Categoría: Opinión

  • Dilemas del país de las frustraciones – Por Daniel Merchan

    Dilemas del país de las frustraciones – Por Daniel Merchan

    Si algo resume a la Venezuela de hoy es la palabra frustración, contradictorio considerando que es el mismo país que por años batió varios records guinness de felicidad, pero que ahora tiene casi 2 millones de venezolanos en el exterior, el mayor éxodo de su historia, pues la calidad de vida es un concepto que hace tiempo no se hace presente en las calles de la pequeña Venecia bautizada por Vespucio.

    Se podría decir que en los últimos años varios países latinoamericanos encontraron formulas atractivas para la comunidad internacional. Chile y Perú se transformaron en modelos de crecimiento económico, México centralizo la puerta de entrada para las grandes multinacionales a latinoamerica, Colombia genero una nueva política de seguridad y educación que transformo a varias de sus ciudades en iconos de cambio, Brasil pese a su crisis institucional se mantuvo cono un mercado efervescente junto a otros estados en la iniciativa BRICS. Sin embargo, hay otro tanto de países que se alejaron del desarrollo y se sumieron en la oscuridad de la corrupción y modelos envejecidos, que ya tuvieron su paso fallido por la historia contemporánea.

    Venezuela es el mayor ejemplo del alejamiento de las oportunidades. Un país donde ser emprendedor es toda una odisea, en el cual se requiere la burocrática cifra de 17 trámites para abrir una empresa, que luego deberá someterse a una ley de control de precios, a la inexistencia de divisas para las importaciones y a la amenaza mas que segura de una expropiación si no le sigue el ritmo a los cambios repentinos gubernamentales. Pero esto no es todo, adicionalmente los venezolanos estamos en medio de un gigante desfase económico que alimenta la mayor burbuja inflacionaria de su existencia, montada en olas de 500% en 2016 y proyectada a ser un Tsunami en 2017 superando la barrera de 1300%, 4 dígitos devastadores para cualquier sociedad según los cálculos del FMI.

    Como si esto no bastara, la nación sudamericana y caribeña, depende en un 96 % de sus ingresos de la actividad petrolera, venida a menos en la comercialización del barril OPEP y sin poder ajustar su aparato productivo nacional a corto plazo. Aun así, le faltan ingredientes a la receta de la catástrofe, es el país americano con mayor rezago en materia de combate a la corrupción en los mapas de transparencia internacional. Es por una gran distancia el territorio más violento en el ámbito de la inseguridad personal en todas las mediciones de la región. También está al margen de las evaluaciones en materia de derechos humanos, esta vinculado a la persecución a la prensa libre, y los desastres naturales han llegado como último signo de la anarquía, períodos extensos de sequía que han ocasionado la mayor crisis eléctrica conocida por sus habitantes, donde como si se tratara de una choza internada en la selva, los grandes urbanismos del país sufren cortes diarios de luz por 4 horas y a veces más. Esto detiene la ya mermada capacidad operativa de comercios, centros educativos, telecomunicaciones y otros rubros estancados en la crisis.

    Todas las naciones llevan una marca, la Venezuela actual tiene la del país de las frustraciones, emblema duro para llevar sobre sus hombros, y que rompe el paradigma de aquel oasis de esperanza y nuevo comienzo que alentó a una buena parte de la migración europea y propiamente sudamericana, para tomar rumbo a la tierra de Bolívar durante el siglo XX, como manera de encontrar la felicidad anhelada. No era el sueño americano, era el sueño venezolano que recorrió el planeta entero. Ahora bien, si los jóvenes han optado por dejar atrás sus frustraciones para conseguir donde alcanzar sus sueños, la realidad tampoco debe ser tan desilusionante, ya que si bien el panorama no pinta en positivo, también puede variar, pues más del 75% de las personas que migran de Venezuela han afirmado que  regresarían a su país de mejorar las condiciones. Esto es un dato esperanzador, y que impulsa no la tesis de la fuga de cerebros, sino la de la circulación de cerebro, que están a la espera de volver a su origen para aportar ahora todo el talento y la experiencia recabada en el camino. Sin embargo para que eso suceda, la frustración debe dejar de ser la señal emitida desde la República al norte del sur, y los venezolanos tienen que propiciar su transición definitiva, cualquiera sea la ruta a tomar, para empezar a dar señales de progreso y desarrollo, disminuir los riesgos y representar nuevamente su marcado talante de hospitalidad, confianza y optimismo para avanzar.

