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  • El virus secreto – Por Alexander Cambero

    El virus secreto – Por Alexander Cambero

    (Barquisimeto. 20/05/2020) La pandemia dentro del régimen es un veneno letal. Todos son sospechosos en un mundo de intrigas, donde los actos de solidaridad, responden a los negocios que han realizado en menoscabo del país. La desconfianza es absoluta. El hermetismo es de un silencio que se corta con cuchillo. Los teléfonos están intervenidos por la inteligencia cubana, que reconoce únicamente a Nicolás Maduro, algunos solo se hablan en público, para mantener las apariencias, ante la amaestrada manada de borregos que aplaude cualquier dislate. Detrás de la escenografía circense del show unitario, la verdad es que se detestan, pero saber unirse cuando corren peligro de caer en las redes de la justicia internacional.

    Cada uno guarda su miedo, enclaustrados en sus acordonadas villas -no huyendo del coronavirus- sino pensando que un cuerpo élite los tomé por sorpresa, los meta en una bolsa acolchada de polietileno, para depositarlos en un avión de la DEA con destino a Washington. Esa probabilidad los tiene tomando fármacos, para espantar el insomnio, como quien coloca cruces de palma bendita a La Sayona.

    La sola idea de verse frente a un tribunal federal los tiene aterrados. En este mundillo infectado de traiciones, el usurpador de la gobernación de Miranda, Héctor Rodríguez, parece haber caído en desgracia. Hábilmente se ha mantenido al margen de la guerra de secesión de Maduro y Diosdado. Trata de no aparecerse en público con ellos, y cuando lo hace la molestia es evidente. Con una solidaridad tibia no sale de su entidad. Cualquier excusa es válida para no acudir a las actividades de un nervioso tren ejecutivo. Sus asesores creen que cuando suceda el terremoto político, él sería de los pocos que podrían salvarse.

    Con sus adversarios internos fuera del juego buscaría la supervivencia. La inteligencia cubana ha comenzado a tomar partido. Saben su juego y han trazado una estrategia. Lo primero es obligarlo para que aparezca en la foto familiar. Con una frase de pizarrón: en este barco estamos todos, ganamos o perdemos juntos. La otra son las protestas a su gestión por parte de grupos afectos al gobierno, raro que aparezcan con identificaciones del partido, que sean en simultáneo, en zonas claves de la entidad. Quizá la de mayor reciedumbre sea la utilización del coronavirus como potente arma de manipulación política. ¿Se han fijado que casi todos los casos son en Miranda? Sin mayores precisiones juegan con el imaginario colectivo. Clásico argot de la vieja escuela soviética de la postguerra. El énfasis que ponen al dar el parte informativo, hablando de casos en los estados, para aterrizar en Miranda, como indicando: que allí falta quien se ocupe adecuadamente, es una señal inequívoca.

    Todavía es una tímida reacción de Miraflores, en su empeño de meterlo en cintura, pero esta procesión de escarmiento político se llenará de fieles devotos. Como fieras enajenadas se despedazarán. Son castas mafiosas que defienden su botín. El temor de quien traiciona primero, es una pócima de acción lenta que va matando las células hasta llegar al corazón.

    @alecambero

  • Los muertos que vos matasteis – Por Alexander Cambero

    Los muertos que vos matasteis – Por Alexander Cambero

    (Barquisimeto. 05/05/2020) Cuando los regímenes totalitarios obtienen el poder, hay que ir preparando los ataúdes. Paulatinamente el sonido de hombres interviniendo la madera, se hará cada vez más ostensible ante la vista de todos. Una de las primeras víctimas que tratarán de colocar en un catafalco es a la libertad, ella siempre será un hueso duro de roer, su constitución de un noble principio eterno, es un huésped incómodo para quienes persiguen la perpetuidad de sus múltiples horrores.

