Categoría: Opinión

  • ¡Vente pues…! – Por Franco Casella

    ¡Vente pues…! – Por Franco Casella

    Hace 16 años un grupo de amigos discutían en la playa de la Guaira por tener el mejor toldo, por la cava y otras banalidades mientras se quejaban del cielo encapotado. Ignoraban que en cuestión de horas sería absolutamente inservible todo aquello. Una catástrofe natural jamás vista arrasaría con todo, llevándose por delante a muchos y marcando nuestras vidas con cicatrices imborrables, dejándonos solo lo único útil en ese momento: nuestra capacidad de supervivencia…

    Este es el mejor ejemplo para describir el presente que vivimos ante la próxima e  inminente catástrofe, causada por Nicolás Maduro por la severa crisis humanitaria y económica en puertas para los primeros meses del año entrante.

    Hoy de forma seria y responsable tenemos que alertar a todos; para que guarden cuanto puedan y regalen tiempo de calidad en familia pero ahorrando el dinero de los pocos regalos, que sacrifiquen los estrenos navideños y se preparen; porque aunque estamos celebrando – justa y merecidamente – la navidad en medio de una victoria electoral, nos está prohibido desconocer el terrible giro que está a la vuelta de la esquina.

    No me llame alarmista, la situación que estamos pasando es como si en un hogar venezolano donde se vive solamente de lo que produce un padre de familia pirateando en su carro, irresponsablemente el cabeza de familia esta navidad se tomó en caña todos los ahorros, empeño el carro y se lo tomo también y para peor remedio además de que el carro está fundido, no hay ni repuestos ni plata para repararlo y pidió prestado basado en lo que ganaría en enero y febrero; pero como es navidad, “¡venga vieja celebremos!”.

    El actual régimen no solo representa un mal gobierno sino además un mal sistema que destruyó el aparato productivo, devaluó como ninguno las utilidades y minimizó la capacidad de compra de la moneda, promoviendo la más galopante corrupción jamás conocida. A consecuencia de ello el primer trimestre del 2016 se presenta según los análisis de los mejores expertos en economía como el de “la más terrible crisis de desabastecimiento que hayamos conocido en nuestra historia”.

    Ante este panorama, los venezolanos nos decimos para obtener fortaleza: -¡Bueno pero ganamos! ¡Son 112!-, desconociendo que los 112 de hoy no hemos tomado juramento, no nos hemos instalado y lo que ganamos no fue la Presidencia de la Republica. Además, los 112 tendremos que legislar y construir soluciones ante un cretino Presidente, que en medio de su guayabo electoral se niega a reconocer la voz del pueblo y menos tomar las medidas de urgencia ante la catástrofe creada por él mismo.

    Lejos de ello el pedante se llena la boca afirmando que ese pueblo está de su lado y amenaza con desconocer su voluntad expresada en las pasadas elecciones,  crea figuras paralelas a la Asamblea Nacional y entierra la cabeza como el avestruz ante su torta económica incendiaria, con la esperanza de culpar a la alternativa democrática de una guerra económica imaginaria.

    Nicolás: tu mejor salida es renunciar. Si, tú y todo tu combo -Alcaldes, Gobernadores, Ministros y cuanto enchufado te siga- para convocar a elecciones generales y permitir a que el soberano constituyente – El Pueblo – elija a un líder responsable que deje de pelear por la cava y nos prepare para enfrentar la catástrofe que heredamos de tu proceso y tu gobierno.

    En las calles del país, la gente sencilla ante un reto como este suele decir

    ¡Vente Pues…! ¿No y que tienes mayoría?

    Pero sabemos que todo bicho malo es cobarde…

    Entiende Nicolás que millones de ciudadanos valientes nos expresamos el 6 de Diciembre y estamos prestos a defender nuestra soberanía, nuestra capacidad de elegir y demandamos reconducir el destino nacional para reconciliarnos con la vida, la prosperidad y entre nosotros.

    Twitter: @FrancoCasella 

  • Un gobierno de oposición – Por Miguel Velarde

    Un gobierno de oposición – Por Miguel Velarde

    Ni el gobierno ni la oposición entendieron el mensaje de la gente

    Con el paso de los días, la fiesta electoral llegará a su fin y la resaca de la realidad comenzará a hacerse evidente. El aterrizaje será duro, porque los problemas son grandes, y todo parece indicar que los que más afectan a los venezolanos, como la escasez de alimentos y medicinas, la inflación, la pérdida del valor adquisitivo de sus salarios y la violencia desbordada, empeorarán el primer semestre del próximo año.

    Peor noticia aún es que ni el gobierno ni la oposición entendieron el mensaje de la gente. El resultado de las elecciones parlamentarias fue un grito desesperado de los ciudadanos hartos de la corrupción y el abuso, de las colas y el peligro. La victoria no fue de los partidos, sino de ese venezolano para quien el cambio pasó de ser un deseo a ser una necesidad.

    Sin embargo, transcurrieron pocas horas y Maduro ya hablaba de “radicalizar la revolución” y culpaba a los votantes de haberlo “traicionado”. Es evidente que hay una guerra intestinal en el chavismo que no podrá ser disimulada y en la que inevitablemente tendrán que imponerse unas facciones sobre otras. Lo mejor de la novela roja está por venir.

