Etiqueta: velarde

  • Estado de confusión – Por Miguel Velarde

    Estado de confusión – Por Miguel Velarde

    Estamos a poco de cerrar otro año. Aunque parezca mentira, peor que el anterior. Terminaremos el 2017 con males ya conocidos: niveles de escasez de hambre, el salario mínimo más bajo de la región, el valor de la moneda por los suelos y una inflación de más de 1.200%, preludio de una hiperinflación que traería consecuencias devastadoras para la economía.

    A una realidad económica muy compleja se suma una situación financiera aún más. Por primera vez una nación petrolera anuncia su quiebra. La noticia de “reestructuración de la deuda total” dada por el gobierno venezolano hace algunos días conmocionó al mundo financiero que, aunque ya advertía que el caso venezolano era inmanejable, recibió con sorpresa la poca seriedad con la que el chavismo está enfrentando este tema, indicador de que vienen tiempos tormentosos para las finanzas del país.

    Entre todo lo malo, quizá lo más dramático tiene que ver con la salud del venezolano. El hambre con el que muchos se acuestan y las graves consecuencias a futuro de la mala alimentación con la que tantos niños están creciendo son alarmantes. Expertos advierten que las consecuencias físicas y cognitivas para toda una generación serán terribles. La desnutrición es una condena de por vida.

    Pero incluso a corto plazo ya somos testigos de los resultados del colapso de un modelo fracasado: expertos de la Universidad de Carabobo afirman que las numerosas fallas en el sistema de salud público originaron que enfermedades como la malaria, la difteria y el sarampión reemergieran en el país. Esto, en un país que además enfrenta una crítica situación de escasez de medicinas, es la tormenta perfecta para el desastre.  

    Mientras el país se cae a pedazos a nuestro alrededor, nuestras élites siguen mirándose el ombligo. Gran parte de la dirigencia opositora pasa su tiempo pensando en cómo vender un “diálogo” que solo le da tiempo y oxígeno al gobierno y unas elecciones municipales que no son mucho más que un circo. En el que, dicho seo de paso, los candidatos de oposición están haciendo el rol de unos tristes payasos.

    No terminan de entender que si no se cambia el rumbo, en el mejor escenario recibirán ruinas de lo que en algún momento fue un país; junto al repudio y a la condena de millones de personas que no solo la están pasando muy mal, sino que también están cansados de tanto engaño, de lado y lado.

    Los venezolanos están claros, más claros que nunca. Son algunos políticos y sus círculos de influencia los que siguen en un permanente estado de confusión.

  • Las banderas de Ledezma – Por Miguel Velarde

    Las banderas de Ledezma – Por Miguel Velarde

    Es indispensable que exista un liderazgo apalancado en la ética y la dignidad

    Además de un importante líder político, Antonio Ledezma es un buen padre y un buen esposo. Es un buen hombre.

    Con 62 años, para muchos venezolanos el alcalde destituido de Caracas aparenta más edad, quizá por el hecho de que desde muy joven ha estado en el ojo público y la gente siente que lo conoce desde hace mucho tiempo. Fue dos veces alcalde del municipio Libertador y gobernador del antiguo Distrito Federal. Luego, ejerció dos veces como diputado del extinto Congreso Nacional y en 1994 fue elegido senador, siendo la persona más joven en ser elegida para ese cargo.

    Además, fue alcalde mayor del Distrito Metropolitano de Caracas hasta 2015, cuando el 14 de febrero de ese año es encarcelado por haber sido, junto a María Corina Machado y Leopoldo López, líder de las protestas ciudadanas de 2014, y le arrebatan el cargo.

    También fue preso político por más de 1000 días, hasta la madrugada del pasado viernes que se escapó del arresto domiciliario en el que se encontraba y, según él mismo cuenta, después de burlar 29 alcabalas policiales y militares, cruzó caminando la frontera de Colombia donde lo esperaba su libertad.

