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  • Pedro Urruchurtu: Si la izquierda vuelve al poder en Argentina, van a ir con todo y contra todos

    Pedro Urruchurtu: Si la izquierda vuelve al poder en Argentina, van a ir con todo y contra todos

    “Tenemos que perderle el miedo al poder”, aseguró el politólogo

    El Coordinador Nacional de Formación de Cuadros de Vente Venezuela, asegura en el foro “Venezuela en primera persona” realizado en la Fundación Libertad, que “tenemos que perderle el miedo al poder, es la única manera de poder derrotar efectivamente al socialismo”

    (Rosario. 01/10/2019) “Si la izquierda vuelve al poder en Argentina, lo va a tomar para siempre y van ir con todo y contra todos”, expresó Pedro Urruchurtu, este lunes durante el foro “Venezuela en primera persona”, realizado en la Fundación Libertad en la ciudad de argentina de Rosario.

    El Coordinador Nacional de Formación de Cuadros de Vente Venezuela aseguró a los jóvenes presentes, que “tenemos que perderle el miedo al poder, es la única manera de poder derrotar efectivamente al socialismo”.

    El dirigente del partido de la libertad sentenció que para hacer los cambios necesarios en el sistema “los liberales al final tenemos que entender que la única manera de transformar la realidad y nuestros contextos, para que el individuo sea el que predomine y pueda seguir sus sueños, su destino, pasa por llegar al poder”.

    El también politólogo y profesor universitario resaltó que los argentinos tienen varias lecciones que aprender de la experiencia venezolana, entre ellas “el ejercicio de la política como un acto de legítima defensa” y que “la libertad es un acto de todos los días, no debemos darla por sentado”.

    Urruchurtu rescató que cualquier reforma de gobierno debe tener en cuenta el rol del ciudadano, recordar que “el poder lo tiene la gente, los ciudadanos, el individuo”. Es por eso que el dirigente expresó que los ciudadanos “no debemos confiarnos al conquistar la libertad, nuestra función es en realidad cuidarla constantemente, es nuestro trabajo como ciudadanos y miembros de una sociedad”.

    Por último pidió a los jóvenes asistentes al encuentro que “hay que valorar lo que se tiene, aún con sus errores, para evitar que llegue la izquierda al poder”, solo así, aceptando los errores, se podrán realizar las transformaciones que garanticen la igualdad ante la ley, la generación de riqueza, el desarrollo y el progreso. “La libertad siempre es victoriosa”, concluyó.

  • Urruchurtu: El régimen de Maduro es un sistema de mafias que se está quebrando

    Urruchurtu: El régimen de Maduro es un sistema de mafias que se está quebrando

    El opositor Pedro Urruchurtu pidió en Es la Mañana de Federico” apoyo internacional para terminar con el régimen criminal de Maduro.

    (Caracas. 03/05/2019) El miembro del partido de María Corina Machado, Pedro Urruchurtu, ha atendido la llamada de Es la Mañana de Federico este viernes a primera hora. Con la claridad que caracteriza a los miembros de la oposición en Venezuela, Urruchurtu quiso dejar claro desde el primer minuto que «aquí nadie se rinde» porque «estamos decididos a ser libres» por eso dice: «Ya no hay vuelta atrás«. «Estamos presenciando un conjunto de fuerzas vivas que han decidido poner todo de su parte para lograr la libertad de Venezuela. Son dos días consecutivos de personas en las calles. Lo que queda claro es que no hay vuelta atrás», insistió.

    Sin embargo sí que destacó como fundamental que la comunidad internacional, «a quien seguimos haciendo llamados», apoye su causa y deje claro a Maduro y su régimen que están solos y que la mejor solución es abandonar el poder. «Es fundamental el apoyo» de las naciones libres, «de occidente» porque «no podemos solos«.

    En cuanto a la imagen de fortaleza militar que trata de dar Nicolás Maduro, Urruchurtu señaló que el dictador apenas tiene control sobre su sistema de seguridad y que el círculo que aparentemente todavía le es leal «cada vez se muestra más leal al gobierno interino de Guaidó».

    En este sentido, el opositor venezolano destacaba en Es la Mañana cómo el régimen de Maduro es un «régimen criminal» que se convierte en «el centro de operaciones de fuerzas oscuras» como «Hamás o Hezbolá y otros grupos», por eso insistió en lo necesario y trascendental que es el apoyo de occidente.

    Mientras, los venezolanos siguen echados a la calle porque «hemos hecho todo lo que se nos ha pedido». Sin embargo, enfrente «lo que tenemos que entender es que estamos ante un régimen criminal y por eso es necesario más presiónpara que el régimen entienda que nos enfrentamos ante un régimen criminal». «Esto no es una dictadura más, una dictadura convencional donde puedan funcionar las sanciones. Hay que profundizar las amenazas y hacerlas creíbles para que vean que el costo de salida es cada vez más alto«.

