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  • Una nueva fase – Por Miguel Velarde

    Una nueva fase – Por Miguel Velarde

    Si algo ha caracterizado a la lucha democrática de los últimos años en Venezuela, ha sido la lentitud con la que cierta dirigencia opositora asume las realidades.

    Por extrañas razones, algunos líderes políticos se rehúsan a aceptar verdades imposibles de obviar. Incluso la comunidad internacional ha sido más rápida en definir lo que ocurre en el país que muchos de los que aquí hacen vida.

    El ejemplo más emblemático de esto es el fin de la democracia en Venezuela. Todavía hoy están frescos en la memoria algunos términos que por innovadores no dejan de ser ridículos, como la “democracia con grises” o el “déficit democrático”, con los que ciertos políticos trataron de camuflar una realidad inocultable: la tiranía.

    Pero incluso hoy, después de tanta agua que ha corrido bajo el puente, siguen haciendo esfuerzos para postergar lo impostergable. Ante la abrumadora evidencia de la destrucción no solo de la democracia sino también de la república, la responsabilidad de todos es asumir el gran desafío que tenemos por delante.

    Venezuela está agonizando. El mundo entero lo sabe. Las semanas que tenemos por delante son decisivas, no solo porque la crisis política en torno al referéndum revocatorio tendrá que encontrar un desenlace definitivo –aún incierto-, sino también porque la crisis socio económica es insostenible.

    Tenemos que tener claro que asumir una realidad tan dura como ésta requiere más que una declaración o un slogan: nuestra posición debe estar siempre acompañada de acciones. La coherencia es imprescindible.

    Por eso, la marcha convocada para este jueves podría ser un punto de inflexión importante para darle rumbo al cambio político; o no. Dependerá de cuál sea la intención de la dirigencia política opositora.

    Si su objetivo es seguir en el juego del gobierno, en un permanente tira y afloja que lo único que logra es darle oxígeno a quienes están en el poder, será una marcha más que acabará en una tarima con personajes repetidos y discursos aburridos y con el referéndum revocatorio en 2017, o nunca.

    Por el contrario, si una convocatoria que promete ser masiva, es una señal inequívoca de que la gran mayoría de los venezolanos decidió asumir su realidad y cambiarla, puede ser el primer paso de un proceso irreversible que permita un cambio político y constitucional en el país.

    Esta semana promete ser el inicio de una nueva fase en la larga lucha opositora por recuperar la democracia. Esperemos que permita, finalmente, lograr el objetivo, y que no se convierta en otra gran decepción como las que ya nos tienen acostumbrados.

    @MiguelVelarde

  • Un cambio, pero en serio – Por Miguel Velarde

    Un cambio, pero en serio – Por Miguel Velarde

    Lo peor a que las cosas no cambien, es que parezca que cambiaron. Por eso, debemos estar conscientes de que el gran reto que tenemos hoy como sociedades aprovechar esta tragedia inédita que vivimos para cambiar las cosas a fondo.

    Los problemas en Venezuela se han profundizado en los últimos 17 años, pero no comenzaron hace dos décadas. Desde mucho antes se podía predecir que íbamos rumbo a un modelo populista y estatista que, tarde o temprano, nos iba a conducir a una crisis humanitaria como la que hoy padecemos.

    Venezuela enfrenta una crisis macroeconómica sin precedente, con una caída del PIB de más de 10% y una inflación superior a 700% para finales de este año, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). La economía per cápita venezolana ha retrocedido al año 1992, nuestra reservas internacionales se encuentran hoy en los niveles de 1995 y se espera que disminuyan aún más.

    Sin embargo, cuando se analizan los datos de la destrucción estructural de nuestra sociedad, la situación es aún más alarmante. En 1998 existían en Venezuela 611.803 empleadores, hoy, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), apenas existen 264.909, lo que significa que casi el 60% de la capacidad empleadora privada cerró sus puertas.

