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  • La vulgarización de la política – Por Miguel Velarde

    La vulgarización de la política – Por Miguel Velarde

    Los últimos años nos han permitido ser testigos –por muy mala fortuna- de un nivel de degradación de la política pocas veces visto en el país. Una Asamblea Nacional convertida en un ring de boxeo, el canal del Estado como uno de propaganda partidista, cadenas nacionales vacías de comunicados importantes y llenas de odio y descalificación, y políticos más parecidos a matones de barrio que a estadistas de una nación.

    Venezuela no era así. Si bien es innegable que muchos problemas no comenzaron hace 14 años y que en esta última década lo único que han hecho ha sido profundizar y enraizar sus vicios, también es incuestionable que la política, con todos sus defectos, tenía una altura mayor a la que tiene hoy. Importantes académicos, empresarios, hombres de letras y de otras especialidades culminaban sus exitosas carreras en algún ministerio o función pública. La Asamblea Nacional era un lugar de debate de ideas en voz de ilustrados personajes y, muy pocas veces, podía uno escuchar de boca de uno de ellos alucinaciones esquizofrénicas como las que hoy allí se vierten sin la menor vergüenza ni pudor.

    Es difícil recordar que las autoridades con las más altas responsabilidades lanzaran acusaciones de cualquier tipo sin pasar antes por una minuciosa investigación que las sustente. En los últimos años aquí se ha culpado de las más grandes tragedias a la lluvia, a los rayos, a las iguanas e incluso a armas secretas enemigas que son capaces de inocular enfermedades tan terribles como el cáncer. El sentido de responsabilidad es algo que hoy no existe.

    Incluso los detalles aparentemente menos importantes son muestra de que la política en Venezuela vive tiempos difíciles. Los líderes, aquellos que nos representan y quienes deberían ser modelo a emular en todo sentido, se esfuerzan en vulgarizar su lenguaje, sus poses, sus gestos y hasta su forma de vestir. Tan demagogos y populistas pueden llegar a ser que creen que la mala facha es un activo político, una jugada hábilmente planteada por quienes desde hace unos años nos gobiernan e ingenuamente comprada por un sector de oposición que parece que no tiene interés en dejar de serla. Ahora casi todos creen que la mejor idea es disfrazarse de “pueblo” para ser su mejor líder. Eso, en palabras simples, es mentir: mentirles a ellos y, peor aún, mentirse a sí mismo.

    Me contaba un conocido empresario líder de la sociedad civil, que hace no mucho tiempo, en una asamblea popular en un pequeño pueblo en el interior del país, había vivido una de las lecciones más importantes de su vida. Algunos dirigentes políticos que lo acompañaban le  sugirieron dejar el traje y la corbata y ponerse un jeans y una franela para el evento por ser más “apropiado”. El aceptó y al final de su presentación, una mujer del lugar intervino y le dijo: “Mire doctor, a mi me gusta su discurso. Pero hay algo que le quiero decir: yo a usted lo veo siempre en televisión y le digo a mi hijo que quiero que un día llegue a ser como usted y que se vista como usted, así con esos trajes y corbatas elegantes. No entiendo por qué hoy que viene a nuestra comunidad es usted el que se vistió como mi hijo.”

    La prestancia de la política debe ser rescatada en todos sus aspectos, en su lenguaje y en su espíritu. Es la única manera de lograr que ella sea un mundo en el que los mejores ciudadanos aspiren participar y no la cloaca de la que la gente buena se quiera alejar. Si de algo padece hoy Venezuela es de decencia y la mejor manera de recuperarla es buscando en su propia esencia, esa que compartimos la inmensa mayoría de los que aquí vivimos. (Guayoyoenletras.com)

    Miguel Velarde

  • Tarde y mal – Por Miguel Velarde

    Tarde y mal – Por Miguel Velarde

    La primera victoria de El Asad sobre Estados Unidos, sin que se haya disparado el primer misil, ocurrió el sábado al medio día cuando el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció su decisión de atacar Siria pero no sin antes someterla a consideración del Congreso de su país. Esto busca legitimar una decisión de una nueva acción militar que, como todas, es incierta. Pero, como contraparte, tiene el altísimo costo de comprarle tiempo al régimen de El Asad y hacer que el castigo por sus crímenes deba esperar.

