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  • A cuatro años del anuncio oficial de su muerte, Chávez vive… – Por Pedro Urruchurtu

    A cuatro años del anuncio oficial de su muerte, Chávez vive… – Por Pedro Urruchurtu

    No olvidemos que Chávez vive en cada bala disparada, en cada avión lleno de despedidas, en cada muestra de odio y de resentimiento.

    Tampoco olvidemos que Chávez vive en cada cola por comida, en cada niño desnutrido, en cada muerte por falta de medicinas.

    Mucho menos olvidemos que Chávez vive en cada empresa quebrada o expropiada, en la ciudad más violenta del mundo, en la escasez.

    Recordemos que Chávez vive en la impunidad y en la corrupción, en las familias desunidas y desintegradas, en la aniquilación de la Libertad.

    Chávez vive en el populismo, en la persecución y la represión, en cada preso político y torturado. Vive en nuestra tragedia. Vive y se ríe.

    Chávez vive hoy, más que nunca, en los rostros de la pobreza. Sus ojos en todas partes confiesan un «yo quería verlos así: arruinados».

    Chávez vive en cada venezolano que come de la basura en nuestras calles.

    Chávez vive en cada sueño truncado, en cada frustración, en cada semilla de miseria. Vive en la pesadilla a la que llamó Venezuela.

    Ese es el verdadero legado. Dejemos que Chávez viva, pero para decirle al futuro y al mundo que él nos trajo hasta aquí, hasta la desgracia.

    @Urruchurtu

  • Cinco Valores Fundamentales para Vente Venezuela

    Cinco Valores Fundamentales para Vente Venezuela

    En esta oportunidad la Coordinación de Formación de Cuadros conjuntamente con la Coordinación de Valores de Vente Venezuela quiso explicar y destacar 5 valores que son pilares fundamentales en el desarrollo de nuestro partido, el partido de la Libertad, Vente Venezuela.

    Si un individuo no tiene claridad de cuáles son esos principios y lo que lo identifica ideológicamente, no podemos avanzar hacia una construcción real de la política ni de la democracia, estamos nadando bajo una fuerte marea sin saber el objetivo final, solo teniendo claro cuáles son los valores con los cuales estamos plenamente identificados, nuestra lucha tendrá sentido. Por eso hoy le traemos este artículo especial donde les hablamos principalmente sobre la libertad, la igualdad, la propiedad, la justicia y el esfuerzo, que son un foco prioritario para nuestra organización política.

     

    • Libertad: germen de todo valor

    «La libertad es el terreno requerido para el completo crecimiento de otros valores» C. Bay

    Libertad y condición humana son sinónimos. Solo los humanos, al crear nuestro hábitat cultural, pudimos trascender los mandatos meramente biológicos y, tras milenios, ir más allá de la necesidad de atender con urgencia constante la resolución de problemas  inmediatos. Surgió el individuo. Uno que podía ser distinto al grupo. Uno que tenía su propio sueño. Uno que quería dedicarle a él sus energías. Uno que necesita libertad. Como un imperativo, tras forcejeos, debates y siglos de heroicas luchas, irrumpe  la democracia liberal: el individuo queda en el centro y sin privilegios con respecto a los otros individuos. Adviene así una era de inimaginable prosperidad y de aún más libertad: hoy, como jamás antes en la historia, millones de individuos imaginan libremente fines y buscan medios para realizarlos, con entusiasmo e ilusión, a sabiendas de que pueden recoger en buena ley los frutos de sus talentos y esfuerzos; hoy, como antes nunca, gracias a ese tejido infinito de talentos que cooperan y compiten, se han instalado el bienestar y el respeto a la dignidad humana en sociedades enteras.

    El milagro que ofrece la libertad surge mientras mayor es el número de personas que toman decisiones conscientes, sin coacción y sin violentar a los otros. Germina entonces todo aquello que efectivamente vale por hacer la vida más plena.  Solo con libertad es posible la prosperidad, sin libertad la solidaridad es solo consuelo mutuo y no efectiva superación, sin libertad no hay dignidad posible… y podríamos seguir la enumeración al infinito. La libertad es la condición previa para el surgimiento efectivo de cualquier valor.

    VENTE es el partido de la libertad. No creemos en “iluminados” que imponen sus sueños a todos vaciando así a los ciudadanos de su fuerza, especificidad y creatividad. Creemos que Venezuela será grande en la medida en que los sueños de los individuos también lo sean y encuentren un marco jurídico-político que allane los caminos a la realización de los proyectos de cada quien. Por ese marco luchamos. Con él cerraremos el ciclo colectivista-militarista-autoritario y empezaremos a cosechar las promesas de la libertad: crecimiento, realización, plenitud.

    Carlos Leañez

    Coordinador Nacional de Valores

    @Carlosleanez

     

    • Igualdad: que no existan privilegios

    La igualdad es un término que ha sido protagonista de infinitos debates y que no representan el propósito de esta descripción, pero lo primero que debemos aclarar es lo que, para nosotros, no es la igualdad, haciendo referencia al enfoque que considera que todos debemos ser iguales a partir de nuestras condiciones de vida o en el marco de nuestra sociedad.

    Por ello, si algo pretende la visión de la igualdad que tenemos en Vente Venezuela, es hacer más amplia la diversidad y el ejercicio pleno de la libertad, tomando como máximo valor la dignidad del individuo y la realización de sus sueños, es decir, el marco para ello. Por ello la diversidad, condición natural de cada uno de nosotros, es el bien más preciado y el que ha permitido los mayores índices de desarrollo y prosperidad en la historia de la humanidad, en un marco que permite que, desde nuestras diferencias, podamos ser lo que cada quien se proponga.

    Así, la igualdad significa, por un lado, la posibilidad real de que todos podamos cumplir nuestras metas, en pleno ejercicio y garantía de la libertad, sin intervención de actores externos que nos digan cómo hacerlo y entendiendo la responsabilidad que implica actuar de esta forma; por el otro, se refiere a que todos seamos iguales ante la Ley, es decir, que no existan privilegios para nadie y que las normas sean abstractas y generales, siendo aplicables a todos por igual.

    Pedro Urruchurtu

    Coordinador de Formación de Cuadros

    @Urruchurtu

     

     

    • Propiedad: nuestra vida es la primera propiedad

    La propiedad es uno de los valores más importante que poseen los seres humanos. Este comienza con nuestra principal propiedad privada que es nuestro cuerpo y se extiende a toda la riqueza que con el sudor de nuestra frente creamos o heredamos. El valor de la propiedad es aquel que te da la independencia y el poder usar tus capacidades individuales para crecer cada día, para de esta forma estar cada vez mejor. Este valor ha intentado ser socavado por los enemigos de la libertad a través del intento de socavar su significado. Los colectivistas molestos con la independencia y el orgullo que toda propiedad trae ideo el absurdo de la “propiedad colectiva”  sin embargo este valor, el de la propiedad termina siendo tan poderoso que no ha podido ser destruido ni a nivel político ni a nivel conceptual.