    Dos terceras partes de las empresas industriales privadas cerraron; 8.000 de acuerdo a Conindustria. Siete millones de hectáreas fueron arrancadas al sector privado. Se estima que 114.455 familias productoras del campo lo abandonaron.

    En relación a la salud, el impacto en el sector de atención hospitalaria ya lo estamos viviendo: 60% de los médicos, de acuerdo a la Federación Médica, emigró. La mitad de los cupos universitarios en especialidades médicas está vacante, y el 55% de nuestros científicos se fue del país.

    En materia de educación, el escenario es igualmente dramático. La Federación de Maestros afirma que cerca del 40% de los profesores abandonó las aulas para buscar alimentos y medicinas. La media educativa de Venezuela ha retrocedido al nivel que teníamos a finales de los 80’s.

    Las consecuencias de esto son tan profundas que debemos comprender que no se trata de un problema coyuntural, sino de uno estructural. La crisis que el país enfrenta no se soluciona con una subida en los precios del petróleo o mayor inversión. Los cambios deben estar en el marco de un nuevo modelo de desarrollo, una nueva concepción de sociedad y una nueva forma de vida.

    Tenemos la obligación de replantear nuestra relación con el petróleo.Sin duda, será aún por algunos años el ancla más importante sobre el que nuestra economía deberá apoyarse, pero nunca más lo que alguna vez fue. Debido a eso, la diversificación de nuestra economía y nuestros talentos es impostergable.

    El eje central no puede ser otro que la libertad, en todos sus aspectos. Después de casi dos décadas de opresión, la libertad individual, un mercado libre y una sociedad de cooperación y solidaridad son los pilares principales sobre los que una nueva relación Estado-ciudadano debe construirse, en la que el gobierno cumpla sus funciones y acompañe a los ciudadanos en su desarrollo y emprendimiento.

    Tanto sufrimiento tiene que servir para algo. Sería imperdonable es que después de esta experiencia, solamente nos propongamos mejorar lo mismo que se hizo en el pasado.

    Ha llegado la hora de plantearnos un país totalmente diferente.

    Un cambio, pero en serio.

    @MiguelVelarde

  • Más dudas que certezas – Por Miguel Velarde

    Más dudas que certezas – Por Miguel Velarde

    Comienza el segundo semestre del año. No podemos dejar de realizar un balance honesto de lo que fue el primero.

    Después de la contundente victoria de la oposición el 6 de diciembre en las elecciones parlamentarias, muchos esperaban que las cosas comenzarían a mejorar. La misma oposición se había encargado de alimentar esa esperanza en su campaña electoral. Sin embargo, la realidad fue diferente.

    No solamente la crisis humanitaria se aceleró rápidamente, sino que incluso a nivel político la dirigencia opositora dejó mucho que desear. Desde la Asamblea Nacional se pudo haber hecho mucho más. Fueron seis meses que podían haber sido el punto de quiebre en una coyuntura política en la que el gobierno está más débil que nunca: sin apoyo popular, sin recursos y con menor complicidad de la comunidad internacional.

    Pero no se logró prácticamente nada: hoy, los tres diputados injustamente destituidos de Amazonas aún no han recuperado sus curules, los magistrados “express” ilegalmente juramentados siguen ejerciendo –¡y de qué manera!- en el Tribunal Supremo de Justicia, los presos político siguen presos, la crisis está peor que nunca y los venezolanos aún sin fecha para un derecho constitucional que les asiste: el referéndum revocatorio.

    Si bien el referéndum se ha convertido en la bandera de lucha principal de toda la oposición, parece más una pose pública que una verdadera intención. Ahora, comenzando el segundo semestre de un año que puede ser decisivo en la historia del país, tenemos más dudas que certezas.

    ¿Está en verdad toda la oposición comprometida con que el referéndum se haga en el 2016? ¿Hay interesados en que se realice el próximo año? ¿Cuál es el objetivo de un diálogo con mediadores parcializados, condiciones injustas y poca transparencia?