    A Obama se le hizo imposible superar el temor de convertirse en un émulo de George W. Bush, el presidente de Estados Unidos que tanto criticó por la guerra unilateral e ilegal de Irak. Sin embargo, tampoco tiene la seguridad de contar con los votos en un Congreso donde la oposición Republicana tiene el control de una de las cámaras, la Cámara de Representantes, y que, además, está de vacaciones hasta el 9 de este mes.

    Es, sin duda, una maniobra arriesgada del presidente de Estados Unidos, que ante la negativa del Parlamento inglés de apoyar la moción de un ataque presentada por el Primer Ministro de ese país, James Cameron, busca ahora el apoyo político en su territorio. Algo que no será fácil, especialmente si uno toma en cuenta la última encuesta en la que solamente el 20 por ciento de los estadounidenses apoya una acción militar unilateral de su país.

    Los argumentos para realizar una intervención militar contra Siria son más sólidos y contundentes que en ocasiones anteriores. Los videos y fotografías de personas –entre ellos muchos niños- muertas a manos del régimen de El Asad ya han circulado durante meses alrededor del mundo, mientras que en los últimos días salieron a la luz incluso evidencias de ataques con armas químicas. El pasado domingo, el secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, confirmó que el régimen sirio utilizó gas sarín en el ataque de Damasco, según revelan las últimas pruebas que se han realizado al extraer pelo y sangre de algunas de las víctimas.

    El verdadero problema que Obama tiene hoy en sus manos no es la legitimidad de una intervención en Siria, sino el desenlace que ésta tendría. No queda claro el sentido, el objetivo ni las consecuencias de una operación de este tipo, ya que no se sabe si debe conducir al derrocamiento de El Asad, al final de esta guerra civil o simplemente debe ser un castigo que muestre la autoridad y fuerza de los Estados Unidos con el objetivo de disuadir a otros países de esa región de usar armas químicas en el futuro.

    Decenas de miles de sirios que han muerto ya han sido olvidados, y muchos otros más despiertan hoy una vez más rodeados de destrucción y terror. Mientras tanto, muy lejos, casi al otro al lado del mundo y en lujosos salones, los líderes mundiales siguen haciendo consideraciones y cálculos políticos antes de tomar una decisión que permita terminar con esta masacre.

    Como tantas otras veces en la historia, una vez más lo hacen tarde y mal. (Guayoyoenletras.net)

    Miguel Velarde

  • La Jornada de Formación de Jóvenes llega al estado Portuguesa

    La Jornada de Formación de Jóvenes llega al estado Portuguesa

    El estado Portuguesa fue sede, este fin de semana, del programa Jornada de Formación Intensiva para Jóvenes, donde más de 50 miembros del equipo de Vente Joven de diferentes municipios del estado asistieron al taller, el cual fue dictado por distintos dirigentes nacionales de Vente Venezuela, tales como: Catalina Ramos (Coordinadora Nacional de Formación), Miguel Velarde (Coordinador Nacional de Ideología y Contenido), entre otros. Humberto Villalobos, Coordinador Electoral de Vente Venezuela, también hizo acto de presencia para preparar al equipo electoral a fin de salir airosos en la elecciones del 8 de diciembre, “la idea en particular de mi presencia acá es para desarrollar un proyecto a fin de mejorar la seguridad electoral en todos los centros del país, este proyecto va destinado a crear estructuras de ciudadanos que cuiden los votos en los centros de votación” destacó.

    De la misma manera hizo énfasis en el apoyo rotundo por parte de Vente Venezuela, movimiento encabezado por la Diputada María Corina Machado, a la candidatura a la Alcaldía de Guanare de Francisco “titi” Mora, “vamos a hacer un gran esfuerzo aquí en Guanare con nuestro candidato Titi, porque haciendo un gran trabajo vamos a ganar” expresó.

    Dicha jornada estuvo a cargo de María de los Ángeles Mora, Coordinadora Regional de Vente Venezuela en Portuguesa, Andrés Rodríguez Coordinador Regional de Vente Joven, Javier Timaure Coordinador Municipal de Vente Joven, en conjunto con un gran grupo de jóvenes, quienes velaron por el éxito alcanzado en la I Jornada de Formación Intensiva para Jóvenes.

    Humberto Villalobos, rueda de prensa 1

    Jovenes en el taller 1 Jovenes en el taller 2 Jovenes en el taller 3 Jovenes en el taller 4 Jovenes en el taller 5 Jovenes en el taller 6 Ponente 1

  • Una tragedia sin respuestas – Por Miguel Velarde

    Una tragedia sin respuestas – Por Miguel Velarde

    Ayer se cumplió un año de ese trágico amanecer del 25 de agosto del 2012, cuando los habitantes de Paraguaná en el estado Falcón despertaron en el centro mismo del infierno.

