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  • Mérida está lista – Por María Corina Machado

    Mérida está lista – Por María Corina Machado

    Los Andes es una región de Venezuela de la que tenemos mucho por aprender. Se trata de una zona golpeada y humillada por el régimen, y al mismo tiempo es de allí de donde muchas veces surgen las respuestas más vigorosas ante los atropellos oficiales.

    La semana pasada estuve de vuelta allí, y pude sentir de nuevo la misma dualidad que me conmueve, pero a la vez me da esperanzas. La tristeza en los testimonios como el de Irene, una madre campesina que me decía: “Es triste cuando usted tiene a su hijo acostumbrado a un estilo de vida, no de millonario, sino normal, moderado, y mi hija a las ocho de la noche se pone a llorar porque tiene hambre”, sin poder ocultar sus lágrimas. No sin antes agregar que el gobierno, a través de locutores en sus radios de propaganda, dice que la leche de vaca no es necesaria para “los humanos”…

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    Es una burla que indigna y duele.

    Pero al mismo tiempo, caminar por Mérida es sentir la fuerza de los venezolanos que han despertado ante los atropellos y se han rebelado con toda la fuerza surgida de la desesperanza, el dolor y de las más profundas aspiraciones. En El Vigía, Santa Elena de Arenales, Chiguará y Santa Cruz de Mora, donde enormes manifestaciones dejaban claro que el tiempo se le acabó al régimen, y frente a la 22 Brigada de Infantería, junto a las mujeres merideñas, donde hicimos sonar nuestros platos vacíos y levantamos nuestra voz con una consigna firme que nació en la gente: “A juro, a juro, sacamos a Maduro”.

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    Aproveché para desde allá reiterar un mensaje firme a los compañeros de la MUD. Mi llamado es a que le pongamos fecha tope al CNE para la realización del Referéndum Revocatorio este año, y a que convoquemos a la desobediencia civil nacional si para ese día aún no se ha establecido esa fecha. Desde Mérida hice y sigo haciendo un llamado a una profunda reflexión y autocrítica, a que evaluemos si le estamos ofreciendo al país la unidad lo suficientemente amplia que dé respuestas a la crisis, incorporando a todos los sectores del país. Los merideños están clarísimos. La gente en las calles está consciente de la trampa del CNE y saben que la respuesta es una sola: desobediencia cívica nacional.

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    Las tiranías se sostienen cuando el pueblo obedece. Las dictaduras caen cuando los ciudadanos dejan de obedecer. La desobediencia es un acto de conciencia, no de violencia. Llegó la hora de rebelarnos y liberarnos. Mérida está lista. Venezuela también.

    @MariaCorinaYA

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  • Venezuela se rebela, Venezuela se libera – Por María Corina Machado

    Venezuela se rebela, Venezuela se libera – Por María Corina Machado

    Visitar el Táchira siempre es una experiencia especial para mí; es un orgullo y un desafío. Es uno de los estados que ha sido más humillado, perseguido y oprimido, y también donde la gente ha sido más rebelde y desafiante frente al régimen. El Táchira ha sido, muchas veces, la conciencia de Venezuela.

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    El 5 de julio, el día de nuestra Independencia, las mujeres de Ureña se plantaron frente a la barricada de la Guardia Nacional que impedía cruzar el puente Internacional hasta Cúcuta. Cientos de ellas llegaron desde las 5 de la mañana, decididas a derribar la barrera entre el hambre de sus hijos y la comida que necesitaban. Y lo lograron.

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    Estas guerreras gochas han inspirado a todas las mujeres de Venezuela. Por eso, fuimos a respaldarlas, allá en la frontera, en San Antonio. Partimos de la plaza Bolívar, más de mil personas con las mujeres al frente, hasta el puente fronterizo y el destacamento No 12 de la Guardia Nacional, donde las madres hicieron escuchar el sonido de los platos vacíos con fuerza. “Abran la frontera, Maduro va pa’ fuera” y “Maduro, renuncia, estás revocado”, eran gritos que salían del alma de una Venezuela desgarrada, apaleada, pero firme, sólida moral y espiritualmente.

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    A los guardias nacionales les dije: “Venezuela tiene hambre de comida y hambre de libertad. Venezuela está en la calle, con rebeldía, en desobediencia cívica. Ustedes, ciudadanos militares, deben impedir ser utilizados como brazo de represión contra un pueblo que está hambriento, exigiendo sus derechos pacíficamente en las calles; y ahora deben impedir que los responsabilicen del hambre en Venezuela”.

