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  • El diálogo y la posverdad – Por Miguel Velarde

    El diálogo y la posverdad – Por Miguel Velarde

    Entre muchos conceptos que la vorágine de la modernidad y la revolución tecnológica nos han traído en los últimos años, pocos son tan poderosos como la posverdad.

    Si bien no es una idea nueva, su definición y su estudio lo son. Aunque la palabra ya había sido usada en algunos papers años antes, el término data de principios de esta década y se le atribuye al bloguero David Roberts, en un escrito en el que analizaba el impacto de los medios de comunicación en la opinión pública, influenciada no solamente por una catarata de noticias las veinticuatro horas, sino también ahora por redes sociales que en muchos casos se han convertido en la  principal fuente de información.

    Para hacerlo simple, la posverdad es una realidad alternativa que no se basa en hechos, sino más bien se afinca en la emocionalidad, en lo que la gente quisiera que sea real u opta por preferir como verdad, aunque no existan hechos ni ciencia que la corrobore. Por eso no es solo una “mentira”, es mucho más complejo que eso, porque se alimenta de la esperanza y de las aspiraciones de la gente. Es esa verdad que, sin serlo, se convierte en una por la conexión emocional con la gente.

    Vaya si sabremos de posverdad en Venezuela. Las últimas dos décadas han sido un ejemplo de ella. Nos han vendido un relato revolucionario y un modelo político, social y económico que supuestamente había encaminado al país a ser una “gran potencia mundial”. La realidad demostró ser todo lo contrario: la nación fue saqueada y dejada en ruinas entre las que hoy transitamos diariamente por las calles.

    Fue tal el nivel de manipulación que era inevitable que la mentira se hiciera evidente. Hoy, alrededor del mundo, el “Socialismo del Siglo XXI” ya no usa máscara y es visto como lo que siempre fue: un proyecto político de ficción y engaño para que un pequeño grupo se atornille en el poder y secuestre a todo un país.

    Por eso, lo más preocupante a estas alturas ya no es la posverdad chavista, sino la que se construye de la mano de un sector opositor. El diálogo que se llevó a cabo los último días en República Dominicana es el escenario en el que ambos grupos hacen un nuevo intento de darle oxígeno al gobierno.

    Si para algo le es útil hoy al gobierno un pedazo de oposición, es justamente para eso: legitimarse no solo ante los venezolanos, sino ante la comunidad internacional que ya no les cree nada.

    Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo y los intereses comunes, después de dos días de reuniones solo hubo acuerdo en que no hubo acuerdo. Y el único anuncio concreto es que se volverán a encontrar el 15 de diciembre para seguir intentando construir su propia posverdad.

    Lo que debemos preguntarnos es si los millones de venezolanos que pasan hambre y penurias pueden ser, después de tantas malas experiencias, aún sujetos a este tipo de estafas. Que no nos sorprenda que el circo que tienen montado el oficialismo y sus amigos en la oposición esta vez no tenga el éxito de veces anteriores, porque los venezolanos son más conscientes que nunca de lo que tienen enfrente y al lado.

    Después de tanto que nos ha tocado vivir en casi dos décadas de “revolución”, aunque parezca increíble hoy en Venezuela estamos viviendo otro capítulo más de esta novela.

    Uno que podemos llamar “el diálogo y la posverdad”.

     

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Una novela llamada “Vergüenza” – Por Miguel Velarde

    Una novela llamada “Vergüenza” – Por Miguel Velarde

    Resulta difícil creer que sigamos dando vueltas sobre lo mismo. Incluso para los que son parte de lo que el asesor político ecuatoriano Jaime Durán Barba califica como el “círculo rojo” -las élites políticas, intelectuales o económicas de una sociedad- es incomprensible que dos décadas después hayamos aprendido tan poco.

    Quienes luchamos desde hace años por una Venezuela libre y democrática tardamos mucho en hacer el diagnóstico correcto de lo que enfrentamos. Esa negación –seguramente una natural reacción humana- se evidenció durante años en la frase “no vale, no creo”, que surgía cada vez que se advertía lo que iba a ocurrir. Era mejor negar la realidad que tener que enfrentarla.

    Casi veinte años después vivimos hoy las consecuencias de esa negación. Y, con todo lo terrible que esto es, increíblemente no es lo peor de esta historia. A pesar del sufrimiento y del costo que esta tragedia ha significado para millones de venezolanos, todavía hay quienes parecen no entender la gravedad de lo que ocurre.