    Sin embargo, cuando todo luce aún muy confuso, hay momentos que nos inspiran a no rendirnos. Como las imágenes de unas madres traspasando la frontera para conseguir comida para sus hijos hambrientos, rompiendo la barrera de la Guardia Nacional, o el recuerdo de Brenda Briceño, la joven activista y madre carabobeña que luchó contra la opresión incluso mientras también lo hacía contra un terrible cáncer, hasta su último día de vida el pasado jueves.

    Ellos, los que no se rinden, son los que nos convencen todos los días de que la lucha vale la pena. Son los que demuestran que, mientras algunos están preocupados por sacar pequeñas ventajas en el presente, hay otros que ya están escribiendo el futuro.

    Sobre todo los jóvenes, porque ha quedado demostrado que quienes nacen en opresión, no tienen más opción que vivir por la libertad.

    Incluso a pesar de que ese camino que transitamos está hecho con más dudas que certezas.

    @MiguelVelarde

  • Con el hambre no se juega – Por Miguel Velarde

    Con el hambre no se juega – Por Miguel Velarde

    Las imágenes a lo largo del país son dramáticas. Niños desnutridos que lloran por hambre, madres desesperadas que claman por ayuda mientras cuentan que sus hijos de desmayan por falta de alimento y ancianos enfermos reprimidos por las fuerzas del orden solo por reclamar medicinas.

    Como nunca antes uno puede observar en la calle gente tratando alcanzar un mango de las formas más ingeniosas que se puede pensar. No buscan alimentarse, solo engañar al estómago por una horas.

    Los que no lo logran, recurren al desperdicio de otros. Son cada vez más los que buscan en la basura un pedazo de fruta medio podrida que pueda salvarse, o el resto de una empanada que alguien haya desechado.

    Muchas madres les dan leche a sus hijos “cuando consiguen”. Otras cuentan que fue hace tanto tiempo que se la dieron por última vez, que ya no recuerdan el día.

    Cuando estas historias se traducen en estadísticas, se evidencia la tragedia que se vive y también la que deberemos enfrentar en el futuro. En un reciente trabajo del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS), en el que se estudia el cambio de hábito en la alimentación del venezolano, se analizan las graves consecuencias que tendrán que enfrentar especialmente los niños.

    Advierten que debido a la mala alimentación, las anemias aumentarán considerablemente y que la próxima generación será más baja en estatura que sus padres. Hoy, el 75% de la dieta de los venezolanos consiste en carbohidratos y existe un alto porcentaje que ya no come tres veces al día, solo dos o incluso, en algunas regiones del oriente, solo una.

    Todo esto tiene consecuencias irreversibles. Los cerebros de los niños no se desarrollan de manera completa si no se alimentan adecuadamente. Ese niño, según el mismo informe, no tendrá la capacidad de aprender de un niño normal, y eso se traducirá en un incremento en la deserción escolar y en muchas limitaciones a lo largo de su vida.

    La gente hambrienta y desesperada está empezando a perder la paciencia. Como en Tucupita, Delta Amacuro, donde la semana pasada se registraron graves hechos de violencia que se originaron en protestas por comida que terminaron en la detención de 146 personas y un decreto de Toque de Queda en la ciudad.

    Son muchas las consecuencias que ha traído un modelo socialista que no funciona y que ha sido implementado por 17 años en el país. La economía, la seguridad, el desarrollo y hasta la moral han sido destruidos.

    Sin embargo, cuando las consecuencias de un fracaso se reflejan en los ojos de un niño hambriento, es cuando el límite moral de una sociedad se ha cruzado y callar es imperdonable.

    Mientras tanto, el gobierno sigue luchando en una guerra económica imaginaria, buscando culpables donde no existen, tomando más medidas equivocadas –como los CLAPS, que no solucionan nada- y así, profundizando la crisis.

    No se dan cuenta de que lo que estamos viviendo es serio. Con el hambre no se juega.

    @MiguelVelarde

  • Menos solos – Por Miguel Velarde

    Menos solos – Por Miguel Velarde

    Por primera vez en 17 años, el mundo pudo ver la realidad venezolana sin disfraces; el chavismo al desnudo. De manera inédita, en la Organización de Estados Americanos (OEA), se presentó un informe detallado con datos estadísticos que preocupan a cualquiera.

