Etiqueta: Luis Barragán

  • Diputado Luis Barragán llama a reivindicar la naturaleza y las funciones de la AN

    Diputado Luis Barragán llama a reivindicar la naturaleza y las funciones de la AN

    El dirigente de Vente Venezuela recuerda los 170 años del Asalto al Congreso Nacional

     El parlamentario asegura que hacen un esfuerzo hazañoso por mantener viva su representación y representatividad

     

    (Caracas. 24/01/2018) Este martes, el diputado Luis Barragán llamó, durante un acto denominado “Punto Fijo, 60 años después”, a “reivindicar la naturaleza y funciones de la Asamblea Nacional [AN] frente a una dictadura que persiste en usurparla mediante  la tal constituyente, cuyo reconocimiento es inaceptable para todos los venezolanos”.

    Las declaraciones las ofreció en el marco de los 170 años del Asalto al Congreso Nacional, que a su juicio, todavía constituye una mancha en la historia venezolana. Consideró que aquellos trágicos hechos, cada vez más, son superados por el desconocimiento y ultraje actual de la AN por una dictadura que deja en pañales a  la de José Tadeo Monagas.

    Ubicó ese hecho en una larga tradición republicana de luchas, pues, si bien es cierto que el parlamento ahora trabaja en un radical contexto de anormalidad institucional, no menos lo es que no ha dejado de ser parlamento.

    “El  socialismo de demoliciones que sufrimos, incurre en un ultraje continuo y agravado del parlamento legitimado por los comicios de 2015 y, más allá, del asalto del propio y asombroso secuestro que ha sufrido en estos dos años, constantemente asediado por los grupos armados y violentos de un paramilitarismo inaudito, como de la misma unidad militar que se ha enquistado en el Palacio Legislativo”, expresó.

    Aseguró que con el pretexto de custodiar el inmueble, sentimos que son muchas las voces que prefieren una dócil cohabitación con la tal constituyente, así como buena parte del Congreso de 1848 se prestó para darle soporte a la dictadura de Monagas por una década, en el siglo antepasado.

    “El parlamentario promedio de la oposición actual hace un esfuerzo hazañoso por mantener viva su representación y representatividad que, por cierto, debe ser consecuente con el mandato de la consulta popular realizada el 16 de julio de 2017 que convocó y celebró, reconociendo sus resultados, astronómicamente distantes a los del tal  diálogo que ha fracasado monumentalmente en República Dominicana”, afirmó.

    Comentó el parlamentario de Vente Venezuela que hasta las  más crueles y sangrientas dictaduras se han procurado una instancia parlamentaria ejemplificándolo con un celebérrimo escritor venezolano,  como Pedro Emilio Coll, quien también presidió el Congreso durante la etapa gomecista.

    “¿Por qué atender dócilmente al llamado de la tal constituyente para unos comicios presidenciales ventajistas y tramposos? ¿No significa reconocer a la espuria constituyente? ¿O acaso fue lo acordado a trastienda en República Dominicana?”, preguntó.

  • Parlamento – Por Luis Barragán

    Parlamento – Por Luis Barragán

    La tentación es la de creernos en un parlamento normal, aceptado y respetado por un cabal desempeño institucional, frente a la otra de suponerlo una mera trinchera de ocasión,  sucursal de los partidos que lo dominan.  Es necesario reconocerlo, la confusión deriva del propio incumplimiento del mandato del 6 de diciembre de 2015 y, el más reciente y vigente, el del 16 de julio de 2017.

    Inédita experiencia la nuestra, la corporación es la única  instancia sobreviviente de la que dispone la ciudadanía para legitimar sus mejores esfuerzos ante una dictadura macabra e implacable. Por ello, su más elemental deber, a pesar de las dificultades, es el de reivindicar sus competencias y fueros constitucionales.