    Daniel Merchán M

    @Daniel_Merchan

  • Genéricamente, suyo – Por Luis Barragán

    Genéricamente, suyo – Por Luis Barragán

    Un término cómodo y de usos múltiples, el “capitalismo” se erige como otro de los  espantapájaros que ventila el gobierno para satanizar a la oposición. Dándole cierto toque de vanidosa universalidad a sus inexplicadas e inexplicables propuestas, intenta desarrollar el temor “ideológico” entre los sectores más desinformados de la población, aunque sus propios partidarios no saben responder ante  una sencilla pregunta: ¿simpaticemos o no con la “formación social”, es que provenimos de un desarrollo propiamente capitalista de ya muy agotadas posibilidades en Venezuela?

    Igualmente ocurre con el otro vocablo, “obrero”, útil para adjetivar a Nicolás Maduro, como si fuese suficiente para hallarle alguna prestancia a un gobierno que, en nada, lo es. Valga la paradoja, contrariadas las consabidas tesis para la construcción del socialismo, el actual régimen no sólo ostenta el prolongado y firme rechazo de los trabajadores, cuyas organizaciones más legítimas ha combatido con saña y ferocidad, añadida su proverbial derrota en los ya remotos comicios de la CTV, sino que logró el contramilagro de la desproletarización: convirtió a los obreros calificados en desempleados sumergidos en la marginalidad, con todas las consecuencias del caso.

    La “patria” es otra de las expresiones genéricas que les sirve para atemorizar con el empleo alevoso de la maquinaria propagandística y publicitaria, trastocada toda oposición o disidencia en apátrida, además de capitalista y anti-obrera. Por ironía, censura y bloqueo informativo mediante, este mismo gobierno de más de década y media, ha subastado los más altos intereses del país y será suficiente ejemplificarlo con la injerencia de la dictadura cubana, las concesiones petroleras y mineras que ha tratado de disfrazar, el llamado Fondo Chino, la conducta asumida con Guyana, la fuga delictiva de capitales.

    Recientemente, en un debate parlamentario relacionado con el caso de nuestros presos políticos, escenificado en Iberia, un testigo presencial, el joven opositor venezolano Wilmer Baute, interrumpió al diputado Pablo Bustinduy de PODEMOS, con el grito de “¡Libertad para Venezuela!”. Reflejan las redes sociales que Pablo Iglesias inmediatamente hizo un giro y, con los dedos acentuando sus ojos, respondió: “¡Ya os tenemos fichados!”.

    Quizá Iglesias, por cierto, acusado por el ex – gobernador aragüeño Rafael Isea de la recepción de casi siete millones de euros, por  cortesía de Chávez Frías, ya está hartándose de las protestas que suscita su relación con el régimen venezolano, entre propios y extraños, pero lo cierto es que el “fichaje” constituye una peligrosa abstracción, porque tiene – además del gesto circunstancial en la cámara –  ciertas connotaciones revanchistas y hasta policiales. No quisiéramos pensar que, ayudando al seguimiento y las pesquisas de nuestra embajada en Madrid, es un soplón o informante de las individualidades y organizaciones que, bajo una forzada emigración, no olvidan ni olvidarán jamás a la Venezuela que les duele en lo más profundo del alma.

    @LuisBarraganJ

  • La fatal tolerancia de los oprimidos – Por Anderson Riverol

    La fatal tolerancia de los oprimidos – Por Anderson Riverol

    “La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad.” – Thomas Mann

    La tolerancia a las ideas y pensamientos de nuestros hermanos venezolanos es una postura demócrata que heredamos de los 40 años de la democracia bipartidista. Como muchos recordaran no existía una polarización más allá de la jocosa provocada por los equipos de béisbol “Leones del Caracas” y “Navegantes del Magallanes”, pero todo cambió cuando no pudimos ver lo que en las zonas populares se gestaba con malicia gracias a los movimientos de izquierda, que fue el resentimiento por todo aquello que produce y tiene éxito.

    Con la maduración del resentimiento el ex presidente Chávez se valió del colectivismo para eliminar todo rastro de identidad individual, lo que le permitió crear la sociedad de los que odian y el odio que ese resentimiento significo fue direccionado a los que producen o al éxito, eliminando casi del vocabulario conceptos como “producción”, “propiedad privada” y “meritocracia”.

    La respuesta que quienes pudieron oponerse llego ya muy tarde, y las voces que dijeron alto no fueron suficientes, ya que del mismo lado de los oprimidos en un absurdo ejercicio de suicido social confundido con lo que algunos llaman tolerancia se dedicaron a acusar de radical, incendiario, intolerante e impaciente a aquellos que denunciaban la naturaleza vil, totalitaria y socialista de este régimen que nos ha azotado por tantos años.

