Etiqueta: opinión

  • Soy Venezuela – Por Williams Caballero López

    Soy Venezuela – Por Williams Caballero López

    ¿Qué es Soy Venezuela? Esta plataforma es otro intento en la dirección correcta. Esa una demostración más de que en la nación existe una sociedad que no desmaya y sigue resistiendo.

    Esta instancia se enfoca en el renacer de las protestas cívicas de calle, es un ente para fomentar la presencia ciudadana en las calles como instrumento para acorralar democráticamente al régimen venezolano.

    Soy Venezuela, es una instancia para que aquellos que amamos a esta tierra podamos seguir adelante dando lo mejor de nosotros y conquistando la libertad que necesitamos como nación.

    Es una invitación a la lucha estratégica, serena, y efectiva por una República con libertad y futuro. Soy Venezuela es un llamado a la acción y empuje por la materialización de nuestros anhelos nacionales.

    Soy Venezuela es un llamado a seguir soñando por la tierra que debemos construir entre todos. Y, más que un sueño es la herramienta para que esas ilusiones se puedan transformar en realidades puntuales.

    Desde Vente Venezuela se ha parido y apoyado esta iniciativa porque va en la dirección exacta de la lucha, porque responde a una intencionalidad libertadora y liberadora.

    María Corina Machado y Antonio Ledezma, con su visión clara y profética, nuevamente enseñan el camino que todas las fuerzas de la Unidad Democrática deben seguir.

    ¿Quedarnos de brazos cruzados? No, esta no es opción para nosotros que no estamos dispuestos a rendirnos ni abandonar la lucha por una Venezuela mejor.

    ¿Permitir que hagan y deshagan con el país? Como ciudadanos tenemos el derecho, y también la responsabilidad, de tomar acciones para evitar que quienes han destruido a Venezuela continúen haciéndolo.

    Soy Venezuela no es otra cosa que un instrumento. Una instancia para la organización, planificación y ejecución de las acciones democráticas, constitucionales y cívicas que allanen el camino hacia la consecución de la liberación nacional.

    Desde Puerto La Cruz, y desde Vente Venezuela, me sumo a esta iniciativa y dejo en claro mi determinación se hacer todo lo que me toque en aras de que Venezuela sea una nación de libertades para todos los ciudadanos.

    Es hora de actuar. No podemos dormirnos y perder al país. Vamos a rescatar la calle como medio de expresión de una población que no aguanta más a consecuencia del hambre desatada por el régimen de Nicolás Maduro.

    Te invito a ti, querido lector, a que te sumes a Soy Venezuela.

    Todos somos importantes para alcanzar el objetivo de una patria de y con progreso, de una república como la que todos deseamos y como la que cada uno de nosotros debe edificar.

    ¡Vente, aquí lo lograremos!

  • No será fácil – Por Pedro Urruchurtu

    No será fácil – Por Pedro Urruchurtu

    Votar es un acto individual, pero, sobre todo, una decisión personal. Nadie puede decir que los venezolanos en los últimos 20 años (por no decir más), no hemos recurrido a las urnas para decidir sobre los asuntos que nos atañen. Independientemente de las polémicas, de las dudas y de las vulnerabilidades del sistema electoral, siempre hemos estado allí para votar. Eso, por supuesto, obedece a un arraigo democrático que corre en nuestras venas, que se lo debemos principalmente a los cuarenta años de democracia previos al infierno socialista y que, a pesar de eso, nos acostumbró a que nuestra única tarea, como ciudadanos, fuera esa: votar.

    Y sí, como demócratas sabemos que es nuestra herramienta predilecta para expresarnos, pero también debemos saber que es efectiva siempre y cuando lo hagamos libremente y, sobre todo, lo hagamos en democracia. Este tipo de regímenes, mafiosos y autoritarios, utilizan las herramientas electorales para legitimarse, a pesar de que en su desempeño son todo lo contrario a lo que dicen ser por vía del voto. Naturalmente, nosotros siempre optamos por acudir a votar, pues sabemos que históricamente nuestro voto ha acompañado grandes momentos del país. El problema es que el voto, vacío y sin democracia, termina legitimando aquello a lo que en realidad nos queremos oponer.

    Con esto no pretendo decir que votar no sirve de nada; lo que quiero decir es Venezuela será la misma tanto el 14 como el 16 de octubre. Hemos comprobado que de nada sirve ganar espacios electoralmente, si no se luchan y se conquistan políticamente. También sabemos, hasta la saciedad, que por más mayorías electorales y ciudadanas que logremos, éstas sólo serán realmente respetadas y efectivas cuando derrotemos a la minoría que está en el poder.

