Etiqueta: Luis Barragán

  • Del imaginario que emerge – Por Luis Barragán

    Del imaginario que emerge – Por Luis Barragán

    Saliendo de casa, nos detuvimos a la espera del ascensor (o descensor), observando con cierta contrariedad que, al otro extremo del pasillo, detrás de las rejas que seccionan a lo Alcatraz el área común, dos niños rayaban la pared. Ambos repitieron a viva voz la consigna, “Fuera Maduro”, la que no daba ocasión para el habitual error ortográfico, celebrándola con el simulado enfrentamiento con una tanqueta.

    De rostros cubiertos y escudos improvisados, a uno de ellos se le ocurrió preguntarme si fumaba para que hiciera una donación a la que obviamente nos negamos, antes de bajar.  Quizá supondrán que un rayo láser paralizará al represor, enfundados por el inaudito gas,  mientras llega el enfermero para atender a los heridos y un chorro de la manguera enemiga desborda el lugar.

    Evidentemente, los niños tienen la oportunidad de fisgonear las noticias y de escuchar el testimonio de los mayores que acuden religiosamente a las pacíficas concentraciones y marchas de protesta. Los seducirá la estampa del escudero que, en franca desventaja frente al policía y el militar que los apunta, ha consagrado el tiempo.

    Dos o tres años atrás, en medio de una manifestación que no dejaron salir de la UCV, detallamos al muchacho y a la muchacha de cubierta cara y lentes obscuros, pantalones cortos y zapatos deportivos, con máscara anti-gas, un tobo de agua cercano y una mano enguantada. Hoy ha incorporado un casco teñido en casa, por lo general, el más barato que emplean los mototaxistas para sus apremiados clientes, y una lámina de metal o madera, a veces, el plato de una antena satelital, cuidadosamente pintada, con una oración al reverso.

    Irrumpe así, en el imaginario colectivo, una novísima representación del heroísmo que, como todo aquel que se precie, tiene en la entrega desprendida su mejor bandera. Asociado a la ciudadanía, espera por un desarrollo que le servirá de soporte necesario a la transición democrática en reemplazo de aquellas creencias que, de los otros y de nosotros mismos, fueron labradas por la violencia de todos estos años.

    En el gesto inocente del niño ha de expresarse, como desgraciadamente ocurrió cuando se le disfrazó en los carnavales de 1992 como golpista; u ocurre, ya diluyéndose, con el juego infantil que exalta al malandro que liquida al policía y humilla a los inocentes.  Y, al repletarse los aeropuertos con el regreso masivo de venezolanos, quedará atrás el juego de la niña que asume que varias de sus muñecas ya se fueron del país.

    Venceremos la cultura de la muerte, con la cultura de la vida. Reivindicaremos nuestro derecho al optimismo que esta extraordinaria experiencia de calle, inevitable experiencia que nos llevará a una diferente comunión de los venezolanos.

    @LuisBarraganJ

  • Barragán: Nadie cree en las nuevas unidades “ligeras” de acción especial de Padrino López

    Barragán: Nadie cree en las nuevas unidades “ligeras” de acción especial de Padrino López

    (Caracas. 26/06/2017) “Nadie cree en las nuevas unidades ‘ligeras’ de acción especial de Padrino López”, aseguró este lunes el diputado de Vente Venezuela, Luis Barragán, en relación a los recientes anuncios del Ministro de Interior y Justicia, Vladimir Padrino, de la creación de estas nuevas unidades tácticas.

    “Cada incursión de Vladimir Padrino López en el debate público contribuye al creciente desprestigio de la institución castrense que ha hecho del ciudadano pacífico un enemigo interno, siendo tan desproporcionadamente reprimido hasta ultimar a un joven desarmado a la vista de todo el mundo, al pie de una base militar”, aseveró.

    A su juicio, el régimen ha tratado de convertir la crisis humanitaria en el más triste espectáculo del fraude constituyente, militarizando a una sociedad por parte de una Fuerza Armada “ultrapartidizada”.

    “El ejercicio profesional y especializado de las armas, dista de una intervención tan interesada y ligera del alto oficial en el debate político con toda una temeridad que la saben disparatada y absurda”, dijo.

    Rechazó el uso “inverosímil” de gases lacrimógenos y disparos contra manifestantes pacíficos. Y agregó: “nadie ha olvidado que el general Padrino López fue designado como el responsable del abastecimiento de los insumos básicos tiempo atrás con los resultados consabidos”.

