Skip to main content
immediate bitwave Library z-library project books on singlelogin official

Por lo visto y oído, el señor Maduro se apresta a chocar su malograda voluntad dictatorial contra la musculosa y vigorosa voluntad del democrático pueblo venezolano, todo lo cual, lo más seguro es que ocurra durante o inmediatamente después del venidero 10-E, si acaso no es antes.

Por lo demás, lo juro por mi madre que en paz descanse, que a ese pavoroso evento el régimen no asistirá “en cuerpo y mentesana”, sino entusiasmado por quién sabe qué pócimas, dado que tratar de asumir un nuevo mandato fraudulento y dictatorial, en las deplorables condiciones económicas y políticas por las cuales atraviesa Venezuela, sería como metérsele sin “salvavidas” a un río peligroso y, encima, sumamente crecido.

Incluso, no pocos pensaron en que el señor podría quedarse en Rusia en su recién viaje a ese país, todo por el beneficio de él mismo y de un país que no tiene salida democrática y constitucional, mientras siga desgobernado por un régimen aborrecido por las mayorías. Por lo visto, Maduro dejó pasar el tren una vez más.

Por otra parte, la verdadera oposición venezolana no perdió las elecciones de concejales porque la oposición está inhabilitada de ejercer su derecho a elegir democráticamente y constitucional, dado que los partidos opositores fueron obligados mediante sanciones, coacciones y persecuciones a no poder renovar sus tarjetas ante un CNE, por cierto, fraudulento, inconstitucional y cómplice de las tropelías del régimen.

De modo que la oposición democrática no perdió, no votó, perdió el régimen una vez más consigo mismo. Desde luego, su minoría votó, ese 8 o 9% eligió a la mayoría de concejales, incluso, mediante la obligación por hambre que embarga ferozmente a todo el país en una sola desgracia colectiva, pues ahora el fraude y el ventajismo electoral contra el propio rabo político del régimen se dio a través del cambio del voto por una ración de lentejas. No medió esta vez la compra del voto por dinero, porque sería una calumnia afirmarlo, medió simplemente la hambruna que padece la minoría chavista y la mayoría opositora, de lo cual se aprovecha un régimen miserable y desgraciado.

Luego, si todo lo cual es una realidad que nos duele en el alma, a la gran mayoría de venezolanos, que es lo mismo que le duele a la comunidad internacional, que de seguro lo siente como si lo percibiera a sólo un metro de distancia, no se explica entonces la vacilación de quienes pueden ayudar a tiempo. A Venezuela hay que ayudarla, pese al régimen y sus desafíos al  mundo entero.