    La propuesta de un programa legislativo, por ejemplo, no significa desconocer las condiciones imperantes y por siempre orientadas a frustrarlo, pues, algo muy distinto es intentar una reforma legal relacionada estratégicamente con el ámbito económico, penal o militar, a la de pretender la serena discusión de un instrumento que reconozca la colegiación de los internacionalistas o la compensación doméstica por las fallas de la industria eléctrica. E, incluso, predispuesto Miraflores a no promulgar jamás un texto diferente a los emanados de la tal constituyente, convengamos en la importancia de una discusión y sanción legislativa que, por una parte, movilice a la ciudadanía y actualice el consenso ante los más variados problemas, echando – desde ya – las bases para un ordenamiento jurídico alternativo; y, por  otra, encare lo urgente y lo importante, como la defensa de la autonomía universitaria y de la universidad misma en Venezuela.

    Significa que, al aportar al esfuerzo nacional de la civilidad contra la barbarie que asombrosamente se ha adueñado de la centuria, debemos partir de nuestras fundamentales responsabilidades parlamentarias, generando – por lo demás – los actos correspondientes para reforzar el compromiso de calle con la ciudadanía. Mal podemos quejarnos del irrespeto a nuestras inmunidades constitucionales, si no procuramos la tipificación del debido delito, por más que físicamente luchemos por demandarlo a la hora de enfrentar a los cuerpos represivos del Estado.

    El venidero 24 de los corrientes, se cumplen 170 años de los lamentables sucesos del Congreso y mal podemos contentarnos con imitar a aquél parlamento que, asaltado con un número lamentable de muertos, en nombre de su supervivencia, se hizo dócil y complaciente con Monagas.  Ojalá haya interés por redescubrir lo acontecido en un siglo XIX que paradójicamente lo vivimos hoy, marcando un retroceso que nos sumerge en la perplejidad.

    Luis Barragán

    @LuisBarraganJ

  • ¿Ley constitucional para la peculiar cohabitación de la “tal constituyente” y Asamblea Nacional? – Por Luis Barragán

    ¿Ley constitucional para la peculiar cohabitación de la “tal constituyente” y Asamblea Nacional? – Por Luis Barragán

    Suele ocurrir, reducida y agotada como consigna,  la “tal constituyente” (TC) se ha convertido en un inmenso escollo para toda suerte de diálogo, conversatorio, negociación, o encuentro casual e inadvertido, como el de República Dominicana.  Los sectores concurrentes la saben una pieza clave para legitimar sus posturas, bregando por su reconocimiento o neutralización.

    Trastocada en una mala imitación del parlamento, violenta además la propia Constitución al pretender una rutina de autorizaciones administrativas, incluyendo las diplomáticas, y de sanciones de leyes simplemente cumplimentadas por la junta directiva de conformidad con las órdenes emitidas por Miraflores, sin la libre discusión de los quinientos y tantos agraciados por el fraude electoral que muy pocas veces encuentran cupo para la figuración retórica. Es que ni siquiera hayan espacio físico suficiente para sus subsidiadas actividades proselitistas, por lo que tomada buena parte del Palacio Federal Legislativo y todo el Museo Boliviano, concedida la Casa Amarilla y el edificio La Francia, esperan por el zarpazo final que los premie con el edificio José María Vargas. No obstante, el problema de la TC es de entero cuño político y constitucional, más allá de las veleidades dizque bolcheviques de una membresía que, sabiéndola un congreso permanente del PSUV, la desea como una suerte del definitivo comité central de sus sueños.

    A la TC sólo le quedan dos alternativas: quedarse o desaparecer, acarreándole un alto costo político para el perdedor en la apuesta conversatoria por más que la diga una gesta heroica y sacrificada de elevada inspiración personal. La dictadura urge del apparátchik legislativo, diciéndolo depositario del poder originario para prevenir cualquier eventualidad, mientras que la contraparte está demasiado consciente del incumplido papel que ha jugado la Asamblea Nacional (AN), cuya reivindicación esperan las grandes mayorías que la sufragaron inequívoca, expresa y puntualmente. Por ello, prosperan o pueden prosperar las soluciones híbridas y salomónicas que, al orientarse a una cohabitación, por incómoda que fuere, tendería a administrar el temor de un zarpazo final que, tarde o temprano, llegará.

