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  • Transición en la transición – Por Luis Barragán

    Transición en la transición – Por Luis Barragán

    Días atrás, ocurrimos a la excelente exposición “cerrada” de un destacado politólogo del cual, frecuentemente, discrepamos en torno a sus posturas públicas. Versó sobre las transiciones post-dictatoriales universalmente conocidas, arribando a conclusiones que suscitan inquietud, aunque – en lo personal – jamás resignación.

    El caso está en que tales procesos requieren de las destrezas, el conocimiento, la honestidad y, sobre todo, la convicción y el compromiso de quienes los aspiran.  Por lo general, son los actores políticos – digamos – consagrados de una oposición a la cual, por cierto, en el caso venezolano, le urge experimentar su propia e irremediable transición para conseguir y consolidar las conquistas democráticas indispensables.

    Más de las veces, fallando en sus diligencias, no aceptan cuestionamiento y, menos, reemplazo en las filas conductoras: tozudos, también preservados como los interlocutores ideales de una dictadura, permanecen. Vale decir, no aceptan con humildad el costo político de sus fracasos, trasladándolos con más hambre, miseria y censura al país.

    La Fracción Parlamentaria 16 de Julio, democrática, unitaria y opositora, fue extremadamente clara y didáctica al rechazar el llamado diálogo de República Dominicana, cuyas advertencias lamentablemente se cumplieron. Hubiésemos deseado equivocarnos, pero no ocurrió así, agravándose la situación nacional.

    Ahora, insistimos en la imposibilidad de concurrir a los comicios presidenciales de un demencial y obsceno ventajismo que  afianzará la vocación totalitaria del régimen. De no postergarse la fecha, como puede ocurrir en la búsqueda de un contendor de peso que diga legitimarlo, está a la vuelta de la esquina el festival madurista, por lo que se hace cada vez más tarde para la rectificación de aquellos que de un modo directo o indirecto se sienten convidados a la fiesta, cotizando su participación.

  • No estamos solos – Por Miguel Velarde

    No estamos solos – Por Miguel Velarde

    Hasta a los más férreos defensores de participar en cualquier cita electoral, se les hace hoy difícil encontrar argumentos para justificar hacerlo en las próximas elecciones presidenciales, convocadas por la Asamblea Constituyente para el 22 abril.

    Muchos de ellos son conscientes de que se arriesgan, en el mejor de los casos, a hacer el ridículo. Pero también saben que incluso corren el riesgo de levantar sospechas sobre su compromiso con la lucha democrática y sus verdaderas intenciones.

    Aunque ha sido un proceso lento y complejo, finalmente una parte de esa élite “voto-adicta” parece haber comprendido que insistir en el error sólo se traducirá en alargar la agonía vivida por nuestra nación, y acabaría con la poca confianza de la cual todavía gozan.

    Pero no son todos. Existen dirigentes opositores que, mientras escribimos estas líneas, insisten en participar en las próximas elecciones. Es difícil comprender cómo pueden pretender ser parte de un proceso desconocido por la mayoría de la comunidad internacional, sin confianza de los venezolanos y con peores condiciones y menos garantías que cualquiera de los comicios anteriores. ¡Y vaya que los últimos han sido malos!

    Es insólito que todavía exista un sector de la dirigencia opositora –algunos de ellos todavía en control de la agonizante MUD- insistiendo en el error. Seguramente uno puede encontrar explicaciones buscando en algún lugar entre la ingenuidad y la complicidad, pero también es cierta la existencia de un problema de origen, uno que ha sido el obstáculo más grande para una verdadera unidad en la oposición: el objetivo.

    Pareciera que no todos buscan lo mismo, porque mientras unos luchan por lograr un cambio político destinado a solucionar los graves problemas que aquejan a millones de venezolanos, otros priorizan mantener sus pequeñas parcelas de poder y, para esto, están dispuestos incluso a cohabitar con el gobierno.

    Mientras la dirigencia opositora sigue entrampada en sus miserias, el mundo y principalmente los países de la región parecen determinados a avanzar. En pocas semanas, instancias tan importantes como el Consejo de la Unión Europea, el Grupo de Lima y el Parlamento Europeo, se han pronunciado sancionando a más funcionarios oficialistas y manifestando su rechazo a las próximas elecciones sin condiciones. Así también lo han hecho los gobiernos de Francia, Estados Unidos, Perú, Canadá, Colombia, Argentina, entre otros.

    En el peor momento de la crisis económica, social y humana que atraviesa el país, el chavismo se encuentra más solo y aislado que nunca. Inmersos de lleno en un proceso hiperinflacionario que ya se siente en el día a día, lo menos que necesita el gobierno es más presión internacional. Y la está teniendo.

