Etiqueta: Economía

  • Juan Freites: Los precios no los fija un dictador, los fija el mercado

    Juan Freites: Los precios no los fija un dictador, los fija el mercado

    En recientes declaraciones del Coordinador Estatal de Vente Venezuela Vargas, expresa que el valor de los bienes y servicios no pueden ser impuestos por la dictadura, sino que son producto de la oferta y la demanda de los mismos

    (La Guaira. 29/08/2018) Este martes, el coordinador estatal de Vente Venezuela en el estado Vargas, Juan Freites, señaló que “los precios no los fija un dictador, los fija el mercado, esos anuncios de Maduro solo incrementan la incertidumbre la economía”, aseguró el dirigente político en referencia a los anuncios realizados por Nicolás Maduro.

    “No son medidas económicas, son medidas políticas que buscan la completa aniquilación del sector empresarial venezolano”, expresó el también economista, quien agregó que “Nicolás Maduro ha dado un zarpazo a la poca economía privada que sobrevive a esta catástrofe, la finalidad la implementación total y definitiva de un modelo comunista que se intenta mantener a través del control social de todos los sectores”

    Freites destacó que los precios de los bienes y servicios los fija el mercado “hemos visto como reiteradamente los precios de los bienes y servicios han sido controlados por el régimen chavista, esto ha traído como consecuencia que la escases de bienes y productos se acentúen más, que el mercado negro de productos básicos agarre auge; todo esto se puede explicar a través de que los precios de los bienes y servicios que se comercializan se forman en el natural e indispensable equilibrio entre la oferta y la demanda, mas no por caprichos de un dictador”.

    “Venezuela necesita un cambio de modelo económico urgente, necesitamos hacer una serie de reformas económicas que nos permitan salir de este abismo económico y social que tiene el país, un sistema económico liberal permitirá que con producción, innovación y trabajo se pueda transformar todo el potencial que tiene la nación venezolana, en verdadera riqueza para todos los venezolanos”, aseguró Juan Freites.

    Para finalizar, el Coordinador Estatal resaltó el apoyo de Vente Venezuela a la libertad económica, a la propiedad privada y al sector empresarial “somos todos protagonistas de las más abominables medias de un régimen totalitario en contra de la libertad económica del país, es por eso, que quiero enviarle todo el apoyo al sector empresarial del país, resistan y protejan lo suyo, protejan su propiedad privada y a sus empleados, que este régimen esta de salida, y falta poco para la reconstrucción de nuestro país”.

  • Banco Central y su Poder Coactivo – Por Jean Carlos Cabarca

    Banco Central y su Poder Coactivo – Por Jean Carlos Cabarca

    Podemos resumir que el banco central es el organismo que tiene a su cargo el control, supervisión y regulación de la cantidad de dinero que circula en la economía. Se encarga de diseñar y ejecutar la política monetaria, (claramente establecidas en la ley) con el propósito de incidir sobre el costo del dinero, y disponibilidad de crédito, tanto para el comercio como para la creación y distribución de bienes y servicios. Se vale de dos políticas: una de signo contractivo y otra de carácter expansivo.

    Para el logro de sus objetivos, un banco central consta de tres instrumentos: Operaciones de Mercado Abierto (OMA), el redescuento y el encaje legal. Entre sus funciones está, preservar el valor de la moneda, estabilizar el tipo de cambio, mantener la estabilidad de precios en el sistema financiero y contribuir al crecimiento económico.

    Increíblemente, muy pocos economistas y políticos se han cuestionado la creencia universal del esquema monopolístico de un banco central, (escuela keynesiana) como mejor opción en la emisión y circulación de medios de pago, y como mecanismo más idóneo para que los países gocen de soberanía monetaria. Aunque este concepto no queda muy claro, ya que, al parecer, implica hacerse del poder para coaccionar una sociedad por medio de un sistema monetario y la capacidad de generar altas tasas de inflación.

    Recordemos que el Estado inició el proceso de acuñación, por la necesidad de  garantizar la pureza y el peso de los metales nobles, por el alto nivel de complejidad que requería el proceso de aquilatamiento y certificación de su peso, lo cual se convertía en un costo de transacción y eventualmente, en una desventaja para facilitar los intercambios de bienes y servicios (principal función del dinero).

