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  • No más chantajes – Por Pedro Urruchurtu

    No más chantajes – Por Pedro Urruchurtu

    La atención nacional parece, inevitablemente, enfocarse en el proceso electoral de este domingo 15 de octubre. También la internacional que, sin más opción, ha optado por esperar lo que ocurra ese día. En un país en crisis, ni los procesos electorales escapan de las polémicas y los debates, sobre todo cuando un importante sector de la sociedad aún duda en participar o no.

    Las dudas son legítimas y son consecuencia de errores que, mientras no se reconozcan, seguirán mermando la confianza de la gente y seguirán sembrando frustración en la ciudadanía. Quien duda de la efectividad de esos comicios, sencillamente recurre a los procesos anteriores y su efectividad política, así como también analiza el contexto actual y al entendimiento de que estamos en dictadura. Por otra parte, los paladines del voto han optado por satanizar, y hasta ofender, a quienes han manifestado públicamente sus dudas, logrando un efecto contrario al que buscan; sí, en lugar de convencer sobre por qué votar sería importante, terminan generando más rechazo y más molestia, lo que trae consigo que la gente reafirme su posición de no participar.

    Los chantajes son muy peligrosos en política –y en general–, sobre todo si se parte de falsas premisas. La participación no puede verse como un dogma en el que si decides no hacerlo, terminas execrado y apartado; tampoco no participar puede ir en contra de aquellos que decidan hacerlo. El mutuo respeto es fundamental.

    Pero sí es bueno preguntarse por qué alguien decide no ir a votar en unas elecciones. ¿El liderazgo que le representa le decepcionó? ¿Siente que sólo es importante para votar, y de resto es inútil? ¿Le prometieron villas y castillos, y lo único cierto es que el infierno empeoró? ¿Lo insultan o agreden cuando decide criticar o dudar de una gestión? Todas son razones para las cuales el liderazgo debe responder y actuar. De lo contrario, si el liderazgo sólo quiero votantes y no ciudadanos, tendremos borregos autómatas del voto, que incluso votarán entre dos formas de morir, pero con la seguridad de que morirán.

    No diga que perder una elección es culpa de quien no vote. Pregúntese que se hizo o se dejó de hacer para que alguien decidiera no votar. Cuando alguien decide no apoyarle, quien en realidad perdió es usted, pues no supo responder a quien le dio su confianza; le defraudó.

    La gente está harta de que le recriminen los errores de un liderazgo que, siendo hasta cobarde, prefiere culpar a los ciudadanos de su fracaso y no de sus propias acciones. La gente está cansada de que la reduzcan a un voto, a una culpa o a un reproche. La gente, esa que vive el día a día guapeando, quiere soluciones a sus problemas y no saber cuál partido “ganó más espacios”.

    Necesitamos una política coherente que sea capaz de  ver más allá de la tradicional partidocracia de este país y del reparto de cargos y votos. Necesitamos un liderazgo capaz de usar un dron y ver, por encima, ese país que realmente deseamos construir y que nos motiva a luchar –y que atiende la emergencia en la que estamos, por supuesto–. Mientras algunos siguen sumidos en la Venezuela tramposa de Maduro, que sólo le da tiempo y oxígeno, otros debemos avanzar hacia la Venezuela libre y diferente que acabará con los grandes males históricos que nos han aquejado y que trasciende a cuántas gobernaciones ganó tal o cual partido.

    El drama social se incrementa. El hambre y la miseria amenazan con seguir golpeando estómagos, conciencias y vidas, mientras unos se pelean un botín vacío que nos sigue condenando a vivir mal y a acostumbrarnos a que la espera es buena, a pesar de sus consecuencias. Nuevamente la ética de la urgencia se impone frente a la ética del reparto. Seguir apostando a lo segundo nos seguirá trayendo enorme frustraciones. De eso deberíamos haber aprendido.

    Respetemos a quienes dudan y a quienes se sienten defraudados. Si usted quiere convencerlos, no los juzgue por su decisión; entienda su posición, pónganse en su lugar y acepte que hay otros que se equivocaron y provocaron tal situación. Cada quien tiene su razón de peso, íntima, para participar o no. La gente siente que se le va todo, hasta la vida, y tiene razón de desconfiar.

    La culpa no es de la gente, entendámoslo de una vez y por todas. No más chantajes.

