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  • Migajas – Por Miguel Velarde

    Migajas – Por Miguel Velarde

    Los venezolanos están cansados de ser usados

    Vamos a ser honestos: perdimos mucho de lo que habíamos ganado en estos cuatro meses de lucha. Una vez más, por culpa de nuestra dirigencia política. La cúpula de partidos, volvió a equivocarse.

    La sola posibilidad de unas elecciones regionales descolocó a la mayoría de partidos políticos de oposición y los sacó de la ruta para lograr el cambio. Unas elecciones que se plantean, aunque usted no lo crea, con el mismo CNE que pocos días antes habían denunciado como fraudulento, algo que incluso la empresa que provee las máquinas de votación, Smartmatic, confirmó. Sin mencionar que se realizarían con potenciales candidatos que hoy se encuentran presos o inhabilitados.

    Impresiona cómo la élite política se marea por unas pequeñas parcelas de poder mientras la República está siendo aniquilada. Lo más grave de todo esto es que  detiene la lucha de millones de venezolanos. El llamado a las calles –la herramienta más importante de una sociedad en rebeldía- se enfrió porque la gente exige coherencia de su dirigencia. Los venezolanos están cansados de ser usados.

    La comunidad internacional, que después de tantos años finalmente empieza a actuar en relación a Venezuela, ahora está desconcertada. Los países y organismos amigos no entienden cómo la oposición venezolana puede rendirse tan fácilmente ante tan poco.

    Por eso, la decisión de María Corina Machado y su partido, Vente Venezuela, así como la del alcalde Antonio Ledezma y Alianza Bravo Pueblo, de deslindarse de la decisión de la MUD, debe celebrarse. El espacio más importante que no se debe perder es la calle y la Unidad que debe preservarse es con la gente.

    Los venezolanos han demostrado una madurez política inédita. No solamente por el compromiso que muestran con el rescate de su país, sino también por la forma en la que dan esta lucha: con dignidad.

    Mientras tanto, si algo ha demostrado la clase política es su incapacidad de aprender de los errores y un cortoplacismo desmoralizante.

    Lamentablemente también ha evidenciado, una vez más, que tiene una desmedida ambición por las migajas que recibe del oficialismo.

  • El gran circo – Por Miguel Velarde

    El gran circo – Por Miguel Velarde

    Somos rehenes de nuestras propias contradicciones 

    Uno nunca pierde el poder de asombro con el régimen. Tampoco con la oposición. Cuando creemos haberlo visto todo, se encargan de demostrarnos que siempre pueden ir un poco más allá.

    En el caso del oficialismo, después de haber llevado a cabo contra viento y marea sus elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, aceleran la profundización del proceso. En solo horas, posesionaron a sus 545 constituyentes en el Salón Elíptico del Palacio de Justicia, comenzaron a sesionar, tomaron por la fuerza las instalaciones del Ministerio Público, destituyeron como Fiscal General de la República a Luisa Ortega Díaz y nombraron en su reemplazo al ex Defensor del Pueblo, Tarek William Saab.

    Todo esto, a pesar de las fuertes advertencias que recibieron del mundo entero, incluido la del Papa Francisco. En un hecho inédito, el Vaticano le hizo llegar una carta al gobierno horas antes de la instalación de la Asamblea Constituyente, pidiéndole que la suspenda porque “hipoteca el futuro de los venezolanos”. Tardó tanto la Santa Sede en pronunciarse sobre lo que ocurre en el país que ha quedado claro que el Vaticano en relación a Venezuela siempre llega tarde y mal.

    La reacción internacional no quedó allí. El sábado el Mercosur suspendió indefinidamente a Venezuela del bloque por la “ruptura del orden democrático”. Los cancilleres de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay analizaron en San Pablo, Brasil, la crisis que atravesamos y pidieron el inmediato inicio de un proceso de transición política.

    Como si para los venezolanos todo esto no fuera suficiente, ahora también tienen una oposición que los decepciona. Al ciudadano no se le puede pedir más, lo ha dado todo. Cuando se le pidió que marche, marchó; cuando se le pidió que vote, votó; cuando se le pidió que pare, paró; cuando se le pidió que tranque, trancó. Cuando se le pidió que confíe, confió.