    Pero los gobiernos se dieron cuenta de lo altamente lucrativo que era poseer el poder monetario. De esta manera, aplicando estrategias jurídicas, se hizo de los medios para establecerse el privilegio exclusivo de la emisión e implementación del curso forzoso de su dinero, con el cual podría financiar el gasto público y, de esta manera, evitar aumentar la presión de los impuestos como principal vía de ingreso.

    De este modo, ya dejaría de existir la libertad de los individuos, en cuanto a alternativas del uso de moneda como forma voluntaria y el proceso competitivo de la acuñación privada.

    Históricamente, a medida que se fueron perfeccionando los procesos mercantiles, para disminuir los riesgos y los costos de transporte, los comerciantes crearon casas de depósito de monedas. En contraparte de dicho deposito, el depositario entregaba un recibo por el monto correspondiente. El comerciante se beneficiaba de las comisiones del referido servicio. Estas casas de depósitos de convirtieron en lo que hoy conocemos como banco y los recibos a su vez, en billetes bancarios.

    Debemos comprender que en el caso de los depósitos, el elemento primordial es la custodia del dinero,  no hacer uso de ese dinero y destinarlo al préstamo, por la sencilla razón de que el banco no es dueño de dicho depósito. En el instante en el cual el prestatario suministra el dinero recibido como depósito, a la vista, lo que estará  realizando es una doble disponibilidad de dinero,  de esta forma estará creando dinero de la nada, a lo que Keynes llamo el efecto multiplicador.

    Igualmente, en la medida que los bancos o el banco central expanden el crédito, bajando las tasas de interés por debajo del nivel natural de forma artificial, produce un desequilibrio, generando inversiones que bajo la tasa de mercado no se hubiesen producido, aumentando en gran medida un auge de inversiones, los cuales, al momento del ajuste de la tasa real del mercado, van a reflejar la mala asignación de los recursos productivos a nivel microeconómico, trayendo como consecuencia la fase de crisis y depresión, llamados ciclos económicos.

    Bajo un sistema de banco central con la reserva fraccionaria, los banqueros (gozando de sus privilegios) y teniendo al banco central como prestamista de última instancia para sacarlos de los apuros, (creando la liquidez necesaria para salvar a los bancos privados), van a tender a operar irresponsablemente sin sentido de riesgo, con una política de expansión de créditos mucho más inestable e insolvente, trayendo resultados desastrosos para la economía de un país.

    Como alternativa, está un sistema con coeficiente de caja 100 por ciento en relación a los depósitos a la vista, como el implementado por el Banco de Ámsterdam a mediados del año 1609, que le permitió sobrellevar varias crisis y gozar de una gran confianza y solidez por más de 150 años.

    Por otro lado, la banca libre (Free Banking), bajo la ausencia de regulación y control del Estado, sin la imposición del dinero de curso forzoso, donde exista plena libertad por parte de los bancos para operar bajo el coeficiente de reserva fraccionaria, que creyeran conveniente y sostenible, en donde los bancos no cuenten con un prestamista de última instanci, que saldría al rescate en caso de no poder atender la devolución de los depósitos.

    De esta manera el sistema bancario se vería en la obligación de auto-regularse. Tendría que operar responsablemente para mantener la confianza, para asegurar mayor rentabilidad y una clientela sostenible. Posiblemente bajo este sistema habría fluctuaciones económicas y no ciclos económicos como son producidos bajo una banca central.

    Y con todos los avances disruptivos de la tecnología, aparecen las criptomonedas, dinero digital bajo un sistema criptográfico que trabaja con la tecnología Blockchain, operando en un entorno descentralizado que se ejecuta sin la necesidad de un banco central, con la imposibilidad de monopolizar.

    Se puede pensar, a futuro, en la consolidación de las criptomonedas como medio de cambio por excelencia, ya que la demanda de este dinero cada día se vuelve más general y constante, cumpliendo con las características de buen dinero, relativamente escaso (caso Bitcoin, Ethereum, etc.). Las criptomonedas son durables (depósitos de poder adquisitivo), fácilmente fraccionables, sencillas de transportar (a cualquier parte del mundo), simples de almacenar y poseen un alto nivel de dificultad para falsificar.