    Absoluta e injustificadamente desinformado el país de las vicisitudes y detalles de la cita caribeña, por la gravedad de la propia convocatoria y sus inmediatas consecuencias, surgen algunas fórmulas de la  insólita hibridez de considerar el  resultado de la consulta popular del 16 de julio del presente año, por siempre ineludible. Entre las distintas combinaciones, destaca una francamente incomprensible,  como la acuñación de la TC cual  cámara alta del parlamento, con plenas atribuciones constituyentes, y de la AN cual  cámara baja, con la provisionalidad de sus competencias constituidas.

    Llámenla de cualquier modo, desesperando por un neologismo que irrumpa exitosamente en los predios rigurosos del derecho constitucional, el pastiche conduciría – contrariada toda  maceración doctrinaria de siglos – a un senado que, se supone, representa a las entidades federal, que casi quintuplicará a la cámara de diputados, por cierto, restándole los tres diputados del estado Amazonas. Y, así, sobreviviría – de un lado – la ilegítima curul de la TC y – del otro – la legítima representación de la AN que, empero, sufriría de una insalvable capitis deminutio que igualaría a todos los integrantes del mezclote frente al Ejecutivo Nacional.

    El más elemental ejercicio de la razón, consabido todo lo que dispone la Constitución de 1999 respecto al Poder Legislativo, nos orienta al diseño de una nueva bicameralidad y a la redistribución de competencias de ambas cámaras, reservándose una de ellas el poder constituyente en correspondencia con el régimen de facto que encabeza Maduro Moros.  Para ello, inaudita parte, los diligenciantes de República Dominicana convendrían en una ley constitucional, por supuesto, dictada por la TC, que podrían someter o no a referéndum, quizá abriendo la senda a unas elecciones parlamentarias y edilicias, pactada la composición numérica de todo cuerpo deliberante, a realizar junto a las presidenciales el primer semestre de 2018, embutiéndonos en unos sobrevenidos comicios generales.

    La hipótesis lucirá – precisamente – descabellada al interior del sector oficialista e inaceptable en el opositor, en los que existe una natural conflictividad gracias a los usos autoritarios en boga que desmienten todo sentimiento y vocación unitaria. Ojalá que el ejercicio – reductio ad absurdum –  quede sólo en eso, un lícito recurso de especulación, autorizado por la opacidad de las diligencias de República Dominicana. De todos modos, ilustra la complejidad del parto para la transición democrática.

    Luis Barragán / @LuisBarraganJ

  • Luis Barragán: Esperamos que prive la sensatez de Guyana

    Luis Barragán: Esperamos que prive la sensatez de Guyana

    El diputado a la Asamblea Nacional por Vente Venezuela destaca la existencia de dos reuniones entre Venezuela y Guyana para buscar solución sobre el Esequibo

    (Caracas. 22/11/2017) El diputado Luis Barragán expresó este miércoles que las reuniones celebradas entre Venezuela y la República Cooperativa de Guyana deben buscar dirimir el conflicto entre ambos países. “Esperamos que prive la sensatez de Guyana, reafirmando el compromiso con las mejores posibilidades que todavía promete el Acuerdo de Ginebra para una pacífica”, expresó el parlamentario.

    Varias agencias internacionales de noticias han reportado dos reuniones celebradas por las cancillerías de Venezuela y Guyana en la ciudad de Nueva York, orientadas a solventar el diferendo territorial.

    El dirigente político aseguró que Guyana “de aventurarse en la Corte Internacional de Justicia”, podría complicar innecesariamente el proceso de mediación entre ambas naciones. “La mediación de D.H. Nylader ha de considerar no sólo a la oposición del gobierno de Georgetown, sino también a los sectores responsables de una oposición democrática en Venezuela que está muy pendiente de la materia”, aseguró Barragán.

    Al respecto, el diputado Luis Barragán, quien también integra la Fracción Parlamentaria 16 de Julio, señaló que “es natural que, por lo menos, ambos equipos celebren sendas reuniones de conformidad con la declaración de la Secretaría General de la ONU de diciembre de 2016, a menos de un mes de vencerse el plazo que estableciera para que las partes llegasen a un acuerdo, pues de lo contrario, el caso será remitido a la Corte Internacional de Justicia”.