    Sin embargo, un sector de la dirigencia opositora lo único que hace desde hace años es calcular políticamente cómo preservar sus parcelas de poder. Los mismos que en 2014 se sentaron en un diálogo para enfriar las protestas de calle, que en 2015 prometieron que ganando la Asamblea Nacional todo cambiaría, que en 2016 entregaron el referendo revocatorio a cambio de nada en el “diálogo”, que en 2017 continuaron negociando a espaldas de la gente; son los que ahora ignoran el mandato que 7,6 millones de personas les dieron en el plebiscito del 16 de julio y se preparan para ir a unas elecciones a gobernaciones en las mismas condiciones que denuncian como fraudulentas. Existe una sola explicación: ingenuidad o complicidad sin límites.

    Mientras tanto, la comunidad internacional que nunca había estado tan clara sobre lo ocurre en el país ni tan decidida a pasar de la retórica a la acción, observa perpleja. Algunos incluso afirman que “no nos dejamos ayudar”. Tienen razón.

    Somos rehenes de nuestras propias contradicciones y víctimas de las mezquindades de aquellos cuya práctica política fue lo que llevó hace casi 20 años al chavismo al poder y es lo que hoy lo mantiene ahí.

    Nosotros, mientras tanto, seguimos siendo parte involuntaria de este gran circo.

  • Días cruciales – Por Miguel Velarde

    Días cruciales – Por Miguel Velarde

    No es la primera vez en estos últimos años que sentimos que los días que tenemos por delante son definitivos. Sin embargo, esta vez no es una percepción, es una realidad. Esta semana puede definir el destino de nuestra generación. Si la Asamblea Nacional Constituyente, a través de la elección de sus 545 constituyentes este próximo domingo, logra instalarse en el país, el escenario político se transformará de manera radical.

    La lucha ciudadana para que esto no ocurra lleva ya casi cuatro meses y ha cobrado más de 100 vidas. En sí misma, esta lucha está haciendo historia, porque pocas veces en el mundo se ha visto alguna otra con características como la venezolana. Las marchas multitudinarias, las trancas y las huelgas que paralizan un país, el acto de desobediencia civil más grande de la humanidad como la consulta popular del 16 de julio y, sobre todo, tantos héroes que visten de gloria las páginas de este periodo de la historia.

    Sin embargo, este proceso también tiene su lado oscuro. Referirse a éste en medio de la batalla es una obligación. Como ocurre desde hace varios años, un sector de la dirigencia opositora solamente vela por sus intereses y busca mantener sus beneficios a costa del futuro de millones.

    En este momento tan crucial para Venezuela, existen versiones de que el mismo sector que negoció varias luchas en el pasado mediante “diálogos” poco transparentes, trabaja arduamente para hacerlo una vez más. Habrá que ver si en esta ocasión el peso de la realidad y la consciencia de la gente no son más fuertes que su mezquindad.

    Mientras tanto, y a pesar de todas estas dificultades, la agenda de lucha de la oposición sigue activa. El viernes la Asamblea Nacional nombró a los 33 nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, cumpliendo así el mandato recibido de más de siete millones y medio de ciudadanos el 16 de julio. Casi inmediatamente, el TSJ ordenó un juicio militar contra los designados y los diputados.

    Nadie parece tener la intención de ceder en estos próximos días. Los venezolanos han comprendido que se juegan todo en esta lucha y el gobierno, a pesar de las advertencias de casi todo el mundo, también parece haber decidido apostarlo todo a su Constituyente.

    Estamos ante el inevitable choque entre la fuerza indetenible y el objeto inamovible. Lo que pueda resultar de eso es incierto.

    La única certeza que tenemos hoy es que estamos viviendo días cruciales.

  • No se equivoquen – Por Miguel Velarde

    Lo que ocurrió el domingo es tan importante, que aún no podemos digerirlo

    Millones de venezolanos expresaron el domingo de manera contundente su mandato: esto tiene que cambiar. Lo hicieron a lo largo y ancho del país pero también alrededor del mundo, incluso en lugares inimaginables, como Tanzania, Omán o Bahréin.

