El diputado a la Asamblea
Nacional asegura, en el 296 aniversario de la fundación de la ciudad
guariqueña, que “el sentido de pertenencia e
identidad quedan disueltos en medio de la narcodictadura”
(Calabozo. 03/02/2020) “La dictadura quiere acabar
con lo que queda de memoria histórica. Es deliberado el propósito del chavismo acabar
con lo que queda de nuestra memoria histórica y, por ello, le importa un bledo
que Calabozo o cualesquiera ciudades referentes del país arriben a un nuevo
aniversario”, expresó Luis Barragán, el pasado sábado en el aniversario
296 de la ciudad de Calabozo.
El
diputado a la Asamblea Nacional aseguró durante el recorrido por el casco
histórico de la ciudad guariqueña que “el sentido de pertenencia e identidad
quedan disueltos en medio de la narcodictadura”. Posteriormente asistió a la
misa en honor de la fundación de esta población histórica, a cargo del padre
Marcos Ruz Calatreva.
A continuación
el texto de la homilía de acción de gracias por la fundación de Calabozo:
El
primero de febrero de 1724, hoy hace 296 años, se levantó la Cruz para bendecir la Villa de Nuestra Señora de
la Candelaria de Calabozo. Desde sus orígenes la presencia de la fe, de la
Iglesia y de los misioneros han estado siempre presentes en la construcción de
esta comunidad llanera. Dos años más tarde, 1726, el nombre que ostentaba era
el de Villa de Todos los Santos de Calabozo, nombre que conserva hasta hoy.
Para 1744 existían dos pequeños pueblos o misiones, la de la Santísima Trinidad
y la de Nuestra Señora de los Ángeles.
Celebrar
esta Eucaristía, tiene por tanto un significado al que podemos orientar en tres
vertientes: la vertiente de la fe, la vertiente de la hisotira y la vertiente
de la relidad que nos toca vivir.
– En la vertiente de la fe es conveniente
destacar la presencia desde el principio de aquel sentimiento religioso que nos
invita a mirar hacia Dios para tratar de comprender lo que implica esta
celebración en la actual realidad en que nos encontramos los venezolanos, y de
la que no puede escapar nuestra casi tricentenaria ciudad calaboceña. Y
precisamente ese Dios que hoy nos acaba de hablar nos recuerda que no le es
indiferente el daño ocasionado a sus predilectos, a sus hijos más queridos, los
pobres, grupo en el que por desacertadas decisiones gubernamentales nos
hallamos todos inmersos. Al igual que el rico que se aprovechó de la única
oveja del pobre, el régimen que detenta el poder se ha dado a la tarea de
esquilar a la única oveja, que en el argot pastoril reprenta a todos los que
forman parte del gran redil de Venezuela, saqueado para brindar opulencia y
bienestar a los amigos del rico, entiéndase tirano, que les rinde la triste
pleitesía de brindar lo que no le pertenece (la oveja del pobre) a fin de
ganarse un puesto entre esos amigos que para nada se interesan por el bien del
dueño pobre (pueblo) de la única oveja que otrora cuidaba con sentimiento de
amor patrio e identidad nacionalista.
Han
convertido a la Venezuela pujante del pasado siglo, la de la OPEP, la de los
grandes estudiados gracias a la Gran Mariscal de Ayacucho, a los de la Academia
del saber universitario, en esa barca que hoy sufre los embates de una tormenta
que casi la hunde. Pero hoy, una luz nos devuelve la esperanza al invitarnos a
mirar a ese Jesús que, aparentemente duerme, pero que está presente, y nos dice
también a nosotros ¿Por qué dudan?
Hoy, el Señor nos quiere invitar a poner nuestra confianza en Él, el
Señor de la Historia, para decirnos que no debemos quedarnos con los brazos
cruzados sino «remar mar
adentro» hacia la Libertad, que es el ùnico bien supremo al que
tenemos el derecho y el deber de aspirar los que amamos realmente a esta
Venezuela que nos necesita para volver a ser la Gran Venezuela, la de las
oportunidades, la del bienestar general, la de la seguridad y libertad
jurídica, económica y social, porque también nosotros somos Pueblo de Dios.