    Sin embargo, el parlamentario hizo dos reparos ante lo anunciado: “Por una parte, la Cancillería venezolana debe informarle al país y al parlamento de sus diligencias, porque la materia no se entiende como exclusiva de las camarillas del poder; y, por la otra, lentamente estamos llegando a la ronda definitiva de conversaciones que significará tomar decisiones muy serias que tampoco pueden dejarse al arbitrio de Maduro Moros, prescindiendo del país que correrá con todas sus consecuencias”.

  • Incumplida taza de café – Por Luis Barragán

    Incumplida taza de café – Por Luis Barragán

    Natural en las lides parlamentarias también signadas por  el reaprendizaje, luego de impactada la institución por un régimen tan prolongado, la novísima fracción opositora denominada “16 de julio”, irrumpió en el escenario de la Asamblea Nacional. Una iniciativa de los diputados principales y suplentes de Convergencia, ABP y Vente Venezuela, en tránsito la incorporación de otras fuerzas y corrientes, dejó constancia de sus posturas en el hemiciclo por la voz del diputado Omar González, corajuda voz empinada a contracorriente a propósito  de la consabida propuesta de diálogo en República Dominicana.

    Debemos considerar tres de los indispensables elementos que, por lo pronto, reveló la sesión plenaria próxima pasada: por una parte, al desear comprometer a la institución, ésta debía y todavía debe escenificar un intenso debate en clara correspondencia con el país, pues, siendo tan grave la materia, ha de actualizar la propia representación de la ciudadanía; por otra,  dada las experiencias acumuladas por los infructuosos y abortivos diálogos anteriores, no luce tan simple una iniciativa que desconozca a la incontrovertible y contundente mayoría que somos, dejándonos intimidar y amedrentar por los resultados fraudulentos de  los comicios dizque constituyentes y regionales recientes; y, luego,  existen realidades objetivas que no permiten siquiera una incondicional conversación, aún en nombre de la apertura de uno de los varios y necesarios canales humanitarios, fungiendo el hambre como la arma política de un sector de la oposición. Empero, aunque asombre el extravío conceptual, agreguemos otro elemento.

     En efecto, se ha hablado de una distinción – necesaria, pero todavía confusa – entre conversación, diálogo, negociación, acuerdo y términos afines que sólo con la revisión de los procesos de paz de Centroamérica, Colombia y Europa Oriental, accedemos a las precisiones que la dictadura venezolana nunca deseó ni desea, aún con el agua al cuello,  dándole – por ejemplo – un significado muy distinto, interesadamente errado,  a la comisión de la verdad. Ocurre que la misma negación a una cita con voceros de  la dictadura, pronta e injustamente nos lleva a ciertos equívocos morales, por la suerte de ciertos tecnicismos.

    El más importante y no menos interesado equívoco, es el de pretender que el rechazo a la más elemental conversación debe interpretarse   como una sistemática negación al ejercicio político que es el del inevitable entendimiento, cuando el problema estriba en que esas iniciativa – demasiado frecuentemente – se dan a espaldas del país, no obedecen a una estrategia ni táctica concertada por todos los integrantes de la oposición, teniendo por signo el incumplimiento, la manipulación y traición de la parte oficialista que asegura la impunidad, como ha acaecido, de los sectores de la oposición que concurren.  De hacer caso a la señalada distinción,  ni siquiera la dictadura cumple para la ronda de una simple taza de café, fallando deliberadamente en la misma fase exploratoria, pero salpicando profusamente a propios y a extraños.