    Pero esa derrota a la minoría no es electoral, o al menos no en un principio. No lo es porque el régimen venezolano ya pasó a ser un problema de tipo regional/global que hace que otros intereses y actores se pronuncien y decidan hacer algo, como nunca antes; tampoco lo es, porque antes de seguirles demostrando numéricamente lo que somos por medio de elecciones –aunque se burlen de nosotros-, primero debemos seguir demostrando en las calles que queremos que se vayan y que estamos dispuestos a permanecer en ellas hasta que lo logremos, tal como por más de cuatro meses.

    El régimen sabe lo que necesita: legitimidad que le dé fachada democrática de origen –reconociendo de facto, además, a su fraudulenta ANC- y tiempo para seguir sometiendo a los venezolanos y para seguir dando poder a las mafias. La legitimidad la logra a través de elecciones que ellos controlan y que, aún cuando puedan recibir “derrotas”, políticamente siempre logran vencer; el tiempo lo consiguen con intentos de diálogo que son infructíferos para el país, pero beneficiosos para ellos, pues ganan oxígeno y capacidad de maniobra.

    Urge, pues, un liderazgo y una sociedad que sean capaces de ver más allá de unas elecciones que no cambian nada y se apunten hacia el verdadero cambio que tendrá como resultado final unas elecciones que sellarán la derrota del régimen, a través de un proceso transparente y libre. Este es el momento de dejar las distracciones de lado. No se trata de candidaturas vacías ni de falsos diálogos; se trata de entender el sufrimiento de la gente y la agonía de un país. Se trata de entender que mientras sigamos con este régimen, tendremos elecciones, pero nunca cambio; mientras que si los cambiamos a ellos, tendremos elecciones, espacios y todo lo que este país merece para avanzar.

    Es el momento de aglutinar a todas las fuerzas nacionales e internacionales que entienden el riesgo de que el régimen permanezca en el poder, convirtiéndolas en un factor aún más decisivo de presión y que traiga como consecuencia un proceso de negociación serio, con actores y mediadores confiables, con una agenda clara y con garantías para todas las partes, a los fines de que el país se enrumbe hacia una transición cuyo sello de cierre deben ser unas elecciones libres, transparentes y para todos.

    No nos dejemos engañar. Quienes con unas elecciones regionales nos están ofreciendo que no se irá más gente, que no habrá crisis humanitaria y que el sufrimiento cesará, nos mienten. Y lo hacen no porque no puedan ganar, sino porque todos sabemos que eso sólo será posible si primero cambiamos al régimen. Tampoco creamos a quienes nos digan que si no votamos, no existimos, pues los chantajes, como las mentiras, siempre terminan generando frustraciones.

    Necesitamos a líderes y ciudadanos que juntos nos reconozcamos y nos digamos, con sinceridad y viéndonos a los ojos, que lo que vienen son momentos difíciles de lucha, de más sacrificio y de mucho más dolor, pero que juntos, unidos y con claridad en el objetivo de salir del régimen, sin distracciones, haremos que todo valga la pena. Quienes nos prometen soluciones fáciles, saben que lo único fácil es hacernos creer eso. Necesitamos más verdad y menos jingles de campaña.

    Entendámoslo: el país no va a cambiar con unas elecciones regionales, pase lo que pase. El país va a cambiar sólo cuando decidamos cambiar al régimen. Enfrentamos a un régimen mafioso y recuperar a Venezuela será una labor titánica, pero que lograremos si entendemos la magnitud de ese desafío histórico.

    Es la hora de la verdad; de hablar con la verdad. No será fácil.

  • Nuestra economía – Por Miguel Velarde

    Nuestra economía – Por Miguel Velarde

    Si algo hemos aprendido en estos años es que por muy mal que estén las cosas, siempre pueden estar peor

    En los últimos meses, especialmente desde que las protestas ciudadanas se extendieron por más de cuatro meses, toda nuestra atención estuvo concentrada en la crisis política que atraviesa el país. Mientras tanto, una quizá más profunda, continuó profundizándose de manera acelerada: la económica.

    Los síntomas de la crítica situación financiera y económica venezolana se vienen manifestando contundentemente desde hace tiempo. La inflación sigue siendo, como desde hace 5 años, la más alta del mundo; este año se pronostica que se acercaría al 1.000%. Solo como referencia, el segundo país con la inflación más alta de la región es Argentina: alrededor del 20%.