    La propiedad también es un compromiso en la defensa del derecho esencial de las personas a usar, gozar y disponer de sus bienes creados, la propiedad (poseída indispensablemente de forma privada), es un  instrumento para su desarrollo y prosperidad de cualquier país donde se respete.

    Anderson Riverol

    Equipo Nacional de Formación de Cuadros

    @Riverols

     

    • Justicia: construcción y garantía institucional imparcial

    Hablar hoy día de virtudes en un país donde los vicios, la corrupción, la intolerancia, deshonestidad e indecencia son las principales características que reflejan aquéllos que detentan el poder, resulta toda una hazaña.

    Los filósofos de la antigüedad han sido la referencia por antonomasia  para ubicar las virtudes en los hombres, siendo Platón el más inmediato referente en esta cuestión. El filósofo griego nos habló en La República sobre las “virtudes cardinales” y la íntima relación que guardan; apuntaba que la valentía, la templanza y la prudencia se lograban con el constante ejercicio y estimulo de la razón y el espíritu, pues la prudencia se lograba por el entrenamiento constante de la razón, la templanza se adquiría por la supresión de los deseos ante la razón, y la valentía por ejercer el espíritu y las emociones. Sin embargo, ninguna de estas virtudes cobraba sentido –o no las lograba alcanzar el hombre- si el hombre en sí mismo no lograba la cuarta virtud, la justicia. Era pues la justicia la virtud de donde brotaban las otras, por tanto todo hombre que no practicara o evocara la justicia no lograría despertar en sí la templanza, valentía y prudencia.

    Hoy, pareciera que el sentido de justicia ha dejado de existir en las mentes de aquellos que “pretenden” buscar el bien a los ciudadanos que integran nuestra sociedad, pues en vez de considerar la justicia como el trato imparcial y no diferenciado entre uno y otro, se ha considerado una supuesta justicia –que además se le añade el apellido de “social”- llena de privilegios, alejada completamente de la noción de un Estado de derecho que realmente resguarda la integridad del individuo, siendo este último la célula originaria de la sociedad.

    Hemos de considerar que, así como el hombre antiguo antes de ser valiente, prudente y moderado debe ser justo, tenemos que entender que no habrá ningún sujeto verdaderamente justo hasta que su moderación, su valentía y su prudencia no sean reproducidas de forma instrumental, como herramientas para coaptar el verdadero sentido la justicia en un Estado de Derecho que, resumiendo enormemente, se limita a la construcción y posterior garantía de instituciones imparciales que permitan la libertad.

    Leonardo Orellana

    Equipo Nacional de Formación de Cuadros

    @Leo24jo

     

    • Esfuerzo: nuestro trabajo y desempeño determinará nuestros éxitos

    “Los resultados que consigues estarán en proporción directa al esfuerzo que aplicas” Denis Waitley

    En cuanto a la idea del esfuerzo, para nosotros es un valor sumamente importante ya que en sí representa todo lo que un individuo ha trabajado y se ha dedicado para alcanzar sus metas –que al final se traducen en logros personales-, esto a la par de explotar cada una de sus aptitudes, habilidades y talento propio.

    El ascenso, es un factor vital en la ruta del esfuerzo y que tiene que ver con esas satisfacciones personales; mientras más nos preparemos en los temas que nos interesan o en las áreas donde realmente queremos influir y ser especialistas, podremos ir ascendiendo paulatinamente; esto también nos dará lucidez, discernimiento, capacidad de análisis y una preparación académica que nadie nos podrá arrebatar y tampoco nos podrán manipular, cuando confías en tus capacidades y te has preparado arduamente no vendrá una persona a imponerte o someterte, porque sencillamente eres consciente de lo que vales y lo que has escalado para llegar a donde estás.

    Debemos extinguir la idea del cortoplacismo, a veces los logros y/o reconocimientos tardan en llegar, y es que los éxitos se cultivan con el tiempo, es como una planta que hay que regar y alimentar para que germine y pueda dar frutos sin que se marchite. Quizás hemos escuchado muchas veces que el conocimiento es poder, y esta no es una premisa falsa, el esfuerzo más allá de todo nos dignifica –dignidad humana- y nos ayuda a recrear y alcanzar nuestros sueños (objetivos, logros, metas). El esfuerzo por supuesto que implica cometer errores y buscar alternativas, no es la vía más fácil, pero si la más expedita.

    En este compendio es importantísimo la motivación y la constancia, si no nos sentimos realmente motivados y enfocados en nuestros objetivos es porque realmente no nos interesa esa meta y allí es donde se evidencian emociones negativas como la pereza, apatía y desinterés. Resulta vital resaltar la idea de la creación de hábitos y responsabilidades; el valor del esfuerzo en la formación de una persona es esencial, hay que ir marcando y estableciendo metas realistas y factibles, y saber que a veces la frustración formará parte también de ese proceso.

    Apostamos por rescatar la idea de que el surgimiento no es pisotear al otro, no es quitarle nada a nadie, debemos apostar por una competitividad sana y ascender por la meritocracia.

    Edmaly Maucó

    Equipo Nacional de Formación de Cuadros

    @Edmalymt

  • ¡No nos culpen a nosotros! – Por Pedro Urruchurtu

    ¡No nos culpen a nosotros! – Por Pedro Urruchurtu

    En cualquier calle que se camine, en cualquier autobús que se aborde, en cualquier vagón de metro al que uno suba sin importar la hora, el diagnóstico es el mismo. Una especie de nube de desesperanza, frustración y decepción está sobre las personas cuyos rostros dice más sin decir nada, que cuando simplemente se quejan de la situación.

    En contraste, hace un poco más de un año el panorama era distinto –no demasiado, pero lo era–. Había expectativa, emoción y un reflejo de esperanza de que pronto las cosas cambiarían y serían mejores. Nada de eso pasó; solo empeoraron las cosas y, con ellas, el sufrimiento de la gente.

    Lo que hoy estamos viendo en nuestro día a día yo lo he llamado “recesión moral”. Esto de ninguna manera quiere decir que la gente renunció a sus valores o a sus principios, sino que se puso en pausa. La gente optó por sobrevivir antes que por luchar, porque sencillamente no encuentran referentes sensatos, coherentes y claros que les digan por qué y para qué están luchando. Ante esa incertidumbre, la gente optó por hacer lo único que puede hacer hoy en día: vivir mientras pueda.