     Nadie, en su sano juicio, niega la posibilidad de la más elemental conversación, por cierto, la que nos lleva  a una interesante tesis doctoral,  como la de Francisco Alfaro Pareja, sobre las regulaciones pacíficas en nuestra gesta independentista, para darnos una perspectiva distinta de los propios procesos de paz que nos dieron vida republicana, pero es demasiado diferente que la iniciativa se convierta en todo un chantaje: la de un encuentro y compromiso incondicional, o la nada.  Y esto, por no hablar de la absoluta claridad, transparencia y publicidad que la justifique, pues, no sólo la dictadura nos alecciona, sino también los sectores concurrentes de la oposición que tratan todavía de evadir el costo de sus yerros en 2014 y 2016, cursando 2017.

    @luisbarraganj

     

  • Diálogo adentro – Por Luis Barragán

    Imposible de esconder el bulto, el problema de las conversaciones o del diálogo no sólo estriba en los eufemismos que cultiva tan afanosamente el régimen, sino en las propias maniobras divisionistas que, además, lo recrean. Varios partidos de la oposición, diciendo representarla cabal y  completamente, tomaron la inconsulta iniciativa y, entendemos, todavía esperan porque la dictadura cumpla con algunas de las formalidades previas, como la de convocar efectivamente a los cancilleres involucrados.

    Después de impulsar la histórica  consulta popular del 16-J, evidenciado el fraude constituyente del 30-J, los partidos que monopolizaron la Mesa de Unidad Democrática (MUD), decidieron participar en los comicios regionales unilateralmente.  Apropiándose indebidamente de la representación unitaria, como lo ha enfatizado Armando Martini,  hicieron caso omiso de toda advertencia, estigmatizaron a los disidentes, encaminándose a un monumental fracaso que solo les pertenece, aunque – inevitable – arrastra al resto de los sectores de oposición.

    Pocos días atrás, uno de los voceros actuales del diálogo en ciernes, incluso, señaló el acuerdo de Vente Venezuela al respecto, ciertamente, toda una temeridad al saber el mundo entero de la posición defendida por el partido  de la libertad y, concretamente, la de su líder, María Corina Machado. Por  lo demás, de tratarse de los partidos con representación parlamentaria, implicar a la Asamblea Nacional, por lo menos, obliga a la libre celebración del correspondiente debate.

    El asunto estriba en la misma capacidad para la conversación o el diálogo de los actores que lo aconsejan y diligencian con la dictadura, pues, puertas adentro, en el seno de la oposición, lo niegan. Siendo compleja y plural, como la sociedad venezolana que la dictadura pretende sojuzgar y uniformar a cualquier precio, mal pueden emplear las mismas prácticas del oficialismo, e, incluso, evadir las responsabilidades respecto a las fracasadas diligencias anteriores, como las de los  encuentros de 2014, 2016 y de los que se sabe de  2017.

    Hablan mucho de la unidad, pero subestiman o desprecian a los factores reales e ineludibles que la conforman. Vale decir, presumiendo, nada más y nada menos, que basta con el interesado reconocimiento de la dictadura, rompen con esa unidad que, con o sin ellos, es una mandato también espiritual de una historia que no concluye, llevándonos a tres circunstancias obvias: la una, legitiman alianzas opositoras más amplias y sustanciales, como “Soy Venezuela”; la otra, corren los apropiadores indebidos el riesgo ya de ser reconocidos como corresponsables del actual desastre; o, por último, de suscribir un acuerdo, obviamente se convertirán en perseguidores o represores, directos o indirectos, de la misma oposición.

    Twitter: @LuisBarraganJ

  • Régimen y partidos de oposición – Por Luis Barragán

    Régimen y partidos de oposición – Por Luis Barragán

    (Caracas. 30/10/2017) A nuestro juicio, por encima de los infaustos resultados obtenidos por la oposición, el dato más importante todavía reside en la determinación unilateral de haber concurrido a los comicios regionales. Los partidos que monopolizaron la mesa, contradicha la noción misma de unidad, zanjando luego sus diferencias a través de unas primarias censitarias, se negaron a discutir el asunto con otras entidades, políticas y sociales.

    Despreciada toda advertencia, celebraron anticipada y prepotentemente el triunfo, adivinándose cada uno en ventaja para una futura candidatura presidencial. Parecía que Nostradamus les hubiese susurrado un futuro promisor, mientras que el fraude descomunal abría sus fauces para devorar aún las mejores intenciones.