    Entre ellos, incluso dirigentes políticos que tienen la responsabilidad de ser la voz de los ciudadanos a los que representan, que actúan de manera opuesta, movidos solo por intereses individuales o de sus partidos, dando la espalda a quienes les proveyeron un mandato claro al hacerlos, por ejemplo, diputados.

    Vimos una muestra de esto la semana pasada, cuando incluso después de varios recientes fracasos -como el error de haber participado en unas elecciones regionales sin condiciones y sin la capacidad de demostrar el fraude, dándole con eso oxígeno y legitimando al gobierno- aparecen los mismos voceros de siempre anunciando que “la oposición está lista para un nuevo diálogo”.

    No es primera vez que una gestión como ésta termina favoreciendo y fortalecido al oficialismo. Ocurrió en 2014, cuando en medio de las protestas ciudadanas un grupo de dirigentes de oposición se sentó en Miraflores; ocurrió en 2016 cuando cientos de miles exigían en la calle el referendo revocatorio acompañados de una creciente presión de la comunidad internacional y un grupo similar asistió un domingo en lo que célebremente llamaron “pre-diálogo”; y ahora, en 2017, lo intentan hacer una vez más.

    No se equivoquen: para que cualquier proceso de negociación sea exitoso requiere tres condiciones básicas: i) representantes confiables; ii) mediadores imparciales; y iii) agenda transparente. Ninguna de éstas se cumplió en el pasado, ni se cumple hoy.

    Mientras la mayoría de los ciudadanos sobrevive como puede a la peor crisis que el país haya atravesado en su historia, un pequeño grupo de dirigentes políticos buscan la manera de sacarle provecho a la crítica situación en lugar de luchar por superarla.

    No es algo nuevo, lo vimos antes. Es solo un capítulo más de una larga novela llamada “Vergüenza”.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Bochorno – Por Miguel Velarde

    Bochorno – Por Miguel Velarde

    Entre mucha confusión, hay algo que está claro: no podemos seguir como vamos

    No hay nada más antipático que el “te lo dije”. En eso, estamos de acuerdo. Sin embargo, viendo la reacción de la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) días después del catastrófico error de participar en las últimas elecciones regionales, podemos concluir que la antipatía con ellos no solo es aceptable, sino que hasta necesaria.

    Todos podemos equivocarnos; todos lo hemos hecho. Pero cuando insistimos una y otra vez en el mismo error, existen solo dos posibles explicaciones: o no tienen la capacidad de aprender y mejorar, o lo hacen a propósito.

    Los candidatos y los partidos políticos que decidieron participar en las regionales no lograron inspirar a millones de compatriotas que decidieron no votar, y además acudieron a una cita electoral en peores condiciones que en cualquier otro momento y sin tener la capacidad ni la organización para demostrar el fraude.  

    Fue en el momento en el que el CNE presentó un resultado imposible, que pudimos ver la peor de las facetas que la dirigencia de la MUD. Al verse derrotados y robados, ellos –con honrosas excepciones, como Andrés Velásquez- no encontraron mejor idea que culpar y atacar a la gente.

    Con esto, lógicamente, no solamente quedó en evidencia su incapacidad y falta de plan para enfrentar un evento tan desigual como el del 15 de octubre, sino también su enanez política. Ya es tarde para que la MUD haga lo que se le pidió en reiteradas oportunidades: renovarse, ampliarse y reinventarse. Hoy la MUD ya es historia.

    Para colmo, al momento de escribir estas líneas aún no se ha definido si los cinco gobernadores electos de oposición se someterán o no a la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente. Por muy difícil de creer que sea: lo están considerando. Mientras tanto, algunos partidos están pensando cómo justificar participar en un nuevo circo: las elecciones municipales.

    A pesar de todo esto, la realidad es que la dramática situación que atraviesan millones de venezolanos continúa y hay mucho por hacer. El camino a la solución de la crisis debe ser construido por todos juntos, pero con una ruta clara con pasos concretos: renovación de liderazgos, reorganización de la plataforma opositora y replanteamiento de la lucha.

    Esa será la única manera de volver a inspirar, congregar y movilizar a esos ciudadanos que hoy están cansados, decepcionados y desesperanzados.