    Frente a las críticas que están recibiendo desde países como España, donde Pablo Iglesias califica el levantamiento ciudadano en Venezuela de «golpe de Estado», Urruchurtu recordó que «lo que ha habido ha sido un levantamiento para restablecer el sistema democrático» que ha usurpado el dictador Maduro, que ostenta un «sistema de mafias que se está quebrando».

    Según ha avanzado, «Maduro está intentando una súplica hacia los militares que dijeron que lo apoyan, pero debe estar dudando de su sombra. Hay que entender que esto es un sistema de mafias que se está quebrando«.

     

    Cortesía: https://www.libertaddigital.com/internacional/latinoamerica/2019-05-03/urruchurtu-el-regimen-de-maduro-es-un-sistema-de-mafias-que-se-esta-qeubrando-1276637678/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

  • Socialismo nunca más – Por Pedro Urruchurtu

    Socialismo nunca más – Por Pedro Urruchurtu

    Recientemente hemos sido testigos de la defensa de los ideales socialistas por parte de algunos dirigentes quienes, a la ligera, afirman que el régimen no es socialista, sino “de derecha”. Esta clase de comentarios demuestran dos cosas: que, por un lado, se ignora mucho de lo que significa “la derecha” y, por el otro, que hay una clara convicción sobre lo que representa el socialismo que defienden.

    Creo en la libertad individual y, por lo tanto, la defiendo y la promuevo. Eso implica tolerancia, pero no con el intolerante ni contra aquel que atente contra la vida, la libertad y la propiedad. En democracia, desde luego que el pluralismo es válido, pero siempre que se apegue a las reglas claras de esa democracia, con justicia y con respeto a las instituciones y al estado de derecho. Sin impunidad ni chantaje.

    En efecto, la tolerancia pasa por aceptar otras religiones, otros pensamientos políticos, etc., pero siempre que esos otros también respeten mi libertad de defender y promover lo que creo y no pongan en riesgo nuestros valores como sociedad. Reglas claras e incentivos adecuados son fundamentales en una sociedad y su pacto. Quien desea defender algo, debe hacerlo apegado a normas que hacen que ese algo sea aceptado/tolerado. Quien pretenda convertir ese algo en criminal o fuera de la norma, es decir, quien atente contra la vida, la propiedad y la libertad, debe someterse a la justicia.

    Celebro a quienes andan mostrando su visión ideológica por ahí –en particular la visión socialista-. Estoy en absoluto desacuerdo con ella, me opongo rotundamente y creo que esa visión nos trajo al país que tenemos y creo que debe haber justicia. Soy libre de hacerlo, como ellos son libres de creer en ella, aunque sea una ideología fracasada.

    Mientras más dirigentes develen sus creencias ideológicas, más oportunidad para la diferenciación. Estoy convencido de que las ideas de libertad, más temprano que tarde, terminarán por gobernar a Venezuela. Comentarios como los de esos dirigentes, ayudan a que esas ideas florezcan y lleguen a más gente. Basta con recorrer el país para darnos cuenta –y creo que ellos no lo recorren-.

    Por lo tanto, no caigo en el juego de la censura a la crítica que algunos pretenden imponer para ocultar la visión ideológica de esos dirigentes ni caigo en el chantaje de que ellos han luchado más que otros. Al final, defienden ideas retrógradas y conducentes a la miseria y me opongo totalmente a ellas, pero me alegra que las defiendan, así quedan en evidencia.

    Mi problema no es con esos dirigentes, sino con lo que algunos pretenden hacer de ellos y que creamos de ellos. No han luchado más que otros ni sus ideas son mejores. Defiendo su libertad de creer en eso, pero promuevo mi libertad de oponerme. Yo no quiero más dirigentes como esos, que son “valientes” sólo por una visión ideológica. Quiero ciudadanos comprometidos con la libertad y con la democracia; con el pleno ejercicio de éstas.

    No pretendo que ellos piensen igual a mí, porque eso es precisamente lo que hace el socialismo en el que ellos creen. Defiendo su libertad de mostrarse como son, porque aunque esa ideología sea contraria a la dignidad humana, ellos se diferencian de quienes creemos en la libertad.

