Categoría: Opinión

  • ¿Por qué la represión? – Eddie A. Ramírez S.

    ¿Por qué la represión? – Eddie A. Ramírez S.

    Los gobiernos democráticos toleran las manifestaciones de protesta. Cuando estas se tornan violentas o causan una prolongada perturbación del orden público, proceden a disolverlas utilizando agua a presión. Si las mismas aumentan en intensidad, los guardianes del orden lanzan bombas lacrimógenas delante de los manifestantes para obligarlos a retroceder y dispersarse.

    En el  régimen de Maduro  la Guardia Nacional lanza  las lacrimógenas delante, en medio, detrás y directamente al cuerpo de los manifestantes, porque la intención es causar daño. Además, innecesariamente  disparan balas de plástico que causan heridas e inclusive pueden matar. Por si fuera poco, hay evidencias de disparos con armas de guerra por parte de la Guardia Nacional, de la Policía Nacional Bolivariana y por el Sebin, así como muchos casos de torturas. Para   producir pánico  Maduro se vale de sus grupos paramilitares, mal llamados colectivos, que generalmente se desplazan en motos y portan y disparan armas de fuego. Estos paramilitares actúan con la complicidad de la Guardia y de la Policía.

    Quizás extrañe que un gobierno que llegó al poder mediante elecciones, aunque no fueron transparentes, recurra a tanta violencia. El punto a considerar es que Maduro y los suyos no creen en la alternabilidad del poder y  predican que los opositores  «no volverán». No solo pretenden eternizarse, sino que quieren  implantar un régimen castrocomunista. Es decir, destruir al sector privado nacional, lograr una hegemonía comunicacional y controlar a los ciudadanos a través de un sistema judicial sumiso. Es más, han llegado a predicar que ser rico es malo y que para sostenerse la revolución requiere que haya muchos pobres.

    Cada  día más ciudadanos se percatan que el sistema económico que intentan imponer causa desabastecimiento, inflación, desinversión, desempleo, baja productividad y servicios públicos deficitarios. A esta grave situación hay que agregar  la represión con presos políticos y exiliados. Como consecuencia, se producen frecuentes  manifestaciones de grupos afectados algunos de los cuales incluso se identifican con el oficialismo. El año pasado se contabilizaron 4.140 manifestaciones relativamente pequeñas en demanda de mejores condiciones de vida, las cuales eran generalmente toleradas por el régimen.

    A partir del 12 de febrero se presentó el fenómeno de la participación  de estudiantes en las manifestaciones, frustrados porque visualizan que no tienen futuro en Venezuela mientras persista el llamado Socialismo Siglo XXI. Este nuevo ingrediente prendió las alarmas en los oficialistas que percibieron una amenaza real que había que desmantelar al costo que fuese, antes de que se le unieran otros sectores de la población. Ello explica el grado de brutalidad de la represión. Por suerte,  el régimen está desprestigiado en el exterior y debilitado internamente. Ya no podrá perpetuarse. Es asunto de tiempo.

    Como en botica: Reiteramos nuestra solidaridad con Fernando Gerbasi, injustamente perseguido. La decisión de la Sala Constitucional amenazando con encarcelar a los alcaldes de oposición que no controlen el orden público demuestra una vez más su sumisión al Ejecutivo. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

    [email protected]

     

  • La libreta y el desenlace final – Ángel García Banchs

    La libreta y el desenlace final – Ángel García Banchs

    Tal y como pronosticamos, intentarían meter la libreta de racionamiento (el comunismo). De hecho, ese habría de ser el desenlace final del conflicto nacional, intentarlo y fracasar, para dar paso al cambio político: la transición hacia la recuperación de la institucionalidad, la economía de mercado y la forma de gobierno civil (i.e. la República). Hace pocos días las autoridades anunciaron la Tarjeta de Abastecimiento Seguro para la red de establecimientos comerciales del Estado, Mercal, Pdval y abastos Bicentenario; un intento para implantar la libreta de racionamiento, el mecanismo a través del cual, definitivamente, pretenden arrodillar al ciudadano, y hacerlo renunciar a sus principios, valores e instituciones, así como a la participación en la política para poder subsistir.

    Jorge Giordani habría estado en lo correcto, y en todo momento habría sido sincero, cuando decía: «estamos construyendo el socialismo sobre la base de la escasez»; es que, no hay comunismo, sin libreta de racionamiento; y libreta de racionamiento, sin escasez. Pero, la escasez per se no basta; claramente, la experiencia histórica demuestra que, además de escasez desbordada, implantar la libreta requiere fusilamientos públicos, exactamente como ocurrió en la España de Franco, la Rusia de Stalin o la Cuba de Fidel. El error Giordani-Dietrich habría sido pensar que tal cosa como introducir poco a poco la libreta de racionamiento (o lo que llamaron el socialismo del siglo XXI) era posible en la práctica; la verdad, a la dupla Giordani-Dietrich le faltó lo fundamental: el fusilamiento público de miles y miles de venezolanos, durante y después de su introducción.