    Esa recesión moral viene acompañada, además, del reclamo de los ciudadanos cuando se les reprocha por los fracasos de la propia dirigencia opositora que no se atreve a reconocer y le resulta más fácil señalar a la gente, desalentándola: “perdimos porque no salieron”, “perdimos porque no votaron”, etc., pero antes de hablar de por qué perdimos, ¿no será mejor preguntarse por qué no salimos? La gente está cansada de hacer siempre lo mismo y no lograr nada distinto. La gente está harta de los mismos discursos y de la repartidera de un país en el que no hay nada que repartirse ya. La gente quiere salir de esto, pero quiere hacerlo segura de que tendrá éxito.

    Toda esa energía acumulada, hoy en recesión, muchos la hemos llamado la “reserva moral”. Allí confluyen la voluntad, las ganas, los sueños, el espíritu luchador y guerrero que hacen que la sociedad en su conjunto se reúna en torno cosas que le son comunes como lograr un mejor país, por ejemplo. Estudiantes, profesionales, políticos, deportistas, artistas, entre muchos otros, y todos los ciudadanos que hacen vida en este país, tienen muy claro dentro de sí mismo que responderán y actuarán cuando vean al liderazgo decidido a acompañarles, cuando vean la ruta estratégica clara, cuando sepan hacia dónde van. Allí la gente se arriesgará, como en el pasado, pero sólo con garantía de que las cosas rendirán fruto.

    No resulta ajeno ni extraño entonces preguntarse por qué los ciudadanos están desalentados. Hay un régimen que lo único que quiere es pisotearlos y hay una oposición que no dice nada cuando se les pisotea. Como ya lo he reiterado, la gente si no consigue a nadie a quien ver a sus lados, seguirá caminando de frente en este camino de servidumbre, pues no hay desvío que lo saque de este embrollo.

    Muchos siguen y seguirán subestimando la fuerza de los venezolanos como ejercicio para no verse a sí mismos y entender que lo que estamos viviendo también es producto de la decepción. La falta de conducción deriva en frustración, deriva en recesión moral. Cuando hay señales confusas sobre el rumbo, resulta mejor no arriesgarse. Será atractivo hacerlo, pues, cuando haya un norte claro.

    No es la hora de culpar a la gente ni mucho menos de subestimarles. Es el momento de escuchar y acompañar. Sólo así lograremos reconquistar la democracia y la libertad.

    @urruchurtu

  • Venezuela: Un único objetivo – Por Pedro Urruchurtu

    Venezuela: Un único objetivo – Por Pedro Urruchurtu

    En nuestro país pareciera insistirse en un debate que, aun siendo válido, no corresponde con la realidad que vive Venezuela. Lamentablemente se nos ha ido colocando en lugares que en muchas ocasiones nos chantajean y nos plantean falsos dilemas: diálogo-violencia, elecciones-calle, y así muchos otros que pretenden hacernos dudar y subestimar nuestra propia fuerza y hacer incompatibles rutas afines.

    No me animaré a levantar un diagnóstico de algo que conocemos hasta el cansancio, de lo que hemos vivido hasta la saciedad y de lo que queremos salir cuanto antes. No obstante, los últimos días han resultado particularmente inquietantes con respecto a lo que parece ser una inminente dinámica político-electoral de la cual el régimen se beneficia y de la que la oposición, por sus múltiples fallas y desaciertos, se dispone a participar, volviendo al círculo vicioso del chantaje.

    Por un lado, un Consejo Nacional Electoral (CNE), que a todas luces es piedra de tranca y un actor más a favor del régimen, anuncia el proceso de renovación de partidos políticos en una Venezuela que vive su día a día ignorando que estos están ilegalizados. La sombra de la dictadura ahora amenaza con hacer que sobrevivan los más aptos, es decir, los partidos que le interesan para hacerle una oposición que no se atreva a más de eso. Por el otro, la expectativa ante lo que será la convocatoria de elecciones regionales ha hecho que ese mismo CNE despierte las más profundas ambiciones de poder local y el reparto de las cuotas entre quienes ya ven su hora llegar al frente de una gobernación –aunque incluso hayan sido electos diputados hace poco más de un año-.

    Cualquiera de estas dos jugadas hábiles del régimen vienen acompañadas de una tesis a la que gran parte de la oposición recurre y que se convierte en chantaje también: la de la acumulación de fuerzas morales. Esa tesis, además de partir de una lamentable subestimación de los ciudadanos, lo que plantea es que hay que ir a votar porque además de significar una derrota para el régimen, vamos acumulando la mayoría suficiente para recuperar el poder.

    En principio, la mayor muestra de ello fueron las elecciones parlamentarias del 6D2015, aunque previamente los ciudadanos siempre salieron a votar y dejaron clara su posición mayoritaria. Además, se responsabiliza al ciudadano de la fuerza, pero no a la dirigencia que incentiva o desestimula el voto. Lo que quiero mostrar con esto es que no se trata de fuerza acumulativa porque ya la hemos demostrado desde hace mucho; se trata de convertir las victorias electorales en victorias políticas, algo para lo que aún pareciera faltar mucho.

    Este argumento se complementa con el hecho de que algunos afirman que si el CNE siempre hiciera fraude, la oposición no tuviera algunos espacios en particular. Más allá de sembrar la duda con respecto a lo distinto que serían los resultados con un CNE transparente y el triunfo opositor con más que “algunos espacios”, la verdad es que hoy debemos preguntarnos de qué nos ha servido tener esos espacios si en su desempeño el régimen ha hecho todo por desconocerlos. No tengo que poner muchos ejemplos, pues con las gobernaciones y la Asamblea Nacional es más que suficiente.

    De manera que estamos en una trampa en la que, por ingenuidad o por convicción, no tuvimos más opción que la de participar. El asunto no es que haya elecciones mañana o pasado, el asunto es que será bajo el mismo esquema y bajo el mismo régimen que por años ha desafiado y desconocido la institucionalidad democrática. Sólo han utilizado las elecciones como medio para legitimarse ante el mundo y ante los venezolanos, disfrazando sus prácticas cada vez más autoritarias y vinculadas al crimen internacional, cuestión que dificulta que entreguen el poder por las buenas y tan fácil.

    No se trata de desestimar a las elecciones, pues los ciudadanos en democracia apuestan a ellas en un marco justo y transparente para decidir. El asunto es que no estamos en democracia y unas elecciones regionales o del tipo que sean, en este contexto, pueden significar la zanahoria que muchos morderán mientras el régimen con el garrote se garantiza su permanencia en el poder indefinidamente.

    Cuando se es parte de las reglas del régimen, es muy difícil desafiarlas. Eso es lo que ha dificultado que muchos aún duden que esto es una dictadura, esperando quizá que todos estemos presos o que la ilegalización opositora avance mucho más para darse cuenta. El régimen utiliza las elecciones como una concesión, cuando son un derecho, y la oposición entrega toda su fuerza y capital político como concesión, cuando los ciudadanos aspiran a mucho más que esa rendición.

