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  • Política y coraje físico – Por Luis Barragán

    Política y coraje físico – Por Luis Barragán

    (Caracas. 11/03/2019) Los consabidos sucesos de los últimos años le ponen un distinto acento al quehacer político. Tratándose de una dictadura, la regla ha sido la de una confrontación personal, física y directa con ella y sus partidarios, lamentablemente elevado el saldo de una brutal represión, algo que no suele ocurrir bajo los regímenes democráticos o de reconocidas libertades públicas.

    Pasamos del conflicto agonal al despedir el XX, a otro de cuño existencial en el presente siglo. Más allá de las acostumbradas habilidades del oficio, forzado el aprendizaje de ciertas destrezas que lo reivindicaron como todo un arte, la política y lo político pisan el terreno de todos los peligros para la propia integridad personal de quien ejerce o aspira a ejercer la ciudadanía.

    Cierto, hubo hechos de violencia en las luchas emprendidas en la centuria anterior, aún bajo la democracia representativa, incluso, severamente amenazada por la consabida insurrección armada, pero – superada – se hicieron convincentemente cívicas y pacíficas, constituyendo la agresión física una excepción. Ésta, por lo general, convengámoslo, se expresaban más en el medio estudiantil, sobrevivientes determinados sectores de la ultraizquierda que tenían a la universidad pública y autónoma por hábitat, generando quizá la suerte de una escuela de entrenamiento para forjar a la dirigencia propia y extraña, aunque la pauta principal fue la de dirimir las diferencias a través de las instituciones disponibles.

    Probablemente la guerra y la política remiten a las frecuentemente inadvertidas características de una evolución que hoy compromete más el coraje moral que el físico de sus dirigentes.  Vale decir, el desarrollo de una estrategia y  táctica determinadas, no dan necesariamente alcance personal a quienes las lideran.

    En un sentido, puede decirse que el perfeccionamiento de la industria armamentística alejó  cada vez más la posibilidad de una refriega cuerpo a cuerpo en el campo de batalla y, desde la pelea con armas blancas, pasando por la catapulta de piedras y concluyendo con la artillería pesada, añadido el empleo de los misiles intercontinentales, fue ampliándose cada vez más un impersonal teatro de operaciones. Esta convicción, surgida de la revisión de obras como la de Léo Hamon (“Estrategia contra la guerra” (Ediciones Guadarrama, Madrid, 1969), por ejemplo, excepto se trate de la infantería, aminora significativamente el hecho bélico, por lo menos, como una radical experiencia individual y, aunque teóricamente ha de disminuir las bajas civiles, privilegiados los objetivos estrictamente militares, más aún con la disuasión nuclear, no significa un riesgo  inmediato para los comandantes que muy antes debían encabezar a los suyos, como solo ahora ocurre con el ejército israelí, sufriendo las penalidades y escenas semejantes a las descritas por John Dos Passos en sus viejas novelas.

    En otro, el perfeccionamiento – esta vez – de la industria política impidió que los contendores dirimieran sus diferencias a través del uso de la fuerza física, manifestándose fundamentalmente a través del parlamento, los medios de comunicación y las movilizaciones de masas asociadas al desarrollo urbano. Norberto Bobbio, por cierto, propulsor del socialismo liberal, incomprensible para el suscrito, versó en torno a la ampliación de las bases del poder que manifiesta la multiplicación de las instituciones, por lo que, en lugar de liarse a puño limpio, los actores zanjan sus posiciones mediante el sufragio universal, los partidos políticos, la prensa o, ahora, casi definitivamente las redes sociales (“¿Qué socialismo? Decisión de una alternativa”, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1977); acotemos, novelas como la de Phillip Roth, sobre Lindberg y Roosevelt, resuelven un drama de política-ficción gracias a  las instituciones liberales antes que por el uso concluyente y sangriento de las bayonetas.

    Muy antes,  dejada aún atrás la era de las guerras y escaramuzas civiles, la política venezolana requería del esencial coraje físico para realizarse y, en una cita que al fin reencontramos, luego de varios meses, deseándola más extendida, Manuel Caballero exalta el aporte de la llamada generación de 1928 en relación a la despersonalización de la política y del poder. Y es que, amén de la fluidez oratoria y capacidad de liderazgo, en un país de predominante cultura machista, exhibieron algo de  mayor poderío que una revelación divina: “tenían mucho coraje físico” (“Las crisis de la Venezuela contemporánea (1903-1992)”, Monte Ávila Editores Latinoamericana – Contraloría General de la República de Venezuela, Caracas, 1998: 52).

