Categoría: Opinión

  • ¿Cambio gatopardiano?… ¿O transición irreversible y pacífica a la democracia? – Por Werner Corrales Leal

    ¿Cambio gatopardiano?… ¿O transición irreversible y pacífica a la democracia? – Por Werner Corrales Leal

    La transición a la democracia que está por vivir Venezuela no será del todo novedosa, ya que en los últimos ochenta años muchas sociedades han vivido tránsitos desde regímenes dictatoriales o incluso abiertamente totalitarios a sistemas democráticos de gobierno. Es útil pues, escrutar la historia para encontrar lecciones que nos ayuden a conducir nuestra transición como la queremos, para garantizar que podemos hacerla pacífica e irreversible.

    De hecho, en las últimas semanas han abundado artículos en la prensa nacional acerca de las condiciones que parecieran necesarias para asegurar la paz en un proceso que se ve cada día más cercano, y muchas coinciden en que los casos conocidos de transiciones pacíficas tuvieron a jerarcas del sistema anterior encabezando los gobiernos o manteniendo frente a estos un enorme poder en representación de los intereses del “ancien régime”. Los casos de Suárez en España, Pinochet como contra-figura de Aylwin en Chile, De Klerk y Mandela en Sur África, López Contreras y más recientemente Wolfgang Larrazábal en Venezuela son citados como evidencias irrefutables de ese automatismo. Pero toda extrapolación de las experiencias de otros países que ignore de donde partimos o que confunda dictaduras militares con regímenes totalitarios o Estados-Pandilla peca de superficial y puede ser ilegítima.

    Soy un convencido de que para asegurar la paz en la transición es instrumental establecer alianzas con quienes habrían sido chavistas hasta apenas días u horas antes de la sustitución del presente gobierno por uno que conduzca el tránsito a la democracia. Pero dicho esto, afirmo que es necesario poner unos límites a lo que pueda ser concedido en las alianzas, porque no debemos comprometer la irreversibilidad o invalidar el fin último de dicho tránsito.

    Para definir esos límites y aprovechar de manera legítima las lecciones de la historia, es indispensable caracterizar claramente de dónde partimos, o sea qué queremos superar, y hacer comparaciones que tomen en consideración las verdaderas similitudes y diferencias que existen entre nuestro caso y otros sucedidos en diferentes países.

    ¿Qué sistema queremos superar y de donde deriva él su poder?

    Venezuela tiene una economía en ruinas, un Estado sin separación de poderes, un régimen empeñado en destruir las bases constitucionales para edificar el socialismo y un gobierno comprometido en ideologizar a niños y jóvenes para “construir un hombre nuevo”. Es decir, el régimen actual está en proceso de destruir una institucionalidad y una cultura política liberales, para crear un Estado totalitario. En ese tránsito destructivo, la institucionalidad venezolana se encuentra en una situación de extrema debilidad, carcomida por el progresivo empoderamiento de organizaciones delictivas en su seno y por la fusión orgánica de delincuentes y del alto funcionariado en los diversos poderes del Estado. Y estos rasgos de nuestra situación actual no resultan sólo ni principalmente de la ineficacia, la desidia o la falta de ética de los jerarcas, sino primordialmente de que el presente régimen es un proyecto de poder totalitario en construcción, que emplea cualquier medio para “demoler la superestructura burguesa”.

    Por otra parte, este régimen no es una democracia imperfecta que se hace gobernable por la conciliación populista sino un régimen que cultiva el populismo de masas pero que ejerce el control social por la coerción, que se apoya fundamentalmente en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y en otros instrumentos de violencia para ejercer la dominación sobre la sociedad, y en el que la FANB controla todas las áreas del Ejecutivo, incluidas las finanzas públicas, el comercio interno y la poca producción que resta en el país.

    La fuente principal de poder de este régimen, la FANB, anida tres grupos humanos en convivencia tensa: Un estamento militar institucional apegado a la Constitución vigente, presuntamente minoritario; una “vanguardia” de militares revolucionarios que no respeta la Constitución sino que es instrumento de la construcción del socialismo, la cual maneja además grupos paramilitares armados que actúan como fuerzas civiles de choque, complementarias a efectos de la coerción; y una cúpula militar corrupta que analistas internacionales y nacionales identifican como la que domina el tráfico de armas y de drogas y teje las principales organizaciones delictivas del país. Casi todos esos analistas afirman que los últimos dos grupos son quienes dirigen la FANB y a su vez son parte de alianzas circunstanciales en las que participan organizaciones de delincuentes comunes y los paramilitares ya mencionados.

    ¿Negociar el control de la fuerza armada durante la transición?

    La transición de la dictadura de Pinochet a la democracia suele darse como ejemplo de que en Venezuela podemos aceptar cualquier cosa en una negociación con el chavismo, incluso que sus jerarcas sigan dominando a las Fuerzas Armadas, para lograr la anhelada transición en paz, dejando implícito que tal cosa no compromete la irreversibilidad del cambio democrático. Este juicio es ilegítimo porque no parte de entender las diferencias que existen entre lo que eran el régimen dictatorial y el Estado chileno, por una parte, y lo que hemos descrito como el régimen protototalitario y las instituciones venezolanas de hoy, por la otra.