    Mientras tanto, los voceros de algunos partidos de oposición muestran orgullosos cuántos diputados obtuvieron y empiezan a sacar cuentas para la repartición de cuotas de poder. Incluso hay quienes  quieren figurar con declaraciones poco afortunadas. Ahora más que nunca, sería bueno que aprendan a administrar su silencio.

    El gobierno sabe que no puede solucionar los problemas de la gente. Por eso, no le queda más que buscar a quien culpar de los mismos. En diferentes momentos tuvieron que inventar enemigos, como el “imperio”, la guerra económica, los paramilitares y hasta iguanas. Ahora, tendrán el objetivo perfecto: una oposición que es mayoría y que controla el Poder Legislativo.

    Vienen tiempos difíciles. Más aún cuando se tendrá un Poder Ejecutivo decidido a ser el primer obstáculo para lograr el cambio que la población anhela, sin que le importe el hecho de que eso solamente empeorará la crítica situación en la que vivimos.

    En Venezuela siempre pasa lo inimaginable. Como, por ejemplo, que ahora tengamos un gobierno de oposición.

  • De Casablanca 1943 a Paris 2015. Un enemigo común. Una alianza Indispensable  – Por Matebe

    De Casablanca 1943 a Paris 2015. Un enemigo común. Una alianza Indispensable – Por Matebe

    La Segunda Guerra Mundial, sigue dándonos lecciones. Europa, al inicio fue indiferente con el nazismo, se le veía como un movimiento nacional y socialista que buscaba enaltecer el decaído espíritu alemán después de la derrota de la Gran Guerra. Pocas voces se alzaron para advertir que detrás del discurso se planificaba el asesinato en masa y el exterminio. Quienes clamaron para detener el avance de Hitler fueron calificados de alarmistas. Gran Bretaña aún saboreando las mieles del triunfo de 1918,  enviaba a Chamberlain  a negociar con el Canciller del Tercer Reich y exhibía con orgullo una hoja firmada que aseguraba: la paz.  Churchill había sido desoído y la barbarie asoló Europa y el norte de África, mientras otro tanto ocurría en el pacífico cuando Japón declaraba la guerra a EE.UU. Todo lo demás es historia.
    Hoy,  aparece un nuevo enemigo común: el estado islámico. Hace 5 años, cuando apenas daban indicios en Siria y el norte de Irak, fueron muchas las voces que al igual que con el nazismo desestimaron su fuerza, su capacidad y la crueldad de sus actos. Se les calificó como un grupo extremista más, y cuyo radio de acción se limitaría al Medio Oriente. No era problema de Europa ni del mundo, en todo caso, un asunto entre árabes. Craso error.
    La Europa de fronteras abiertas, sin controles migratorios internos, abierta, multicultural, multiétnica e integrada, estaba concentrada en superar la crisis económica de 2008, y atendiendo las urgencias de sus socios en problemas como Grecia, España o Portugal. En tanto, el yihadismo jugando Call of Duty en línea y a través de imanes fundamentalistas en las mezquitas de las ciudades grandes y pequeñas iba cooptando jóvenes en el mundo entero.
    El ofrecimiento: ser combatiente, refundar el Califato, tener una esposa virgen y, extender su particular interpretación del Islam hasta reconquistar los territorios perdidos en las Cruzadas y la Edad Media. La diferencia la hacen los medios de combate, el mensaje es el mismo desde hace 400 años, para ellos, somos infieles, somos tolerados hasta ser convertidos, pero nuestra fe y nuestra libertad desaparecen bajo la Sharia.
    El avance de ISIS, su capacidad de destrucción, el aumento de su pie de fuerza y la barbaridad de los asesinatos, en nada se diferencian del avance del nazismo desde 1938. Sólo que ahora, lo vemos en tiempo real, a través de las redes sociales. Los yihadistas arrasaron con Mosul,  con pueblos cristianos y yazidies enteros, crucificando niños, decapitando civiles y soldados. Dinamitando el patrimonio de la humanidad como la ciudad de Palmira y quemando vivos a sus prisioneros de guerra. Este nuevo enemigo, nos encuentra como en 1939, en medio de la pugna por la hegemonía mundial y con los mismos  actores: La Unión Europea-OTAN y EE.UU por un lado y Rusia-China- África por otro.
    Para el mundo occidental, la guerra tiene límites, existen reglas de enfrentamientos, hay  tratados, convenios y leyes que las fuerzas militares y los combatientes deben respetar. Se necesita autorización para el uso de la fuerza según lo manda la ONU y debe preservarse el fiel cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario. Esto, representa un enorme desafío para combatirlos. Pues mientras las fuerzas militares son sometidas al arbitrio de la opinión pública y vigiladas para que actúen dentro de la legalidad que nos hemos impuesto para limitar los horrores del conflicto, el enemigo carece de escrúpulos. Para el estado islámico nada de esto, ni importa, ni existe.
    Sin embargo, la guerra, ya comenzó. Rusia decidió bombardear a ISIS en Siria para acabar con los yihadistas y aprovechar para eliminar a los rebeldes protegiendo a su aliado Bashar Al Assad, Estados Unidos también emplea drones y bombarderos contra las bases de ISIS, para acabar con los yihadistas, pero apoya a los rebeldes contra Al Assad, los mismos que Rusia desea eliminar. Además, rescata a rehenes del estado islámico y pone sus tropas en el terreno. Jordania, emplea su aviación militar contra ISIS comandada por el propio Rey para vengar la muerte de uno de sus soldados. Turquía, apoyada por la OTAN defiende sus fronteras y ataca objetivos de ISIS. Ahora Francia finalmente pronuncia la palabra prohibida: estamos en guerra y el pasado sábado bombardeo objetivos en tierra del estado islámico.
    La nueva guerra, no tiene un frente, no hay una línea de abastecimiento a la cual destruir. Las bases yihadistas están descentralizadas, operan coordinada pero independientes como células durmientes que se activan cuando llega el momento.  El enemigo (salvo en los territorios de Siria y el norte de Irak) no viste uniforme, se encuentra camuflado entre la gente, camina a tu lado por las calles, no es un extranjero, ni tiene características que te permitan advertir un riesgo inminente, es como cualquiera de nosotros. Ese enemigo, que nació en Occidente carece de los valores que nos inspiran y se inmola explotando un tren en Atocha, detona una bomba en el metro de Londres, asesina caricaturistas que satirizan al islam, abre fuego en una calle de París, asesina espectadores en un teatro, asesina en las calles del Líbano, mata en una playa en Túnez, o en la meta de la Maratón de Boston.
    Este enemigo, global demanda una nueva cumbre como la de Casablanca de 1943, así como aquella donde los adversarios urgidos por la amenaza común del nazismo, decidieron una estrategia combinada para acabar con Hitler, pero en esta nueva no valen excusas, es mandatorio que esta vez sí asista Rusia. Hoy, es indispensable una nueva alianza militar y política entre las potencias para enfrentar, combatir y derrotar al estado islámico.  Los esfuerzos individuales conllevan a cometer errores estratégicos y tácticos y  lejos de reducir al enemigo, le potencian.
    Hace 70 años, se terminaba oficialmente la guerra. El saldo en vidas perdidas aún nos espanta. Las verjas oxidadas de los campos de concentración donde más de 6 millones de seres humanos, judíos, negros, homosexuales, gitanos, discapacitados, o sencillamente no arios, fueron torturados, exterminados y vejados son un recordatorio de Nunca Jamás. No seamos testigos silentes e indiferentes, ni complacientes con las causas. Por la memoria de las víctimas de ayer y de ahora no podemos tolerar ni callarnos frente a la muerte cuando éstas pretenden justificarse con razones de orden ideológico, político, religioso o étnico.
    De Casablanca a Yalta y de Potsdam a París han transcurrido más de 70 años. Ojalá que no estemos en los albores de aquello que advirtió Churchill y que los Chamberlain que hoy abundan no exhiban impúdicamente un acuerdo de paz desdeñando la amenaza que a diario representa el estado islámico. La guerra está tiñendo de sangre las calles del mundo y miles buscan refugio. O nos unimos frente a este enemigo común, o nuestra civilización habrá sucumbido bajo la espada que decapitó al último de los prisioneros.
  • Tiempo en contra – Por Pedro Urruchurtu