    Yo estoy convencido de que el culpable de nuestra tragedia es el socialismo. Que algunos lo defiendan, es su asunto y tienen libertad de hacerlo, pero yo tengo toda la libertad de oponerme. Ha llegado hora de las ideas de libertad y quien crea en socialismo tendrá que entenderlo. Mientras más salgan a relucir esos dirigentes, más evidentes serán la diferenciación, la ruptura histórica que se aproxima y la oportunidad para ideas de libertad. Quien quiera combatir socialismo con más socialismo, recibirá la lección de esas ideas libres, que son las únicas que funcionan

    Aquellos que quieran defender las ideas del socialismo deberán entender que, entre otras cosas, estarán bajo el escrutinio de una sociedad que ya sabe que el socialismo le trajo miseria y que no funciona. No hacen falta intérpretes de los socialistas que sirvan para replantear lo que los socialistas dicen y así hacerlos parecer menos socialistas. Tampoco hace falta que pretendan vendernos de que lo de Venezuela no ha sido socialismo de verdad y que hay que ir por el verdadero. En realidad, sí es socialismo lo que hemos vivido y sus resultados no distan de los resultados históricos que ha dejado en la historia de la humanidad.

    El país sabe que ese modelo se agotó, que no se trata de pasar de un socialismo carnívoro a uno vegetariano y que lo verdaderamente importante es la libertad. Venezuela está lista para decir #SocialismoNuncaMás.

     

  • Sin impunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Sin impunidad – Por Pedro Urruchurtu

    No podemos pensar en un nuevo país si no hay justicia. Lo que ahora nos proponen algunos que, pareciera, nos creen tontos o padecen de memoria, es que obviemos la justicia y pretendamos aceptar la impunidad como manera de asumir una transición.

    Eso hacen quienes, ignorando la naturaleza criminal del régimen, quieren convencernos de que un Maduro como candidato es la mejor opción para derrotar al chavismo en las urnas, “de la misma forma como llegó”. Lo más grave de ese vergonzoso planteamiento es que se deja de lado la responsabilidad del régimen sobre asesinatos, violación a los derechos humanos y crisis humanitaria, cuando es precisamente ese régimen el que tiene sus manos manchadas de sangre.

    Antes de pensar en el chavismo como fuerza política, hay que pensar en el chavismo como responsable de la tragedia venezolana. Sólo con justicia, sólo con auténtico reconocimiento de responsabilidad, sólo con eso, es que verdaderamente habrá una transición sensata, sin impunidad. El chavismo deberá entender que la democracia tiene reglas, que los delitos deben pagarse y que el país nunca olvidará lo que le hicieron.

    Ni hablar de una elección convocada por el régimen, con el mismo Consejo Nacional Electoral (CNE) y con las condiciones habituales. Tampoco de una elección libre y transparente con el chavismo como protagonista. Deben darse pasos muy firmes que envíen el mensaje correcto: primero debe llegar la justicia y los culpables deben asumir el daño hecho a los venezolanos.

    La derrota del chavismo no puede ser electoral en este punto, porque fue el chavismo el que usó la democracia para destruirla. Tampoco lo puede ser porque su naturaleza criminal y sus andanzas sólo revelan un entramado oscuro de fuerzas que ni la elección más limpia es capaz de obviar.

    Lo peor que le puede pasar a un Guaidó que está haciendo uso de los símbolos del poder y que está encabezando un proceso que llevará a la transición, es aceptar la impunidad como regla rectora del juego. La impunidad es una burla directa hacia las víctimas, un reconocimiento a los victimarios y una evidencia de complicidad que con el sistema represor y asesino. No le corresponde al país perdonar; es un acto íntimo, privado, individual, sin chantajes. La justicia sí nos concierne a todos y debemos apostar a ella, pero sin hacer excepciones que terminen por socavar la legalidad y el correcto proceder.

    No se trata de que Maduro pueda o no pueda ser candidato; es un criminal. No se trata de que el chavismo sea parte de la transición; deben enfrentar la justicia.

    Reescribir la historia de Venezuela no puede pasar jamás por pretender borrar u olvidar las del pasado, aún en el peor y más doloroso de los casos. Todo lo contrario: debemos recordar en cada rincón, en cada palabra, en cada homenaje, a cada caído y cada víctima de un régimen que, con la anuencia de algunos “opositores” y como si no hubieran hecho nada, quieren vendernos una careta democrática que se cayó el mismo día que llegaron al poder.

    Es la hora de la justicia y de la firmeza. La tolerancia sólo es exitosa cuando la justicia hace su trabajo. Luchemos por la libertad y por la justicia que ella conlleva. Sólo así recuperaremos a nuestro país. De lo contrario, lo seguiremos entregando a sus destructores, por acción o por omisión.

    Vamos con todo, sin impunidad.

     

  • Cuando ya no quede nadie… – Por Pedro Urruchurtu

    Cuando ya no quede nadie… – Por Pedro Urruchurtu

    Aunque el título de este artículo suene duro, pareciera que eso es lo que esperan quienes llaman a una calma imposible y a una solución inexistente: la salida del régimen por las buenas. Si algo demostró el pasado fin de semana, es que ese régimen –asesino y criminal por demás- está dispuesto a llegar hasta sus últimas consecuencias, aferrándose al poder hasta el final.