    Todas estas características hacen que cada día aumente el nivel de aceptación de las monedas electrónicas como medio de intercambio. Se puede decir que Bitcoin y otras criptomonedas, (dependiendo de su estructura) impiden la concesión de privilegios.

    Hay que entenderlo, se necesita disponer de dinero con la calidad necesaria para que la economía funcione correctamente, respetando lo esencial del ser humano, libertad de elección. Nos cuesta imaginar un sistema económico sin una moneda deflacionaria, donde ningún gobierno pueda llegar a controlarla para sobre-endeudarse. Dejemos atrás el mito negativo de la espiral deflacionaria, que no es más que el ajuste que repara los efectos de la mala inversión generalizada, inducida por años de inflación crediticia.

     

  • Una economía para la prosperidad – Por María Corina Machado

    Una economía para la prosperidad – Por María Corina Machado

    Hoy ya todos los venezolanos sabemos lo que significa para el bolsillo y para el país la economía del socialismo del siglo XXI. Lo crucial es que no estamos condenados a padecerla más. A pesar de la tragedia y la devastación que este régimen ha ocasionado; con imaginación, responsabilidad y sentido de Estado podemos superar la actual crisis económica mucho más rápido de lo que parece. Ese esfuerzo por cambiar lo malo por un camino de prosperidad para todos los ciudadanos, es hoy uno de los desafíos más grandes que tenemos como sociedad. No se trata solamente de solucionar la emergencia coyuntural, sino de encaminar el país hacia un nuevo modelo, que permita solidez económica y crecimiento sostenido, que promueva la creación de riqueza, respete la dignidad humana y deje la pobreza en el pasado.

    Para eso hay que realizar cambios profundos y estructurales. Hay que sustituir este socialismo ineficaz y desastroso, por un modelo que nos proporcione seguridad y muchas oportunidades. Necesitamos construir un nuevo modelo socioeconómico que promueva el ascenso de todos.

    Es indispensable lograr una sana relación ciudadano-Estado, que garantice la prosperidad económica, el bienestar de cada uno de nosotros, sin exclusión de cualquier tipo, y que sea garante de las libertades políticas, civiles, y de la democracia: necesitamos urgentemente lograr una institucionalidad con los incentivos correctos, que promueva el trabajo, la excelencia y la innovación, para lograr tanto el bienestar económico como el desarrollo integral de cada persona. Queremos una economía para la gente, no para el gobierno.

    Dejaremos atrás para siempre el hambre y la violencia con un nuevo modelo socioeconómico que comience por garantizar la seguridad jurídica y el Estado de Derecho: respeto a la vida, la propiedad privada y la libertad. El segundo paso es facilitar la creación de empresas para generar muchos empleos productivos y bien remunerados. El tercero es una moneda fuerte y estable en un entorno macroeconómico equilibrado. Los tres aspectos son importantes para que se libere la energía creadora, la innovación y el emprendimiento de los ciudadanos.

    La inflación es culpa del desorden e irresponsabilidad con que el gobierno gasta más de lo que le ingresa. Ese desastre en el gasto ha demolido la solidez de nuestra moneda, que hoy por hoy no vale nada, y ha arruinado a los ciudadanos cuyos ingresos y ahorros son en bolívares. El Banco Central no puede seguir financiando el gasto del gobierno a través de la emisión de dinero. Por lo tanto, la disciplina fiscal es un imperativo que se debe alcanzar, manejando con eficiencia y transparencia el gasto público. Es importante que el Estado tenga el tamaño adecuado. Parte de ese proceso requerirá que el gobierno se desprenda de una serie de empresas ineficientes, y permita su reactivación y gerencia a través de un sector privado productivo, competitivo y responsable. De igual forma, debemos retomar el camino de la descentralización, para acercar más las decisiones al ciudadano; no solo a los estados, sino mas allá, hasta los municipios y parroquias. Se requiere un Estado reducido, pero fuerte, eficiente y transparente.