– En la vertiente de la historia es
conveniente llamar la atención de cuantos por el Bautismo hemos sido añadidos
al Cuerpo de Cristo que aquí se llama Iglesia Católica, y que tiene la
responsabilidad de mantener en alto el orgullo de ser reconocidos en el mundo
entero como la República del Santísimo Sacramento, nombre que gestaron aquellos
misioneros de los orígenes que sembrando la fe, pusieron las bases de una
nación católica que logró ganarse dicho apelativo. Pero las olas del
materialismo, de la indiferencia e incredulidad han dado paso a las olas de las
sectas, de la santería y de cuanta filosofía ajena al Evangelio ha provocado el
peligroso fenómeno de la división, rompiendo la unidad de la barca que es
Venezuela, sin importar los que viajan en ella, y tienen derecho a llegar al
puerto seguro de la Libertad, la Justicia, la Democracia y la paz.
– En la vertiente de la realidad es
imposible esconder la triste realidad que hoy nos describe y que podemos
resumir, entre otras cosas, por las familas desarticuladas por un proceso
migratorio que obliga a nuestra gente a buscar sobrevivir en lugares donde
puedan al menos conseguir lo mínimo indispensable para vivir dignamente; el nivel
educativo reducido a su mínima expresión en retroceso implacable de más de cien
años, causando -además- la fuga de cerebros que nos cierra las puertas al
crecimiento económico, político y social; el hambre que provoca miseria,
mendingancia, y lo más triste, el denigrante espectáculo de ver familias
enteras que buscan en la basura algún producto (podrido o descompuesto) que
pueda saciar el hambre que sufre el estómago de nuestra gente; la inseguridad que ha convertido nuestras
hermosas calles en desiertos oscuros y tenebrosos que obligan a nuestros
muchachos a permanecer encerrados en sus casas sin derecho a jugar con sus
amigos por temor a los criminales que deambulan tranquilos sintiéndose dueños
del espacio que es de todos. En fin, para no hacer más larga la lista que sí lo
es, me atrevo a resumir nuestra realidad como la conversión de la «Tierra
de Gracia» y «pequeña Venecia» en la tierra de nadie en la que
nos han obligado a vivir, soportando la torpeza, o más bien viveza, de
regímenes extraños cuyo interés no está en nuestra gente sino en nuestra
riqueza (aprovechándose de la oveja del pobre) y que nos da el derecho a elevar nuestra voz para denunciar lo que a los
ojos de Dios se ha convertido en el peor de los crímenes como es acabar con
este noble pueblo que forjaron nuestros próceres independentistas.
Como
Iglesia, como cristianos y como profetas nos toca anunciar que Dios nos regaló
una tierra que no puede envidiar a ningún otro país del mundo por tenerlo todo
(llanuras, montañas, nieve, desierto y mar) y que es de todos los habitantes de
esta noble nación; pero también nos toca denunciar, al igual que Natán lo
hiciera con David, que esta gente que rige
los destinos de nuestra Patria desde hace ya veinte años, lo único que
ha sabido hacer es vivir de la oveja del pobre para valerse de sus bienes,
nuestros bienes, y hacerse ricos sin derecho, pero con la bandera de la
violencia que les ha dado el poder de destruir…..
Elevo,
y los invito a todos a elevar conmigo, una oración por la Paz y la Libertad de
nuestro pueblo, nuestra gente y nuestra Nación, con la confianza de saber que
si acudimos con fe al Señor, el actuará y pronto, más pronto que tarde, nos
devolverá la calma despues de la tormenta, como lo hiciera Jesús con sus
apóstoles en aquella ocasión que hoy nos ha narrado el Evangelio. Eso sí, solo
si logramos la unidad verdadera, que es la única arma que nos hará fuertes
frente al enemigo feroz que nos está devorando.
Jesús,
Señor de la Historia, danos el vernos libres de esta tiranía que además de
desconocerte, pretende ocupar el puesto que tú concediste y concederás a
aquellos hombres que nuestro pueblo elija en plena libertad.
P. Marcos A. Ruz Calatrava
1o de Febrero de 2020