    ¿Cuál es el significado de este evento? Uno tan grande que aún ni siquiera podemos digerirlo en su totalidad. Los ciudadanos participaron en el acto de desobediencia civil más grande la historia y cambiaron el rumbo de nuestro destino. Ratificaron su profunda convicción democrática y a su vez la plena conciencia sobre lo que hoy enfrentan, y respondieron una vez más al llamado de su dirigencia en paz y masivamente.

    No faltaron quienes crearon en las horas previas falsas expectativas sobre la participación en un evento de este tipo. Algún dirigente opositor y uno que otro encuestador confundido dijeron que la participación podía ser hasta de 11 millones de personas. Algo imposible de lograr si uno analiza las condiciones más básicas de un evento como éste: i) se convocó con solo 14 días de anticipación, ii) se enfrentó la más absoluta censura de los medios de comunicación, iii) se tuvo que enfrentar los obstáculos de los órganos oficiales; iv) casi no se disponía de recursos; y v) el número de mesas habilitadas para votar era solo 15.000, el 30% de las 45.000 con las que se cuentan en una votación tradicional.

    A pesar de eso, se logró la participación de más de siete millones y medio de venezolanos, con el apoyo de más de 100.000 voluntarios en 2600 puntos, en 88 países alrededor del mundo y en los barrios más populares de Venezuela, alguna vez trinchera indiscutible del chavismo. La palabra la tiene ahora la dirigencia opositora y, sobre todo, la Asamblea Nacional, que nuevamente recibe un mandato inequívoco y urgente, que esta vez no puede ignorar.

    La AN debe, a la mayor brevedad posible, nombrar nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral, nuevos magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia y encabezar un proceso de cambio y reconstrucción que el país demanda a gritos. Solo así, responderá adecuadamente a millones de venezolanos que una vez más demostraron que están a la altura de las graves dificultades que el destino puso en su camino.

    Mientras tanto, esos mismos ciudadanos siguen jugando hoy el rol más importante de todos: seguir ahí. Exigiendo, con firmeza, que sus representantes cumplan con lo prometido.

    Repitiendo, como una orden y no como una súplica: “no se equivoquen”.

     

  • El rumbo – Por Miguel Velarde

    El rumbo – Por Miguel Velarde

    Hoy nuevamente tenemos más preguntas que respuestas

    La única constante en la realidad venezolana es la incertidumbre. Por eso, nos hemos acostumbrado a pasar más tiempo especulando que analizando.

    Cuando recién estamos comenzando a digerir un hecho, sucede otro de mayor envergadura. En un mes que se torna definitorio para el futuro del país, cuando la oposición prepara un plebiscito de gran magnitud para este domingo y el gobierno se empeña en realizar unas polémicas elecciones para la elección de una Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio, el fin de semana el país despertó sorprendido con la noticia que Leopoldo López se encontraba en su casa gracias a una medida que lo beneficiaba con casa por cárcel.

    En lo humano, esta noticia nos causa gran alegría, porque hoy Leopoldo está con toda su familia, de quien jamás debió haber sido separado. En lo político, el análisis es mucho más complejo, porque agrega nuevas variables a una ecuación que desde hace tiempo es compleja.

    López se convierte hoy en la voz de mayor relevancia de la oposición, y sus próximas acciones definirán su posición dentro del gran movimiento de lucha que ayer cumplió 100 días en las calles del país. Por lo poco que se pudo conocer públicamente, todo parece indicar que será tan firme como lo fue desde el primer día. Así también lo es la posición de la gente, que ayer demostró una vez más que está dispuesta a seguir en la calle el tiempo que sea necesario.

    Sin embargo, aún quedan muchas dudas dando vueltas en el aire. ¿Por qué una medida cómo ésta cuando algunos de los voceros más importantes del chavismo habían asegurado en reiteradas oportunidades que López no saldría de Ramo Verde? ¿Quiénes fueron los encargados de llevar a cabo esta negociación? ¿Qué busca el gobierno con esta decisión? ¿Cómo será este nuevo capítulo político en el país con Leopoldo López más activo después de tres años y medio de prisión?

    Hoy nuevamente tenemos más preguntas que respuestas. Ya no debería sorprendernos, porque nos hemos vuelto expertos en vivir en el limbo. La confusión solo juega a favor de quienes quieren evitar que el país supere esta grave crisis en la que se encuentra sumido.