    A la 1:10 de la madrugada, una falla en una de sus bombas generó una fuga de gas que causó la explosión y posterior incendio en la Refinería de Amuay. Este hecho fue una de las tragedias de mayor magnitud registrada en una refinería de petróleo a nivel mundial, en la que perdieron la vida 42 personas, 5 más siguen desaparecidas y más de 150 resultaron seriamente lesionadas, según datos oficiales. Además, también resultaron destruidas instalaciones industriales, locales comerciales, escuelas y viviendas localizadas en las proximidades del área del siniestro. Doce meses después de lo ocurrido, lo único que se ve al recorrer las zonas afectadas es desolación y dolor. Pero, además de eso, también se respira  profunda desesperanza. Nadie les dice nada.

    El impacto de la tragedia también tuvo un gran perjuicio económico para el país. Según un informe que presentó la Comisión de Diputados “La Verdad sobre Amuay” la semana pasada, el costo total estimado de los daños ocasionados ximidades del emana pasada, el costo total estimado de los daiendas localizadas en las proximidades del ocasionados por la explosión y el incendio podrían alcanzar hasta los 1.835 millones de dólares, es decir, más que el presupuesto total para educación de todo este año.

    Hoy nos preguntamos: ¿Quiénes fueron los responsables de esta tragedia? ¿Qué normativas no se cumplieron? ¿Cómo fue el manejo de la contingencia en cuanto a las acciones y medidas tomadas en la zona? ¿Qué pasó con la indemnización a los familiares de las víctimas? ¿Qué pasó con los damnificados? ¿Dónde están los desaparecidos? Son muchas las preguntas que aún no tienen respuesta y, lo peor de todo, es que no sabemos si algún día la tendrán.

    La tragedia de Amuay no puede ser olvidada, no solamente por las vidas que allí se perdieron y la destrucción que produjo, sino también porque las causas que la ocasionaron siguen allí latentes tanto en las demás refinerías del país como en otro tipo de instalaciones. Las causas deben ser conocidas y expuestas para que sean solucionadas y prevenidas en el futuro.

    De otra manera, tragedias como ésta podrían volver a ocurrir e incluso costar más vidas y mucho más sufrimiento. Si no se toman las medidas necesarias y no se hace una investigación seria, profunda y transparente, quizás lo peor sea lo que está por venir. (Guayoyoenletras.net)

    Miguel Velarde

  • La vulgaridad contra la decencia – Por Miguel Velarde

    La vulgaridad contra la decencia – Por Miguel Velarde

    El bochornoso espectáculo del que fuimos testigos el pasado martes en la sesión de la Asamblea Nacional nos dejó con una incómoda sensación por varios días. A pesar de que estamos conscientes de que la realidad que hoy vivimos no es precisamente una etapa de la que Venezuela se sentirá orgullosa en el futuro, hay cosas que no dejan de sorprendernos.

    Cuando creíamos que la prestancia del Parlamento había alcanzado su punto más bajo en la historia republicana del país, nos dimos cuenta de que la caída puede ser aún más profunda. El momento en el que el diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela, Pedro Carreño, tomó el micrófono y expresó airadamente su homofobia disfrazada de retórica política, no solamente irrespetó a una comunidad que en todo el mundo está ganando derechos y reconocimiento, sino que también dividió aún más a un país polarizado. Fuimos muchos los que sentimos vergüenza con todos esos niños que, en horario para todo público, pudieron presenciar ese desafortunado espectáculo en vivo y directo por el canal de todos los venezolanos.

    Lo más triste de todo es que la AN es hoy el reflejo no solamente de la política en Venezuela, sino también de sus calles, de sus instituciones, de su justicia. La AN es el reflejo de la “Patria” que tenemos.  El problema de fondo no es quien es homosexual, sino quien hoy, ya bien entrado el siglo XXI, cree que serlo es algo malo. Y, lamentablemente, de esos tenemos aquí y allá. Pero, incluso peor que eso, es que se use uno de los pilares de una República, como lo es el Poder Legislativo, para intentar aniquilar civilmente a un adversario político.

    ¿Cuánto más daño se le puede hacer a un país que lo único que pide es un poco de respeto? ¿Cuánto más hondo deberemos caer para darnos cuenta de que, tarde o temprano, tendremos que cambiar el rumbo y comenzar desde más abajo?