    Entre tanta confusión, hay algo que está claro: no podemos seguir como vamos.

    Mucho tiempo se ha perdido. Es hora de terminar con este bochorno.

  • Nuestra economía – Por Miguel Velarde

    Nuestra economía – Por Miguel Velarde

    Si algo hemos aprendido en estos años es que por muy mal que estén las cosas, siempre pueden estar peor

    En los últimos meses, especialmente desde que las protestas ciudadanas se extendieron por más de cuatro meses, toda nuestra atención estuvo concentrada en la crisis política que atraviesa el país. Mientras tanto, una quizá más profunda, continuó profundizándose de manera acelerada: la económica.

    Los síntomas de la crítica situación financiera y económica venezolana se vienen manifestando contundentemente desde hace tiempo. La inflación sigue siendo, como desde hace 5 años, la más alta del mundo; este año se pronostica que se acercaría al 1.000%. Solo como referencia, el segundo país con la inflación más alta de la región es Argentina: alrededor del 20%.

    La escasez también sigue haciendo miserable la vida de los ciudadanos. No importa si son los alimentos básicos, medicinas, o repuestos. Por donde se mire los productos son escasos o impagables.

    Incluso, como si nos faltara ironía, el país con las reservas petroleras más grandes del mundo también sufre la falta de gasolina. En los últimos días se pudo saber que en diferentes estados del país largas colas de automóviles esperaban poder llenar sus tanque.

    Otro hecho difícil de explicar es que no se encuentra dinero. En coyunturas como las que el país atraviesa, lo normal es ver a la gente con muchos billetes porque estos no valen nada. Sin embargo, también existe dificultades en conseguirlos, debido a las restricciones impuestas por el gobierno al sector bancario para la entrega de dinero en efectivo. Todo esto con el objetivo de disminuir la liquidez monetaria y, con esto, desacelerar la inflación. Es decir: solucionar el problema generado por los controles -de cambio y de precios- con más controles. Demás está decir que no lo logran.

    Este último, quizá, es el peor de los síntomas de la crisis económica que vivimos: la pérdida del poder adquisitivo. A pesar de sus permanentes incrementos –cinco en lo que va del año- el salario mínimo sigue siendo uno de los más bajos de la región: menos de 15 dólares mensuales en términos reales.

    Lo más preocupante es que con cada nueva medida que adopta el gobierno, los problemas solo empeoran. Hay quienes afirman que se debe a que no tienen la menor idea de lo que se debe hacer. Hay otros que, por el contrario, creen que ellos no solo saben lo que hacen, sino que tienen un propósito claro desde hace años: la destrucción del sistema productivo, la desaparición de la empresa privada y, con ello, el control total de la economía. No importa cuan destruida esté.

    Si algo hemos aprendido en estos años es que por muy mal que estén las cosas, siempre pueden estar peor. El gobierno ha adoptado, como política, ignorar la realidad, mientras ésta asfixia a millones de venezolanos.

    La única manera de solucionar el desastre económico es con un cambio estructural del modelo, que comience por levantar los controles, garantizar la seguridad jurídica para la inversión local y extranjera y promover el libre mercado.  

    Mientras eso no ocurra, seguiremos teniendo la inflación más alta del mundo, niveles de escasez de un país en guerra, una moneda que no vale nada y miles de venezolanos comiendo de la basura.

  • Aunque usted no lo crea – Por Miguel Velarde

    Aunque usted no lo crea – Por Miguel Velarde

    Dicen que para obtener resultados distintos, hay que hacer las cosas de manera diferente. Parece que sobre eso no han escuchado algunos dirigentes de la oposición.

    Nos enteramos, una vez más por otras fuentes ajenas a ellos, que un nuevo proceso de diálogo comenzaría la semana pasada en República Dominicana, con un mediador por demás conocido –y desacreditado- para los venezolanos: el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.

    Como si tener a un personaje tan nefasto cómo él conduciendo un proceso tan delicado no fuera suficiente, también tuvimos que lamentar ver representando a la oposición a personas que no necesariamente gozan de la confianza de la mayoría de los venezolanos: Manuel Rosales, Julio Borges, Luis Florido y Timoteo Zambrano, entre otros.