    Quienes ven a corto plazo, quienes ven las elecciones locales o regionales como un instrumento –otra vez– para “derrotar al régimen”, no sólo colocan intereses particulares o líneas partidistas por encima, sino que no ven la realidad desde el aire, sino de frente. Estos momentos ameritan un análisis por encima de la tragedia que vivimos para entender que sólo con la derrota de la dictadura es que podremos tener un marco de sana competencia electoral, de transparencia y de respeto a la decisión de los ciudadanos. De lo contrario tendremos gobernaciones inútiles, gobernadores presos, regiones empobrecidas, sin recursos y con ciudadanos decepcionados.

    Es el momento de que la oposición, en verdadera Unidad con toda la ciudadanía, defina estrategias claras y coherentes. Es la hora de que se plantee un único objetivo para derrotar al régimen y recuperar la libertad y la democracia. Ese objetivo se llama Venezuela.

    Luego, todo lo demás.

    @Urruchurtu

  • Carta abierta a «Chúo» Torrealba: ¡Reconócelo! Fracasaste –de verdad- Por Pedro Urruchurtu

    Carta abierta a «Chúo» Torrealba: ¡Reconócelo! Fracasaste –de verdad- Por Pedro Urruchurtu

    Hola, «Chúo».

    La verdad es que decidí escribirte esta carta corriendo el riesgo de ser tildado de “guerrero del teclado” o de “iluminado”, y hasta incluso ser bloqueado por ti, como una muestra más de tu tolerancia a la crítica. Pero decido correrlo porque así como frente a mis redes sociales soy un guerrero del teclado, también lucho en las aulas de clases como profesor; así como también lo hago como militante de un partido político y como lo hago cuando utilizo el transporte público o padezco la calle del día a día. Eso no me hace menos ciudadano; al contrario, es la única forma que encuentro de ejercer mi ciudadanía, comprendiendo que participar de los asuntos políticos es un acto de legítima defensa en la Venezuela de hoy.

    Esta respuesta, que no sé si leas, obedece a tu más reciente artículo del pasado 20 de noviembre en el que hablabas de oxígeno y “verdades verdaderas” (http://unidadvenezuela.org/2016/11/44958/ ). Lo primero que llamó mi atención es que hablas de verdades reconociendo que le mentiste al país, mientras intentas dar una especie de respiro moral a los venezolanos que hoy tienen muchas más preguntas que esas que retóricamente planteaste al inicio de tu escrito y que no son precisamente producto de la manipulación, sino de la falta de respuestas y la abundancia de silencio que ha reinado en las últimas semanas. Me temo que generaste el efecto contrario, y si algo has logrado es desmotivar, desmoralizar y desmovilizar a un país que estaba expectante y que hoy sigue lleno de dudas, miedo y rabia.

    Insisto: no voy a caer en responder todo lo que dijiste, pero sí quisiera aclarar algunos puntos, que desde mi humilde visión, responden a tus intentos de querer vender verdades absolutas para ocultar el monumental fracaso que este año ha tenido la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

    No es cierto, Chuo, que no había ruta ascendente y que la gente no estaba motivada a avanzar a la transición. Tú sabes muy bien que la gente había entendido la importancia de ir a la calle y sabes muy bien que estaba dispuesta a continuar hasta hacer retroceder a Maduro. También sabes que la gente fue a la autopista el 26 de octubre obedeciendo una ruta que derivó en la convocatoria a una próxima marcha a Miraflores, que no era irracional como dices, sino que seguía lo que ustedes mismos plantearon. Tu primera “verdad verdadera” se ancló en una mentira.

    Tampoco es cierto, Chuo, que la Asamblea Nacional nunca planteó una ofensiva que condujera a la destitución de Maduro. Te recuerdo que el día 23 de octubre, en sesión extraordinaria, se aprobó la hoja de ruta que contemplaba, entre otras cosas, la marcha que mencioné anteriormente, una ofensiva internacional y un avance directo y preciso en la investigación de la nacionalidad de Nicolás Maduro y su responsabilidad política en la crisis y en la ruptura del orden constitucional, para así evaluar su destitución. Tú mismo deberías recordar que ese día se le dijo al mundo que en Venezuela existe una dictadura, término que tú nunca has querido utilizar para definir a este régimen. Otra de tus “verdades verdaderas” que evidencia que nos mientes.

    Mucho menos es cierto, Chuo, que la Comunidad Internacional nunca haya dicho que en Venezuela no ha habido golpe de Estado. Tú mismo sabes que en mayo de este año dos grandes ofensivas internacionales tuvieron lugar de cara a la crisis venezolana: por un lado, el Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, invocó el artículo 20 de la Carta Democrática alegando ruptura del hilo constitucional en nuestro país (corroborado semanas después en un contundente informe cuya presentación daba por sentada la activación de la Carta y sus mecanismos); por el otro, Mercosur se oponía a traspasarle la presidencia pro-témpore del organismo a Venezuela por ser un Estado violador de los derechos humanos y profundamente autoritario, lo cual está por culminar en la suspensión de nuestro país de la organización.

    El mundo puso como línea roja la realización del referéndum revocatorio este año y después del 20 de octubre esa línea se cruzó al suspenderse el proceso de recolección del 20% de las firmas. No nos mientas, Chuo. Tú sabes que hoy el mundo cambió su ofensiva hacia Venezuela gracias a “verdades verdaderas” como las tuyas que obligaron a entubar al país a un diálogo absurdo e inconsulto.

    Como tampoco es verdad, Chuo, que porque el “juicio político” no esté en la Constitución, no se pueda avanzar en esa ruta.  Tú sabes que aquí las decisiones no son jurídicas, sino que dependen de la voluntad política para hallar los mecanismos que hagan viables ciertas salidas y, entre otras cosas, tenemos una Asamblea Nacional a la cual le dimos mayoría no para marchar y decirle cómo tiene que actuar frente al régimen, sino para representarnos y cumplir el mandato para la cual fue electa. Las diferentes enmiendas o reformas a la Constitución para hacer tangible el cambio político dependen más de la voluntad de hacerlas, que de otra cosa y, en términos reales, esa propia Constitución nació así. Nos vuelves a mentir, Chuo, en tu afán de hacernos creer que sólo ahora hay una ruta posible: el fracasado diálogo.

    Partes de otra mentira para victimizarte diciendo que han pretendido dividir a la MUD con radicales que la critican, cuando sabes muy bien que quienes la dividieron fueron los tres partidos que unilateralmente decidieron sentarse en un diálogo que, aún cuando el domingo seguías defendiendo a capa y espada, ya hoy está muerto. Fueron esos tres partidos los que en verdad dividieron a la oposición, al excluir al resto de los partidos y a los ciudadanos.