    Respecto a los días que corren,  las generaciones intermedias aún recuerdan lo distante que se hizo la lidia política de la exposición directa y personal a la violencia,  la que acaecía como una rareza tras  los pequeños o grandes debates en una cámara parlamentaria o edilicia, en las asambleas gremiales o vecinales, en la prensa o en el estrado judicial, pero las más recientes únicamente conocen la resistencia callejera frente a la dictadura y también, en la misma acera opositora, los combates que tienen por hábito la descalificación personal o las trompadas. Al fin y al cabo, tratamos de todo un régimen que convirtió  la agresión y el cinismo en normas prácticamente inalterables.

    Vivimos tiempos que exigen de mucho coraje moral, pero – sobre todo – físico.  La transición será la oportunidad deseada o deseable para reindustrializarnos políticamente y, más allá de la consigna, encarar civilizadamente los desafíos, reparando el inmenso daño y sus infinitos traumas, ocasionado por la actual dictadura socialista que tendió sus redes para arrastrarnos al lodazal.

    @LuisBarraganJ

  • Cuartel y Estado – Por Luis Barragán

    Cuartel y Estado – Por Luis Barragán

    Sempiterno  problema venezolano, parecía  y sólo parecía definitivamente resuelto con el artículo 132 de la Constitución de 1961, además de la insurrección literalmente armada que hubo que derrotar en la década para estabilizar la democracia representativa, abriendo el camino hacia una no menos definitiva pacificación.

    La distinción entre civilismo y militarismo cobró nuevos bríos en el siglo presente, burlado el artículo 328 de la Constitución  de 1999, pretendidamente resuelta la contradicción a través de la yunta cívico-militar a la que apeló el socialismo incapaz de invocar y menos, explicar la alianza obrero y campesina de acuerdo al consabido libreto.

    Indócil y soterrada, la generalizada mentalidad militarista transmutó en un proyecto corporativo que adquirió consistencia con el Plan Andrés Bello, a partir de los años setenta, según los expertos, ganando el asunto otra perspectiva.

    Ya no versamos sobre el recurrente alzamiento en armas para que una afortunada individualidad se prolongue en el poder, sino del predominio permanente de las bayonetas que lo deciden y administran para salvaguardar y perfeccionar sus particulares intereses, hallando en el socialismo la inmejorable fórmula para realizarlos al conquistar los espacios económicos que escapan de la especialidad.

    Todavía en maceración, las ciencias sociales en torno a la específica materia, hubo el intento de conjugar ambos términos e, ingenuamente, un líder de opinión (ahora tildado de “influencer”), como  Ángel Mancera Galletti, al abrir una compilación de sus artículos, aseguraba que “el militarismo constituye un cuerpo de profesionales dentro de la órbita constitucional, para la defensa de sus instituciones” y “el civilismo recuerda siempre los deberes y derechos de la Nación”. Siendo el militarismo  “una consecuencia de esas directrices”, distanciándose del personalismo (“Civilismo y militarismo”: Imprenta López, Caracas – Buenos Aires, 1960: 11 s.). Ahora, en el terreno de las relaciones civiles y militares, el tema cobra otras y más decididas significaciones con la tesis laswelliana del Estado Cuartel, como las de  la civilidad y la militaridad.

    El importante esfuerzo teórico que nos ha servido de soporte para las posturas parlamentarias esgrimidas en los últimos años, siendo necesario afrontar una realidad completamente inédita, tiene un hito con la interpretación hecha por José Alberto Olivar respecto al discurso pronunciado el 5 de julio de 2014 por Vladimir Padrino, quien – nada casual – aún ejerce el ministerio de la Defensa, en un texto incorporado a “El Estado Cuartel en Venezuela: Radiografía de un proyecto totalitario”, con dos ediciones a cuestas (Negro Sobre Blanco, en 2016, y Universidad Metropolitana, 2018). Por entonces, teniendo por marco el uso desmedido de la fuerza en un año de enlutamiento del país,  quedó sellado el nuevo pacto de distribución interna del poder, redoblados los esfuerzos de una auto-legitimación que vaciaba a la entidad castrense de todo sentido institucional.