    Algunos hablan de que hay que evitar una guerra en Venezuela; otros dicen que no hay posibilidad de aplicar el principio de la “Responsabilidad de Proteger” o R2P, porque no hay conflicto armado; otros persuaden de que sólo una solución entre los venezolanos es la que resulta posible; y hasta otros dicen que todo dentro de la diplomacia, porque fuera de ella, nada.

    Todos esos que hoy defienden tales posiciones terminan por enviar un mensaje claro: actuarán cuando ya no quede nadie, ya sea porque se fueron, porque murieron o porque nos mataron. Hemos visto como el régimen acribilla y dispara sin pudor contra los venezolanos; hemos visto que no le importa ni guardar las formas. También sabemos el tipo de fuerzas que operan en Venezuela. Nuevamente hay que decirlo: no, la solución no es posible entre venezolanos, en el mismo momento en que Cuba, Irán, Hezbollah, Hamas, las FARC, el ELN y cualquier cantidad de fuerzas oscuras, adicionales al narcotráfico, tomaron partida y poder de Venezuela.

    Los mismos que dicen que en Venezuela no aplica el R2P porque no hay conflicto armado, prefieren ver cómo el régimen mata a los venezolanos indefensos, convirtiéndose en cifras que alimentan sus informes y preocupaciones, pero que no resuelven nada. Es decir, es válido que nos maten, porque nosotros no tenemos armas. Eso es el colmo de la irresponsabilidad (y muchos de esos dicen ser defensores de derechos humanos).

    Pretenden, además, vender como guerra e intervención militar, lo que es la intervención humanitaria que, logísticamente, requiere de despliegue militar, pero que no representa conflicto alguno. Con eso, se lavan las manos, dicen que hay que atender la crisis humanitaria, pero esperan que el régimen que provocó esa crisis, reciba los alimentos y medicinas. Eso es tan humillante como irrespetuoso con quienes hoy claman justicia y poder vivir.

    La diplomacia y sus tiempos, aunque recientemente han sido efectivos, ya no responden a lo que la gente necesita. Los países parecieran querer lavarse las manos y seguir reuniéndose para emitir comunicados que son impecables en esencia, pero inútiles en acción.

    ¿La huida de militares ayuda? Pues sí, pero ¿es ese el objetivo?, ¿tener una diáspora militar o que desde adentro restituyan el orden?, ¿será que entienden que todos somos rehenes y que lo único que puede salvar nuestros destinos es una liberación real? Este es uno de tantos ejemplos.

    Somos rehenes condenados a muerte y enfrentando a criminales. No podemos solos. No se nos puede pedir más como sociedad y como individuos. Ya no es un tema de expectativa o de triunfalismo; es un asunto de fuerza que nos trasciende. Es hora de entenderlo.

    Mientras exista una hipócrita comunidad internacional, consciente de lo que el régimen es, pero incapaz o indispuesta a combatirlos como debe ser, tendremos a un país desangrándose y muriéndose. Si ese el rol que jugará la comunidad internacional, pues se darán cuenta de su error, cuando ya no quede nadie.

  • Una narrativa fracasada – Por Pedro Urruchurtu

    Una narrativa fracasada – Por Pedro Urruchurtu

    20 años de chavismo. Eso se traduce en dos décadas de narrativas que, además de haber creado odio, división y haber fomentado el resentimiento entre los venezolanos, también se tradujeron en el intento de hacer del “antiimperialismo” un modo de vida.

    Nadie puede dudar de los innumerables y cuantiosos recursos que recibió el chavismo. Nadie duda que se robaron miles de millones, mientras no les importaba hundir al país en miseria, hambre, dolor y huida. Y hoy, nadie duda, que tanto dinero invertido en una narrativa antiimperialista, contra los Estados Unidos, fracasó.

    A pesar de 20 años de constante ataque, a pesar de dos décadas de propaganda anti Estados Unidos, los venezolanos nunca han dejado de ver a ese país como un aliado amigable, como un país de oportunidades y hasta como un destino para viajar. Incluso, los jerarcas del régimen, mueren por ir hasta allá, se regocijan entre productos “made in USA” y les duele profundamente que sus visas hayan sido revocadas y sus bienes, producto de la corrupción y otros delitos, hayan sido congelados.

