LA VERDAD SOBRE VENEZUELA ANTE EL MUNDO
-I-
Venezuela
presencia el final trágico de su historia bicentenaria como nación de
libertades y república, que fuera ejemplo de bienestar en democracia ante la
región y el mundo.
Su
territorio permanece bajo el control fáctico de regímenes extranjeros
despóticos (Cuba, Rusia, China, Irán) y organizaciones terroristas y
narcotraficantes (Hezbollah, Hamás, las FARC y el ELN) que expolian sus
riquezas, mientras en las zonas urbanas ejercen su poder disolvente grupos
criminales que imponen la violencia y la mendicidad como sistema de vida.
Más
de 6.000.000 de venezolanos han emigrado, viendo fracturados sus lazos de
nación y los familiares, y quienes se han quedado medran en lucha diaria por la
supervivencia, el obtener los alimentos y medicinas que no se encuentran en el
mercado o son de imposible acceso para una población con un salario mínimo
promedio de dos dólares (US $ 2) mensuales.
Transformado en el país más violento de la región – 60,3 víctimas fatales por cada 100.000 habitantes – al punto de frisar las 349.545 muertes durante sus dos últimas décadas, a su crisis humanitaria compleja se le agregan ahora los efectos devastadores de la pandemia mundial del coronavirus, junto a la total paralización de sus actividades.
Huérfano
de territorio y ya disgregados sus habitantes el Estado es hoy una farsa,
incapaz del ejercicio unitario de sus competencias y potestades soberanas. Ha
sido sustituido por las fuerzas despóticas y criminales enunciadas. Su
organización formal medra parcelada o a través expresiones de poder material o
simbólico paralelas y en todas sus manifestaciones, a todos los niveles. La
Fuerza Armada, que ha sido destruida en su base piramidal bajo el comisariado
cubano, ha de competir con organizaciones paramilitares o populares sea para la
comisión de crímenes o para someter a la población. Y quienes dentro de esta y
aquella se oponen son asesinados, encarcelados, torturados.
-II-
Los sesenta
(60) Estados democráticos y libres del mundo que reconocen como último
reducto de legitimidad a la Asamblea Nacional
y el gobierno encargado de Juan Guaidó Márquez, son contestes en cuanto
al diagnóstico anterior. Además, así lo confirman los organismos multilaterales
de los que hacen parte:
- “La alteración del orden constitucional y el desconocimiento desde el punto de vista institucional del principio de separación de poderes tiene consecuencias concretas en las y los habitantes de Venezuela quienes enfrentan serios obstáculos para ejercer sus derechos políticos y participar en la vida pública de la nación… La falta de independencia de las instituciones llamadas a velar por que ello sea posible ha conducido a que el poder público que les fue concedido sirva a fines ajenos a la tarea encomendada” (CIDH, 2017)
- “Los grupos
delictivos organizados han transportado grandes
cantidades de drogas ilícitas
a Europa y los Estados
Unidos… Hay indicios
de que, en la
República Bolivariana de Venezuela, los grupos delictivos han logrado
infiltrarse en las fuerzas de seguridad gubernamentales y han creado una red informal conocida
como el “Cártel de los Soles” para facilitar la entrada y salida de drogas
ilegales”
(Junta Internacional de
Fiscalización de Estupefacientes, 2019).
- “La República Bolivariana de Venezuela atraviesa lo que podría
ser el episodio inflacionario
más grave de la historia de América Latina y
el Caribe, con una inflación que en 2018 habría alcanzado un 130.060,2% y una hiperinflación cuyo
inicio se remonta
a noviembre de 2017… A la fuerte y prolongada caída de la producción petrolera se
suman la prolongada contracción de la demanda agregada interna, problemas en el
suministro del servicio eléctrico y de combustible, y las severas restricciones
que sobre la política económica imponen la hiperinflación y el limitado acceso
a los mercados financieros internacionales” (CEPAL, 2019).
- “Los servicios de inteligencia (el SEBIN y la DGCIM)
han sido responsables de detenciones arbitrarias,
maltratos y tortura de opositores/as políticos/as y de sus familiares… Miles de
personas, principalmente hombres jóvenes, han sido matadas
en supuestos enfrentamientos con fuerzas estatales en los últimos años. Existen
motivos razonables para creer que muchas de esas muertes constituyen ejecuciones extrajudiciales perpetradas por
las fuerzas de seguridad, en particular las FAES [“escuadrón de la muerte”
o un “grupo de exterminio”]…” (Alto Comisionado de la ONU para DDHH, 2019).
