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  • El mensaje de Madiba – Por Miguel Velarde

    El mensaje de Madiba – Por Miguel Velarde

    Durante casi tres décadas en prisión, Nelson Mandela fue obligado a realizar trabajos forzados en una cantera de cal, encadenado junto a otros prisioneros que, debido a que eran segregados por raza, recibían pequeñas porciones de alimento por ser negros.

    Esos 27 largos años de presidio tuvieron consecuencias para Mandela, o Madiba, nombre de la tribu a la que pertenece y como se lo llama cariñosamente en Sudáfrica. Entre ellas, una grave enfermedad respiratoria con la que lidia desde hace mucho y que los últimos días, a sus 94 años, lo tiene entre la vida y la muerte. Sin embargo, a pesar de las cicatrices físicas y emocionales que su lucha contra el Apartheid pudo haber dejado en él, una que jamás quedó en su alma fue la del resentimiento.

    Su principal objetivo al salir de prisión fue la unión de Sudáfrica y, al ser elegido el primer presidente de ese país vía sufragio universal, trabajó incansablemente para lograrlo. Ese será su mayor legado para sus compatriotas y su mejor ejemplo para el mundo. Uno aún muy necesario, especialmente en países como el nuestro, que todavía padecen de liderazgos políticos a quienes no les importa alcanzar sus objetivos incluso si esto significa dividir a una nación.

    Hoy, cuando todos estamos pendientes de su crítico estado de salud y tememos un desenlace que parece inevitable, es una oportunidad única para resaltar las enseñanzas de Mandela: guió su vida con base en sus principios y valores, nunca los negoció ni tampoco, a pesar de las difíciles coyunturas que tuvo que atravesar, dudó de ellos. Pero, sobre todo, su lucha fue justa. Combatió incansablemente contra el abuso y la tiranía, contra el desprecio de un ser humano contra otro, contra el atropello de un régimen contra los ciudadanos.

    Mandela se convirtió en un ícono de la libertad, esa que no se hereda y que debe ganarse todos los días. Fue un líder que personificó la dignidad de un pueblo y que, incluso cuando atravesaba sus horas más oscuras, no se arrodilló ante el poder sin importar las consecuencias.

    Sólo verdaderos gigantes logran que el día de su muerte, se celebre más su vida de lo que se llora su partida. Seguramente será así el día que este símbolo de la libertad deje físicamente nuestro mundo y comience a difundirse con más fuerza que nunca -como afirmó Barack Obama en su reciente visita a Sudáfrica- el “eterno mensaje de Madiba”:

    “Deja que la libertad reine.”

    Miguel Velarde

  • ¿Viva la U? – Por Miguel Velarde

    ¿Viva la U? – Por Miguel Velarde

    La semana pasada estuvo marcada por el conflicto universitario. Comenzó con el anuncio de 13 universidades de ir a paro indefinido, entre las que se encuentran las autónomas más importantes a nivel nacional además de algunas otras experimentales.  Este problema cobra una especial relevancia porque no es solamente el sector estudiantil el que se moviliza, sino también el de los profesores.

    Uno de los principales aspectos que se debe comprender de esta demanda es que no se trata solamente de un mejor salario, sino de mayor presupuesto. Lo que está en juego es el funcionamiento de las universidades. Como nos dijo el rector de una de las universidades más importantes en el país, con el que conversábamos hace pocos días, “ésta no es una lucha por la mensualidad, es una lucha por el jabón y papel higiénico de los baños”. Ni qué decir de los elementos necesarios para el funcionamiento de los laboratorios y la investigación en estas instituciones.

    El problema universitario no es nuevo, pero en los últimos años se ha agudizado. No necesariamente porque las variables de la crisis de hoy sean más graves de lo que lo fueron en algún otro momento –el sector universitario ya pasó anteriormente por etapas muy complicadas-, sino porque cada vez es más evidente que el problema no es coyuntural, sino estructural.

    Mucho tiempo tuvo que pasar para que quede claro que el modelo, tal y como está planteado, no es viable y que, para que una universidad sea realmente autónoma, debe poder obtener sus propios recursos y cubrir su presupuesto. El origen del problema no son las aspiraciones de un determinado sector, sino la posibilidad o no de la Universidad de existir como debe hacerlo: con autonomía, libertad y capacidad de ejercer el pensamiento crítico.

    Es justamente por esto último que la actitud del gobierno ante esta situación no es casual, todo lo contrario. Para que el modelo que ellos proponen funcione, es indispensable que los espacios de libertad de expresión y de pensamiento crítico no existan, porque es allí donde ven más amenazado su proyecto.