    Por el gobierno, los actores de siempre -los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez y el canciller Jorge Arreaza- gozaron del encuentro y del inicio del nuevo proceso. Son conscientes de que éste les da lo más valioso que el gobierno venezolano puede obtener hoy: tiempo.

    El problema es que justamente tiempo es lo que los venezolanos no tienen. Son demasiados años los que se ha prolongado una tragedia, que ha costado la vida a cientos de miles de personas y el futuro a toda una generación.

    Lo más patético de esta historia es que no es la primera vez que cuando el gobierno enfrenta sus peores horas y el cambio está a la vista, es la oposición oficial la que sale a su rescate. Ocurrió con los “diálogos” de 2014, 2016 y nuevamente en 2017.

    Esta vez, con una diferencia. Los ciudadanos están más conscientes de esta realidad y todo parece indicar que no siguen dispuestos a soportar un nuevo engaño. No nos sorprenda, pues, que el resultado de este nuevo intento de acuerdo entre el gobierno y sus pares opositores sea el nacimiento de una fuerza civil y política alternativa que conduzca de ahora en adelante a esa indiscutible mayoría de ciudadanos indignados, y que no se siente representada ni por unos, ni por los otros.

    Sin embargo, la realidad es que vemos hoy una Venezuela desolada, paralizada por una mezcla de decepción y asco. Con la mayoría de partidos políticos en campaña electoral y sus más importantes dirigentes sentados en una nueva mesa de “diálogo”. Los mismos actores de siempre, tan poco confiables y con el mismo discurso. Y, mientras tanto, el país en un abismo cada día más profundo.

    Aunque usted no lo crea.

    @MiguelVelarde

  • Desencanto – Por Miguel Velarde

    Desencanto – Por Miguel Velarde

    Después de cuatro meses de una lucha inédita que cautivó e inspiró al mundo entero, es casi inexplicable que hoy Venezuela esté sumergida en la casi total desesperanza.

    Es aún más difícil de comprender que esto ocurra justo cuando el gobierno atraviesa su peor momento, cuando quienes aspiran a un cambio verdadero son una abrumadora mayoría en el país y, además, reciben el respaldo de una comunidad internacional que finalmente decidió pasar de la retórica a la acción.

    Pero la realidad es que el país está sumergido en una parálisis asombrosa, en la que los que pueden irse lo hacen y los que se quedan se sienten atrapados; prisioneros en de propio país.

    Mientras tanto, el gobierno no pierde el tiempo. Lo vimos con las últimas medidas anunciadas por Maduro en su comparecencia ante la Asamblea Nacional Constituyente, en la que presentó varias decisiones económicas y dirigidas al sector productivo, cuyos resultados se pueden prever y resumir muy fácilmente: la profundización de un modelo fracasado que significará más inflación,  más escasez, menor poder adquisitivo, menos empresas y más desempleo.

    Sin embargo, lo más preocupante de esa comparecencia no fue el contenido de las propuestas, sino la forma. Maduro sometió a consideración de la ANC proyectos de ley, con lo cual se desvanecieron las esperanzas de los que aún soñaban con una “convivencia” entre esta instancia y la legítima Asamblea Nacional.

    Cuando todo esto ocurre y el panorama financiero y económico a corto plazo de Venezuela preocupa al mundo entero, la MUD ha decidido suicidarse políticamente al aceptar participar en unas elecciones regionales que no solamente se darán en condiciones inaceptables, sino que cada día que pasa es más evidente que, desde las gobernaciones, será imposible que el liderazgo opositor pueda hacer una buena gestión y menos aún lograr un cambio mayor para el país.

    Lo único bueno del proceso de elecciones regionales es que sacó a relucir claramente las diversas posiciones e intereses que existen en la oposición. La unidad -que hasta hace poco fue el mayor de los chantajes contra los que pensaban distinto- al alejarse del mandato de más de 7,6 millones de venezolanos emanado en el plebiscito de julio, demostró que para algunos de sus dirigentes pesan más sus intereses individuales que la libertad del país.

    En cuestión de días la nación pasó de estar más fuerte que nunca y en pie de lucha a lucir desconcertado y desmoralizado. La participación en las primarias opositoras del domingo son un mensaje claro de la gente: no va a seguir agendas oscuras inútiles de una dirigencia que los ha decepcionado demasiado.

    Ahora el país demanda con urgencia un nuevo frente político que genere confianza, que inspire y lidere una nueva fase de lucha.