    Sí, Chuo. Gracias a ese diálogo se desarticuló la calle, la ofensiva internacional se detuvo argumentando que no harían lo que nosotros no estemos dispuestos a hacer y, además, la Asamblea Nacional quedó subordinada al Poder Ejecutivo que prácticamente le dice lo que tiene que hacer para así poder ser respetada. Tampoco dices, Chuo, que además de convalidar el lenguaje del régimen, ¡reconocieron un falso fraude en Amazonas! ¿Cómo puedes decir que obligaron al régimen a sentarse con quien no quería, si lo que precisamente necesitaba es que ustedes, a espaldas del país, capitularan y entregaran el capital político que ya estaba decepcionado por sus actuaciones, que esperaba más y que terminó recibiendo nada?

    Pero, ¿sabes que es más inaceptable aún, Chuo? Que en tu artículo digas que esta lucha durará lo que tenga que durar y que no hay salida electoral en el corto plazo. Es indignante por las miles de familias que demandan respuestas prontas y que luego de un nefasto acuerdo, lo único que consiguen es más hambre, más miseria y más muerte. ¿Acaso le diremos a los venezolanos que los daños de aquí a que la lucha termine, dure lo que dure, serán efectos colaterales y sacrificios inevitables? ¿De verdad diremos que esto no se podía evitar? ¿Hay mayor efecto traumático que ese? Peor todavía, reconoces que le mintieron al país desde el primer día cuando afirmaban que habría elecciones este año. Que no aparezca el revocatorio  en el 2016 en el documento aprobado en la mesa de diálogo es lo único trágico e inaceptable, utilizando tus términos. Nos vendieron.

    Te pregunto, Chuo, ¿qué logramos? ¿En qué cedió el régimen? ¿Un solo preso político, el cual nos alegra mucho, pero que al final fue un canje por nada más? La dictadura avanzó, ganó tiempo, los hizo sentarse utilizando al Vaticano y hoy deciden levantarse, cuando ya es tarde para cualquier ofensiva y cuando ya tienen el control para chantajear con volver a sentarse cuando les venga en gana o cuando ustedes no sean “tan provocadores”. El silencio de la MUD es vergonzoso, no sólo por el diálogo sino por escándalos tan trascendentales como el de los “narco-sobrinos”, que en cualquier otro país sacudirían la realidad política. ¿A ese nivel llega el chantaje del régimen hacia ustedes y así dicen ustedes querer cambiarlo?

    Ya el régimen obtuvo lo que quería de ustedes en el diálogo y por eso se levanta. Si regresa a la mesa es para volver a humillarlos, que vuelvan a claudicar y que le den más vida. La gente intuye y concluye que lo hicieron mal; que nadie entrega su capital político ni desmoviliza la calle antes de negociar, sino que lo utiliza para presionar -esa es la única forma en que se ayudan recíprocamente-; y que no hubo negociación efectiva para la transición, sino concesiones para la estabilidad, malgastando toda la energía de los ciudadanos que clamaban por un cambio urgente. Entregaron al Poder con mayor legitimidad y hoy están entrampados, mientras Maduro avanza –aun cuando te atreves a compararlo con Caldera, que era parte un sistema democrático– .

    Ese diálogo nunca debió ocurrir. Chuo, termina de reconocer que fracasaron. Termina de entender que el mundo se decepcionó de una oposición que le pide que haga lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Reconoce que no hubo estrategia victoriosa, que todo es una farsa y que ya nada de lo que prometieron ustedes se cumplirá. Nos mintieron, y es la hora de decir públicamente nuestras diferencias. No es momento de caer en chantajes “divisionistas” cuando tú, con tu pretendida idea de vender una sola visión para “calmar ánimos”, sin ser esa tu función, atacas otras tesis de lucha y a la vez te colocas del lado de tres partidos que decidieron por el resto y dividieron al país.

    Hablas de “infantilismo demagógico” cuando tu populismo barato nos condujo a este callejón sin salida. Reconoce que fracasaron y reconoce que te equivocaste. Reconoce que no hubo batalla final, porque ni siquiera dejaste que peleáramos. Si la sensatez privara en ti, tanto tú como quienes se sentaron en esa mesa fallida no sólo se levantarían inmediatamente de ella, sino que pondrían sus cargos a la orden. Hoy el régimen tiene a la oposición que necesita, mientras tú y el combo negociador señalan de radicales a otros.

    Nadie entenderá nunca cómo la oposición, en su mejor momento, permitió al régimen sobrevivir en su peor situación. Ojalá comprendan a tiempo que, gracias a ustedes, Venezuela se asfixia mientras el régimen respira; mientras se oxigena.

    Ojalá.

    @Urruchurtu

  • Urruchurtu: En Vente Venezuela nos formamos por la libertad y para transformar a partir de ella

    Urruchurtu: En Vente Venezuela nos formamos por la libertad y para transformar a partir de ella

    El partido de la libertad asume el compromiso de la Formación de Cuadros

    Catalina Ramos, quien ejercía como coordinadora nacional de Formación, es el nuevo vínculo de la organización política con las asociaciones ciudadanas

    (Caracas. 17/10/2016) La palabra “transición” es de uso común en Vente Venezuela. En el departamento de Formación, ahora denominado Formación de Cuadros, la asumen como un proceso natural. Así lo describe Catalina Ramos, quien da paso a Pedro Urruchurtu como nuevo coordinador nacional de esa área. “En Vente Venezuela nos formamos por y para la libertad, y para transformar a partir de ella”, afirma el joven.

    Luego de pertenecer por más de tres años al partido de la libertad e integrar la Coordinación Internacional del partido, Urruchurtu emerge como la cristalización de los objetivos que Catalina Ramos y la organización se plantearon desde un principio: formar a los mejores ciudadanos, aquellos con vocación de servicio.

    “La formación no es ajena a mí. Llevo 3 años aproximadamente vinculado a esta área, dando clases y participando en jornadas intensivas, pero además siempre he sido partícipe de demostrar que lo académico es un elemento que cobra mucho más sentido cuando lo encuentras con lo político”, sostiene Urruchurtu.

    Al respecto, Ramos señala que hay jóvenes como él en todo el país. Asevera que su nombramiento significa una ganancia para el partido, considerando que estuvo en la génesis de la organización política.

    Formación de cuadros

    Pedro Urruchurtu explica que con la formación de nuevos cuadros se busca fomentar que todas las personas que tengan vocación política consigan en estas ideas y herramientas académicas la posibilidad real de crecer y llegar a cargos de responsabilidad pública.

    Y agrega: “Este cambio en la organización responde a la propia maduración de Vente Venezuela. Es el momento de dar consolidar las bases y formar cuadros políticos. Para nosotros, los cuadros políticos son todos aquellos que, por medio de las ideas de libertad, buscan transformar el país”.

    Para el nuevo Coordinador nacional de Formación, cada ciudadano es un proyecto que puede desarrollarse a través del liderazgo, el emprendimiento y las ideas, y en Vente Venezuela ese es un trabajo que ya se ha adelantado.