    Las universidades en Venezuela –especialmente las que cumplen con los requisitos históricos y globales como para llevar ese título- han dado una lucha heroica estos últimos años, no solamente defendiendo sus derechos como casas de estudio, sino también los derechos básicos de la democracia y la república.

    Es por eso que duele ver como el “¡Viva la U!” ha pasado de ser una proclama a ser una plegaria. Ese sector no ha dejado sola a Venezuela en sus luchas democráticas, por eso no sería justo que los diferentes sectores del país, incluida la sociedad civil, dejen solo al sector universitario en su lucha por su subsistencia.

    La democracia, el desarrollo y el progreso no son posibles sin universidades libres e independientes, donde el objetivo más importante sea dar las herramientas a quienes pasan por ellas para que formen su propio criterio, para que cada quien piense como quiera. (Guayoyoenletras.net)

     

     

  • Haciendo histeria – Por Miguel Velarde

    Haciendo histeria – Por Miguel Velarde

    La semana pasada el país recibió otro duro golpe a su bolsillo. El Banco Central anunció que la inflación en el mes de mayo alcanzó 6,1%, la segunda más alta en un solo mes en la historia de Venezuela, solo superada en 1996, año en el que la inflación cerró en el nivel más alto alguna vez alcanzado en el país: 103%.

    Si comparamos esos números con los de la región, el resultado es aún más desmoralizante. La inflación en Latinoamérica tuvo un desempeño aceptable para el año 2012, con ejemplos como Brasil (5,8%), Honduras (5,4%), Panamá (4,6%), Costa Rica (4,6%), Bolivia (4,5%), Ecuador (4,2%), Paraguay (4,0%), México (3,6%), Guatemala (3,5%), Perú (2,7%), Colombia (2,4%), Chile (1,5%) y El Salvador (0,8%). Es decir, en Venezuela los precios subieron en mayo en UN solo mes más de lo que lo hicieron en TODO el año 2012 en estos países.

    Hace pocas semanas, mencionábamos que para finales de este año era predecible una crisis económica a la que, debido a la controversia por los resultados electorales del 14 de abril, se le había adelantado una crisis política. Sin embargo, revisando los datos económicos en la actualidad, también podemos afirmar que la crisis económica está mostrando su lado más oscuro incluso antes de lo que se estimaba.

    La inflación es una de las variables económicas de impacto más directo en los ciudadanos. Esto, sumado a la evidente escasez de productos que los venezolanos ya viven a diario y al insuficiente aumento de salarios decretado para este año, hacen del manejo económico de los hogares casi un acto de fe.

    Es importante tener claro que la inflación, aquí como en cualquier país del mundo, la producen las políticas del gobierno. En el caso venezolano, el resultado que hoy vivimos no podía ser diferente cuando observamos que en los últimos tres años, el circulante en la economía aumentó en un 70%.

    Las consecuencias de números inflacionarios tan altos son igual de preocupantes. Lo primero que se puede prever es que la capacidad adquisitiva de los venezolanos caiga aún más, es decir, que cada mes el salario alcance para comprar menos. Lo segundo, es que la capacidad de ahorro también se desmorone, y cualquier ciudadano que con mucho esfuerzo haya logrado acumular algunos bolívares como ahorro, verá como éstos se “evaporan”. Así mismo, un sector ya muy golpeado como lo es el de los pensionados, será nuevamente víctima de estas circunstancias teniendo muy poca capacidad de resistencia.

    La situación económica en el país es crítica y debe revisarse con urgencia. Será muy difícil que una crisis como la que vivimos se pueda resolver sin la participación de un sector privado y productivo que en los últimos años ha sido excluido y destruido. Las secuelas de muchas malas decisiones ya se sienten en las calles y en las casas venezolanas.

    Una vez más, un gobierno que dice estar haciendo historia, lo único que consigue es hacer histeria. (Guayoyoenletras.com)

    Miguel Velarde

    @MiguelVelarde

     

  • Estamos todos locos – Por Miguel Velarde

    Estamos todos locos – Por Miguel Velarde

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    Estamos todos locos …pero tenemos “Patria”

    Cuando la coyuntura es más pesada de lo que podemos soportar, es normal empezar a sentir que nos tiemblan las rodillas. No debemos avergonzarnos de haber llegado a una situación que muy bien puede describirse como patética, lo que sería imperdonable es no encontrar el valor para salir de ella.

