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  • Un nuevo mundo – Por Miguel Velarde

    Un nuevo mundo – Por Miguel Velarde

    El viernes dos personas que no podían ser más contrapuestas centraron la atención del mundo. El ahora ex presidente  Barack Obama le entregó el poder a quien asumió como el 45to Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En esa imagen, no solamente estaban dos personajes con procedencias totalmente diferentes, sino también dos líderes con visiones de su país y del mundo completamente opuestas.

    Si bien el resultado de las elecciones estadounidenses refleja claramente el descontento de la clase trabajadora de ese país, también vale la pena analizar que Trump no ganó en ninguna ciudad que tenga más de un millón de habitantes. En todas los grandes centros económicos, financieros y académicos –Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Chicago, Boston, etc.- salió derrotado. Ese es un hecho que debe ser estudiado, no solamente en el país del norte, sino también en otros países en el que ese fenómeno puede también estar presente y, en algunos casos, oculto. ¿Qué tipo de descontento se está cultivando en los lugares más alejados? ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias? ¿Cómo podemos enfrentarlo?

    Existen otras latitudes en las que esto ya se está manifestando. En un libro que acaba de ser publicado en Francia, el presidente François Hollande alerta sobre lo que pasa en el mundo y lo califica como una “Desviación populista” que debe preocuparnos. En los últimos meses lo vimos también en Gran Bretaña con el Brexit, en Italia con la derrota de Matteo Renzi en el referendo por su plan para reformar la Constitución y  que significó su salida del poder, en Alemania con la contundente derrota de Angela Merkel en las últimas elecciones locales y en otros países donde el discurso populista ha ganado fuerza.

    Además, la tensión mundial no solamente se centra en lo político o en lo comercial, sino también en lo militar. Cada vez son más fuertes las versiones de que los rusos buscan invadir los países bálticos, mientras la crisis entre Estados Unidos y China también tiene una creciente tensión debido a que los chinos pretenden lograr soberanía en el Mar de China, algo a lo que los estadounidenses se oponen de manera tajante. Por razones obvias, esto mantiene alerta no solamente a los países involucrados, sino a toda el mundo.

    Mientras tanto, las tensiones en el plano económico pudieran significar el fin de una época. Quizá es muy temprano para afirmar que la globalización y la integración mundial han llegado a su final, sin embargo, podemos estar seguros de que su auge se acabó. Los ejemplos más recientes de esto son el Brexit, la llegada al poder de Trump y el fortalecimiento del dólar, que tiene y tendrá como consecuencia más inmediata el retroceso en el comercio libre mundial.

    A lo largo del mundo estamos viendo expresiones de la misma tendencia: nacionalismo en lo político, proteccionismo en lo económico y anti inmigración en lo social. Ha llegado el momento de preguntarnos si lo que está en crisis es la manera en la que el mundo se organizó después de la caída del comunismo o, incluso, el orden establecido después de la Segunda Guerra Mundial, incluidos los roles del Fondo Monetario Internacional, el del Banco Mundial e, inclusive, el de la Unión Europea.

    Nadie puede estar seguro de lo que el futuro nos depara para los próximos años, pero sí podemos afirmar con suficiente certeza que estamos comenzando a vivir una época diferente a la de las últimas décadas.

    Estamos comenzando a vivir en un nuevo mundo.

    @MiguelVelarde

  • Esto es un quilombo – Por Miguel Velarde

    Esto es un quilombo – Por Miguel Velarde

    Si un aprendizaje nos ha dejado el chavismo es que por muy malas que estén las cosas, siempre pueden estar peor. Desde hace años, cada diciembre pensamos que no se puede estar en una situación más difícil. Sin embargo, un año más tarde, nos damos cuenta de que extrañamos lo que teníamos antes.

    El mismo sentimiento tenemos hoy, quizá incluso magnificado debido a que en estas fechas del año pasado, existía en el país una sensación de optimismo y esperanza gracias a que la oposición acababa de lograr un histórico triunfo en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre.