    “Vengo de la sociedad civil”

    Catalina Ramos, quien hasta ahora ejercía la Coordinación nacional de Formación, será el enlace de Vente Venezuela con las asociaciones civiles, estando a cargo de la Coordinación de Asociaciones Ciudadanas.

    “Nunca me había imaginado fuera de Formación, pero yo vengo de la sociedad civil. Es un reto; tenemos nuestra visión de partido y queremos compartirla con las asociaciones civiles, pero además queremos saber qué piensan”, comenta.

    De acuerdo con Ramos, la reconstrucción de Venezuela no sólo pasa por los partidos, sino por todos los ciudadanos. En este sentido, indica que las asociaciones civiles estarán divididas en varios niveles, aunque el énfasis estará en las regionales y en aquellas con menos alcance nacional.

    “Somos y seremos el partido de los mejores”, ratifica la vocera del partido.

    Ramos inició en Vente Venezuela en 2013 como parte del departamento de Ideología y Formación, que posteriormente se divide y ejecuta el primer proyecto en el que se forma a unos 800 jóvenes de toda Venezuela.

    Posteriormente, en 2014, se llevaron a cabo varias jornadas regionales con el fin de consolidar el perfil ideológico del partido, destacando valores como el respeto al individuo, la meritocracia y la libertad de mercado.

    El dato

    Vente Venezuela tiene 35 coordinaciones de Formación en 17 estados del país y maneja 6 programas académicos, con 30 profesores y facilitadores.

    Además, cuenta con más de 800 miembros formados y unas 3 mil horas de trabajo invertidas, sin mencionar la publicación de un libro: “Se trata de la libertad”.

    Lo que viene

    Catalina Ramos y Pedro Urruchurtu explicaron que está previsto dar continuidad a los proyectos de formación actuales, así como la inclusión de modelos de debate parlamentario. Se espera, asimismo, desarrollar un diplomado de gestión pública que sólo dependa del partido.

    Perfiles

    Catalina Ramos es biólogo egresada de la Universidad Simón Bolívar (USB) con magister de la misma universidad. Además, es una consultora con una extensa trayectoria en el área de la Gerencia de la Innovación. Ha sido profesora de postgrado en la Universidad Metropolitana (Unimet) y consultora del Comité Mirandino de Educación, Ciencia y Tecnología. Fue directora general de Transferencia e Innovación Tecnológica y Científica en el Ministerio de Ciencia y Tecnología y coordinadora de proyectos agrícolas en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas. Desde febrero de 2010 se incorporó al equipo de María Corina Machado, coordinando el área sectorial y de contenidos.

    Pedro Urruchurtu es politólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y profesor de la misma casa de estudios. Asimismo, es director del Programa para América Latina de la Federación Internacional de Juventudes Liberales (IFLRY) y a principios de 2016 asistió como uno de los representantes de Venezuela al Programa para el Liderazgo Competitivo Global de la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos.

  • Obedecer a nuestra conciencia- Por Pedro Urruchurtu

    Obedecer a nuestra conciencia- Por Pedro Urruchurtu

    No deja de sorprender la manera en que ajenos y propios tienden a descalificar a la desobediencia cívica con un “¿con qué se come eso?”. Ciertamente en nuestra Constitución existe el artículo 350, el cual está allí por razones aún confusas, que derivan de su propia ambigüedad y poca precisión a la hora de ser propuesto; pero creer que la desobediencia gira en torno a nuestra Constitución y no a una conducta de la sociedad oprimida aún consciente de ello y dispuesta a responder, es una forma muy vacía de oponerse a algo.

    Si algo aún sigue intacto en parte de la mentalidad de la sociedad venezolana es la figura del Estado paternal. Esa misma figura, alimentada por muchos que creen necesario mantenerla y que ha encontrado su soporte en el populismo y otros grandes vicios históricos, es la que de una forma u otra se convierte en un chantaje que apunta a la pasividad y obediencia del que da todo a los demás. Sí, se inculcó una especie de ritual y honor a ese “Estado papá” al que, como todo padre, nadie puede rebelarse o siquiera alzar la voz porque castiga. Así es como nuestros males se han podido mantener perennes en el discurso y acción política de muchos, derivando en clientelismo y pérdida de autonomía individual y conciencia sobre la acción de los gobiernos.

    Pero eso también provocó una ciudadanía pasiva, arrinconada a la mera agenda electoral, en la que la genuina expresión de todos exclusivamente es un voto –y eso no está mal–, pero nada más. Esa reducción de nuestros deberes ciudadanos –insisto, compensada con un populismo que lo único que nos enseñó fue a extender la mano para recibir– nos ha llevado a creer que hacer algo más que votar es un desafío a la autoridad y una especie de rebeldía que, además de condenada, debe ser castigada.

    De manera que hicieron de las personas solamente votos e hicieron de los derechos concesiones de buena conducta y no un ejercicio de coraje y conquista. Esa manera de correr la arruga y sumergirnos en la falsa idea de la prosperidad otorgada y no de la libertad consagrada por nosotros mismos –que es la que nos abre las puertas a todo lo demás– nos hizo aprender de la peor manera que confiarse de lo conquistado en el pasado no es garantía de su perdurabilidad si no se lucha todos los días.

    Y digo que aprendimos porque ya la gente hoy no aguanta más. El hambre, la miseria y el dolor de sufrir la peor crisis de todas, resumida en muerte, abandono y tristeza, ha hecho que la gente entienda la urgencia de cambiar las cosas cuanto antes. La gente está pidiendo más, quiere hacer más y quiere salir de este abismo en el que nos hunden día a día. Lo que es inaceptable es quienes conducen la alternativa democrática del país no lo entiendan –evadiéndolo o poniéndole otros nombres– y se desconecten de lo que ya es un clamor nacional.

    Desobedecer no es delinquir; tampoco es violencia o caos. Desobedecer es desafiar a quienes se creen dueños del poder absoluto, aún sostenidos por la nada, y hacerles entender que somos nosotros, presionándoles, quienes queremos que se vayan y que estamos dispuestos a lograrlo. Las mujeres de Ureña son un ejemplo de desobediencia, al traspasar las barreras militares para buscar comida para sus hijos. También es desobediencia que una comunidad como la de Villa Rosa haga correr y huir a un tirano con un utensilio que, en lugar de tener comida, lo que tiene es hambre y desesperación: una olla. De igual forma desobedecen los manifestantes que traspasan cordones de seguridad para seguir avanzando porque es su derecho protestar pacíficamente. Y así, hay muchas maneras de desafiar al poder, sin violencia pero con contundencia. Sin pasividad, pero con efectividad.