    Pero el primer paso para poder lograrlo es realizar un diagnóstico acertado de la realidad. Quienes no quieren que lo hagamos, son muy hábiles en usar la mejor herramienta para evitarlo: la propaganda.

    En los últimos 14 años hemos sido testigos de esto con una intensidad pocas veces antes vista. Quizás es por eso que no estábamos preparados para impedirlo y un porcentaje significativo de la población sucumbió a ella. La propaganda fue más importante que la realidad.

    No podremos olvidar jamás cuando a los miles de homicidios y secuestros anuales que ocurren en Venezuela se los calificó como una “sensación de inseguridad”. O cuando la inflación y la escasez que existe en el país se las atribuye a un par de empresarios “acaparadores y especuladores”. Se afirma que un pequeño sector privado tiene el poder de desequilibrar la economía de un país cuyas exportaciones -más del 90% de ellas- son el petróleo que pertenece al Estado. Una locura.

    También se dice que los problemas con servicios como la electricidad son por culpa de –prepárense porque esto es con ustedes- quienes la consumen, porque lo hacen sin medida y es por eso que no solamente hay que racionarla, sino que también hay que castigar a quien la usa “más de lo que debe”.

    Como si esto fuera poco, hace pocos días cuando la escasez de papel higiénico hizo de los venezolanos el hazmerreír mundial, escuchamos de boca del propio presidente del Instituto Nacional de Estadística que esto se debía a que, como ahora los venezolanos “comen más”, entonces van más al baño y, bueno, esto es lo que ocasionó la escasez de papel higiénico.

    A este punto, quienes nos leen fuera de Venezuela deben pensar que somos unos mentirosos o que estamos locos. Sobre lo primero, les podemos asegurar que no es así. De lo segundo, aún no estamos seguros. Porque, a pesar de todo lo que ocurre, con insistencia escuchamos de seguidores del oficialismo la consigna de que “tenemos Patria”.

    Lo que pasa es que, seguramente, muchos no se han tomado un segundo para preguntarse: ¿Qué es “la Patria”? Si para ellos “Patria” es un lugar donde ya es normal que venezolanos se asesinen entre ellos, que no existan los productos básicos para vivir dignamente –el papel higiénico es, sin duda, uno de ellos-, que los servicios no funcionen y que, para colmo, quienes tienen la responsabilidad de solucionar estos problemas no lo hagan y de paso nos mientan…bueno, es verdad que tenemos “Patria”…

    Y también es verdad que estamos todos locos. (Guayoyoenletras.com)

    Miguel Velarde

    @MiguelVelarde

  • El síndrome de «Estoeselcolmo» – Por Miguel Velarde

    El síndrome de «Estoeselcolmo» – Por Miguel Velarde

    0702weilEn 1973, en la ciudad de Estocolmo, Suecia, en un fallido atraco al banco Kreditbanken, dos delincuentes mantuvieron como rehenes a cuatro empleados durante seis días. Al tercero, y debido a que los secuestradores no habían usado la violencia que los empleados temían, empezaron a desarrollar una cierta relación de complicidad con los criminales.

    El hecho fue denominado como “El síndrome de Estocolmo”. Se comprobó con posteriores estudios que es una reacción psicológica en la cual una persona abusada o retenida contra su voluntad desarrolla un fuerte vínculo afectivo con su victimario, principalmente porque malinterpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad.

    Uno de los casos más famosos fue el de Patricia Hearst, nieta del influyente y poderoso editor estadounidense William Randolph Hearst, quien después de haber sido retenida por la organización terrorista Ejército Simbionés de Liberación, se unió a ellos varios meses después de haber sido liberada e incluso participó activamente en varios actos delictivos.

    Los últimos años pareciera haberse dado un fenómeno similar en Venezuela. Un grupo que ha tomado como rehén a todo un país logró desarrollar un vínculo afectivo con una parte de la sociedad que es su principal víctima: los más pobres. Cuando en algún momento otro sector, libre de este padecimiento, se levantó y enfrentó al régimen, fue el mismo pueblo para el que se reclamaban más derechos que defendió a sus victimarios.

    Sin embargo, como en toda reacción psicológica, existe un punto de quiebre. En el caso venezolano, aunque lentamente, pareciera que estamos llegando a éste. Abuso tras abuso, la sociedad, incluso ese sector que tanto defendió a la Revolución, se está cansando.

