Hay un lazo que une a cualquier ser humano que ha vivido la opresión más extrema. Todo sobreviviente del totalitarismo, lleva dentro de su pecho la historia del espíritu humano en expansión. Están en todas partes, valientes ejemplos de la lucha por el fuego sagrado que significa estar vivo en éste momento histórico, y no en cualquier otro.
Hace un par de días, un admirable profesor que tuve el honor de conocer —quien por extrema necesidad escapó de las garras del régimen de los Castro, en Cuba— con una valentía impensada, me dijo algo que me marcó: «La vida siempre se impone.»
Y claro que tiene razón. La vida siempre se impone por más trabas que intenten obstaculizar su camino. Pero no por asuntos mágicos, sino por humanos nobles como él que no doblegan su espíritu y que forjan el carácter a fuego, haciendo de los episodios de crueldad despiadados, un motivo más para enfrentar el dominio de los colectivistas. Esos seres inquebrantables, son aquellos con alma tan hermosa que saben que la mentira es la mancha más oscura, aquella que destruye el avance de nuestra civilización y del desarrollo humano.
La sórdida injusticia y la maldad más descarnada siempre encontrará una oposición firme, pues es el deseo de la humanidad dotada e inspirada por el aliento divino. Valientes frente a la destrucción masiva, los nobles enfrentan la miseria. Por eso sigo siempre, por eso un padre educa a sus hijos diciéndoles lo mucho que valen por lo que son; por eso veo el rayo de luz: la entrada luminosa por donde se cuela la bondad tras las trincheras.
En las personas sádicas, el deseo de imponer el miedo es enorme, comparable apenas con cualquier retorcido parásito que no merece siquiera el título de humano; enemigos de la vida misma y del esfuerzo por ganársela. El morbo de los totalitarios está en dominar y esclavizar la humanidad en nombre de un falso noble ideal, son aquellos que quieren vivir a costa de los otros porque su miseria es tan profunda, que sólo pueden ahogar a sus semejantes.
Pero están los otros: los que no negocian sus sueños y son capaces de enfrentar la tiranía absoluta.
Están los otros, que tienen sueños tan enormes que no hay negocio que valga con la rendición.
Están los otros: los que son capaces de llevar sus fuerzas al límite frente a la opresión.
Están los Yeison Mora, los Neomar Lander, Oscar Pérez y Ana Frank. Esos héroes que se propusieron enfrentar a la barbarie con el corazón abierto.
Siempre se impondrán los otros: aquellos de alma infinita con potencial eterno, bastiones de la dignidad y de la conquista de ésta vida. Aquellos que las cadenas del absolutismo no podrán quebrantar. Aquellos que sienten el martilleo de su corazón en cada lucha, una melodía que canta las más nobles gestas de su héroe interior; chispa a chispa, como fuego sagrado… aquellos que no desencajan su aliento ante los latigazos de un tirano.
La vida siempre se impone, más allá de cualquier penumbra que la perversión de un delirante pretenda crear. Porque incluso en los momentos más inciertos, la digna lucha por la conquista de un mundo libre no pierde el sentido. Bajo la zozobra y la desesperación, el anhelo de un destino luminoso cobra mayor sentido. Definitivamente, sí: siempre vale la pena luchar.
Miles de casualidades y causalidades configuran la oportunidad de vivir. El paso hermoso de la vida sobre la muerte se haya en cada lugar, y sólo el esfuerzo consciente y coherente hará que los capítulos más malignos lleguen a su fin.
«Tu ne cede malis, sed contra audentior ito» (No cedas nunca ante el mal, sino enfréntalo con más audacia.)
Cuando luchas por la libertad, el no dormir es incluso más hermoso que soñar.
La vida siempre se impone, sólo es cuestión de ser guerreros inmortales de la batalla por ella.
Domingo, 06/10/2019.
Henry Nadales Gil.
Secretario Político de Vente Joven en el estado Barinas.