    Esequibo perdido en manos de Maduro

    El diputado de Vente Venezuela, Luis Barragán, recordó que, en menos de seis meses, se cumplirá el plazo anunciado por el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para remitir la reclamación del Esequibo a la Corte Internacional de Justicia, sin que se sepa nada del régimen venezolano en contraste con el gobierno guyanés que informa a sus opositores en el marco de una política de Estado.

    “Estado y sociedad somos corresponsables en el ámbito de la seguridad y defensa de la nación, ordenado así por la Constitución, pero todo indica que el Esequibo está perdido en las manos de Maduro y la única posibilidad de recuperarlo es con su reemplazo”, aseguró.

    Indicó que el Ministro de Interior no debe inmiscuirse en la supuesta constituyente, sino que debe mantener informado al país lo que sucede con la zona en reclamación.

    “El ascenso a la cancillería de Moncada sólo nos remite a las tristes escenas que montó en la OEA. Cabe preguntarse si Padrino López asumirá toda la responsabilidad en la pérdida definitiva del territorio en reclamación”, finalizó.

  • La tal constituyente y el Esequibo – Por Luis Barragán

    La tal constituyente y el Esequibo – Por Luis Barragán

     

    La semana pasada, junto al diputado William Dávila, tuvimos la oportunidad de asistir e intervenir en una mesa redonda convocada conjuntamente por el Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (COVRI) y Mi Mapa Incluye el Esequibo.

    Un distinguido grupo de expertos en la materia, compartieron sus inquietudes en torno a las consecuencias de la consabida crisis del país respecto a la histórica reclamación, contribuyendo a nuestra propia actualización sobre los difíciles asuntos que la transición democrática heredará en un ámbito que el hoy ocupante de Miraflores cree de su muy exclusiva, improvisada, arbitraria e incontrolada competencia.

    En definitiva, por todos estos años, los problemas fundamentales que nos aquejan, agravándose ilimitadamente, ya no admiten más postergaciones por obra del enfermizo continuismo del poder establecido: siéndolo en sí mismo, no es posible correr más la arruga. El rostro visible de un mecanismo perverso como el de la llamada polarización, suerte de comodín para el analista perezoso, tiene por rostro invisible, ajado y burlón, el de una asombrosa banalización de los asuntos que exigen un debate sobrio, profundo y coherente.

    Previsible, una compleja agenda en el siempre árido terreno de la política exterior, requerirá de la imaginación y audacia, pero también de la experiencia y el profesionalismo de una cancillería que tendremos que reconstruir. Sin embargo, al finalizar el citado evento, entre otras, permanecen dos inquietudes.

    De un lado, en el marco de todas las urgencias impuestas por la confabulación del Ejecutivo contra el Legislativo, está pendiente un serísimo proyecto de acuerdo debatido en el seno de la Comisión Permanente de Minas y Petróleo de la Asamblea Nacional, por cierto, cuyo solo borrador provocó la irritación de Georgetown. A propósito de los trabajos petroleros realizados en la fachada atlántica, aborda solventemente la situación y concluye en sendas propuestas que todavía no llegan a la sesión plenaria del parlamento, esperando respuesta de la Consultoría Jurídica, siendo una de ellas la conformación de una Comisión Mixta o Especial que, por cierto, tuvimos a bien sugerir meses atrás en la cámara.

    Y, del otro, en marcha el fraude constituyente, en el supuesto negado de instalarse esa tal asamblea, corre un inmenso peligro el principio del uti possidetis iuris, ineludible en todas las constituciones con las que ha contado Venezuela, cuya desaparición suscitaría el entusiasta, agradecido y duradero respaldo a la dictadura venezolana por Guyana y los países aliados del Caribe. Una indispensable dosis de realismo del vecino país, le permitiría ponderar y reparar en la insustentabilidad de una hipótesis que complicaría innecesaria y peligrosamente el conflicto, afectando aquellos intereses que sólo salvaguarda un tratamiento pacífico de la materia.

    @LuisBarraganJ

  • De la cívica escudería – Por Luis Barragán

    De la cívica escudería – Por Luis Barragán

    Distintos y retadores los ámbitos de la protesta urbana, solemos ocupar las principales autopistas del país que, por cierto, quedan angostas para una ciudadanía resuelta a la victoria. No existe precedente alguno, exceptuando los ejercicios amplia y previamente publicitados de 2002, respecto al actual, magnífico e incontenible esfuerzo caracterizado por la espontaneidad de una concurrencia que cumple con la cita, convocada boca a boca, byte por byte.