    Soñábamos con todo lo que iba a cambiar. Teníamos la mayoría calificada en la Asamblea Nacional, con ella se iban a acabar las colas, la inseguridad y el bolívar iba a dejar de perder su valor, como prometían incesantemente los candidatos a diputados de la MUD para obtener nuestros votos. Por fin comenzaríamos a transitar el camino del cambio, estábamos a punto de comenzar el año en el que, siendo una mayoría tan abrumadora, lograríamos lo que tanto habíamos esperado.

    Hoy, lo único que nos queda es decepción e indignación. Habiendo logrado acumular una fuerza sin precedente, no solo gracias al camino electoral, sino también a las históricas manifestaciones de calle el 1 de septiembre y el 26 de octubre de este año, la oposición estaba en su mejor momento en más de una década. La comunidad internacional no solo aprobaba, sino también estaba dispuesta a acompañar a las fuerzas democráticas del país a recuperar los derechos democráticos y la institucionalidad del país. Fue ahí que la MUD decidió sentarse en una farsa llamada diálogo traicionando a millones de venezolanos y acabó con su lucha.

    Estamos solo a días de terminar un nuevo año que fue peor que el anterior. Los venezolanos pasan sus días sin dinero, sin comida y sin esperanza. Han perdido toda su fe en un gobierno que los humilla y en una oposición que los engaña. Hoy son conscientes de que las cosas nunca han estado tan mal, pero también saben que pueden estar peor.

    La indolencia de quienes gobiernan y la complicidad o ineficiencia de la oposición se traducen en miseria y desesperación. La gente ha perdido la confianza en todos por un motivo muy simple: ha sido usada.

    Es difícil encontrar una palabra que defina todo lo que ocurre en Venezuela. Ninguna que conozcamos parece ser suficiente para describir la situación del país. Quizá debamos prestarnos alguna de nuestros vecinos del sur, que  cuando enfrentan una situación que va más allá de un lío, de un problema o de una crisis la definen de una manera diferente. Esto es algo que va más allá de lo que podemos considerar normal.

    Esto es un quilombo.

    @MiguelVelarde

  • Una nueva MUD – Por Miguel Velarde

    Una nueva MUD – Por Miguel Velarde

    Un sentimiento invade hoy a la mayoría de los venezolanos: la desesperanza. No es gratis: son responsables tanto el gobierno que con su modelo ha llevado al país al caos y la miseria, como la oposición, que ha decepcionado a millones de venezolanos.

    Mientras tanto, un país que vive su época más trágica, caracterizada por el miedo, la violencia y la pobreza, vive en la incertidumbre. A pesar de todo lo ocurrido en los últimos 17 años, luego de la victoria opositora en las últimas elecciones parlamentarias, los ciudadanos habían logrado recobrar la esperanza y volver a soñar con un mejor destino.

    Es por eso que desde principios de año, la gente no dudó en acompañar los llamados del liderazgo opositor, tanto en la protesta de calle como en el apoyo en la recolección de firmas para el referendo revocatorio. A eso, se sumó la posición de varios líderes opositores que se mostraban firmes y decididos a lograr el cambio político este año. Todo eso quedó solo en palabras.

    Cuando las fuerzas democráticas estaban en su mejor momento y el mundo acompañaba el sentimiento de cambio en Venezuela, sorpresivamente algunos factores opositores decidieron sentarse en una farsa con nombre de “diálogo”. Un engaño que era previsible desde su concepción: con mediadores poco confiables, representantes no legítimos y una agenda que no incluía los temas trascendentales para el momento que vive el país: una vía electoral para salir de la crisis, la liberación de presos políticos y un canal de ayuda humanitaria para la gente que muere de hambre y por falta de medicinas.

    La pregunta es: ¿cómo unos pocos actores –tres partidos en concreto: PJ, AD y UNT- pueden haber desperdiciado la más grande oportunidad que tuvo la oposición para lograr el cambio en la última década? La respuesta es simple: gracias a que esos actores tenían el control de la MUD, representación legítima de la oposición tanto local como internacionalmente, lo que les permitió usar a su conveniencia el chantaje de la Unidad. Cualquier voz que se atrevía a advertir sobre los errores que se estaban cometiendo era acusada de “divisionista”.

    Sin embargo, la realidad hoy nos muestra que mientras unos pocos mantengan el control de la MUD –que originalmente se creó con fines electorales, no para coyunturas políticas tan complejas como la actual- las posibilidades de salir de la desgracia en la que vivimos son mínimas.