    Una vez más, los ojos del mundo están sobre Venezuela. Esta vez, ya no sólo por solidaridad, sino también porque la crisis venezolana ha cruzado nuestras fronteras y hoy es motivo de preocupación en varios países del continente por las consecuencias migratorias que puede tener en su territorio.

    Pero así como la comunidad internacional se organiza y se activa a favor de la libertad y la democracia en el país, los ciudadanos debemos resistir y hacer nuestra parte, todo esto con con la certeza de que no estamos solos.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Bochorno – Por Miguel Velarde

    Bochorno – Por Miguel Velarde

    Entre mucha confusión, hay algo que está claro: no podemos seguir como vamos

    No hay nada más antipático que el “te lo dije”. En eso, estamos de acuerdo. Sin embargo, viendo la reacción de la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) días después del catastrófico error de participar en las últimas elecciones regionales, podemos concluir que la antipatía con ellos no solo es aceptable, sino que hasta necesaria.

    Todos podemos equivocarnos; todos lo hemos hecho. Pero cuando insistimos una y otra vez en el mismo error, existen solo dos posibles explicaciones: o no tienen la capacidad de aprender y mejorar, o lo hacen a propósito.

    Los candidatos y los partidos políticos que decidieron participar en las regionales no lograron inspirar a millones de compatriotas que decidieron no votar, y además acudieron a una cita electoral en peores condiciones que en cualquier otro momento y sin tener la capacidad ni la organización para demostrar el fraude.  

    Fue en el momento en el que el CNE presentó un resultado imposible, que pudimos ver la peor de las facetas que la dirigencia de la MUD. Al verse derrotados y robados, ellos –con honrosas excepciones, como Andrés Velásquez- no encontraron mejor idea que culpar y atacar a la gente.

    Con esto, lógicamente, no solamente quedó en evidencia su incapacidad y falta de plan para enfrentar un evento tan desigual como el del 15 de octubre, sino también su enanez política. Ya es tarde para que la MUD haga lo que se le pidió en reiteradas oportunidades: renovarse, ampliarse y reinventarse. Hoy la MUD ya es historia.

    Para colmo, al momento de escribir estas líneas aún no se ha definido si los cinco gobernadores electos de oposición se someterán o no a la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente. Por muy difícil de creer que sea: lo están considerando. Mientras tanto, algunos partidos están pensando cómo justificar participar en un nuevo circo: las elecciones municipales.

    A pesar de todo esto, la realidad es que la dramática situación que atraviesan millones de venezolanos continúa y hay mucho por hacer. El camino a la solución de la crisis debe ser construido por todos juntos, pero con una ruta clara con pasos concretos: renovación de liderazgos, reorganización de la plataforma opositora y replanteamiento de la lucha.

    Esa será la única manera de volver a inspirar, congregar y movilizar a esos ciudadanos que hoy están cansados, decepcionados y desesperanzados.

    Entre tanta confusión, hay algo que está claro: no podemos seguir como vamos.

    Mucho tiempo se ha perdido. Es hora de terminar con este bochorno.

  • Seamos serios – Por Miguel Velarde

    Seamos serios – Por Miguel Velarde

    El país necesita una nueva coalición que vaya más allá de los intereses de los partidos políticos

    El país amanece, una vez más, atropellado. El resultado de las elecciones regionales a las que la dirigencia de la MUD había apostado la lucha de estos últimos meses no podía ser peor.

    El mismo Consejo Nacional Electoral que desde hace años viene jugando con la voluntad popular de los venezolanos, anunció que con una alta participación de votantes, 61%, el oficialismo arrasó conquistando 17 gobernaciones, mientras la oposición habría logrado solo cinco.

    En un país que pasa tantas necesidades y donde hace mucho tiempo una evidente mayoría se opone al gobierno, este resultado es simplemente increíble. Sin embargo, el mismo evidencia algo que era previsible y fue advertido por un sector de la oposición que exigió no participar de un proceso a todas luces fraudulento: las condiciones no están dadas para ningún proceso electoral que sea confiable.

    No olvidemos que uno de los mandatos del plebiscito realizado el 16 de julio pasado era justamente nombrar nuevos rectores del CNE. La Asamblea Nacional no cumplió y los partidos prefirieron salir corriendo a inscribir candidatos para las gobernaciones. Hoy, todos pagamos caro ese grave error.

    Pero mientras damos el debate político, el drama social es sin duda la variable más importante en esta ecuación llamada Venezuela. El hambre, entre muchos otros, es uno de los síntomas más perversos de esta crisis.