    Derrotado Pinochet en el plebiscito de 1988 se inició una transición que puso fin a un “Gobierno de las Fuerzas Armadas” que vivía políticamente aislado de América Latina, no a un régimen totalitario en construcción ni a un Estado con instituciones en extremo débiles que era carcomido in extenso por la corrupción y la delincuencia, es decir, un Estado-Pandilla, como puede caracterizarse al venezolano de hoy. El gobierno de Pinochet fue siempre autoritario, una dictadura militar que quería “extirpar el marxismo” y empleaba a las Fuerzas Armadas en la coerción, pero ese gobierno robusteció la institucionalidad del Estado, incluyendo a partir de 1983 la construcción de una institucionalidad económica moderna de alta eficiencia y el retiro progresivo de las FFAA de funciones no militares o de seguridad en el Ejecutivo.

    Una gran alianza democrática nacional derrotó a la dictadura militar en el plebiscito de 1988, pero para gobernar se vio obligada a pactar las reformas constitucionales de 1989 según las cuales los militares, con Pinochet a la cabeza, tendrían una sujeción casi puramente formal al poder civil, contarían con un número de senadores designados en el parlamento y gozarían de un financiamiento prácticamente no sujeto a decisiones del congreso ni del gobierno.

    Extrapolando todo lo anterior, y apoyándose en que Chile es hoy un ejemplo de progreso y de democracia liberal y civilista en el mundo, algunos analistas afirman que no importaría qué cosas concedamos en los convenimientos con el chavismo, porque cualquier transición negociada haría que la democracia volviese para quedarse.

    A la argumentación anterior vale la pena contraponer las lecciones aprendidas de la experiencia del sandinismo y la democracia en Nicaragua.

    El sandinismo, como el chavismo, era y sigue siendo un proyecto de poder totalitario, asociado a una red continental, impulsado por un populismo de masas de inspiración marxista, que se apoya en las Fuerzas Armadas para ejercer la coerción y administrar el Estado. Como la experiencia socialista del chavismo en Venezuela, la experiencia “revolucionaria” nicaragüense de los años 80 saqueó los bienes del Estado y los transfirió al paraestatal Frente Sandinista, y produjo un debilitamiento político institucional tal, que generó las condiciones para que el Estado haya asumido comportamientos y formas de organización propias de las pandillas centroamericanas (Hoy se habla del Estado nicaragüense como el “Estado Mara”). Como vemos, la situación político institucional venezolana de hoy es mucho más parecida a la nicaragüense de 1990 que a la chilena del mismo momento.

    Ya electa Violeta Chamorro a la presidencia de Nicaragua, en Marzo de 1990 se pactó con el sandinismo una transición en la cual éste último retuvo la jefatura de las Fuerzas Armadas. La opinión pública venezolana conoce más o menos bien la historia reciente de Nicaragua, cuyo gobierno sandinista se ha hermanado en las dimensiones ideológica, económica e institucional con el régimen chavista. El sandinismo regresó al poder en Nicaragua en 2007, con un enorme apoyo económico y político del chavismo, y desde entonces sus instituciones y las libertades llevan el mismo derrotero que lleva Venezuela desde que se inició el Socialismo del Siglo XXI.

    La transición nicaragüense a la democracia iniciada en los años 90 se revirtió y se frustró entre otras cosas porque entregó al sandinismo el control de las Fuerzas Armadas, la fuente principal de su poder. ¿Es eso lo que queremos para Venezuela?… ¿Queremos salir de Maduro pero dejarle el control de la FANB y las redes que dependen de ella a la élite militar chavista?.

    Reitero para concluir que considero necesario para la paz establecer alianzas entre demócratas y chavistas una vez iniciada la transición. Pero eso no es lo mismo que negociar con las cúpulas chavistas de hoy antes de que salgan del poder, concediéndoles el dominio de la FANB. Una vía legítimamente plural, que no comprometería la irreversibilidad, podría ser que los gobernantes demócratas de la transición construyan alianzas con gobernadores o alcaldes chavistas para fortalecer nuevamente la descentralización y una genuina participación, y para promover un desarrollo con equidad, es decir, para comenzar juntos la reconstrucción de Venezuela.

    Se rumora en medios políticos que hoy están en marcha algunas negociaciones -nada transparentes por cierto- entre jerarcas y gurús del gobierno, por una parte, y algún “actor ex chavista de oposición”, por la otra, que buscarían posicionar a éste último como la garantía de la transición pacífica, la cual estaría montada sobre casi cualquier forma de cohabitación entre objetivos democráticos e intereses del proyecto de poder chavista… Y esto es muy peligroso para la irreversibilidad del cambio a la democracia como creo haber demostrado.

    Un Cambio Gatopardiano, que todo parezca cambiar para que nada cambie, es lo que sucedería si los acuerdos con el chavismo para la transición se basasen en que él mantuviese el control de la FANB, que ha sido su principal instrumento de dominio y su mecanismo más útil de degradación institucional. Si ya estuviesen en marcha esos acuerdos sería aún peor.

    Twitter: @wernercorrales

  • Pensamiento en Acción- Por Tomás A. Arias Castillo

    Pensamiento en Acción- Por Tomás A. Arias Castillo

    En política, tanto como en otros ámbitos donde opera la razón práctica, la acción humana viene precedida por una decisión o elección voluntaria, la cual, a su vez, halla fundamento en algún tipo de razonamiento. La tríada Razón-Decisión-Acción, entonces, forma parte inescindible del análisis político. Así, por ejemplo, quien escribe no puede concebir que el gobierno –cualquier gobierno- desconozca la propiedad privada y la libertad económica como derechos esenciales de la dignidad humana, y se embarque en una política de control de cambio, controles de precios, estatizaciones y regulaciones arbitrarias. Siendo ello así, decidí oponerme –como en efecto lo hago- al régimen que impera en Venezuela desde el 2 de febrero de 1999, el cual, desde que se instaló en el poder, no ha hecho más que imponer un modelo colectivista negador de los referidos derechos.