    Los universitarios se encerraron en su burbuja que llamaron universidad para luego tener que emigrar en desbandada por no encontrando un futuro en el país o viendo que su seguridad personal era inexistente. Los profesionales o como algunos los llaman “la clase media protegiendo lo poco que el régimen les permitía tener e incentivados con la misión “cadiviaceptaron el bolsa de arepa resignados a la barbarie del atraco y el secuestro, y los empresarios aceptando una culpa que no les corresponde no hicieron nada cuando se implantaba la falsa tesis de la lucha de clases tolerando la acusación infeliz de que ellos eran unos explotadores.

    El tiempo se acabó y la crisis que atravesamos hoy no permite ingenuidades, es el momento de la transición en paz hacia la democracia pero esto debe ser respaldado con un sentimiento de dignidad y constitucionalismo en la calle para acompañar el medio que las elites policías han decidido para salir de maduro (el revocatorio), o para exigir la renuncia del saqueador que se ha enquistado en el poder y ha hecho metástasis en todos los sectores de la sociedad matándonos con una rapidez socialista.

    El insurguir se ha convertido en una situación existencial, la tolerancia no puede ser motivo de que se admita nuestra destrucción moral y civil, además que esa tolerancia es motivo de complicidad cuando personas mueren en las colas creadas por la intervención del Estado en la economía, los ciudadanos son desplazados y masacrados en el Estado Bolívar y el hampa tiene el poder de establecerse como una forma de gobierno.

    Para todo esto hay una salida y es que como ciudadanos consientes nos dirijamos hacia la libertad, cambiando al régimen izquierdista que nos azota, reforzando nuestras instituciones republicanas, respetando y defendiendo los derechos individuales propios y de nuestros conciudadanos.

    El cambio hacia una república liberal democrática es una cuestión de sobrevivencia. Venezuela nos espera, lleguemos a tiempo para hacernos prósperos y libres.

    “No considere a los colectivistas como ‘idealistas sinceros pero engañados’. La propuesta de esclavizar a algunos hombres por el bien de otros no es un ideal; la brutalidad no es ‘idealista’, no importa cuál sea su propósito. Nunca diga que el deseo de ‘hacer bien’ por la fuerza es un buen motivo. Ni la impetuosidad ni la estupidez son buenos motivos”. Ayn Rand.

    @Riverols

  • Desde Alta Mar. Llanto… – Por José Dionisio Solórzano

    Desde Alta Mar. Llanto… – Por José Dionisio Solórzano

    (Puerto La Cruz)-. Salió como todos los días, la tarea laboral de esa jornada parecía la habitual, sin ningún contratiempo, sin ninguna alteración al ritual cotidiano.

    Hizo lo que tenía que hacer, habló, sonrió, conversó y hasta discutió. Todo lo que es enmarcado en un día como cualquier otro.

    Cumplió sus obligaciones, se atascó en el tránsito, se quejó del calor, tuvo que dedicar un par de horas para buscar unos medicamentos que como de costumbre jamás encontró.

    Ya la tarde caía sobre el día. Aquel martes estaba languideciendo, su reloj marcaba las 5:36 minutos de la tarde.

    Fue a visitar a su madre y llevarle unos paquetes de pasta había comprado “bachaqueado” por un 200% su valor real, conversó con ella y la acompañó un rato… Como vemos todo continuaba como era normal.

    Como un asaltante de camino la noche cayó sobre todos. Él decidió que era hora de retirarse de la morada de su progenitora y, como si aún tuviera 10 años y llevase pantaloncillo corto, el hombre de unos 50 años de edad se despide de su “vejecita” con su típico “bendición mamá”.

    Se monta en su camioneta corroída por los años y desgastada por la carencia de repuestos y capital para repararla y enfila batería hacia su hogar.

    El retorno a la casa, siempre placentero, siempre necesario… Pero esta vez las cosas no serían como era usual.

    Llevaba la radio encendida, escuchaba una melodía que abocaba a sus años de mozalbete enamorado, con las ventanas abiertas porque el aire acondicionado desde hace 2 años dejó de funcionar, y su brazo izquierdo extendido hacia el exterior del automóvil.

    Dobló a la esquina, fue disminuyendo la velocidad. Las luces de su vehículo iluminaron la fachada de su casa y apuntaban amenazadoras al garaje.

    ¡Oh! ¡Sorpresa! El portón estaba abierto… ¡Súbito! Una pregunta ¿quién abrió esto? Y rápidamente la repuesta “me están robando”.

    Todo esto transcurrió en un abrir y cerrar de ojos.

    Entre temeroso e indignado el hombre se bajó de su carro. Entró al garaje y vio las secuelas de una vorágine desesperada y enloquecida.

    Trató de llamar a sus hermanos o a los vecinos, pero no podía recordar nombres ni números de teléfono.

    Guardándose su celular en un bolsillo, que parecía que se ocultaba, siguió caminando hacia las profundidades de su hogar hundido en la oscuridad de luces apagadas y bombillos reventados.

    Y lo más sorprendente es que no veía nada, pero absolutamente nada.