  • La ética en la política – Por Miguel Velarde

    La ética en la política – Por Miguel Velarde

    En cualquier aspecto de la vida no puede faltar una gran dosis de principios

    En las últimas semanas el país ha visto una clara fractura en su dirigencia opositora. La mayoría de partidos y líderes políticos de la MUD ha optado por participar en unas elecciones regionales en las mismas condiciones que han denunciado como fraudulentas desde hace tiempo. Cuando se escriben estas líneas, no existe una fecha confirmada para esta cita electoral, pero sí muchos indicios que nos llevan a pensar que, de darse, se hará en condiciones absolutamente desiguales.

    Otro sector, minoritario en el mundo político pero que parece representar a la mayoría de la ciudadanía, ha advertido que este es un error que no solamente desmoviliza y desmoraliza a la gente que se había mantenido firme en las calles durante más de cuatro meses, sino que, peor aún, legitima una Asamblea Constituyente a través de un proceso sumiso a ella.

    Esta nueva ruptura en la dirigencia opositora ha hecho que se califique al sector que participará de este proceso electoral como “pragmático” y al que piensa que hacerlo es un error como “ético”, una diferenciación que puede tener sustento pero que necesita ser profundizada.

    El primer mito que debe desmontarse es aquel que asegura que “no se llega al poder con ética”. Este pensamiento, además de cínico, es equivocado. Sin duda, nadie es suficientemente ingenuo como para no saber que el terreno político es sucio y complejo.

    Sin embargo, ni en la política ni en nada que uno haga en la vida, se puede subestimar el valor de la ética. Es la variable principal que permite no perder el norte mientras se recorre el camino y mantener siempre presentes los motivos por los que se ha comenzado a transitar.

    Un ejemplo que sirve para ilustrar esto es lo que ha ocurrido con la MUD en las últimas semanas. Su cortoplacismo ha hecho que no se resistan a la posibilidad de obtener migajas en unas elecciones regionales a pesar de que, con eso, sabían que iba a pasar lo que en efecto ocurrió: desconectarse de la gente e incluso crear grietas en sus propios partidos.

    Es tan grande la consciencia de la sociedad sobre el momento que atravesamos, que no es solamente la opinión pública la que se decanta por no ser parte de un circo electoral que legitimará un proceso fraudulento, sino que incluso importantes dirigentes de algunos partidos y parte importante de sus bases también han manifestado su disconformidad con esta decisión.

    Es que, en la política, como en  la vida, no puede faltar una gran dosis de principios. Es posible que tengan razón quienes afirman que solo con ética no se llega al poder, pero también es cierto que al poder no se puede llegar sin ésta. Porque si eso ocurre, después el poder se ejerce sin valores, y ocurre lo que vivimos desde hace casi 20 años.

    Esto no nos puede volver a pasar. Nunca más. Por eso, es que nuestra generación tiene la obligación de rescatar la ética en la política.

  • Nuestra locura – Por Miguel Velarde

    Nuestra locura – Por Miguel Velarde

    El gran reto que tenemos es enfrentarnos a nuestros miedos

    A veces nos convertimos en rehenes de nuestra propia locura. Esos son los momentos en los que una sociedad corre el riesgo de perderse a sí misma. Cuando la crisis, el drama, la violencia e incluso la muerte son tan cotidianas que parecen normales.

    Ante tal amenaza, debemos ver con optimismo que en los últimos meses la conciencia global sobre lo que nos pasa ha despertado. No solo en el país, donde la gran mayoría ha comprendido el alcance de los males y también su origen, sino también en el mundo. Los organismos internacionales, los gobiernos y también los pueblos vecinos hoy tienen claridad sobre la situación en Venezuela.

    Vimos un ejemplo de esto durante el anuncio hecho el viernes por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en el que canceló, 30 meses después de haber sido implementado, lo que llamó “el pacto” entre la administración de Barack Obama y el régimen de Raúl Castro. Este hecho reafirma lo que se podía prever desde su llegada al poder: que la posición de la administración Trump será mucho más firme en la defensa de la libertad y los derechos humanos en la región de lo que lo fue la de su antecesor.

    Trump aprovechó el anuncio sobre el congelamiento de la relación con Cuba para referirse a nuestro tema, exigiendo “libertad” en Venezuela. “Es mejor para Estados Unidos tener libertad en nuestra región, tanto en Cuba como en Venezuela”, dijo.

    Desde hace años vivimos en una economía de guerra, con la inflación más alta del mundo y niveles inéditos de escasez, mientras el salario se evapora de nuestras manos. La violencia desbordada ha cobrado cientos de miles de vidas en la última década. Las mismas malas noticias encuentra uno si examina los indicadores de salud, educación, desarrollo, alimentación, etc.