    Asimismo, en política, la coherencia –como correspondencia entre razón, decisión y acción- genera confianza, entre actores políticos y, en general, con los miembros de la sociedad civil. Si me opongo a los controles no sólo lo hago porque este régimen los ponga en práctica, sino que: (i) si otro régimen distinto decide imponer políticas similares, de igual forma me opondré; y (ii) si llego al poder, no puedo implementar -ni justificar- la existencia de controles que hagan nugatorios los derechos a la propiedad privada y a la libertad económica.

    Las anteriores consideraciones las hago ya que, por muchas razones (históricas, económicas, culturales), los venezolanos hemos convivido con una política hecha sobre la base de contradicciones y paradojas. Exempli gratia: “empresarios” que no se oponen a controles que los oprimen, “líderes” que no se destacan ni a nadie mueven, “juristas” avaladores de entuertos arbitrarios, o “estudiantes” que no estudian. E, igualmente, a los venezolanos se nos ha pretendido imponer una visión de la política puramente pragmática, o de la acción por la acción, sin razones, sin decisiones abiertas y, sobre todo, sin responsabilidad.

    No olvidemos las cosas obvias (Borges decía que las cosas obvias, no por obvias dejaban de ser ciertas). A la política hay que darle contenido; hay que darle razonamiento. La política es razón práctica. La política es pensamiento en acción.

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  • DE PETROLEROS A PORDIOSEROS – Por Juan Marcos Colmenares

    DE PETROLEROS A PORDIOSEROS – Por Juan Marcos Colmenares

    Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) es una empresa estatal cuyas actividades son la explotación, producción, refinación, mercadeo y transporte del petróleo venezolano, creada durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, luego de la nacionalización de la industria petrolera. Por muchos años se posicionó como una de las industrias más importantes de hidrocarburos y su nombre era sinónimo de calidad y excelencia. En el año 2005 fue catalogada como la tercera empresa petrolera del mundo y clasificada por la revista internacional Fortune como la empresa número 35 entre las 500 más grandes.

    Posee 24 refinerías: 18 de ellas en el exterior y 6 en el país, entre las que destaca la refinería más grande del mundo: el Complejo Refinador Paraguaná, en el estado Falcón; así como las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito. Entre sus activos internacionales están Citgo (con 8 refinerías en Estados Unidos, en Corpus Christi, Houston, Illinois, Nueva Jersey, Sweeny, Lousiana, y Savannah en Georgia); la Ruhr Oil en Alemania; la empresa Nynäs Petroleum en Suecia (con las refinerías de Nynasshamn en Suecia y Antwerp en Bélgica, así como de las ubicadas en el Reino Unido) y las ubicadas en el Caribe. En el 2009 adquiere el 20% de las acciones de la empresa canadiense, Enbridge; y en el 2010 compra el 49% de la única refinería de República Dominicana, conocida como Refidomsa.

    Pero PDVSA ya no es la empresa que era en 1998. Hoy es una empresa empobrecida y su situación financiera está en rojo. Y hemos llegado a esta situación en primer lugar, porque ya no es una empresa petrolera sino que tiene otros negocios (fábrica de bloques, de ladrillos, de zapatos, textiles, etc…) que han deformado su razón social fundamental. En segundo lugar, porque está en manos de una burocracia incapaz e ineficiente (estamos comprando crudo liviano a Argelia porque no hay producción en Venezuela). Y en tercer lugar, porque es una empresa contaminada por el nepotismo y la corrupción, transformada en la caja chica del Psuv (en 1998 tenía 40.625 trabajadores, al final del 2013 su nómina estaba el 140.626 trabajadores).

    La pésima gestión administrativa de este régimen ha afectado toda nuestra economía, porque si en 1998 el petróleo representaba el 77% del total de las exportaciones, en el 2014 se incrementó al 98%, con una inflación de 64% que este año podría llegar al 100%. Y a pesar de los multimillonarios ingresos de los últimos años, hoy los venezolanos somos más pobres y dependientes.

    Un estudio conjunto realizado por tres de las principales universidades del país (UCV, UCAB y USB) reveló que en 2014 la pobreza en Venezuela aumentó a 48,4%, correspondiendo el 33% a “nuevos pobres”; existiendo el gran riesgo de que en 2015 estos nuevos pobres puedan caer en pobreza estructural, ante la agudización de los problemas económicos y la falta de programas sociales para atender ese sector. Estamos a las puertas de una crisis humanitaria, por el desabastecimiento de alimentos, en medicinas, insumos y equipos médicos.

    Esto no puede continuar. Desde 1999 este régimen ha aplicado un modelo económico fracasado y es nuestra obligación lograr un cambio, una transición, en paz y en democracia. Para salir de esta crisis es urgente aplicar el “Acuerdo Nacional para la Transición” basado en tres agendas: 1) Una agenda política-institucional dirigida a restituir las libertades conculcadas, la soberanía, la paz social y el Estado de Derecho; 2) Una agenda para atender la emergencia social y asegurar la atención eficaz a los sectores más vulnerables; y 3) Una agenda económica enfocada en estabilizar la economía, recuperar el ingreso familiar y generar confianza en el país.