    Impuesta la amarga realidad, la reacción ha sido demasiado contradictoria, desaconsejable y contraproducente para sus propios fines, aunque – siendo suyos – no habría problema alguno, excepto que ha dado tan injusto alcance al resto de la oposición. No tienen ya las energías suficientes para sepultar el veredicto popular del 16-J, ni para diligenciar un diálogo de acuerdo a los parámetros de la dictadura, cuyas lecciones se mantienen intactas, después de vapuleado el revocatorio en 2016.

    Anunciada la consulta municipal, en los términos de la tal constituyente, en una misma organización, un calificado dirigente la acepta, mientras otro la niega, corriendo o vacilando ante la taquilla del CNE. A la vez, prosigue la feria de la mutua descalificación, con olvido del adversario que todos tenemos al frente (y quizá, por ello).

    Que sepamos, imposible de remediar con las herramientas digitales, ninguno de los cuatro partidos en cuestión ha deliberado interiormente sobre ésta y otras materias, pues, paradójicamente, suelen aceptar el diálogo incondicional con el régimen, negándolo entre los suyos, como sucede con las restantes organizaciones políticas y sociales. Es de suponer, existen instancias colegiadas de conducción que deben reunirse y  pronunciarse, pública y notoriamente (por cierto, Vente Venezuela lo hizo inmediatamente, después del 15-O), en lugar de la enfermiza figuración de individualidades que apuestan por una declaración que sigue obviando la franca devaluación del sufragio, tal como ha ocurrido con la moneda.

    Por mucho menos de lo acaecido, aún agolpada la agenda pública, antes, los partidos inmediatamente se disponían a confirmar o a renovar sus autoridades, procurando atajar la división. Sin embargo, aparentando lo contrario, no hay fuerza siquiera para dividirse, pues, un régimen en toda la extensión y profundidad de la acepción,  ha generado condiciones que lo impiden, haciéndolos prisioneros de síes: sólo se descomponen, jamás se diluyen o desvanecen como los buenos soldados, según el célebre pasaje de MacArthur.

    Nada inocentes, con los procesos eleccionarios regionales, municipales y presidenciales, tutelados por la tal constituyente, bajo el absoluto control del sucesor, asistimos al paciente reacomodo de los factores de poder que desean y modelan a un sector ornamental de la oposición, según el momento. Por ello, hay urgencia de refundar la unidad democrática de la oposición, sobre bases y principios muy distintos, con la más amplia alianza política y social que trascienda las meras circunstancias electorales, en desafío al rediseño de un oficialismo exhausto,  necesitado de una bomba de oxígeno.

    @LuisBarraganJ

  • Del insólito anacronismo bolchevique – Por Luis Barragán

    Del insólito anacronismo bolchevique – Por Luis Barragán

    Muchísima tinta, literal, digital y filmográfica, ha corrido sobre la revolución bolchevique de octubre de 1917, de hacer caso al calendario juliano de la Rusia de entonces, correspondiente a noviembre de acuerdo al gregoriano. Lo cierto es que, significativo y trascendente, arribamos a un centenario que, no faltaba más, Nicolás Maduro ya ha anunciado que lo celebrará por “todo lo alto”, a sabiendas, por una parte, que los venezolanos no estamos para festejo alguno, desgarrados  por una crisis sobre la cual él y todo el régimen que representa, son responsables; y, en contraste con las viejas generaciones de marxistas del patio, por otra,  lo caracteriza una demoledora y supina ignorancia sobre ésta y otras materias que los cursillos cubanos no subsanaron, ni podían subsanar.

    Obviamente, por ligera o densa que sea, cada quien puede tener y tiene una perspectiva y convicción sobre tamaño hecho histórico, influida la nuestra por obras como las de Isaac Deutscher, incluida la extraordinaria versión humorística de Daniele Panebarco. Asunto distinto es manipular el acontecimiento, banalizando sus consecuencias, como ocurre – ahora – en la era de Putin, asimilado a la pasada grandeza imperial que cultiva tan cuidadamente,  por contradictoria que sea su naturaleza.