    Por eso, el gran reto que tenemos, como sociedad, es enfrentarnos a nuestros miedos y encontrar esperanza incluso en tiempos oscuros. Es la única manera de construir un camino que permita al país salir del hueco en el que se encuentra y finalmente empezar a construir un mejor destino para  todos.

    Cualquier cosa diferente a eso sería sucumbir ante la locura; nuestra locura.

  • Vinotinto – Por Miguel Velarde

    Vinotinto – Por Miguel Velarde

    Es difícil sentir alegría en momentos tan duros

    El domingo, al país lo despertó un sueño. En medio del dolor y la frustración de una nación, los muchachos de la selección de fútbol Sub-20 le regalaron a Venezuela un momento de reconciliación con la felicidad, alcanzando un histórico subcampeonato mundial.

    Es difícil sentir alegría en momentos tan duros. Se entiende a quienes ni siquiera comparten la celebración del éxito deportivo, porque consideran que el país no está para festejos.

    Sin embargo, no tenemos que ver este logro necesariamente con alegría, sino con esperanza. Porque ese es el sentimiento que Venezuela hoy más necesita para superar una realidad tan compleja como la que atraviesa. Su ejemplo es inspiración para todo un país que hoy se juega su futuro.

    Por eso, irónicamente el mejor gol del seleccionado no se metió en la cancha ni lo convirtió un jugador. Lo hizo el director técnico, Rafael Dudamel, cuando después de lograr la clasificación a la final exigió el cese de la violencia en el país, mientras recordaba que “esos chicos que salen a la calle, lo único que quieren es una Venezuela mejor”. Un golazo de Rafael.

    Sus muchachos demostraron que con pasión y garra se pueden alcanzar los sueños. Hasta los que parecen imposibles. Lo mismo demuestran desde hace más de 70 días miles de sus compañeros que juegan en las calles su partido más importante, y son parte del mismo equipo: Venezuela.

    Todos ellos, a su manera, están rescatando lo mejor de los venezolanos. Son conscientes de que no solo están viviendo historia, sino también la están haciendo.

    Juntos, son las estrellas de una bandera que no es tricolor, es vinotinto.

     

  • La ruta – por Miguel Velarde

    La ruta – por Miguel Velarde

    La gran tarea pendiente la tiene la Asamblea Nacional

     

    Los venezolanos cumplen más de dos meses de lucha sin tregua en las calles del país. Días muy dolorosos, en los que hemos tenido que lamentar 65 muertes, más de 3000 heridos y más de 3000 detenidos, de los cuales casi 400 aún se encuentran presos, según cifras del Foro Penal Venezolano.

    Sabíamos, desde un principio, que el desafío no sería fácil, especialmente teniendo en cuenta que quienes se encuentran en el poder están dispuestos a hacer lo que sea para no dejarlo. Sin embargo, a pesar de la brutal represión y de la arremetida implacable de los cuerpos de seguridad contra manifestantes desarmados, cada nueva convocatoria es atendida por miles y miles de ciudadanos.

    El camino más largo es el que no tiene un horizonte. Eso ocurre hoy en el de la oposición, porque a pesar de sus innegables victorias en la primera etapa de lucha, ha llegado el momento en el que también se planteen objetivos concretos.

    Es imperativo que los líderes de oposición logren un acuerdo político que permita consolidar una sola voz de mando y guíe a la sociedad sin ningún tipo de contradicciones. Julio Borges, Freddy Guevara, María Corina Machado, Henrique Capriles y Antonio Ledezma deben darle la cara al país unidos y presentar un solo plan.

    Los venezolanos tienen claro el rol que deben jugar en esta etapa y están cumpliendo su tarea  con dignidad. Todo parece indicar que, por ahora, lo seguirán haciendo.

    La comunidad internacional también tiene una tarea determinante en esta ecuación. Se ha avanzado en ese sentido, más lento de lo que la mayoría seguramente desea, pero los tiempos diplomáticos son generalmente más lentos que los de la gente. Conscientes de eso, por lo menos hoy Venezuela está en la agenda de la mayoría de países y organismos internacionales y, mientras no se encuentre una solución definitiva a nuestra crisis, será muy difícil que deje de estarlo.