    Los venezolanos somos responsables de nuestro propio futuro y Venezuela será lo que hagamos de ella a través del cambio de rumbo que nosotros mismos decidamos. Ese rumbo está asegurado en el “Acuerdo Nacional para la Transición”. Ya es el momento de actuar.

  • Habrá riesgo – Catalina Ramos

    Habrá riesgo – Catalina Ramos

    Hace unos días, conversaba con alguien de mi familia acerca de las actividades que posiblemente se darían en febrero. En la conversación surgió la expresión «seguramente si hay marcha, habrá riesgo»

    Esa frase me quedó dando vueltas en la cabeza, y con la velocidad a la que van los acontecimientos nacionales, más claro me ha quedado su significado.

    Ciertamente, conocido que estamos en dictadura, es lógico esperar que, ante cada manifestación en la calle –desde la más simple como repartir agua en una cola hasta la más aguerrida como las marchas y trancas recientes– haya represión, y por consiguiente, riesgo. Y más aún luego de la aprobación de la resolución #008610

    Sin embargo, el riesgo al que más le temo no es ese. El que me quita el sueño, no es el riesgo arriba descrito.

    Me angustia el riesgo que corremos si no actuamos ahora, y nos dejamos arrebatar definitivamente el país. Me mortifica el riesgo de que nos quiten los pocos espacios que quedan para el verdadero debate de las ideas. Me exaspera el riesgo que tenemos de conformarnos con una libreta de racionamiento, como premio de consolación para un ciudadano disminuido, resignado, humillado de tantas colas, carestía y escasez. Me desespera el riesgo de silencio voluntario de algunos grupos para que no «nos quiten» el montón de regulaciones y controles disfrazados de ventajas, como CADIVI, SICAD y ahora SIMADI.

    Habrá riesgo, ciertamente, de más represión. De eso no cabe ninguna duda. Pero me parece mucho más grave el riesgo de que apaguemos nuestras voces, dejemos de reclamar nuestra libertad, dejemos de ejercer nuestra ciudadanía.

    Seguramente, habrá riesgo de más detenciones arbitrarias, de más líderes políticos enjuiciados, de más jóvenes torturados, enterrados en vida en lugares como la tumba. Pero me atemoriza más el riesgo de que todos ellos se vayan apagando en esas prisiones, porque no tuvimos el arrojo de seguir reclamando que los liberen, que no haya más tortura, que cierren esos horribles lugares.

    El panorama no se ve fácil. Para nada. ¿Y quién dijo que lo sería? Pero es en las circunstancias más duras, donde la valentía, la decisión y el compromiso del venezolano siempre ha salido a relucir, siempre ha dado la cara. Y esa es la apuesta a la que voy, por la que trabajo y lucho cotidianamente.

    Nos han criticado la falta de unidad en la oposición, y entonces surge el Congreso Ciudadano por la Reconstrucción Nacional, como la plataforma más amplia e inclusiva, que articula a los ciudadanos desde la base, y que ha demostrado que somos capaces de organizarnos y trabajar por la defensa de nuestro país, en torno a propuestas, sin importar quién las hace.

    Nos criticaron que en la oposición no teníamos una alternativa para el país, un plan concreto, y se presenta el Acuerdo Nacional por la Transición, una propuesta clara, concreta, para que entre todos, sin exclusión, reconstruyamos a Venezuela.

    Por eso hay alboroto, represión, gritos y disonancias desde el régimen. Porque estamos de pie, porque tenemos respuestas. Porque sabemos qué queremos para Venezuela. Porque pedimos a gritos que Maduro renuncie, y de paso a la transición hacia la democracia, en paz.

    No cedamos ni un espacio ganado. No corramos el riesgo de quedarnos sin país, sin ciudadanía, sin recuperar la democracia. Es el único riesgo que no quiero correr.

    Sigamos adelante. Hasta vencer.

     @caramos61

     

  • Oposición Gol – Por Jorge Olavarría

    Oposición Gol – Por Jorge Olavarría

    No hay revolución sin enemigo externo y traidor doméstico; sin arremetidas extranjeras, imperialistas, sin contrarrevolucionarios, sin sabotajes orquestados y magnicidios de película.

    El tonelaje de amenazas, insultos y acusaciones falaces y/o revisionistas desde el más alto nivel prometían abatir no solamente a adversarios e inconformes sino hasta a los reservados, a todo aquel que hubiese participado en lo que debería ser venerable en una sociedad: inversión, creación, trabajo, constancia, innovación, producción y ganancias.  Hasta creer en sí mismo con el individualismo implícito, la meritocracia, el potencial personal y autonomía eran infracciones revolucionarias definidas como—burguesas, capitalistas, escuálidas, pitiyanquis, vende-patria y paro de contar.