    Valga la paradoja, el gomecismo – surgido de las montoneras – echó las bases de la institucionalización de las Fuerzas Armadas Nacionales que luego sobrevivieron a quienes también gobernaron en su nombre, pero el Estado Cuartel – hipótesis en plena comprobación – ha de disolverlas en la dramática tarea de su propia subsistencia, ligando su suerte a la del socialismo que lo levantó y convirtió en una suerte de póliza de seguro.

    De convenirlo como un proyecto corporativo que sólo podría comprometer a los altos mandos militares, por razones enteramente generacionales, es demasiado evidente el fracaso,  y únicamente – escenarios complementarios – queda rectificar, reivindicando el carácter institucional, el de la especialidad y profesión, forzada una transición; o, desaparecer, bajo el peso de los comisarios políticos que explotarán unas siglas, comprometiendo  lo quede del país con los intereses geopolíticos y geoestratégicos que, allende los mares, hallaron en Venezuela una formidable palanca.

  • La autopista de un ancho occidente – Por Luis Barragán

    La autopista de un ancho occidente – Por Luis Barragán

    (Caracas. 25/02/2019) Viene a la memoria un clásico de la cuentística latinoamericana, anegados los accesos a París. Esta vez, las entradas al Táchira sirvieron de escena para la paralización deliberada del tránsito automotor.

    En un caso, se hizo un divertimento de horas. En el otro, anunciaba la tragedia vivida en la frontera con Colombia, como ocurrió a la vez en la frontera con Brasil.

    La Guardia Nacional, la Policía Bolivariana, el Sebin y otros organismos de seguridad, incluyendo los consabidos grupos paramilitares supuestamente informales, convirtieron el ancho occidente venezolano en una cadencia peligrosa. Avanzamos, en las tres unidades de la Asamblea Nacional, penosamente, interrumpido el flujo de vehículos que obligó al constante forcejeo con las autoridades de la dictadura, a veces, muy violento, para sobrepasar y liberar el paso a través de 38 alcabalas aproximadamente.

    Una travesía cercana a las 40 horas, concluyó con el asalto de un grupo fuertemente armado que por más de tres horas nos secuestró y despojó de todas las pertenencias personales. Son miles de vivencias las que podemos relatar, aunque- importa decirlo – las amarguras fueron recompensadas por la espontánea manifestación de entusiasmo y solidaridad que dio fiel testimonio, en cada localidad que atravesábamos de la ruta del coraje que ha tomado la ciudadanía venezolana.

    Paradójicamente, Julio Cortázar, convencido comunista, fue el autor de “La autopista del sur”, ahora superado por la realidad impuesta por una dictadura que rebasa – esta vez – toda imaginación. Por más que lo intenten, ya no hay alcabala que detenga este extraordinario y heroico esfuerzo de los venezolanos por la liberación.

    @LuisBarraganJ

  • Rehacer nuestra industria musical – Por Barragán

    Rehacer nuestra industria musical – Por Barragán

    Despedimos el XX con una pujante industria cultural que, en su momento, exigió de redefiniciones y un decidido relanzamiento. Trotamos el nuevo siglo, con una quiebra parecida a la petrolera, excepto los líderes que, debidamente formados, sobre todo en valores y principios irremplazables, ejemplificados en el mundo musical, le dan soporte a nuestras mejores esperanzas.

    El género académico y el popular, respaldados por una gestión pública y privada, supieron de un esplendor discográfico, promociones radiales y televisivas, o espectáculos en vivo que hoy abultan la nostalgia. Huelga comentar el escaso consumo cultural en aras de la supervivencia material, redondeando una deplorable calidad de vida, indispensable para afianzar una dictadura que dará paso a la inevitable transición que la deseamos libre y democrática.

    La antigua e ineludible  familiaridad con los cantantes, grupos o bandas populares, también se acercaba a los cultores y profesionales de la academia. Por más que no gustasen las notas barrocas, clásicas, neoclásicas, románticas, modernas o contemporáneas que inspiraban la dirección orquestal y las propias composiciones,  Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Evencio Castellano, Inocente Carreño, Israel Peña o Inocente Carreño, eran ampliamente conocidos o celebrados, incluyendo a críticos como Eduardo Lira Espejo o Rhazés Hernández López, por citar algunos nombres.