    Solo eso, ya fue una derrota para el gobierno de Venezuela y una victoria del secretario general de esa organización, Luis Almagro, quien impulsó esta posibilidad.

    Consciente del impacto que tendría el informe de Almagro si se hacía público, la canciller venezolana Delcy Rodríguez hizo un intento desesperado por impedir que se presente y pidió a los países que voten por no aprobar la sesión aludiendo que significaría un “funesto precedente” y una “intromisión” de esa organización. Grave error.

    Venezuela fue derrotada por donde se mire. Entre los 34 países miembros de la OEA, el gobierno perdió la votación 20 a 12 –con 2 abstenciones-. Entre los países de Unasur, la votación quedó 9 a 3 contra Venezuela. Entre las naciones que componen el Mercosur, también perdió 4 a 1. Si tomamos en cuenta la población de los países que votaron, 900 millones de personas estuvieron a favor de conocer la verdad sobre Venezuela; 67 millones en contra.

    Atrás quedaron los tiempos en los que el gobierno venezolano era protegido por sus cómplices en la región, comenzando por el exsecretario general de esa organización, José Miguel Insulza, quien durante años operó para desactivar cualquier iniciativa que buscaba rescatar las libertades y el respeto por los derechos humanos en el país.

    A pesar del intenso lobbying diplomático del gobierno venezolano y la infaltable propaganda local e internacional, la semana pasada el mundo escuchó de boca de Almagro la trágica realidad sobre la grave crisis económica, financiera, de seguridad, institucional y en materia de derechos humanos que atraviesa el país.

    La presentación del informe inició el mecanismo de activación de la Carta Democrática para Venezuela, un hecho inédito desde su firma en 2001. Queda por ver cómo se van desarrollando las siguientes etapas, entre las que se encuentran la toma de decisiones “conjuntas” entre los países miembros, la creación de un “grupo de países amigos” que acompañe el proceso de diálogo en el país y cualquier otra herramienta que contemple la OEA. No es verdad que la Carta Democrática obstaculiza el diálogo; todo lo contrario, podría ser lo único que lo haga viable.

    Ahora ningún país puede alegar no estar al tanto de la realidad venezolana. Quedó claro que atravesamos la peor crisis de nuestra historia republicana. Los gobiernos vecinos saben muy bien que si aquí ocurre un estallido social, inevitablemente puede desestabilizarlos a ellos.

    También quedó claro que en el país no existe un diálogo. Es imposible que se lleve a cabo mientras el mediador sea alguien como el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien es un emisario del gobierno y no goza de la confianza de la oposición.

    Además, para que el diálogo sea viable, debe incluir la liberación de los presos políticos, la realización del referéndum revocatorio este año y el irrestricto respeto a la Constitución. Cualquier otra cosa sería un fraude.

    Mientras tanto, en el país, los venezolanos continúan pasando sus días intentando sobrevivir la desgracia que les ha tocado vivir. Cada vez más cansados, pero también conscientes de que una vez más, los ojos del mundo están sobre Venezuela.

    Hoy, el gobierno venezolano está más aislado que nunca. Y nosotros, menos solos.

    @MiguelVelarde

  • Tarea de todos – Por Miguel Velarde

    Tarea de todos – Por Miguel Velarde

    Muchos creen que Venezuela está viviendo sus días más difíciles. Se equivocan. Ese momento recién llegará cuando pase la tormenta y nos toque reconstruir el país desde sus cenizas.

    Aunque suena desmoralizante, en el fondo no debería serlo. Muchas veces la anomia es más cómoda que la acción. Quedarse paralizado durante la caída no es atípico. Sin embargo, es una responsabilidad es ayudar en la reconstrucción.

    Ese es el gran reto que tenemos los ciudadanos y para el que tenemos que empezar a prepararnos, porque todo indica que ese día puede llegar más temprano que tarde y si nos agarra desprevenidos, sería imperdonable.