    Como tal cosa no podrá ocurrir en la Venezuela del siglo XXI, el señor Giordani fracasó. Con mayores o menores traspiés, Venezuela se dirige hacia su reinstitucionalización. Simplemente, no será posible en la práctica implantar en la Venezuela del siglo XXI la libreta de racionamiento porque, al igual que ocurrió en los estados Zulia y Táchira, la gente en el resto del país reaccionará, desde el que depende del libre comercio para vivir hasta quienes sencillamente aman la libertad. Es decir, no habrá quien desde el Estado (no desde los colectivos, sino el Estado) esté dispuesto a administrar suficiente represión (miles y miles de muertos o más).

    Así, estoy seguro que, muy pronto, el país tendrá necesariamente que transitar hacia su reinstitucionalización.

    @garciabanchs / www.econometrica.com.ve

  • Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco

    Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco

    La luz que agoniza

    Venezuela asiste al ocaso de un régimen que pretendió mantener la ficción de democracia. Una vez que la protesta se hizo presente en las calles, en vez de intentar -al menos hasta ahora- un diálogo serio con los representantes genuinos de las fuerzas democráticas, inventó unos interlocutores para la farsa, y se lanzó a la represión más deliberada y brutal que el país haya conocido en su historia contemporánea. Ese régimen del cual se jactaba Chávez, el de la «suprema felicidad», de la «democracia participativa y protagónica», del «amor con amor se paga», yace entre las patas del caballo desbocado de su represión. Las pudibundeces que recubrían las ansias del poder autocrático se evaporaron y ahora queda el esqueleto de la revolución, con la guadaña funeraria empuñada, ávida de sangre fresca y joven. ¿Era éste el sueño de la izquierda revolucionaria que decía soñar con un futuro mejor? ¿Era esto lo que los antiguos defensores de los derechos humanos se proponían conseguir? Desde las montañas de dinero acumuladas por los próceres, ¿era ésta la corrupción que planeaban combatir? ¿Este largo camino de 15 años para que Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Francisco Ameliach y Miguel Rodríguez Torres quedaran cebados con el poder que no quieren aflojar al costo que sea?

    Maduro no puede continuar en el poder mas que a través de la represión y ha demostrado que está dispuesto a usarla sin limitación. Las regorgallas rojas sobre derechos humanos, él se las pasó por los tejidos blandos y ahora, atrincherado en un lugar que ocupa sin legitimidad, envía a grupos paramilitares, a la GN la Policía a cobrar nuevas vidas.

    El régimen es una dictadura con las características que la posmodernidad impone: tecnologías represivas más precisas, más selectivas, uso masivo del poder Judicial como hoja de parra para rodear de tramposa legalidad la persecución; ruina económica como recurso para el sometimiento; entre otras técnicas. Pero dictadura es dictadura aunque se vista de seda.

    LA CALLE. La explosión de ahora es una respuesta largamente acumulada. Comenzó en 1999 y, después de tantas luchas, con éxitos y derrotas, vuelve con los aprendizajes logrados y la determinación que solo producen los principios. La base es la escasez y la inseguridad, pero en esta dinámica conmovedora y trágica, la libertad ha emergido como cristalino objeto del deseo ciudadano.

    Acá se ha insistido en que no es cierto que no exista dirección de lo que acontece en los espacios públicos, sólo que no es la estructura piramidal tradicional con una «base» y unos «jefes». En este tiempo las estructuras organizativas son redes, con liderazgos fluidos en espacios y tiempos determinados, capaces de interconectarse con los de otras redes, para producir esta inmensa e indómita expresión de descontento. Como proceso social es arisco y contradictorio, y por su propia naturaleza avanza en medio de errores y victorias. Ninguno de los dirigentes democráticos quiere ni promueve la violencia; esta viene del Gobierno, de sus unidades paramilitares, así como de los grupos antimotines de la GN y de la PN. Nadie en la oposición la plantea, aun cuando el Gobierno, de manera mendaz se la atribuya, menos ahora que se ha puesto en evidencia que los asaltos, rotura de vidrieras, destrucción de bienes públicos y privados, los ejecutan paramilitares rojos. Más allá, la violencia es el sustrato de la existencia cotidiana, solo que a veces es una cola en un automercado, otras veces es un secuestro express, ahora con frecuencia es un guardia o un sebin que asesina, o es un joven con una molotov en la barricada. No apareció ahora, sólo que la violencia también se quitó la máscara, como Maduro.