    Tener un ciudadano amputado en sus derechos, convertido en un náufrago, en su propio océano nacional, es el recetario que imponen las dictaduras. Un ser humano con derechos conculcados; tendrá que imponerse a las cadenas de sometimiento progresivo que vendrán como manadas de lobos, aparece allí el estado todo poderoso para ir enterrando cada sueño de la gente y cambiarlos por hambre.

    Lo acontecido en Guanare en dónde víctimas de un podrido sistema judicial, fueron acribillados al exigir un plato de comida es una prueba irrefutable. Los son también los miles de sacrificados todos estos años, no solo la vida de ciudadanos probos, también el vil asesinato de la libre empresa, al igual que el brutal mazazo en contra de los productores del campo, quienes son sometidos por el abuso de un régimen que auspicia la corrupción.

    La Venezuela actual es un cúmulo de abusos a lo largo de más de dos décadas de un enfermizo populismo. En un tiempo brevemente imperceptible volvieron trizas el porvenir. Magnificaron una epopeya renacentista del poder para enclaustrarnos en el averno que pretendieron en sus horas de rencor contra la democracia. Han logrado que el abismo sea el espejo en donde millones nos reconozcamos, nada de ofrecernos un futuro promisor.

    Cuando abrimos las ventanas las mismas tienen las cortinas del hierro totalitario. Los tapices no se agitan con la brisa que viene de lejos; son férreos huesos metálicos de mentira. Sólidos gendarmes que vigilan la poca libertad posible, hasta hacerla el rehén eterno sin derecho a vida. La revolución bolivariana ha sabido robarnos este trecho histórico, para llevar su idea pegada al espinazo de las necesidades más sentidas de la población. Venezuela tiene años con esta pesadilla atragantada en su alma, hemos perdido un buen tiempo de nuestra historia; viéndolos como nos arruinaron absolutamente.

    La prosperidad deseada se fue a pique, los descomunales recursos que genera la renta petrolera la hicieron suya. Lo concibieron ante la vista de un país que terminará metiendo al régimen criminal en el ataúd de la historia.

    @alecambero

  • El nuevo orden mundial de coronavirus – Por Alexander Cambero

    El nuevo orden mundial de coronavirus – Por Alexander Cambero

    (Barquisimeto. 13/04/2020) La realidad del planeta es que estamos interconectados. Con la acción de un botón nos enteramos de lo que ocurre en Nepal, Tombuctú o de las pestañas postizas de Mery Strepp. Es casi imposible que un hecho noticioso se escape como conejo.

    Hace treinta años el mundo en pijamas se enteraba de la masacre de Tiananmén, la gigantesca plaza en el centro Beijín, veía caer a los estudiantes chinos que protestaban por libertad. Aquella noticia se colaría por una rendija que nos trajo hasta aquí. Somos una superautopista unida por un sinfín de canales, toda una telaraña bien tejida por influyentes intereses. Desde la lejana provincia china de Hubei viajó el coronavirus. Penetró los cinco continentes sin medir distancias. Un agente infeccioso con una enorme capacidad para llegar hasta el último rincón. Los gobiernos desbordados con las morgues llenas de cadáveres, los hospitales abarrotados, mientras el virus trepa las más espeluznantes estadísticas. La gran tecnología reducida a tenernos obligados en las casas.

    Siglos de investigación sometidos por un elemento altamente corrosivo que nos coloca contra las cuerdas. ¿Qué cosas estamos haciendo mal? ¿Dónde perdimos la brújula de la racionalidad? Una característica fundamental de esta crisis es que la pandemia no discrimina, no se instaló exclusivamente en los países más vulnerables, por el contrario, hace estragos en naciones poderosas donde se encuentran los más avanzados sistemas de salud. Las grandes potencias exhiben el mortífero poder de armas de destrucción masiva, mientas un desconocido actor es responsable de llenarnos de despojos, actúa con una voracidad que no tiene un dique de contención.