    La escasez también sigue haciendo miserable la vida de los ciudadanos. No importa si son los alimentos básicos, medicinas, o repuestos. Por donde se mire los productos son escasos o impagables.

    Incluso, como si nos faltara ironía, el país con las reservas petroleras más grandes del mundo también sufre la falta de gasolina. En los últimos días se pudo saber que en diferentes estados del país largas colas de automóviles esperaban poder llenar sus tanque.

    Otro hecho difícil de explicar es que no se encuentra dinero. En coyunturas como las que el país atraviesa, lo normal es ver a la gente con muchos billetes porque estos no valen nada. Sin embargo, también existe dificultades en conseguirlos, debido a las restricciones impuestas por el gobierno al sector bancario para la entrega de dinero en efectivo. Todo esto con el objetivo de disminuir la liquidez monetaria y, con esto, desacelerar la inflación. Es decir: solucionar el problema generado por los controles -de cambio y de precios- con más controles. Demás está decir que no lo logran.

    Este último, quizá, es el peor de los síntomas de la crisis económica que vivimos: la pérdida del poder adquisitivo. A pesar de sus permanentes incrementos –cinco en lo que va del año- el salario mínimo sigue siendo uno de los más bajos de la región: menos de 15 dólares mensuales en términos reales.

    Lo más preocupante es que con cada nueva medida que adopta el gobierno, los problemas solo empeoran. Hay quienes afirman que se debe a que no tienen la menor idea de lo que se debe hacer. Hay otros que, por el contrario, creen que ellos no solo saben lo que hacen, sino que tienen un propósito claro desde hace años: la destrucción del sistema productivo, la desaparición de la empresa privada y, con ello, el control total de la economía. No importa cuan destruida esté.

    Si algo hemos aprendido en estos años es que por muy mal que estén las cosas, siempre pueden estar peor. El gobierno ha adoptado, como política, ignorar la realidad, mientras ésta asfixia a millones de venezolanos.

    La única manera de solucionar el desastre económico es con un cambio estructural del modelo, que comience por levantar los controles, garantizar la seguridad jurídica para la inversión local y extranjera y promover el libre mercado.  

    Mientras eso no ocurra, seguiremos teniendo la inflación más alta del mundo, niveles de escasez de un país en guerra, una moneda que no vale nada y miles de venezolanos comiendo de la basura.

  • Y eso de la libertad, ¿de qué va?- Por Nataly Sánchez

    Y eso de la libertad, ¿de qué va?- Por Nataly Sánchez

    Ante la imposibilidad de hacer caso omiso a la situación del país, no podría dejar de abordar esa palabra que usted probablemente ha escuchado en manifestaciones, entrevistas, debates o que ha leído en libros. De manera puntual me refiero a la libertad, que aunque pareciera conocida y omnipresente, aun en su multiplicidad de conceptos en siglos de existencia, admite tantas posibilidades que mientras más se profundizan, más desconciertan. Pongamos por caso, si bien es cierto que yo tengo libertad porque otros no están ejerciendo completamente sus libertades y, las personas a su alrededor disfrutan de la libertad porque usted cede en parte las suyas, hace menester aclarar que la misma no es un juego de suma-cero (unos ganan y otros pierden), el hecho de que yo tenga libertad no depende de que usted tenga menos ni viceversa, dado que esta también comporta ciertas limitaciones necesarias para su dinámica en sociedad. Entonces, seguramente se debe estar preguntando: pero, ¿eso de qué va? Pues, a eso vamos.

    Indudablemente la historia del mundo ha sido la historia de la libertad, a pesar de que esta haya sido desplazada tantas veces por otras causas. Sin embargo, no fue sino hasta Isaiah Berlin en Dos Conceptos de Libertad que se manifiesta el discernimiento más conocido entre dos de sus dimensiones: la libertad negativa y la libertad positiva. Por consiguiente, el debate gira en torno en cómo se entiende la misma.

    Por lo que se refiere a la libertad como positiva, reside en su sentido clásico, aunque abstracto, del deseo del individuo de ser su propio dueño, movido por razones y propósitos conscientes y, no por la voluntad de otros hombres, así como también debe considerarse a la libertad como negativa, como un elemento físico con el que el Hombre es libre de coacción y se mueve sin obstáculos.