    Después de explotada demagógicamente el Sistema Nacional de Orquestas por la dictadura de esta centuria, con la facilitación dispensada por José Antonio Abreu o Gustavo Dudamel, es necesario decirlo sin ambages, nos corresponde recuperarla y, junto a la insigne Orquesta Sinfónica de Venezuela, hoy sumergida, o las que municipalmente hayan  sobrevivido, ensayar el camino de una reindustrialización que debe marcar la pauta para otros géneros y sectores culturales. Nada casual es la forzosa exportación de un talento musical que nos enorgullece, en la hora actual, respecto a ejecutantes, directores y compositores, como tampoco es nada casual que se haga sentir la voz de la rebeldía de nuestra admirada Gabriela Montero en el mundo.

    En una economía abierta y competitiva, la reconstrucción musical de Venezuela y de la cultura que les inherente, existe una extraordinaria promesa. Así lo creemos en Vente Venezuela y en la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio para un sector que no olvidamos, prestos a una transición para esta Tierra de Gracia.

     

  • De la rehistorización parlamentaria – Por Luis Barragán

    De la rehistorización parlamentaria – Por Luis Barragán

    La prudencia obliga, sabiéndonos entre el quiebre inminente y la transición deseada. Breve y perfectible proceso, se observan desviaciones, vicios y otros elementos que imputamos, en un sentido restringido, a los intereses que desean sobrevivir, colándose en la oposición, y, en otro más amplio, a una cultura política que ejerce todavía su peso.

    Nadie puede dudar del acierto que tuvo el diputado Juan Guaidó al asumir la responsabilidad de la presidencia de la República, postura en la que insistió la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio a lo largo de 2018, respecto a la presidencia de la corporación legislativa.

    La Constitución es clara al respecto, pero vale más tarde que nunca, a la hora de asumir la Asamblea Nacional una responsabilidad que la rehistoriza. Sin embargo, se evidencia un reluciente sectarismo de los partidos que reconvirtieron a la MUD en Frente Amplio, dispuestos a capitalizar exclusivamente el extraordinario esfuerzo que la ciudadanía adelanta para salir de la dictadura.

    En efecto, el parlamento es una institución que ha de expresar a todo el pueblo venezolano y sus distintos sectores, corrientes, tendencias políticas y sociales. Imposible de confundir con el cuarteto de los partidos que lo dominan.

    Versamos sobre la Asamblea Nacional y no, el Frente Amplio, por lo que se pide más sensatez, sindéresis y sentido común al compartir todos – ¡todos! – una experiencia que se promete inédita a los fines de superar este socialismo no menos real.

    Por lo pronto, siendo la citada Fracción un referente ineludible, ella nunca ha sido consultada para la designación u autorización de los consabidos representantes diplomáticos sin excepción, e incluso en otras materias de naturaleza estratégica, por más que vote en el ejercicio irrenunciable de una representación legítima.

    Y, a pesar de sus esfuerzos, poca o nula es su participación en la mensajería institucional del parlamento, por no citar situaciones de menor importancia y quizá anecdótica, como es la de literalmente lidiar por su cupo en los actos masivos, congestionadas las tarimas por el personal adscrito al cuarteto, incluyendo sorpresivamente a guardaespaldas que, valga subrayar, los de la F16-J no tenemos.

    Estamos todavía a tiempo de no confundir los roles y las instancias, porque se trata de un órgano del Poder Público que intenta  la hazaña de salvar al Estado republicano, o lo que queda de él. Y esta deseada corrección ha de proyectarse en la conformación de un gobierno de transición manifiestamente plural, clave de toda la eficacia y credibilidad que se espera y necesita con la unidad genuina.