    Sus muebles desaparecieron, su cama, sus aires acondicionados, su mesa del comedor, los televisores, lo habían mudado sin previa notificación.

    No podría crear lo que no estaba viendo. Salió raudo a pedir auxilio, pero nadie salió a socorrerlo.

    Dicen los que se asomaron por las ventanas de las casas colindantes que el hombre en su desesperación se arrodillo y lloró como si fuera un niño.

    Sus lágrimas de furia, decepción y dolor humedecieron el suelo. Se prostró completamente, y algunos llegaron a comentaron que lo escuchaban cuando clamaba a Dios por su ayuda.

    Esta es la historia de cualquiera venezolano, en cualquier rincón del país. Este es un relato de nadie y de todos, este es una narración ficticia, pero a la vez sumamente real.

    ​@jdsolorzano

  • ¿Una mayoría de adorno? – Por Pedro Urruchurtu

    ¿Una mayoría de adorno? – Por Pedro Urruchurtu

    Desde esta tribuna siempre hemos sostenido que no puede haber victoria electoral sin victoria política. A pesar del resultado abrumador del pasado 6 de diciembre y del triunfo arrollador de las fuerzas democráticas en esas elecciones legislativas, hasta el sol de hoy no se ha concretado una conquista política.

    Algunos podrán decir que la nueva Asamblea Nacional (AN) ha hecho mucho para sólo tener casi cinco meses de trabajo parlamentario. El cuestionamiento que se presenta en éstas líneas no es sobre ese trabajo, sino que tan suficiente -y eficiente- ha sido.

    En los últimos cuatro meses se pueden contar 11 decisiones que desconocen las funciones y atribuciones de la AN por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Muchos advertíamos que ese choque era inevitable y que, en vista de la derrota electoral que el régimen sabía que le venía, optaría por ganar políticamente actuando con el Tribunal como brazo y, peor aún, iría desmantelando la tarea de la AN.

    En este caso, yo no voy a hacer alusión a los reiterados abusos de un régimen que lleva años actuando así y que está haciendo su trabajo. Me toca referirme al trabajo que nosotros, como mayoría opositora presente en el mayor poder legitimado que existe, como lo es la AN, deberíamos estar haciendo.

    Resulta que creemos que, por haber ganado el Parlamento, estamos en un «laberinto democrático», cuando sabemos bajo qué condiciones ganamos la elección y cuando sabemos que incluso el régimen utilizaría tal resultado para convertirnos en coresponsables de la crisis actual, al igual que lo hace con los ciudadanos.

    También caímos en el mito de que desde diciembre del año pasado es que somos mayoría, porque nos consolidamos electoralmente, cuando sabemos que hemos sido mayoría desde hace mucho y que gran parte de la dirigencia opositora nos ha adormecido en actuaciones de minoría y que siempre reducen todo al voto.

    Yo no dudo del espíritu democrático de quienes dirigen y conforman la AN. El asunto es que esto no es una democracia, y por tanto, actuar en función de los plazos y roles que la democracia demanda en condiciones normales, constituye un grave error.

    Resulta que por esperar y no enfrentar como se debe -y como contrapeso- frente al régimen, nos está haciendo pagar muy caro el triunfo electoral del 6D. No haber designado rápidamente nuevos magistrados del TSJ, no haber promovido rápidamente los mecanismos constitucionales para salir del régimen, no nombrar nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), y sólo responder con reclamos y quejas, como si no supiéramos de lo que es capaz el régimen, es, cuando menos, un gran síntoma de debilidad.

    Resulta, pues, que la AN se ha dedicado a discutir leyes -muchas populistas y demagógicas- que si bien, quizás, serán aplicables en algunos sentidos cuando se produzca un cambio en Venezuela, hoy sólo constituyen promesas vacías y falsas expectativas. Ni hablar de autoridades de la AN que anuncian “tubazos” en redes sociales, como si fueran periodistas, en lugar de avanzar en el blindaje y la ofensiva del Parlamento frente al régimen.

    Mucha gente votó el 6D por una AN que prometía, más allá de la expectante y populista «última cola por comida», una lucha frontal y un cambio en los poderes públicos y de gobierno. Hoy, la gente se está decepcionando, mientras sigue haciendo colas, porque nada de eso ha ocurrido. Tenemos una AN y una gran parte del liderazgo opositor, que lejos de enfrentar, hoy están subyugados y encadenados pidiéndoles a su verdugo que les dé unas planillas para derrotarlo… ¡Insólito!

    Ese no fue el mandato que se les dio en las elecciones. El régimen desconoce ese mandato y parte del liderazgo opositor también, cuando en lugar de promover y organizarse para la salida del régimen, sólo actúan en función de tiempo que sabemos que sólo beneficia a quienes han saqueado física y moralmente a este país.