    Por ejemplo, si las trabas para hacer el Revocatorio con el Consejo Nacional Electoral (CNE) son cada vez más absurdas, demostrémosles que nosotros podemos organizarlo sin ellos. Estar en la calle, hacer presión y acompañar las demandas ciudadanas con una conducción coherente, sensata y valiente, pero sobre todo que hable con la verdad, es lo único que podrá hacer sentir al régimen que tienen que irse en 2016. Hay muchas formas de proceder, con contundencia, sin ser pasivos ni violentos, pero siempre firmes en nuestros valores y convicciones.

    Hacer lo correcto siempre será lo que dictamine nuestro proceder y en este caso no es precisamente ayudar a quienes destruyeron nuestro país para que salgan airosos. Como ya lo he dicho, la convicción moral es el único terreno en el que quienes gobiernan a Venezuela no pueden competir porque sencillamente todas sus acciones carecen de ello. Es momento de entender el momento que vivimos, de acompañar lo que la gente pide y quiere; es momento de alzar la voz y hacer lo que hay que hacer: obedecer a nuestra conciencia.

    @Urruchurtu

  • Sí, Venezuela está muriendo – Por Pedro Urruchurtu

    Sí, Venezuela está muriendo – Por Pedro Urruchurtu

    El título de este artículo se refiere a la portada de la edición del 22 de agosto de la revista Time, llamada “Venezuela está muriendo”. La edición trata de explicar cómo Venezuela, alguna vez el país más rico de América Latina, se fue al foso. No es mentira. Parte de lo que quiero decir, mientras escribo estas líneas, es precisamente qué está pasando hoy en mi país.

    Muchos de ustedes ya saben que mi país es gobernado por un régimen autoritario; una dictadura moderna. En Venezuela hay presos políticos, usuarios de Twitter en la cárcel por expresar sus ideas, censura a los medios, represión, tortura y un conjunto de elementos que nos definen como un país dictatorial. Pero hay inclusive una peor dimensión: estamos en una crisis humanitaria.

    La atmósfera general de anarquía que se ha esparcido por cada esquina del país ha reclamado como sus víctimas a miles de familias que no pueden encontrar o no puede pagar alimentos esenciales, medicinas o incluso un hospital dotado con lo mínimo para recibir cuidados médicos. Más del 80% de los alimentos básicos faltan en los anaqueles de los supermercados; hay personas que sólo comen un mango al día. Los ciudadanos están en atrapados en colas en los supermercados o yendo a Colombia en búsqueda de comida, cruzando la frontera cerrada con ese país, en especial las valientes madres que buscan comida para sus hijos. Por ellas, el gobierno se vio obligado a reabrir la frontera.

    Sólo el 10% de los medicamentos necesarios y los equipos médicos básicos están disponibles. Muchos niños recién nacidos mueren horas después de haber venido al mundo debido a infecciones y ausencia de insumos médicos (probablemente más de 700 a la fecha, ya que no existe data oficial), pero también están muriendo niños de hambre. El crimen en Venezuela también ha alcanzado un incomparable nivel de matanzas. Hay reportes que hablan de 119 asesinatos por cada 100.000 habitantes en Caracas para este año, haciendo de nuestro capital la ciudad más violenta del mundo; cada 19 minutos un venezolano es asesinado por el hampa.

    Como venezolanos sabemos que esta situación debe cambiar. Hay mecanismos constitucionales para darle fin a este régimen. Sin embargo, el gobierno utilizó tácticas dilatorias y de manipulación con la intención de prevenir su activación, como lo han hecho en el pasado. Por ello, miles de ciudadanos han emprendido un proceso para recolectar firmas en apoyo a un referéndum revocatorio contra el Presidente Nicolás Maduro, como su derecho constitucional.

    Por supuesto, el órgano electoral, controlado por el régimen, ha hecho todo lo posible para posponer la realización del referéndum hacia el año próximo por una razón: si ellos lo hacen este año, deben celebrar elecciones presidenciales en 30 días, por lo que el gobierno cambiaría; pero si lo hacen el año próximo, el Vicepresidente, nombrado por Maduro y por mandato constitucional, asume el poder hasta el final del período presidencial en 2019, extendiendo el sufrimiento y haciendo al chavismo permanecer en el poder. No podemos esperar hasta esa fecha y, por lo tanto, no permitiremos el referéndum revocatorio el próximo año. Esperar significa más hambre y gente muriendo.

    Somos millones de venezolanos dispuestos a luchar por un cambio político en este año. Lo haremos, ignorando la decisión del órgano electoral e ignorando las fechas con las que ellos pretenden burlarse de nosotros. Con el pleno ejercicio de la desobediencia ciudadana, y cumplimiento y ejercicio de nuestros derechos constitucionales, estaremos en las calles haciendo presión por la fecha del referéndum este año y luchando por reconquistar la libertad y la democracia.

    Más del 80% del país quiere cambiar el gobierno y lo lograremos. Sólo con el indoblegable esfuerzo de los venezolanos, presionando y exigiendo que nuestras voces sean escuchadas, haremos entender al régimen que se tiene que ir.

    Imagen de la protesta en Caracas, Venezuela
    Imagen de la protesta en Caracas, Venezuela

    En ese sentido, después de superar toda clase de obstáculos, persecuciones y amenazas, e incluso después de que el régimen de Maduro encarcelara arbitrariamente a miembros de la oposición, el 1 de septiembre alrededor de un millón de personas provenientes de toda Venezuela acudieron a las calles, protestando contra el gobierno y exigiendo sus derechos constitucionales para la realización del referéndum revocatorio en 2016. Escasez de comida, ausencia de cuidados médicos, inseguridad y una democracia en picada son los efectos del gobierno socialista de Venezuela.

    Fue una de las más grandes movilizaciones de nuestra historia contemporánea. El miedo fue derrotado y la esperanza de un mejor país, en libertad y democracia, renació. Por ello, continuaremos en las calles luchando por nuestros sueños. Es nuestro compromiso con el futuro y con nuestra nación.

    La permanencia de Nicolás Maduro en el poder no se mide en tiempo, sino en vidas. Su gobierno debe permitir el referéndum revocatorio este año o renunciar, y la libertad debe prevalecer.

    El tiempo se acabó. Venezuela está muriendo.

    @Urruchurtu

  • El rumbo lo cambiamos nosotros – Por Pedro Urruchurtu

    El rumbo lo cambiamos nosotros – Por Pedro Urruchurtu

    Las expectativas que ha generado el 1 de septiembre son muchas (quizá demasiadas). Es lógico; la manera en la que se le ha informado el país sobre lo que augura ser una movilización nacional de importante asistencia no puede generar menos atención. Pero una vez más corresponde decir algo: no seamos ingenuos.

    El 1 de septiembre no puede ser lo mismo que han sido otras fechas de movilización. No puede ser lo mismo no sólo por las expectativas que están creciendo cada día más, sino también porque la confianza, la reputación y la sensatez de la Unidad opositora estarán  plenamente en juego.