    Ante la promesa de la erradicación de todo orden establecido a cambio de una autocracia populista y mesiánica que impone una maquinaria estatal colectivista alimentada por la abundancia petrolera, era menester que todo venezolano pensante calculara el futuro inmediato, de inmediato. Las opciones era someterse o huir. Pero un porcentaje de la oposición no optó ni por lo uno ni por lo otro, sino todo lo contrario. Ese porcentaje ha pagado un alto costo no solamente por el entendido menoscabo de su seguridad y libertad personal sino por el obstruccionismo del otro porcentaje de la oposición que solo se puede considerar como colaboracionista.  El caso en un extremo de este fenómeno tenemos personajes como Arias Cárdenas, golpista originario cuyos saltos de talanquera son tan ruines por hipocresía y conveniencia que no se merece un examen exhaustivo y si acaso el desprecio de todo venezolano que se considere decente.  Lo siguen personajes grises como Ricardo Sánchez, una subespecie manada del pantano político cuya limitada capacidad intelectual no le evita ser colocado en el ranking de los despreciables intrigantes que vendieron sus anunciadísimas convicciones por unas monedas de plata.  Luego vienen pesos pesados de la manipulación y el arribismo como Oscar Schemel y Luis Vicente León que se merecen examen exhaustivo e individualizado porque sus duplicidades bordean lo novelesco. Son lo que Ayn Rand definía como intelectuales fallidos que han traicionado sus campos de experticia descendiendo y poniéndose al servicio del demonio cuando todo arde, y erguiéndose a nivel de los ángeles cuando sopla la primera brisa, (o viceversa). Son quienes han fijado los estándares morales que le han facilitado al régimen argumentos para justificar lo injustificable y concluir tantas aberraciones vergonzosas que atentan contra la libertad, la legalidad, la moralidad republicana e incluso integridad humana. El comunismo y el fascismo (y hasta las teocracias) colapsarían por el peso de su propia perversidad si personajes como éstos no vinieran a auxiliarlos.  

    La oposición ha sido el blanco de acusaciones infundadas, persecuciones, acosos, encarcelamientos y expatriaciones forzadas. Lejos de ser detractores o antagonistas, son expresamente señalados como enemigos del gobierno y su revolución que ha invertido fortunas manipulando matrices de opinión, en campañas de descrédito mediáticas y publicitarias, pero también han sido tratados como enemigos del Estado, un Estado que sin ningún decoro ha enfilado organismos hipotéticamente autónomos –como el poder legislativo y el judicial—para anularlos. La Asamblea Nacional ha permitido la violación de la normativa constitucional y los Tribunales de la República, desde la Corte Suprema hasta las provisionales, han apoyando CUALQUIER medida –por inconstitucional que sea—para encarcelar, perseguir, atropellar y violarle sus derechos a la oposición no por sus yerros sino por sus posiciones políticas. Al tiempo, la llamada “justicia” venezolana ha negado o invalidado TODO recurso que tienda a pedir recato o respeto por los derechos de los opositores.  

    Tan brutal han sido los ataques que incluyen amenazas y agresiones impunes de comandos urbanos paramilitares, mercenarios que cual tribunal sumario Ad Hoc se han pronunciado en varias oportunidades sentenciando a personajes de oposición como objetivos estratégicos (político-militares), blancos justificados de amenazas, acosos, terrorismo, hasta de anunciados linchamientos o asesinatos.

     Esta inquina gubernamental e institucional, prolongada y sistemática contra un grupo opositor diverso y democrático pertenece a un contexto de absolutismo sea monárquico, fascista, comunista o teocrático. Este nivel de persecución encarnizada no la conoció ni el refranero asesino y magnicida frustrado. Cuando su por ahora por fin llegó al poder supremo, solo se había conocido persecución política en Venezuela con casos puntuales, individuales, contra periodistas y personalidades que provocaron la ira o enturbiaron la turbia reputación de algún presidente. En tiempos de dictadura y si acaso en tiempos de guerra por la independencia se contemplaron persecuciones y venganzas encarnizadas a grupos y dejaron heridas abiertas por generaciones. Heridas antiguas vueltas cicatrices grotescas y perpetuas.

    @vozclama

  • LA VENEZUELA QUE NUNCA FUIMOS – Por Pedro Urruchurtu

    LA VENEZUELA QUE NUNCA FUIMOS – Por Pedro Urruchurtu

    “Venezuela, el secreto mejor guardado del Caribe”. Ese eslogan, característico de los años 90, definía la estrategia comunicacional en materia turística para el país de ese momento. Todos sabemos que Venezuela y sus encantos están ahí, nos hacen sentir orgullosos y hasta con el deber moral de defenderlos todos los días, en todo momento. Esa Venezuela de entonces, ya mostrando señales de desgaste institucional y general, avizoraba un cambio profundo que nos llevaría a lo que somos hoy: el país que nunca fuimos. Es allí donde me quiero detener…

    Nuestro país, al menos desde 1958 y durante 40 años, se caracterizó –principalmente durante las dos primeras décadas de ese período– por la construcción de un sistema institucional basado en profundos valores democráticos que nos hicieron ser referencia en el mundo. Sin pensarlo, rápidamente nos convertimos en un ejemplo democrático para el continente y, junto a ello, había comenzado una etapa importante de progreso en todos los ámbitos de la vida nacional. Ese país, amparado en el respeto, en los esfuerzos por hacer prevalecer un Estado de derecho capaz de darle equilibrio y control al sistema político, esa cultura cívica y ciudadana, tolerante y pacífica, que poco a poco pretendía borrar la larga huella militarista siempre latente en la vida pública, la atención a diversos problemas sociales, etc., comenzaba a tener forma, siendo joven y débil.