    Por eso, lo más importante a estas alturas, y después de tanto sacrificio, es no perder el foco y mantener el rumbo.

     

  • Nuestra locura – Por Miguel Velarde

    Nuestra locura – Por Miguel Velarde

    El gran reto que tenemos es enfrentarnos a nuestros miedos

    A veces nos convertimos en rehenes de nuestra propia locura. Esos son los momentos en los que una sociedad corre el riesgo de perderse a sí misma. Cuando la crisis, el drama, la violencia e incluso la muerte son tan cotidianas que parecen normales.

    Ante tal amenaza, debemos ver con optimismo que en los últimos meses la conciencia global sobre lo que nos pasa ha despertado. No solo en el país, donde la gran mayoría ha comprendido el alcance de los males y también su origen, sino también en el mundo. Los organismos internacionales, los gobiernos y también los pueblos vecinos hoy tienen claridad sobre la situación en Venezuela.

    Vimos un ejemplo de esto durante el anuncio hecho el viernes por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en el que canceló, 30 meses después de haber sido implementado, lo que llamó “el pacto” entre la administración de Barack Obama y el régimen de Raúl Castro. Este hecho reafirma lo que se podía prever desde su llegada al poder: que la posición de la administración Trump será mucho más firme en la defensa de la libertad y los derechos humanos en la región de lo que lo fue la de su antecesor.

    Trump aprovechó el anuncio sobre el congelamiento de la relación con Cuba para referirse a nuestro tema, exigiendo “libertad” en Venezuela. “Es mejor para Estados Unidos tener libertad en nuestra región, tanto en Cuba como en Venezuela”, dijo.

    Desde hace años vivimos en una economía de guerra, con la inflación más alta del mundo y niveles inéditos de escasez, mientras el salario se evapora de nuestras manos. La violencia desbordada ha cobrado cientos de miles de vidas en la última década. Las mismas malas noticias encuentra uno si examina los indicadores de salud, educación, desarrollo, alimentación, etc.

    Por eso, el gran reto que tenemos, como sociedad, es enfrentarnos a nuestros miedos y encontrar esperanza incluso en tiempos oscuros. Es la única manera de construir un camino que permita al país salir del hueco en el que se encuentra y finalmente empezar a construir un mejor destino para  todos.

    Cualquier cosa diferente a eso sería sucumbir ante la locura; nuestra locura.

  • Vinotinto – Por Miguel Velarde

    Vinotinto – Por Miguel Velarde

    Es difícil sentir alegría en momentos tan duros

    El domingo, al país lo despertó un sueño. En medio del dolor y la frustración de una nación, los muchachos de la selección de fútbol Sub-20 le regalaron a Venezuela un momento de reconciliación con la felicidad, alcanzando un histórico subcampeonato mundial.

    Es difícil sentir alegría en momentos tan duros. Se entiende a quienes ni siquiera comparten la celebración del éxito deportivo, porque consideran que el país no está para festejos.

    Sin embargo, no tenemos que ver este logro necesariamente con alegría, sino con esperanza. Porque ese es el sentimiento que Venezuela hoy más necesita para superar una realidad tan compleja como la que atraviesa. Su ejemplo es inspiración para todo un país que hoy se juega su futuro.

    Por eso, irónicamente el mejor gol del seleccionado no se metió en la cancha ni lo convirtió un jugador. Lo hizo el director técnico, Rafael Dudamel, cuando después de lograr la clasificación a la final exigió el cese de la violencia en el país, mientras recordaba que “esos chicos que salen a la calle, lo único que quieren es una Venezuela mejor”. Un golazo de Rafael.

    Sus muchachos demostraron que con pasión y garra se pueden alcanzar los sueños. Hasta los que parecen imposibles. Lo mismo demuestran desde hace más de 70 días miles de sus compañeros que juegan en las calles su partido más importante, y son parte del mismo equipo: Venezuela.

    Todos ellos, a su manera, están rescatando lo mejor de los venezolanos. Son conscientes de que no solo están viviendo historia, sino también la están haciendo.

    Juntos, son las estrellas de una bandera que no es tricolor, es vinotinto.