    El audio de Mario Silva, que fue hecho público por diputados de la oposición la semana pasada, no dice nada que muchos no nos imaginábamos desde hace bastante tiempo. Sin embargo,  en boca de uno de los más importantes dirigentes del chavismo tiene un impacto mayor, especialmente para sus propias bases.

    Sorpresas como esa –que, por la información que tenemos, no será la última- serán determinantes para que un significativo sector de la sociedad pase del síndrome de Estocolmo al síndrome de “Estoeselcolmo” y termine de cansarse. Esto no sería malo, ya que cuando una sociedad se molesta, es cuando empieza a ser diferente.

    Ya es hora de que seamos diferentes.

  • La muerte de un dictador – Por Miguel Velarde

    La muerte de un dictador – Por Miguel Velarde

    El jueves pasado el exdictador argentino Jorge Rafael Videla no cenó porque se sentía mal. Unas horas después, en la madrugada del viernes, se levantó y se dirigió al baño de una de las celdas del pabellón de la cárcel federal de Marcos Paz, donde cumplía su condena. Fue ahí donde se desplomó y cayó muerto, como un preso más y sin ningún beneficio militar.

    Videla pagaba varias condenas, entre ellas una por el robo de más de 400 bebés que nacieron durante su dictadura y que fueron entregados a militares o personas vinculadas al régimen. El exdictador, junto a la cúpula militar que lo había acompañado entre 1976 y 1981 en la más sangrienta dictadura argentina, también fue responsable de la desaparición de más de 30.000 personas. Muchas de ellas, luego de haber sido torturadas, fueron arrojadas vivas en los llamados “vuelos de la muerte” al Río de la Plata o al mar Argentino. Muchos otros fueron fusilados y miles más tuvieron que exiliarse o fueron secuestrados.

    En 1985, después de un juicio impulsado por el entonces presidente Raúl Alfonsín, Videla y sus compañeros de tiranía fueron condenados a cadena perpetua. Sin embargo, en 1990 y con la llegada del peronista Carlos Menem a la presidencia de Argentina –quien había permanecido años preso durante la dictadura- se indultó a Videla, a los otros militares condenados y también a los jefes guerrilleros de los años 70. Unos pocos años después, debido a que este tipo de crímenes no prescriben por considerarse de lesa humanidad, el juez español Baltazar Garzón reanudó las investigaciones contra Videla  en España. En 2003, al llegar Néstor Kirchner al poder, se impulsó la declaración de inconstitucionalidad de los indultos de Menem y fue así como, en 2010, el exdictador regresó nuevamente a prisión, esta vez hasta el día de su muerte.

    Videla nunca se arrepintió de nada. Dos días antes de morir, tomó la palabra en otro juicio que se le seguía por el “Plan Cóndor” y se declaró como un “preso político” reivindicando todo lo que hizo.

    Muchos aún recuerdan el momento en el que, luego de la final del Mundial de Fútbol organizado en Argentina en 1978, donde el país anfitrión se consagró campeón, un todopoderoso Videla le entregaba la copa al capitán de la selección local. Ese día, la sensación de que Videla sería eterno y nunca pagaría por los crímenes que estaba cometiendo arropaba a la Argentina y al mundo. Esa imagen seguramente dista mucho de la que presenciaron quienes encontraron el cuerpo sin vida del exdictador tendido en el piso de un baño de prisión.

    Así fue la muerte de un dictador. Así es como muere la mayoría de ellos. (Guayoyoenletras.com)

  • Resistir – Por Miguel Velarde

    Resistir – Por Miguel Velarde

    Los graves incidentes ocurridos en la Asamblea Nacional, cuando varios diputados de oposición fueron brutalmente agredidos por sus colegas oficialistas, fueron el punto de inflexión que cambió la dirección de la coyuntura actual.

    En un contexto donde la crisis política que vive Venezuela no solamente es innegable, sino que se agrava con el paso de los días, los incidentes violentos de la semana pasada solamente generan más dudas sobre la legitimidad del gobierno. Los que fueron capaces de hacer lo que hicieron en la Asamblea, serían capaces de cualquier cosa con tal de no perder el poder. Todo lo que hoy vivimos es consecuencia de negarse a abrir las cajas y contar los votos de cada venezolano. Pues así de delicado será lo que en ellas se esconde.

    Ha llegado el momento de que el mundo deje su indiferencia con Venezuela. Mucho de lo que ha pasado ha sido ignorado por la comunidad internacional, en gran parte por los intereses económicos de algunos países y organismos que desde hace tiempo viven a expensas del país. Sin embargo, mantener esa posición indolente puede empezar a resultar costoso para ellos. Entre otros, si la OEA abandona a los demócratas de Venezuela, se niega a sí misma.

