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  • Mitos y mentiras – Por Miguel Velarde

    Mitos y mentiras – Por Miguel Velarde

    chavez1 5Un mito, ese “relato o cuento de dioses o semidioses”, como el origen griego de su palabra lo describe, depende de muchas variables para resistir el paso del tiempo. Entre ellas, de que las mentiras sobre las que se sustenta sean difíciles de desmontar y que quienes quieran hacerlo callen por temor a enfrentarse a lo que, en algún momento, parece una fuerza incontenible.

    El mito es más necesario “en la medida en la que los objetivos que éste buscaba no son alcanzados”, como lo explica el historiador Germán Carrera Damas en su magistral obra “El mito de Bolívar”. En Venezuela, no es la primera vez que un gobierno recurre a éste como herramienta para consolidarse en el poder. En el siglo XIX, Antonio Guzmán Blanco alentó con gran éxito el culto al Libertador. Unos años después, Juan Vicente Gómez también hizo todo lo posible por adjudicarse la herencia “bolivariana”.  Sin embargo, quizás nunca antes se había pretendido dar un paso adicional como se hace hoy con el recuerdo de Hugo Chávez: mitificar también a su líder al nivel del Libertador.

    El chavismo juega esa carta no solamente por los motivos políticos de su dirigencia, sino también porque no se puede negar que, en una parte importante de su base, existe la creencia de que el expresidente alcanza es algo muy parecido a un santo. Además, la muerte de Chávez ocurrió en su mejor momento, justo después de haber ganado enfermo y “heroicamente” su cuarta elección presidencial y “haber dejado la vida por su pueblo”. Peor aún, cualquier consecuencia negativa de un gobierno de 14 años que ya estamos empezando a sentir no será culpa de Chávez, sino todo lo contrario: será “porque Chávez ya no está”. Con él, con “el gran líder”, lo que inevitablemente empezaremos a padecer “jamás hubiera ocurrido”.

    La oposición venezolana debe enfrentar en pocos días unas nuevas elecciones presidenciales, y eso la pone frente a una compleja encrucijada. Su liderazgo debe comprender que más importante que derrotar electoralmente a Maduro es derrotar políticamente al chavismo. El peor error que puede cometer el candidato opositor es reivindicar la figura de Chávez por motivos electorales que no serán fáciles de conseguir y sumarse así a la estrategia oficialista de más largo plazo que es hacer del chavismo una forma de vida permanente. Esta estrategia de legitimación mítica y electoral puede llevar a la oposición a una doble derrota política y electoral. El peor escenario posible.

    El escritor argentino Andrés Oppenheimer, en su libro “Basta de historias”, afirma que “es imposible que exista progreso en una sociedad conformista y sin ánimo de superación, algo así como detenida en el tiempo”. Hace mucho que Venezuela está detenida en el tiempo. La única manera de poder salir de este letargo es mirando hacia el futuro dispuestos a superar cualquier obstáculo que éste nos depare, sin miedo y con mucho realismo. Lo peor que nos puede pasar es lo que ya nos pasó los últimos 200 años: vivir más de un mito y sus mentiras que de la realidad y sus oportunidades.

    Es hora de que la fuerza irresistible choque contra el objeto inamovible: la verdad. (Guayoyoenletras.com)

  • Antes, durante y después – Por Miguel Velarde

    Antes, durante y después – Por Miguel Velarde

    El viernes, con el traslado del cuerpo del expresidente Hugo Chávez al Cuartel de la Montaña, se cerró un ciclo muy doloroso para millones de sus seguidores y, casi inmediatamente, comenzó uno nuevo de campaña electoral. Este último estará tan influenciado por la imagen de Chávez que será difícil separarlos. Los expertos coinciden en que este nuevo proceso estará cargado de polarización, emocionalidad y simbolismo.

    El “chavismo sin Chávez” se enfrenta a su primera prueba para ver si son capaces de subsistir sin quien fuera su líder indiscutido. Sin embargo, en las próximas elecciones del 14 de abril, todavía Chávez estará casi tan presente como los últimos 14 años. El reto de Nicolás Maduro es que sus seguidores perciban que él no es más que el móvil para votar por Chávez. Es por eso que lo más predecible es que todo lo relacionado a su campaña en realidad trate de posicionar al expresidente como un candidato omnipresente.