     

  • Luis Barragán: La universidad tiene un solo camino para salvarse, la efectiva aplicación de la Constitución

    Luis Barragán: La universidad tiene un solo camino para salvarse, la efectiva aplicación de la Constitución

    El diputado a la Asamblea Nacional realiza una exposición en las instalaciones de la Universidad Simón Bolívar sobre la ruta a la transición, asegurando que la carta magna es clara sobre quién debe asumir las riendas del Poder Ejecutivo

    (Caracas. 14/01/2019) “Como ocurre con todos los gravísimos problemas del país, la universidad tiene un solo camino para salvarse, la efectiva aplicación de la Constitución a través de sus artículos 233, 333 y 350”, señaló  el diputado Luis Barragán al consultársele, en un evento en la Universidad Simón Bolívar (USB), sobre las denuncias formuladas desde los más diversos sectores de educación superior.

    Los públicos y notorios problemas como el presupuestario, salarial, inseguridad personal y las deserciones, se agudizan al punto de anunciarse a posibilidad de un paro indefinido de las universidades frente a la absoluta indiferencia del régimen.

    “El profesorado y el estudiantado universitarios constituyen una formidable fuerza social de alcance nacional que ha de comprometerse con el proceso de transición iniciado con la asunción del diputado Juan Guaidó del artículo 232 constitucional. Ya los distintos gremios deben ir más allá de la reiterada declaración de la emergencia educativa para conjugar las aulas y las calles en una sola voz de protesta, movilizándose para actualizar el liderazgo social que se legitima con una lucha articulada”, expresó el diputado a la Asamblea Nacional (AN).

    El parlamentario adscrito a la Fracción 16 de Julio de la Asamblea Nacional, comentó y celebró el testimonio ofrecido, abriéndose el año, por  el rector Benjamin Sharifker al realizar una asamblea general en la Universidad Metropolitana, y a las posturas asumidas por la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (APUSB), en clara defensa de la libertad, la democracia y la Constitución.

    “Existen voces valientes en las universidades públicas y privadas que están comprometidas con una definitiva transición democrática, como la que hemos respaldado desde la Asamblea Nacional. Ha sido y es un camino duro y difícil que, desde todo 2018, ocupó a la Fracción 16 de Julio, cónsono con la consulta popular hecha en 2017”, finalizó.

  • Tres carritos de golf – Por Luis Barragán

    Tres carritos de golf – Por Luis Barragán

    Difundida la información por distintos medios, ya conocemos algo del asalto y saqueo realizado por Alejandro Andrade al erario público. Prolongado, sistemático y, a veces, no tan sofisticado, avisa de toda una ingeniería financiera propia de las características alcanzadas por el Estado Criminal.

    Sesenta y un años antes, huyó del país Marcos Pérez Jiménez con las cuentas bancarias abultadas en el   extranjero, por lo que poca mella ocasionaría la maleta olvidada que alguna vez atapuzó de dinero. Comparadas con el presente, se dirá de unas cifras ridículas que, luego, permitieron extraditarlo desde Estados Unidos para procesarlo, pero lo cierto es que, cumplida la sentencia, se hizo de una casa en España para multiplicar el patrimonio ya trastocado en un hombre de negocios, acaso de una austeridad tesonera, propia de la mentalidad andina, sin que le tentara el regreso a las faenas políticas por mucha que haya sido la insistencia e ínfulas de sus seguidores.

    Ahora, Andrade es el prototipo por excelencia del “hombre nuevo” que ascendió burocrática, política y socialmente, como si fuese un requisito indispensable, desde sus funciones como guardaespaldas de Chávez Frías, hasta colocarse – luminoso – en el firmamento de los elencos del poder establecido. La inicial contabilidad de sus bienes, asombra no sólo por la cuantía de los millones de dólares que lo indigestaron, construido el laberinto bancario, sino por la estridencia de una mentalidad definitivamente petrolera, convertida la afición en una disparatada extravagancia por los caballos de paso, los buenos licores y el golf.

    Hay quienes lo creen un caso aislado, siendo tan estúpida la pretensión, cuando el Estado – desfallecido – ha experimentado su transformación en un quizá sólido mecanismo para el ejercicio fraudulento de una dirección que también encuentra la agazapada complicidad entre quienes dicen adversarlo. Una de las puntas del insólito iceberg, surge una complicada trama, como la representada por Raúl Gorrín, que avisa de la formidable tarea que nos espera para sanear al Estado que va quedando, refundándolo, y de la misma dirigencia política afectada por la masiva contaminación de un siglo XXI que se dijo diferente.