    Finalmente, la gran tarea pendiente la tiene la Asamblea Nacional. Habiendo recibido un mandato claro el 6 de diciembre de 2015 y con una mayoría abrumadora, está en deuda con los venezolanos. Su rol es hoy más importante que nunca, ya que en ella radica la verdadera voluntad popular y es por ello el Poder legítimo. Más allá de los discursos, la AN debe trazar una ruta concreta que permita viabilizar el cambio político de manera pacífica y sostenible, nombrando a nuevas autoridades del CNE y el TSJ, por ejemplo.

    En sus manos está la posibilidad de esta gesta culmine exitosamente.

    Por eso, hoy la gente le exige acción y claridad en la ruta.

  • Nuestro rol – por Miguel Velarde

    Nuestro rol – por Miguel Velarde

    La aspiración más grande que tenemos es volver a ser normales

     

    En el país, debido a la coyuntura que atravesamos, el ciclo de noticias es tan constante que cada una de ellas tiene periodos de vida muy cortos. La semana pasada tuvimos un claro ejemplo de esto.  En un solo día, Maduro entregó las bases comiciales para su Constituyente, Julio Borges anunció desde la Asamblea Nacional que la oposición haría un referendo consultivo para preguntarle a la gente si quería o no la Constituyente y  la presidenta el CNE, Tibisay Lucena, anunció que las fechas en las que se realizarían la Constituyente y las elecciones a gobernadores, serían a finales de julio y el 10 de diciembre, respectivamente.

    La reacción de la gente no se hizo esperar y por redes sociales –hoy por hoy el modo de comunicación de mayor importancia en el país- el rechazo a todas estas propuestas fue arrollador. La gente está clara: no quiere Constituyente y no quiere elecciones regionales; lo único que va a aceptar es un cambio político real que permita solucionar la grave crisis que vive el país.

    Los acontecimientos también fueron un baño de realidad para un sector de la dirigencia opositora. Como en las últimas semanas fortalecieron su posición de vocería, algunos de ellos creyeron que su voz de mando sobre los ciudadanos era incontestable. No se dieron cuenta de que si la gente hacía lo que ellos pedían era porque ellos decían lo que la gente quería escuchar. En el momento en el que decidieron convocar a un referendo consultivo sobre algo que habían llamado un “fraude”, el rechazo fue inmediato y rápidamente tuvieron que rectificar. La gente tomó el liderazgo de una lucha que lleva ya dos meses en las calles  y que todo parece indicar acabará solo cuando el pueblo así lo decida.

    La aspiración más grande que tenemos en Venezuela es volver a ser normales. Nuestro gran sueño es vivir como se vive en la mayoría de países del mundo: con un sueldo que alcance para subsistir, acceder a los alimentos y medicamentos más básicos, poder salir a la calle sin miedo a que te maten o te secuestren, decir lo que uno piensa sin que por eso te metan preso o tener un negocio sin el temor a que el gobierno te lo quite.

    Estamos cerca de lograrlo y vivimos horas cruciales en las que será determinante no perder el foco. De nosotros, los ciudadanos comprometidos en esta lucha, depende el que nuestra dirigencia no lo haga.

    El rol de quienes lo único que aspiramos es a recuperar la libertad, es seguir luchando por nuestros derechos y recordar permanentemente a nuestros líderes que queremos una transición, no una transacción.

    Mantenerlos firmes, ese es nuestro rol.

  • Reflexiones necesarias – Por Miguel Velarde

    Reflexiones necesarias – Por Miguel Velarde

    Unos días después de una jornada histórica como fue “La Toma de Caracas”, es un buen momento para detenernos a pensar con serenidad.

    En diferentes ocasiones hemos dicho que el país atravesaba por tiempos definitorios. Esas etapas, en muchos casos de oportunidades desaprovechadas, nos han traído al lugar donde hoy estamos.

    Sin embargo, quizás ninguno de las anteriores fue un periodo tan complejo y significativo como los cuatro meses que tenemos por delante. Por eso, la responsabilidad que tenemos en su análisis, preparación y ejecución es inmensa.

    La protesta del pasado jueves hay que verla en su verdadera dimensión. La respuesta de la gente fue extraordinaria y reafirmó algo que hace mucho sabemos: somos mayoría. Cientos de miles de venezolanos salieron a marchar a pesar de los riesgos y obstáculos. La multitudinaria marcha no solamente sirvió para ganar esperanza, sino también para recobrar confianza.

