Etiqueta: Militarización

  • Pedagogía de la militarización – Por Luis Barragán

    Pedagogía de la militarización – Por Luis Barragán

    Aficionados a la disciplina, sacamos tiempo del tiempo, y nos acercamos recientemente a la III Jornadas de Reflexión sobre la Enseñanza de la Historia, realizada en el auditórium Hermano Lanz de la UCAB.

    Huelga comentar, fue una jornada de extraordinarias ponencias las cuales concluyeron en una convicción y propósito: el urgente cambio curricular, en el ámbito de la educación básica y diversificada, prisionera de los intereses ideológico-partidistas de un régimen caracterizado por improvisar, groseramente, las herramientas empleadas. No obstante, nos llamó la atención la disertación de José Alberto Olivar en torno a la llamada educación pre-militar de antaño y hogaño.

    Cierto que en el empeño de la militarización de la sociedad, propio de un Estado Cuartel, hay facetas o matices dándole una significación más allá de la rudimentariamente marcial que todos presuponemos.    El docente intenta ganarse el pan de cada día atendiendo las orientaciones de las autoridades educativas, con los lineamientos y recursos disponibles, aunque exista disidencia y resistencia.

    Olivar contrasta la rutina del antiguo aprendizaje basado en el orden cerrado, las voces de mando y el conocimiento básico del armamento, con la de una internalización de (anti) valores los cuales poco o nada tienen que ver, además, con el principio de corresponsabilidad de la sociedad civil y del Estado en materia de seguridad y defensa.  El esfuerzo lo sintetiza en la actual búsqueda y promoción de los cuadros juveniles de relevo para alinearse a la guerra popular de resistencia, privilegiando como objetivo al enemigo interno.

    Luego, fácilmente deducimos la sola búsqueda y motivación de los cuadros, objeto de una posterior alineación y entrenamiento para el combate de soporte del régimen. Hipótesis ésta, por cierto,  que apunta no sólo a la ultrapartidización del Estado, sino a un proceso – acaso – aleatorio de selección de los futuros combatientes, aunque – una vez superado el régimen – será mucho de lo que sabrá sobre ideas, iniciativas y realizaciones las cuales hoy lo comprometen, incluso, con intereses foráneos.

    Por consiguiente, por mucha epopeya guerrera explicando la escolaridad actual, en una versión histórica sesgada, absurda y maniquea, esta vez hay una suerte de pedagogía de la militarización que, en lugar del adiestramiento del educando, directo y práctico, apuesta por una estrategia de selección e inducción destinada a convertirla en su mejor demandante, sobre todo en un país que, sumergido en la consabida emergencia humanitaria, lo haga acreedor de alguna bonificación graciosa u otras concesiones personalmente ventajosas.

    Apartando la posibilidad de un conflicto efectivo, o inminente, que le concede otro carácter al esfuerzo, después, sorprendidos por numerosos contingentes de civiles bien armados y entrenados, la instrucción pre-militar no constituye un fenómeno visible de masificación y de eficacia, pues, al fin y al cabo, a la carencia de recursos se suma la incapacidad de quienes deben concretar la tarea.

    Twitter: @LuisBarraganJ

  • De la militarización del trabajo – Por Luis Barragán

    De la militarización del trabajo – Por Luis Barragán

    El gobierno que, a veces,  procura preservar las formas ante la comunidad internacional, ha decidido la inserción provisional de los trabajadores de una empresa a otra que se diga en trance de reactivación productiva en el renglón alimentario, fuere de procedencia pública o privada. La resolución de reciente data,  Nr. 9855 del ministerio del Trabajo, así lo ordena, alcanzando una gravedad  parecida a la otrora  célebre resolución de enero de 2015, la Nr. 009610 del ministerio de la Defensa, relacionada con la represión armada de cualesquiera protestas sociales.

    Desde que se dictó la resolución laboral el día 22 de julio del presente año, prosperan las observaciones relacionadas con su manifiesta inconstitucionalidad. E, incluso, en la última sesión plenaria  de la Asamblea Nacional fue diferido el punto,  por cierto, en el que nos inscribimos, debido a la extensa jornada que siguió luego de la nueva juramentación y reincorporación efectiva de los diputados del estado Amazonas y la necesarísima primera discusión del proyecto de ley que se refiere a la seguridad social del policía.

    La resolución en cuestión, contextualizada por la declaratoria de un Estado de Excepción igualmente inconstitucional,  explica muy bien la naturaleza y vocación del régimen. Solemos olvidar que el trabajo forzado configura un rasgo esencial del socialismo que se vivió y se vive en otras latitudes del planeta, siendo el venezolano no menos real.

    En los albores de la revolución bolchevique, fue Trotsky  uno de los principales propulsores de la militarización del trabajo que, cuestionada ingenuamente también por los suyos, pretendía resolver la las migraciones y la anarquía reportadas inmediatamente por la escasez de alimentos, concluyendo en la sujeción militar de la fuerza obrera civil. Consabido, tamaña iniciativa se hizo una cruel y prolongada realidad con Stalin, forzando a cualquier precio la industrialización soviética.