    Aparecen diversas iniciativas ciudadanas, destacando la sacrificada y admirable tarea de los médicos y paramédicos de la Cruz Verde y sus equivalentes, como también de lo que genéricamente se llaman escuderos, quienes tienen por costumbre la de ocupar la primera fila al abrirse el hocico de la represión empuñando una lámina de madera, una hoja de metal, una tapa satelital o cualesquiera otros protectores artesanales a la mano, cubierto el rostro, a veces con máscaras anti-gas y brazos o piernas extraordinarias para devolver los artefactos lacrimógenos con envidiable puntería.

    Predominan los más jóvenes entre los jóvenes de ambos sexos y cuentan con una inconfundible estampa que va difuminándose y concretándose en las acrobacias sobre el duro pavimento, afrontando en desiguales condiciones los proyectiles y gases lanzados contra toda viva humanidad, tratándose aun de los más adultos entre los adultos.

    Provenientes de diferentes sectores, ya tendrán tiempo los sociólogos de radiografiarlos cuando la épica, porque no sintetizan otra cosa, culmine con el triunfo de una generación que nunca vivió en democracia, cercana a la veintena de edad.

    Sobran los halagos y también los dicterios e, incluso, se nos antojan muy válidas las observaciones críticas que apuntan a esa presencia insoslayable frente a la tanqueta o el arma de la que no se sabe si vomitará una lacrimógena, un chorro de agua o gas, una metra o una bala, pero lo cierto es que le debemos y mucho al coraje de esa muchachada que también, como ocurrió en la Plaza Alfredo Sadel de Baruta, cumplidos diez años del cierre de RCTV, nos desafían con sus interpelaciones y, en el escenario de los hechos, piden que no los dejemos solos.

    Los escuderos naturalmente apuestan al anonimato a la hora de asomarse y sentir los afilados colmillos del represor y, de un modo u otro, sabiéndose parte de una sociedad civil que marca la pauta a los conductores políticos, suelen burlarse del perfomance prefabricado de los visitantes de la primera línea de lucha que, por escasos minutos, hablan a una cámara para huir despavoridos a resguardarse.

    Despojados de toda vanidad, intuyendo el papel histórico que les corresponde, contrastan rotundamente con los carricitos que se esconden detrás de las faldas del poder, vocean las consignas de Maduro Moros, tratando de pescar un favor burocrático, como lo obtuvieron quienes aplaudieron tiempo atrás el cierre del canal de televisión y sobrepujaron las gráficas con el extinto a la espera de hacerlo con el sucesor preñado de miedo.

    Por ello, a los que alcanzaron el mal hábito de encontrar y recrear todas las imperfecciones de esta tan desigual lucha, quejándose de la juventud de los escuderos, le proponemos una fórmula sencilla: ocupemos su lugar. Y no se diga más.

    @LuisBarraganJ

  • De una deuda política y moral – por Luis Barragán

    De una deuda política y moral – por Luis Barragán

    A pesar de las diferencias, Guyana no puede eludir un compromiso político y moral contraído con Venezuela. Además, pragmáticamente, debe prever una Transición democrática en nuestro país que replanteará el asunto esequibano, corrigiendo los entuertos hechos en socialismo.

     

    Ciertamente, en medio de la controversia, nuestro país apoyó decididamente la independencia del vecino país en los años sesenta del XX. Bastará con apreciar los diarios de debates del  Congreso para corroborar el predominio de una convicción anticolonialista que, con algunos matices y muy pocos desacuerdos, condujeron al parlamento bicameral a un respaldo afianzado en principios y valores.

     

    Siendo otras las circunstancias, por más que deseé aprovecharse Georgetown de la difícil como inédita coyuntura que hoy atravesamos, mal puede beneficiar a la dictadura encabezada por Maduro Moros, en la OEA o cualesquiera instancias internacionales. Es cierto, le ha colaborado como nunca nadie en relación al Esequibo, pero no menos cierto es que sus concesiones resultarán a la postre insostenibles y, lejos de beneficiar a las partes, le agregarán un elemento innecesario y contraproducente.

     

    Entendemos, la embajadora de Miraflores en Guyana ha diligenciado públicamente el apoyo a la dictadura que fielmente representa, absolutamente callada y negligente en la defensa de nuestros intereses vitales, activa y estridente en la defensa de su salario o quizá algo más. El sector democrático de la oposición, por lo menos, Vente Venezuela que ha demostrado su sensibilidad y preocupación por la materia, aspira a un respaldo guyanés a la causa democrática venezolana, como – en su momento – se lo dimos a la hora de independizarse.

     

    Siendo tan hermética la postura de nuestra cancillería, un eufemismo para su total displicencia, no queremos pensar que está en disposición de hacer lo indecible para gozar del apoyo del presidente Granger o de los países que les son afines. Si así fuese, la historia no tardará en darles alcance.

