(Sabaneta. 07/07/2020) Como docente, me interesa sobre manera el tema educativo y los diferentes modelos aplicados en los países que han alcanzado niveles de desarrollo cónsono y progreso, de armonía y bienestar social, de gobernabilidad con ética y honestidad.

Leía hace pocos días el caso de Finlandia y los años de las décadas del 50 y 60, de zozobra que vivió con un monstruo de vecino pretendiendo implantar el comunismo, me refiero a la desaparecida URSS, bajo el dominio de Nikita Khrushchev. Pasaron ya más de 5 décadas y Finlandia es un prototipo de nación y paradigma en materia de educación, y sigue luchando sin buscar concesiones por ocupar un digno lugar en el concierto de naciones muy prósperas.

La calidad educativa de Finlandia no tiene discusión y lo curioso de tal realidad se debe a sencillos tips que van en contra de absurdos paradigmas impuestos mundialmente que nada tienen que ver con el contexto. Prueba de ello: abolir las tareas escolares y permitir a los niños aprender sin ataduras y en cooperación sobre lo que más les llame la atención, es decir sobre sus intereses y necesidades.

Lo decía nuestro genio Arturo Uslar Pietri, parafraseando sus acertadas afirmaciones, palabras más, palabras menos: Venezuela requiere de maestros que enseñen con sencillez, sin tanto morbo pedagógico de complicadas teorías, requiere de maestros que enseñen sobre la base de lo que se necesita por y para la vida.

No me cansaré de recomendar a quien se considere un verdadero educador de vocación con mucho amor y corazón que lea su genial e interesantísima obra: “Educar para Venezuela”. Podría escribirla íntegra, pero es inoficioso intentar replicar tan elocuente obra que ya está plasmada como sencilla receta pedagógica, pero ignorada por el gremio educativo y hasta por las mismas autoridades de un régimen que en materia educativa marcha hacia atrás como el cangrejo.

Colofón: El fin más noble que en materia educativa se deba plantear una nación debe estar signado en una enseñanza con mayor individualismo y aunque parezca absurdo sin obviar la inocencia y candidez de actividades lúdicas, todo ello sobre la base de intereses y necesidades de los estudiantes y de sus grandes responsabilidades y en esencia por y para la vida.

El día que consideremos la educación no como obligación sino como forma de empezar a vivir, estaremos definitivamente en el camino de enseñar de forma muy válida, real, práctica y positiva de hacer una muy genial pedagogía como los enseñaron los antiguos griegos.

Hermes Varillas Labrador