    Al principiar 2016, Vente Venezuela promovió una legislación relacionada con los capitales sucios y su recuperación, añadida una metodología de comprobado éxito internacional, que no mereció la debida atención de la Asamblea Nacional, aunque – más vale tarde que nunca – está hoy planteada una regulación – por cierto – demasiado cadenciosa, frente a la urgencia. Más allá de los tres carritos de golf que le incautaron, la Comisión Especial que investiga la trama Andrade – Gorrín, al fin se instaló, con la membresía y participación del diputado Juan Pablo García, uno de sus notables motores.

    @LuisBarraganJ

  • Memorandum – Por Luis Barragán

    Memorandum – Por Luis Barragán

    Los recientes acontecimientos, suscitan distintas opiniones y, legos como entendidos, versan naturalmente sobre los artículos 233, 333 y 350 constitucionales. Incluso, incursionando en las redes sociales, unos mejoran cada vez  más sus necesarios dardos y, otros,  olvidan pronto los lanzamientos fallidos, en una telegrafía constante de pareceres que van tejiendo el debate público.

    Todavía no había hablado el diputado Juan Guaidó, a quien consideramos ya en el ejercicio interino de la Presidencia de la República, cuando – sorpresivamente – hubo quienes lo defendían, renegando del propio artículo 233. Luego, recogida las piezas, prueban otras para atacar –esta vez– a la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio, cuya sola coherencia los descoloca.

    Desde hace un poco más de un año, la agrupación parlamentaria, al fundarse, insistió en los resultados de una inequívoca y clara consulta popular, como la de 2017. Y, con el abandono del cargo presidencial y la sentencia condenatoria del legítimo TSJ, insistió en la alternativa de reemplazo inmediato de Maduro Moros,  reconocido hoy el vacío de poder.

    Por consiguiente, no reporta novedad alguna el planteamiento y, como consta en la sesión correspondiente, no votamos a la actual junta directiva con excepción del diputado Juan Guaidó, entendiendo y asumiendo el compromiso necesario para actualizar el ya célebre 233. Y dicha actualización, genera otras consecuencias constitucionales y políticas que no requieren de una sobredosis de imaginación para esbozar un cuadro que exige –ante todo– de la franqueza de un compromiso que, irremediable, pasa por la salida de la dictadura.

    Luce natural que discrepemos, como lealmente lo hemos hecho en el seno de la funcióm legislativa, porque nuestros planteamientos, si se quiere, ya remotos, están acuñados por una exacta correspondencia con las previsiones constitucionales y una limpia postura política capaces de contribuir a la unidad cierta y eficaz.  El reciente encuentro de María Corina Machado con el Presidente interino de la República, con la serenidad y sobriedad que las circunstancias imponen,  revelan una posición con la que la Fracción 16 de Julio se identifica plenamente.

    @LuisBarraganJ

  • La salsa buena para la pava, no lo es para el pavo – Por Luis Barragán

    La salsa buena para la pava, no lo es para el pavo – Por Luis Barragán

    Nada casual, la dictadura le ha abierto un juicio militar a Rubén González, líder obrero y, además, guayanés. Que sepamos, los cargos hablan de ataque y ultraje al centinela y a la propia Fuerza Armada, aunque, en definitiva, como tuvimos ocasión de expresarlo en una sesión plenaria de la Asamblea Nacional, a propósito de hechos semejantes ocurridos en el estado Carabobo, el esfuerzo es el de atajar y dirimir la lógica conflictividad social y económica, pretendiendo simplificar y ahogar la políticamente, con el empleo de la jurisdicción castrense.

    Cierto, no es la primera vez que ocurre a lo largo de nuestro historial republicano, pero no menos cierto es que, afortunadamente, la tendencia fue la de corregir el abuso, elevando el costo político ante cualquier tentación de emplear indebidamente los tribunales  militares. El constituyente de 1999, recogió, confirmó y consolidó una noción que ya estaba avalada, al menos, por dos décadas de una intensa discusión y lograda rectificación.

    Revisando la vieja prensa a la mano, aún en los años de la insurrección evidentemente armada de la década de los sesenta del siglo pasado, sujeta también a confusiones, no tardaba en levantarse la polémica que arrojaba también sus frutos.  Empleando el sentido común, escribía Guillermo Meneses: “Los juicios militares, por ejemplo, constituyen una calamidad para el encausado civil, entre otras razones, porque lo enredan con otros casos que no pueden equipararse al suyo propio. Ni siquiera es imprescindible examinar por lo menudo estos asuntos. Parece claro que el ciudadano extraño al ejército, se le coloca en situación bastante extraña cuando se le juzga como si fuese militar”.