    Como para avanzar a veces es necesario retroceder, en este punto la historia será nuestra guía. Sirva de ejemplo, a lo largo de los años la evolución y la cultura de supervivencia que surgió de las sociedades arcaicas logró la realización de individuos que desarrollaron una sagacidad en sus sentidos, lo que les permitió captar los variopintos indicios y acontecimientos de su ambiente natural; con aptitudes manuales, se convierten en expertos en el arte de manejar sus armas para la caza, la defensa y elaborar sus asentamientos, aunado a una capacidad de transformación y de movimiento intrínseca que, pasando desde el salvajismo hasta los principios de la construcción de la civilización, abrió oportunidades para el desarrollo de nuevos estadios, comprendidos por la racionalidad y la comunicación. De esta manera, pudieron comprender más óptimamente su entorno y entrar a procesos deliberativos que les permitirán las mejores estimaciones que le sean posibles a fines de satisfacer sus deseos y, por supuesto, conservar su especie.

    Por consiguiente, lo primero a tomar en cuenta por el individuo ha de ser la confrontación primigenia en la que se halla comprometido con todo lo que no sea él mismo: la realidad natural y los otros individuos. De modo que, el elemento que irremediablemente constituye la base del surgimiento de la sociedad es la consideración de la libertad del hombre en un estado natural, quien decide construir voluntariamente un artífice que se cimente en las leyes racionales y ya no naturales, que rigen a todos sus miembros que no viven más que por sus instintos.

    Por tanto, constituir una sociedad conlleva un amplio y complejo proceso de concertación y sobre todo de voluntad, esto último en vista del requerimiento de que cada individuo sacrifique algo de su parte, a saber, unos derechos que posee en estado de naturaleza y a los que renuncia –o cede– para que la sociedad pueda conformarse. De allí que, el estado de naturaleza constituya un recurso heurístico para explicar cómo y por qué un conjunto de individuos con igualdad de derechos, otorga su aprobación a una autoridad que resulta de un acuerdo contractual.

    Hobbes, desde su perspectiva, es enfático al señalar una naturaleza de homo homini lupus¹, ante un ser humano que aspira al máximo de libertad incluso si eso significa violentar la libertad ajena, lo que hace imperativo un estado de consentimiento orientado a salvaguardar la vida y preservar la paz. Locke, por otro lado, afirma que la incertidumbre y el riesgo de la vida y la propiedad, en un estado de naturaleza, más no de guerra, marcado por la espontaneidad, hace una necesidad el consentimiento para instaurar un estado limitado que evite los perjuicios del ejercicio de la autoridad y las desviaciones a las que puede conducir la justicia privada, porque es precisamente para evitar el estado de guerra que nace la sociedad civil.

    Dicho lo anterior, la pregunta recurrente será la siguiente: ¿Se ve cercenada la libertad del hombre que entra a formar parte de una sociedad? Se puede finiquitar que, es común y hasta cierto punto comprensible que un conjunto significativo de personas puedan creer que la ley es contraria a la libertad, que limita la libertad de los individuos a cambio de asegurar una convivencia tranquila y pacífica. Desde otro punto de vista, un autor como Locke indica que no se trata de que la ley limite las libertades, sino que las permita y las haga posibles y, así en el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil expresa que:

    “la finalidad de la ley no es suprimir o restringir la libertad, sino preservarla y expandirla; pues, en todas las especies de criaturas susceptibles de ser regidas por leyes, donde no hay ley, no hay libertad .La libertad consiste en estar exento de coerción y de violencia por parte de terceros, lo que no es posible donde no hay ninguna ley”. (p.75)

    Por esta razón, el tema de las leyes va estrechamente relacionado al término de autoridad que muchas veces suele ser polémico sobre lo que representa o, dicho de otro modo, sobre su percepción. Por razones prácticas, los derechos tipificados en la ley, consagran las libertades. Gracias a que tengo derechos, sé cuáles son mis libertades y que soy libre para ejercerlas. La autoridad será la encargada de canalizar el cumplimiento de dicho marco legal garantizando orden, porque la autoridad, en término, se asocia al crecimiento, a la construcción, esta no conlleva violencia, persuasión ni mucho menos dominación. Por ello, se dice que ante la pérdida de autoridad y descrédito, el poder se disfrazaría de autoridad, con el fin de dar una imagen menos arbitraria o de recabar más prestigio, como la auctoritas que concebían los romanos.

    Conforme a todo lo planteado, los individuos transforman su libertad al suscribirse a un pacto social ante la necesidad racional de una forma de organización social en la que se pueda conservar de modo seguro los derechos inherentes a la humanidad. Es por esto que, el estado es y debe ser el primer garante de las leyes y su complimiento, pero cuando comienza a transgredirse la ley y las instituciones –siendo estas la garantía de que los acuerdos son reales y objetivos– y cuando la legitimidad se disuelve entre los pliegues del poder, desmesurado y difuso, se degenera el pacto. En consecuencia, se abren espacios de anomia social y política, resultando una regresión hacia el estado de naturaleza. Ergo, la libertad y la autoridad se necesitan para hacerse contrapeso estructural, coexisten y comparten una dinámica creadora y regulatoria para la vida en sociedad bajo el esquema de individuos responsables de sus acciones y decisiones y, un estado al servicio, no dueño. La libertad es inherente a nuestra humanidad y es uno de nuestros derechos fundamentales. No se debe temer a la misma, porque esta en sus virtudes lleva implícito el concepto de sus límites; ya no es libre quien hace cuanto quiere sino quien elige obrar conforme a sus propias leyes.

     

    1 Locución latina de significado: «el hombre es un lobo para el hombre». Creada por el comediógrafo latino Plauto (254-184 a. C.) en su obra Asinaria, pero popularizada por Thomas Hobbes.

  • Harvey, Irma y Nicolás – Por Williams Caballero

    Harvey, Irma y Nicolás – Por Williams Caballero

    Primero fue el huracán Harvey que azotó el estado de Texas en los Estados Unidos de Norteamérica, su rastro fue desolador y catastrófico. Poblaciones bajo las aguas, familias enteras que los perdieron todo. Angustia, dolor y desesperación. Este es un breve resumen de lo que pasó en aquellas tierras.

    El régimen venezolano, con el propósito de ganar pleitesía con los gringos, fue solícito a enviar dinero para la reconstrucción de aquella entidad federal de los americanos del norte.

    Harvey fue un mal momento para los habitantes del sur de los EEUU, pero no conforme con eso, semanas después llegó Irma a las costas de la Florida. Este segundo huracán fue aún más devastador, desde muchos días antes de su arribo tuvo en vilo a toda la población de aquel estado.

    Harvey e Irma llegaron con furia a golpear a los norteamericanos, pero ninguno de los dos, y tampoco juntos, hubiesen sido tan poderosos como el huracán “Nicolás” que flagela a los venezolanos.

    Nicolás Maduro es un ciclón que aniquiló con la comida de los venezolanos, destruyó la economía, arrasó con la tranquilidad de las familias de nuestro país. El huracán “Nicolás” aumentó los efectos de 18 años de desastre político, social y económico ocasionado por la mentada revolución.

    Cualquiera en su sano juicio preferiría dos horas de huracán normal, se llame Harvey, Irma, José o cualquier otra denominación, a dos décadas de un socialismo que convirtió al país más rico de Latinoamérica en un país de mendigos, raquíticos y exiliados.

    Los venezolanos hemos sufrido por un modelo socio-económico que pulverizó el aparato productivo del país, generando la escasez de alimentos y de otros rubros; esta tesis política aniquiló el campo como ente generador de riquezas, el turismo, y demás industrias privadas.

    Nicolás Maduro es el nivel más feroz de un fenómeno político que ha hundido a Venezuela en un lodo de problemas, en mortalidad infantil, en desnutrición, en desempleo, en todo tipo de dolencias económicas.

    Los venezolanos tienen hambre mientras en Miraflores envían aviones cargados de alimentos a las islas del Caribe como San Martín, Antigua y Barbuda, Las Bermudas, y sobre todo la isla de Cuba.

    Mientras se escasean, aquí en Puerto La Cruz, Lechería y Barcelona, la gasolina de 95 octanos, Maduro dona combustibles a otros países. La indolencia del régimen venezolano no tiene límites de desfachatez. Rompe sus propios records.

    Venezuela se encuentra asolada por la política que, primero Hugo Chávez, y ahora Nicolás Maduro han desarrollado.

    Frente a esto, todos tenemos que mantenernos en estado de alerta y luchando por el rescate de la nación. ¡Calle, organización y más calle! Este es el reto y la estrategia.

  • Las hache que nos dejó Hugo – Por Williams Caballero López

    Las hache que nos dejó Hugo – Por Williams Caballero López

    El extinto jefe de Estado, Hugo Chávez, nos dejó de legado un caos que se viene agudizando con el paso del tiempo y por la medida de los errores tradicionales, más unos nuevos, que ejecuta Nicolás Maduro.

    Entre la herencia de Hugo se encuentran las hache, sí las mismas que escribimos aunque sean mudas.

    Pero las haches de Hugo no sólo hablan, sino que gritan y gruñen de una forma ensordecedora. Este es el caso de la primera de ellas: Hambre.

    El hambre que nos ha dejado este modelo económico se extiende por todos los rincones de Venezuela, afecta a propios y extraños, a viejos y jóvenes.

    La desnutrición se desarrolla por doquier; la muerte de niños neonatos es costumbre, las mujeres embarazadas presentan problemas de toda índole por la carencia de una alimentación óptima.

    El hambre no es una cuestión poca importancia. Cada vez son más los venezolanos que se adelgazan drástica y peligrosamente ante la arremetida de un flagelo que aumenta en la misma magnitud que lo hace la inflación y el sectarismo del régimen.

    Y no contentos con esto, Maduro y su gente juega con la necesidad de los venezolanos, y hasta hacen un negocio de la hambruna que azota a nuestros ciudadanos.

    La invención de los Clap no fue otra cosa que otro método para mantenernos sometidos, de implementar un “bozal de arepa”, pero de nuevo cuño: más lastimero y cruel.

    La otra de las haches que el finado nos dejó fue: Humillación.

    Una está emparentada con la otra: el hambre conduce a que miles de venezolanos se humillen ante la venta de comida, para evitar que la represalia de los enchufados sea sacarlos de la lista de beneficiarios de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción.

    El régimen humilla a la sociedad cuando dicta sentencias atroces, cuando se burlan de la gente anunciando resultados electorales fantasmas, cuando mienten de forma descarada.

    Humilla a los trabajadores públicos que presionan para que acudan a las marchas o cualquier otra iniciativa que inventen en los laboratorios políticos de la dictadura.

    Someten a la humillación a ese venezolano que  es perseguido, acosado e intimidado por los grupos de choque que controlan y que hacen de las suyas a costilla de los más desarmados e inocentes ciudadanos de los sectores del Este de Caracas.

    Hambre y humillación. Esta son dos de las joyas que el socialismo nos ha dejado en nuestro país, este es parte del resultado de 18 años de descomposición institucional y aniquilamiento de las libertades de los ciudadanos.

    Frente a esto, los venezolanos tenemos que resistir. Ante esta lamentable situación cada uno de nosotros tenemos que luchar y cambiar el modelo que nos asfixia.

    @wcaballerolopez

  • Un vil chantaje – Por Gabriel González

    Un vil chantaje – Por Gabriel González

    Tras más de cien días de protestas antigubernamentales en Caracas, nadie podía imaginar que se consiguiera “enfriar” la calle con algo distinto a la salida del régimen de Maduro del poder; los venezolanos seguían firmes en la calle, el chavismo se desmoronaba a la vista de todos, la comunidad internacional comenzaba a actuar y la Fuerza Armada Nacional se veía más dividida cada día.

    Para los opositores, no era ajena la traición de sus propios líderes, ya había sucedido en 2014 con aquel circo dantesco, cuya carpa fue instalada en Miraflores junto a los detractores de “La salida” que había sido convocada por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López. Justo cuando comenzaba a acumularse una fuerza ciudadana en las calles del país, iniciaron un supuesto diálogo que “evitaría el derramamiento de sangre y solucionaría los problemas” ¿Resultados? Más muertos, más violencia y más tiempo para el régimen.

    Lo mismo sucedió en el 2016 con otra supuesta mesa de diálogo, que puso fin a las multitudinarias protestas de calle que se dieron luego de que el Consejo Nacional Electoral de la dictadura negara la realización del constitucional Referendo Revocatorio, método propuesto por la Mesa de la Unidad Democrática como ruta para La Salida de Nicolás Maduro del poder.

    Pero en 2017 parecía distinto. Esta vez había una oposición cohesionada con un solo fin –o eso nos hicieron creer-: La Salida inmediata de la dictadura. Sin titubeos hicieron un llamado a protestar en las calles, incluso quienes tradicionalmente habían sido detractores de este método.

    Autopistas repletas de ciudadanos al grito de “¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad!”. Ahí estaba el presente y futuro del país, con cada bomba que era devuelta iban sueños, y con cada caído más razones. Empleados públicos pusieron en riesgo sus trabajos y los jóvenes sus vidas; pero no importaba, la libertad lo valía…

    Y una vez más la sociedad fue traicionada, esta vez, a cambio de unas elecciones regionales sin fecha, sin condiciones y dirigidas por la ilegítima y macabra Asamblea Nacional Constituyente desconocida por, al menos, cuarenta países del mundo.

    Hoy, quieren llevar a los ciudadanos al dilema de votar o no, pero ya eso no importa. La responsabilidad de no legitimar al régimen y su constituyente era de los líderes, no de los ciudadanos. Pretender jugar con la tradición democrática de los venezolanos, pero Venezuela entera entendió que es un chantaje. Es el mismo cuento, pero con otro actor.

    Tampoco es verdad que no participar en esas designaciones -porque no son elecciones- sea ceder espacios. De eso ya saben mucho estos “dirigentes” que cedieron los diputados de Amazonas, cediendo con ello la mayoría calificada de la Asamblea Nacional, esos que cedieron el Palacio Federal Legislativo; y cedieron lo más valioso, la calle.

    Ya Venezuela no cae en su vil chantaje porque los reconoce, los señala y los aísla.

    ¡Se quedaron solos!

    @ismaelgabriel22

  • No hay política militar – Por Luis Barragán

    No hay política militar – Por Luis Barragán

    En un sentido, hay política militar con la inevitable conducción jerárquica que explica a la corporación, orientándola en el desarrollo de sus posibilidades operativas, y, por otro lado, no la hay, con la ausencia de un reconocido contrapeso institucional, capaz de ejercer el control de una política pública debidamente contextualizada. La propia inexistencia de un régimen de convincentes libertades públicas, acentúa la autosuficiencia de la Fuerza Armada que, en la práctica, deviene partido político y, en principio,  adhiere al de su Comandante en Jefe, civil para más señas, para luego subordinarlo, como ocurre con el llamado Estado Cuartel.

    En el presente siglo, es evidente la involución de las relaciones civiles–militares, pues, siendo el caso, conocimos de un pretorianismo atenuado, décadas atrás, con el papel desempeñado por el entonces Congreso de la República y sus comisiones permanentes de defensa.  Más allá de la aprobación de los ascensos de la oficialidad superior, bajo la responsabilidad del senado, incluyendo a los diputados incursionaba en distintos campos, como el presupuestario, el programa de adquisiciones, el mantenimiento de los equipos y dispositivos,  como la propia formulación de una política de seguridad y defensa, probablemente sin la suficiencia y eficiencia que era de esperar, temerosos de la polémica pública.

    Valga la paradoja, las Fuerzas Armadas Nacionales derrotaron la consabida insurrección de la década de los sesenta del XX, para luego entenderse con quienes antes las habían combatido, trastocados en parlamentarios tras la exitosa política de pacificación. En días pasados, hurgando entre las viejas fotografías que reordenaban en la biblioteca de la Asamblea Nacional, hallamos -por ejemplo- una significativa pieza en la que también el diputado Radamés Larrazábal, prominente dirigente del PCV, visitaba uno de los submarinos de la Armada venezolana.

    La señalada circunstancia, no tiene equivalente en la presente centuria, pues, en el anterior mandato legislativo, la Comisión de Defensa fue de exclusivo desempeño del oficialismo, siendo la oposición una convidada de piedra. De acuerdo a la vigente Constitución, los ascensos militares son de exclusiva competencia presidencial, quedando la citada Comisión para procesar los proyectos de leyes de interés para la Fuerza Armada, diligencia facilitada por los militares retirados que la presidieron, vedados cualesquiera otros de los aspectos de una política militar que lo es, en la medida que haya interlocución, contradicción y real superación de las diferencias.

    Muy atrás quedan los debates parlamentarios que, directa o indirectamente, involucraban a la institución castrense, a propósito de los ascensos, las municiones yugoeslavas o los tanques AMX que, además, ventilaban libremente los medios de comunicación, pues, la opacidad es hoy una de las características fundamentales de las compras militares que acercan a Venezuela a los peores casos del planeta. Sin contrapeso institucional o control parlamentario, no hay política militar, sino el mantenimiento y  despliegue operacional del partido en el que inexorablemente se convierte.

    @LuisBarraganJ

  • La ética en la política – Por Miguel Velarde

    La ética en la política – Por Miguel Velarde

    En cualquier aspecto de la vida no puede faltar una gran dosis de principios

    En las últimas semanas el país ha visto una clara fractura en su dirigencia opositora. La mayoría de partidos y líderes políticos de la MUD ha optado por participar en unas elecciones regionales en las mismas condiciones que han denunciado como fraudulentas desde hace tiempo. Cuando se escriben estas líneas, no existe una fecha confirmada para esta cita electoral, pero sí muchos indicios que nos llevan a pensar que, de darse, se hará en condiciones absolutamente desiguales.

    Otro sector, minoritario en el mundo político pero que parece representar a la mayoría de la ciudadanía, ha advertido que este es un error que no solamente desmoviliza y desmoraliza a la gente que se había mantenido firme en las calles durante más de cuatro meses, sino que, peor aún, legitima una Asamblea Constituyente a través de un proceso sumiso a ella.

    Esta nueva ruptura en la dirigencia opositora ha hecho que se califique al sector que participará de este proceso electoral como “pragmático” y al que piensa que hacerlo es un error como “ético”, una diferenciación que puede tener sustento pero que necesita ser profundizada.

    El primer mito que debe desmontarse es aquel que asegura que “no se llega al poder con ética”. Este pensamiento, además de cínico, es equivocado. Sin duda, nadie es suficientemente ingenuo como para no saber que el terreno político es sucio y complejo.

    Sin embargo, ni en la política ni en nada que uno haga en la vida, se puede subestimar el valor de la ética. Es la variable principal que permite no perder el norte mientras se recorre el camino y mantener siempre presentes los motivos por los que se ha comenzado a transitar.

    Un ejemplo que sirve para ilustrar esto es lo que ha ocurrido con la MUD en las últimas semanas. Su cortoplacismo ha hecho que no se resistan a la posibilidad de obtener migajas en unas elecciones regionales a pesar de que, con eso, sabían que iba a pasar lo que en efecto ocurrió: desconectarse de la gente e incluso crear grietas en sus propios partidos.

    Es tan grande la consciencia de la sociedad sobre el momento que atravesamos, que no es solamente la opinión pública la que se decanta por no ser parte de un circo electoral que legitimará un proceso fraudulento, sino que incluso importantes dirigentes de algunos partidos y parte importante de sus bases también han manifestado su disconformidad con esta decisión.

    Es que, en la política, como en  la vida, no puede faltar una gran dosis de principios. Es posible que tengan razón quienes afirman que solo con ética no se llega al poder, pero también es cierto que al poder no se puede llegar sin ésta. Porque si eso ocurre, después el poder se ejerce sin valores, y ocurre lo que vivimos desde hace casi 20 años.

    Esto no nos puede volver a pasar. Nunca más. Por eso, es que nuestra generación tiene la obligación de rescatar la ética en la política.

  • Nuestra generación no claudica ante la tiranía – Por Juan Freites

    Nuestra generación no claudica ante la tiranía – Por Juan Freites

    Pocas generaciones, como la del 28, por ejemplo, tienen el enorme reto de conquistar la libertad para su generación y para las que aún no han nacido. Ese es el mayor de los desafíos de esta impetuosa juventud venezolana: que muchos no han conocido lo que es vivir en democracia y mucho menos en prosperidad, y aun así lo han entregado todo por derrotar la dictadura y conquistar la libertad. Son millones de jóvenes con sueños, anhelos, metas, objetivos claros de vida y uno de ellos es ser libres, solo en libertad es que lograrán ver materializado todos sus deseos.
    Hoy los venezolanos no tenemos casi nada: no hoy libertad, oportunidades para prosperar y ni siquiera república. Es duro, pero es la verdad nos han despojado de casi todo, menos de las ganas de avanzar en la ruta de la libertad. Una ruta que millones de venezolanos hicieron suya y juntos en las calles de todo el país se rebelaron contra de una tiranía vil y asesina. El régimen estaba acorralado y desesperado por mantenerse en el poder porque saben que habrá justicia para los venezolanos y pagarán por todos los crímenes cometidos. Ante eso, la inmensa reserva moral que tiene la juventud del 2017 nos obliga a consagrarnos en la lucha de la libertad de millones de ciudadanos que aún no nacen y que, depende de lo que hagamos hoy, nacerán en un país libre que les garantice desarrollarse y prosperar libremente.
    Cientos no murieron en vano, murieron defendiendo la república. Fueron asesinados por quienes hoy mantienen el poder en contra de la inmensa voluntad del pueblo venezolano. Esos venezolanos que con sangre libertaria sí saben cómo avanzar y conquistar la libertad tienen la obligación de salvar a Venezuela. No es primera vez que lo hacemos y por ello toda esta fuerza e infinitas ganas de vivir libres, de prosperar son los mayores motores que impulsan a no desfallecer, a seguir firmes sin quebrarse ni doblarse. La sociedad está esperando por una nueva fuerza ciudadana que tome las riendas de la acción política con ética, principios, transparencia y unidad de los ciudadanos avancemos de una buena vez hacia la libertad de nuestro país.

     

    Juan Freites