     

  • La ruta – por Miguel Velarde

    La ruta – por Miguel Velarde

    La gran tarea pendiente la tiene la Asamblea Nacional

     

    Los venezolanos cumplen más de dos meses de lucha sin tregua en las calles del país. Días muy dolorosos, en los que hemos tenido que lamentar 65 muertes, más de 3000 heridos y más de 3000 detenidos, de los cuales casi 400 aún se encuentran presos, según cifras del Foro Penal Venezolano.

    Sabíamos, desde un principio, que el desafío no sería fácil, especialmente teniendo en cuenta que quienes se encuentran en el poder están dispuestos a hacer lo que sea para no dejarlo. Sin embargo, a pesar de la brutal represión y de la arremetida implacable de los cuerpos de seguridad contra manifestantes desarmados, cada nueva convocatoria es atendida por miles y miles de ciudadanos.

    El camino más largo es el que no tiene un horizonte. Eso ocurre hoy en el de la oposición, porque a pesar de sus innegables victorias en la primera etapa de lucha, ha llegado el momento en el que también se planteen objetivos concretos.

    Es imperativo que los líderes de oposición logren un acuerdo político que permita consolidar una sola voz de mando y guíe a la sociedad sin ningún tipo de contradicciones. Julio Borges, Freddy Guevara, María Corina Machado, Henrique Capriles y Antonio Ledezma deben darle la cara al país unidos y presentar un solo plan.

    Los venezolanos tienen claro el rol que deben jugar en esta etapa y están cumpliendo su tarea  con dignidad. Todo parece indicar que, por ahora, lo seguirán haciendo.

    La comunidad internacional también tiene una tarea determinante en esta ecuación. Se ha avanzado en ese sentido, más lento de lo que la mayoría seguramente desea, pero los tiempos diplomáticos son generalmente más lentos que los de la gente. Conscientes de eso, por lo menos hoy Venezuela está en la agenda de la mayoría de países y organismos internacionales y, mientras no se encuentre una solución definitiva a nuestra crisis, será muy difícil que deje de estarlo.

    Finalmente, la gran tarea pendiente la tiene la Asamblea Nacional. Habiendo recibido un mandato claro el 6 de diciembre de 2015 y con una mayoría abrumadora, está en deuda con los venezolanos. Su rol es hoy más importante que nunca, ya que en ella radica la verdadera voluntad popular y es por ello el Poder legítimo. Más allá de los discursos, la AN debe trazar una ruta concreta que permita viabilizar el cambio político de manera pacífica y sostenible, nombrando a nuevas autoridades del CNE y el TSJ, por ejemplo.

    En sus manos está la posibilidad de esta gesta culmine exitosamente.

    Por eso, hoy la gente le exige acción y claridad en la ruta.

  • Nuestro rol – por Miguel Velarde

    Nuestro rol – por Miguel Velarde

    La aspiración más grande que tenemos es volver a ser normales

     

    En el país, debido a la coyuntura que atravesamos, el ciclo de noticias es tan constante que cada una de ellas tiene periodos de vida muy cortos. La semana pasada tuvimos un claro ejemplo de esto.  En un solo día, Maduro entregó las bases comiciales para su Constituyente, Julio Borges anunció desde la Asamblea Nacional que la oposición haría un referendo consultivo para preguntarle a la gente si quería o no la Constituyente y  la presidenta el CNE, Tibisay Lucena, anunció que las fechas en las que se realizarían la Constituyente y las elecciones a gobernadores, serían a finales de julio y el 10 de diciembre, respectivamente.

    La reacción de la gente no se hizo esperar y por redes sociales –hoy por hoy el modo de comunicación de mayor importancia en el país- el rechazo a todas estas propuestas fue arrollador. La gente está clara: no quiere Constituyente y no quiere elecciones regionales; lo único que va a aceptar es un cambio político real que permita solucionar la grave crisis que vive el país.

    Los acontecimientos también fueron un baño de realidad para un sector de la dirigencia opositora. Como en las últimas semanas fortalecieron su posición de vocería, algunos de ellos creyeron que su voz de mando sobre los ciudadanos era incontestable. No se dieron cuenta de que si la gente hacía lo que ellos pedían era porque ellos decían lo que la gente quería escuchar. En el momento en el que decidieron convocar a un referendo consultivo sobre algo que habían llamado un “fraude”, el rechazo fue inmediato y rápidamente tuvieron que rectificar. La gente tomó el liderazgo de una lucha que lleva ya dos meses en las calles  y que todo parece indicar acabará solo cuando el pueblo así lo decida.