    Venezuela siempre ha sido un país cercano a los Estados Unidos, históricamente, por la independencia; no sólo geográficamente por Isla de Aves y su cercanía con Puerto Rico, sino culturalmente desde que las grandes multinacionales del petróleo comenzaron a operar en Venezuela, trayendo cosas como el béisbol a nuestras vidas. ¿Alguien se ha preguntado por qué somos el único país de América del Sur que prefiere el béisbol que el fútbol? He ahí la respuesta…

    Pretender ignorar eso, al igual que desconocer las estrechas relaciones democráticas que llegamos a tener, en su momento, con los Estados Unidos de América, es osado y hasta inútil. A pesar del “lavado de cerebro”, de la propaganda y del discurso, no han podido quebrar el sentimiento de gratitud y de agrado que tienen los venezolanos hacia lo estadounidense.

    No, no quiere decir que seamos “cachorros del imperio”, sino que somos ciudadanos que, a pesar del inmenso dolor de saber lo que se siente no tener libertad, porque nos la arrebataron, sabemos que no hay país más amante de la libertad que ese; que sus imponentes ciudades e historias compartidas. Además, aglutina los valores de Occidente, esos que nos relacionan y que nos hacen occidentales antes que estadounidenses o venezolanos.

    Hoy, frente a la innegable emergencia humanitaria y antes los riesgos que el régimen representa para Occidente, los Estados Unidos ha tomado la batuta en la conducción de la presión internacional y de la ayuda para aliviar nuestro drama. No es poca cosa. No se trata de injerencia (como la cubana), ni de invasión (como la de los grupos terroristas y guerrilleros que hacen vida en Venezuela) contra nuestro país. Todo lo contrario: Venezuela es un país secuestrado y la liberación, desde afuera, es tan necesaria como la fuerza interna, entre ciudadanos e instituciones, que permitan alcanzar la libertad y la democracia.

    Basta con ver la opinión pública favorable a los Estados Unidos, para entender que el chavismo ha fracasado en su intento de que los venezolanos se opongan a ese país y su cultura. Si hay una sociedad favorable a los EE.UU. y que apoya el rescate por parte de Occidente, es la venezolana. Nunca antes habíamos sido más pro-EE.UU., y es por razones obvias: la libertad está muy cerca y nos respaldan en su rescate.

    El chavismo fracasó en su narrativa “antiyankee”… y será derrotado

     

     

  • El punto de no retorno – Por Pedro Urruchurtu

    El punto de no retorno – Por Pedro Urruchurtu

    Para muchos, aún parece difícil creer que frente a la situación venezolana, la comunidad internacional ha tomado un rumbo del cual es poco probable que se desvíe y depende muy poco de los actores internos: la liberación de Venezuela. Lo hemos dicho en múltiples ocasiones: se trata de Occidente, de su estabilidad y de su propia existencia; se trata de contener la convergencia de las fuerzas oscuras a las que el chavismo le dio carta abierta para operar en Venezuela; se trata de detener la tragedia que millones de venezolanos sufren, ya sea porque huyen o porque mueren de hambre o enfermedad. Es un punto de no retorno.

    Como nunca, los factores más decisivos de Occidente se han alineado, junto a un horizonte interno de coraje y de rescate del poder, acompañado de una ciudadanía que se ha vuelto crecer después de tantos atropellos. Es la alineación perfecta; la tormenta perfecta.

    La emergencia humanitaria y la llegada de la ayuda para aliviarla, se ha vuelto el centro de atención de quienes han decidido no darle más largas al sufrimiento. El mundo sabe que el principio de “Responsabilidad de Proteger – R2P” no les permite ignorar lo que sucede; todo lo contrario, los obliga a actuar para detener la muerte silenciosa de la que el régimen es culpable, mientras se roba lo poco que queda de todo el dinero que existe en sus cuentas y con la que han financiado sus andanzas.

    Como lo hemos dicho, la situación económica no deja de asfixiar y la emergencia humanitaria no deja de sumar víctimas, hay que atenderla. Se entiende y se apoyan los esfuerzos que Guaidó y muchos otros están haciendo para atender esta crisis con el apoyo del mundo, que ha decidido disponer de cuantiosos recursos para tal fin. Pero no nos engañemos, toda esa ayuda representa un alivio, sólo eso. Es un alivio para un drama que seguirá mientras el régimen siga en el poder.

    Por supuesto que, mientras cesa la usurpación, una de los pasos planteados en la ruta política actual, hay que atender la emergencia humanitaria. Lo que no puede ocurrir es que, por atender la emergencia humanitaria, se descuiden todos los esfuerzos para que la usurpación cese, no sólo porque se corre el riesgo de transformar la energía ciudadana del momento, en una dinámica asistencialista que, siendo importante, desvía el foco de lo que debería ser la prioridad política del momento: la liberación de Venezuela.

