Los testimonios de familiares, sobrevivientes y damnificados continúan reflejando la incertidumbre y el dolor que persisten tras los terremotos en Venezuela. Mientras los rescatistas se mantienen en el terreno y solicitan silencio en las Residencias Belo Horizonte, en Playa Grande, decenas de personas denuncian la paralización de las labores de búsqueda, la falta de maquinaria, las condiciones de los refugios y la ausencia de respuestas oficiales.
A 12 días del desastre, Michell Gutiérrez pidió ayuda desde Belo Horizonte, en Playa Grande, para recuperar a su padre. Aseguró que los equipos de búsqueda se retiran y que la maquinaria permanece inactiva en el lugar. «Nadie merece ser abandonado de esta manera», expresó.
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Desde ese mismo sector, un rescatista mexicano agradeció la solidaridad de la comunidad. «Nos han apapachado y consentido», afirmó, al tiempo que destacó la importancia de capacitar a la ciudadanía para responder ante desastres estructurales.
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En el Oasis Beach, Yusbania denunció la ineficiencia de las autoridades y aseguró haber recibido amenazas de cárcel por visibilizar la tragedia tras el sismo. Explicó que su familia se hospedaba en el lugar para que su nieta, Ivanna Sulbarán, viajara a competir en Colombia, y reiteró el llamado para que llegue maquinaria especializada.
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En el Urbanismo Hugo Chávez, en Catia La Mar, habitantes afectados cuestionaron las condiciones de las edificaciones. «Las bases de los edificios estaban mal hechas», denunciaron, mientras exigieron soluciones para quienes perdieron sus viviendas.
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En el campamento de Urimare, en Playa Grande, los vecinos insistieron en que permanecen allí únicamente como medida preventiva. Solicitaron inspecciones técnicas para determinar si es seguro regresar a sus hogares, además de traslados a refugios seguros, agua y pañales. «Estamos pidiendo que vengan a ver si podemos estar o no podemos estar», señalaron.
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Oran Manuel Sifontes, damnificado de la OPP26, relató la búsqueda de su hija Lesbia y expresó la preocupación de los afectados por la crisis habitacional. «No queremos refugio, queremos estabilidad, una casa digna para mis nietos», manifestó.
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Los familiares de Lesbia Sifontes, de 43 años, también solicitaron apoyo para conocer su paradero. Según relataron, sobrevivió al terremoto del 24 de junio mientras se encontraba en el Hotel Chipe, en Playa Grande, fue trasladada a Caracas y desde entonces desconocen cómo se encuentra. «No sé si estará viva», expresó una de sus familiares.
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En otra de las zonas afectadas, Carla resumió el drama que viven muchas familias. «Necesitamos un cuerpo para poder cerrar esto en nuestras vidas», dijo desde Playa Grande, donde al décimo día de la tragedia los familiares aseguraban mantenerse entre la fe y la resignación.
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Un vecino de la residencia El Dorado denunció que les exigen 9.000 dólares para trasladar maquinaria al lugar. «Aquí no ha llegado nadie… necesito ayuda para sacar a mis primos de ahí», afirmó, mientras hacía un llamado para que se incorporen equipos de rescate y maquinaria especializada.
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Desde El Olivar, Brian relató que su abuela fue rescatada de entre los escombros, pero falleció dos días después a causa de un infarto. Su tío continúa atrapado bajo las ruinas. «Todos están tomándose fotos. Aquí ves policías, militares, pero ninguno está haciendo absolutamente nada», denunció, al exigir la presencia de rescatistas que continúen las labores de búsqueda.
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Mientras las labores de búsqueda continúan en algunos de los puntos afectados y decenas de familias siguen esperando respuestas, los testimonios retratan una misma realidad: la incertidumbre de quienes aún buscan a sus seres queridos, exigen inspecciones en sus viviendas y reclaman que las labores de rescate no se detengan. Entre la esperanza y el duelo, sus voces mantienen viva la exigencia de no ser olvidados.