    El petróleo en manos del gobierno es otro tema que debemos replantearnos. Lo que conviene al país es que hagamos todos los esfuerzos posibles para volver a hacer nuevamente competitiva la actividad petrolera, sin dejar de considerar la nueva realidad del mercado mundial y las características que muy posiblemente lo definan en los próximos años. Para esto, el Estado debe permitir y estimular la inversión privada nacional y extranjera en todas las áreas del sector energético; con un gran desafío: pasar de la Venezuela petrolera a la Venezuela energética. También, para lograr la inversión y democratización del capital, debemos promover un sector financiero más amplio y profundo, y un vibrante mercado de capitales.

    Ya nadie duda que es necesario diversificar nuestra economía. No podemos seguir dependiendo únicamente del petróleo. El sector productivo, que ha sido destruido, requiere inversiones muy grandes –locales y extranjeras-, para insertarse en las cadenas mundiales de valor. Con reglas de juego claras, justas, sin privilegios, y con los incentivos apropiados: estímulos impositivos, facilidad para abrir empresas, etc; promoveremos el desarrollo de muchos sectores en los cuales Venezuela tiene un enorme potencial: agrícola, industrial, tecnológico, cultural, turístico, y comercial.

    La fuerte reducción en la emisión de dinero –indispensable para controlar la inflación- se traducirá en una reducción del gasto público. Habrá que asumir un nuevo endeudamiento interno y externo para atender la emergencia y encauzarnos a la estabilización. En una economía acostumbrada a monetizar el déficit fiscal, detener esta situación no es fácil y afectará a todos los sectores de la población. Pero el costo de la criminal ineficacia de estos años no puede recaer en los venezolanos más vulnerables. Por eso, y por fin, vamos a construir políticas sociales modernas y eficientes; subsidios directos e inmediatos, servicios públicos de primera calidad, escuelas dignas con alta tecnología  y centros hospitalarios bien dotados, son la otra cara de la transformación a la nueva economía.

    Tantos años de lucha y sacrificios frente a un régimen que exacerbó el populismo, el clientelismo, el centralismo, el estatismo y el militarismo, nos dejaron profundos aprendizajes. La transición no sólo implica construir nuevas instituciones políticas, también un sistema de incentivos y garantías para establecer una economía vibrante, abierta y competitiva; que permita que vayamos todos para arriba. Un país de propietarios, de emprendedores, con una economía para la prosperidad.

    @Mariacorinaya

     

  • Nuestra economía – Por Miguel Velarde

    Nuestra economía – Por Miguel Velarde

    Si algo hemos aprendido en estos años es que por muy mal que estén las cosas, siempre pueden estar peor

    En los últimos meses, especialmente desde que las protestas ciudadanas se extendieron por más de cuatro meses, toda nuestra atención estuvo concentrada en la crisis política que atraviesa el país. Mientras tanto, una quizá más profunda, continuó profundizándose de manera acelerada: la económica.

    Los síntomas de la crítica situación financiera y económica venezolana se vienen manifestando contundentemente desde hace tiempo. La inflación sigue siendo, como desde hace 5 años, la más alta del mundo; este año se pronostica que se acercaría al 1.000%. Solo como referencia, el segundo país con la inflación más alta de la región es Argentina: alrededor del 20%.

    La escasez también sigue haciendo miserable la vida de los ciudadanos. No importa si son los alimentos básicos, medicinas, o repuestos. Por donde se mire los productos son escasos o impagables.

    Incluso, como si nos faltara ironía, el país con las reservas petroleras más grandes del mundo también sufre la falta de gasolina. En los últimos días se pudo saber que en diferentes estados del país largas colas de automóviles esperaban poder llenar sus tanque.

    Otro hecho difícil de explicar es que no se encuentra dinero. En coyunturas como las que el país atraviesa, lo normal es ver a la gente con muchos billetes porque estos no valen nada. Sin embargo, también existe dificultades en conseguirlos, debido a las restricciones impuestas por el gobierno al sector bancario para la entrega de dinero en efectivo. Todo esto con el objetivo de disminuir la liquidez monetaria y, con esto, desacelerar la inflación. Es decir: solucionar el problema generado por los controles -de cambio y de precios- con más controles. Demás está decir que no lo logran.

    Este último, quizá, es el peor de los síntomas de la crisis económica que vivimos: la pérdida del poder adquisitivo. A pesar de sus permanentes incrementos –cinco en lo que va del año- el salario mínimo sigue siendo uno de los más bajos de la región: menos de 15 dólares mensuales en términos reales.