    Son tres grandes tareas las que tenemos quienes venimos luchando desde hace años por la recuperación de la democracia, las libertades y los derechos en el país.

    La primera es la construcción de una Unidad democrática muy superior a la que tenemos hoy que, en primer lugar, incluya a todos los sectores de una sociedad que sin duda estará golpeada, pero al mismo tiempo ansiosa de vivir en un país mejor.

    Una Unidad que, por supuesto, la compongan los partidos políticos, pero también los gremios, las universidades, los sindicatos, los estudiantes y todos los sectores de la sociedad civil. A la que también se sumen esos cientos de miles de venezolanos que tuvieron que dejar su tierra por diversos motivos, pero que no existe noche que se acuesten ni día que se levanten sin pensar en volver.

    En segundo lugar, tenemos la responsabilidad de diseñar un plan de recuperación económica y financiera que en principio atienda la crisis y la emergencia social que vivimos.

    Los primeros meses encontraremos un país en un grave estado, que requerirá de mucha madurez y comprensión de una sociedad que tendrá que pagar las consecuencias de quienes lo saquearon. Requeriremos de un programa que en cuestión de unos meses permita la estabilización de la nación y el inicio de un desarrollo sostenible que nos deje ingresar en el siglo XXI.

    Finalmente, estamos obligados a ser parte de un cambio de modelo integral. Que incluya lo económico, lo social, lo educativo y hasta lo cultural. Que nos permita desarrollar una nueva relación con el petróleo y el Estado, que nos deje ser ciudadanos con derechos pero también con responsabilidades, libres de vivir nuestro propio sueño con esfuerzo y cooperación.

    Un modelo en el que cada uno de nosotros sea dueño del fruto de su esfuerzo, que nadie nos lo pueda quitar y que éste sea la mejor herencia para nuestros hijos.

    No será fácil, para qué engañarnos. Sin embargo, muchas veces en la vida la decisión más simple es la única que se puede tomar. En este caso, trabajar en la reconstrucción de un país destruido es nuestra única opción, porque Venezuela es tarea de todos.

    @MiguelVelarde

  • Una batalla desigual – Por Miguel Velarde

    Una batalla desigual – Por Miguel Velarde

    Oliver quería ser bombero, ese era su sueño. Pero para alcanzarlo, debía superar primero el linfoma no Hodgkin que le fue diagnosticado en septiembre pasado. No lo logró.

    Su imagen se hizo famosa en febrero de este año, cuando en una de las muchas protestas que ocurren diariamente en Venezuela, apareció un pequeño niño de solo 8 años, con la cabeza rapada y un barbijo blanco que le cubría gran parte de la cara. En sus manos cargaba un cartel sobre el que había escrito de puño y letra un mensaje al mundo: “Quiero curarme. Paz. Salud.”

    La situación del sistema de salud en el país es crítica. Se caracteriza por la ausencia de medicamentos, de equipos y de camas en los centros de salud. La escasez en algunas medicinas llega hasta el 90%. Las condiciones de muchos hospitales son de terror, como hace pocos días reseñó The New York Times en un reportaje especial sobre el tema. El de la salud es otro síntoma más de la tragedia general que envuelve a los venezolanos.

    A pesar de que esta situación ya es conocida por la opinión pública, la historia de Oliver Sánchez le puso un rostro a esta desgracia. Miles de niños enfermos son víctimas y muchos sucumben ante esta realidad.

    Oliver y su familia no se rindieron fácilmente. Su cruzada fue intensa y Sánchez recibió medicamentos de la sanidad pública, de hospitales y de donaciones particulares. Cumplió seis ciclos de quimioterapia hasta que el contagio de una bacteria en el hospital Elías Toro, en Caracas, le causó una meningitis.

    Tras convulsionar dos veces y recorrer hospitales en busca de un cupo en terapia intensiva lo llevaron a una clínica privada, donde entró en coma hace 10 días.