    Un nuevo frente que derrote al desencanto.

    @miguelvelarde / Coordinador de Gestión Pública de Vente Venezuela.

  • La ética en la política – Por Miguel Velarde

    La ética en la política – Por Miguel Velarde

    En cualquier aspecto de la vida no puede faltar una gran dosis de principios

    En las últimas semanas el país ha visto una clara fractura en su dirigencia opositora. La mayoría de partidos y líderes políticos de la MUD ha optado por participar en unas elecciones regionales en las mismas condiciones que han denunciado como fraudulentas desde hace tiempo. Cuando se escriben estas líneas, no existe una fecha confirmada para esta cita electoral, pero sí muchos indicios que nos llevan a pensar que, de darse, se hará en condiciones absolutamente desiguales.

    Otro sector, minoritario en el mundo político pero que parece representar a la mayoría de la ciudadanía, ha advertido que este es un error que no solamente desmoviliza y desmoraliza a la gente que se había mantenido firme en las calles durante más de cuatro meses, sino que, peor aún, legitima una Asamblea Constituyente a través de un proceso sumiso a ella.

    Esta nueva ruptura en la dirigencia opositora ha hecho que se califique al sector que participará de este proceso electoral como “pragmático” y al que piensa que hacerlo es un error como “ético”, una diferenciación que puede tener sustento pero que necesita ser profundizada.

    El primer mito que debe desmontarse es aquel que asegura que “no se llega al poder con ética”. Este pensamiento, además de cínico, es equivocado. Sin duda, nadie es suficientemente ingenuo como para no saber que el terreno político es sucio y complejo.

    Sin embargo, ni en la política ni en nada que uno haga en la vida, se puede subestimar el valor de la ética. Es la variable principal que permite no perder el norte mientras se recorre el camino y mantener siempre presentes los motivos por los que se ha comenzado a transitar.

    Un ejemplo que sirve para ilustrar esto es lo que ha ocurrido con la MUD en las últimas semanas. Su cortoplacismo ha hecho que no se resistan a la posibilidad de obtener migajas en unas elecciones regionales a pesar de que, con eso, sabían que iba a pasar lo que en efecto ocurrió: desconectarse de la gente e incluso crear grietas en sus propios partidos.

    Es tan grande la consciencia de la sociedad sobre el momento que atravesamos, que no es solamente la opinión pública la que se decanta por no ser parte de un circo electoral que legitimará un proceso fraudulento, sino que incluso importantes dirigentes de algunos partidos y parte importante de sus bases también han manifestado su disconformidad con esta decisión.

    Es que, en la política, como en  la vida, no puede faltar una gran dosis de principios. Es posible que tengan razón quienes afirman que solo con ética no se llega al poder, pero también es cierto que al poder no se puede llegar sin ésta. Porque si eso ocurre, después el poder se ejerce sin valores, y ocurre lo que vivimos desde hace casi 20 años.

    Esto no nos puede volver a pasar. Nunca más. Por eso, es que nuestra generación tiene la obligación de rescatar la ética en la política.

  • Y, de paso, se quejan – Por Miguel Velarde

    Y, de paso, se quejan – Por Miguel Velarde

    Eligieron intentar sobrevivir de rodillas

    El viernes en la noche el país recibió otra dolorosa noticia, especialmente para aquellos periodistas y gente del medio que forjaron su carrera en estos espacios: las emisoras 92.9FM y Mágica 99.1FM fueron cerradas por Conatel y su señal fue inmediatamente remplazada por radios afines al oficialismo. El motivo que se adujo fue la “no renovación de su concesión”. ¿Recuerdan a RCTV en 2007? Lo mismo. Otro golpe a la libertad de expresión.

    Esto ocurría solo horas después de que los Estados Unidos hubiera anunciado nuevas sanciones económicas contra el gobierno venezolano. Éstas prohíben transar nueva deuda emitida por éste o por PDVSA. Para hacerlo de fácil comprensión: el gobierno se quedó sin tarjeta de crédito. Es evidente que los norteamericanos intentan ejercer la mayor presión posible contra el régimen de Maduro.

    Pero el escenario no puede ser más surreal: mientras vemos un gobierno decidido a ir con todo y por todo y a una comunidad internacional totalmente comprometida a ayudar a los ciudadanos en frenar este atropello, tenemos una oposición en campaña electoral.