    A pesar de todo el calvario que él y su familia tuvieron que atravesar, Ledezma nunca vaciló en sus principios y en los motivos de su lucha. Eso es siempre un timbre de honor, mucho más cuando otros están dispuestos a arrodillarse por migajas. Es por eso que se convirtió en un “referente moral” de la lucha que se está dando en Venezuela, como lo afirmó el secretario general de la OEA, Luis Almagro.  

    En una situación tan compleja como la que vive Venezuela, en medio de todo tipo de crisis, la más profunda es la crisis moral. El que existan liderazgos cuyo actuar esté siempre apalancado en la ética y la dignidad, no solamente es importante, sino también indispensable para poder superar la peor tragedia que ha enfrentado la república.

    Los cínicos –infaltables incluso en horas cruciales- dirán que “con ética no se llega al poder”. Es un argumento debatible, pero lo que no tiene discusión es que si se llega sin ética, entonces terminamos donde estamos. Y lo que hoy vivimos no puede repetirse nunca más.

    La causa de Ledezma es la misma que la de la mayoría de los venezolanos: la libertad, la dignidad y la verdad. Es esa que hoy queda en manos de quienes no dejarán de luchar ni un solo día junto a Antonio, que comenzará una cruzada en otras latitudes para que se escuche la voz de los venezolanos y seguramente se convertirá en la voz más importante de la oposición fuera de nuestras fronteras.

    Mientras tanto, acá no debemos perder nunca la convicción de que estamos haciendo lo correcto. A pesar del cansancio, de la desesperanza y de la decepción, no perdamos de vista el norte de una lucha que lleva años.

    Ese norte donde hoy también ondean las banderas de Ledezma.

  • Quebrados – Por Miguel Velarde

    Lo que ocurrió la semana pasada se venía anticipando desde hace mucho tiempo: la admisión de la quiebra financiera de Venezuela, una nación petrolera. En cadena nacional el pasado jueves, Nicolás Maduro anunció que había ordenado que se comience con el proceso de “restructuración” de la deuda total del país.

    Este anuncio fue quizás el más esperado en mucho tiempo en los mercados financieros mundiales. Los actores más importantes de Wall Street y de la banca de inversión internacional coincidían en que la situación venezolana era insostenible y que solo era cuestión de tiempo para que se haga evidente que el país no estaba en la capacidad de cumplir con los pagos de su deuda.

    La economía venezolana se encuentra en una situación deplorable y cada año que pasa es peor que el anterior. En 2016 se contrajo 10%, mientras que se espera que este año lo haga en por lo menos 12%; la inflación de este año superará el 1000% y el próximo año es posible, según proyecciones del Fondo Monetario Internacional, que sobrepase los 2000%; la deuda alcanza los 150.000 millones de dólares mientras que las reservas internacionales son solo 10.000 millones de dólares, el punto más bajo en los últimos 15 años.

    En un contexto como éste, el régimen venezolano buscará reestructurar su deuda. El escenario no puede ser más adverso. No solamente la confianza en la economía y en el régimen venezolano es muy baja, sino que para lograr un canje general se lo debería hacer en una mesa de negociación con actores que están ahora sancionados por el gobierno de los Estados Unidos, lo cual hace cualquier virtual acuerdo mucho más difícil de imaginar.

    Una de las mayores preocupaciones de l dictadura seguramente es PDVSA y sus activos fuera de las fronteras venezolanas. ¿Qué pasaría con ellos en caso de no lograrse un acuerdo de reestructuración? Se abre la posibilidad de un escenario judicial internacional en el que las propiedades de PDVSA –refinerías, por ejemplo- puedan ser sujetas a embargos que no solamente afectarían el funcionamiento de la empresa, sino también las compras de crudo venezolano por parte de clientes que preferirán mirar a otras fuentes de oferta más estables.