    Esta es, definitivamente, la lucha de la vulgaridad contra la decencia. Hoy, después de años de lamento, ha llegado el momento de que cada uno de nosotros se mire al espejo y se pregunte: ¿de qué lado estoy? (Guayoyoenletras.com)

  • Constitu-gente – Por Miguel Velarde

    Constitu-gente – Por Miguel Velarde

    Cada día que pasa los ciudadanos entienden mejor que algunos de sus líderes la naturaleza de lo que enfrentan. Esto causa una frustración absolutamente comprensible entre la gente, ya que sienten que no existe un liderazgo que tenga claro el camino que a recorrer. Sin embargo, también existe un lado positivo: como consecuencia de esto nace una posibilidad cierta de actuar.

    Ante la crisis moral y política que caracteriza hoy a Venezuela, en las últimas horas algunas voces se han hecho escuchar proponiendo una salida: la realización de una Asamblea Constituyente. No se puede negar que un planteamiento de este tipo no es una decisión ni común ni fácil, menos en una situación de polarización como la que vivimos, pero la coyuntura es lo que lleva a pensar que la misma podría ser una de las pocas salidas que hagan viable la gobernabilidad en el país.

    Una Constituyente no se plantea solamente para cambiar un presidente, es la refundación de un país para modificar todo aquello que no está funcionando y que no permite que la soberanía popular sea respetada. Eso es lo que hoy ocurre en Venezuela, donde muchas de sus instituciones son el primer obstáculo para que esa soberanía se respete.

    Es imprescindible que se tenga claro que ni las elecciones municipales del 8 de diciembre ni la Constituyente pueden ser la meta final de esta lucha. Ambas deben ser solo pasos que conduzcan hacia el verdadero objetivo: la reconciliación nacional. Venezuela vive uno de los tiempos más complejos de su historia republicana, y son justamente estos los que demandan decisiones valientes y audaces.

    El proceso no debe ser ni convocado ni encabezado por el liderazgo de oposición ni por sus principales actores políticos. Debe ser impulsado por la sociedad civil y así convertirse en una oportunidad para que los ciudadanos no se queden sentados esperando el llamado de un líder que nunca llega. Sería el argumento perfecto para que aquellas personas que creen que hoy los venezolanos no viven como deberían, puedan confluir y trabajar en él.

    El reto es plantearse una Constituyente de la gente.

     

  • Refundidos – Por Miguel Velarde

    Refundidos – Por Miguel Velarde

    Cada vez que uno conversa sobre la situación actual de Venezuela con personas que no viven aquí, incluso con algunas de países vecinos, puede comprobar que la realidad en la que sobrevivimos no solamente no es normal, sino que también ya ha cruzado el límite de lo creíble.

    Cuando uno comparte sus experiencias diarias sobre la inseguridad, la impunidad, la inflación, la escasez y, sobre todo, lo relacionado con la permanente convulsión política que se padece en el país, la primera reacción es de incredulidad. Nuestros interlocutores piensan que estamos mintiendo o que, en el mejor de los casos, estamos exagerando. Pero al hacer uno el esfuerzo de explicar, con datos oficiales en la mano, que no se trata de un engaño, habitualmente la siguiente reacción es de sorpresa: no pueden comprender cómo en un país donde pasa de todo, no pasa nada.

    En 1999 llegó al poder la Revolución Bolivariana cargada de promesas de un nuevo amanecer para Venezuela. Aseguraban que atrás habían quedado los años de corrupción, exclusión y mal gobierno, y que en la nueva república, la quinta, todo sería diferente. Hoy queda claro que lo único que cambió fue el nombre, porque los problemas de fondo no solamente siguen, sino que muchos de ellos incluso se han agravado.

    Quienes hace 14 años llegaron al poder con la promesa de refundar la República, la refundieron. Las bases democráticas más importantes, como las libertades y los derechos de todos sus ciudadanos, se han visto seriamente deterioradas. Mientras otros países de la región son arquitectos de su destino, nosotros hoy luchamos por lo mismo que nuestros Libertadores lucharon hace más de 200 años.

    Sin embargo, estos tiempos de incertidumbre pueden, a la vez, ser tiempos de oportunidad si logramos vencer la perplejidad. La crisis más profunda es el mejor contexto para las propuestas más audaces. Hoy es posible que Venezuela deba repensarse desde sus raíces una vez más. No se trata de una Patria abstracta, sino de sus ciudadanos.