    Lo más preocupante es que con cada nueva medida que adopta el gobierno, los problemas solo empeoran. Hay quienes afirman que se debe a que no tienen la menor idea de lo que se debe hacer. Hay otros que, por el contrario, creen que ellos no solo saben lo que hacen, sino que tienen un propósito claro desde hace años: la destrucción del sistema productivo, la desaparición de la empresa privada y, con ello, el control total de la economía. No importa cuan destruida esté.

    Si algo hemos aprendido en estos años es que por muy mal que estén las cosas, siempre pueden estar peor. El gobierno ha adoptado, como política, ignorar la realidad, mientras ésta asfixia a millones de venezolanos.

    La única manera de solucionar el desastre económico es con un cambio estructural del modelo, que comience por levantar los controles, garantizar la seguridad jurídica para la inversión local y extranjera y promover el libre mercado.  

    Mientras eso no ocurra, seguiremos teniendo la inflación más alta del mundo, niveles de escasez de un país en guerra, una moneda que no vale nada y miles de venezolanos comiendo de la basura.

  • Tres medidas para acabar con la inflación inmediatamente – Por Daniel Di Martino

    Tres medidas para acabar con la inflación inmediatamente – Por Daniel Di Martino

    En Marzo de 2007, el Banco Central de Venezuela anunció la reconversión monetaria, una medida conocida popularmente como “quitarle tres ceros a la moneda”, la cual se hizo necesaria según el Banco Central, para “facilitar las transacciones”, es decir, la inflación se había acumulado tanto que había que hacer más fácil contar los billetes y monedas. La medida que anunció el BCV consistió exactamente en eso, cambiar todos los billetes y monedas por sus equivalentes divididos entre mil, y añadir un billete de 100 bolívares. Sin embargo, el BCV, en vez de revertir curso en cuanto a política monetaria para que otra costosa reconversión monetaria no fuera necesaria, este decidió profundizar en la fallida política de crear masa monetaria para cubrir los déficits de la creciente maquinaria estatal llamada PDVSA.

    Desde que se realizó la reconversión monetaria, la inflación acumulada ha sido de 24 mil por ciento; así es, 24000%. A partir del año 2007 hasta 2016, los precios se han multiplicado por doscientos cuarenta y uno, lo que equivale al porcentaje mencionado anteriormente. Estos datos son de la inflación general, pero si fuera solo contando los alimentos serían más espeluznantes de lo que ya son. Si no lo creen, recuerden cuanto costaba una empanada en 2007, ¿2 bolívares fuertes? ¿Y cuánto cuesta hoy? Alrededor de 1000 bolívares fuertes, más de 240 veces el precio, unas 500 veces.

    Que el BCV vuelva a hacer una reconversión monetaria solo muestra lo extremo de la inflación que ellos mismos han causado, pero no crean jamás que lo hacen para “facilitarnos las transacciones”, lo hacen porque imprimir un billete de 100 bolívares cuesta más de 100 bolívares; ¿la solución? Que diga 20 mil bolívares y solucionada la inflación. Desgraciadamente, mientras cada día se hacen más comunes las noticias de niños múrido de hambre en nuestro país, al régimen en vez de sentir compasión simplemente siguen adelante robando todo el dinero que puedan, y si no alcanza imprimiéndolo.

    A pesar de todo lo negativo, hay una forma de parar esta espiral inflacionaria inmediatamente, y dar una vuelta en U antes de llegar al abismo del hambre generalizada. Este cambio de curso implica que no hay espacio para vacilar, hacerlo a medias es condenar a Venezuela a décadas de pobreza y estancamiento, pero completarlo impulsaría a los venezolanos a cumplir sus sueños sin nadie que los detenga, levantándolos de la pobreza masivamente en un corto período de tiempo.

    Primera medida: Eliminar los controles de precios y de cambio. Sin esta medida no hay plan que funcione para detener la cercana hiperinflación y escasez. Todos los economistas acuerdan que los controles de precio generan escasez al restringir la oferta e impulsar la demanda. Eliminar los controles de precio no va a disparar los precios porque ya nadie vende al precio controlado sino al de mercado negro, por el contrario, los disminuirá, porque permitirá a las empresas producir legalmente y competir entre ellas, acabando con escasez e inflación.