    Manipulación que constatamos con la lectura de la magistral tesis de Jonathan Benavides (“Cambios y continuidades de la política exterior de Rusia en el período 1945-2015”, UCV, Caracas, 2015), defendida y aprobada con honores, también atestiguada por el suscrito en la sesión realizada por la otrora mayoría oficialista en la Asamblea Nacional el mismo año,  a la que nos vimos obligados a responder más allá de una huera complacencia aniversaria del fin de la segunda guerra mundial.

    Y es que, cuando la actual dictadura venezolana pretende emparrandarse con la fecha, intentando contrarrestar cualquier reflexión crítica sobre una experiencia amarga y hasta innecesaria, pero de un formidable impacto e influencia universal, simplemente se vale de un anacronismo para ocultar sus tensiones, intenciones y pretensiones, intentando confundir aún más a los escasos seguidores con banderas de una extemporaneidad harto evidente.

    La Unión Soviética, derivación postrera del mítico asalto al Palacio de Invierno, a nuestro juicio, tuvo un importante aunque lento impacto en nuestro país, pendientes los estudios más pormenorizados sobre un legado documental y hemerográfico que ojalá sobreviva, precisamente, a esta dictadura pulverizadora de bibliotecas, tomando en cuenta sugerencias como las de Jesús Sanoja Hernández (a modo de ilustración, “La revolución soviética en nuestra prensa”: El Nacional, Caracas, 15/11/1981). Bastará con examinar el mismo historial del PCV para verificar lo lejos que llegó la devoción y confianza hacia el modelo implantado, el culto por sus líderes y el más temido que temerario intento de reeditarlo acá, en el duro contexto de la guerra fría, hasta que la invasión de Checoeslovaquia en 1968 les agüó la fiesta, propiciando un intenso debate en las filas del marxismo-leninismo del patio, hoy deliberadamente olvidado.

    Nuestra generación supo y vivió la transición que impulsó Gorbachov en la década de los ’80 del `XX, derrumbado – además – el sistema satelital soviético de la Europa Oriental, pues, tras cada misil con ojiva nuclear dispuesto por el poderoso complejo industrial-militar (por lo menos, Eisenhower pudo alertar sobre la indebida influencia en su país),  sobraba el testimonio de hambre y precariedad de un pueblo sojuzgado. Materializada su versión, Sanoja Hernández también cantará a las realizaciones del llamado socialismo desarrollado (“60 años de la URSS y su impacto en el proceso político venezolano”, Cantaclaro, Caracas, 1983), sin adivinar que, a la vuelta de muy poco tiempo, la situación tuvo inevitablemente que sincerarse con el monumental fracaso de una experiencia que tanto deslumbró al Pío Miranda de la conocida obra teatral de Cabrujas.

    Importa volver a una obra decisiva como la de François Furet, “El pasado de una ilusión” (FCE, México, 1995), cuyo examen de la idea comunista en la centuria pasada tampoco conoce de la debida, sobria y coherente refutación de una feligresía que, en el rentable ejercicio del poder, orgullosamente ágrafa, es alérgica a cualquier interpelación. Esencialmente proveniente de la época en la que se produjo la referida transición gorbachoviana,  aprendió a evadir el fracaso y, hábilmente, escondida su más profunda convicción  ideológica, escudándose en el movimiento estudiantil, ecológico o indígena, fraguó la estafa política que todos padecemos, pasando ilesa por debajo de la más sutil polémica.

    Atravesamos  las incidencias de una V Internacional que, decretada por Chávez Frías, ha degenerado en un fetichismo asombroso y deplorable, aferrado a la dictadura cubana, arteramente superviviente a la caída de la Unión Soviética de la cual fue destacada sucursal en el Caribe.  El bolchevismo de ocasión, exhibido por Maduro Moros, creyendo encarnarlo aún más con la impudicia de una festividad centenaria, nos convierte en prisioneros de un insólito anacronismo que nunca pasará por un mínimo o mediano planteamiento político-cultural.