    Venezuela no aguanta más. Ya contamos nuestra tragedia en vidas y no en días. El régimen avanza contra la poca empresa privada que queda, pretende adoctrinar y militarizar el futuro, hay hambre, miseria y muerte, mientras las mafias siguen saqueando lo que queda de país y riqueza en el arco minero, sin importar a quién se llevan por delante… ¿De qué estamos hablando? El país demanda sensatez y acción. Cobremos de una vez nuestra victoria política y dejemos de imaginar que sólo con una próxima elección de gobernadores y sólo con una nueva campaña, es que tendremos la fuerza para triunfar. De seguir así, ni elecciones ni Venezuela tendremos; nada quedará.

    @Urruchurtu

  • Una gran desgracia – Por Miguel Velarde

    Una gran desgracia – Por Miguel Velarde

    Lo que vivimos no es normal. Esa es nuestra tragedia, porque nunca enfrentamos una situación como la actual.

    Quizá el error más grande que cometimos como sociedad fue asumir que la libertad se heredaba. Que un país como Venezuela, que había sido en la segunda mitad del siglo pasado una luz democrática en la región en medio de tanta oscuridad dictatorial, iba a ser siempre el faro al final del viaje. Nos equivocamos, no nos dimos cuenta de que la libertad se gana cada día, y la perdimos.

    La realidad nos despertó de golpe. Son 17 años de una “revolución” que ha saqueado y destruido al país en nombre de los pobres. Que se ha disfrazado de justicia e igualdad con un discurso populista y vacío. Un proceso que nos ha aislado, y le ha robado el futuro a una generación de jóvenes venezolanos que tiene que elegir entre vivir lejos de su tierra o morir en ella.

    El 2016 tendremos la inflación más alta del mundo por cuarto año consecutivo. Sumada a ella, los niveles de escasez de un país en guerra e índices de violencia sin precedentes. Como si no fuera suficiente, se aplicará un fuerte racionamiento eléctrico de cuatro horas diarias por 40 días. Desde hace meses que sufrimos la falta de agua y por donde se mire hay destrucción. Y mucho miedo.

    Mientras tanto, al gobierno parece no importarle. Están más preocupados de preservar el poder e inventar historias que excusen su ineficiencia. Es un gobierno sin lógica ni ética.

    Nuestra dirigencia opositora también es parte de esta tragedia. No toda, pero la suficiente como para tener atajado ese creciente sentimiento de cambio que arropa a la mayoría de los venezolanos. Algunos, por cálculos políticos mezquinos. Otros, por simple enanismo político.

    Muchas veces la primera víctima en momentos tan difíciles como éste, es la esperanza. La situación es tan crítica que incluso los más optimistas y hasta los cínicos de siempre, no pueden negar que lo que vivimos es una gran desgracia. Y lo que falta.

    Por eso, hoy más que nunca debemos aceptar que hay que ser ciudadanos para poder ser libres. Ese es nuestro gran reto. Darnos cuenta que para salir de esta crisis necesitamos asumir nuestra responsabilidad y dar todo de nuestra parte, dejar de depender de un liderazgo político y entender que el futuro lo construiremos con nuestras manos y con mucho sacrificio.

    Porque Venezuela vale la pena y hoy nos necesita más que nunca.

    @MiguelVelarde

  • De la Ley de Referendos (y la decisión del TSJ) – Por Luis Barragán

    De la Ley de Referendos (y la decisión del TSJ) – Por Luis Barragán

    Aprobada por la plenaria de la Asamblea Nacional y de pronta sanción, como segura promulgación por su junta directiva, la Ley Orgánica de Referendos (LOR) ofrece un rápido y convincente contraste con los instrumentos considerados en el pasado período legislativo. De una precisa fundamentación, clara implementación y necesario lenguaje lacónico, sintetiza un esfuerzo muy superior a la otrora mayoría parlamentaria que improvisó e impuso una normativa todavía inviable y de nítida vocación propagandística, interesadamente equívoca y hasta sintácticamente malograda. Sin embargo, hay dos aspectos de la novísima ley que deseamos resaltar, además de permitirnos un comentario  inevitable  sobre la aún fresca decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que pretende – nuevamente – siquitrillar la voluntad expresada por los ciudadanos en los comicios de diciembre próximo pasado.