    Luego de un fracaso tan estrepitoso para la oposición como lo fue el diálogo, en un país normal toda la dirigencia de la MUD hubiera puesto sus cargos a la orden para permitir la renovación y relegitimación de sus autoridades. Pero Venezuela no es normal, y ahí siguen ellos pensando ahora en cómo aprovechar su poder y su control para negociar las próximas candidaturas a las gobernaciones y alcaldías.

    Si algo positivo puede salir de la tragedia de haber perdido un año tan crucial como lo era el 2016, es la depuración del liderazgo opositor. Es inconcebible que a estas alturas unos pocos dirigentes tengan en sus manos el destino de millones de venezolanos.

    Es hora de exigir la renuncia de quienes hoy dirigen la MUD y buscar mecanismos de mayor participación no solamente para elegir a sus nuevas autoridades, sino también para incluir en una nueva y más amplia coalición a actores fundamentales que hasta hoy han sido excluidos, como los estudiantes, trabajadores, empresarios, médicos, maestros, y otros sectores de la sociedad civil.

    Es hora de un nuevo liderazgo político que tenga, con todas sus diferencias, un único objetivo: lograr el cambio político a la mayor brevedad posible. Es hora de líderes con valor y valores en los que podamos confiar.

    Es hora de una nueva MUD.

    @MiguelVelarde

  • Nuestra generación – Por Miguel Velarde

    Nuestra generación – Por Miguel Velarde

    Lo que vivimos hoy no llegó por sorpresa. Fueron muchas las voces que desde muy temprano en el proceso chavista empezaron a advertir sobre el rumbo que éste iba a tomar.

    Muchos no creyeron y otros se negaron a creer. Los primeros, porque estaban casi hipnotizados por un caudillo como lo fue Hugo Chávez, al que hay que reconocerle su habilidad para convertir la mentira en sueño y esperanza para los más necesitados. Los otros, los intelectuales e incluso una clase media que en teoría debería haberse percatado de lo que ocurría antes, prefirieron negarse a ver la realidad porque, quizás, era muy dura como para enfrentarla. “No vale, yo no creo”.

    Pero el problema con las desdichas es que aunque uno no quiera verlas, tarde o temprano tocan a nuestra puerta. Y eso fue lo que ocurrió en Venezuela. Incluso para los mayores fanáticos de la “revolución” o para los escépticos de la tiranía, hoy es imposible desconocer que la desgracia que se vive en el país es real y que pudo haberse evitado.

    No nos alcanzarían las palabra para describir el desastre en el que este modelo y un gobierno que no gobierna han convertido al país. La vida de las personas se mide en su nivel de miseria. Mientras la cara de Venezuela en el mundo es la crisis, la violencia, la corrupción y la mentira.

    Del lado opositor, los tres partidos que han secuestrado a la MUD también han hecho evidente que, por incapacidad o inmoralidad, no merecen la confianza de la gente. Desde las elecciones parlamentarias del año pasado, en menos de un año, han logrado lo que parecía imposible: desperdiciar un capital político y un apoyo popular sin precedente.

    Esos dos grupos son los que hoy están sentados en una mesa de diálogo con el futuro de Venezuela en sus manos. Ellos, que ya no representan a la gran mayoría de los ciudadanos, pasan sus días contándonos lo bien que vamos mientras nosotros sabemos que peor no podemos estar. O quizá sí, mientras nuestro destino siga en sus manos.

    En todo caso, llegamos a donde llegamos por culpa de otros y complicidad nuestra. Porque como ciudadanos preferimos mirar a otro lado antes que enfrentar la cruda realidad; porque muchas veces es más fácil ignorarla verdad que tener que decirla.

    Sin embargo, a pesar del miedo y los riesgos, cada venezolano debe comprender que si no se involucra en el rescate de su país, lo perderá por mucho tiempo. Ya no se trata de un proceso o un periodo de gobierno, estamos hablando de que el tiempo de Venezuela se mide hoy en una generación perdida.

    Nuestra generación.