    Tiempo en contra – Por Pedro Urruchurtu

    Mi artículo de la semana pasada llevaba por nombre “¡No empecemos mal, por favor”! (http://ow.ly/VU9UH) y pareciera que algunos diputados recién electos (o reelectos) lo hubieran leído para hacer exactamente lo contrario de lo que allí analizaba.

    Ciertamente en política hay que saber administrar las victorias y las derrotas. Normalmente, luego de la etapa de la embriaguez de felicidad, la realidad golpea duro y nos recuerda que hay cosas urgentes por atender, que hay expectativas altísimas por cumplir y que el cambio no es automático aunque sea el deseo más grande que se pueda tener.

    El país ha visto, a tan solo una semana de un histórico y rotundo triunfo, cómo ciertos debates insignificantes y comentarios apresurados o descolocados, han copado la opinión pública. Lo primero que la gente concluye es que no votó por escuchar a uno u otro diputado diputándose una silla presidencial en el Parlamento, sino porque 1) está en contra de Maduro; 2) quiero que se solventen sus problemas; y/o 3) quieren que quienes nos gobiernan se vayan pronto.

    Pensar que la gente votó por ver a los partidos políticos pelearse por cargos dentro de un Parlamento que debería ir reflexionando sobre los durísimos retos que le vienen, es subestimar al electorado que drenó su frustración y sus preocupaciones en la confianza a una alternativa distinta.

    La campaña de la Unidad fue superior a la del PSUV en muchos sentidos. El problema es que haber hecho de una campaña parlamentaria, recordando el rol de un diputado, como si fuera una campaña presidencial, tiene grandes costos a nivel de expectativas. La gente no entendería cómo habiendo votado por el cambio, Maduro y su régimen podrían estabilizarse, por ejemplo.

    Hay muchos riesgos, incluso de cara al 5 de enero. Que la oposición controle la Asamblea Nacional no hace que el PSUV deje de gobernar, a menos que esa nueva AN busque los caminos constitucionales para acelerar la salida de Maduro y hacer que la Unidad alcance una nueva victoria electoral presidencial, cuando corresponda.

    Por el contrario, pretender que Maduro llegue al 2019, después de ser el gran culpable de la crisis junto a sus séquitos, no sólo es una bofetada para los que creyeron en el cambio, sino que le dan la razón a él de hacer corresponsable a la oposición de la crisis, y justificando su “atadura de manos” a un parlamento que le niega todo.