    La verdad es que esa juventud y debilidad se hicieron notorias cuando los vigilantes de la democracia empezaron a descuidar lo que con tanto esmero se había construido. Independientemente de las razones, el sistema comenzó a dar señales de alarma: descontento, sombras políticas, ruido. Todo aquello que va carcomiendo las bases de una estructura y modelo de país, del que hay mucho que rescatar en su espíritu, mucho que corregir en su acción y mucho que criticar en sus formas, hizo que ese país que debimos seguir siendo, dejara de ser.

    Con ello me sitúo en el presente, independientemente del origen de las circunstancias. De pronto nos convertimos en un país alejado drásticamente de aquello que muchos habían ideado como nación. Con el quiebre se despertaron otros valores, sentimientos de odio y de resentimiento, los cuales repercutieron directamente sobre los ciudadanos, afianzando la división y la polarización en un país que había aprendido a olvidar eso. Bajo la bandera de supuestas reivindicaciones sociales que sí, ayudaron a muchos que lo necesitaban, se instauró, como nunca, un sistema populista y clientelista del cual hoy todavía sufrimos las consecuencias. Pasamos a ser otra Venezuela…

    Sin entrar en detalles de lo que estos 16 años han significado, quiero referirme a lo que nos hemos convertido y a lo que el mundo hoy ve de nosotros. Bajo un gobierno absolutamente represor, violador de derechos humanos, censurador y perseguidor, se ha pretendido someter a la sociedad venezolana a un modelo no sólo incompatible sino también fracasado en el mundo entero. No conforme con eso, bajo una crisis económica sin precedentes, producto del despilfarro, la corrupción y quien sabe cuantas más artimañas, se ha decidido radicalizar las acciones contra las empresas privadas, continuando una política sistemática de violación  a la propiedad privada.

    Todo el que alza la voz es reprimido, todo el que disiente es perseguido y amedrentado. Eso sumado a una clara ausencia de liderazgo y a una oscura pero a la vez decidida intención de tomar el control absoluto del poder, de mantener el poder por el poder en sí mismo y de legitimar, por medio de elecciones, una forma de hacer política muy diferente concebida por los demócratas que soñaron otro país. La destrucción se volvió bandera y hoy todo, absolutamente todo, está por el suelo.

    ¿Cómo nos ve el mundo hoy? Después de mucho luchar, después de tanto silencio y complicidad, en el mundo comienzan a levantarse voces dispuestas a denunciar una realidad que ya no calla. Y lógicamente no calla cuando el mundo percibe que tenemos un gobierno corrupto, violador de derechos humanos, sin liderazgo y con recursos cada vez más comprometidos hacia la nada. En eso nos convertimos: del país democrático de referencia obligatoria a la dictadura moderna arruinada y hazme reír de una región que apunta al progreso de sus ciudadanos, por medio del desarrollo económico, político, etc. La percepción, más importante que la realidad, se apoderó quienes en otro momentos no vieron como la gran promesa y hoy nos ven como la gran decepción.

    ¿Qué somos hoy? Veámonos, analicemos qué estamos haciendo y en qué nos hemos convertido y permitimos: hacemos colas como si ese siempre hubiera sido nuestro estado natural, escogemos entre un solo producto como si toda la vida nuestra libre elección hubiera estado limitada o hubiera sido un delito, estamos a la defensiva, intolerantes, llenos de rabia e indignación pero aceptando, como si no hubiera más remedio, lo que un grupo de inescrupulosos hicieron con el país: arruinarlo, destruirlo, saquearlo. Todo esto con saldo doloroso de muerte, de despedidas, de huidas, como si no hubiera más por hacer, como si fuera el final.

    Esto nos obliga a pensar, desde nuestras más profundas convicciones democráticas, qué país queremos ser. Es momento de entender que no sólo urge un cambio profundo de modelo sino que todos somos parte de él. Un país de oportunidades, de progreso, de no dependencia del petróleo, de pleno respeto a la propiedad e iniciativa privadas, a la iniciativa individual responsable, amparado en un Estado de derecho, de profundo arraigo civil y de grandes virtudes democráticas; amplio, tolerante, respetuoso del Derecho Internacional, en fin, el país que debemos ser, bajo el reto que supone construirlo desde sus bases, hoy destruidas.

    Algunos piensan que ese país es imposible y olvidan que ese país comenzó a ser y no pudo avanzar más. Algunos olvidan que, con sus fallas y aciertos, ese país empezó a cobrar forma desde que la naciente democracia buscó consolidarse trayendo calidad de vida y oportunidades para Venezuela y para sus ciudadanos. Es nuestra tarea rescatar esa nación que en algún momento fuimos, ahora de cara al futuro, decididos a defenderla izando su mayor bandera, la de la democracia, y entendiendo que como toda democracia, debe ser defendida día a día, en todo momento y por todos quienes creen en ella.

    Palabras más, palabras menos, lo más importante es entender, de una vez y para siempre, que no podemos volver a ser este país que somos hoy: la Venezuela que nunca fuimos…

    Twitter: @Urruchur

  • Únicos en el mundo – Por Miguel Velarde

    Únicos en el mundo – Por Miguel Velarde

    Lo que vivimos no es normal

    Los venezolanos le tienen miedo al Carnaval, porque desde hace algunos años los días previos a esta celebración están acompañados de malas noticias. Esto no es casualidad, porque el gobierno encuentra conveniente anunciarlas en estas fechas confiado en que muchos ciudadanos estarán distraídos en la “rumba” y la playa y así las duras medidas pasarán inadvertidas.