    @MiguelVelarde

  • El diálogo como rendición – Por Miguel Velarde

    El diálogo como rendición – Por Miguel Velarde

    El diálogo fracasó. Por lo menos para los demócratas venezolanos. No debemos ser tibios al decirlo. La situación del país no permite ambigüedades ni medias tintas y la gente no aguanta más.

    Para quienes se sientan en una mesa de “diálogo” en la que, evidentemente, se renunció a las principales demandas de la oposición –referendo revocatorio o elecciones este año- los tiempos son muy diferentes a los del ciudadano de a pie. Para la gran mayoría de los venezolanos, los días pasan en colas de hambre, violencia e incertidumbre, no rodeado de lujos en un salón del Hotel Meliá.

    Hay algo que está claro: la única manera de que la trágica realidad cambie es con un cambio político por vías constitucionales. No hay forma de que las cosas mejoren en lo económico, en lo social ni en lo moral con este gobierno. Por una razón muy simple: esto que hoy vivimos no solamente es fiel reflejo de lo que hacen, sino también de lo que son.

    Por eso, un proceso de diálogo, como el que está planteado, lo más probable es que solo favorezca al gobierno, como lo ha hecho hasta ahora. No sorprende que ocurra, así pasó en 2003 y 2014, momentos en los que también estaban contra las cuerdas. Lo que indigna es que la MUD se preste a ese juego.

    ¿Qué incentivos puede tener el gobierno si es que cuando sufre la mayor presión internacional, de la Asamblea Nacional y de la gente en la calle, se suspende toda acción? ¿Cuál es hoy el interés –o la necesidad- del gobierno en aceptar un referendo revocatorio o unas elecciones adelantadas?

    Nos cuesta creer que la MUD y sus representantes hayan creído que lograrían hacer retroceder al régimen haciendo justamente lo que ellos buscaban con el diálogo: cediendo.

    Hoy, todos nos preguntamos: ¿Qué pasó con el referendo revocatorio, el respeto a la Constitución y la liberación de los presos políticos? ¿En qué momento lo “no negociable” se volvió negociable?

    La realidad es que, quienes están sentados en esa mesa por la oposición, han decidido usar el diálogo como rendición.

    @MiguelVelarde 

  • Al final, son los principios – Por Miguel Velarde

    Al final, son los principios – Por Miguel Velarde

    Es difícil explicar lo que ocurre en Venezuela. Mucho de lo que se ve es en realidad solo lo que parece, no lo que es. El ciudadano común, que pasa sus días entre interminables colas, preocupaciones y miedo, mucho miedo, es la víctima de esta desgracia. Y, de paso, está confundido, no entiende. Nadie le explica nada.

    El gobierno se ha vuelto experto en gobernar con propaganda y no con hechos. Un camino totalmente intencional diseñado, además, por quienes son los maestros del engaño: los cubanos. La oposición ha caído en la trampa del populismo más básico: solo basta analizar las dos últimas campañas presidenciales y, en la actualidad, todo lo relacionado al tan controvertido proceso de diálogo en marcha.

    En relación a esto último, el Vaticano, inexplicablemente, se ha sumado a un proceso que nos genera mucha desconfianza. A pesar de su participación, los otros mediadores no son confiables: los expresidentes Zapatero, Torrijos y Fernández no son imparciales, menos lo es el secretario de Unasur, Ernesto Samper. Además, los representantes no son legítimos. ¿A quién en la oposición representan Timoteo Zambrano, Henri Falcón, Luis Aquiles, Carlos Ocaríz o Jesús Torrealba? Seguramente a una mínima fracción de ese 90% que quiere un cambio político este año.

     Además, tenemos otras interrogantes. En primer lugar, ¿quién decidió renunciar definitivamente a que el referendo revocatorio se realice este año? El compromiso que la oposición había adquirido con la gente para sentarse en la mesa de diálogo fue que el primer objetivo iba a ser lograr justamente eso. En segundo lugar, ¿estamos conscientes de que los tiempos de un diálogo son mucho más extensos que los de una población que pasa hambre? Y, en tercer lugar, ¿se puede confiar en la palabra de los hermanos Rodríguez, Elias Jaua y Roy Chaderton para materializar cualquier acuerdo que se alcance?