    En un informe conjunto publicado recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtieron que la cantidad de latinoamericanos y caribeños que padecen hambre aumentó 6% en 2016 respecto del año anterior para ubicarse en 42,5 millones de persona. Entre todos los países del continente, Venezuela destaca con los índices más altos.

    Tenemos el penoso privilegio de ser el país que experimentó la mayor alza en malnutrición, al aportar 1,3 millón de los 1,5 millón de nuevas personas con hambre en Sudamérica entre 2014 y 2016 respecto del bienio previo.

    En materia de salud no estamos mejor. El repunte de al menos tres enfermedades infecciosas y víricas en Venezuela ha dejado ver el debilitamiento del sistema sanitario, y especialistas aseguran que la fuerte presencia de difteria, malaria y sarampión, se debe, entre otras cosas, a la poca vigilancia y a la falta de medidas preventivas.

    Estos son solo algunos ejemplos del drama humano que atraviesa Venezuela. Uno que ya es conocido por el mundo entero, pero eso no es suficiente. El reto que tenemos por delante no solo es gigante, sino también urgente.

    El país necesita una nueva coalición que vaya más allá de los intereses de los partidos políticos y que represente a la gente. Una que le hable con la verdad a los venezolanos, que no se sirva de ellos y más bien se ponga a su servicio.

    Se necesita un nuevo liderazgo político, con ética y con valores, para salir de este callejón tan oscuro al que lo han traído. Basta de la política barata; basta de engaños y mentiras por beneficios individuales mientras el país muere de hambre y mengua.

    Ya basta. Seamos serios.

     

  • Y, de paso, se quejan – Por Miguel Velarde

    Y, de paso, se quejan – Por Miguel Velarde

    Eligieron intentar sobrevivir de rodillas

    El viernes en la noche el país recibió otra dolorosa noticia, especialmente para aquellos periodistas y gente del medio que forjaron su carrera en estos espacios: las emisoras 92.9FM y Mágica 99.1FM fueron cerradas por Conatel y su señal fue inmediatamente remplazada por radios afines al oficialismo. El motivo que se adujo fue la “no renovación de su concesión”. ¿Recuerdan a RCTV en 2007? Lo mismo. Otro golpe a la libertad de expresión.

    Esto ocurría solo horas después de que los Estados Unidos hubiera anunciado nuevas sanciones económicas contra el gobierno venezolano. Éstas prohíben transar nueva deuda emitida por éste o por PDVSA. Para hacerlo de fácil comprensión: el gobierno se quedó sin tarjeta de crédito. Es evidente que los norteamericanos intentan ejercer la mayor presión posible contra el régimen de Maduro.

    Pero el escenario no puede ser más surreal: mientras vemos un gobierno decidido a ir con todo y por todo y a una comunidad internacional totalmente comprometida a ayudar a los ciudadanos en frenar este atropello, tenemos una oposición en campaña electoral.

    No son pocas las voces que se escuchan desde el exterior en las que se manifiesta confusión sobre lo que ocurre con la dirigencia opositora en Venezuela. Nadie puede comprender cómo después de más de cuatro meses de lucha y tantos muertos, heridos y detenidos, además de la implementación a la fuerza de una Asamblea Nacional Constituyente denunciada y rechazada por más de 50 países, hoy algunos de los más importantes líderes de esas protestas invierten todos sus recursos en unas elecciones por migajas, mientras el país se les desmorona alrededor.

    Como si no fuera suficiente, el mismo viernes, casi inmediatamente después de las sanciones económicas anunciadas por el gobierno estadounidense, la MUD salió apresuradamente a condenarlas. Muchos de sus propios seguidores, algunos incluso férreos defensores hasta hace poco, demostraron su molestia por las redes sociales ante una posición que es, por lo menos, inexplicable.

    La MUD ha optado por alejarse del camino unitario e ignorar el mandato de la gente. No se cansan de decepcionar a quienes en algún momento depositaron su confianza en ella y así despilfarrar un capital político extraordinario que había alcanzado en las semanas de lucha.

    Eligieron intentar sobrevivir de rodillas e ignorar los legítimos reclamos de los ciudadanos que, indignados, desconocen hoy su liderazgo. Cometen error tras error y no aprenden.

    Y cuando se los critica, de paso, se quejan.

  • Migajas – Por Miguel Velarde

    Migajas – Por Miguel Velarde

    Los venezolanos están cansados de ser usados

    Vamos a ser honestos: perdimos mucho de lo que habíamos ganado en estos cuatro meses de lucha. Una vez más, por culpa de nuestra dirigencia política. La cúpula de partidos, volvió a equivocarse.

