Etiqueta: liberalismo

  • Hakima El Haité, presidenta de la Internacional Liberal: Venezuela necesita a Vente Venezuela (+Video)

    Hakima El Haité, presidenta de la Internacional Liberal: Venezuela necesita a Vente Venezuela (+Video)

    (Caracas. 24/05/2020) La presidenta de la Internacional Liberal, Hakima El Haité, envió un mensaje al partido Vente Venezuela a propósito de su aniversario número 8, celebrado este domingo 24 de mayo. A través de un video, expresó su confianza a los miembros del partido de la libertad y aseguró que «Venezuela necesita a Vente Venezuela» para un futuro mejor, con esperanza y libertad.

    A continuación, la transcripción de su mensaje:

    Estimados amigos de Vente Venezuela, los grandes liberales.

    Estoy muy feliz y complacida de dirigirme a ustedes hoy, en ocasión de su octavo aniversario. Me gustaría extenderles los mejores deseos y apoyo de la directiva de la Internacional Liberal y también de su familia, la familia liberal global. Como presidenta de la Internacional Liberal, déjenme asegurarles que los partidos políticos y las organizaciones de nuestra federación mundial están comprometidos en apoyarlos en su lucha por liberar a Venezuela; liberar a Venezuela de las garras de Nicolás Maduro.

    Liberales de todo el mundo hacen visible la oscura injusticia que ustedes están enfrentando. Hemos movilizado a nuestros líderes de partidos de Latinoamérica, de Chile y de Nicaragua, para elevar sus voces y hablar claro contra los avances del dictador Nicolás Maduro. Hemos elevado su lucha por los derechos humanos en las Naciones Unidas, y déjenme decirles que la Internacional Liberal fue la única internacional en reconocer, antes que muchas naciones, a Juan Guaidó como presidente.

    Queridos amigos, déjenme decirles lo que Vente Venezuela representa para Venezuela; déjenme decirles lo que Vente Venezuela representa para los venezolanos: esperanza, queridos amigos; esperanza para un futuro mejor, esperanza para más justicia, para la libertad y para la dignidad. Su lucha diaria por la democracia es una inspiración no sólo para los venezolanos, sino para millones de personas alrededor del mundo.

    Por esa razón, el 2019 fue un año especial, porque los partidos miembros de la Internacional Liberal votaron para que nuestro máximo honor, el Premio a la Libertad, fuera entregado a la valiente e inspiradora María Corina Machado, su líder.

    Sabemos, estimados amigos, que sus primeros ocho años no han sido fáciles, pero también sabemos que su gente necesita a Vente Venezuela; que Venezuela necesita a Vente Venezuela. Nosotros le decimos a los gobiernos que los venezolanos deben vivir en una sociedad justa; en una sociedad de Estado de Derecho y democracia, respetada por la comunidad internacional y con el apoyo de los liberales en todo el mundo.

    Déjenme decirles: esa es su misión, y espero -y estos son mis deseos por su aniversario- que sean exitosos; y no cabe duda de que, con sus valientes miembros, ustedes serán exitosos. Pueden estar seguros, queridos amigos, que en la Internacional Liberal y en su presidenta, ustedes tienen aliados confiables y amigos.

    Muchas gracias.

  • Del buen salvaje al buen revolucionario – Por José Francisco Marcano

    Del buen salvaje al buen revolucionario – Por José Francisco Marcano

    En un grupo de lectura que nos reunimos quincenalmente, propuse leer Del buen salvaje al buen revolucionario de Carlos Rangel, un libro que hace pocos años cumplió 40 años y su vigencia no ha desaparecido para nada. Buscar una cita que englobe al texto se me hace cuesta arriba, pero lo que sí puedo decir, es uno de los libros más subrayado que tengo, ya lo he leído unas tres veces y cada vez me digo, cómo puede ser que no le hayan hecho caso al autor en su momento.

    Carlos Rangel lo único que logró con el libro en esa época fue ser criticado de todas las formas posibles por los “intelectuales” de oficio de ese tiempo, que sólo buscaban desprestigiarlo con epítetos como pitiyanqui o cachorro del imperio, sólo porque él mostraba la cantidad de errores históricos en los que incurría en Latinoamérica constantemente por sólo justificarse del por qué no termina de salir del tercer mundo y seguir anclada allí.

    Este libro es uno de los que más recomiendo en cada oportunidad que me toca opinar sobre el tema del liberalismo en Latinoamérica y del por qué estamos en Venezuela como estamos, aunque hay una gama de libros de venezolanos que nos ayudarían en el tema.

    Lamentablemente el autor decidió quitarse la vida en 1988 y no seguir luchando contra la marea socialista que abonó el terreno para que ya en los últimos años de siglo XX, diez años más tarde, llegara al poder el sustrato más radical de los partidos socialistas dominantes del país y con esto, abrirle las puertas a otras “potencias” para así fastidiar a la potencia del continente haciendo que Venezuela se convirtiera en una ficha más en el ajedrez de la política internacional, llevando a los ciudadanos comunes a sufrir las consecuencias.