     

    @LuisBarraganJ

  • Luis Barragán: Régimen se enorgullece de su cultura de muerte, violencia y mentira

    Luis Barragán: Régimen se enorgullece de su cultura de muerte, violencia y mentira

    (Caracas. 29/05/2017) “El efectivo de la Guardia Nacional que le quitó y destrozó el violín a Willy Arteaga expresa apenas por un instante la cultura de la muerte, de la violencia y de la mentira de la cual está orgulloso el socialismo del siglo XXI”, señaló este lunes el diputado por el estado Aragua, Luis Barragán.

    “A nadie puede extrañar que el mejor acto de heroísmo de la Fuerza Armada bajo este régimen sea el de tomar y destruir un instrumento musical y el de humillar a su ejecutante, por pacífico que fuese. Unido a la sola mentira de los ministros Villegas y Rodríguez sobre la muerte de Juan Pablo Pernalete, que deja en evidencia la Fiscal General de la República, ejemplifica muy bien los antivalores que desean inocular a la población”, sostuvo.

    Para el parlamentario, el régimen de Nicolás Maduro menoscaba la condición ciudadana sin darle mayor importancia a la muerte en las calles, en los hospitales y en los hogares.

    Refirió que “la tragedia que celebran los más elevados, refinados y buchones funcionarios del Estado, nunca vista ante una represión semejante en la Venezuela contemporánea, camina hacia dos muertes por cada día de protesta, un promedio que ha de sumarse a las otras consuetudinarias a manos del hampa común”.

    Y Barragán agregó: “No es cosa del aparato ministerial, porque el despacho de Cultura está muy contento de devorar casi anónimamente el presupuesto no menos anónimo que ejecuta, sin responderle a nadie. El asunto nos remite a un sentido integral, a una cultura de pranes que la actual Miraflores pretende irradiar a todo el país”.

    Señaló que el nuevo pacto republicano que María Corina Machado propone al país “estará fundado en la paz que será la mejor expresión del ejercicio de nuestras libertades, haciendo de la vida, la verdad y la solidaridad una cultura que se impondrá ante la muerte, la violencia y la mentira sádica de estos tiempos”.

     

     

  • María Corina y la autopista – Por Luis Barragán

    María Corina y la autopista – Por Luis Barragán

    El tiempo le ha concedido la razón, como la tuvo en 2014. Era, es y será necesario tomar las calles para encauzar la legítima y pacífica protesta venezolana que nos conduzca a una efectiva transición democrática, plenamente reconocidas la crisis humanitaria y la dictadura que padecemos y sobre las cuales ella nos había alertado con antelación.

    Algunos creyeron una intemperancia de la resuelta decisión de tomar las autopistas del país, fundamentalmente las que tejen a la ciudad capital, formidable   teatro de la indignación ciudadana. Simplemente, las calles y avenidas resultarían demasiado estrechas para exponer toda la multitudinaria, pacífica y constitucional protesta que las desbordarían, como en efecto ocurrió, por lo que las largas y anchas autopistas serían el mejor lugar para darle un vivo e inequívoco testimonio al mundo de una corajuda y gigantesca concurrencia convocada boca a boca, byte por byte, sin medios públicos de transporte, cortada la comunicación entre el este y el muy temido oeste de Caracas, sin campaña alguna de publicidad por radio y televisión, teniendo al Estado listo para todo sabotaje.

    Una y otra vez, hemos llenado las autopistas chamusqueadas por los disparos de algo más que los artefactos lacrimógenos, cercados por tanquetas y observados, como también bombardeados, desde los heilicópteros. Una superlativa movilización ciudadana que ha obligado a responder a la dirigencia partidista, convertida la oposición venezolana en una irrefutable referencia universal que demanda una pacífica transición democrática.

    Recordamos, meses atrás tuvimos que defender a María Corina Machado en la entrevista que nos realizara la emisora televisiva de la Asamblea Nacional, porque proponía el empleo de las autopistas para el mejor testimonio de un pueblo en su ascenso ciudadano. E, incluso, nos colmó de rabia que, desde Miami, un periodista tarifado la atacase tan injustamente, meses más acá, por la propuesta.

    En la reciente marcha a la altura de Los Ruíces, acompañando a los profesores de la USB, repentinamente distinguimos a Kiko Bautista, en medio de la autopista, creyendo que le daríamos la mano en un gesto regocijado de saludo. Quedó tan sorprendido como el profesor Luis Alberto Buttó, con quien el suscrito conversaba al caminar: “!Y tú que te quejabas de María Corina y estás aquí en la autopista!”, atinamos en decir con firmeza. Y lo hicimos espontáneamente frente al enmedecido que apuntamos con un dedo acusador. Por cierto, tan espontáneo que no se nos ocurrió tomar un video del minúsculo episodio.