    Este año no fue la excepción. La semana pasada, el vicepresidente para el área económica, Rodolfo Marco Torres, anunció la inauguración de un sistema de libre compra y venta de divisas regido por el mercado. En éste, llamado Sistema Marginal de Divisas (SIMADI), el dólar estadounidense cotizó en su primeros días a Bs. 174,46, un valor 28 veces mayor al del dólar oficial de Bs. 6,30. Esto hace que el país no solo sea el único en el mundo con múltiples tasas de cambio, sino también que tenga una diferencia gigantesca entre ellas.

    Así mismo, finalmente el viernes pasado y con un mes de retraso, el Banco Central de Venezuela anunció que en diciembre la inflación llegó a 5,3%. Según estos mismos números oficiales, el 2014 el país registró una inflación de 68,5%, la más alta del mundo. Eso, agregado a los niveles de escasez y desabastecimiento de toda clase de bienes, hacen que la situación económica del país sea innegablemente crítica.

    Ligado a todo esto está un problema que podría ser el más grave de todos: el desabastecimiento de medicinas e insumos médicos. Este problema, de no solucionarse a corto plazo, puede generar una crisis incluso mayor a la falta de alimentos. En escenarios en los que muchos de ellos no se encuentren, pueden reemplazarse unos con otros: si no hay carne, se come pollo. Si no hay pollo, se come pan. Sin embargo, en el área de los medicamentos, especialmente cuando se trata de enfermedades crónicas, esto no es posible. Si los enfermos no encuentran la medicina que necesitan para tratar su padecimiento, no pueden substituirla con otra.

    Ante este escenario, lo más racional sería ver al Gobierno tomando medidas urgentes que solucionen los problemas y permitan la estabilización de una economía que parece la de un país en guerra. Sin embargo, lo único que podemos ver son medidas que profundizan un modelo que ha fracasado rotundamente y buscando culpables de la crisis en cualquier parte antes que asumir su responsabilidad.

    Los niveles de inflación , escasez, inseguridad, impunidad, corrupción, ineficiencia y muchas otras variables de las que no podemos sentirnos orgullosos nos han puesto en la mira del planeta.

    Lo que vivimos no es normal y, por eso, la mala noticia es que son muchas las cosas que hacen que Venezuela sea un país único en el mundo.

    @MiguelVelarde

  • La renuncia de Maduro – Carlos Blanco

    La renuncia de Maduro – Carlos Blanco

    Esta exigencia es compartida por una porción mayoritaria de ciudadanos, chavistas y opositores. Se ha objetado que el susodicho no va a querer renunciar y que al colocar la decisión a su arbitrio, si no le da la gana, pues, no le da la gana.

    Las renuncias son voluntarias cuando alguien muy enfermo toma conciencia del colapso; o, si está sano, al aspirar a una mejor posición, y tal vez cuando desee retirarse al descanso aunque no sea el eterno. De resto, las renuncias son “ayudaítas”, al exigirla el jefe al empleado, caso en el cual este atiende el requerimiento si el costo de no hacerlo es mayor que el beneficio.

    Fernando de la Rúa de Argentina, Alberto Fujimori de Perú, Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa de Bolivia, Jamil Mahuad de Ecuador, Richard Nixon de Estados Unidos, Hugo Chávez en Venezuela (el Alto Mando Militar le exigió la renuncia, “la cual aceptó”), entre muchos otros, renunciaron por la presión de las fuerzas sociales y porque, al final, les resultaba menos costoso irse que quedarse. De eso se trata: dada la catástrofe del país, el camino para el cambio del régimen pasa por la renuncia de Maduro.

    Solicitar la renuncia no es golpismo, recuérdese que los que hoy están en el poder se la solicitaron a CAP II y a Caldera II. Algunos –hoy ancianos– también a Rómulo Betancourt. Lo que debería acompañar la salida de Maduro es el nombramiento de un vicepresidente equilibrado que se encargue, junto con un gobierno de unidad nacional, de conducir el país hacia las elecciones presidenciales, limpias y libres, en el marco de la libertad de los presos políticos y el retorno de los exiliados. Ya existe una propuesta de acuerdo para la transición.

    ¿El objetivo de la renuncia colide con las elecciones parlamentarias? No. Si se obtiene la salida en el corto plazo corresponderá programar las elecciones presidenciales y también las de la Asamblea Nacional. En el supuesto de que no se logre la renuncia de Maduro pronto y se imponga la agenda electoral, pues se iría a esas elecciones –primarias generales mediante– con el propósito de convertirlas en paso adicional para el cambio del régimen y, con los previsibles fraudes, en un nuevo motivo para exigir su reemplazo. Por cierto, en caso de imponerse la agenda electoral tal vez el único estímulo para aminorar el desencanto sea el de concebir las elecciones como vehículo adicional para exigir la renuncia.

    Es suicida para el país esperar a 2019 para el cambio. Este se logrará si la salida constitucional de Maduro se convierte en objetivo nacional compartido.

  • El Acuerdo para la Transición – Por María Corina Machado

    El Acuerdo para la Transición – Por María Corina Machado

    Los venezolanos sabemos hoy muchas cosas. Sabemos cuánto hemos perdido en estos 16 años, sabemos lo que ha robado la cúpula corrupta en el poder; sabemos de dolor, de humillación y de indefención. También sabemos que este régimen colapsó y que el cambio es inminente. Sabemos que depende de nosotros, los ciudadanos, avanzar en la transición enpaz hacia la Democracia, y que esta lucha nos pondrá a prueba. A cada uno,al frente de su conciencia; y, en conjunto,ante la historia. Pero, sobre todo, sabemos que tenemos la fuerza cívica y la determinación colectiva necesarias para lograr nuestro propósito.