    Véase de seguidas un extracto de posiciones de dirigentes de este proceso:

    Leopoldo López: «El cambio sólo puede llegar de la mano de millones de personas en la calle, en paz y sin violencia, pero en la calle»

    Antonio Ledezma: «Para mí la calle es el ejercicio de un legítimo derecho de los ciudadanos venezolanos… Las ollas vacías van a tomar las calles de Caracas, en paz, con civismo, con determinación, para que sepa el Gobierno y el mundo que Venezuela sigue en pie de lucha».

    María Corina: «Aunque traten de provocarnos, infiltren marchas o amenacen a líderes, no lograrán desviarnos de la ruta pacífica, firme y comprometida».

    Henrique Capriles: «Nadie acepta un monólogo ni imposiciones de un gobierno que ha querido resolver la crisis con muertos, heridos, torturados, detenciones, presos». «Todo el apoyo a los estudiantes… y el llamado a no pisar el peine de la violencia del Gobierno… «.

    Juan Requesens: (Declaraciones del 13 de marzo en N24) «al Presidente le decimos que no se preocupe por las barricadas y las guarimbas que eso se recoge y se limpia, yo le diría que se preocupe por los estudiantes muertos, por la inseguridad que eso es lo que nos interesa a los venezolanos». «Lo primero que hay que poner en la mesa es la liberación de los estudiantes detenidos y metan preso a los que han matado a los estudiantes que han caído en las protestas».

    Gaby Arellano: «No es pueblo contra pueblo; es el pueblo en la calle resistiendo de manera cívica y pacífica, y unos pocos malandros pagados por el señor Nicolás Maduro y el Estado tratando de generar estado de zozobra… Llaman al movimiento estudiantil a sentarse en una mesa de paz, pero siguen disparando y criminalizando. Ante eso nos queda la calle.»

    De los referidos pronunciamientos, a pesar de las diferencias existentes entre algunos de los mencionados, se desprenden tres elementos esenciales: la lucha es en la calle, esta debe ser pacífica, y la violencia ha partido de la represión brutal del régimen de Maduro.

    LA ESTRATEGIA DEL CRIMEN. Maduro reprime y habla de paz. Sus paramilitares encienden y atizan la violencia, mientras los pondera como sereno brazo del pueblo. Censura a los medios y habla con cinismo del derecho a expresarse. Sus matones torturan o les caen a palos a los jóvenes en medio del amor que profesan por la juventud. Se refocila en Miraflores mientras los suyos disparan sin contemplaciones. Es el espectáculo de la decadencia, la expresión de un régimen exhausto que como proyecto político-ideológico ha muerto y del cual queda el bagazo de una idea, envuelta en las sábanas ensangrentadas de los jóvenes.

    Heinz Dieterich, ideólogo del socialismo del siglo XXI y exasesor de Chávez, dijo el 11 de marzo que Maduro «no durará ni ocho semanas en el gobierno y probablemente será suplantado por una junta de gobierno». Más que una profecía de iluminado parece el diagnóstico de un internista bastante familiarizado con el paciente. Nadie sabe, pero hace 22 años emergió este «proyecto» en medio de sangre venezolana derramada, parece que así concluirá. El sueño romántico se convirtió en crimen serial.

    Twitter @carlosblancog

  • El Fascista es el gobierno, no la oposición –  Por Roberto Lovera De-Sola

    El Fascista es el gobierno, no la oposición – Por Roberto Lovera De-Sola

    El gobierno no se ha cansando de decir que la oposición venezolana es fascista, lo hace desde el 2002, ello sin darse cuenta que los fascistas son ellos, ya que el fascismo, como lo hemos señalado en otros análisis nuestros, es inherente al chavismo, que es a la vez deudor de las grandes dictaduras fascitas del siglo XX: las de Italia, Alemania, España, la URSS, Cuba.

    Hemos indicado claramente, estando aun vivo el Comandante, que para entender al chavismo hay que estudiar el fascismo.

    Una de las mejores síntesis del fascismo es la que hizo Umberto Eco(1932), en su célebre artículo “El fascismo eterno”(Cinco escritos morales. Barcelona: Delbolsillo,1997,p.31-58). Este parece haber sido escrito pensando en el chavismo. Tal las notas de aquello que caracteriza al fascismo:

    “1)culto de la tradición; 2)rechazo a todo lo moderno; 3)culto de la acción por la acción; 4) el desacuerdo es traición;5) miedo a la diferencia; 6) llamamiento a las clases medias frustradas; 7) obsesión por el complot; 8) los enemigos son simultáneamente demasiado fuertes y demasiado débiles;9) la vida es una guerra permanente;10) desprecio por los débiles;11) cada uno está educado para convertirse en un héroe;12) confiere su voluntad de poder a las cuestiones sexuales, origen del machismo, que implica desdén hacia las mujeres e irrespeto a las minorías sexuales;13) como los seres humanos no pueden poseer una voluntad común el líder debe ser su interprete, así los ciudadanos no actúan;14) uso de una neo-lengua”(p.47-55).