    La aspiración más grande que tenemos en Venezuela es volver a ser normales. Nuestro gran sueño es vivir como se vive en la mayoría de países del mundo: con un sueldo que alcance para subsistir, acceder a los alimentos y medicamentos más básicos, poder salir a la calle sin miedo a que te maten o te secuestren, decir lo que uno piensa sin que por eso te metan preso o tener un negocio sin el temor a que el gobierno te lo quite.

    Estamos cerca de lograrlo y vivimos horas cruciales en las que será determinante no perder el foco. De nosotros, los ciudadanos comprometidos en esta lucha, depende el que nuestra dirigencia no lo haga.

    El rol de quienes lo único que aspiramos es a recuperar la libertad, es seguir luchando por nuestros derechos y recordar permanentemente a nuestros líderes que queremos una transición, no una transacción.

    Mantenerlos firmes, ese es nuestro rol.

  • “Basta y sobra” – Por Miguel Velarde

    “Basta y sobra” – Por Miguel Velarde

    Luego del rotundo fracaso de la MUD el año pasado, que no tuvo la capacidad de lograr la realización del referendo revocatorio y entregó todo a cambio de nada en la farsa del diálogo, la oposición perdió la brújula, mientras el gobierno, que había estado más débil que nunca, vuelve a ganar terreno lentamente.

    Este escenario tiene a los políticos desorientados y a los ciudadanos desmoralizados. Los primeros, no encuentran la manera de plantearle al país una ruta en la que la gente confíe, mientras que los últimos han dejado de creer en todo después de tanto engaño.

    Paralelamente, la situación económica no mejora. Por el contrario, pareciera que en el futuro cercano solamente podría empeorar. Algunos síntomas de esto comienzan a aparecer, más allá de las desesperadas medidas como las intervenciones de panaderías y negocios privados. En un país que tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, estamos sufriendo hasta escasez de gasolina.

    Aunque el gobierno se apresura en negar esta realidad, los venezolanos están cada día más conscientes del fracaso de este modelo. Incluso quienes en algún momento creyeron y apoyaron a una “revolución” que les había prometido que nunca más un venezolano se iría a dormir con hambre. Basta recorrer las calles del país y ver a miles de personas comiendo de la basura para entender que todo fue un gran engaño.

    Al mismo tiempo, internacionalmente se desarrollan acontecimientos que nuevamente podrían poner en una situación muy complicada al chavismo, y que demuestran que la lucha de los demócratas gana cada día más aliados alrededor del mundo.

    Después de años de indiferencia de la comunidad internacional, finalmente el mundo está abriendo los ojos ante lo que ocurre en el país. Encabezados por el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y apoyados por la nueva administración del gobierno de los Estados Unidos, un amplio grupo de países del continente ha decidido presionar al gobierno de Maduro para que cumpla las condiciones básicas de una democracia: respeto a la Asamblea Nacional, liberación de los presos políticos y elecciones libres.

    La razón es simple: la situación en Venezuela es insostenible e imposible de disimular. Además, es tan grave lo que ocurre, que los países de la región ahora se preocupan porque la inestabilidad local pueda incluso afectarlos.

    Mientras tanto, algunos dirigentes políticos de oposición, demostrando su desconexión con la realidad y con la gente, anuncian candidaturas presidenciales para unas elecciones que no existen. Buscan, como siempre, mantenerse vivos en el show político para preservar sus propios intereses. Imperdonable.

    Afortunadamente, los venezolanos y el mundo están conscientes de que la lucha que tienen por delante es otra y de que  vienen días complejos para quienes vivimos en esta tierra a la que tanto le ha tocado sufrir.

    No es momento para bajar los brazos y rendirse. A pesar de lo decepcionantes que son las actuaciones de muchos líderes de oposición, cada día existen más venezolanos comprometidos con un cambio verdadero y más países en el mundo dispuestos a acompañarlos.

    Con eso, basta y sobra.

    @MiguelVelarde