    Esa fecha no puede ser para exigirle a quienes quieren perpetuarse en el poder que accedan a perderlo; debe ser para hacerles entender que somos nosotros quienes haremos que se vayan, cuando nosotros lo digamos.

    Esa fecha tampoco puede ser para esperar que el Consejo Nacional Electoral (CNE) nos diga cuándo será la recolección de las firmas para activar el Referéndum Revocatorio, sino para presionar y hacerles entender que tienen que darnos la fecha lo antes posible, con nuestra presión, y no que será cuando ellos digan y cuando ya el Revocatorio sea inútil para los venezolanos y sólo útil para el PSUV.

    Mucho menos el 1 de septiembre puede ser un acto aislado, lleno de retórica y discursos en tarimas, música y aplausos. No puede verse como un acto de campaña o una fiesta democrática; debe ser un acto de rebeldía, una lección ciudadana de que no estamos dispuestos a soportar una burla más por parte de quienes han destruido a Venezuela

    Lo que sí debe ser el 1 de septiembre es el inicio de una etapa de presión y articulación ciudadana, organizada para lograr lo único que podemos aceptar como venezolanos y que es la única que puede salvarnos: lograr un cambio de gobierno este mismo año.

    Está claro que el Referéndum Revocatorio y sus fechas, más que un asunto de calendario, son un asunto de voluntad política de quienes están aferrados al poder. Por lo tanto, la estrategia opositora no debe ser exigir sobre lo primero, sino influir y cambiar lo segundo.

    Por lo tanto, más que convertirse en la fecha en la que la Unidad se moviliza por una fecha, el 1 de septiembre debe ser la fecha en la que los ciudadanos hagamos entender a toda la dirigencia opositora y al chavismo, que somos nosotros los que conduciremos el cambio y que sí, políticamente demandamos conducción, pero hacia un cambio y un transición, no hacia la estabilidad o hacia una transacción.

    Ese día debe ser para sincerar una fecha tope en la que sepamos que habrá Revocatorio este año, y si no lo hay este año, pues redefinir la estrategia de lucha posterior a esa fecha, por ejemplo. Si es por una fecha, podemos convertir en fracaso una movilización que no ha nacido; si es por una causa, la podemos mantener viva y por más que un día.

    En definitiva, el 1 de septiembre debe ser para hacer entender que el rumbo lo cambiamos nosotros.

    @Urruchurtu

  • Nuestra última oportunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Nuestra última oportunidad – Por Pedro Urruchurtu

    Tal vez suene trillado y ya lo hayamos escuchado antes, pero sí, estoy convencido de que estamos frente a la última –y más sensata– oportunidad de derrotar al régimen. Pero esa derrota pasa necesariamente porque el cambio político se genere en 2016; he allí nuestro mayor desafío.

    Y digo última oportunidad por varios elementos que pretendo enunciar y cuya reflexión corresponde a lo que cada uno de nosotros, como ciudadanos, debe sumarle. El primero y más sabido por todos es que aceptar el referéndum revocatorio el año que viene es solucionarle un problema al gobierno, pero no el de todo un país que está clamando cambiar su tragedia. Y sí, soluciona un problema al gobierno porque es la excusa para que Maduro, poco querido en las filas rojas, deje el poder de una forma elegante, dando paso a una transición gatopardiana, llena de transacciones, que mantendrían el estado actual de cosas y, principalmente, a las mafias del poder.

    Una segunda razón, y que se conecta con la primera, es que precisamente el régimen se está preparando para un escenario de ese estilo y darle tiempo es lo peor que podemos hacer: si dejamos que ganen tiempo y se recuperen, se estabilizan. Lo hemos visto con la reciente aprobación de la explotación del Arco Minero, posiblemente el último gran saqueo a nuestra nación pero que, junto a oxígeno de aquí y de allá, permitirían que el régimen calme un poco las aguas, abasteciendo en lo mínimo al país, dando una sensación de alivio que les permitiría alcanzar una elección presidencial en 2018 (si les conviene), a costa de vidas y sufrimiento como una especie de “daño colateral” que los termina convirtiendo en responsables, aunque lo nieguen. Dejarlos pasar esta cuesta, podría significar irnos nosotros al abismo mientras ellos se aferran.

    Y eso precisamente me permite llegar al tercer elemento: es nuestra última oportunidad de salvar a Venezuela y, con ello, salvar vidas que hoy están condenadas al hambre, a la enfermedad, a la agonía y a la miseria. Tan sólo el hecho de considerar el revocatorio para el año próximo (suponiendo que no haya más opción y que sea parte de una negociación), es automáticamente poner en duda nuestra propia existencia. Sería una especie de condena, lenta y dolorosa, mientras arrasan lo que queda de país.

    Pero además, la última razón –y quizá la más importante– es que es nuestra última oportunidad de demostrarle a la gente que lo estamos haciendo bien; que sus expectativas, hoy venidas a menos después de un boom electoral que no trajo los mejores resultados, sí serán cumplidas y que, sobre todo, haremos respetar su voluntad; la que claramente dio un mandato el pasado 6 de diciembre y que es desconocido por Maduro. ¿Y si el revocatorio no va? ¿Qué haremos?

    Para ello se requieren muchas cosas, pero la principal: sensatez. Sólo así podremos enfrentar asertivamente el reto a cuestas, comprendiendo no solamente la naturaleza de quienes nos gobiernan,  sino también siendo coherentes y, sobre todo, mostrándonos como una firme, responsable y oportuna oferta política para Venezuela. De nada sirve hablar de diálogo si no asumimos nuestra posición de mayoría que representamos al país; actuar como minoría frente a los verdaderamente débiles es darles demasiado mérito cuando saben que tienen que irse lo antes posible, además de hablar muy mal de nosotros como fuerza.

    El tiempo juega en contra y la paciencia también. Ser predecibles y poco audaces en nuestros planteamientos frente a un gobierno que ha demostrado no importarle nada a cambio de preservar el poder no sólo es irresponsable sino hasta ingenuo.

    Toda la presión posible y toda la energía acumulada por millones de venezolanos que desean cambiar de rumbo y ver mejorar su país, debe estar encaminada y enfocada a generar un cambio político este mismo año, considerando todas las alternativas posibles y no casándonos sólo con una, que al régimen le convenga. Nuestra tarea es simple: hacer que se vayan y organizarnos para que eso ocurra.

    La gente tiene depositada su última esperanza en lo que tiene que ocurrir este año: lograr salir de Maduro y cambiar al régimen. De no lograrse, no sólo estaríamos frente a  la mayor decepción que un país podría sentir, sino que también significaría el final de muchas cosas, la multiplicación de las despedidas y las lágrimas, y la profundización de la muerte y la miseria. Significaría todo mientras la nada arrasa.

    No desperdiciemos ésta, nuestra última oportunidad.

    @Urruchurtu