    Allí, Oliver perdió una batalla muy desigual. Una en la que un niño de solo 8 años, enfermo de cáncer, se enfrentó hasta donde pudo a un modelo corrupto, un sistema de salud quebrado e incluso la indiferencia de mucha gente. Su madre contaría, al día siguiente de su muerte, que vio a su hijo “apagándose poco a poco”.

    Con historias como la de este niño –que disfrutaba imitar a Michael Jackson- también nosotros perdemos nuestras propias batallas. Esas que nos definen como sociedad y como individuos.

    Esas que tenemos la obligación de ganar para rescatar al país y dejarle a los millones de niños venezolanos la oportunidad de cumplir sus sueños.

    Esas batallas que no podemos perder. Por más desiguales que sean.

    @MiguelVelarde

  • Los populistas también lloran – Por Miguel Velarde

    Los populistas también lloran – Por Miguel Velarde

    El populismo vive sus peores días en la región. El último capítulo se escribió en Brasilia la madrugada del pasado jueves, cuando 55 senadores votaron a favor de suspender de su cargo a Dilma Rousseff y dar luz verde al juicio político por haber ampliado el presupuesto de la República de manera ilegal. Solo 22 votaron en contra.

    Rousseff no solamente queda apartada de la Presidencia de Brasil por 180 días mientras dura la investigación –algo que probablemente terminará en su destitución- sino también el Partido de los Trabajadores (PT), que gobernó ese país desde el 2003 de la mano de Lula da Silva, pierde el control y queda como el único opositor al gobierno de Michel Temer que es producto de la coalición de todos los demás partidos políticos.

    Irónicamente, el caso por el que Rousseff fue apartada del poder no tiene nada que ver con los otros hechos de corrupción en los que tanto ella como su mentor Lula están involucrados, como elLava Jato y el Petrolao, por ejemplo. Si bien es cierto que la política en Brasil ha estado siempre caracterizada por hechos de corrupción, lo que más indigna hoy a los brasileños es que uno de los gobiernos más corruptos fue justamente el que llegó al poder enarbolando la bandera de la honestidad y la lucha por los más pobres: Lula, “el primer presidente obrero” y Dilma, “la primera Presidenta mujer”, terminaron siendo peores que sus predecesores. A la gente, más que su deshonestidad, le ofende su cinismo.

    Esa característica no fue exclusiva del país de la Samba. Si bien el proyecto regional, conducido desde el Foro de Sao Paulo, nació en Brasil a principios de la década de los noventa, rápidamente se fue extendiendo por la región. Con la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, el proyecto socialista se consolidó por más de 10 años. Una década en la que además se vieron favorecidos por una bonanza económica nunca antes vista, con altos precios del petróleo, gas y otras materias primas que significaron ingresos que pudieron gastar y robar a su antojo.

    Pero se acabó el carnaval. No solo para Brasil, sino también para sus socios en la región. Las costuras se le empezaron a ver a un modelo socialista insostenible y las economías de los países que lo adoptaron comenzaron a quebrarse. El espejismo de “prosperidad” se diluyó y, con él, se evaporó el apoyo popular con el que alguna vez contaron.

    La fuerza de la realidad los golpeó de frente y los mostró desnudos: líderes populistas que se aprovecharon de los pobres para hacerse ricos; que condenaban la corrupción mientras robaban más que nadie; y a los que lo único que les importó fue perpetuarse en el poder.

    La historia está llegando a su fin. En Argentina, Cristina Kirchner, quién continuó el proyecto de su difunto esposo Néstor, está fuera del poder y enfrenta varios juicios por corrupción. Lula y Dilma cayeron en desgracia en Brasil y lo más probable es que sea definitivo; también les tocará enfrentar a la justicia por diversas acusaciones de lavado de dinero. En Ecuador, Rafael Correa, seguramente consiente de la mala hora por la que están pasando sus compañeros, prefirió no buscar una nueva reelección y terminará su mandato el próximo año. Evo Morales, el más fiel aliado de Chávez y Maduro, acaba de perder en un referéndum la posibilidad de reelegirse una vez más y ahora está más preocupado de resolver problemas domésticos con su examante –a la que beneficio con millones de dólares del Estado- que de gobernar.

