represión.

    Pero mientras esa fuerza que exhibe el régimen es meramente exterior, es la fortaleza que  brota de su interior la que provee a María Corina de la  capacidad para hacer frente a las adversidades y nunca perder su objetivo, que no es otro que estar al servicio del restablecimiento de la libertad  en Venezuela. De manera tal, que así como la fuerza de Goliat sucumbió ante la fortaleza de David, no dudemos que la dictadura que hoy impera en nuestro país lo hará ante millones de David contagiados por el espíritu de lucha de María Corina.

    María Corina es y seguirá siendo nuestra Diputada, pero ante todo, una venezolana  cuyo liderazgo ya no depende de su curul en la asamblea, sino de esa fortaleza  que emana de sus valores y que le provee el valor necesario para plantarse ante una dictadura y así LUCHAR HASTA VENCER

      Jose Antonio Vega C.   @JoseAVega