    Pretender cohabitar con el responsable de la tragedia es sinónimo de darle estabilidad. Pretender solucionar la crisis económica por medio de correctivos sin antes corregir el mal mayor que es el régimen político, es hacer que la percepción del régimen mejore si así lo quieren. Incluso, controlando ellos el Ejecutivo, cualquier decisión que tome el Parlamento puede ser saboteada porque su intención es generar crisis. Entonces ¿hacia dónde vamos con la nueva mayoría? ¿a convertirnos en minoría, absorbidos por la dinámica de poder mafioso que hoy nos cubre?

    Algunos ya se aproximan a decir que están listos para ser presidentes, otros andan peleándose por la presidencia de la AN, otros andan ya haciendo planes para ser alcaldes, cuando todo eso se vuelve insignificante ante la vorágine que representa la urgencia de un cambio para concretar estas cosas. Dejar pasar el tiempo sólo nos podría hacer cómplices del desastre.

    El país requiere menos leyes y más sensatez. Venezuela necesita de todos los liderazgos responsables, que no develen qué harán, pero que entiendan el mandato que la gente les dio como representantes. La nueva AN no necesita tutores que le digan qué hacer, sino la conciencia suficiente para avanzar, con urgencia, hacia la Transición. No habrá debate democrático posible sin avance hacia la democracia.

    Mientras unos señalan a otros, obviando hechos más significativos, quienes están en el poder de verdad se burlan, siguen adelante y son más peligrosos. La gente no votó por maquinarias o por partidos; la gente votó porque quiere estar mejor. No los hundamos en más frustración.

    No hagamos de un triunfo histórico, una exigencia histérica de gente decepcionada. No hagamos que los que, viniendo del chavismo, vieron en nosotros un cambio, crean que era mejor estar con quien lo humillaba. No provoquemos que nosotros mismos cuestionemos nuestras decisiones, dudando de las capacidades de nuestros líderes. El sentido de oportunidad hoy, más que nunca, se vuelve imprescindible.

    No es tiempo de improvisar, no es tiempo de pescar en un río tan revuelto como el que representa Venezuela. No es tiempo de jugar posición adelantada. No nos desgastemos en una carrera a destiempo.

    Twitter: @Urruchurtu

  • ¡No empecemos mal, por favor! – Pedro Urruchurtu

    ¡No empecemos mal, por favor! – Pedro Urruchurtu

    Contra todo pronóstico las fuerzas democráticas de Venezuela alcanzaron un triunfo contundente. La inmensa mayoría de los venezolanos dijeron a viva voz que quieren un cambio y, además, están dispuestos a defenderlo. Con el logro de una mayoría calificada, hay mucho por pensar y hacer. Pero seamos realistas: no podemos empezar mal.

    Ni Maduro ni su régimen son democráticos, ni el CNE es ahora imparcial, ni la justicia está ciega, ni la persecución ha cesado. Mucho menos han terminado las violaciones a los derechos humanos, ni la crisis económica se ha solventado, ni las balas han dejado de gobernar. Maduro sigue siendo Presidente y, utilizando las palabras de los propios derrotados, la oposición debe saber administrar su victoria, pues el Estado mafioso, débil por demás, sigue de pie. Aún falta mucho para el 5 de enero de 2016 y ellos tienen todavía el poder absoluto.

    Las elecciones del 6 de diciembre y sus resultados no pueden servir para avalar la impunidad y el olvido de crímenes y delitos. Tampoco puede ser excusa para darle estabilidad a quienes claramente deben irse. La inmensa mayoría de votos tienen un dictamen claro: deben dejar el poder; y la mayoría de curules obtenida también da un dictamen claro: deben hacer que se vayan lo antes posible.

    Estamos bajo un régimen que llevó a Venezuela a su peor crisis histórica. Pretender que deben gobernar hasta el 2019 es, cuando menos, una irresponsabilidad. Pretender cohabitar, siendo mayoría, es concederles la razón y legitimar sus abusos frente a millones de venezolanos. Una mayoría de tal magnitud no debe ser cómplice de una minoría corrupta que está atada a todo aquello que ha llevado a nuestro país a la más cruel ruina. Cohabitar teniendo nosotros la mayoría es convertirnos en la minoría sumisa del poder.

    Pero tampoco la victoria opositora puede significar la adjudicación de triunfos individuales partidistas que pretendan hegemonizar una visión que el resto de los opositores no compartan, ni decisiones de lo que la mayoría del país votó como señal de cambio. No es momento de interpretar el cambio desde un partido, sino desde la inmensa cantidad de venezolanos que sencillamente claman una cosa que da paso a todas las demás: libertad.

    Una mayoría que no sepa llevar adelante el mandato que le fue otorgado puede terminar legitimando todo aquello por lo cual luchábamos en contra. El mundo debe entender que esto no se trata de una fiesta democrática, que el hecho de que haya ganado la oposición (porque realmente no había otra opción posible, salvo la del fraude) no significa que Maduro y sus séquitos no deban pagar por sus delitos y no significa que las cláusulas democráticas en materia de defensa de la democracia no deban ser activadas.

    Por el contrario, podríamos estar al borde una ingobernabilidad que entre represión y mayoría opte por la violencia y el descrédito, pues claramente es la única arma de quienes están en el ejecutivo. Afortunadamente quienes nos acompañaron desde el exterior, entre ellos seis expresidentes, claramente saben lo que ocurre y seguirán siendo vivas voces de nuestra lucha, pero no es suficiente. Aunque el mundo esté cambiando su percepción hacia Venezuela, hay que continuar denunciando lo que ocurre.