    Por ello, debemos ser responsables en el manejo de las expectativas. La ayuda humanitaria no lo es todo, pero tampoco es nada. Salva, alivia, esperanza, sí, pero se requiere mucho más que eso para que Venezuela sea libre. Es un paso más, un hito más y un reto para quienes pueden cambiar el rumbo de la historia. Es tan necesario como prioritario, sin olvidarnos que sólo la derrota definitiva del régimen es la que salvará a Venezuela.

    La mejor operación de asistencia humanitaria es la salida del régimen. La mejor ayuda humanitaria es la reactivación de la economía productiva y del libre mercado. Por supuesto, la emergencia amerita atención y toda la energía alrededor del próximo 23 de febrero se concentra en que el mundo entienda esa urgencia y se actúe cuanto antes. Esto le genera una enorme presión al régimen, que está en su dilema y sabe que dejarla entrar o no tiene consecuencias irreversibles para su permanencia ilegitima en el poder.

    También sabemos que la ayuda humanitaria representa una oportunidad para que aquellos que tienen las armas y deben ponerse del lado de los venezolanos, lo hagan, pero eso no es suficiente. La política de la liberación, como la de la ayuda humanitaria, no es asistencialista en su propósito (referida al largo plazo), sino coyuntural y que obedece a una decisión política frente a una situación puntual de extrema vulnerabilidad.

    Este régimen que abiertamente expulsa a parlamentarios del mundo, que niega la ayuda humanitaria y que se burla de los venezolanos que sufren, al hacer shows paralelos y “donar cajas CLAP”, revela que todo ha sido intencional y, por lo tanto, mientras no se libere el país secuestrado por ellos, no habrá paz en Venezuela. Se trata de la liberación de un país rehén.

    Lo hemos dicho: Lo urgente es atender la emergencia humanitaria, pero lo importante es lograr el cese de la usurpación y la salida del régimen. No son excluyentes, van de la mano y se complementan. De no ser así, lo urgente hará perder el foco en lo importante o lo importante nos hará perder de vista lo urgente.

    La ayuda humanitaria pone el acento en aliviar la crisis, pero también en colocar en un gran dilema a un régimen inescrupuloso que sabe que el mundo le observa, aunque no le importe demasiado. Lo urgente le sirve a lo importante; van de la mano. Esa ayuda es decisiva para los días por venir.

    Los ojos del mundo están sobre Venezuela y más durante el próximo fin de semana.

    La presión sobre el régimen, traducida en sanciones, en amenazas creíbles, en la ayuda humanitaria y en la decisión de Occidente de defenderse, sólo demuestran una cosa: estamos en el punto de no retorno; no hay vuelta atrás.

  • 20 años después… – Por Pedro Urruchurtu

    20 años después… – Por Pedro Urruchurtu

    (Caracas. 06/02/2019) Parece mentira, pero pasaron 20 años. Son dos décadas que se resumen en la peor tragedia para un país que teniéndolo todo, terminó en la nada. Ese es el resultado del chavismo 20 años después: destrucción. Pero, paradójicamente, 20 años después, estamos frente a una oportunidad histórica sin precedentes: la de ser libres, por fin.

    Lo primero que hay que decir es que el chavismo, como lo conocemos, dejó de existir en estos días recientes. Maduro, su fiel hijo, siguió al pie de la letra el guion, aunque sin dinero, pero con la misma intención. Lo que Chávez hizo con dinero, Maduro lo remató con hambre, pero es el mismo modelo, son las mismas consecuencias, es la misma desgracia.

    Yo apenas tenía 8 años cuando el chavismo llegó al poder. Sólo he vivido en él: estudié, me gradué y he trabado bajo sus reglas de miseria. Pero también opté por luchar, por no irme, por no rendirme, por no darles el gusto.

    Aunque suene egoísta, en realidad lo hago así en nombre de quienes, por una razón u otra, no pudieron, ya sea porque una bala acabó con sus sueños o un avión los alejó de cumplirlos en su tierra.

    20 años después hay que reconocer y honrar la valentía y el coraje de una sociedad que, golpe tras golpe recibido, no se ha rendido. Hemos aprendido mucho, pero siempre con la convicción de luchar. Dos décadas después, hay que rendirle homenaje a cada pito, a cada consigna, a cada bandera, a cada paso y kilómetro recorrido en la lucha. También hay que honrar a quienes se fueron esperando esa libertad que, pareciera, se aproxima.

    20 años después corresponde honrar a cada víctima, porque todos lo hemos sido en mayor o menor medida: despedidas, fracturas familiares, expropiaciones, persecución, represión. No puedo dejar de pensar en Franklin Brito, quien dio su vida por el derecho a la propiedad, y tantos otros que, sin saberlo, hoy son héroes y tienen su lugar en la historia.