    Al fascismo chavez-madurista debemos añadir hoy una información que el gobierno ha hecho circular, sobre lo que es una persona que cree en el Socialismo del Siglo XXI, que como hemos indicado, es una doctrina que no existe en la teoría politica. La información de hoy, que tomamos de www.codigovenezuela.com: Caracas: marzo 12,2014) dice esto, es de hecho, puro fascismo:

    1)La escacéz es un invento de los burgueses para amedrentar al pueblo;

    2) La inflación es una estrategia del imperio para oprimir la Revolución;

    3)La inseguridad es un montaje de los fascistas para destruir a los pobres;

    4)El contrabando es una maniobra de la oposición para desmoralizar al chavismo;

    5)La crisis económica es una táctica de Obama y Uribe para controlar a la patria;

    6) El crimen es una operación de los capitalistas para atacar el gobierno.

    ¿Quién escribiría esto? Desde luego, su desconocimiento de la historia de las teorías políticas es clarísimo. Al leer esto recordamos una respuesta que dimos ante una pregunta sobre el libroA paso de cangrejo, también de Umberto Eco, ello ante la interrogante de que al leer los artículos sobre Berlusconi sentía esa persona que leía un libro sobre Chávez. Les respondimos, lo sientes así, pues se trata de los pensamientos de dos fascistas.

    Marzo 12,2014.

  • Ante la Represión, Libertad

    Ante la Represión, Libertad

    12/03/2014. 6:00PM. Las próximas horas de este día, prometen ser más largas que los acostumbrados 60 minutos, la represión de esta noche en Ciudad Universitaria, Santa Mónica, Chacao, San Cristóbal, Lara, Zulia… aún está por contarse.

    Hoy, cumplimos un mes en la calle protestando, 30 días han trascurrido desde que la sangre de Bassil DaCosta, estudiante de la Universidad Alejandro Humboldt fue derramada no por hampa común -como otra de las 250.000 almas arrancadas de la vida en los últimos quince años-, sino por un Comisario del Servicio Bolivariano de Inteligencia.

    El 14 de febrero Maduro informó que “Juancho” un tupamaro asesinado por “grupos violentos de la derecha” en un enfrentamiento, fue dado de baja por la misma arma que cegó la vida de Bassil, es decir, la de un Comisario del SEBIN; ¿Necesita Maduro sangre para nuclear una vez más la base de un chavismo descontento.

    Según Rocío San Miguel, nuestro compañero Roberto Redman fue asesinado de un disparo en la nuca por saber quién disparó a Bassil.

    Hoy decidí no ir a la marcha estudiantil en Bello Monte, para pedir al Consejo Universitario de la UCV que emitiera una nota de condolencia a los amigos y familiares de Daniel Tinoco, estudiante de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, quien hace dos días cayó en una barricada luego de 33 días de lucha en la calle.

    Al salir la marcha estaba en la UCV, aguantada por un piquete de la Policía Nacional, ¿Cómo termina? Termina reprimida, centenares de bombas lacrimógenas disparadas a quema-ropa en las caras de estudiantes, termina con el recinto universitario violado por las botas de policías asesinos, termina con entradas bloqueadas por las fuerzas de seguridad, y por motorizados paramilitares armados con pistolas y objetos contundentes que no son detenidos por la fuerza pública, termina con heridos, con robos, con miedo, con el sudor de unos estudiantes que sólo quieren un mejor país.

    En definitiva, esta lucha dejó de ser sólo del movimiento estudiantil, ahora es de toda la ciudadanía que en conjunto debe llegar a las últimas consecuencias; esto no se trata de que liberen a los detenidos, ni que sólo investiguen los asesinatos a estudiantes; se trata de cambiar un Gobierno que nos robó, nos utilizó, nos estafó, nos quiere quitar la libertad, y encima, nos mata.

    El movimiento estudiantil ha dado su fuerza, su poder de convocatoria, las horas de clases perdidas, las evaluaciones no realizadas, nuestro sudor, nuestras lágrimas, y desde hace un mes nuestra sangre; “cuando nos matamos entre venezolanos, poco importa que seas de izquierda o de derecha”.

    Los muertos que hasta hoy se cuentan, no los mató otro venezolano, los mató el Estado, sus funcionarios, sus colectivos paramilitares; la responsabilidad política es del Presidente, los mató Maduro, los mató Diosdado Cabello, los mató Gabriela Ramírez respaldando torturas, golpes y violaciones a los estudiantes detenidos por protestar.

    Ahora te toca a ti, quien lea esto, quien lo comente; Tú callarás las bocinas fascistas que cantan consignas desde las ballenas, rinocerontes y tanquetas de la Guardia Nacional, quien evitará los atropellos, quien defenderá el derecho a protestar, la Universidad, la LIBERTAD; no importa en done estudias, en qué trabajas, a qué sector social y económico perteneces, Hoy, más que nunca #LaSalida es #LaCalle.