    No son pocas las voces que se escuchan desde el exterior en las que se manifiesta confusión sobre lo que ocurre con la dirigencia opositora en Venezuela. Nadie puede comprender cómo después de más de cuatro meses de lucha y tantos muertos, heridos y detenidos, además de la implementación a la fuerza de una Asamblea Nacional Constituyente denunciada y rechazada por más de 50 países, hoy algunos de los más importantes líderes de esas protestas invierten todos sus recursos en unas elecciones por migajas, mientras el país se les desmorona alrededor.

    Como si no fuera suficiente, el mismo viernes, casi inmediatamente después de las sanciones económicas anunciadas por el gobierno estadounidense, la MUD salió apresuradamente a condenarlas. Muchos de sus propios seguidores, algunos incluso férreos defensores hasta hace poco, demostraron su molestia por las redes sociales ante una posición que es, por lo menos, inexplicable.

    La MUD ha optado por alejarse del camino unitario e ignorar el mandato de la gente. No se cansan de decepcionar a quienes en algún momento depositaron su confianza en ella y así despilfarrar un capital político extraordinario que había alcanzado en las semanas de lucha.

    Eligieron intentar sobrevivir de rodillas e ignorar los legítimos reclamos de los ciudadanos que, indignados, desconocen hoy su liderazgo. Cometen error tras error y no aprenden.

    Y cuando se los critica, de paso, se quejan.

  • Otra oposición – Por Miguel Velarde

    Otra oposición – Por Miguel Velarde

    La actual oposición no está a altura del reto histórico que enfrenta

    Los últimos acontecimientos solamente confirman lo que desde hace mucho se veía venir: la lucha en Venezuela ya ni siquiera es por la democracia ni por los derechos más básicos, sino por la supervivencia misma de la República.

    Después de haber “subordinado” a todos los demás Poderes del Estado, la Asamblea Nacional Constituyente instó a la legítima Asamblea Nacional, electa en diciembre de 2015 con más de 14 millones de votos, a hacer lo mismo.

    Ante la negativa de su directiva de aceptar esta orden, casi de inmediato la Constituyente decidió “asumir las funciones” de la Asamblea Nacional hasta que ésta salga del “desacato” en el que ellos consideran que se encuentra.

    Este era el golpe final que faltaba al último resquicio de República que quedaba en el país y, como era de esperar, recibió el rechazo de la comunidad internacional, que no sale de su perplejidad ante el atropello que ocurre en Venezuela.

    El mundo también mira con asombro la actuación de la dirigencia opositora. Después de haber recibido un mandato claro de más de 7,6 millones de venezolanos en el plebiscito del 16 de julio, abandona la ruta y se lanzan hambrientos a unas elecciones regionales con el mismo CNE y las mismas condiciones denunciadas como fraudulentas. De paso, tienen el descaro de decir que lo hacen “para no abandonar espacios”, mientras 35 diputados de una Asamblea Nacional ultrajada son ahora candidatos a gobernadores.

    Por si fuera poco, en los últimos días no solo se ha destituido y perseguido alcaldes, sino también se ha inhabilitado a algunos dirigentes opositores que iban a ser candidatos en estas elecciones. Lo más probable es que los candidatos opositores con más chance corran la misma suerte.

    A pesar de todo esto y aunque reciben en estas horas la condena de la población, los partidos políticos parecen estar dispuestos a perder toda la confianza de la gente y el capital político obtenido en varios meses de lucha a cambio de obtener unas migajas en forma de gobernaciones. Esperemos estar equivocados y que por lo menos algunos de ellos recapaciten y decidan no participar de este carnaval electoral.

    Mientras tanto, un país indignado mira con estupor lo que ocurre. Pareciera existir una conciencia política inédita entre los ciudadanos que conduce a una claridad sobre lo que se tiene por delante. No se puede seguir legitimando un proceso que lo que más le interesa es mantenerse en el poder, aunque esto le cueste el presente y el futuro a todo un país.

    La actual oposición no está a altura del reto histórico que enfrenta, y por eso millones de venezolanos esperan una alternativa a lo que la MUD representa hoy: una organización con fines electorales que lo único que sabe hacer es repartirse candidaturas para elecciones que después no valen nada.

    Mientras tanto, una nación de pie espera un llamado diferente. Uno que venga de otra oposición.