     Por si esto fuera poco, en las últimas horas la oposición anunció que, además de la liberación de los presos políticos, el respeto a la Constitución y a la Asamblea Nacional, y algún otro tema, ahora la demanda principal es la realización de unas elecciones generales adelantadas.

    Como lo hemos hecho en más de una oportunidad en el pasado, a riesgo de ser catalogados una vez más como “divisionistas”, “pesimistas” o “radicales”, hoy tenemos la obligación de decirlo: el camino a unas “elecciones adelantadas” es incluso más complejo que el que debía transitarse para lograr el referendo revocatorio este año. Por razones técnicas y legales, pero también por razones políticas. Desde el 11 de enero de 2017, quienes hoy gobiernan estarán en una posición de mucha más fortaleza de lo que estuvieron los últimos meses. Y en una mejor posición para hacer lo que mejor saben hacer: incumplir su palabra.

     Es difícil comprender porqué los dirigentes de la MUD nos trajeron hasta aquí. Le echaron mano a la confianza que la gente había depositado en ellos –clara muestra las últimas elecciones parlamentarias- y hoy tienen un país en vilo y en un callejón sin salida.

     La única razón que podemos encontrar es que quienes están sentados en esa mesa, de lado y lado, no comparten las mismas urgencias ni los mismos valores que la gran mayoría de los venezolanos.

    Y es que, al final, la diferencia entre unos y otros está siempre en los principios.

    @MiguelVelarde

  • Y tú, ¿qué propones? – Por Miguel Velarde

    Y tú, ¿qué propones? – Por Miguel Velarde

    Hace tiempo dijimos que apostar todo al referendo revocatorio era un error. Que teníamos que tener un plan B. Que lo que hoy estamos viviendo no podía tomarnos por sorpresa. Debido a eso, nos llamaron “divisionistas” y “pesimistas”. Llegaron incluso a  acusarnos de buscar “destruir la Unidad”.

    Hoy, ante los últimos acontecimientos, lo único que sorprende es que algunos todavía se sorprendan. Desde hace mucho, si se ponía un poco de esfuerzo –y sensatez-, se podía haber hecho el diagnóstico correcto de la realidad que enfrentamos. Sin embargo, inexplicablemente, muchos prefirieron optar por lo que los gringos llaman “wishful thinking”, y ver solo lo que querían ver: un camino fácil que nos sacaría de esta desgracia en alguna “fiesta electoral”.

    El revocatorio fue el último intento –pasamos en los últimos tres años por dos elecciones presidenciales, una de gobernadores, una de alcaldías, y las parlamentarias- en las que un sector opositor se creyó su propia mentira: que podíamos alcanzar el cambio político en Venezuela si lográbamos ser una “abrumadora mayoría” en alguna elección y no por alguna otra vía constitucional.

    La realidad nos demostró lo contrario. Ante cada avance de las fuerzas democráticas del país, vino una arremetida oficial que nada tenía que ver con los votos ni con el mandato de la mayoría, sino con las órdenes del grupo que gobierna. A varios alcaldes opositores los destituyeron y persiguieron, a los gobernadores les pusieron entidades paralelas, aún no sabemos si ganamos o no la última elección presidencial y, para colmo, a la Asamblea Nacional opositora se la atropelló y anuló con el Tribunal Supremo de Justicia.

    Sin embargo, a pesar de todo eso, todavía un importante número de personas tenía sus esperanzas de cambio puestas en la realización del revocatorio este año. Despertaron de golpe la semana pasada, cuando el CNE anunció que este proceso quedaba “congelado”. No estaban solos en su asombro, la comunidad internacional también quedó perpleja.

    Entre todas las malas noticias, a veces cuando una crisis llega a su punto más profundo, puede nacer algo positivo. Eso está ocurriendo en Venezuela. Finalmente, después de años, toda la oposición y el 80% de los ciudadanos que exige un cambio, están comprendiendo que una nueva etapa de lucha ha comenzado.

    ¿Qué hacer? Varias cosas. A nivel institucional, la Asamblea Nacional debe darse su lugar y, simplemente, empezar a hacer su trabajo: hacer respetar la Constitución. En el plano internacional, los países de la región deben dejar su indiferencia y actuar sobre lo que ocurre en Venezuela acelerando el proceso de la Carta Democrática  de la OEA. Y, finalmente y lo más importante, en el plano ciudadano, cada venezolano debe ejercer su derecho y responsabilidad y tomar las riendas de su futuro.