    @ClaudioArriojas

    Representante estudiantil

    Consejo Universitario UCV

  • Proyecto libertad – Eddie A. Ramírez S.

    Proyecto libertad – Eddie A. Ramírez S.

    Salir del totalitarismo siglo XXI que ahoga nuestras libertades e impide el desarrollo del país es el objetivo de los demócratas. Para alcanzarlo es necesario tomar en cuenta todos los elementos que inciden en este proyecto.  Aunque en política hay muchos imponderables, siempre es posible seleccionar una o más rutas críticas que permitan optimizar los costos y estimar el menor tiempo  requerido.

    En un ambiente en donde todos disponemos de  información y de  la facilidad de comunicarnos es explicable que cada quien quiera  determinar su ruta crítica. En una situación tan compleja nadie debe descalificar determinadas rutas, aunque tampoco podemos irnos al extremo de que todos los caminos conducen a Roma. Tenemos la gran fortaleza de que algo más de la mitad de los venezolanos no nos doblegamos, aunque tenemos  debilidades en los barrios. Tenemos oportunidades claras de ganar adeptos  por la escasez de muchos productos, la inseguridad y la inflación. La gran amenaza es la presencia de paramilitares oficialistas, la violenta actuación de la Guardia Nacional y la falta de escrúpulos del régimen que predica sus mentiras a través de sus innumerables medios de comunicación.

    Manifestar y cerrar calles no suma adeptos y divide a los nuestros, pero son acciones necesarias aunque no suficientes.  Es difícil que puedan mantenerse mucho tiempo, pero nadie debe desanimarse si cesan. Lograron llamar la atención del mundo, evidenciando que los violentos son los organismos del Estado y sus paramilitares. También debilitaron al régimen, que inevitablemente entró en barrena.  Lo lamentable es el número de fallecidos, sea por agresión de los rojos o por accidentes ocurridos como consecuencia de barricadas diseñadas como protección pero que causaron muertes que enlutan a todos.

    Algunos  actores de la MUD escogieron la ruta de no favorecer las manifestaciones callejeras por considerar que desvían la atención de la crisis económica, la cual esperan termine de  desilusionar a muchos simpatizantes del oficialismo. Lo importante es que todos los actores de oposición coinciden en que para acudir al  diálogo, al que hipócritamente llama Maduro por sentir la presión internacional, el régimen debe cumplir con unas exigencias mínimas. Por violar la Constitución y por inepto Maduro debería renunciar, pero es poco probable que lo haga y  probablemente todavía no tenemos suficiente músculo para obligarlo. Quizá, mientras tanto, deberíamos concentrarnos en exigir la libertad de los presos políticos, regreso de exiliados, castigo para los violadores de los derechos humanos y disolución de los colectivos paramilitares. Este es un proyecto en el que pueden coexistir la ruta de la protesta pacífica en las calles y la de enviar mensajes que convenzan a los todavía simpatizantes del oficialismo. Hay una tercera ruta que entusiasma a muchos,  pero sobre la cual no tenemos injerencia.

    Como en botica: En presencia de un bochornoso Alto Mando Militar, responsable de violaciones a los derechos humanos y de la politización de la institución, Maduro dio luz verde a sus paramilitares para que «apaguen candelitas». ¡Bravo por los estudiantes! ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

    [email protected]

  • Sicad II, otro trapo rojo – Por Ángel García Banchs

    Sicad II, otro trapo rojo – Por Ángel García Banchs

    El Sicad II será otro trapo rojo; un engaño más del gobierno que busca ganar tiempo, objetivo que por razones políticas evidentes no logrará.

    Será un trapo rojo, porque de no ser así el precio del dólar en ese «mercado» inmediatamente se igualaría al (o alcanzaría el nivel) del mercado negro de divisas, haciendo a éste último desaparecer; y si eso ocurriese, al tratarse de un precio legal, las aduanas, el Seniat y, peor aún, la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socio Económicos (Sundde) tendrían que reconocerlo como parte de la estructura de costos legal, lo que haría desbordar aún más nuestra ya alta inflación (la mayor del planeta, por cierto).

    Olvídese de que el gobierno dejará al mercado fijar el tipo de cambio en el Sicad II, pues éste será un precio legal. Será el gobierno el que lo fije arbitrariamente, manteniéndose el mercado negro de divisas y la escasez.

    ¿Usted se imagina que el gobierno permitiese que el precio en el Sicad II llegara a unas 13,5 veces el tipo de cambio oficial (i.e. que se permitiese una devaluación del 1.250%)? ¿Tiene idea del tamaño de la inflación que tendrían que tolerar? No, no lo tolerarán. Repito, el tipo de cambio del Sicad II no lo fijará el mercado, sino el gobierno y de una forma discrecional (arbitrariamente bajo para la demanda existente).