    Del lado de la oposición, debemos reconocer que vimos con agrado el cambio en el discurso y la estrategia de Henrique Capriles. Algunas de las recomendaciones del INFORME HOSPEDALES -que fue encargado por la Mesa de la Unidad para corregir los errores cometidos- están siendo implementadas. Entre ellas, el subir el tono de su mensaje para que sea de mayor confrontación –que no es lo mismo que descalificación, sino contrastar ideas- e incluir a otros actores políticos y de la sociedad civil, que fueron excluidos durante la campaña anterior. Sin embargo, uno de los retos más grandes será el transmitir un mensaje de optimismo sin que éste se aleje de la dura realidad.

    Todo indica que los objetivos centrales tanto del Comando “Hugo Chávez” y del Comando “Simón Bolívar” serán simples: los primeros buscarán mantener vivo y vigente al chavismo; los otros buscarán divorciar al chavismo del “madurismo”. En un proceso tan corto y tan emocional, esto último no será fácil. Quizás el periodista argentino Jorge Lanata lo describe mejor que nadie en su último artículo sobre Venezuela, cuando afirma que “la oposición aprenderá que no hay pelea peor que la que se libra contra un fantasma”.

    Quedan menos de 30 días para que dos modelos de sociedad distintos, dos formas de vida antagónicas, se encuentren nuevamente cara a cara en las urnas. No serán unas elecciones convencionales, pero pareciera que ya nada de lo que en el último tiempo ocurre en Venezuela lo es. En esta próxima batalla electoral que la oposición venezolana debe encarar, es vital no perder el contacto con la realidad. Sus líderes, encabezados por su candidato, tienen la responsabilidad de empuñar la espada de la verdad, sin titubeos, y con ella saltar al campo de batalla.

    En esta ocasión, no se trata solo de llamar a votar, sino también a luchar. Antes, durante y después de las elecciones, porque, muy posiblemente, la lucha no acabe el 14 de abril. Quizás ese día recién comience. (Guayoyoenletras.com)

  • VENEZUELA SIN CHÁVEZ Por Miguel Velarde

    VENEZUELA SIN CHÁVEZ Por Miguel Velarde

    Con la muerte del expresidente Hugo Chávez, Venezuela cierra una de sus épocas políticas más tumultuosas. No queda duda de que Chávez marcó una era con su estilo y liderazgo, no solamente en su país, sino también en la región. Su presencia los últimos 14 años fue tan  absoluta que el espacio que hoy deja será muy difícil de llenar. Esto es una mala noticia, especialmente para los que aspiran a sucederlo en el poder.

    Chávez fue un personaje que era amado u odiado, pero que no podía ser ignorado. Nada de esto fue casual. Su estrategia no solamente era política, era una estrategia de vida. Para él no habían grises, era “rojo” o negro. Y su esfuerzo logró los frutos que su revolución tanto necesitaba para afianzarse en el poder: polarizó el país de tal manera que lo dejó partido en dos mitades pero con una gran diferencia entre ellas: la mitad chavista contaba –y aún cuenta- con todo el poder del Estado y los recursos económicos que éste provee.

    Ahora el país tiene uno de los retos más grandes que haya enfrentado: la reconciliación. Algo que parece muy poco probable a corto plazo, especialmente si se analizan los primeros mensajes de Nicolás Maduro como líder del proceso y de varios de los voceros más influyentes del chavismo. Todo indica que la estrategia para mantenerse en el poder será radicalizar aún más sus posiciones para cohesionar su base frente a una oposición que luce débil y desconcertada. Además, al parecer tampoco tendrán reparos en seguir irrespetando la Constitución de acuerdo a su conveniencia. Lo que los venezolanos deben entender es que ni la felicidad más grande ni el dolor más profundo pueden ser argumento para violarla.

    En la oposición, se observa un liderazgo cuya mejor estrategia parece ser el no tenerla. No es nueva la decisión de no confrontar al adversario. Así fue de cara a las elecciones del 7 de octubre y 16 de diciembre pasadas. Si ésta se mantiene, no debería sorprendernos que los resultados de las próximas elecciones presidenciales del 14 de abril sean iguales a los últimos. Lo que un sector del liderazgo opositor debe terminar de comprender es que ninguna estrategia electoral puede ser más importante que la defensa irrestricta de la Constitución. Es cuestión de valores, se trata de principios.