    Fue quizá esto último lo que motivó que el régimen, antes de cesar sus pagos, decidiera hacer uno último el viernes por 1.100 millones de dólares correspondientes al bono 2017 de PDVSA. Es lógico pensar que de alguna manera, se buscará dejar fuera a PDVSA del proceso de reestructuración e intentar que no sea objeto de ninguna sanción.

    El caos económico y financiero del país es hoy imposible de ocultar, mientras el régimen sigue buscando culpables imaginarios como, en este caso, un bloqueo financiero internacional “con la complicidad de lacayos locales”.

    La inflación totalmente descontrolada, colas interminables por escasez de comida, medicinas y hasta efectivo, la acelerada pérdida del valor de nuestra moneda y, ahora, la admisión de que el país no está en condiciones de honrar su deuda, son prueba inocultable de una trágica e inédita realidad:

    Estamos quebrados.

     

  • Seamos serios – Por Miguel Velarde

    Seamos serios – Por Miguel Velarde

    El país necesita una nueva coalición que vaya más allá de los intereses de los partidos políticos

    El país amanece, una vez más, atropellado. El resultado de las elecciones regionales a las que la dirigencia de la MUD había apostado la lucha de estos últimos meses no podía ser peor.

    El mismo Consejo Nacional Electoral que desde hace años viene jugando con la voluntad popular de los venezolanos, anunció que con una alta participación de votantes, 61%, el oficialismo arrasó conquistando 17 gobernaciones, mientras la oposición habría logrado solo cinco.

    En un país que pasa tantas necesidades y donde hace mucho tiempo una evidente mayoría se opone al gobierno, este resultado es simplemente increíble. Sin embargo, el mismo evidencia algo que era previsible y fue advertido por un sector de la oposición que exigió no participar de un proceso a todas luces fraudulento: las condiciones no están dadas para ningún proceso electoral que sea confiable.

    No olvidemos que uno de los mandatos del plebiscito realizado el 16 de julio pasado era justamente nombrar nuevos rectores del CNE. La Asamblea Nacional no cumplió y los partidos prefirieron salir corriendo a inscribir candidatos para las gobernaciones. Hoy, todos pagamos caro ese grave error.

    Pero mientras damos el debate político, el drama social es sin duda la variable más importante en esta ecuación llamada Venezuela. El hambre, entre muchos otros, es uno de los síntomas más perversos de esta crisis.

    En un informe conjunto publicado recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtieron que la cantidad de latinoamericanos y caribeños que padecen hambre aumentó 6% en 2016 respecto del año anterior para ubicarse en 42,5 millones de persona. Entre todos los países del continente, Venezuela destaca con los índices más altos.

    Tenemos el penoso privilegio de ser el país que experimentó la mayor alza en malnutrición, al aportar 1,3 millón de los 1,5 millón de nuevas personas con hambre en Sudamérica entre 2014 y 2016 respecto del bienio previo.

    En materia de salud no estamos mejor. El repunte de al menos tres enfermedades infecciosas y víricas en Venezuela ha dejado ver el debilitamiento del sistema sanitario, y especialistas aseguran que la fuerte presencia de difteria, malaria y sarampión, se debe, entre otras cosas, a la poca vigilancia y a la falta de medidas preventivas.

    Estos son solo algunos ejemplos del drama humano que atraviesa Venezuela. Uno que ya es conocido por el mundo entero, pero eso no es suficiente. El reto que tenemos por delante no solo es gigante, sino también urgente.

    El país necesita una nueva coalición que vaya más allá de los intereses de los partidos políticos y que represente a la gente. Una que le hable con la verdad a los venezolanos, que no se sirva de ellos y más bien se ponga a su servicio.

    Se necesita un nuevo liderazgo político, con ética y con valores, para salir de este callejón tan oscuro al que lo han traído. Basta de la política barata; basta de engaños y mentiras por beneficios individuales mientras el país muere de hambre y mengua.

    Ya basta. Seamos serios.