    Así, el Sicad II será un mercado de divisas homogéneo con todos queriendo comprar; la escasa oferta de dólares provendrá del sector petrolero, pues, nadie en su sano juicio los querrá ofertar en volúmenes significativos a un precio menor a aquel del mercado ilegal. De hecho, ni siquiera transnacionales que a esa tasa pudieran exportar querrán hacerlo, pues en su activo abundan los bolívares, y en su pasivo una deuda en dólares que pagar; o, simplemente, para explicarme mejor, si a la tasa legal reconocida del Sicad II, algunas transnacionales pudieran exportar, los dólares que generarían por la exportación, no se destinarían a la oferta local, sino que serían retenidos por las propias trasnacionales para ir poco a poco bajando su enorme deuda externa con casas matrices aún por pagar.

    El Sicad II, por tanto, será también un mercado ilíquido, caracterizado por la escasez, por lo que seguirá existiendo el mercado negro de divisas, la especulación y corrupción. En palabras llanas, el Sicad II, en caso tal de que políticamente al final pueda operar, implicará un diferencial cambiario más que explotar, o una mafia cambiaria más (el diferencial cambiario o la mafia de arbitraje por acceso privilegiado a las divisas entre el tipo de cambio del Sicad II y del mercado negro ilegal – i.e. un guiso más).

    Si el objetivo en la mente de las autoridades es tan solo fiscal, el tipo de cambio del Sicad II podría arrancar en la vecindad de los 20Bs/$. Mientras que si el objetivo final, además de fiscal es de contención de la escasez, la tasa podría rondar 35Bs/$, más bien. En cualquier caso, será otro trapo rojo para intentar ganar más tiempo en lo político, y en lo económico un espacio de acción adicional para una mafia más.

    Si no me cree, el lunes 10 de marzo o cuando quiera que abra, si es que abre, el Sicad II, pregunte al operador cambiario si le venderían diariamente tantos dólares como quiera, para que compruebe usted mismo que le dirán que no.

    @garciabanchs

    www.econometrica.com.ve

  • Nunca más seremos los mismos – Por Miguel Velarde

    Nunca más seremos los mismos – Por Miguel Velarde

    Son muchas las historias que se vienen contando desde que los estudiantes iniciaron su lucha en las calles del país. Ni la ficción lograría superarlas en su desgarrador relato. La mayoría tiene características similares: violencia, represión, exceso, abuso y sangre. Todas tienen el mismo escenario: Venezuela.

    La nación no volverá a ser la misma desde ese 12 de febrero en el que decenas de miles de estudiantes se concentraron de forma pacífica y marcharon hasta la Fiscalía General de la República exigiendo la liberación de sus compañeros detenidos días antes por protestar. Hoy, menos de un mes después, el saldo son 22 muertos, más de 1.300 detenciones, más de 30 denuncias de torturas, centenares de heridos y un país indignado.

    Venezuela no es la misma ante los ojos del mundo. Quedó demostrado que no vivimos en la “democracia perfecta” que durante tantos años el gobierno se empeñó en dibujar. Muchos cayeron en el engaño de que el haber celebrado 19 elecciones en 14 años era el indicador más evidente de ello. Nunca se pusieron a pensar de que la democracia es mucho más que elecciones; que una cosa es votar y otra elegir. Pero, sobre todo, quedó demostrado que la libertad de expresión, los derechos básicos y la igualdad ante la justicia no son más que recuerdos de un pasado no muy lejano en el país. La careta no solo se cayó, sino que se rompió en mil pedazos irreparables.

    El mundo tampoco es el mismo ante nuestros ojos. Aquellos que aún tenían la esperanza de que en un momento crítico –como el que hoy vivimos- los países y organismos internacionales iban a reaccionar para garantizar los derechos de los venezolanos se dieron cuenta de que su dignidad pudo ser comprada por unos cuantos barriles de petróleo. La última resolución de la OEA es el ejemplo más reciente, pero su silencio cómplice resuena hoy en todo el mundo y será imposible para ellos volver a actuar bajo la fachada de imparcialidad que durante los últimos años presentaron.

    Sin embargo, aún mucho más importante que todo lo anterior, es que nosotros no seremos nunca más los mismos. Las últimas semanas sirvieron para darnos cuenta de que somos mucho más fuertes de lo que imaginábamos. Pudimos comprender que si bien existen problemas reales como la escasez, la inflación, la inseguridad y tantos otros que nos aquejan diariamente, nuestra lucha es por algo superior: por la libertad, la democracia y la dignidad. Sabemos, hoy más que nunca, que vivir sin ellas es morir un poco cada día.