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    Conocí a Raiza, Mónica, Estela y muchas otras mujeres de Ureña en San Antonio. Han decidido llevar su energía y convicción a toda Venezuela en persona; y lo haremos juntas.

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    Llegamos a Carabobo tres días más tarde. Junto a las carabobeñas tomamos la calle y llegamos al fuerte Paramacay. Y allí habló la mujer venezolana: La madre de Geraldine, joven asesinada por la Guardia. La joven enferma, sin medicinas. La guerrera de Ureña y la valenciana. Cantamos el himno que nos arrulló en la infancia y que hoy es tanto un lamento por los caídos, como una inyección de fuerza a los que no claudicamos. Sellamos un pacto; lo entendemos sin hacerlo explícito, como entendemos la urgencia de un país que no da más.

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    Se rebelan las mujeres de la frontera y lograrán muy pronto abrirla definitivamente. Se rebelan los empleados públicos que aun perseguidos por firmar por el Revocatorio, dicen que lo volverán a hacer. Se rebelan los trabajadores que no nacieron para ser esclavos y desobedecen la pretensión de imponerles un trabajo forzado. Se rebela Venezuela, Venezuela se libera.

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    @MariaCorinaYA

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  • Rompimos la barrera – Por María Corina Machado

    Rompimos la barrera – Por María Corina Machado

    Este jueves, íbamos de La Victoria hacia Turmero a través de la autopista regional del centro y nos encontramos con una enorme tranca. Después de una hora en espera, nos bajamos del carro para ver qué ocurría, ya que al consultar los reportes de tránsito en redes sociales todos los mensajes decían que no había algún accidente que justificara la monumental cola. Empezamos a caminar entre los carros; la gente se bajaba, niños y ancianos acalorados y hasta una joven con dolores de parto, acompañada por su desesperada mamá.

    Avanzamos varios kilómetros por la autopista y nos dimos cuenta de que el paso lo había cerrado la policía. Cuando increpé a los oficiales sobre la causa, me dijeron que lo hacían “por órdenes superiores”.

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    Por “órdenes superiores” significa “porque le dio la gana al gobernador de Aragua”, para impedir que llegáramos a nuestra actividad en Turmero. Por eso se cierra la principal arteria vial del país y se deja a miles de personas varadas en el camino; gente que va a su trabajo, a clases o al hospital.

    Cuando la gente constató que habían trancado la autopista para impedir que nosotros avanzáramos, fue tanta la indignación y la presión, que obligaron —de manera cívica y firme— que la policía se pusiera a un lado y abrieran el paso.

    Esta es la fuerza que hoy se rebela en toda Venezuela. Son las madres en Ureña, las maestras en San José de Guaribe, y ahora los ciudadanos con sus carros en la autopista regional del centro. Los venezolanos tenemos que avanzar en nuestro camino hacia la prosperidad, la dignidad y la libertad para nuestro país, derribando las barreras que pretendan impedírnoslo.

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    Ese día estuvimos primero en La Victoria y luego en Turmero. En ambas poblaciones viví lo que siento en toda Venezuela, la fusión entre el dolor más pavoroso de la mirada con hambre y la fuerza de la dignidad de quienes no se dejan humillar más.

    Mientras caminábamos hacia el mercado solidario de La Victoria, me encontré con un joven trabajador, padre de tres niños, al que todavía le temblaba el cuerpo y la voz de la rabia; la noche anterior, mientras hacía cola frente a un abasto, se presentó la Guardia a espantarlos. Hubo presos, heridos. “Yo salí corriendo pero me alcanzaron, y le ponen corriente a uno, como si fuéramos cochinos, como animales”, me dijo. Esto es lo que consigue un padre desesperado que busca comida en La Victoria; así regresó a su casa, sin comida y con la huella de la humillación en el cuerpo y en el alma.

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    Me he dado cuenta de algo en estos tiempos de hambre y de llanto: A los hombres les cuesta llorar en presencia de otros hombres, pero les resulta más fácil llorar con las mujeres. Cuando se me acerca un hombre de esos grandes, robustos, y me pone la cabeza en el hombro y llora, mi corazón se para, el alma se me parte. El llanto de impotencia del hombre honrado que ya no sabe qué hacer para que el carricito no llore de hambre esta noche también.