    @LuisBarraganJ

  • Luis Barragán: La situación de Venezuela es inherente a la del Estado-cuartel

    Luis Barragán: La situación de Venezuela es inherente a la del Estado-cuartel

    El diputado de Vente Venezuela insiste en una frase acuñada por la Academia que caracteriza a la realidad venezolana 

    (Caracas, 11/05/2017) El parlamentario del partido de la Libertad por el estado Aragua, Luis Barragán, señaló que Nicolás Maduro y su gente están “cada vez más incapacitados para responder políticamente a la grave situación del país, que es inherente a la del Estado-cuartel». A su juicio, pretenden resolver todas las diferencias que tienen con la ciudadanía empleando inconstitucionalmente la jurisdicción militar.

    El parlamentario comparó al régimen venezolano con la corporación castrense de la siguiente manera: “Así como la corporación castrense asume tareas económicas y comerciales que la exceden, en áreas como la petrolera, gasífera, banca y construcción civil, este régimen la desea juez y árbitro de la justicia aunque contradiga principios tan caros como los del juez natural, la presunción de inocencia, el debido proceso”.

    Sostuvo que “es obvio que el régimen dictatorial acarrea responsabilidades civiles, penales y administrativas de los funcionarios implicados, y Maduro Moros no responderá». Exhortó a estar muy pendientes de todo cuando este capítulo tan oscuro de la historia termine.

    “La militarización de la justicia agravará nuestros problemas inmediatos tan fundamentales, como la crisis humanitaria, el desastre presupuestario, la quiebra de Petróleos de Venezuela y la entrega del Esequibo”, insistió finalmente el diputado.

  • De una privilegiada observación – Por Luis Barragán

    De una privilegiada observación – Por Luis Barragán

    Cada vez desmayan más las movilizaciones de calle del régimen, entendiéndolas como la oportunidad para alcanzar algún recurso de supervivencia, el testimonio de preservación de un empleo que nunca podrá garantizar y el gesto capaz de simular una adhesión que, a la postre, demuele moralmente a sus asistentes. Los aventajados promotores, arbitrando las inversiones, las desean como una escalada de escarmiento definitivo frente a toda disidencia, cual tsunami que espontánea y estrepitosamente la arrope, reduzca y asfixie evitándole el costo insoslayable de una masiva operación de comando con la que sueña toda propuesta totalitaria al sublimar la solución final.

    Valga el ejemplo, las infructuosas tareas de provocación que regularmente adelantan en las adyacencias de la sede legislativa de Caracas, cierta vez se pensaron como la devoción ilimitada de una muchedumbre enardecida capaz de acabar con los parlamentarios de la oposición, espontánea y gratuitamente. No ha ocurrido así, infiero, porque el grueso de los convocados exhibe una militancia nominal en el partido de gobierno, padece la calamitosa situación que aqueja al resto de los venezolanos con la implícita o explícita objeción de consciencia, no está dispuesta a dar una respuesta desconocida que únicamente favorecería el interés de sus animadores, no desea arriesgarse entre los desconocidos de un reclutamiento azaroso que tiene en las dependencias oficiales su fuente principal, desembocando en una apuesta temeraria, por decir lo menos.

    El fracasado cerco del Capitolio Federal, más allá de la constancia expuesta por los piquetes tarifados en algunas de sus esquinas, permite colegir sobre la falsa o insuficiente bolsa de comida, la promesa incumplida de una cantidad de dinero, la precariedad de un empleo que no se sostiene por una volandera certificación de asistencia y quizá toda la precaución tomada en relación al chivo expiatorio que se intuye necesario para la ya probada gesta de victimización del régimen. Por ello, el  ensayo general del asalto a la Asamblea Nacional, teatralizándolo fallidamente como una reacción popular mientras dejó ver las costuras de una acción planificada y ejecutada por los más decididos miembros de la logia oficialista local.

    Los actos gubernamentales de masas que suelen confundir con una política de masas, según el manual, algo distante a lo que los politólogos cubanos llaman democracia participativa de masas, están demasiado teñidos de un revanchismo que la realidad apenas logra contener. No los hay, porque nunca los hubo, ni siquiera por motivos electorales, como una jornada pedagógica de civismo, pues, militarizado el compromiso político, siempre se trató de una demoledora demostración de fuerzas susceptibles de una rápida actuación con el único chasquido de los dedos de quien funge como el líder o el retratista-hablante del enemigo a destruir, sitiando caseríos, pueblos y ciudades, como lo ilustra el fallido y enfermizo empeño de acabar con los parlamentarios adversos, más allá del ridículo perifoneo y de los cohetones que llegan al patio de palacio, quemando las divisas.