    Venezuela debe reinventarse, hoy sin Chávez. Quienes lo seguían, seguramente intentarán mantener su recuerdo vivo por el mayor tiempo posible, pero el peor enemigo que encontrarán en su camino será el inexorable paso del tiempo y el olvido que éste conlleva. Quienes aspiran a tener una Venezuela diferente a la actual, deberán encontrar la manera de imaginarla, construirla y compartirla.

    Queda claro que Venezuela es hoy, en su esencia más profunda, un país muy diferente al que Chávez encontró cuando llegó al poder en 1999; él lo cambió. Mejor en algunos aspectos, mucho peor en otros. Pero es sobre esa realidad que debemos seguir recorriendo un camino que aún es largo. El “madurismo” cuenta hoy con todos los recursos que le hereda el chavismo, a lo que se suma el efecto arrasador de la solidaridad de las masas por la muerte de su máximo líder. Electoralmente, serán muy difíciles de vencer a corto plazo. Para que su ecuación sea perfecta y duradera, necesitan que la oposición los legitime electoralmente. Lo que queda por ver cómo ésta puede mantenerse de pie y luchar de frente sin convertirse en cómplice.

  • LA VERDAD – Por Miguel Velarde

    LA VERDAD – Por Miguel Velarde

    Hay que reconocerlo: decir que enfrentamos una de las etapas más críticas en la historia de la República ya suena reiterativo. Afirmar que lo que encaramos hoy puede definir las décadas por venir en Venezuela puede parecer hasta exagerado.

    El país es hoy uno de los más violentos del mundo, con una tasa de homicidios que supera cualquier récord histórico y de la de muchos otros países. De la mano de esa terrible realidad, los niveles de impunidad superan el 90 por ciento, haciendo de este “negocio” el más rentable y el menos arriesgado.

    Pero el nivel de violencia no es el único índice que hace parecer a Venezuela a un país en guerra. Según Roberto Rigobón, profesor del Massachusetts Institute of Technology en Cambridge, “los índices de escasez son de 87% y son similares a los que hubo en Japón después del Tsunami y a los que se observan en Siria en guerra”. Añadir a esto factores económicos como la inflación y la devaluación hacen de este un año “inolvidable” para los venezolanos.

    Todo lo anterior sería motivo suficiente de gran preocupación, pero, aunque parezca mentira, Venezuela tiene un problema incluso mayor: el constitucional. La salud del presidente Chávez ha causado una inestabilidad política y legal sin precedentes en el país. El hecho de no haber sido juramentado para su nuevo periodo el 10 de enero y el posterior fallo del Tribunal Supremo de Justicia abrió un hueco constitucional muy confuso y que debilita aún más a la frágil institucionalidad del país.

    Mientras tanto, un sector del liderazgo opositor se empeña en mantener un perfil bajo ante una realidad tan dramática haciendo cálculos electorales. Resulta increíble apreciar cómo están más preocupados de sus ambiciones políticas que de que se respete la Constitución. Pero otro sector cada vez más grande ha empezado a tomar cartas en el asunto. Distintos voceros políticos y de la sociedad civil  han comenzado a manifestarse exigiendo que se cumpla la Constitución. Entre los más destacados está un grupo de estudiantes de diferentes estados que se encuentran encadenados muy cerca de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura del TSJ, exigiendo que Chávez asuma su mandato o, de no poder hacerlo, se declare su falta. Varios líderes políticos y personalidades de la sociedad en general dieron muestras de apoyo a estos muchachos.

    Nos enfrentamos a una realidad: hay una sola verdad que muy pocos la saben. Peor aún, quienes la conocen, la están utilizando para su propio beneficio, incluso cuando esto significa no respetar lo que claramente está establecido en la Constitución. Mientras tanto, millones de venezolanos se encuentran con una permanente sensación de que “algo va a pasar” pero que no termina de suceder. Sin embargo, parece que finalmente muchos se dieron cuenta de la gravedad de la situación y, sobre todo, de que por muy mal que estén hoy las cosas, mañana podrían estar peor.

    Es hora de empezar a reconstruir la legalidad en este país, no tenemos la menor duda de que eso lo desea la inmensa mayoría de los venezolanos. El primer paso, indispensable para comenzar a recorrer el largo camino que queda por delante, es que todos sepamos lo que más de 50 estudiantes arropados por unas pesadas cadenas exigen: la verdad.

    Miguel Velarde

    @MiguelVelarde