    Por eso, volvamos a Ureña: entre las madres que querían alimentar a sus hijos y la comida se interponía una barrera: la de la guardia trancando la frontera. En San José de Guabire, entre las maestras decididas a alimentar a sus alumnos y la alcaldía que tenía escondidos los alimentos, otra barrera: la de la policía y la guardia que quería impedirlo. Y el jueves, entre quienes estábamos en la autopista y Turmero, una barrera más: la de la policía trancando el paso. En las tres situaciones la gente rompió la barrera y llegó a su objetivo. Esto es lo que pasa cuando los ciudadanos de manera pacífica y organizada, pero con toda la firmeza y determinación necesarias, decidimos avanzar.

    Entre la Venezuela hambrienta, humillada, oprimida y dividida, y la nación próspera, digna y libre, hay una barrera. Es Maduro y su régimen. Ya los ciudadanos sabemos qué es lo que hay que hacer para llegar a nuestro destino.

    @MariaCorinaYA

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  • La agonía y el éxtasis – Por María Corina Machado

    La agonía y el éxtasis – Por María Corina Machado

    Esta semana, antes de salir rumbo al estado Anzoátegui, recibí las cifras de la más reciente encuesta de Venebarómetro, con un dato alarmante, inaceptable, desgarrador: el 49% de los habitantes del oriente venezolano come solo una vez al día… y solo tres de cada 100 orientales pueden hacer diariamente sus tres comidas. La estadística, fría, es aterradora; pero la vivencia personal desgarra el alma. Ya de regreso, siento que este ha sido el recorrido más intenso, emocionalmente, que he hecho en toda mi vida a Anzoátegui, un estado al que quiero y admiro profundamente.

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    Por una parte, la agonía: he constatado la dimensión más cruel del hambre y la desesperación, como jamás pensamos que íbamos a ver en nuestro país. Por la otra, el éxtasis: lo más elevado del ser humano que se crece en la adversidad y brota indetenible las ganas de luchar; en especial la de las madres venezolanas. Hoy Venezuela, no solo no está derrotada, sino que moralmente, nunca ha estado tan sólida y dispuesta a enfrentar los atropellos del régimen y a derrotarlo.

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    En Guanta, en el sector El Chorrerón, conocí a Carolina, una joven madre de cuatro varones; quien lleva dos de los tres años de vida de su hijo Gabriel, sin darle un vaso de leche. Pocas horas después, en Puerto La Cruz, mientras realizábamos una caminata por la Av. 5 de Julio, María Teresa Aguilarte me decía, desgarrada por el llanto: “Seis horas haciendo una cola y no pudimos comprar nada. Nada. Lo único que tengo en mi nevera es agua. ¡Nos estamos muriendo de hambre! Todos los niños lo que comen es mango”.

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    Al día siguiente llegamos a Puerto Píritu, donde los vendedores del mercado sobreviven vendiendo artículos que encuentran en la basura o usados, entre la absoluta miseria y la tristeza que se hace patente en la imagen de un mercado completamente vacío… En el pequeño pueblo de pescadores El Hatillo, José se tragó las lágrimas y me dijo que la hazaña de su comunidad es negarse a morir…de hambre.

    Pero fue en Clarines donde el hambre encontró la furia indomable de las madres que no toleran la mirada de un hijo hambriento. Llegamos en motos y al reconocerme, un nutrido grupo de mujeres me rodeó; venían a pedirme que las ayudara a liberar a 11 mujeres detenidas dos días antes mientras protestaban por comida. No tenían miedo. Están decididas. Nada detiene a una madre cuando se trata del hambre del hijo. Son las presas del hambre. Presas de Maduro. Las que nunca debió detener. Pero ya es demasiado tarde.

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    Clarines se rebela. Y Pariaguán, Boca de Uchire, Barcelona. Y allí cerca, a la misma hora, Tucupita, Araya, Cumanacoa. Venezuela entera. Se rebela contra el hambre y por la dignidad, por la libertad.

    Las mujeres de Clarines me acompañaron a pie hasta la casa azul de Vente, que abrimos ese día. Hicimos un pacto, un compromiso. Al día siguiente, las 11 de Clarines fueron liberadas. Pronto, muy pronto, seremos 30 millones en libertad. Las madres lo sabemos.

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    En: Caraota Digital.