    El chavismo nos hizo ser una gran comunidad de víctimas. Víctimas del odio, del resentimiento y de un proyecto que se propuso borrar cualquier vestigio de autonomía e independencia del individuo y de la familia. Eso es el chavismo.

    Cada muerte, cada persona hambrienta, cada pobre. Cada enfermo, cada bebé que no supo lo que era vivir, cada suicidio, todo, absolutamente todo, tiene un responsable llamado chavismo, que no lo hizo mal por ineficiencia, sino por convicción e intención.

    Estos 20 años de chavismo nos dejan enormes lecciones. El recuerdo y la memoria deben ser parte de nuestro día a día. Debe haber monumentos por todas partes, museos por doquier. Este dolor que como sociedad hemos sentido hasta el alma, debe estar presente en cada rincón donde el chavismo puso su huella, para recordar que más nunca deberán tocar el poder.

    No es resentimiento, es justicia. Sólo ella nos dará la paz, pero sin impunidad y sin falsos arrepentimientos.

    Estamos frente a una oportunidad única, la más exigente y quizás la última: es el último boleto para la libertad. Tardó 20 años en llegar –por muchas razones-, pero está aquí. Es nuestro momento de hacer todo a nuestro alcance para tener éxito en nuestra misión más importante en este momento: volver a ser un país.

    20 años después, huele a libertad.

    @Urruchurtu

  • Occidente y la libertad de Venezuela – Por Pedro Urruchurtu

    Occidente y la libertad de Venezuela – Por Pedro Urruchurtu

    (Caracas. 30/01/2019) Occidente, como civilización, cada vez significa más para la libertad de Venezuela, y es una afirmación que no se hace a ligera. Basta con ver los apoyos que ha recibido el Presidente (E) de Venezuela, Juan Guaidó, para entender cuáles son las fuerzas que están operando en función de la libertad de Venezuela -y las que no-.

    Si escribiéramos de manera simple lo que Occidente representa para el mundo, podríamos decir que el bloque de naciones que lo conforman, comparten instituciones sólidas y eficientes, que se reflejan en la plena vigencia del Estado de Derecho y los pesos y contrapesos al poder, donde predomina el imperio de la Ley y donde figura, por ejemplo, la existencia de una democracia representativa vigorosa. Es decir, es la propia interpretación de lo que conocemos como democracia liberal. Ello incluye una férrea defensa de los Derechos Humanos y una institucionalidad que los promueve y defiende.

    Pero no es lo único que define a Occidente. Si lo viéramos en una dimensión más amplia, el libre mercado y una economía libre, abierta y competitiva, también reúnen a las naciones que lo conforman, lo que da paso a la innovación y a la generación de riqueza y, por lo tanto, sociedades prósperas. Dicho de otro modo, la prosperidad y el bienestar de los ciudadanos obedece a una dinámica de intercambio económico y de apertura, que también trae consigo, a través del comercio, relaciones estables y duraderas en un marco de paz. Esa ha sido una de las grandes lecciones que aprendió Europa, por ejemplo, después de haber vivido dos guerras mundiales: el comercio fue el escenario en el que aprendieron a convivir, a pesar de las diferencias.

    El compromiso por regiones estables y seguras, también es parte de la conciencia occidental. No sólo en lo que respecta al desarrollo de sus ciudadanos, sino a las garantías que brindan la paz y la seguridad de las naciones. Dicho de otro modo, frente a la arremetida de fuerzas oscuras, independientemente de la cultura y/o la religión, sólo Occidente y su concepción de libertad para conseguir todo lo anteriormente mencionado, es esencial para la comprensión de las consecuencias que tiene poner en riesgo su existencia y para la defensa propia de la misma.

    Por ello, Venezuela se ha convertido en el epicentro de la defensa de Occidente, y no es poca cosa. Para nadie es un secreto que la nación suramericana se ha convertido en uno de los centros de operaciones de las fuerzas enemigas de la civilización occidental, logrando la convergencia de factores muy oscuros vinculados al crimen internacional. Ello, representa la amenaza más seria para la estabilidad y la paz hemisféricas y globales, no sólo en términos de migración sin control y riesgo sanitario, por ejemplo, sino también en términos de penetración de territorio, incidencia ilegal en la economía e incursiones que atentan contra las instituciones establecidas. Venezuela es un Estado mafioso y criminal, además de socialista; es un coctel de la muerte. El mundo lo sabe.

    Basta con ver lo ocurrido recientemente en el seno de la sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), solicitada por Estados Unidos y que se realizó el sábado pasado, para entender que Venezuela sí representa una amenaza para la seguridad y la paz mundiales, pero también es un tema global que requiere ser atendido por Occidente, en función de preservar su estabilidad como civilización. No se puede concebir una Venezuela libre y democrática, sin un Occidente dispuesto a apoyarla. Y sí, la está apoyando.