    La grandísima irresponsabilidad de los dirigentes del país, sólo por mantener el populismo para ellos mantenerse enchufados a sus negocios, es sin duda el verdadero lastra que tenemos que soltar y esto sólo se lograría con la formación de la ciudadanía, una forma clara sería creando Colegios Ciudadanos, un espacios para que las comunidades puedan discutir las políticas locales que irradiarían a las políticas regionales, para luego llegar a las nacionales. Si no entendemos que el ciudadano es el que tiene el poder de cambiar la forma de administrar el país, y que este ciudadano sea consiente de los planteamientos económicos y sociales que nos puede sacar del foso, no vamos a poder hacer nada y seguirá el socialismo enquistado en nuestro país como fue inoculado hace 61 años atrás.

    Coordinador de formación de Vente Los Salias

    @jfmarcano

    Otros artículos del autor:

    jfmarcano.blogspot.com

  • La revolución de las migajas – por Fernando Marcano

    La revolución de las migajas – por Fernando Marcano

    Llegaba nuevamente María a su casa con las manos vacías, rindiendo lo poco que le quedaba de masa con un poquito de queso, freído en el poco aceite aguado, que ya llevaba varios días resolviendo. Las cosas andaban muy mal, y no sólo en su casa. Ya en toda la calle no existían “carajitos” jugando, tampoco las parrandas acostumbradas en la cuadra, cosas que sólo el hambre puede causar. Ella había salido temprano a una cola, como era su rutina desde que tuvo que escoger entre seguir trabajando o alimentar a su familia, pero no llegó a comprar nada de lo que quedaba de productos nacionales, porque para importados no le daba.

    Esa noche no le alcanzó para comer, aunque no dijo nada, sus dos muchachos iban a cenar y con eso le bastaba. Su marido llegó tarde, bajaba muy feliz de una reunión del consejo comunal, hablaba de perniles, “tiqueras” y bonos, con los cuales sus problemas quedarían resueltos en pocos días. María ya no defendía la revolución, no podía defender algo que sentía que la había abandonado a su suerte hace mucho. Ella tenía hambre, y sus hijos también, era lo único que sabía todas las mañanas cuando se levantaba y todas las noches cuando se acostaba. Carlos sufría de cambios de actitudes. Cada vez que salía a sus reuniones, regresaba completamente convencido de que faltaba poco para vencer la “Guerra Económica”, pero luego,  la dura realidad de haberse quedado desempleado en el último trimestre del año, lo devolvía al desconsuelo de la pobreza, al menos hasta su próxima reunión.

    “Miserables, tienen al pueblo pasando hambre”, decía al ver el nuevo precio marcado de la Harina Pan en la parte inferior del paquete amarillo. María callaba, ella sabía muy bien que desde hace mucho tiempo lo único que había en los mercados eran productos de empresas privadas, las pocas que quedaban, y que las marcas expropiadas solo aparecían de vez en cuando en los intermitentes CLAP, que no llegaban mensualmente. Se levantó de la mesa sin decir ninguna palabra, Carlos entendió que tampoco hoy le tocaba cenar. Se acostó junto a su mujer y le dio un beso en la frente, le dijo que la cosa mejoraría, ella sólo se durmió.

    Se paró bien temprano como siempre, e hizo un guarapo con la borra del café de hace unos días, era su desayuno. Manuel, el menor de 3 años, estaba despierto y tenía hambre, sus huesos ya se pegaban de la ropa, ella lo abrazó y le dio un poco de su guarapo. Lo mandó a dormir para quese le pasara el día rápido”, aunque sabía muy bien que era para que olvidara el hambre por un rato. Carlos se levantó, no pudo bañarse pues no salía agua. Su último trabajo fue de panadero, pero desde que fiscalizaron a las panaderías se había quedado desempleado, aunque aseguraba que fueron las protestas de mediados de año, como lo decía el presidente, las que habían ocasionado la crisis que generó su salida. Se despidió de su mujer, con su currículum en mano, a probar suerte en un difícil enero.

    María tenía la convicción de que esta vez si podía llevar algo a la casa, era el día que llegaba el camión de la pasta y la harina, sabía que siempre alcanzaba, por lo menos para “dos por persona”. La cola era kilométrica, estaba resguardada en exceso por soldados de la Guardia Nacional, que estaban igual de flacos e igual de insípidos que los demás. Carlos abría algunas bolsas de basura en el camino, de las que estaban afuera de las luncherías, ya no era cuestión de indigentes comer de ellas. No siempre encontraba algo, no siempre comía algo, era más un impulso por el hambre. Aun le daba algo de vergüenza y se cercioraba siempre de que nadie le viera.