    En efecto, por una parte, en el numeral 4 del artículo 4 de la ley referendaria, establece una sabia previsión: “La  reglamentación  de  la  presente  Ley  no  podrá  crear  mecanismos adicionales  a  los  establecidos  en  esta  que  dificulten  el  ejercicio  del derecho  de  participación  política  o  la  activación  o  desarrollo  de  los referendos.  Tampoco  podrán  adoptarse  interpretaciones  regresivas  al derecho    de    participación    política    libre    y    plural.    Toda    norma reglamentaria   será   objeto   de   un   procedimiento   previo   de   consulta pública.  La  ausencia  de reglamentación  de  la  presente  Ley  no  podrá  ser invocada como obstáculo para su aplicación inmediata”-  Y es que, configurando la otra e implícita habilitación presidencial, la anterior Asamblea Nacional prefabricó leyes que, deliberadamente inviables, equívocas y malogradas, abrieron el camino para los excesos reglamentarios del Ejecutivo Nacional, en múltiples materias, y del Consejo Nacional Electoral (CNE).

    E, incluso, permitiéndonos la inelegancia, llamamos oportunamente la atención sobre el problema,  a propósito de la discusión del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura hacia 2013 y, sin que nos permitieran ejercer el derecho de réplica, fue inmediatamente sancionada, resignados a explicar nuestra postura a través de un artículo de prensa. Por consiguiente, las deficiencias legales quedaron a la merced del despacho ministerial correspondiente y, para más señas, por año y medio más no fue debidamente promulgada para luego integrarla a una tardía y expresa delegación legislativa que no la contemplaba.

    Por otra, aleccionados por las nefastas consecuencias que trajo la Lista Tascón y sus posteriores equivalentes, el artículo 37 de la LOR consagra la confidencialidad de la data personal de los peticionarios. La violación del precepto acarrea las naturales responsabilidades políticas, penales y administrativas, arribando a una específica, acertada y deseada concreción legal, aunque el ordenamiento jurídico vigente – sostenemos – permite establecerlas más allá del daño moral y material que sufren las víctimas.

    Finalmente, no sin insistir con la indispensable complementación de una reforma a la Ley Orgánica de los Procesos Electorales (LOPE), orientada a perfeccionar la LOR, como lo planteamos los parlamentarios adscritos a Vente Venezuela, brevemente rechazamos y condenamos la decisión del TSJ orientada a limitar las competencias de la Asamblea Nacional. Compartiendo lo dicho por el colega diputado Carlos Bastardo, ni siquiera tiene autoridad moral el Ejecutivo para autorizar la viabilidad económica de un proyecto de ley y, mucho menos, la competencia constitucional para evitar que la Asamblea Nacional legisle y  controle. Y, lo más grave, anuncia otras maniobras encaminadas al desconocimiento de la inmunidad parlamentaria, pues, hay indicios para intentar relativizarla y menoscabarla, aún sin necesidad de un formal allanamiento, con la idea de facilitar los juicios ordinarios y militares por sendos delitos de opinión.

    @LuisBarraganJ

  • Carta de un venezolano racionado – Por Fernando Marcano

    Carta de un venezolano racionado – Por Fernando Marcano

    Qué difícil es ser venezolano en esta oscura crisis que atraviesa nuestra nación. Más difícil, es serlo en las provincias de nuestro país, donde este régimen se ha afincado con más fuerza y sin clemencia durante los últimos años. No sé si este ha sido el peor momento que hemos atravesado como sociedad a lo largo de nuestra historia republicana, pero ¡carajo! que mal estamos, cómo se han burlado de nosotros, han traicionado nuestra confianza, han jugado con nuestra calidad de vida, se han robado nuestro dinero y nos han hundido en la miseria.

    Qué duro ha golpeado la insensatez en el rostro de nuestra ciudadanía, ver cómo han vaciado los cuentos y las narrativas nuestros bolsillos y aseverar, que la pasividad, ha herido mortalmente la dignidad de toda una nación, que nunca se imaginó, que iba a perder la libertad en manos de aquellos que decían ser la reencarnación de sus libertadores. Qué triste es medir el tiempo en vidas humanas, sentir como se consume un país en la violencia, el narcotráfico, la indecencia y otros vicios que forman parte del ADN de este gobierno.

    Qué complicado es dar los buenos días en Venezuela con el estomago vacío, escuchar a Maduro denunciar que la escasez de alimentos es originada por la única empresa que los produce cabalmente en el país, sin importarle la contradicción, y pidiendo su nacionalización. Qué difícil es escuchar al ministro de defensa, diciendo que las colas son originadas por las mafias privadas de las cadenas de supermercados y centros de distribución, mientras cae otro camión cargado de productos de la cesta básica, manejado por dos sargentos, un capitán y tres soldados. Qué triste  es ver a nuestros niños flacos y a nuestros gobernantes gordos.

    Qué difícil es vivir en una Venezuela oscura, donde se le reza al Gurí diariamente que solucione los problemas de un sistema eléctrico abandonado y ultrajado, mientras que los apagones, son una constante en nuestros días, que limitan nuestra vida y nuestra productividad. Qué difícil es asimilar un racionamiento de cuatro horas diarias por cuarenta días, mientras vemos operaciones con velas, electrodomésticos dañados y carajitos sin ser nebulizado, mientras que en Miraflores excluyen a Caracas, para no ser derrocados.

