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  • Presupuesticidas – Por Luis Barragán

    Presupuesticidas – Por Luis Barragán

    Una fórmula idónea para acabar con el presupuesto público, es la de autopresupuestarse. La institución, ya averiada por lustros, ha recibido un golpe mortal de Maduro Moros y sus asociados.

    Muy lejos de ponderarla como una decisión táctica, razonada y razonable, se impone la desesperada aventura de quienes no encuentran la más mínima manera de sobrevivir en el poder, por lo menos, con la decencia que concede la legitimidad y la propia legalidad que tanto emparagüó al régimen. No hay ornamento leguleyo ni artificio técnico alguno que le otorgue un mínimo de credibilidad, por lo que el mercado financiero internacional ya sabe a qué atenerse.

    La institución presupuestaria de larga tradición en Venezuela, con todos sus bemoles, obliga a una severa formulación del proyecto, discusión, aprobación e implementación. A la ciudadanía le corresponde opinar y, adecuadamente representada, decidir, agregando a los unos más avisados que los otros, capaces de tomar las previsiones necesarias para administrar sus consecuencias.

    La aventura consagra una convicción y una práctica: la de una indecible imprevisión, cuyo extremo condujo al régimen, el mismo de todo el siglo XXI, a la calamidad, generando la crisis humanitaria que padece el resto del país, inmensamente mayoritario. E, igualmente, ofrece la oportunidad para el saqueo final del erario público como ningún otro régimen de fuerza siquiera soñó: por ello, la urgencia de revocar este mismo año.

    Podemos alegar el incumplimiento del muy concreto articulado constitucional y legal que rige la materia, pero todo conduce a un delito grave o calificado como el de la arbitraria disposición de los recursos públicos que, escasos, forzarán – como ha ocurrido – al empleo de los que no existen, endeudándonos endiabladamente. Lo más visible, por ahora, es la muerte del presupuesto como institución republicana.

    @LuisBarraganJ

  • Presupuesto 2017 – Por Luis Barragán

    Presupuesto 2017 – Por Luis Barragán

    Los expertos economistas podrán abundar más y mejor sobre la elaboración del presupuesto público nacional para 2017 y de sus inevitables consecuencias, en el marco de una profunda e inédita crisis económica a la que se suma un colosal endeudamiento externo. El macabro ajuste que padecemos, desencaminado a las correcciones que desesperan por imponerse, abultando aún más  la calamidad, tiene por triple ventaja la censura, pues, no sabemos de los más elementales indicadores, indispensables para la propia existencia de los agentes económicos;  la ausencia de todo control, disparados los resortes de la más arbitraria discrecionalidad del gobierno nacional que por más de década y media, no logra ocultar ese olor penetrante de la corrupción (Zapata decía que llamarla administrativa significa excederse en el elogio); y  la represión feroz e inmediata, sin reparar en las básicas previsiones constitucionales.

    Para finales del presente mes, el Ejecutivo Nacional debe plantear y presentar al Legislativo Nacional el proyecto de Ley de Presupuesto. No existe, ni siquiera en el ámbito de la seguridad y defensa de  la Nación, norma y razón alguna para incumplir con tamaña responsabilidad, y, mucho menos, la posibilidad para el Tribunal Supremo de Justicia de reemplazar a la Asamblea Nacional en las diligencias de rigor.

    La recepción, discusión y sanción de  la correspondiente ley, es de exclusiva competencia de los legisladores y, a lo sumo, a mediados de diciembre, el presidente de la República tendrá que promulgarla o devolverla, siguiendo el curso establecido en la Carta de 1999. O, simplemente, habrá reconducción del presupuesto de 2016, negada toda generosidad en el campo de las omisiones legislativas.

    Insistimos en la gravedad de un mandato constitucional que no podrá evadir, escurrir o evitar Maduro Moros y sus ministros, corresponsables de un delito si les diera por volarse también las formalidades a las que fuerza una  materia tan decisiva y delicada, como la del presupuesto. Materia que se convertirá en un hito, además de todo el proceso revocatorio que ha de celebrarse y culminar este año.

    Los diputados integrantes de la Comisión Permanente de Finanzas de la Asamblea Nacional, asumirán una tarea dura y filo-cortante con interlocutores temerosos del castigo, en el caso de concurrir a sus sesiones: los ministros afines, entendemos, desean y están urgidos de hablar, pero la dirección política y militar de esto que se llama gobierno, los tiene agarrotados.  Y, como buena parte del gabinete, se dice, desean renunciar, aunque están conscientes que, en lo personal y en lo familiar, los riesgos lucen superiores con el disgusto revanchista que ocasionarán en una jefatura partidista – parece mentira – ya sin un actor decisivo en la esfera civil.

    @LuisBarraganJ