    Ya no hay excusas para que nadie haga la vista gorda ante lo que hoy ocurre en Venezuela. Se acabaron los pretextos de aquellos que por miedo lo único que atinaban a decir era “y tú, ¿qué propones?”.

    Llegó el momento de los ciudadanos dispuestos a ser parte de la historia que les ha tocado vivir. Llegó el momento de asumir con coraje el futuro, todos juntos.

     

    @MiguelVelarde

  • Reinventar a Venezuela – Por Miguel Velarde

    Reinventar a Venezuela – Por Miguel Velarde

    ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Qué hicimos para merecer esto? ¿En qué nos equivocamos? Son preguntas que con frecuencia se escuchan en las calles de Venezuela. Preguntas para las que nadie tiene respuesta.

    Sin embargo, lo que ahora importa ya no es cómo llegamos, sino cómo salimos de esto.  Es una desgracia que tiene casi dos décadas y que se puede medir en vidas y sueños. Ha destrozado el futuro de toda una generación y aún así, se aferra al poder y se niega a irse.

    Por eso, tenemos la obligación de poner todo nuestro esfuerzo en encontrar la vía que permita al país entrar al siglo XXI y comenzar a transitar el camino del desarrollo. Es muy doloroso ver el estado en el que se encuentra Venezuela, pero lo es más cuando miramos a nuestro alrededor y vemos cómo los países vecinos, con sus limitaciones y dificultades, están mucho mejor que nosotros.

    Es cierto que la coyuntura nos enceguece. Es tan dura la lucha para recuperar la democracia que muchas veces no encontramos el tiempo para pensar en el futuro. Pero debemos hacerlo, porque solo imaginar lo que Venezuela puede ser es el mejor incentivo para seguir luchando y nunca más ser lo que hoy somos.

    A veces cuesta creer que nuestro mayor reto sea ser normales; nuestro mayor sueño es la normalidad. Poder estudiar, conseguir un trabajo y vivir de nuestro esfuerzo. Ahorrar, comprarnos un pequeño apartamento y construir una familia. Salir con amigos, caminar por la calle o hablar por celular sin miedo a que por eso nos maten. Poder decir lo que uno piensa sin que te persigan. Todo esto es una utopía en la Venezuela de hoy.

    La única manera de vivir en un país como el que soñamos es asumir hoy la realidad como es, cruda y dura. Exige de nosotros coraje, convicción y firmeza. También requiere compromiso, que no seamos solo espectadores de la historia, que seamos parte de ella; que nos involucremos y pongamos nuestro grano de arena. Demanda también mucha resistencia, porque el mayor peligro que corren los buenos es cansarse. Eso no puede pasar porque es mucho lo que está en juego. Lo es todo.

    El reto al que se enfrenta nuestra generación no es fácil porque es trascendental: nos toca reinventar a Venezuela.

    @MiguelVelarde

  • La política y la verdad – Por Miguel Velarde

    La política y la verdad – Por Miguel Velarde

    “Cuando se declara la guerra, la verdad es la primera víctima”, seguramente esa es la frase por la que Arthur Ponsonby es más recordado. El político y escritor británico, autor del libro Falsehood in Wartime: Propaganda Lies of the First World War (1928), se propuso desenmascarar los principios básicos de la propaganda que se usaron en la Primera Guerra Mundial y que fueron usados en posteriores conflictos bélicos.

    La reflexión de Ponsonby fácilmente podría trasladarse a la política. No es casualidad que tanta gente vea con malos ojos a quienes deciden dedicar su vida al servicio público. Los políticos son muchas veces asociados a la mentira por el ciudadano común.

    En Venezuela, la práctica del engaño se ha exacerbado en los últimos años. Mentir descaradamente sobre cualquier tema, incluso teniendo la responsabilidad de ser una autoridad gubernamental o alguien elegido por un mandato popular, no tiene ningún costo.

    Ejemplos sobran en el gobierno, también en la oposición. Quienes se abrogan el liderazgo de un cambio, muchas veces caen en prácticas similares a las que queremos erradicar.