    Esos que hoy están refundidos y que, seguramente, aspiran refundarse.

     

  • ¿Patria o República? – Por Miguel Velarde

    ¿Patria o República? – Por Miguel Velarde

    Hace 30 años, nuestros países –con algunas excepciones- comenzaban a cerrar uno de los ciclos más oscuros en la historia de América Latina, que se había caracterizado por dictaduras militares que tiñeron de sangre la región con miles de muertos y desaparecidos. Pero la pérdida de vidas no fue la única consecuencia nefasta de este periodo de autoritarismo, también lo fue la pérdida de libertades y derechos básicos de los ciudadanos.

    La década de los ochenta vio renacer las democracias en la región, un proceso que no fue fácil ya que éste vino de la mano de inestabilidad. Problemas económicos y de inseguridad, pero así y todo la mayoría de ellos lograron consolidar sus democracias.

    Brasil, Chile, Perú y Colombia mejoraron sus condiciones: según el Banco Mundial, sus clases medias han crecido en un 50 por ciento, el consumo privado supone hoy entre 67 por ciento y 75 por ciento del PIB y el acceso a la educación también mejoró notablemente: los años de escolaridad se incrementaron de cinco a ocho en estos países. En términos de seguridad, ciudades como Rio de Janeiro o Medellín, que hasta hace una década tenían los índices de violencia más altos en el mundo, son hoy dignas de envidiar. Pero, sobre todo, los avances más importantes de estos países se ven en materia de los derechos y las libertades de sus habitantes, aspectos esenciales para la existencia de una democracia.

    Mientras tanto, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, fueron víctimas de corrientes populistas y demagógicas que aprovecharon la crisis económica y social de finales del siglo XX y, con promesas de acabar con la corrupción y comenzar una nueva época, llegaron al poder disfrazados de la “nueva política” para no irse más. Su bandera principal fue la lucha contra la pobreza. Sin embargo, muy pronto nos daríamos cuenta de que esa lucha era más de palabra que de hecho, y de que estos gobiernos necesitan que los pobres dependan de ellos para poder lograr su máximo objetivo: mantenerse en el poder. Quieren a los pobres, pero los quieren pobres. Los necesitan así.

    Hoy nuestras sociedades tienen dos grandes retos por delante: primero, comenzar honestamente la lucha contra la pobreza y la exclusión para lograr, aunque sea  tarde, sacar definitivamente de ella a quienes aún viven en esa situación. En segundo lugar, y de la mano con lo anterior, rescatar los pilares básicos de una democracia como la independencia de los poderes, la libertad de expresión, la alternabilidad de Gobierno y el equilibrio y control de sus instituciones.

    Hoy luchamos por lo mismo que lucharon quienes hace 200 años nos independizaron: la República. Para muchos, no está clara la diferencia entre ella y la “Patria”. Quizás, para no entrar en complejidades, la manera más fácil de explicarlo sería señalar que en una República, a diferencia de una Patria, cada persona no es solo un habitante, sino un ciudadano libre, con derechos y responsabilidades.

    Y con papel higiénico, también.

    Miguel Velarde

  • Tres meses después – Por Miguel Velarde

    Tres meses después – Por Miguel Velarde

    Han pasado tres meses desde la polémica elección del 14 de abril, en la que el candidato del gobierno, Nicolás Maduro, se proclamó vencedor de la contienda y el de la oposición, Henrique Capriles, no reconoció la victoria, denunciando un posible fraude electoral. Dos posiciones enfrentadas que pusieron a Venezuela en el ojo del huracán y en el foco del mundo.

    La expectativa que se generó fue enorme, no solamente por cuál iba a ser el desenlace político en el país, sino también porque debido a la gravedad de las denuncias sobre violaciones a principios básicos de una democracia, las consecuencias para la región del resultado de este proceso también iban a ser significativas. Podíamos prever un escenario complejo: dos candidatos que decían haber ganado una misma elección y que iban a actuar de esa manera. O, por lo menos, eso creíamos.

    Desde el día posterior a la elección, Maduro empezó a recorrer el país y el mundo como presidente, tanto como parte de su “Gobierno de calle” como para buscar la legitimidad internacional. Mientras tanto, los primeros días después del 14-A, Capriles pareció tomar una posición firme, dispuesto a luchar por lo que creemos consideraba la verdad. Sin embargo, ante la sorpresa de millones de sus seguidores e incluso de parte la comunidad internacional, casi inmediatamente enfrió su posición.