    En el país, como afirma el profesor del IESA, Ramón Piñango, hay razones para estar profundamente preocupados y ser inmensamente optimistas. La oposición está más unida que nunca mientras el oficialismo está más confundido que de costumbre. Pareciera que lo que hoy vivimos es el verdadero –y quizás el único- legado de Hugo Chávez, y quienes fueron auténticos seguidores del expresidente deberían estar indignados por lo que hicieron con su memoria.

    Los venezolanos se están dando cuenta que cuando ocurren hechos como estos, no es solo a diputados a los que agreden y golpean, sino también a la democracia y a la república. Queda claro que la disputa ya no es solo de la verdad contra la mentira, sino también del bien contra el mal.

    Unos días antes de las elecciones presidenciales dijimos que la lucha no terminaba el 14 de abril, sino más bien ese día comenzaba. No nos equivocamos, y a la oposición le quedan tres únicos caminos: resistir, resistir y resistir. (Guayoyoenletras.com)

  • Días difíciles – Por Miguel Velarde

    Días difíciles – Por Miguel Velarde

    Días difíciles para Venezuela. La decisión del Consejo Nacional Electoral de ampliar la auditoría al 46% de las actas que no habían sido revisadas, es una válvula de escape temporal para una crisis política que recién comienza. La fuerza indetenible del progreso chocó contra el objeto inamovible del pasado y esa realidad volverá a caer, más temprano que tarde y con todo su peso, sobre los hombros de los venezolanos.

    La oposición está en su mejor momento en 14 años. Tiene en Henrique Capriles un líder nacional que se ha consolidado durante la campaña y la crisis post electoral. El resultado del 14 de abril dejó claro que la oposición ya no es minoría, mientras que el conflicto ha permitido algo que muchos analistas veían como poco probable después de las elecciones: que siga sólidamente unida.

    Mientras tanto, con la muerte de Hugo Chávez, el oficialismo ha perdido a su único líder y cada vez se hace más evidente que a Nicolás Maduro se le hará muy difícil llenar las expectativas de sus seguidores. El chavismo también deberá enfrentar a corto plazo una profunda revisión interna debido a los malos resultados electorales, un proceso que debe encontrar “culpables” y que, inevitablemente, generará quiebres internos.

    La coyuntura también favorece a la oposición. Era previsible esperar una crisis económica a corto plazo que derivara en una crisis política. Sin embargo, pocos esperaban que esta última se diera inmediatamente después de las elecciones mientras los problemas económicos recién comienzan, lo cual puede convertirse en un espiral de conflictos difícil de manejar para el gobierno. Los 30 días que durará la nueva auditoría obligarán al gobierno de Maduro a mantenerse en una lucha en el plano político, mientras la inflación, la escasez y la caída en el poder adquisitivo de la gente seguirán siendo temas pendientes.

    Por el momento, lo único que está claro es que nada está claro. Muchos coinciden en que estos días adicionales le permiten a uno de los actores “ganar tiempo”, lo que nadie sabe a ciencia cierta es si el beneficiado será el oficialismo o la oposición. Lo más probable es que el que más provecho le saque al próximo mes será quien juegue mejor sus cartas.

    Por lo que vimos hasta ahora, la estrategia del chavismo será radicalizarse lo más posible para mantener alineadas a sus filas y buscar desmovilizar a sus adversarios. Del lado opositor, cada paso que se dé será cuidadosamente estudiado para no caer en el juego oficialista que intenta catalogarlo de “violento” y tratará de mantenerse enfocado en su reclamo principal: la revisión del proceso electoral.

    A pesar de que algunas pocas voces lo aseguraban desde hace algún tiempo, hoy por primera vez son muchos más los que saben que somos mayoría los que queremos vivir en un país diferente al que tenemos. Pero, para la oposición, no es suficiente saber que es mayoría, sino también debe comenzar a actuar como tal. Es ahí, en esa convicción, donde se encuentra el punto de inflexión entre el progreso y el pasado, entre la verdad y la mentira. (Guayoyoenletras.com)

  • Lo sabemos todos – Por Miguel Velarde

    Lo sabemos todos – Por Miguel Velarde

    ESPERANZA1Ayer amanecimos en una nueva Venezuela. No porque ya no tenga los mismos problemas que la aquejan desde hace años, ni porque no deba enfrentar todavía algunos obstáculos que tiene por delante. Sino porque quedó demostrado que somos mayoría los que queremos un nuevo rumbo para el país y que no descansaremos hasta lograrlo.