    Segunda medida: Privatizar PDVSA. Petróleos De Venezuela es la empresa petrolera más ineficiente del mundo, es además la fuente más grande de corrupción del país, y le da el control al gobierno de toda la entrada de dólares al país. Dividir y vender PDVSA permitiría a nuevas empresas explotar eficientemente los recursos petrolíferos y gasíferos del país, aumentando la mermada producción de nuestro país; además, le permitiría incrementar la oferta de moneda extranjera, fortaleciendo así el Bolívar. Por último, estas medida acabaría con la mayor fuente de corrupción porque el gobierno no estaría involucrado en la producción o comercialización, eliminando cualquier espacio para que algún funcionario corrupto actúe.

    Tercera medida: Devolver las empresas expropiadas. Las empresas estatales son muy ineficientes o simplemente no producen nada. Devolver estas empresas a sus dueños incrementaría la producción de todo tipo de alimentos y productos, disminuyendo sus precios y acabando con la escasez. Además que generarían decenas de miles de nuevos empleos y fuentes de riqueza para todos los venezolanos, y no para funcionarios corruptos puestos por el gobierno.

    Venezuela ya está en una crisis humanitaria, cada día que se espera para tomar estas medidas es un día en el que personas mueren de hambre, es un día en el que niños no van a la escuela porque tienen hambre, y es desgraciadamente un día en el que otro enchufado se muda a Miami con el dinero de los venezolanos.

  • Vente Carabobo: Régimen acabó producción e inventó sistema de importación corrupto

    Vente Carabobo: Régimen acabó producción e inventó sistema de importación corrupto

    Noé Pineda: Los países y las sociedades cambian cuando los ciudadanos cambian

    «La guerra económica no existe, es mentira, y este régimen es tan inmoral que culpa a la Asamblea Nacional de las colas y la escasez», enfatiza Jesús Silva,  dirigente del partido de la libertad,

    (Valencia. 08/08/2016) Jesús Silva, coordinador del proyecto Vente y Emprende de Vente Venezuela en la parroquia Miguel Peña del estado Carabobo, afirmó este fin de semana  que “el régimen acabó con la producción y se inventó un sistema de importación corrupto”.

    Las declaraciones las ofreció durante un conversatorio realizado en la casa azul del municipio Valencia, es donde también destacó que la constante arremetida contra la empresa privada, la inexistencia del estado de derecho, la falta de incentivos y el establecimiento de regulaciones de precios los cuales “son inviables”, ha desencadenado la grave crisis que afronta el país.

    «La guerra económica no existe, es mentira, y este régimen es tan inmoral que culpa a la Asamblea Nacional de las colas y la escasez», enfatizó.

    Por su parte, Noé Pineda, líder comunitario del partido azul, aseveró que “los ciudadanos somos protagonistas del cambio. Los países y las sociedades cambian, cuando los ciudadanos cambian”.

    “Un ciudadano tiene sentido de pertenencia con todo lo referente a su comunidad, a su país: la cancha, los parques… son suyos, y es por eso que ese ciudadano cuando es Alcalde o Gobernador cuida y mantiene ese bien común porque lo siente suyo, porque tiene sentido de pertenencia”, expresó.

    “Las cosa van a cambiar porque nosotros la vamos a hacer cambiar», finalizó Pineda.

  • María Corina #Contigo, N° 66

    María Corina #Contigo, N° 66

    Los costos de producción de petróleo superaron ya su precio de venta; es decir, al vender petróleo, Venezuela está perdiendo. Ello plantea una serie de retos para nuestro país, que bajo el régimen de Chávez-Maduro se volvió absolutamente dependiente de la actividad petrolera para generar ingresos.

    ¿Es esto el fin de nuestra economía? ¿Está todo perdido? De ello y de la Venezuela productiva que viene conversa María Corina Machado con los destacados ingenieros y expertos petroleros Juan Luis Martínez y Javier Larrañaga, en la edición N° 66 de su programa #Contigo.

    Además, María Corina habla con el dirigente de Vente Venezuela en el estado Falcón Iván Freites, sobre los últimos apagones en las refinerías de Amuay y Cardón; a lo cual Petróleos de Venezuela respondió apresando a un empleado.