    Tampoco es momento de señalar a quienes siguieron principios y valores claros, apoyando a TODOS los candidatos de la Unidad pero también a aquellos que eran cónsonos con el espíritu que la nueva Asamblea Nacional debía y debe tener. Apoyar cogollos, candidatos importados, imposiciones de gente que se cree dueña de estados y luego acusar a quienes no se hicieron cómplices de eso, es bajo e irresponsable. Es dividir bajo la falsa idea de la división contraria, es pretender romper y excluir a voces duras, contundentes e importantes en un momento en el que todos son relevantes y necesarios. Es copiar al calco lo que el chavismo hace, pero desde la oposición.

    Ya escuchamos a algunos voceros decir que la violencia fue derrotada y que se demostró que un régimen no democrático se puede derrotar democráticamente. A esos voceros, que además fueron y han sido poco solidarios con los presos políticos y con los fallecidos, ignoran que gran parte de la debilidad y el costo político para Maduro y su régimen se debió a la represión y a la persecución política que las protestas generaron. Quizá de haber seguido en la normalidad apaciguada, otra realidad estaría presente hoy. La falta de solidaridad es un mal augurio para una mayoría parlamentaria.

    Hemos dado un paso importantísimo en la reconquista de la libertad. Hemos entendido la importancia de hacernos respetar. Es momento de que nuestros representantes también lo entiendan. La nueva Asamblea Nacional debe encaminarse, sin lugar a dudas, hacia la transición a un régimen verdaderamente democrático, no uno de coexistencia entre demócratas y no demócratas. Si quienes han abusado del poder quieren ser parte del juego, que sea desde la democracia y no desde una suerte de bipartidismo “PSUV-MUD”, que sólo sirva para debatir y distraer la crisis.

    Este régimen está débil, es autoritario y es mafioso. Ahora transferirán parte de su ineficacia e ineficiencia a un parlamento que lo controlará. Es una especie de fiera herida, que usará todo su poder previo a la entrega de la AN, y luego se victimizará atándose de manos y acusando a los demás, como siempre hace, de sus fracasos. Por lo tanto, no es momento de salvar a quien debe irse. Es momento de comenzar a discutir, en serio y con todos, absolutamente todos quienes son parte de  las fuerzas democráticas, estén en la Asamblea Nacional o no, cuál es el camino más expedito para la salida del régimen. Todo lo que escape de ello, será estabilizar la tragedia.

    Debemos reconocer a los candidatos electos y su trabajo, a los perdedores y su esfuerzo,  a los inhabilitados que pese a eso se olvidaron de un cargo y recorrieron todo el país en apoyo de los candidatos, sorteando cualquier clase de atropellos y traiciones dentro del propio seno opositor, a los que estuvieron detrás de cada minuto invertido y, por supuesto, a la inmensa mayoría que habló con firmeza y que defendió su voto hasta el final. Es el momento de que los liderazgos hablen desde la mayoría que somos, que actuemos en consecuencia; es momento de que seamos más.

    Que no sirva esta elección para lavarle la cara a Maduro frente al mundo; por el contrario, que sirva para que la careta de demócrata más nunca se la pueda poner.

    Será tarea de la nueva Asamblea Nacional enrumbar definitivamente el cambio o, por el contrario, anclarnos en el pasado en nombre de un “cambio” gatopardiano. Será tarea del nuevo parlamento guiar al país hacia un nuevo sendero o hacia la tiniebla. Lo primero que deben entender es que Unidad no es unanimidad, que todos son necesarios y que dimos el primer paso para afianzar el cambio confiando en que nuestros representantes harán lo propio… ¡No empecemos mal, por favor!

    Twitter: @Urruchurtu 

  • Venezuela vale la pena – por Miguel Velarde

    Venezuela vale la pena – por Miguel Velarde

    El domingo la esperanza derrotó al miedo

    Si algo quedó claro en las elecciones legislativas del domingo, citando a Victor Hugo, es que no existe nada en el mundo más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo. En el caso venezolano, más que una idea era una aspiración, porque quienes vivimos en este país no solo queríamos un cambio, también lo necesitábamos.

    La apabullante ventaja de votos que obtuvo la oposición complicó los planes del chavismo, pero no fue lo único. También lo hizo el hecho de que quienes en algún momento apoyaron ese proyecto, encontraron en las elecciones un momento ideal para demostrar su hartazgo ante el abuso, el chantaje y la mentira. Los venezolanos no votaron solamente por una nueva Asamblea Nacional, ni siquiera contra un gobierno, sino también por el cambio de un modelo que fracasó y en el que hoy muy pocos creen.

    Los ganadores tienen una gran responsabilidad en sus manos, porque no es fácil ser mayoría desde la oposición. Menos aún cuando todo parece indicar que la aceptación de la derrota por parte del gobierno no significa que hayan comprendido el mensaje de los ciudadanos. Resulta casi imposible entender que cuando la gran mayoría del país votó contra ellos, la respuesta sea “profundizar la revolución”.

    Sin embargo, la oposición también debe leer con claridad el resultado. Son muchos los que no votaron por un liderazgo concreto o por un proyecto –hay quienes ni siquiera sabían el nombre de su candidato- sino contra un gobierno caracterizado por la corrupción y la ineficiencia. Mucho cuidado con los partidos que crean que los votos son suyos, porque se equivocarían rotundamente. Ahora, más que nunca, se necesita grandeza del liderazgo opositor.