    Venezuela sigue siendo el país de las dificultades. A pesar de que es el lugar donde el proyecto socialista ha durado más tiempo y ha hecho más daño, todavía luchamos por salir de éste. El camino que tenemos por delante no será fácil, pero debemos transitarlo con la convicción de que caminamos en la misma dirección de la historia.

    Nada es para siempre, como quizá creyeron quienes saquearon a nuestros países estos últimos años. Les está llegando la hora de rendir cuentas y su novela está en sus capítulos finales.

    Una que muy bien podría llamarse, “Los populistas también lloran”.

    @MiguelVelarde

  • ¿El revocatorio es la salida? – Por Miguel Velarde

    ¿El revocatorio es la salida? – Por Miguel Velarde

    En enero de este año advertimos que la Asamblea Nacional, que transitaba sus primeros días de gestión, tendría por delante seis meses definitorios.

    En ellos, pudo haberse convertido en el centro de decisión política del país. Sin embargo, no fue lo suficientemente audaz y contestataria a un Poder Ejecutivo que buscó deslegitimarla de la mano del Tribunal Supremo de Justicia y todas sus artimañas. La AN corría el riesgo de volverse irrelevante y perder una oportunidad histórica de ser el punto de inflexión que el país necesitaba. Lamentablemente, su inacción ha hecho que hoy el centro del debate político esté en otro lado.

    En los últimos días, el referéndum revocatorio ha ganado fuerza como la vía para cambiar constitucionalmente al gobierno. Con otras propuestas sobre la mesa, como exigir la renuncia del Presidente, aprobar una enmienda constitucional que recorte su mandato o incluso una Asamblea Constituyente, la Unidad ha enfocado sus esfuerzos en la activación del referéndum. La buena noticia de esto es que aglutina todas las fuerzas en una sola dirección; la mala es que apuesta todo a una sola opción que es tan incierta como las otras.

    La Mesa de la Unidad Democrática aprobó por unanimidad que empujaría todas las vías constitucionales para lograr el cambio político lo antes posible. Es una mala idea cambiar de estrategia ahora y que se apueste todo a una sola, por un motivo muy simple: cualquiera de ellas encontrará obstáculos que la pueden hacer inviable. En relación al referéndum, claro ejemplo de esto son los más recientes anuncios de quien debe arbitrarlo, el Consejo Nacional Electoral, algo que se hará más evidente con el paso de los días y el ingenio de cuatro de sus rectoras.

    Lo que queda claro es que ninguna de las rutas propuestas por la oposición será viable si no está acompañada activamente por la gran mayoría de los ciudadanos. Hoy todos se dan cuenta de que, con los demás Poderes sometidos al Ejecutivo y una Asamblea Nacional entrampada, la única herramienta con la que cuentan para ejercer presión sobre el CNE y el TSJ es el apoyo de la gente que no solamente es mayoría, sino que está dispuesta a demostrarlo.

    Mientras tanto, paralela a la crisis política del país avanza una crisis socioeconómica que no da tregua a los venezolanos. Como acertadamente afirmó Mario Vargas Llosa la semana pasada, “Venezuela es un país que se muere prácticamente de hambre”. Y cuando un país pasa hambre, los plazos y cálculos políticos se vuelven irrelevantes.

    El problema que tiene el referéndum revocatorio es que tiene fecha de vencimiento: 10 de enero de 2017. También tiene obstáculos complejos que aún deben superarse y seguramente aparecerán otros que aún ni imaginamos.

    El cambio político es urgente, el país ya no aguanta y no existe certeza de que estemos transitando el camino correcto. Nadie sabe, ni siquiera sus más entusiastas promotores, si el referéndum revocatorio es la salida a esta desgracia. Por eso, todas las demás vías constitucionales deben seguir siendo una opción.

    @MiguelVelarde