    Qué lamentable ver la justicia prisionera del delito y los tribunales a merced del hampa en Venezuela. Que injusto que Ledezma, Leopoldo y los estudiantes sigan presos, María Corina perseguida, los crímenes impunes y los asesinos sueltos. Que indignación, que los magistrados, con sus bolsillos llenos y sus togas salpicadas de sangre, acaben con una Asamblea Nacional que es expresión legítima de nosotros, los ciudadanos que gritamos basta. Es triste que aun no se sienten nuestros 112 diputados.

    Qué doloroso es ser joven en un país que ya no da oportunidades, y ver como seguimos siendo apartados de las decisiones de un futuro que muchos ven ya desde lejos. Que difícil, es seguir viendo cómo nuestra sangre sigue siendo abono de la desidia, y nuestra voz sigua siendo escuchada por oídos incrédulos como cantos de sirenas, mientras pretenden castrarnos como la generación pasada y pasarnos la factura igualmente de los errores cometidos.

    Qué lamentable, aceptar que seguimos siendo una historia repetida, una democracia traicionada por la dictadura, una militarismo que no entiende el civilismo, mientras que nos humillan y nos controlan como ciudadanos. Qué difícil es ser en estos tiempos un venezolano racionado.

    @FSMarcano

     

  • ¿Y quién salva a Venezuela? – Por David Marzola

    ¿Y quién salva a Venezuela? – Por David Marzola

    Hoy, a solo pocos días de haber conmemorado una de las fechas más importantes para Venezuela y todas las demás Repúblicas liberadas durante las gestas independentistas. El 19 de abril de 1810, un día donde ciudadanos congregados declararon en Cabildo Abierto la NO aceptación de un régimen impuesto, un régimen que no contaba con el beneplácito de todos los venezolanos, así como tampoco de nuestros hermanos latinoamericanos.

    Un día en el que los ciudadanos en Caracas decidieron formar parte de la historia, comenzando con demandar la RENUNCIA del último Capitán General de la Capitanía General de Venezuela, Vicente Emparan.

    Un día que algunos olvidan la participación de nuestro coterráneo Monseñor José Vicente de Unda, en la firma del acta que inicia la emancipación de Venezuela. Monseñor, quien ostentó el cargo de Vicario del Partido de Guanare, fue un ilustre guanareño, defensor de las causas justas, de la independencia; pero sobre todo de nuestro municipio, al que le entregó su corazón. Y es que así somos los guanareños: nobles, aguerridos, luchadores por las causas justas y amantes de esta tierra.

    Es por ello que hoy, en representación de los ciudadanos de Guanare y de Portuguesa, alzamos nuestras voces y las unimos como se hizo hace más de 200 años en un clamor nacional. Un clamor que nos demanda no dejar de ayudar o rezar por una nación querida como la de Ecuador, un país que hoy en día se ve afectado por un terrible desastre natural.

    Sin embargo, este clamor que demanda ayuda para los hermanos de afuera NO olvida a los hermanos que están acá. Por eso estamos obligados a velar los unos por los otros.

    Vente Venezuela plantea la ética de la urgencia, una ética que busca recuperar un país inmerso en una profunda crisis humanitaria. Una crisis que no fue causada por un terremoto de 7,8 en la escala de Richter, sino que tiene como consecuencia el quiebre moral y ético al que ha sido sometida nuestra población durante 17 años de populismo.

    Un populismo que buscó el impacto mediático de ser «los primeros» en mandar socorro a una nación aliada, pero que se negó al mismo tiempo a darle la posibilidad de ayuda humanitaria a venezolanos que día a día no encuentran cómo salir de esta crisis que nos afecta a todos.

    Un populismo que tiene a nuestros niños recién nacidos y sus madres pasando hambre en hospitales de diversos estados del país. Un populismo que mantiene a nuestros adultos mayores deambulando en busca de medicinas para sus condiciones crónicas. Un populismo que busca comprar aceptación internacional a costa de dejar a merced de la crisis humanitaria a los venezolanos.

    Esto pasa porque es un régimen al que le importan más los costes políticos antes que tomar medidas para resolver los problemas. Un régimen que pretende vivir del discurso para pertrecharse en el poder, sin importarle la vida de cientos de venezolanos. Este régimen se desligó hace tiempo de ofrecernos un futuro para todos y solo piensan en el enriquecimiento de su cúpula corrupta.