    El domingo la esperanza derrotó al miedo. No es poca cosa, porque esta última había sido la herramienta más efectiva de un gobierno que buscó por todas las vías arrodillar al ciudadano. Ni siquiera con el dominio total de las instituciones del Estado, el control hegemónico de los medios ni abusando de los recursos de todos los venezolanos, pudieron doblegar el espíritu de lucha del venezolano.

    Hoy, Venezuela ya cambió. Que nadie se equivoque, será un cambio doloroso, que va a requerir mucho esfuerzo, sacrifico y compromiso. Pero será también un cambio histórico, fruto de la convicción de una sociedad que se dio cuenta de que no ha perdido la capacidad de soñar.

    Como no podía ser diferente, la Venezuela decente no se cansó ni se rindió. Ahora comienza la lucha por la reconstrucción del país.

    No será fácil, pero será posible, porque Venezuela vale la pena.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Por Quién Votar este 6D – Por José Vega

    Por Quién Votar este 6D – Por José Vega

    Cuando hace unos meses le dije a mi padre,  que me incorporaba a trabajar en la campaña de Eduardo Gómez Sigala para que sea reelecto como Diputado a la AN, me dijo:»hijo escogiste bien, él es un buen hombre, un hombre bien formado y capacitado para asumir cualquier responsabilidad de cara a servir a Venezuela».

    De éstas palabras de mi Padre, la que más se me quedó es la de «buen hombre», y es que, como ha dicho Enrique Aristeguieta,  quien fuera miembro de la Junta Patriótica que luchó contra la dictadura de Pérez Jiménez en 1958, «este no sólo es un mal gobierno,  este es el gobierno del mal». Y como al mal se le enfrenta con el bien,  en estas horas menguadas, Venezuela necesita hombres de bien como Eduardo.
    Pero es que adicionalmente como bien dice mi Papá, Eduardo es un hombre bien formado y ello es una condición indispensable que debe tener cualquier ciudadano que opte a un cargo de elección popular.

    Llevamos años escuchando, que llegamos a donde llegamos por la mediocridad de muchos de quienes asumieron responsabilidades sin estar preparados para ejercerlas. La crisis actual es producto de una gestión, que a manos de mediocres militares acompañados también por impresentables civiles, sumieron a nuestro país en el peor  caos jamás vivido.

    La nueva Asamblea Nacional está obligada a ser el espacio al servicio de la transición hacia la recuperación de la libertad, hoy conculcada por éste régimen y para ello es fundamental llevar a hombres y mujeres que puedan poner al servicio de la nación su experiencia acumulada a lo largo de su desempeño como ciudadanos y profesionales.

    En este sentido, Eduardo Gómez Sigala en su condición de hombre ligado a los sectores productivos del país, que han generado a lo largo de muchos años fuentes de empleo y bienestar a miles de familias venezolanas, así como una dilatada experiencia en el campo gremial a través de su paso por Conindustria, CAVIDEA, Cámara de Comercio y que sumado a su experiencia en el servicio público desde muy joven como Concejal y estos últimos años en la Asamblea Nacional, reúne sin duda, las condiciones para ser un digno y muy útil representante de los larenses en el nuevo Parlamento.

    Además, si algo ha caracterizado a Eduardo, ha sido su coherencia y constancia en lo que a confrontar de una manera firme a este régimen, se refiere. Y destaco esto, porque  los aún difíciles días por venir en el país, no nos permiten que llevemos a la Asamblea Nacional a personas que nos siembren  un gramo de duda, motivada por actitudes ambiguas al momento de fijar postura ante quienes hoy ocupan el poder.

    En el circuito tres del Estado Lara ganaremos los opositores, de eso no hay duda. Pero así como resulta inadmisible aquello de “ganar como sea”, tampoco podemos votar por quien sea. Por ello debemos no solo conformarnos con votar sino también con ELEGIR, y por eso te invito a que elijamos a los mejores y con toda responsabilidad te pido tu voto para Eduardo Gómez Sigala, un larense con dos condiciones para mí fundamentales como lo son la valentía y los valores democráticos.

  • El error – Por Pedro Urruchurtu

    El error – Por Pedro Urruchurtu

    Un montón de veces he escrito sobre lo que creo es la naturaleza del régimen: una dictadura. Por lo tanto, describo el proceso electoral de este 6 de diciembre como elecciones en dictadura. También he dicho de lo que el régimen es capaz; sostengo que la violencia es provocada por ellos porque son sólo ellos quienes tienen la fuerza para aplicarla. También he afirmado que en 17 años nunca les ha hecho falta mostrar su verdadero poderío –y no me refiero a lo militar sino a los grupos que ellos se han encargado de armar– porque han podido manejar las situaciones de riesgo presentadas, llegando a aplicar selectiva y parcialmente ese poder que tienen reservado para cuando de verdad toque “defender la revolución”, lo que queda de ella o a sus jerarcas.

    Queda muy claro que esto no es un régimen democrático; por el contrario, es un régimen autoritario, con rasgos totalitarios, de corte militarista y mafioso. Por lo tanto, sus pactos, alianzas y formas de mantenerse en el poder responden a negocios y actos que son más oscuros que una misma tiniebla.