    Queda claro que la gente comprendió que la presión de calle es indispensable para el cambio político y que también está dispuesta a tomarla las veces que sea necesario. Para vencer el hambre, la violencia y el abuso, había que vencer primero el miedo; y el 1ro de septiembre, el gran derrotado fue el miedo. La protesta del viernes en la noche en Villa Rosa, Nueva Esparta, es el primer ejemplo de esto.

    Sin embargo, también quedó demostrado que la mayoría de la gente no salió a la calle por el llamado de los partidos ni el de los políticos, sino por sus propias razones. Existe un gran número de personas que está harto de lo que vivimos, pero que tampoco se identifica con ningún proyecto político alternativo.

    Razones tienen. Como, por ejemplo, el comunicado de la Mesa de la Unidad Democrática leído por su secretario ejecutivo, Jesús Torrealba, al finalizar la jornada del jueves. Una vez más, dejó en muchos sabor a poco, por un motivo muy simple: la gente quiere más porque no aguanta más.

    Por eso, es urgente que se construya una Unidad amplia, que vaya más allá de unos pocos partidos políticos e incluya a todos los actores políticos, a estudiantes, a trabajadores y a los diferentes sectores de la sociedad civil, y que sea la herramienta que nos permita construir la ruta que finalmente saque a Venezuela de esta desgracia en la que se encuentra.

    El factor tiempo juega en contra de quienes no pueden más. Es por eso que incluso en jornadas de balance positivas como la última marcha, hay algunas reflexiones que son necesarias.

    @MiguelVelarde

  • Con el hambre no se juega – Por Miguel Velarde

    Con el hambre no se juega – Por Miguel Velarde

    Las imágenes a lo largo del país son dramáticas. Niños desnutridos que lloran por hambre, madres desesperadas que claman por ayuda mientras cuentan que sus hijos de desmayan por falta de alimento y ancianos enfermos reprimidos por las fuerzas del orden solo por reclamar medicinas.

    Como nunca antes uno puede observar en la calle gente tratando alcanzar un mango de las formas más ingeniosas que se puede pensar. No buscan alimentarse, solo engañar al estómago por una horas.

    Los que no lo logran, recurren al desperdicio de otros. Son cada vez más los que buscan en la basura un pedazo de fruta medio podrida que pueda salvarse, o el resto de una empanada que alguien haya desechado.

    Muchas madres les dan leche a sus hijos “cuando consiguen”. Otras cuentan que fue hace tanto tiempo que se la dieron por última vez, que ya no recuerdan el día.

    Cuando estas historias se traducen en estadísticas, se evidencia la tragedia que se vive y también la que deberemos enfrentar en el futuro. En un reciente trabajo del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS), en el que se estudia el cambio de hábito en la alimentación del venezolano, se analizan las graves consecuencias que tendrán que enfrentar especialmente los niños.

    Advierten que debido a la mala alimentación, las anemias aumentarán considerablemente y que la próxima generación será más baja en estatura que sus padres. Hoy, el 75% de la dieta de los venezolanos consiste en carbohidratos y existe un alto porcentaje que ya no come tres veces al día, solo dos o incluso, en algunas regiones del oriente, solo una.

    Todo esto tiene consecuencias irreversibles. Los cerebros de los niños no se desarrollan de manera completa si no se alimentan adecuadamente. Ese niño, según el mismo informe, no tendrá la capacidad de aprender de un niño normal, y eso se traducirá en un incremento en la deserción escolar y en muchas limitaciones a lo largo de su vida.

    La gente hambrienta y desesperada está empezando a perder la paciencia. Como en Tucupita, Delta Amacuro, donde la semana pasada se registraron graves hechos de violencia que se originaron en protestas por comida que terminaron en la detención de 146 personas y un decreto de Toque de Queda en la ciudad.

    Son muchas las consecuencias que ha traído un modelo socialista que no funciona y que ha sido implementado por 17 años en el país. La economía, la seguridad, el desarrollo y hasta la moral han sido destruidos.

    Sin embargo, cuando las consecuencias de un fracaso se reflejan en los ojos de un niño hambriento, es cuando el límite moral de una sociedad se ha cruzado y callar es imperdonable.

    Mientras tanto, el gobierno sigue luchando en una guerra económica imaginaria, buscando culpables donde no existen, tomando más medidas equivocadas –como los CLAPS, que no solucionan nada- y así, profundizando la crisis.

    No se dan cuenta de que lo que estamos viviendo es serio. Con el hambre no se juega.

    @MiguelVelarde