    El más reciente lo estamos viviendo en relación al referendo revocatorio. Lo hemos dicho varias veces, pero no está demás repetirlo: el referendo debe ser en 2016, porque si se realiza en 2017 es un fraude.

    Sin embargo, en días pasados, quienes afirmamos esto fuimos atacados por compañeros de la Unidad. Es importarte ver quiénes son los que nos atacan y preguntarnos: ¿qué intereses los mueven?

    El “diálogo” que una vez más intenta resucitar el expresidente español Rodríguez Zapatero tiene un objetivo principal: que el referendo sea en 2017. Los dirigentes opositores que se sientan con Zapatero de mediador saben muy bien que ese señor no es imparcial y que representa los intereses del gobierno.

    A tres meses y medio del final del año, toda la Unidad debería estar exigiendo que el revocatorio sea en 2016, y no descalificando a quienes buscamos este objetivo. Por eso, hoy más que nunca urge una Unidad amplia e inclusiva que ponga todo su esfuerzo en lograr ese objetivo. La lucha de los demócratas ha sido, es y será contra el chavismo destructor y contra el infaltable “chavismo de oposición” cómplice.

    En política, decir la verdad puede ser costoso a corto plazo. En Venezuela, aún más. Pero más temprano que tarde, habrá valido la pena. Para rescatar al país y lograr que un día sea esa nación que muchos soñamos, hay que comenzar a ser diferentes ahora.

    Es por eso que hoy, tanto políticos como ciudadanos, debemos elegir de qué lado estamos en esta compleja relación entre la política y la verdad.

    @MiguelVelarde

  • Reflexiones necesarias – Por Miguel Velarde

    Reflexiones necesarias – Por Miguel Velarde

    Unos días después de una jornada histórica como fue “La Toma de Caracas”, es un buen momento para detenernos a pensar con serenidad.

    En diferentes ocasiones hemos dicho que el país atravesaba por tiempos definitorios. Esas etapas, en muchos casos de oportunidades desaprovechadas, nos han traído al lugar donde hoy estamos.

    Sin embargo, quizás ninguno de las anteriores fue un periodo tan complejo y significativo como los cuatro meses que tenemos por delante. Por eso, la responsabilidad que tenemos en su análisis, preparación y ejecución es inmensa.

    La protesta del pasado jueves hay que verla en su verdadera dimensión. La respuesta de la gente fue extraordinaria y reafirmó algo que hace mucho sabemos: somos mayoría. Cientos de miles de venezolanos salieron a marchar a pesar de los riesgos y obstáculos. La multitudinaria marcha no solamente sirvió para ganar esperanza, sino también para recobrar confianza.

    Queda claro que la gente comprendió que la presión de calle es indispensable para el cambio político y que también está dispuesta a tomarla las veces que sea necesario. Para vencer el hambre, la violencia y el abuso, había que vencer primero el miedo; y el 1ro de septiembre, el gran derrotado fue el miedo. La protesta del viernes en la noche en Villa Rosa, Nueva Esparta, es el primer ejemplo de esto.

    Sin embargo, también quedó demostrado que la mayoría de la gente no salió a la calle por el llamado de los partidos ni el de los políticos, sino por sus propias razones. Existe un gran número de personas que está harto de lo que vivimos, pero que tampoco se identifica con ningún proyecto político alternativo.

    Razones tienen. Como, por ejemplo, el comunicado de la Mesa de la Unidad Democrática leído por su secretario ejecutivo, Jesús Torrealba, al finalizar la jornada del jueves. Una vez más, dejó en muchos sabor a poco, por un motivo muy simple: la gente quiere más porque no aguanta más.

    Por eso, es urgente que se construya una Unidad amplia, que vaya más allá de unos pocos partidos políticos e incluya a todos los actores políticos, a estudiantes, a trabajadores y a los diferentes sectores de la sociedad civil, y que sea la herramienta que nos permita construir la ruta que finalmente saque a Venezuela de esta desgracia en la que se encuentra.

    El factor tiempo juega en contra de quienes no pueden más. Es por eso que incluso en jornadas de balance positivas como la última marcha, hay algunas reflexiones que son necesarias.

    @MiguelVelarde