    Aún no sabemos como terminará esta épica batalla que comenzaron los estudiantes y a la que se han sumado tantos otros sectores de nuestra sociedad. Pero si tenemos el convencimiento de que de ahora en adelante, cuando nos miremos al espejo cada mañana, sentiremos una brisa fresca que nace de la convicción de saber todo lo que somos y de la certeza de que aún podemos ser mejores.

    Nunca más seremos los mismos. (Guayoyoenletras.com)

    @MiguelVelarde

  • Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco G.

    Represión desenfrenada
    ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Son preguntas que se hacen ciudadanos de todas las tendencias.

    Cuando Nicolás Maduro se encaramó en Miraflores a través de una maniobra fraudulenta que le sustrajo el triunfo a Henrique Capriles, como toda la oposición denunció en su momento, tuvo dos opciones: la apertura o la represión; la primera en el caso de que quisiera moderar la catástrofe económica y social mediante el diálogo real; la violenta, en caso de que no quisiera o pudiera moverse de sus reductos político-ideológicos extremos. Maduro hizo un amago que se detuvo abruptamente; luego recurrió al insulto invariable hacia sus enemigos y frenó las sonrisitas pícaras que Nelson Merentes hacía a los empresarios, sobre la base de la promesa de cambiar, pero «que le dieran un tiempito y no declararan tanto».

    ¿Por qué Maduro no avanzó en la apertura que algunos de sus gestos sugerían? La hipótesis más plausible es que los grupos extremistas, tanto de «la derecha endógena» que presidiría el capitán Diosdado Cabello como la izquierda exógena, proteica, gritona y armada, no le permitieron moverse de lo que -según sus censores rojos- «habría hecho Chávez». No se paralizó con desgano y recomenzó la nueva etapa de intransigenciamortífera. Lo hizo, sin embargo, en condiciones diferentes a las que tocó vivir a su mentor, autor de una paternidad política tan absurda como irresponsable: la botija estaba, si no vacía, extenuada de tanto manoseo de camaradas, boliburgueses, bolichicos, bolichulos y otros parásitos. La escasez le estalló en la cara a un Maduro sorprendido de la falta de obediencia de la economía a sus caprichos; no alcanzaba a comprender que para gastar hay que tener ingresos porque los «vales», los fiados y los apretones de mano con promesa de pago, no funcionan en la economía contemporánea; apenas la trampa de corta vida de imprimir billetes sin respaldo.

    El telón de fondo de la escasez es el crimen callejero desatado. Los venezolanos saben de esto, ya no por las noticias de periódicos y radios, sino por la dolorosísima experiencia propia o de alguien cercano. La escasez y el crimen entraron en las casas; la escasez preside las mesas mientras el crimen trepa por los muros de casas y edificios, cuando no se atraviesa al vehículo o serpentea en el autobús.

    La escasez y el crimen cotidiano condensan la fuente de las rabias, democratizadas por la sórdida incompetencia del régimen. No sabían cómo resolver estos asuntos, a pesar de los planes y programas, porque ambos temas necesitan amplios consensos nacionales que incluyen a los factores de la producción -tenidos como enemigos-, a la oposición en todas sus ramas y facetas -también como enemigos- y la recomposición institucional (Fiscalía, Defensoría del Pueblo, Contraloría, Poder Judicial y, muy especialmente, del CNE) para crear un clima de honradez y decencia en el país. Hoy el Plan Patria Segura yace en la morgue de promesas rojas y la fórmula mágica para proveer dólares en el Panteón de las Ocurrencias Fallidas.

    PLAN, PLOMO Y PRISIÓN. Ante un panorama tan desolador como el referido, Nicolás Maduro podría haber reflotado la idea del diálogo con un mínimo de seriedad. El diálogo debía ser en un espacio neutral, y el régimen no puede construir su muñeco opositor para empezar a dialogar con él. Los representantes opositores tendrían que ser los dirigentes genuinos de las fuerzas democráticas; Maduro tendría que dar muestras palpables de que quiere dialogar con medidas como la liberación de Leopoldo López, de los estudiantes y los presos políticos, así como el enjuiciamiento de los asesinos que han actuado desde el 12 de febrero en adelante y destitución de sus jefes, entre otras medidas; y, finalmente llegar a una agenda convenida. En cuanto a los interlocutores no pueden ser representantes que no representan a nadie, sino los dirigentes estudiantiles y, en el campo político, al menos figuras como L. López, María C. Machado, A. Ledezma, H. Capriles y Ramón G. Aveledo, también los diputados opositores, entre otros relevantes. Si hubiese condiciones para el diálogo genuino habría que impulsarlo; no mientras sea esta farsa.

    En el momento de escribir este texto, el camino de un eventual diálogo ha sido sustituido por la mascarada que se conoce. Su lugar lo ha tomado la represión. La más brutal ejercida por quienes se llenaban la boca con la «defensa» de derechos humanos, quienes enarbolaban las banderas de la rebelión social, quienes hicieron de la protesta su religión atea.