    Suponer que entregaran por vía democrática lo que ellos no ven como democracia, salvo para legitimarse por vía electoral, es un acto de ingenuidad. Pero allí entra el error de ellos: si usted dice ser demócrata ante el mundo, no puede andar vociferando por todas partes que va a ganar como sea; no puede andar promoviendo violencia y no puede hacerse de la vista gorda cuando precisamente hay violencia en casi todos los actos opositores e inclusive muertos. La única forma, en este contexto, de reconocer una victoria opositora sería la de lavarse la cara ante la comunidad internacional, pulir el falso disfraz demócrata y aliviar tensiones.

    Probablemente muchos me dirán que es un régimen al que no le importa lo que piense el mundo, que no tendrían problemas en aislarse, que habrá nuevos aliados que apoyen sus patrañas, en fin, los sospechosos de siempre al rescate. El asunto es que si de algo se ha valido el régimen históricamente es de su imagen y reputación internacional… ¿Están dispuestos a perderla?

    Todo apunta a que “como sea” se pondrán en evidencia: si ganan, quedarán en evidencia ante el mundo con la magnitud del fraude; si pierden, pues el mundo entenderá que las cosas están cambiando. Ahora bien, salga sapo o salga rana, el mundo también ve cierta inconsistencia entre decir que la revolución va ganando y lo hará de manera pacífica y ver que el régimen amenaza por doquier.

    No quiero decir que no sean capaces de hacer cualquier cosa; lo que quiero decir es que eso tendría un costo enorme para un país que depende de importaciones, del petróleo y de un liderazgo escurridizo que ni siquiera Maduro fue capaz de sostener. Si están dispuestos a asumir ese costo, pues no tendremos más opción que prepararnos para ello. La oposición no puede seguir subestimando cada una de las amenazas que emanan de quienes se saben perdidos electoralmente pero que están aferrados al poder, porque saben que entregarlo no sería más que su final.

    El 6D marca un punto de inflexión, para bien o para mal. Venezuela cambia sí o sí, para peor o para mejor. Hay sólo dos opciones: radicalizar la revolución, como sea, o encaminar el cambio, pase lo que pase. De aprender de nuestros errores y de capitalizar algo de los errores del régimen, dependerá una victoria política que siga a una eventual victoria electoral.

    El régimen está más errático que nunca y no porque quienes gobiernan tengan miedo, ya que el miedo precisamente ha sido su forma de mantenerse en el poder. Están erráticos porque saben lo arriesgado de sus habituales jugadas y porque no cuentan con el sólido apoyo internacional que antes tenían y que les facilitaba legitimar cualquier acción. Allí la oposición tiene una gran oportunidad de cara al mundo.

    Este domingo se deciden muchas cosas, pero independientemente del resultado numérico electoral, lo que importa es quién se va a imponer para obtener una victoria política. De nada sirve que la oposición gane si no cobra políticamente su triunfo y se enfrenta al “como sea”. Eso es lo que nos ha faltado como alternativa y de no entenderlo, seguiremos en el mismo juego: el del error.

    Twitter: @Urruchurtu

  • La crisis en un pendón – Por Daniel Merchán

    La crisis en un pendón – Por Daniel Merchán

    Venezuela pasa por uno de los momentos más complejos de su historia, el descalabro económico, el desajuste moral y el desfase institucional han hecho mella en la esencia de un país que otrora era visto como uno de los ejes democráticos del continente, ahora que nos encontramos en campaña electoral camino a los comicios del 6 de diciembre para elegir una nueva asamblea nacional, esas deficiencias cobran vida en lo que podría ser lo más cercano a la definición de una república bananera.

    La crisis tiene muchas vertientes, bastante visibles además, un mundo que mira con asombro a una nación petrolera incapaz de producir alimentos, que mantiene a la gente en colas inclementes bajo el castigo de la lluvia y el sol para obtener un medicamento o un producto de la cesta básica, que hoy cuesta más de 7 salarios mínimos, un país donde la inseguridad hace caer las vidas de más de 25000 venezolanos anualmente bajo el manto oscuro de la violencia, entre ellos casi semanalmente los escoltas de los jerarcas del gobierno que ni se inmutan ante esta cruda realidad, desgraciadamente el resto de la población no tiene ni un guardaespaldas, un país de hospitales en ruinas, un país que pierde sus fronteras y vive bajo estado de excepción permanente, un país sin inversión y de empresas asfixiadas, un país sin educación y con universidades sobreviviendo con las uñas, un país sin luz, sin agua, sin calidad de vida, un país que dejo de serlo para convertirse en un destino que muchos borraron de su agenda.

    Pero como dijera uno de esos personajes de nuestra trágica historia reciente, “el show debe continuar” y el carnaval electoral trajo consigo nuevas promesas de avance y desarrollo por parte de quienes han mantenido el poder a golpe y porrazo durante las últimas dos décadas, hoy lucen sus caras en un festival de pendones en calles y avenidas, vallas gigantes, murales, comerciales de tv y radio, banners en paginas y volantes con material de revista en un país sin papel para la prensa, cada pendón solo por colocar un ejemplo tiene un costo de 4000 bolívares, sacando la cuenta hay hasta 2 salarios mínimos en cada poste de las ciudades, pues los camiones del gobierno se han dado a la tarea de instalarlos individualizados por candidato y por ambas caras de la calle en las que se les visualiza, puede haber hasta 4, 5 o 6 de la alianza oficialista cada 15 o 20 metros, ciertamente este es un país acostumbrado a los excesos, aunque esa ya es una palabra poco representativa para lo vivido en la Venezuela “socialista”