    Así, cuando se analiza cuáles son los países que decididamente han apoyado a Guaidó, porque con él se garantiza una transición que detenga la dinámica criminal a la que está sometido el Estado venezolano y que pone en riesgo su integridad como nación –además de detener la crisis-, se entiende la conciencia que han asumido las naciones de Occidente frente al drama de Venezuela. No hay más tiempo: la gente sufre y muere, mientras el país es tomado silenciosamente por el mal.

    No es casual que las democracias más sólidas y comprometidas con Occidente, hayan sido las que hayan salido en defensa de la libertad y de la democracia de Venezuela, porque saben que, en definitiva, también significa libertad y democracia para el hemisferio. Es Occidente en pleno; es el bien defendiéndose y luchando contra el mal.

    También basta con ver cuáles han sido las naciones que han defendido y reconocido al régimen, para entender qué tipo de fuerzas están operando en Venezuela. Casi todas son ajenas a la cultura de Occidente y sus instituciones. Nada que tenga que ver con Derechos Humanos, pero sí con abuso, es lo que predomina en los apoyos al régimen, lo cual los deja al desnudo y demuestra, sin duda alguna, por qué Occidente ha cerrado filas en función de defenderse: no están dispuestos a tolerar elementos ajenos a nuestra paz y seguridad como civilización y como cultura.

    Si algo han demostrado las naciones que apoyan a Guaidó, es que aspiran a tener una región estable, que aspiran a frenar a las fuerzas oscuras que han ido apoderándose de Venezuela con el apoyo del régimen y que aspiran a que los venezolanos decidan su futuro. Sólo una Venezuela democrática es garantía de una región democrática.

    Por eso, decir que la solución de Venezuela depende de los venezolanos, es tan falso como decir que el régimen quiere democracia. Una cosa es que la salida del régimen dependa de las fuerzas democráticas internacionales presionando, en un ejercicio de vigilancia y protección de Occidente, y otra es que las decisiones políticas deban transcurrir entre los líderes y la sociedad venezolanos. Ambas cosas son ciertas, pero primero lo primero: la liberación, y eso, depende de factores que trascienden las fronteras: es la libertad mundial defendiéndose y Occidente manifestándose.

    Así que hay reafirmarlo con contundencia: la libertad de Venezuela es un asunto de Occidente. Esa es la lección a aprender.

    @Urruchurtu

  • Cada día cuenta – Por Pedro Urruchurtu

    Cada día cuenta – Por Pedro Urruchurtu

    Vidas que se pierden, vidas que peligran, vidas que huyen. Para cada una de esas historias, como para Venezuela, cada día cuenta. No se trata de saber mucho, sino de entender la situación por la que atraviesan nuestros conciudadanos. Basta con ir a cualquier pueblo o caserío, a cualquier ciudad, a cualquier rincón: hay miseria por doquier.

    Nada hacemos con lamentarnos, como nada hacemos creyendo que sólo ayudando a esos venezolanos que pasan penuria -aunque es necesario y hay que hacerlo-, mientras el foco no se sitúe en la causa de este problema: el régimen.

    No es que que gobiernan mal, es que son el gobierno del mal. Se propusieron desde el primer día destruir al país a cambio de permanecer en el poder, al costo que fuera necesario. Para ellos, resulta mejor que muchos se vayan o se mueran, pero ¿y para nosotros? Para nosotros, quienes luchamos por la libertad a diario, es imprescindible entender que cada día cuenta y actuar en consecuencia.

    Dicho de otro modo, el régimen quiere que nos vayamos, pero nuestro deber es hacer que el régimen se vaya, apoyar todo lo que contribuya con el propósito de la libertad y atacar la causa de nuestros problemas, a la par de solucionar esos problemas, pero sin quedarnos sólo en problemas. Sonará a juego de palabras, pero se trata de una manera de ejercer el liderazgo y de entender el momento que vivimos y que, por ética y por urgencia, no puede esperar.

    Desde ser solidarios hasta desafiar al régimen, son tareas que nos obligan a responder como sociedad y como individuos. No es un asunto de egos, sino de principios y valores y de hacer lo correcto.

    La dirigencia que no entienda, debe hacerse a un lado, y aquellos que sí lo entiendan, deben seguir al frente, sin rendirse y con el foco puesto en lo que importa: la libertad.

    Se trata de trascender un sistema tan malvado no dañino, basado en ideas fracasadas -salvo por su éxito en traer muerte- y en prácticas criminales.

    Porque sí, para ti, para mí, para todos, cada día cuenta…

    @Urruchurtu