    Sabemos que la reconstrucción de Venezuela demandarágran esfuerzo de todos.De quienes hemos adversado a este régimen desde el primer día y de los desencantados. De quienes luchamos en nuestra tierra y de quienes luchan desde lejos. De civiles y militares. De jóvenes y viejos, de pobres y ricos.

    Transitar desde un país en ruinas, con sus instituciones, su capacidad productiva, su infraestructura y sus finanzas destruidas, hacia una nación vibrante, productiva, libre y justa, será un renacimientocomplejo y delicado. Su elemento medular será la confianza.

    Los venezolanos sabemos que ésta es nuestra tarea, y lo que tenemos que hacer. Venezuela requiere un histórico Acuerdo Nacional para la Transiciónhacía la Democracia, en paz.Un Acuerdo que lleve a la reconciliación y la gobernabilidad; que asuma la atención efectiva de quienes hoy sobrevivencon sueldos de hambre, que resuelva la escasez y la inseguridad que nos matan. Para ello es indispensable estabilizar la economía y desmontar los controles; restablecer el Estado de Derecho y rescatar la Soberanía Nacional. Amplios acuerdos para volver ainstitucionalizar el país; librarlo de las mafias y recobrar el orgullo venezolano.

    Tenemos el conocimiento, el talento, la capacidad, la voluntad y la generosidad para enfrentar y superar la emergencia que vive nuestro país y hacer que la transición sea sostenible. Llamamos a todos los venezolanos a participar de esta gran tarea; a aportar sus ideas, experiencia, trabajo y pasión por nuestra Patria.

    Con la salida de Maduro y su régimen debe comenzar el cambio. Con el primer paso, su renuncia, se iniciará la transición hacia la Democracia y la Libertad.

    @mariacorinaYA

  • No he perdido mi juventud, la invierto en mi país – Por Javier Chirinos.

    No he perdido mi juventud, la invierto en mi país – Por Javier Chirinos.

    Estimados, de mis casi 29 años, he vivido 16 bajo este régimen. Es decir, cuando tenía 13 y era pre-adolescente ya ellos estaban llegando al poder. Entré a la Universidad Central de Venezuela y seguían ellos en el poder, fui presidente del centro de estudiantes, consejero de escuela, consejero universitario, secretario general F.C.U, me gradué y aún se encontraban en el poder. Obtuve mi primer, mi segundo, mi tercer y cuarto empleo y seguían en el poder. Hoy día, después de 16 años, ellos continúan en el poder y pretenden perpetuarse aún más. Pero de eso no quiero hablar ahorita, lo utilicé para establecer una línea temporal, en donde viví diferentes etapas de mi vida y no vi cambios de gobierno, ni mucho menos, mejoras en mi país. De pequeño, mis padres me enseñaron a amar a Venezuela, tuve la oportunidad de representarla jugando béisbol y no había mayor orgullo que escuchar el «Gloria al Bravo Pueblo» en tierras dominicanas. Me enseñaron a quererlo, a defenderlo, a luchar por él y, con el transcurrir del tiempo, empecé a entender para qué lo hacían: me enseñaron a defenderlo de la maldad, del odio, de los ladrones de sueños, de ladrones de metas y aspiraciones, de ladrones del tiempo, es decir, de estos tipos que hoy están en el poder.

    Hoy día, han pasado 16 años y he visto transcurrir mi juventud (según la ley de la juventud, estoy por dejar de ser joven porque a los 30 ya no lo eres. Ojo, según la ley) haciendo eso que me enseñaron de pequeño: defendiendo mi país. Desde diferentes flancos, con distintas acciones, con lo que amerita la responsabilidad, la experiencia y madurez de cada momento. Hoy, 12 de febrero, día de la juventud, reflexiono que aunque haya invertido mi juventud en la libertad y rescate de nuestro país, no me da pesar, ni me hace sentir mal, porque ahora esta lucha es para mis futuros hijos, para que ellos disfruten y conmemoren el día de la juventud con consciencia de todo lo que ha costado el rescate de Venezuela, de que su papá eligió quedarse en el país, pasar trabajo, miedos, persecuciones y luchar por él, justamente, para ellos. Lo disfrutaremos, lo conmemoraremos, de eso estoy seguro, pero ¡¡¡En libertad!!!

    Seguramente, amigos míos, compañeros de lucha, ustedes están en las etapas iniciales de esta gesta, les pido que no desmayen, que no descansen por muy difícil que vean las situaciones. Hagan su lucha convencidos de que son quienes están elegidos a hacer historia, con vehemencia, tenacidad y mucho amor por su país, siempre con esta palabra presente: convicción.

    Piensen en el futuro, salgan a la calle pensando en que lo hacen por los días que vienen, luchen por metas grandes, metas a largo plazo. Nuestros próceres, son próceres, no porque lucharan por el día a día, luchaban por el futuro, proyectando el país más allá de las fronteras de la imaginación. Díganle NO al cortoplacismo, solo así encontrarán la esperanza y las fuerzas de levantarse cada día con ese sueño hecho realidad, llamado Libertad.

    ¡Que viva la juventud!

    @javier_chirinos