    El pasado 19 de abril tuve la involuntaria ocasión de transitar entre los contingentes del oficialismo que descongestionaban la avenida Bolívar de Caracas, luego del mitín-sarao de Nicolás Maduro. Encomendado a Dios, los atravesé sorteando una circunstancia personal que cito – nada vanidosamente – para contextualizar la rara y larga faena que me tocó en suerte.

    Horas antes, había pisado la autopista a la altura de Altamira y, entre los iniciales disparos lacrimógenos y de los otros que sólo después se saben, me resentí de la lesión en la rodilla izquierda que produjo uno de los eventos escenificados en la avenida Libertador, días antes, donde – por cierto – recibí el auxilio inmediato de  Henry Alviárez, logrando levantarme del pavimento en medio de un obsceno y letal gaseo;  y más tarde, perdidos los lentes y despegada la suela del zapato deportivo derecho, cual aguja en un inmenso pajar, hallé casualmente a Nancy Rivas, quien me orientó y ayudó a salir del lugar para un duro recorrido a pie de varias horas. De vuelta a la escena anterior, muy adolorido, José Gregorio Contreras y Clemente Bolìvar lograron sacarme del radio altamirano, presumo a la altura de Chacaíto; y, en El Recreo tenebroso de pimienta, mostaza o lo que fuese, José Gregorio intentó devolverse al teatro de los acontecimientos y Clemente, insistió en llevarme a su casa para atenuar la dolencia.

    Pasé dos o tres horas en la casa de Clemente, cuyo automóvil estaba  dañado y, de todos modos, nada se haría ya que la ciudad estaba deliberada y completamente incomunicada, excepto para los transportistas del acto gubernamental.  Me preocupaba mucho el regreso a la casa de mi hermana, ya que telefónicamente reportaba una situación difícil en El Paraíso, al otro lado de la ciudad.

    Bajo la protesta de mi anfitrión, decidí  irme antes de que avanzara la tarde con la esperanza de encontrar a un mototaxista dispuesto, como tuvo en suerte José Gregorio ya rebotado de la autopista, mordido por la represión. Caminé poco a poco, cojeante a la espera del motociclista que nunca llegó, tomando y descartando opciones de calles y callejuelas, desprendiéndome de cualquier insignia partidista, confiado en la oración.

    Tapiadas otras alternativas, por la amable información que me dio una agente de la PNB, me metí por la de mayor flujo de personas que nos pondría de Plaza Venezuela hacia la misma avenida Bolìvar y de ésta hacia la avenida Universidad, con la prudencia necesaria ante quienes seguramente se extrañaban del solitario caminante, algo más o menos preparado para esquivar un posible asalto. Al bordear el parque de Los Caobos, me supuse víctima del hampa, pero únicamente el sujeto quería la colilla del cigarrillo que me quedaba, alejándose agradecido.

    Observador privilegiado, imposibilitado de sacar el móvil celular para las fotografías deseadas, procurando ahorrar la batería para reportarme regularmente con mi hermana y con Clemente en el difícil tránsito, lo más llamativo fue el despliegue de autobuses, uno que otro del interior, mejor organizado el recibimiento de los mitineados por los dispuestos desde los ministerios y otros despachos, como el del SENIAT. Quizá porque se marcharon antes los otros, dejando una estela interminable de viandas desechadas de anime en cada cuneta,  lo que estaban estacionados acomodando confortablemente a sus pasajeros de un reluciente material POP, contrastaban con los otros mitineados de a pie de la más variada estampa: los había caminando lentamente con un niño tomado de la mano, con desteñidas franelas de viejas campañas, animados alrededor de una bandera nacional, más apagados que exaltados tras el agotador evento, lidiadores del sol y de la amenaza de lluvia, también hurgadores de las viandas abandonadas, animados con Chávez y resignados con Maduro, sin que nadie velase por su seguridad tal como lo vimos en dos o tres buses, con escaso disimulo del radiotransmisor y del arma de fuego.

    Pasando al lado de un portentoso bus vino-tinto, esquineado en la Torre Polar, el abordaje fue demasiado apagado, despojándose los pasajeros de sus novísimas y relucientes franelas y gorras, prestos a tomar una pequeña vianda que parecía autorizarlos para sentarse. Por un momento miré hacia atrás, distinguiendo a dos o tres motorizados que aparentemente recibían lo suyo a las puertas de la unidad.