    Algunos países emborrachados de prepotencia se creyeron intocables. La realidad les estalló en la cara: con la enorme sumatoria de vidas malogradas. Si habláramos de una guerra con armas de destrucción masiva, diríamos, que es un Hitler infeccioso que ataca impúdicamente a los inermes escudos defensivos. Somos un mundo tan relacionado; hasta para que un virus recorra veinte mil kilómetros desde Jiangsu hasta el corregimiento de San Felipe en Panamá. Ninguna nación puede escaparse por la hendedura, todas están obligadas a utilizar la misma cuerda de salvamento. Somos en definitiva una aldea global que responde a muchos problemas comunes. El coronavirus nos devuelve al puerto de donde salieron las naves. Todo forma parte de un planeta maltratado por la inconciencia del hombre.

    @alecambero

  • María Corina tiene razón – Por Alexánder Cambero

    María Corina tiene razón – Por Alexánder Cambero

    Mientras la gran mayoría de la élite opositora se arrastra ante las pantuflas de la dictadura, ella se mantiene inconmovible con su posición digna. Algunos creen que pueden seguir haciendo negocios en desmedro de un pueblo venezolano sometido por un régimen despiadado. En cada frase que pronuncian se les nota las costuras del alma vendida al tirano.

    Se han disfrazado muchas veces, pero la verdad sale a la luz hasta hacerlos resaltar como mercantilistas del sueño que boicotearon. En medio de esta subrepticia traición al pueblo venezolano, sobresale la figura de María Corina Machado como una líder que siempre ha mantenido una postura infranqueable ante el proceso de marras. Es por ello que ambos lados del conciliábulo de sombras la han perseguido, tratando de reducirla a la mínima expresión. Son acérrimos enemigos de la verdad, y como temen ser descubiertos, enfilan sus baterías contra ella.

    Cuando el régimen arremetió buscándola descalificar, varios sectores opositores se dieron la mano con el Gobierno para castrarla políticamente. En el fondo cumplían las órdenes del comandante muerto. Este recibió en su cara el fuerte cuestionamiento moral de una mujer que tuvo el valor que muchos de sus colegas cambiaron por prebendas.

    Aquella mañana, cuando desenmascaró al inefable desaparecido, hizo que ella se transformara en un objetivo fundamental para mantenerse en el poder. Ese día descubrieron que nunca podrían comprarla. Sus principios estaban demasiado arraigados para tener éxito cualquier tentación, que no había la posibilidad de verla arrastrándose como una serpiente que se enrolla en el sillón de Miraflores. Con sus palabras, María Corina Machado trazó un línea de honestidad que rendirá frutos muy pronto.

    Ahora vivimos en la etapa de las definiciones. Existen sectores opositores que anhelan un canje: hacer las elecciones regionales dejando a Nicolás Maduro hasta el 2019. Es decir, obtener sus pequeños reinados dejando al país en manos del peor tirano. No les importa que la gente hurgue en la basura, les sabe a casabe que los venezolanos sigan sin medicinas. Aplastados por la necesidad y la decadencia, su interés es lograr el poder que garantice su estatus, ni siquiera hablar de liberar a los presos políticos, menos les importa que el país sea una inmensa cárcel en donde todos estamos atrapados por el horror. No se niega la importancia de la escogencia de gobernadores, alcaldes, concejales y legisladores regionales; sin embargo, dejar que Nicolás Maduro continúe en el gobierno es liquidar la decisión de la Asamblea Nacional que aprobó el abandono del cargo. Es capitular de manera asquerosa, una inmoralidad que lo hará hijos del desprecio eterno. Esa actitud dejaría al cuerpo como un circo barato de carpa rota.

    Precisamente la estrategia que maneja este proceso para desacreditarla. Son esas contradicciones las que descubren el caballo de Troya que cabalga en nuestras entrañas, sigilosamente se mueven para dinamitar el verdadero cambio democrático. Su leitmotiv es dialogar con la dictadura, seguirle regalando años a Nicolás Maduro mientras la patria es un cadáver que olvidaron en el fondo del abismo.

    @alecambero