    El reporte noticioso versa sobre la aprehensión e incomunicación de Rubén, en La Pica, esposado de pies y manos toda la noche del primer día, imposibilitada la más modesta visita de algún parlamentario para constatar las condiciones en las que se encuentra, tal como  propuso  hacerlo el diputado Juan Carlos Bolívar de la Fracción 16 de Julio, recientemente, en la Asamblea Nacional. Y, si no recordamos mal, incluso, el nombre, a la periodista Xiomara Barreto,  se le observa conducida a un tribunal militar con absoluto respeto, normalmente vestida y – por lo demás – declarativa, como visitada en su lugar de reclusión, en una primera plana de la prensa de finales de los setenta; o respecto de la periodista María Eugenia Díaz, principiando los ochenta,  no se supo de tortura alguna, e, igual, por la decidida actuación del Congreso y – aún más – de los medios de comunicación social que  existían, como no ocurre ahora, fue luego corregido el entuerto y el caso sentó un extraordinario precedente.

    Otro ejemplo, el de Richard Izarra, imputado por injuria gracias a un texto periodístico publicado por  un semanario de ultraizquierda, fue destinado al Cuartel San Carlos, tras el auto de detención, respetando su integridad  personal.  E, incluso, vale el ejercicio, liberado poco tiempo después, salvando las distancias, quizá pueda asegurarse que los alegatos esgrimidos por la defensa del señor Izarra por muy jurídicos y hasta irrefutablemente jurídicos que fuesen, serían inútiles para Rubén, hoy. Esto es, para Maduro, la salsa que es buena para la pava, nunca lo será para el pavo.

    @LUISBARRAGANJ

  • Luis Barragán: No aceptaremos que el caso Gorrín-Andrade se diluya

    Luis Barragán: No aceptaremos que el caso Gorrín-Andrade se diluya

    El diputado a la Asamblea Nacional (AN) por Vente Venezuela y miembro del Bloque Parlamentario 16 de Julio asegura que es importante y prioritario que el parlamento debata y llegue a un acuerdo con los casos de corrupción expuestos por la justicia de los Estados Unidos contra exfuncionarios venezolanos

    (Caracas. 26/11/2018) Este sábado, en la Galería de Arte D’Museo, ubicada en el Centro de Arte Los Galpones, durante la exposición del conjunto de obras titulada “Tropus” del artista Juan Toro Diez, el diputado a la Asamblea Nacional por Vente Venezuela, Luis Barragán, aseguró que “desde la Fracción Parlamentaria 16 de Julio no aceptaremos que el caso Gorrín-Andrade se diluya”.

    Sobre el caso Andrade-Gorrín, el parlamentario señaló que “desde la semana pasada, la Fracción 16 de Julio ha pedido un debate parlamentario de fondo sobre estas últimas novedades que ameritan de una inmediata investigación y esclarecimiento que debe incluir la comparecencia de Raúl Gorrín, prófugo de la justicia foránea, pero no de la venezolana”.

    Barragán expresó sobre esta exposición artística que la cultura de resistencia democrática “es la alternativa y libérrima para interrogarnos sobre las protestas de 2017 que pugnan todavía por hacerse una interpretación válida y sentida de la tragedia que vivimos”.

    “Tropus” es una secuencia de obras centradas en las protestas de 2017 y en un elemento que las emblematizó, como fueron los escudos defensivos empleados por la juventud que enfrentó a la Guardia Nacional.

    El parlamentario compartió junto a Nicomedes Febres, quien ubicó al autor en la perspectiva de las artes del presente siglo; Yuri Liscano, curador de la exhibición, y Juan Toro Diez, el artista, quienes se extendieron en una interpretación de a Venezuela actual a propósito de los escudos, ubicados en un salón de penumbras, con una técnica novedosa de expresión que sensibiliza sobre la situación todavía duradera del país.

    Luis Barragán concluyó que “vamos a superar esta guerra psicológica de un régimen fúnebre que nunca estuvo en el corazón de los venezolanos”.