No enfrentamos una dictadura clásica. En el mundo de hoy, aún los regímenes más despóticos tienen que guardar ciertas formas. Por eso, las expresiones autoritarias mundiales más recientes adoptan una apariencia democrática para esconder una perversa vocación totalitaria. Manipulan leyes y transforman Constituciones para otorgar “legalidad” a sus arbitrariedades, y recurren a consultas populares y elecciones amañadas para exhibir una supuesta “legitimidad” nacional e internacional.