    El 6 de diciembre es una de esas fechas que trazan el punto de quiebre en una sociedad, esta vez lo es para Venezuela, no se trata de elegir a unos cuantos parlamentarios por razones meramente personales o de conveniencias políticas, se trata de dar un paso al frente para recuperar la estabilidad, el futuro y la democracia, la posibilidad de que tantos venezolanos regresen, de generar condiciones para el empleo, de auditar al gobierno y mejorar la calidad de vida, de enrumbar las estrategias económicas, de regresarle a Venezuela su lugar como referente de hospitalidad y desarrollo ante el mundo, en fin, la oportunidad de atacar la corrupción e investigar los escándalos a los que nos tienen sometidos una cúpula envilecida por el poder, esos que ya solo dan la cara en pendones y mercadeo publicitario, pero que no son capaces de saludar en las colas, de enfrentar el crimen organizado, de dar garantías de salud a los enfermos, los que se esconden detrás de una popularidad ajena, vencida y caduca, los que se dicen del pueblo pero hace rato no se les ve padeciendo junto a el los males de su gestión deficiente, frente a todo eso hay una opción, una salida del precipicio, la unidad de todos los venezolanos, que se escribe con la convicción de ir a votar y defender su decisión en cada localidad del territorio nacional, la que se expresa en la necesidad de cambio que entre todos construimos como la mayoría que somos, para iniciar la transición definitiva  hacia una sociedad de paz, de transparencia, progreso y verdadero protagonismo ciudadano.

    Twitter: @Daniel_Merchan 

     

  • Venezuela sin huevos – Por Miguel Velarde

    Venezuela sin huevos – Por Miguel Velarde

    Toda la sociedad debería estar conmocionada

    Jueves de la semana pasada, los mercados y supermercados del país amanecieron con colas incluso más largas de las que ya estamos acostumbrados. El motivo fue el anuncio que había hecho el vicepresidente de la República, Jorge Arreaza, en el que informaba que el precio justo del cartón de 30 huevos sería 420 bolívares, producto que hasta ese momento se estaba vendiendo en 1.200 bolívares.

    La primera reacción de la gente ante un anuncio como éste es correr emocionada a adquirir lo poco que pueden comprar con salarios que se les escurren entre los dedos, en el país con la inflación más alta del mundo. Sin embargo, la reacción de los que conocen mejor el mercado es totalmente diferente. Varias voces del sector productor de huevos afirmaron que esa decisión del gobierno era imposible de cumplir porque ese monto no cubre ni siquiera el costo de producción de los huevos.

    Uno de ellos contaba que tiene 300 gallinas ponedoras que se comen un saco diario de alimento, ese saco cuesta 4.500 bolívares. Esto significa que semanalmente, nada más en alimento para las gallinas, debe invertir 31.500 bolívares, y así tener una producción promedio de 270 huevos diarios, porque no todas las gallinas ponen siempre. Su producción diaria es de nueve cartones de 30 huevos cada uno, lo cual totaliza 63 cartones semanales que hasta ese momento requieren una inversión de 500 bolívares por cartón. Es decir, solo producirlos cuesta más que el precio que hoy están obligados a cobrar. ¿Quién va a trabajar para perder?

    Cada vez es más evidente que los controles solamente generan más controles y con eso un interminable círculo vicioso de destrucción del sector productivo y de la economía nacional. Esto solamente puede tener dos resultados: que la próxima medida del gobierno sea ponerle un “precio justo” mucho más bajo al alimento para las gallinas o, lo que ya está empezando a ocurrir, que no se encuentren más huevos en los mercados de Venezuela.

    Todo esto sucedía el mismo día en el que los medios de comunicación del mundo estaban enfocados en otro tema: el escándalo que se generó por la detención de dos familiares de la pareja presidencial con cargos de narcotráfico y su extradición a los Estados Unidos.

    Quienes fuera del país no conocen a profundidad el drama que se vive en Venezuela, quedaron perplejos ante una noticia como ésta. Sin embargo, debido a que no es la primera acusación de este tipo contra figuras muy importantes del sistema de poder venezolano, para muchos solo es una pieza más de un rompecabezas muy complejo.

    Por eso no deja de sorprender que ante un escándalo de tal magnitud, algunas voces opositoras se escuchen tan tímidas. Una pedía “explicaciones” y otra que la actual Asamblea Nacional “investigue”. Ambas, está demás decirlo, perdían el tiempo y no leían correctamente el impacto de este hecho. En un país normal, la reacción de la oposición hubiera sido mucho más firme y las consecuencias inmediatas mucho mayores. Toda la sociedad debería estar conmocionada.

    Ni qué decir de la gran mayoría de los medios de comunicación nacionales. Su estruendoso silencio lo que da es pena. Ellos, los “comunicadores” del país, están escribiendo una de las páginas más oscuras en la historia del periodismo venezolano, en la que serán actores principales de una trama de vergüenza y complicidad.

    Parecen dos temas compleméntenme ajenos los mencionados en esta líneas. Puede que lo sean, pero tienen un lugar común. Como consecuencia de las insistentes y fracasadas medidas de controles de un modelo económico inviable, pero también debido a una inexplicable parálisis de quienes deberían liderar la lucha de los demócratas en el país y de los ciudadanos en general, en el país pasa de todo pero nunca pasa nada.

    Eso solo puede explicarse porque hoy vivimos en una Venezuela sin huevos.