    Hoy no podemos quedarnos de brazos cruzados frente al país que se cae a pedazos. Por este motivo uniéndonos al clamor nacional les decimos: No nos opongamos a ayudar a otros países, pero tampoco permitamos que este gobierno que es incapaz de resolver la crisis, que no toma las medidas económicas necesarias para activar la producción nacional y que bloquea la ayuda internacional ofrecida a Venezuela, siga costeando su campaña en la región a costa de nuestro esfuerzo.

    Este régimen debe cambiar y Maduro tiene que renunciar.

    ¡#MaduroRenunciaYA!

    @DavidMarzola

    Vente Joven Portuguesa

  • Del ocurrente perezjimenismo de Nicolás – Por Luis Barragán

    Del ocurrente perezjimenismo de Nicolás – Por Luis Barragán

    Las memorias y cuentas ministeriales pasan por debajo de la mesa, priorizando la sobreviviente opinión pública  otras y más urgentes materias, pues, respecto a aquéllas, las sabe una estafa en un país en el que padecemos una evidente crisis humanitaria.  Por lo menos, las remotas dictaduras guardaban las formas, como – tampoco – se le ocurre hacerlo la actual.

    En días pasados, Maduro Moros se refirió a Pérez Jiménez y, más que una mención de ocasión, apenas despuntó la crasa y desinhibida ignorancia que lo caracteriza. Empero, activista y agitador antes que líder político, valga la presunción, está debidamente autorizado por la vieja literatura de inspiración leninista que le concede una cierta prestancia moral a la mentira (1).

    A modo de ilustración, tenemos a la mano un ejemplar del “Mensaje presentado por el coronel Marcos Pérez Jiménez, Presidente de la República, al Congreso Nacional en sus sesiones ordinarias de 1954” (Imprenta Nacional, Caracas, 25/04/54). Un texto tan expedito, de una economía y sobriedad del lenguaje capaz de intimidar a los hoy gobernantes, comienza concatenándose con los discursos pronunciados en oportunidades anteriores para señalar las varias facetas de la gestión, por cierto, indicando tres agrupaciones de organismos públicos que atienden los problemas (alta política, producción y servicios).

    E, independientemente de las consideraciones de fondo que pueda suscitar el mensaje (2), el contraste es dramático: lo lenguaraz de Maduro cruza las fronteras de la perenne temeridad rayando en la ridiculez, con intervenciones públicas de más de cinco horas en las que recicla las anécdotas; las contradicciones, incoherencias e inconsistencias del discurso, llevan la impronta del agitador supuesta e ideológicamente legitimado que nos arrastra a todos al precipicio de las realidades; ha auspiciado e implementado un complejo de instancias vicepresidenciales que, además de excusarlo para presidir el Consejo de Ministros, merecedor de una nota aparte, duplica innecesaria e inútilmente competencias y funciones que redundan en la ineficacia. Por ello, aún deseando la impunidad de sus comentarios, en sí mismo Maduro Moros es una curiosidad de la historia venezolana.

    Finalmente, hagamos mención del Consejo de Ministros, pues, impedida la prensa de una libre indagación y comprobado por las incontables improvisaciones de sus integrantes, más la demora y los equívocos en las publicaciones de la Gaceta Oficial, dudamos de sus regulares, ordenadas, deliberantes y votadas sesiones. Seguro reflejo de la personalidad del conductor, ha de configurar una instancia para todas las complicaciones también administrativas, quedando las orientaciones políticas para otros canales alternativos de comunicación.

    (1) Por ejemplo, el germano-oriental Georg Klaus escribía por 1971: “… A un agitador socialista que formula una afirmación falsa no se le puede llamar mentiroso. A la mentira no se le puede contraponer la verdad, sino la veracidad;  se trata de una mentira cuando el declarante está convencido de la falsedad de su afirmación; en cambio, hay veracidad cuando el que la formula está convencido de que su afirmación era verdadera”  (“El lenguaje de los políticos”, Editorial Anagrama, Barcelona, 1979: 257 s.).
    (2) Deliberadamente, a guisa de ilustración, citamos una clase dictada por Domingo Alberto Rangel (UCV, 12/04/1962), en la que, siempre confiado en las cifras del Banco Central, como en el presente le alarmaría la retrasada publicación y sospecharía de sus resultados, habla del consumo alimenticio entre 1949 y 1958 (“Historia económica de Venezuela”, Pensamiento Vivo, Caracas, 1962). Obra e, incluso, autor por entonces parlamentario, docente universitario y propulsor de la subversión marxista, francamente desconocido por los actuales asesores de Maduro Moros, coloca un importante acento en un renglón en el que éste, igualmente beneficiario de los más altos ingresos petroleros obtenidos  por Venezuela en toda su historia, exhibe un desempeño incomparablemente inferior al de todos los regímenes precedentes, por lo menos, los del siglo XX.

    @LuisBarraganJ