Todo análisis de la actividad política -y en términos más generales, de los fenómenos sociales- nos arrojará la ineludible conclusión de que el conflicto es una imagen hecha la medida de aquella, como se atrevió a afirmar García Pelayo, padre de la Ciencia Política en nuestro país. Allí donde existan aspiraciones de participar o influir en la distribución del poder, es decir, donde exista la política en su sentido más puro, existirá siempre como lógica consecuencia el conflicto, dado que tales aspiraciones se cruzarán entre si generando contradicciones y disputas en los hombres. Pues bien, puesto que el conflicto es inevitable y connatural a la dinámica política de las sociedades, lo que un profesional de la política se propone es gestionar y arbitrar la multiplicidad de intereses, deseos y aspiraciones que surgen entre los actores políticos, a fines de preservar el contrato social que da lugar a la república, y evitar que el conflicto se desplace por encima de los márgenes críticos de la política, esto es, a la guerra.
En este marco, los Estados disponen de una serie de instancias y mecanismos para canalizar el conflicto, tales como la representación política (que posibilita la participación de cada sector en los asuntos públicos) el parlamento (que es la institución por excelencia para el diálogo y la negociación), o la existencia de poderes intermedios y no gubernamentales que actúan como mediadores. De este modo, el diálogo se convierte en la norma, en lugar de una especialísima excepción sujeta al provechoso capricho de alguna de las partes involucradas en el conflicto.
Cuanto mayor sea el abordaje de los conflictos mediante diálogos periódicos y permanentes, mayor será la solidez de las instituciones, y más estable y duradera será la paz. En caso contrario, cuando el diálogo se convierte en una rara excepción, vista con sospecha, será un indicio inequívoco sobre la más absoluta pérdida e ineficacia de las instituciones, produciendo degradación social y enfrentamientos abiertos.
Es claro, en este punto, que las iniciativas de diálogo que han tenido lugar los últimos días en Venezuela corresponden a la excepción, y no a la norma, pues no fueron antecedidas por un proceso de reconocimiento de las partes y de respeto a las instituciones y al Estado de derecho, hoy del todo carcomido por la voraz ambición del totalitarismo comunista. Por lo cual, de la misma forma en que el conflicto es propio a la política, el diálogo lo es a la democracia, resultando poco menos que utópico e idealista pensar en celebrar tal cosa como un diálogo en un régimen a todas luces tiránico, y neo-totalitario, para ser precisos.
La naturaleza de la élite gobernante, basada en el ejercicio ilimitado del poder y el control total sobre los ciudadanos, es completamente excluyente con la idea de un diálogo, que implica la concesión de poder y el reconocimiento a las voluntades individuales. Muchos son los antecedentes que nos permiten deducir que el gobierno es experto en diseñar tácticas dilatorias, justo en los momentos en los que más se debilita frente al apoyo popular, sumando más tiempo para sostenerse en el aparato estatal y desviar la discusión pública de los problemas sociales, que hoy son ya problemas humanitarios.
Me permito poner el tema en la siguiente perspectiva; a sólo horas de que venza el plazo fijado por la MUD para que se produjesen las primeras respuestas a las condiciones del diálogo, ¿qué resultados o decisiones ciertas han sido anunciadas, o si quiera, insinuadas, para cumplir con alguno de los puntos de la mesa?, ninguna, lo que conduce a avizorar un nuevo fraude, que signifique en la práctica una prolongación de la agonía del país, pues como asevera nuestra coordinadora nacional, María Corina Machado, cada día de Maduro en el poder se mide en hambre, muertes y miseria.
El diálogo, tal cual se ha diseñado a antojo y a estrategia del régimen, contraría todas las bases sobre las que se construye un genuino diálogo democrático, degenerando en un instrumento de dominio del gobierno a través del cual se desmoviliza la acción popular y desobediencia cívica que colmó las calles de Venezuela, se desmantela el trabajo político-operativo de la oposición (como el juicio político contra el presidente o la resolución de la OEA) y se oxigena a Maduro, en medio de su monumental rechazo e ilegitimidad. Es sencillo: cuando un tirano del talante de Maduro se presenta como el principal promotor de un acto democrático, es porque lo segundo se convierte en una estrategia del primero para perpetuarse en el poder.
En definitiva, a la pregunta de si Vente Venezuela, en tanto fuerza política, está de acuerdo con el diálogo, la respuesta es sí, pero no mientras sea instrumentalizado por el régimen. Decimos sí, pero no mientras sea la tiranía quien convenga los términos, dado que todo esfuerzo político pasa por salir de ésta.
El único diálogo posible, justo y necesario es aquel que suscriban todos los actores de la vida nacional (universidades, gremios, sindicatos, movimientos sociales, ONG’s, etc.) y no sólo las élites, para elaborar y realizar un Acuerdo de Transición que permita seguir un proyecto de desarrollo común, basado en las ideas que funcionan, que no son otras que las ideas de la libertad.
Porque hay ciertas cosas que son innegociables, y la transición es una de ellas, pues significa el restablecimiento de la república, la democracia y la tan anhelada libertad. Porque el clamor general y las actuales condiciones de devastación exigen que transitemos a un modelo de organización diametralmente opuesto al que vivimos. Porque no se trata de cambiar a las personas, se trata de cambiar enteramente al sistema. Porque el pretendido diálogo no puede darse a expensas de los derechos fundamentales. Porque, como dictan las enseñanzas de la historia, la libertad es victoriosa y se obtiene a partir de la voluntad de los hombres de consumar sus esfuerzos y rebelarse.
Por eso, el diálogo sí, pero para la transición. La nuestra es una lucha existencial, ética y épica, que trasciende los obstáculos y no se deja supeditar por la compulsión de un grupo de tiranos en inminente salida.
@DouglasVT_