    Los venezolanos le recordaron al chavismo que Chávez ya no está. Del “por ahora” del 4 de febrero de 1992 al “mientras tanto” de la noche del último domingo ha pasado mucho tiempo y muchas cosas. Una etapa política se está acabando y está comenzando otra que debe ser más incluyente y reconocer a medio país que no comparte esa ideología. Por cada venezolano que piensa de una manera, hay otro que piensa distinto.

    Lo dijimos antes y lo reiteramos hoy: una victoria de la oposición iba a ser heroica y una derrota no iba a ser definitiva. Esta fue una lucha desigual e injusta, entre los ciudadanos contra el poder de dos Estados: el venezolano y el cubano.

    Pero a pesar de eso, armados solamente con fe, esperanza y valentía, los venezolanos demócratas dieron la talla y la batalla. Hoy más que nunca es momento de lucha, el que se rinde se traiciona y traiciona a los valores en los que cree.

    También es hora de que el mundo deje la indiferencia con Venezuela. Un país que se ha caracterizado a lo largo de su historia por su inagotable solidaridad, los últimos años solamente ha recibido la espalda de la mayoría de los países en sus momentos más críticos.

    La oposición obtuvo el domingo dos victorias importantes: una política y otra moral. La tercera, la electoral,  sigue en disputa. Sin embargo, pase lo que pase, está claro que el gran reto de los venezolanos demócratas es no rendirse.

    Venezuela no es chavista, es venezolana. Somos mayoría los que queremos vivir en un país distinto al que hoy tenemos. Eso lo sabemos nosotros, lo saben ellos…lo sabemos todos. (Guayoyoenletras.com)

  • Luchar Votando – Por Miguel Velarde

    Luchar Votando – Por Miguel Velarde

    El domingo los venezolanos tienen una nueva cita electoral. Será la décima octava en la que acudirán a las urnas desde que el fallecido expresidente Hugo Chávez llegara al poder en 1998. Para cualquiera que no conozca la realidad venezolana, esta cifra podría ser la prueba más evidente de que su democracia goza de buena salud. Sin embargo la realidad es diferente.

    En los últimos 14 años, cada nueva elección ha servido para proyectar  la apariencia de un sistema democrático fortalecido cuando en realidad ha existido un evidente deterioro en el poder de elección de la gente. No es lo mismo votar que elegir, y para que el proceso electoral sea libre, justo y transparente  -como la Constitución lo manda- existen muchas condiciones que deben cumplirse antes y durante el día de las elecciones que, evidentemente, no se han cumplido. A pesar de que diferentes sectores políticos y de la sociedad civil vienen exigiendo la implementación de ciertas condiciones electorales básicas para que garantizar la imparcialidad en los comicios, el Consejo Nacional Electoral-que cada vez se muestra menos imparcial- ha ignorado esas demandas.

    Es importante reflexionar sobre esto porque creemos que algunas premisas deben estar muy claras para encarar de manera responsable los próximos días. La elección del 14 de abril se dará en condiciones absolutamente desiguales entre los candidatos que buscan la Presidencia de Venezuela. Todo el proceso que nos lleva a esta contienda electoral ha estado caracterizado por un evidente ventajismo por parte del “presidente-encargado-candidato” del oficialismo que debilita enormemente el espíritu democrático de esta cita electoral.

    No vale la pena, a tan pocos días, entrar en consideraciones de si la estrategia de cara a esta legitimación electoral -que tanto necesita el gobierno de Nicolás Maduro- es la correcta o no. Sin embargo, lo que sí es necesario es que el mensaje esté claro: hay que luchar votando y, después, seguir luchando. Como advertíamos en un anterior editorial, muy posiblemente la lucha no termine el domingo, sino ese día mas bien comience.

    La peor pelea es la que no se da. Históricamente, las fuerzas democráticas de nuestras naciones se han caracterizado por su valentía en dar luchas incluso en condiciones muy desiguales e injustas. Esta vez no es diferente, pero son justamente esas condiciones tan adversas que hacen que las derrotas no sean definitivas y que las victoria sean heroicas.

    Venezuela necesita hoy más que nunca del inquebrantable espíritu democrático de sus ciudadanos. No tenemos duda de que cada uno de ellos estará a la altura de lo que las circunstancias lo exigen. (Guayoyoenletras.com)