    La sola posibilidad de unas elecciones regionales descolocó a la mayoría de partidos políticos de oposición y los sacó de la ruta para lograr el cambio. Unas elecciones que se plantean, aunque usted no lo crea, con el mismo CNE que pocos días antes habían denunciado como fraudulento, algo que incluso la empresa que provee las máquinas de votación, Smartmatic, confirmó. Sin mencionar que se realizarían con potenciales candidatos que hoy se encuentran presos o inhabilitados.

    Impresiona cómo la élite política se marea por unas pequeñas parcelas de poder mientras la República está siendo aniquilada. Lo más grave de todo esto es que  detiene la lucha de millones de venezolanos. El llamado a las calles –la herramienta más importante de una sociedad en rebeldía- se enfrió porque la gente exige coherencia de su dirigencia. Los venezolanos están cansados de ser usados.

    La comunidad internacional, que después de tantos años finalmente empieza a actuar en relación a Venezuela, ahora está desconcertada. Los países y organismos amigos no entienden cómo la oposición venezolana puede rendirse tan fácilmente ante tan poco.

    Por eso, la decisión de María Corina Machado y su partido, Vente Venezuela, así como la del alcalde Antonio Ledezma y Alianza Bravo Pueblo, de deslindarse de la decisión de la MUD, debe celebrarse. El espacio más importante que no se debe perder es la calle y la Unidad que debe preservarse es con la gente.

    Los venezolanos han demostrado una madurez política inédita. No solamente por el compromiso que muestran con el rescate de su país, sino también por la forma en la que dan esta lucha: con dignidad.

    Mientras tanto, si algo ha demostrado la clase política es su incapacidad de aprender de los errores y un cortoplacismo desmoralizante.

    Lamentablemente también ha evidenciado, una vez más, que tiene una desmedida ambición por las migajas que recibe del oficialismo.

  • ¿Democracia sin partidos? – Por Williams Caballero López

    ¿Democracia sin partidos? – Por Williams Caballero López

    La democracia moderna posee muchas características, y una de ella es la organización de los ciudadanos en plataformas políticas y de expresión de la más humana y común diversidad de pensamientos.

    Los partidos políticos encierran —o por lo menos así debería ser— tesis programáticas, visiones de sociedad, concepciones de la vida y del quehacer público, son centros de organización, planificación y activismo.

    Tal vez en los tiempos de Grecia podía existir o concebirse una democracia sin partidos, y esto era por la baja densidad poblacional y por el sectarismo con que se hablaba de democracia, ya que en  esos días las mujeres no opinaban, los esclavos tampoco, y existía una especie de segmentación de quien podía ejercer y participar en el sistema democrático.

    Hoy en día la situación en el mundo es diferente. La democracia es el libre ejercicio de facultades legales y constitucionales de una determinada población, y ésta se organiza en partidos, fundaciones, organizaciones no gubernamentales y demás estructuras para ser partícipes en los debates públicos propios de este sistema.

    Es decir, en la actualidad no puede existir una democracia sin partidos políticos.

    Las organizaciones son fundamentales para que sirvan de tribuna y herramientas para los cambios que cada quien propugna, según sus ideales y principios, para el mejoramiento continuo de una nación puntual.

    ¿Y por qué hablamos de este tema? ¡Fácil! Los venezolanos estamos en presencia en todo paso más para que se consuma al 100% la instauración de la dictadura que ya está andando en sus pininos iniciales.

    El régimen busca la desaparición, por lo menos legal, de los partidos que conforman la Unidad Democrática en Venezuela.

    A través del Consejo Nacional Electoral el régimen pretende no sólo descabezar, sino desmembrar todas las organizaciones  políticas del país.

    Quieren constituir un gobierno sin oposición.  Quieren la instauración definitiva de la dictadura en toda la expresión de la palabra.

    Porque —y no podemos tener miedo en denunciarlo— no podemos seguir hablando de democracia o mascarada democrática mientras que los partidos, que son la organización política de la ciudadanía, se encuentran vetados por ley o por interpretaciones de la camarilla que controla el Estado.

    ¿Democracia sin partidos? ¿Democracia sin oposición? ¿Democracia sin elecciones justas? ¿Democracia sin opciones reales de cambio de gobierno? Señores, en Venezuela existe una dictadura que actúa como tal, y que busca la hegemonía total de la sociedad y de la institucionalidad.

    Antes, por lo menos, el régimen se escudaba en elecciones cada vez más amañadas, pero hacía la pantomima del proceso de consulta. Ahora ni eso.

    Maduro y su gente huyen de unas elecciones presidenciales, no quieren un eventual proceso regional, ni local. Ellos desean seguir mandando y esta vez sin el aval de la sociedad, solo contando con la fuerza de las bayonetas y de unas instituciones corrompidas.

    @wcaballerolopez