    Avancé hacia la Bolivar cruzada constantemente por motorizados que, por lo menos, iban en pareja, perdida toda posibilidad de un taxista. Cierto, ya había transcurrido dos o tres horas de finalizado el mitín, pero – teniendo a la vista el fondo con la tarima –  nada indicaba un lleno, por lo menos, como lo supimos tantas veces en mítines celebrados entre las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado que siempre dejaban huellas prolongadas en el sitio. El tramo concentraba la más vistosa propaganda, grandes equipos de sonido a desinstalar, y grupos de personas daban paso a las pocas camionetas de lujo que rebotaban sus imágenes de los muy oscurecidos vidrios, en el ambiente anodino de una obligación laboral cumplida, pues, siempre fue mi impresión al paisajearlos.

    Ya era tiempo de torcer el itinerario y tomar hacia la avenida Universidad, preventivamente, pues, no soy una figura pública reconocible inmediatamente, cuyo bajo perfil concuerda con el temperamento,  pero – en las vecindades de la sede legislativa – algún obcecado podría enterarse y, por supuesto, el peligro pisaría mis talones. Caminé en zig-zag, entre una acera y la otra, hasta que un joven –  enfundado en una chaqueta roja – se acercó y, con voz moderada, me preguntó: “Diputado, ¿qué coño hace por aquí?”; y me dije silenciosamente, “listo, me jodí”.

    El joven no se identificó ni esperó respuesta y quizá observándome cojitranco, me recomendó  que tomara la cuadra de la casa natal de Bolìvar lo más rápido posible, “porque esto está lleno de camaradas”. Le hice caso, volteé por un instante y él se confundió con otra gente, oyendo – esta vez – consignas más aireadas al acercarme a la esquina de El Conde para doblar a la de Capitolio, con su enjambre deshilachado de personas   deseosas de transportarse.

    Por suerte, detrás de la única camioneta que ofertaba el viaje por la autopista hasta La India, la cual se llenó violentamente, entre adultos y niños, estaba el motorizado que no me llevaría a otro lugar diferente, porque “El Paraíso tá’candela maestro”. Y así ocurrió, desplazándonos de nuevo entre los grandes cordones de la GNB y de la PNB que nunca dejamos de ver, arribamos al sitio ya ajado por las lacrimógenas, al pie de La Vega.

    La rodilla cada vez más inflamada supo de una avenida Páez interseccionada por barricadas, cacerolazos, botellazos, gritos de condena al gobierno y, a la vez, respondida por ballenas y tanquetas de fulgurantes chorros,  lacrimógenas y disparos de quién sabe qué, tejiéndola al acercarse la obscuridad que parecía ensancharla.  Conocí de nuevos resquicios, cumpliendo un periplo largo y penoso, evitando que me diera alcance algún objeto lanzado con rabia, avisando de la supuesta cercanía a casa.

    Circulaban motorizados que no cuidaban de esconder el cañón de sus pistolas, aunque una de las dos personas asaltadas que vi, entregó sus cosas aterrorizada en menos de un minuto, corriendo como podía para ocultarse tras un delgado árbol mientras volaba el victimario confundiéndose cómodamente entre los uniformados, aferrado el parrillero al módico botín quizá de un teléfono, un reloj pulsera, una cartera. Muchachos inconformes y resueltos,  trapeados en la cabeza, lo más lejos que llegaban era con un peñonazo y un grito de rechazo, detrás de las bolsas despedazadas de basura,  recibiendo el múltiple cañonazo lacrimogenador que muy probablemente escondía los otros disparos de quién sabe cuál proyectil.

    Tragando tanto gas como en el distribuidor de Altamira, esperé en un recodo mirando la lejana disposición de los blindados de agua y gas que cubrían a los efectivos de la GNB, emponzoñados frente a un edificio que los caceroleaba con más fuerza. De repente, tronó ese rincón de la avenida versionando el mitín-sarao de Maduro, haciendo la política de masas de sus encantos, facturando desmedidamente la protesta que concernía  a esa clase media sobreviviente de los muchos edificios y las pocas casas de la vieja urbanización,  también nutrida por los jóvenes que se veían bajar desde la Cota 905 para dejar constancia del rechazo vehemente de los sectores más populares encarcelados por el hampa organizada.

    Esperé y llegué a la casa de mi hermana al día siguiente, resguardándome en la  cercana de otro hermano, porque no logré superar las dos o tres cuadras que faltaban. La noche se hizo larga, entre detonación y detonación, y el toque de queda impuesto en la práctica.