-III-
La
verdad de Venezuela no acepta maquillajes. Ha de llamar a la sensibilidad y al
escándalo del mundo democrático, por sobre la hora menguada que viven todos los
países hoy sujetos a cuarentena.
Los venezolanos como víctimas hemos transitado todas las vías y formas
posibles para rescatar al país
de manos de la infamia y el crimen organizado transnacional que lo sujeta.
Hemos participado de todas las formas de diálogo, negociaciones, experimentos
electorales y hasta de simulación constitucional sugeridos por los grupos
internacionales y personalidades que se han ocupado de lo nuestro. Ello ha
conducido al fracaso y oxigenado al régimen
imperante.
La conclusión es imperiosa. Solos
no podemos los venezolanos. Estamos
secuestrados. Acaso lo olvidan otras naciones que a lo largo de su
historia conocen gobiernos al servicio del mal y la mentira, sobre todo en Europa. No pueden ser impasibles ante las
mentiras institucionales y fraudes electorales que aún hoy se forjan por los
factores de poder ilícito y usurpadores dominantes en Venezuela junto a sus
oposiciones de conveniencia, para reducir el desprestigio mundial que a todos
nos afecta.
Por
lo demás, el abierto y acelerado establecimiento del gobierno iraní en
Venezuela es clara manifestación de que se nos usa para el choque y la
confrontación entre el fundamentalismo islámico y el sostenimiento de la paz en
Occidente. Tanto como el régimen usurpador de Caracas, para encubrir, avanza
hacia otra farsa electoral antidemocrática, pues al cabo, como lo han
declarado las cabezas de este “la revolución
no sale ni por las buenas ni por las malas”
-IV-
Urge
otro destino que sea de esperanza y en dignidad para los venezolanos. Cabe
conjurar el uso del territorio nuestro como base de fuerzas del terrorismo y la
criminalidad transnacional asociadas a los intereses de gobiernos foráneos, sea
Irán o Rusia, China y Cuba, desde donde se implementa la palmaria y señalada
estrategia global de destrucción de la civilización de las libertades. Así
consta, oficialmente, en documentos elaborados por Hugo Chávez Frías desde
2004.
Cabe ponerle fin al círculo vicioso de la retórica diplomática
apaciguadora y que de suyo extiende sin resolver el sufrimiento indecible de
los venezolanos. Urge de la comunidad internacional una nueva y precisa condena
de la farsa electoral en la que avanza su régimen despótico en esta hora, en
complicidad con falsos actores de oposición democrática. Ella cuenta con
mecanismos políticos y jurídicos a su alcance. Los conoce a cabalidad, pero reclaman de voluntad política, como el principio universal de Responsabilidad de Proteger (R2P), las obligaciones
que impone la Convención de Palermo contra la Delincuencia Organizada
Transnacional, y en lo regional, el apoyo que a la acción colectiva
multilateral facilita el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).
No pueden permanecer más como letras muertas. Una acción internacional que le
devuelva la paz y su identidad a Venezuela es
impostergable.
Los venezolanos cargamos sobre los hombros nuestras
tragedias y con coraje, pero sus
efectos negativos comienzan
a desplegarse sobre la región
y el mundo, cuyo silencio
e inacción acaso pueda hacer cómplices a sus distintos gobiernos de
haber condenado a una nación que fue faro de libertades en las Américas, desde
1810. Lo que es peor, la omisión o el retardo comienza a hacerles víctimas
iguales del virus de violencia y autoritarismo que amenaza a sus propios países.
Solidarios con el sufrimiento de nuestros compatriotas, suscribimos
esta declaración, a los 17 días del mes de junio de 2020.
María
Corina Machado, Coordinadora de Vente Venezuela
Antonio
Ledezma, Alcalde Metropolitano de Caracas y fundador
de Alianza Bravo Pueblo
Diego Arria, ex gobernador de Caracas, exembajador, y expresidente del Consejo de
Seguridad de la ONU
Humberto Calderón Berti, ex presidente de la OPEP, excanciller de la República, ex presidente
de PDVSA, y exministro de energía y minas
Carlos Ortega, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela
Enrique Aristeguieta Gramcko, miembro de la Junta Patriótica de Venezuela de 1958, exdiputado, exembajador, exministro encargado de relaciones interiores, y presidente de la Gran Alianza Nacional (GANA)
Asdrúbal Aguiar, exembajador, ex gobernador de Caracas, exministro de relaciones interiores, y expresidente encargado de Venezuela
En adjunto comunicado: