Etiqueta: opinión

  • TSJ vs. Revocatorio – Por Williams Caballero López

    TSJ vs. Revocatorio – Por Williams Caballero López

    A los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sólo le falta colocarse la capucha para que terminen de lucir como los verdaderos verdugos; ellos tienen el hacha alzada a punto de caer sobre el referendo revocatorio.

    Como verdugos su papel es hacer el trabajo sucio de sus jefes, quienes desde el palco del poder observan con afán grotesco y perturbador como sus encapuchados, trajeados con togas, decapitan la constitucionalidad y los derechos del pueblo.

    Los jueces no están obedeciendo al imperio de la ley, sino por el contrario están infringiendo las potestades de ésta y respondiendo a las apetencias políticas de los destructores que arrasaron con nuestra nación.

    Parece que tenemos al referendo revocatorio en el cadalso y ¿ahora qué hacer?

    Primero, los factores de la Unidad Democrática no puede caer en la desesperación política, y la ciudadanía, por su lado, no puede ser presa del desánimo o la apatía, si alguna de estos sentimiento se apoderan de uno o de otro, entonces será la victoria, como dice nuestro himno nacional, “del vil egoísmo”.

    Las organizaciones políticas que hacen vida dentro de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) tendrán que analizar las acciones políticas populares, administrativas e internacionales para la materialización de la consulta ciudadana.

    Los venezolanos, por su lado, tienen que responder con sobriedad y confianza que su dirigencia los defenderá y que luchará para que la verdad y la democracia triunfen por encima de todos los obstáculos que han puesto en la vía el régimen de Maduro.

    Si el TSJ arremete contra el referendo revocatorio “asesinándolo”, como bien lo dijese Henry Ramos Allup, entonces los demócratas tendremos que responder a través de las vías constitucionales necesarias para hacer respetar la soberanía popular.

    Aquí quienes se encuentran en el coroto se olvidaron que la soberanía reside solamente el pueblo, quien la ejerce a través de su voto, aunque no exclusivamente mediante este sistema. La movilización democrática, pacífica y constitucional, es otra vía para que el venezolano de a pie ejerce sus derechos y demuestra su potestad soberana.

    Lo que sí debe quedar muy en claro, es que haga lo que haga el TSJ para retrasar, impedir, sabotear o enrarecer la materialización del revocatorio, se encontrarán con una Unidad monolítica, convergente, activa y decidida que les harán frente en todos los escenarios. Porque de algo pueden estar más que seguros en Miraflores, nosotros no nos rendiremos.

    Sea a través del referendo o no, mediante la presencia popular en las calles, mediante el desconocimiento, o utilizando cualquier otra vía que nos permita el carácter democrático de nuestras organizaciones, y la constitucionalidad que nosotros sí respetamos, más pronto que tarde el gobierno de Nicolás Maduro llegará a su final.

    El régimen tocó fondo y con ellos la nación entera, la diferencia está en que ellos quieren seguir bajando y el pueblo quiere resurgir, salir a flote, renacer para forjar una nueva Venezuela.

    Si atentan contra el revocatorio, entonces nosotros responderemos con más fuerza, con más organización y con más fe en la democratización nacional y el cambio de sistema.

    @wcaballerolopez

  • Anacoco – Por Luis Barragán

    Anacoco – Por Luis Barragán

    Medio siglo atrás, ocupamos soberanamente la Isla de Anacoco, ubicada al norte de la confluencia de los ríos Cuyuní y Venamo, en territorio venezolano del Esequibo. Difíciles circunstancias – aún ulteriores – explican un evento que ojalá, al menos,  sea conmemorado oficialmente por la Asamblea Nacional,  luego de plantear el proyecto de Acuerdo alusivo, redactado por cinco entidades de la sociedad civil,  interesadas y especializadas en la materia.

    Por lo pronto, deseamos hacer tres rápidas referencias, pues, por una parte, la nuestra no es una manía ultranacionalista, ciega y fanática, orientada a la destrucción del vecino país: no deseamos perder nuestra propia casa, ni pretendemos tomar la ajena. Reconocidos nuestros justos, fundados, legítimos e históricos derechos, larga y  pacientemente planteados, el pueblo guyanés podrá también beneficiarse del adecuado aprovechamiento del territorio hoy en disputa, en el marco del inevitable proceso de integración regional.

    Valga recordar, por otra parte, la ocupación soberana del día 12 de octubre de 1966, expresión de una Política de Estado que naturalmente supo de un abierto debate parlamentario, comprometió a las Fuerzas Armadas Nacionales, al ministerio de Obras Públicas y a los más diversos despachos que, en tiempo razonable, materializaron el propósito. Gracias a las diligencias de Jorge Fuguet, ahora sabemos que el entonces teniente Ramón Sánchez Romero, fue el primer oficial en ocupar efectivamente la isla, callando por varias décadas dada su inmensa modestia, como tuvimos ocasión de comprobar.

    Finalmente, luce necesario subrayar que la ocupación y atención al problema, no paralizó al gobierno venezolano de entonces que, como todo gobierno que se repute de tal, ha de asumir la simultánea complejidad de sus tareas en campos muy diferentes y hasta contradictorios. A sabiendas de su monótona simplicidad, resulta francamente inimaginable que el gobierno de Maduro Moros pueda asumir tareas semejantes y, encima de todo, deba como le ocurrió al de Leoni, afrontar un bombazo terrorista en la Universidad Central, inaugurar obras, lidiar con las interpelaciones de los congresistas o encarar un alzamiento en Ramo Verde, como normalmente lo hizo el de Leoni sin lloriqueo alguno.

    Por cierto, tres años atrás, un nutrido grupo de parlamentarios y dirigentes políticos, organizado por María Corina Machado, pisó Anacoco: no permitieron que visitásemos las instalaciones militares, pero hicimos algo que ni siquiera se les ocurrió posteriormente replicar a los cómodos diputados del oficialismo: Lo peor, tampoco quisieron debatir sobre la materia.

    @LuisBarraganJ

  • ¿Modelo fracasado o plan macabro? – Por Andrés Colina Ávila

    ¿Modelo fracasado o plan macabro? – Por Andrés Colina Ávila

    Las líneas que siguen nacen de la reflexión, pero ávidamente buscan transformarse en acción.

    En muchas ocasiones me he preguntado si lo que vivimos los venezolanos serán las consecuencias de un modelo fracasado o el éxito de un plan macabro. En respuesta, solo hace falta hacer un poco de retrospectiva y visualizar la instauración de diversos controles y mecanismos de opresión a lo largo de estos 17 años de revolución, para entender que, cada acto, cada intervención, cada control del estado en los temas económicos e incluso sociales buscaban hacernos más pobres, más débiles, más dependientes, y por efecto también manipulables.

    El control de cambio, por ejemplo, uno de los primeros controles restrictivos impuestos por la revolución para dominar a los sectores económicos del país, y por efecto también a los venezolanos, dio el poder al gobierno de controlar todo aquello que ingresa o deja de ingresar a nuestro país, a quien le llega y a quien no, definiendo como debe usarse y como no, desde el otorgamiento de materia prima requerida por los industriales para producir, o el papel periódico que necesitan los medios impresos y que usa el régimen como  forma para coartar la libertad de expresión, incluso la literatura a la cual podemos tener acceso, y aunque parezca accidental, también quienes pueden adquirir ciertos alimentos y quién no. Se han hecho innumerables esfuerzos para desarticular la producción nacional, y el poder adquisitivo de los venezolanos, por mencionar solo algunos me refiero a los aumentos de sueldos y controles de precios, exacerbando de esta forma la escasez, la inflación y el desempleo en favor del proyecto totalitario.

    Visto así, debemos entender que los meses que quedan del 2016 son cruciales para la definición del futuro de nuestro país, los venezolanos tenemos que asumir una responsabilidad con nosotros mismos, con nuestros hijos y con el devenir de nuestro país. Lo que hagamos o dejemos de hacer tendrá repercusiones en el corto, mediano y largo plazo. Me refiero a los efectos que pudiera tener la instauración de una dictadura que además de coartar nuestras libertades individuales y económicas, también deteriora nuestras vidas y la de nuestros niños.

    En este sentido, la desobediencia cívica se va convirtiendo en el único camino posible para la superación de esta crisis.  Frente al panorama de la recolección de manifestación de voluntades, voluntades de libertad, de cambio, de desarrollo y de prosperidad. Debemos recolectar al menos el 20% del Padrón Electoral inscrito en el CNE, en condiciones muy adversas. Sin embargo, debemos asumir esto como un reto y como una forma de rebelarnos en contra de este proyecto de hambre y de dominación. Sé que los venezolanos estamos sedientos de cambio, cambio que debe producirse en 2016. Sin duda alguna, la presión que debemos ejercer para que este año tenga lugar un Referendo Revocatorio debe partir de nuestras propias convicciones y de nuestra propia fuerza, imponiendo la voluntad de todo un país y desplazando a la cúpula del régimen.

    De cualquier manera, para que se produzca el cambio político este año es necesario que los venezolanos así lo exijamos, debemos alzar nuestra voz para que nuestro clamor de cambio retumbe en cada rincón de Venezuela, derribando así la mordaza que con miedo y hambre la dictadura nos ha querido imponer.

    @AndresColina

  • Incluso, expatriados en su propia patria – Por Luis Barragán

    Incluso, expatriados en su propia patria – Por Luis Barragán

    Caso inédito en toda nuestra historia republicano, el régimen prácticamente ha expulsado a miles de venezolanos que, naturalmente,  buscan la supervivencia que poca o ninguna garantía encuentra en suelo venezolano. Faltando poco, en lugar de asumir tamaña responsabilidad, el gobierno los cubre de muy injustos denuestos y maldiciones.

    Años atrás, suscribimos una sentida nota sobre la novedad de la emigración, la cual tuvimos ocasión de renovar con motivo del reciente debate sobre la difícil situación de los venezolanos en el exterior. Jóvenes y ancianos, suman demasiadas dificultades porque no gozan de las  pensiones, ni de los recursos para el desempeño académico, mediando el CENCOEX que fue objeto de un riguroso examen por las diputadas Sonia Medina y Maribel Guédez, autoras de un sesudo informe que aprobó la plenaria de la Asamblea Nacional, incluso, despuntando una novedad de delitos que desafían al más concienzudo penalista del patio.

    El informe parlamentario busca solventar situaciones muy concretas, importándonos a todos la suerte del compatriota que también se encuentra dentro fuera del territorio físico venezolano, aunque siempre nos comprenderemos en un mismo, generoso  y amplio hábitat espiritual. Empero, la discusión asamblearia actualizó nuestra preocupación por las pretensiones del gobierno que desea, acá, descongestionar lo más pronto posible el descontento, la protesta, el firme testimonio de inconformidad, fragmentándolo, diluyéndolo, disolviéndolo por las mismas necesidades que apremian y dicen imponer su más rigurosa lógica.

    El régimen venezolano, emulando al par caribeño, a lo sumo desea que haya miles de venezolanos en el extranjero que envíen sus remesas a familiares y relacionados, subastando las angustias y el desconcierto. Le importa poco si regresan o no, saboteando aquellas condiciones necesarias y óptimas para propiciar el regreso, como la adopción de un distinto modelo y estrategia de desarrollo, a favor de ese otro e inmoral rentismo.

    Faltando poco, en el mismo suelo venezolano, hay connacionales a los que no cedula siquiera, desconociéndole sus más elementales derechos civiles, a pesar de los anuncios demagógicos que jamás Maduro Moros honra. Alrededor de 70 mil esequibanos – expatriados en su propia patria – urgen del básico documento de identificación, perfilándose así un drama que no cuenta con los grandes titulares de prensa.

    @LuisBarraganJ

  • Obedecer a nuestra conciencia- Por Pedro Urruchurtu

    Obedecer a nuestra conciencia- Por Pedro Urruchurtu

    No deja de sorprender la manera en que ajenos y propios tienden a descalificar a la desobediencia cívica con un “¿con qué se come eso?”. Ciertamente en nuestra Constitución existe el artículo 350, el cual está allí por razones aún confusas, que derivan de su propia ambigüedad y poca precisión a la hora de ser propuesto; pero creer que la desobediencia gira en torno a nuestra Constitución y no a una conducta de la sociedad oprimida aún consciente de ello y dispuesta a responder, es una forma muy vacía de oponerse a algo.

    Si algo aún sigue intacto en parte de la mentalidad de la sociedad venezolana es la figura del Estado paternal. Esa misma figura, alimentada por muchos que creen necesario mantenerla y que ha encontrado su soporte en el populismo y otros grandes vicios históricos, es la que de una forma u otra se convierte en un chantaje que apunta a la pasividad y obediencia del que da todo a los demás. Sí, se inculcó una especie de ritual y honor a ese “Estado papá” al que, como todo padre, nadie puede rebelarse o siquiera alzar la voz porque castiga. Así es como nuestros males se han podido mantener perennes en el discurso y acción política de muchos, derivando en clientelismo y pérdida de autonomía individual y conciencia sobre la acción de los gobiernos.

    Pero eso también provocó una ciudadanía pasiva, arrinconada a la mera agenda electoral, en la que la genuina expresión de todos exclusivamente es un voto –y eso no está mal–, pero nada más. Esa reducción de nuestros deberes ciudadanos –insisto, compensada con un populismo que lo único que nos enseñó fue a extender la mano para recibir– nos ha llevado a creer que hacer algo más que votar es un desafío a la autoridad y una especie de rebeldía que, además de condenada, debe ser castigada.

    De manera que hicieron de las personas solamente votos e hicieron de los derechos concesiones de buena conducta y no un ejercicio de coraje y conquista. Esa manera de correr la arruga y sumergirnos en la falsa idea de la prosperidad otorgada y no de la libertad consagrada por nosotros mismos –que es la que nos abre las puertas a todo lo demás– nos hizo aprender de la peor manera que confiarse de lo conquistado en el pasado no es garantía de su perdurabilidad si no se lucha todos los días.

    Y digo que aprendimos porque ya la gente hoy no aguanta más. El hambre, la miseria y el dolor de sufrir la peor crisis de todas, resumida en muerte, abandono y tristeza, ha hecho que la gente entienda la urgencia de cambiar las cosas cuanto antes. La gente está pidiendo más, quiere hacer más y quiere salir de este abismo en el que nos hunden día a día. Lo que es inaceptable es quienes conducen la alternativa democrática del país no lo entiendan –evadiéndolo o poniéndole otros nombres– y se desconecten de lo que ya es un clamor nacional.

    Desobedecer no es delinquir; tampoco es violencia o caos. Desobedecer es desafiar a quienes se creen dueños del poder absoluto, aún sostenidos por la nada, y hacerles entender que somos nosotros, presionándoles, quienes queremos que se vayan y que estamos dispuestos a lograrlo. Las mujeres de Ureña son un ejemplo de desobediencia, al traspasar las barreras militares para buscar comida para sus hijos. También es desobediencia que una comunidad como la de Villa Rosa haga correr y huir a un tirano con un utensilio que, en lugar de tener comida, lo que tiene es hambre y desesperación: una olla. De igual forma desobedecen los manifestantes que traspasan cordones de seguridad para seguir avanzando porque es su derecho protestar pacíficamente. Y así, hay muchas maneras de desafiar al poder, sin violencia pero con contundencia. Sin pasividad, pero con efectividad.

    Por ejemplo, si las trabas para hacer el Revocatorio con el Consejo Nacional Electoral (CNE) son cada vez más absurdas, demostrémosles que nosotros podemos organizarlo sin ellos. Estar en la calle, hacer presión y acompañar las demandas ciudadanas con una conducción coherente, sensata y valiente, pero sobre todo que hable con la verdad, es lo único que podrá hacer sentir al régimen que tienen que irse en 2016. Hay muchas formas de proceder, con contundencia, sin ser pasivos ni violentos, pero siempre firmes en nuestros valores y convicciones.

    Hacer lo correcto siempre será lo que dictamine nuestro proceder y en este caso no es precisamente ayudar a quienes destruyeron nuestro país para que salgan airosos. Como ya lo he dicho, la convicción moral es el único terreno en el que quienes gobiernan a Venezuela no pueden competir porque sencillamente todas sus acciones carecen de ello. Es momento de entender el momento que vivimos, de acompañar lo que la gente pide y quiere; es momento de alzar la voz y hacer lo que hay que hacer: obedecer a nuestra conciencia.

    @Urruchurtu

  • ¿Y ahora qué? – Por Miguel Velarde

    ¿Y ahora qué? – Por Miguel Velarde

    Una vez más, los venezolanos tienen más preguntas que certezas. El Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció las peores condiciones posibles para la próxima fase de recolección del 20% de firmas para activar el referendo revocatorio.

    No solamente se dispondrá de solo 5.392 máquinas cuando se habían solicitado más de 19 mil, se contará solo con 1.356 centros electorales de los más de cinco mil que se había pedido, se tendrá un horario reducido de solo 7 horas cada uno de los tres días de recolección, sino que, en clara violación a la Constitución, se deberá alcanzar el 20% en cada estado y no a nivel nacional. Algo que va contra toda lógica cuando el proceso es para revocar a una autoridad que fue electa en todo el país.

    Sin embargo, como tantas otras veces, el ente electoral jugó a favor del gobierno y puso a la oposición en un gran dilema: ¿se debe aceptar unas condiciones que, además de injustas, crea el ambiente para que ni siquiera se logre activar el revocatorio?

    En medio de este debate, estamos perdiendo el foco sobre lo verdaderamente importante que va más allá de las reglas: el CNE también anunció que de acuerdo a sus fechas, el referendo se realizaría “a mediados del primer trimestre del próximo año”. Eso quiere decir que, como varias veces lo hemos repetido, si el referendo es en 2017, es un fraude, porque incluso en caso de ganar la oposición, quien elige al próximo presidente es Nicolás Maduro, ya que se quedaría a terminar el mandato quién en ese momento esté ejerciendo como vicepresidente.

    No queda duda de que no solo la oposición, sino también la gran mayoría de la población, está en una encrucijada. Nuestra situación es incluso peor hoy debido a que, por inexplicables razones, la MUD decidió apostar todo al revocatorio, cuando a principios de año se había comprometido a trabajar en las cuatro vías constitucionales para lograr el cambio político: la renuncia, el referendo revocatorio, la enmienda y la Constituyente.

    Además, la reacción de la dirigencia opositora fue extremadamente lenta, declarándose en “sesión permanente” e informando que recién se anunciarán las acciones concretas a seguir esta semana, varios días después del anuncio del CNE y en una coyuntura en la que si algo nos es escaso, es el tiempo. Incluso da la sensación de que la MUD no estaba preparada para un escenario como éste. ¿Esperaban acaso algo diferente de este CNE?

    El camino que queda por delante es incierto, pero seguramente tendrá obstáculos peores de los que ya hemos enfrentado. La lucha opositora debe darse en varios niveles: en el internacional, manteniendo la presión para que el mecanismo de la aplicación de la Carta Democrática se acelere; en lo institucional, exigiendo a la Asamblea Nacional que sea mucho más firme en su confrontación con el régimen; y en lo ciudadano, organizando y activando a los millones de venezolanos que no solamente quieren un cambio, sino que lo necesitan desesperadamente.

    Entre los muchos errores que la MUD ha cometido, uno ha sido el peor: dejar que cuatro partidos secuestren la toma de decisiones de esa organización intentando imponerlas sobre los demás actores políticos. Una crisis como la actual debería ser suficiente incentivo como para ampliar la Unidad y que un frente inclusivo de liderazgos diversos sea el que guíe a millones de venezolanos que en esta hora todavía se preguntan:

    ¿Y ahora qué?

    @MiguelVelarde

  • De una lúcida exposición – Por Luis Barragán

    De una lúcida exposición – Por Luis Barragán

    Todo lo que acaece en Venezuela, no tiene parangón histórico. Se ha dicho, fuimos un país tan pobre como hoy lo es Haití, hasta que reventaron los magníficos pozos petroleros y, a principios o mediados de los treinta del XX, comenzamos realmente a sentirnos en sus generosos cauces. Empero, la crisis que ahora padecemos no es una más, y la nada sorprendente regresión social y económica luce imparable, con sus nefastas consecuencias culturales.

    El oficio político, complejo como el que más, no se reduce a las meras faenas proselitistas, porque el sólo intento de superar el proyecto totalitario en curso, fuerza a la ensoñación de un país diferente que, como todo sueño, se realiza a punta de realidades. Resulta indispensable un fiel, adecuado, profundo y convincente diagnóstico y, al respecto, dos ponentes me han impresionado favorablemente, en medio del gran bosque de opiniones fértiles e infértiles que naturalmente explican la hora actual.

    Hace poco más de mes y medio o dos meses, escuchamos con atención a Humberto García Larralde, quien – cifras en mano – radiografió la situación venezolana y esbozó algunas perspectivas posibles, partiendo del inhumano y calculado programa de ajustes de Maduro Moros, a otro que será en el futuro necesario de adoptar en una  transición democrática que sea tales: una transición en y para una democracia. Esta misma semana, nos ha impactado Warner Corrales con una magistral y didáctica conferencia, dada en el marco del ciclo de foros alusivos al Centenario del Rafael Caldera.

    Partiendo de Amartya Sen, demostrando un cabal conocimiento de los aportes del ex – presidente, se adentró en una concepción de la libertad, como realización y desarrollo del humanismo, considerando las creencias y valores, los recursos pro-capacidad y los logros de bienestar. Profundizó en lo posible, haciéndose corto el tiempo, mostrando e interpretando sendas estadísticas de trazos angustiosos, en torno a nuestro desempeño económico y social por todo un siglo: las gráficas prueban que los venezolanos del siglo  XXI tendremos que partir de y desde condiciones jamás vistas, luego de la literal y sistemática destrucción del país en el que no cabe – superado el régimen – un simple programa de ajustes, sino todo un plan de desarrollo que lo haga renacer de las cenizas en las que Chávez Frías y Maduro Moros lo sumergieron.

    La extraordinaria ponencia de Corrales, nos remite a un desafío inmenso como es el de construir un amplio, consistente y fecundo consenso político en el que los actores comprendan y asuman el estelar papel histórico que les corresponde, más allá de los intereses individuales y partidistas de circunstancia que, por cierto, suelen coincidir – a escondidas – con otros que surgen en una sociedad que ha de recuperarse de sus anomias. Pocos, como Corrales, piensan al país, claramente conscientes de lo que tenemos, de lo que vendrá y de lo que podemos lograr.

    @LuisBarraganJ

  • En ustedes confiamos – Por José Antonio Vega

    En ustedes confiamos – Por José Antonio Vega

    A lo largo de estos años los venezolanos nos hemos opuesto a todo acto violatorio de nuestros derechos a manos de la dictadura que ocupa el poder en Venezuela. Distintos han sido los actores políticos que han ocupado la dirección de las fuerzas de la oposición en todo este tiempo y los ciudadanos hemos sido consecuentes y apegados a los dictámenes emanados por la dirigencia. Nos han mandado a votar y votamos, nos han dicho que lo mejor era abstenerse y nos abstuvimos, nos llaman a marchar y marchamos. En fin, no hay duda que la mayoría del país, al margen de estar de acuerdo en mayor o menor grado, hemos sido consecuentes y obedientes con la estrategia propuesta por la oposición. No obstante y aún saliendo victoriosos en algunas justas electorales, el mal sigue ahí, la dictadura aún ocupa el poder y busca perpetuarse.

    Los ciudadanos amanecimos en el mes de enero y porque así se nos ofertó, con la convicción de que el 2016 sería el año del cambio. En el mes de marzo la MUD emitió el comunicado “hoja de ruta del cambio 2016” y en el que se convocaba al pueblo de Venezuela a movilizarnos para: lograr la renuncia de Nicolás Maduro, aprobar una enmienda reduciendo el mandato presidencial y lograr elecciones este año y activar el  referendo revocatorio. Incluso, en tal documento se nos invitaba a desarrollar una “intensa y pacífica movilización nacional para recuperar la vigencia de la constitución y rescatar la democracia, como forma eficiente de ejercer la conducta ciudadana a la que nos convocan los artículos 333 y 350”. En el mes de marzo se inició el proceso para lograr activar el referendo revocatorio y hemos cumplido a cabalidad todos los requisitos en su primera fase. Sin embargo, en estas horas, el régimen arrecia y busca ponernos entre la espada y la pared, a través de pretender imponer unas condiciones inconstitucionales, ventajistas, violadoras de nuestros derechos y que aun salvando todas sus arbitrariedades nos llevarían de acuerdo al cronograma propuesto a un posible referendo para el año 2017, acabando con la posibilidad de que a través de este instrumento se cumplan los objetivos de la hoja de ruta para el cambio este 2016.

    Hasta la fecha todo lo que hemos hecho ha sido bajo lo establecido en la Constitución y en ejercicio y defensa plena de nuestros derechos y así debemos continuar. Lo que corresponde ante el chantaje de la dictadura, a través de sus voceros para asuntos electorales, es ejercer la debida presión ciudadana en las calle para lograr dos objetivos irrenunciables: que la recolección de las firmas del 20% se realice de acuerdo con lo contenido en el artículo 72 de la CRBV y que el referendo revocatorio sea efectuado este año 2016.

    Aquí no se trata de adaptarnos a condiciones que vayan contra nuestros derechos, porque así lo decidió el CNE. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos, no al revés. De manera, pues, que los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de ejercer nuestra soberanía y nuestros dirigentes la obligación de ser conductores y garantes del ejercicio de la misma. El país y el momento histórico así se lo demandan. En ustedes confiamos.

    @JoseAVega

  • Hablándote claro – Por Dalysé León

    Hablándote claro – Por Dalysé León

    No es por una postura política o porque sea una moda, es que soy una joven venezolana que decidió no calársela más, sin embargo reconozco que la lucha por la libertad de Venezuela y sus ciudadanos ha sido cuesta arriba, “la vida es cuesta arriba, pero la vista es genial”.

    El miércoles 21 de septiembre de 2016 escuché a un dirigente decir que debíamos guardar silencio, me pregunto ¿Cómo vamos hacer los venezolanos para silenciar nuestros gritos por la libertad? O ¿Cómo le digo a un niño que llore en silencio cuando tenga hambre?

    Es absurdo pensar o creer que atravesando la peor crisis en la historia del país algún venezolano guardará silencio. Ya es suficiente con un régimen que reprime por pensar distinto y alzar la voz, como para que nos autocensuremos guardando silencio y seamos cómplices del régimen.

    El jueves 22 de septiembre de 2016 leí a otro dirigente, que un tanto perdido en tiempo y espacio, escribió que iría a Miraflores para exigirle a Nicolás Maduro el pago y los tickets de alimentación de los trabajadores. Esta lucha, desde hace tiempo, dejó de ser por salarios o cesta tickets realmente la prioridad es la salida de Maduro del poder lo antes posible para que los venezolanos podamos comer y comprar a la hora que nos dé la gana, cuando nos dé la gana, en las cantidades que nos dé la gana. Pero, como dicen por ahí: “Hay dos tipos de problemas, los tuyos y los míos”, evidentemente de los míos me encargo yo.

    Recién nacidos adentro de cajas de cartón en vez de estar en una incubadora, niños muriendo por desnutrición o por falta de medicamentos, jóvenes dejando los estudios porque no tienen como costearlos o sencillamente porque se dieron cuenta de que tienen más posibilidades de morir en manos del hampa que de graduarse, adultos que prefieren quitarse la vida antes que morir lentamente por falta de medicamentos o una mala nutrición, hogares vacíos porque una familia no vio futuro en el país, hay malandros uniformados, incluso algunos tienen cargos gubernamentales…

    Hay muchas cosas que no funcionan, hay muchas cosas que desconocemos. Hay muchas cosas que cambiar y aquí hay 30 millones de razones para hacerlo.

    ¿Hacemos silencio? ¿Vamos a Miraflores a exigir dinero?

    Hablándote claro, yo no me voy a callar.

    @DalyR18