    No vale la pena entrar en discusiones sobre estrategias o visiones. El caso es más simple de lo que parece. Si lo que la dirigencia opositora denunció en su momento es verdad, no fue a Capriles al que le robaron una elección, fue a millones de venezolanos a los que les robaron su voto: lo más sagrado que un ciudadano puede tener en democracia.

    La indecisión de un líder puede ser tanto o más costosa que una mala decisión. Cada día que pasa el Gobierno se estabiliza un poco más y la oposición pierde fuerza. Seguramente, cuando el tiempo nos dé la perspectiva necesaria para analizar estos difíciles momentos que aún vivimos, nos costará entender por qué quienes coyunturalmente llevaban la voz de mando de una oposición que había logrado crecer de una manera inimaginable, no solamente no estuvieron dispuestos a movilizar a sus millones de seguidores, sino que incluso pareciera que decidieron desmovilizarlos.

    Lo que le espera a Venezuela ahora es, como desde hace varios años, incierto. Lo que sí es nuevo es que, dado el desarrollo de los acontecimientos estos últimos tres meses, esa incertidumbre ahora también se empieza a sentir en filas opositoras. Las protestas sociales se incrementan día a día y nada indica que eso vaya a cambiar. La situación económica es crítica debido a la inflación y escasez que reina en el país. Todo eso hace que la realidad política se enturbie y se vuelva más compleja.

    Mientras tanto, la dirigencia opositora que asegura que le acaban de robar una elección presidencial, se prepara para la de alcaldes el próximo 8 de diciembre. En las mismas condiciones y con el mismo árbitro electoral. (Guayoyoenletras.com)

    Miguel Velarde

    @MiguelVelarde

     

  • Egipto sin cacerolas – Por Miguel Velarde

    Egipto sin cacerolas – Por Miguel Velarde

    La semana pasada, luego de varios días de multitudinarias protestas en las calles de Egipto, incluida la simbólica plaza Tahrir,  los militares de ese país se vieron forzados a pedirle la renuncia al expresidente Mohamed Morsi, solo un año después de que éste había sido elegido democráticamente en las urnas.

    Morsi, importante dirigente del movimiento islamista de los Hermanos Musulmanes, llegó al poder el 30 de junio de 2012 con un mayoritario apoyo de la gente. Sin embargo, ya desde allí, intentó imponer un régimen autocrático de corte islamista. Los egipcios no estuvieron dispuestos a que Morsi utilizara sus votos para destruir la democracia, y es por eso que se lanzaron masivamente a las calles para pedir su renuncia. No debemos equivocarnos, en los últimos acontecimientos en Egipto no fue el pueblo el que apoyó a los militares, fueron los militares los que apoyaron al pueblo. Queda claro que, después de seis décadas de dictadura, un año en libertad fue suficiente para saber lo que no es tolerable en democracia.

    Pero hoy, una vez más, Egipto vive tiempos peligrosos. El pasado viernes las protestas contra el golpe de estado dejaron decenas de muertos y cientos de heridos entre los seguidores de Morsi. Nunca es una buena noticia que los militares tomen el poder, y es por eso que la complejidad de la situación ha hecho que la reacción internacional sea tan lenta y cuidadosa.

    El plan diseñado por los militares y apoyado por los opositores civiles ya está en marcha. El hasta hace poco presidente del Tribunal Constitucional, Adli Mansur, nuevo presidente interino, ordenó la disolución del Senado, suspendió la Constitución y se dispone a conformar un Gobierno de unidad nacional hasta la convocatoria de nuevas elecciones. Promesas que aún no han sido suficientes para contar con el apoyo de los Estados Unidos, la Unión Europea y otros países árabes.

    Una vez más en poco tiempo, fuimos testigos de que los ciudadanos egipcios no necesitaron un líder con cacerolas para hacer girar el rumbo de su destino. No queda duda que es una mala noticia que se haya producido un golpe de estado en ese país, como tampoco queda duda que las ambiciones fundamentalistas de Morsi y los Hermanos Musulmanes condenaron a muerte un primer intento democrático en una nación donde está claro que ahora, como nunca antes, su gente tiene una insaciable sed democrática.

    Es que, cuando un ciudadano toma una bocanada de libertad, es imposible que pueda volver a vivir un solo día sin ella.

    @MiguelVelarde