    Huelga comentar el flagrante desconocimiento gubernamental  de los derechos y garantías laborales, mas no subrayar el convencimiento – ante todo – ideológico que inspira una medida, ciertamente desesperada, para responder a una crisis que Maduro Moros, y no otro, generó con una irresponsabilidad personal, política e histórica de tan alto calibre.  Y acentuar que el trabajo forzado lleva inevitablemente a su imposición militar, pues, el asomo de alguna protesta, por discreta que sea, ha de generar la correspondiente represión hasta que el lenguaje sincere, como no la ha hecho aún con el desparpajo habitual,  la condición de cada trabajador en el marco del plan de abastecimiento liderado por el ministro de la Defensa y comandante Estratégico-Operacional: soldado.

    @LuisBarraganJ

  • Militarización fatal – Por Luis Barragán

    Militarización fatal – Por Luis Barragán

    “El pretorianismo venezolano no es solamente militar,
    presenta un componente civil pero no civilista que
    se aprecia como una constante histórica desde el
    siglo XIX y sus caudillos hasta los inicios mismos
    del siglo XXI”
    (Domingo Irwin)

    Ganando la batalla el olvido, muchas de las evidencias del intenso y libérrimo debate que facilitó el triunfo de Chávez Frías finalizando el siglo XX, fruto de unas elecciones pulcras, transparentes y –es necesario decirlo– luego irrepetibles, han desaparecido o tienden a desaparecer. Sobre todo en lo que concierne a la corporación castrense que hoy está optando por un tránsito inconstitucional, dada la abusiva jefatura suprema que,  aun siendo de Estado, ejerce el revocable Nicolás Maduro.

    Por entonces –reconozcamos- hubo la numerosa variedad de programas radiotelevisivos de información y opinión, empresas de transcripción y de transmisión e, incluso, apenas conocida por las grandes mayorías, la red de redes se hizo eco del libre debate. Una breve muestra ejemplifica el tono y hasta la hondura que contrastan con el presente, administrados con escasa habilidad la (auto) censura y el bloque informativo por un gobierno que reclama  los consabidos y ya remotos hechos del 4-F, como fuente de  legitimidad.

    Todavía inadvertido por importantes sectores de opinión, por ejemplo,  el insigne académico, ya desaparecido, Domingo Irwin llamó la atención en 1999 sobre el “aspecto neurálgico, básico del problema, que son [las] relaciones civiles [-] militares”, resquebrajado  el control del sector civil sobre el militar en 1992 y, faltando poco,  observaba “una resistencia a estudiar y sobre todo en medios académicos, el tema de las relaciones civiles [-] militares”, para reclamar la necesidad de formar especialistas en la materia, porque –además–  “no se le puede dejar al sector militar el monopolio del tema de la seguridad nacional, el monopolio del tema militar”. Difiriendo de Agustín Blanco Muñoz sobre la conexión entre los sucesos de 1989 y 1992,  Irwin consideraba que la otrora situación política signada por el llamado a una Constituyente, era “una cortina de humo que esconde lo que son los problemas reales del país, que son de carácter económico y social y hay que esperar a ver la implantación de una política económica…”  (cita extraída de la emisión del 4 de febrero de 1999 del programa “Triángulo”, emitido por Televen)

    En su momento, de una mayor difusión que los reportajes, testimonios y ensayos históricos  posteriores tuvieron, el propio Chávez Frías enfatizaba a Napoleón Bravo, hoy desterrado de los medios venezolanos: “El Pacto de Punto Fijo ideado por Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, les quitó a los militares incluso el derecho a expresarse, el derecho a participar, el derecho a emitir opiniones, con eso de que las Fuerzas Armadas son obedientes y no deliberantes […] les puso una mordaza a los militares y trató además de manipularlos, metió a mano y tuvo injerencia profunda en los cuarteles, incluso, para ascender a un grado de Coronel y de General […] El papel de los militares tenemos que reincorporar a los militares a las labores de desarrollo nacional”. Y agregó que deben incorporarse a las labores de investigación científica y tecnológica, construir carreteras, vías férreas y viviendas, porque “hay una gran capacidad instalada en las Fuerzas Armadas, hay hasta ingenieros nucleares en las Fuerzas Armadas, una gran cantidad de ingenieros electrónicos, ingenieros de sistema, ingenieros de construcción, hay batallones completos de ingenieros de construcción que están aquí en Fuerte Tiuna, cuando necesitamos que vayan hacia el Sur […] hay militares formados para la ciencia médica, que están allí en los cuarteles” (cita extraída de la emisión del 5 de febrero de 1999 del programa “24 horas”, emitido por Venevisión).

    A juzgar por las viejas propuestas, casi dos décadas después, es evidente el fracaso y válida la pregunta respecto a la ya aludida capacidad instalada, como a la peor y nada disimulada mordaza que tienen los integrantes de la Fuerza Armada. No obstante, huérfano de una vocación y destreza para el ejercicio del poder y, muchísimo menos del poder democrático, así lo percibimos, a Maduro Moros le ha sido más cómodo y expedito alentar y permitir la militarización de los problemas de la sociedad, al no comprender  – experimentándolos  – los que propiamente derivan de las relaciones civiles-miliares, como también ocurre en algunos sectores de la oposición. Finalmente, acotemos: militarización de la sociedad que, a la postre, será fatal para la institución castrense.

    @LuisBarraganJ