    Esta represión no es signo de fortaleza sino de extrema debilidad y de tanto aprisionar a los demócratas, a los estudiantes, a los jóvenes, Maduro ha terminado como prisionero de los cuerpos represivos que comanda: no puede vivir sin ellos, no porque lo tumben, sino porque se cae. El recurso a los colectivos es la entrega del alma al diablo; con ellos logra reprimir sin medida y sin que nadie responda por los crímenes pero, al mismo tiempo, los militares y la policía se retiran parcialmente de la labor represiva en la cual unos cuantos oficiales y guardias nacionales se han envilecido hasta el asco.

    Maduro se colocó en la situación en la que para permanecer en el cargo que usurpa tiene que seguir con la represión e incrementarla. Cuando se le agoten las municiones, se fatiguen los represores o se produzca desacato de sus órdenes ilegales, será el momento de la partida. Por lo tanto, no es audaz imaginar una transición pacífica debatida entre las fuerzas democráticas y factores del chavismo, que aunque sean tuertos tengan alguna ventaja en ese país de los ciegos ideológicos.

    LA CALLE. Nadie jefea la calle. Ha sido el resultado de una confluencia de factores, varios de ellos fortuitos y otros estructurales. Como todo proceso social vive inmensas contradicciones, por eso es que el pensamiento «políticamente correcto» suele fallar, como si las barricadas estuviesen diseñadas por un alto mando radical, del cual es una papaya deslindarse. Así como el Gobierno inventa su propia oposición; los mandarines inventan sus radicales para caerles a porrazos.

    Los mejores métodos son los no violentos. Las barricadas -salvo cuando son para defenderse de una agresión policial, militar o paramilitar, ahora desatada- no suman sino que restan. Sin embargo, la vía del convencimiento es la mejor, antes que denigrar de los jóvenes que las usan, a veces más como instrumento de comunicación (e incomunicación) en la búsqueda de una solución inmediata a la tragedia nacional. Ha quedado demostrado que en la medida en la cual los dirigentes convocan con sentido más inclusivo, las manifestaciones combativas y pacíficas sobrepasan los combates de trincheras, circunstanciales y desventajosos, con los represores.

    En medio de la humareda, dirección y organización son nuestras primeras necesidades.

    www.tiempodepalabra.com

    Twitter @carlosblancog

  • Luchar hasta vencer – Por María Corina Machado

    Luchar hasta vencer – Por María Corina Machado

    Recorro San Cristóbal, una ciudad decidida a reivindicar su dignidad. Es difícil transitarla porque sus ciudadanos viven en diaria protesta por la escasez y contra la represión, ambas oficiales. Lo hacen con un sentido histórico y ciudadano admirable. A mi lado, al frente de la enorme concentración popular, Carmen González, la madre de Jimmy Vargas, joven muerto por la brutal represión. Sus palabras penetran directas al corazón y a la conciencia: «no lloren, luchen».

    Los venezolanos despertamos. Entendemos que ante un régimen que pretende la sumisión total, cierra las vías institucionales y anula nuestra voz por los medios de comunicación, es la protesta cívica en la calle el mecanismo que le queda al pueblo para hacerse escuchar y respetar.

    La protesta que hoy vivimos es distinta a las anteriores. No se concentra en pocas ciudades; sacude todo el país. Se inició por una convocatoria de los estudiantes, en sectores de clase media, y hoy es evidente que participan ciudadanos de todos los sectores económicos y sociales. La fuerza indetenible de este proceso social es su propósito: ha trascendido las reivindicaciones económicas y sociales urgentes; es cuestión de dignidad nacional, de soberanía popular y de libertades democráticas.

    En un mes, hemos desnudado al régimen y evidenciado su carácter dictatorial, su desastre económico, su aparato represivo y la complicidad internacional. Nunca el régimen había estado tan desesperado; nunca sus pilares tan débiles. Nunca había estado la democracia tan cerca de la victoria.

    Los ciudadanos estamos abriéndole camino a una transición política. La profundidad y naturaleza del descontento ciudadano y la inevitable exigencia de democracia así lo determinan. Maduro y sus tutores cubanos no podrán impedirlo aun reprimiendo sin piedad. Con ello sólo aceleran el proceso de conquista de la democracia.

    Los ciudadanos tenemos muy claro el propósito de nuestra protesta. Estamos unidos en el dolor e indignación infinita por los caídos, heridos, torturados y detenidos, y en la irrevocable decisión de continuar avanzando en este movimiento cívico y pacífico que crece cada día.

    El Táchira, una vez más, nos inspira y proporciona una consigna: Luchar hasta vencer.

    [email protected]

    @mariacorinaYA