    Me distraje un poco, atendiendo la inflamación de la rodilla, pensando en el ambiente tan triste que percibí al concluir el acto de Maduro en la Bolívar, extendido en las calles cercanas. Excepto la aventura indeseada de recorrerlo, oficialismo adentro, la escena nada nuevo aportaba a lo que ya no eran meras presunciones.

    Días después, lidiando con el insomnio,  indagué en la red sobre aquellos mítines que celebraron la primera y segunda declaración de La Habana, escaseando las fotografías y edulcorados los pocos videos. Populismo de movilización, se dirá, pero – bajo la muerte y los carcelazos de sus opositores – los Castro fueron experimentados dirigentes políticos capaces de concitar y escenificar tan impresionantes actos que apelaron a la democracia directa, pues, sorprendente, la asamblea dijo votar la propuesta por unanimidad: la engañifa luego acostumbrada.

    En contraste, hoy el régimen venezolano celebra sus actos de masas cuando reprime a la ciudadanía salvajemente, en el este y oeste de Caracas,  y los simula a través del reality-show que no tiene más atractivo que la morisqueta agraciada sólo por los más cercanos colaboradores de Nicolás, afincándose en la procacidad como su único mensaje. Además, no por casualidad, entendido el casco histórico de la ciudad como una trinchera, genera un inmenso tedio entre los suyos, cada vez menos numerosos, los mismos a los que condena a las prolongadísimas colas por un tal Carnet de la Patria concedido como un favor de algún quizá beneficio personal.

    Probablemente, no bastando los voluntarios que han acampado a las puertas de Miraflores, suponiéndolos para las horas difíciles,  el acto de masas por excelencia que concibe es el de un enorme escudo humano que lo proteja. Y faltando los adherentes, el dispositivo militar del que nunca dudan en activar,  sin previo aviso.

    @LuisBarraganJ

  • Barragán: No habrá guerra civil aunque la promueva el régimen, somos pacíficos y desarmados

    Barragán: No habrá guerra civil aunque la promueva el régimen, somos pacíficos y desarmados

    “El estado Carabobo no les cabe como el tubo de ensayo para la más indecible represión, gracias al firme rechazo de una corajuda ciudadanía”, señala el diputado de Vente Venezuela por el estado Aragua

    (Caracas 05/05/2017) Luis Barragán, diputado del partido de la Libertad por el estado Aragua, denunció este viernes que “no hay, ni habrá guerra civil por más que la promueva el régimen, cuidándose de no declararla. Sufrimos las consecuencias de una dictadura comunista; somos pacíficos y desarmados”.

    “Valencia y las principales localidades de esta importante entidad federal sufren de la más consumada modalidad represiva que combina a los grupos paramilitares con incursión de tropas regulares de la Fuerza Armada y presos comunes, según el testimonio recibido», apuntó el parlamentario.

    A su juicio, se trata de un asedio y ataque constante a todos los sectores medios y populares para «ablandar» a través del «pillaje sistemático y del bandolerismo político”.

    “A la cacería selectiva de la dirigencia opositora, principalmente cebada contra los líderes de la sociedad civil, profesores y estudiantes que defienden la universidad a todo  evento, se suma el saqueo de todas las casas comerciales que les son posibles, el cerco de las zonas residenciales, urbanizaciones y barriadas que obligan a sus habitantes a una perenne vigilia principalmente nocturna”, agregó.

    Además, el diputado Barragán aseguró que “la tarea del gobierno regional está orientada a cortar el suministro de los alimentos, pretendiendo que sólo se acceda al estado por vía aérea, sectorizando a la ciudad con una suerte de campos de concentración”.

    Finalmente, el dirigente del partido de la Libertad apuntó que una observación más pausada de las faenas represivas en todo el país, ofrece algunos matices: “Saben muy bien que la ciudadanía está y estará indefinidamente en la calle y, al insistir en la imposición pandillera de un proceso que no puede llamarse constituyente, estudian las formas y fórmulas más morbosas de represión, por siempre caracterizadas por las prácticas del hampa común».

    Caracas, «compleja de domar»

    Sobre Caracas, una ciudad que considera «compleja de domar», Luis Barragán señala que el régimen tantea una modalidad definitiva, dado el fracaso constante por aplacar la protesta.

    «Ni siquiera el ‘represódromo´, como lo llama un colega diputado, en el que han convertido las autopistas, consigue el objetivo de disciplinar a la población desesperada por el hambre, pero siempre dispuesta a luchar por la Libertad”, sumó.