    La SUNDDE se acercaba al automercado donde María se encontraba, sintió una gran emoción por dentro, hoy podría comprar más comida para sus muchachos. El capitán de la Guardia Nacional, que no estaba flaco como sus soldados, entró con la comitiva de fiscales vestidos de rojo, la gente aplaudía y apoyaba. Desde adentro del establecimiento, “el chino” y sus empleados, que sabían que de esta no se iban reponer, se preocupaban por sus trabajos e ingresos. Míralos, se alegran de ver a sus verdugosdecía una cajera, madre de dos niñas, que temía por su empleo. Entró el capitán y ordenó, fusil en mano, que una cantidad de productos “se guardaran para atrás,  dijo que eran «para los CLAP, que unos soldados lo pasarían a buscar luego». El fiscal gritaba a todo pulmón que bajaría cincuenta por ciento los “precios especulativos, mientras una cámara grababa sus palabras y la reacción de la gente. “Esto va para el ministro”, dijo sonriente.

    La gente eufórica, se amontonaba en la puerta del local. Ya no existía una fila, y los ánimos empezaban a caldearse. El capitán aseguró por la parte de atrás su botín de guerra, montado por sus soldados en uno de los vehículos. Ya la situación se había salido de control, la gente había entrado al automercado a la fuerza, los que habían logrado pagar salían corriendo cuidando sus productos, los demás saltaban, golpeaban y tomaban a su antojo todo lo que vieran. Se dio un grito de “orden, seguido de disparos de fusiles, la gente corría por todos lados. “¡Un herido!”, fue lo último que escuchó María cuando empezó a correr lejos de la situación, sin ningún producto y sin su cartera, en la que guardaba el poco dinero para comprar.

    Volvió a su casa esa tarde, abrió su nevera y solo encontró agua, pues ni la luz del foco, la cuál ya no encendía. Se sentó en la mesa a llorar desconsoladamente, ante la mirada de sus hijos desnutridos, en su casa ya deteriorada, donde hace días no llegaba el agua, donde hace días no llegaban las migajas de comida para sobrevivir. Unas horas más tarde llegaba Carlos muy sonriente, hablando de un mensaje de texto que le había mandado Nicolás Maduro anunciando un nuevo bono. Sin ver la cara de María, preguntó que había para comer hoy. Ella, que nunca había leído a García Márquez, en una expresión entre tristeza y “arrechera indescriptible, que solo diecinueve años de revolución puede ocasionarle a un venezolano, le dijo:

    ¡MIERDA!

    Coordinador Nacional Juvenil Vente Venezuela – @FSMarcano

  • El liberalismo precavido de Vargas Llosa – Por Luis Barragán

    El liberalismo precavido de Vargas Llosa – Por Luis Barragán

    A finales de abril del presente año, Mario Vargas Llosa visitó Chile y, con motivo del doctorado honoris causa otorgado por la Universidad Diego Portales, el discurso versó en torno a su ya conocida, lenta y segura conversión ideológica. Afortunadamente, la institución no tardó en publicar el estupendo testimonio, confirmando que la utilidad de las redes solo depende de una actuación diligente.

    Deseamos reivindicar tres aspectos de la magistral intervención,  tan llena de ricos y sugestivos detalles, capaces de dar con los más serios indicios para una futura e inédita investigación. Esta, por lo general, depende del acto académico sobrio y disciplinado.

    Dato obvio: el celebérrimo autor tiende al testimonio informado por las referencias constatables que ofrece, la franqueza de una espontaneidad responsable y, digamos, una interpretación de los hechos que no teme al juicio ajeno. Pocos intelectuales se exponen públicamente con la solvencia deseada y, quizá obligado por el regular  aporte de una opinión periodística, como ocurre con Vargas Llosa, tienen una mirada entrenada por la noticia, intentan una versión verificable de sí mismos y fuerzan a una apreciación lo más sensata posible.

    Dato siempre necesario de recordar: busca la postura política justa, pues, luego del deslumbramiento que padeció por el fenómeno cubano de los sesenta del Siglo XX, a veces tan lejano, su prédica liberal tiene por mejor certeza la precaución frente al radicalismo. Hay liberales –señaló en su discurso– fanáticos, cuadriculados y temibles, como “números encarnados que creen que el mercado resuelve todos los problemas y que basta que haya mercado y que basta que haya competencia como para que la solución de los problemas políticos, económicos, culturales, individuales, esté ahí”. Son peligrosos cuales comisarios marxistas –acota- “porque simplemente la vida no se resuelve a través de la competencia y del mercado”, pues este “es un sistema absolutamente extraordinario para que las personas entiendan, para que las personas descubran sus necesidades y las resuelvan […], para traer progreso material sin ninguna duda”, siendo correlativa la libertad económica a la política, cultural e individual, dándole rostro humano y tolerante al liberalismo.

    Dato ya dispensable: la revolución cubana constituyó una poderosa ilusión que, en su conferencia, retrata con la primera visita que hizo el escritor a la isla hasta que el caso Padilla la desenmascaró definitivamente, tardando muchos otros en percatarse. Lo curioso es que algo semejante no ocurrió –en diferentes circunstancias-  con la mentada revolución bolivariana, que nunca escatimó en esfuerzos y recursos petroleros para promoverse.

    @LuisBarraganJ